Chapter 5: Ningún lugar a donde huir

III

Ningún lugar a donde huir

No es amor de lo que estoy huyendo, es solo la angustia que sé vendrá;

Sé que no eres bueno para mí, pero te has convertido en una parte de mí.

La noche se hizo eterna luego de la llamada de Alice, apenas divisé los primeros rayos de luminosidad decidí que era tiempo de volver a casa, hoy empezaría el año lectivo y tendría mi primera clase, no podía ni quería llegar tarde.

Para cuando llegue a casa, ni Jasper ni Alice se encontraban, me imagine que ambos habían decidido irse antes. Me cambie de ropa rápidamente, tome mi vehículo y conduje, al menos la decisión de mi hermana de irse antes había sido certera, no podría haber soportado otra oleada de pensamientos erráticos o enfocados en que finalmente accediera a volver a Forks.

La imagen de Bella seguía clavada en mi mente como una estaca dolorosa, pero me dispuse a volver a esconder cualquier atisbo de ella en lo más profundo de mi inerte corazón.

Casi como un ritual, comencé a poner ese recuerdo en un lugar profundo de mi muerto corazón, podía verme a mí mismo enterrando mis recuerdos en un lugar seguro e lejano, debía mantener mi promesa y no podía flaquear por un cumulo de visiones que Alice había tenido a propósito de intenciones poco claras de un desconocido.

Habían pasado 25 años, y no era justo ni para ella ni para mi inmiscuirme y romper mi promesa, esto en el supuesto que la encontrará en el mismo lugar que la deje, porque nada impedía a que se hubiera ido y hecho su vida en un lugar lejano. De pronto comencé a pesar con lógica, y lo que había sucedido entre nosotros había sido cuando ella tenía 18 años, no podía ser tan pretensioso para pensar que ella se había quedado congelada como yo en nuestro amor.

Suspiré y aceleré, talvez las visiones de Alice de mi futuro tendrían que ver conmigo mismo, y tal vez mi luto se había asentado por fin, y dejaría de estar congelado en algo que había pasado muchos años atrás, comencé a reflexionar que tal vez las culpas estaban esfumándose que finalmente me liberaría de ellas, con lo que podría seguir con mi existencia, tal y como lo había hecho antes de que ella apareciera.

Yo había arrastrado a mi familia a un cambio radical cuando decidí que debía alejarme de Bella, no había sido justo, y todos me habían seguido sin preguntas, pero yo que había hecho, no solo les había arrancado de aquel lugar y de aquella vida, haciendo que tuvieran que volver a comenzar, sino que además yo mismo me había alejado de ellos, ahora estaba acá en Darmount y tal vez, el tiempo había hecho su trabajo y el dolor había pasado y eso que había visto Alice era yo mismo, algo así como una decisión inconsciente.

Tal vez yo había decidido matarla en mi interior para liberarme de esta especie de agonía eterna que me había autoinfligido.

Baje la velocidad apenas entre al campus, comencé a mirar con otros ojos todo lo que me rodeaba, extrañamente parecía que el peso que había llevado conmigo por fin estaba disipándose, luego de terminada las clases lo conversaría con Alice, debía liberarla junto con Jasper de su condena, y no había otra palabra para lo que Alice había emprendido al seguirme. Aun cuando había sido una decisión libre y voluntaria, era lógico que ella se sintiera con la responsabilidad de "vigilarme" pero ya habían pasado suficientes años para que ellos dos hicieran su vida, como también lo estaban haciendo el resto de nuestra familia.

Sabía en el fondo que Alice se moría por volver junto a Carlisle y Rose, que esta separación familiar no le hacía bien, y era tiempo al fin de que ellos pudieran volver a reunirse, respecto a mí, no era primera vez que me separaba, las razones habían sido variadas y esta había sido la más fuerte, pero sabía en el fondo que Esme y Carlisle me seguirían respetando por que también sabían que volvería cuando me sintiera listo de volver a formar parte de su familia.

Detuve el motor al llegar a mi estacionamiento y mire el reloj, puntualmente eran las 7.45 am, mi clase comenzaría en 15 minutos por lo que bajé lentamente, desde el lugar donde estacionaba me demoraba alrededor de 10 minutos en llegar al salón que tenía designado, por lo que no había realmente apuro. Mientras caminaba por los pasillos me pregunte si Alice estaba "viéndome" en este preciso instante, y quise decirle cuanto lo sentía por haberme comportando como un maldito durante todos estos largos años que demoró en acabar este luto por el amor de quien tal vez será la única a la que amare durante lo que reste de mi existencia, porque si mi luto había acabado con aquella intención vista por Alice confusamente, eso no significaba que yo podría siquiera contemplar la posibilidad de buscar a alguien que la reemplazará.

Llegue puntualmente a las 7.55 a mi salón, lo abrí y entre para poner en orden mis apuntes y dejar mi bolso, justo cuando faltaban dos minutos me pare en la entrada como de costumbre para dejar entrar a los alumnos y recibirlos, algunos comenzaron a llegar y de pronto el mar de adolescentes inundo el aula. Todo los que entraban no superaban los 20 años, y justamente esto era lo que los directivos había puesto como reticencia a mi contratación, y era difícil que estos adolescentes tuvieran respeto por un profesor que parecía incluso más joven que ellos mismos, pero lo que no podía lograr mi aparecía, lo hicieron mis conocimientos y después de irnos de Forks decidí que era tiempo de avanzar, no sé si lo hice porque quería expiar mis pecados y vivir paralelamente lo que Bella estaba experimentando para así sentirme más cerca de ella o porque yo necesitaba dejar de seguir fingiendo ser un adolescente, después de todo yo había decidido que ella siguiera con la suya, era tiempo de que yo hiciera lo mismo.

Siempre dejaba un par de minutos antes de comenzar mi clase, pero hoy necesitaba terminarla lo antes posible, la conversación pendiente con Alice me tenía un poco ansioso, necesitaba comentarle lo que creía eran sus visiones y dado que ella por razones obvias no tomaba mis clases, nuestra única oportunidad de vernos era durante el horario de almuerzo, por lo que mientras más temprano comenzará con mis clases más temprano podía ir a su encuentro.

Estaba por cerrar la puerta, sosteniéndola cuando de pronto un latido cardiaco inusual llamo mi atención, sondeé a través de los pensamientos más próximo pero no logré dar con el dueño, así que alce la mirada hacía el origen, pero no pude ver nada más que alumnos pasando, los mismos que veía a través de sus pensamientos, era extraño, pero supuse que se trató de alguno de ellos que se diría a su primera clase en esta universidad, y ahora que lo pensaba no era extraño percibir latidos acelerados por la adrenalina, era algo bastante común al principio del semestre.

Por lo que deje mis cavilaciones y entre cerrando la puerta tras de mí, pero sin cerrarla del todo, sabía por experiencia que algunos alumnos, sobre todos los primerizos, siempre se retrasaban y no iba a ser de esos profesores que no dejaran entrar a sus alumnos a las clases.

Me dispuse a ordenar mis apuntes y a tomar el libro de clases para verificar cuantos alumnos tendría este semestre cuando sentí el ruido de la puerta cerrarse con fuerza, medio sonreí al comprobar mi teoría acerca de la puntualidad de los recién llegado a la vida universitaria, y justo cuando deslizaba mi vista por los nombres lo sentí.

Donde quiera que vaya, veo tu cara. Cada paso que doy tú lo llevas conmigo

No hay donde correr, ningún lugar para esconderse

El aroma que tanto trabajo me había costado primero dominar y luego olvidar, me golpeo certero y que me trasportó 25 años atrás en una fracción de segundos, destrozando junto con ello todo por lo cual había luchado todos estos años, supe de inmediato que mis ojos se tornarían de un negro oscuro, despiadado, diabólico, a pesar de que no tenía sed, sin quererlo ni menos planificarlo retrocedí a otra clase de biología, una donde yo era el alumno no el profesor, una donde los alumnos, en esos años mis compañeros habían sido considerados como un daño colateral necesario ante esta misma situación, y me quede petrificado en mi posición, el veneno inundó mi boca con un amargor que pensé no volvería a sentir nunca más a menos que la volviera a ver. —No, basta. ¡Contrólate! —me reproche, porque eso era imposible, Bella no estaba ahí, yo lo sabía porque yo mismo me había negado esa posibilidad años atrás.

De pronto el animal dentro de mí rugió como no lo hacía hace muchas décadas, y venció cualquier atisbo de humanidad, ya no era tan fuerte como antes comprobé con tristeza, el monstruo lo sabía, estaba debilitado, por lo que mi rostro se giró instintivamente hacía el origen: mi presa.

Mi lado salvaje afloró y se apoderó de mí voluntad en gloria y majestad, mi mirada se tornó más fiera, era la mirada de un predador. Los pensamientos de la treintena de alumnos no importaban en esa fracción de segundos, solo podía sentir el latir de ese corazón que estaba entregándome ese olor tan dulce, tan deseable, tan apetecible, de pronto mi vista se agudizo hasta el punto de ver dibujada perfectamente su yugular en el cuello, pude notar como circulaba su sangre por ella, como latía al ritmo que profería su corazón, su pulso estaba acelerado, una reacción normal, el ser frente a mi tenía miedo, su instinto de supervivencia le alertaban sobre mí.

Me maldije y maldije al universo por lo que estaba sucediendo otra vez, ya que, a diferencia de la vez anterior, yo ni siquiera había reparado en el rostro, ni en quien era, mi cuerpo estaba reaccionando de la manera más básica y ancestral, sabía que estaba adportas de recorrer la minina distancia que nos separaba y para alguien como yo, eso se haría en un abrir y cerrar de ojos, mi velocidad haría imperceptible para cualquiera en la habitación lo que sucedería, solo se darían cuenta cuando el cuerpo cayera al suelo y la sangre se derramara.

Sangre, pensé y de pronto traté de volver al humano que tanto me había esforzado en mantener por todas estas décadas, pero era como si me viera a través de otros ojos, yo ahí levantándome tan rápidamente, provocando la muerte segura de quien fuera el dueño de ese aroma tan deseado para mí.

De pronto me avergoncé de que no estuviera pensando en mi familia, y muy por el contrario, justo en este minuto Jasper y Alice fueran sacrificables, por lo que agradecí que esta vez mi familia completa no estuviera allí para ser testigos de la suerte que correría en cuestión de segundos como consecuencia de negar lo que a todas luces jamás debí hacer por tanto tiempo.

¡No Edward, Detente! —pensó Alice, y agradecí que estuviera aquí entre la masa de alumnos, pero fui incapaz de siquiera buscarla. Tenía una lucha encarnada con el monstruo desatado

Es ella —volvió a decirme en sus pensamientos, y con una seguridad abismante, el tumultuoso puzle de visiones volvió a repetirse, pero esta vez tan claro y ordenado como una película, igual que aquella vez anterior, sus visiones y lo que sucedería se plasmo tan cristalino que ahogue un grito de desesperación.

No otra vez —pensé. —No lo soportaría una vez más —confesé cerrando mis ojos en un intento vano de que la cordura pudiera embárgame por completo, y no podía creer que la historia fuera a repetirse.

¿Acaso eso sería posible?, y en un intento desesperado busque su mirada, busque su ruido mental, tenía que cerciorarme que esa muchacha no era igual que ella, que era alguien distinto, otra humana, una cualquiera que pudiera ser sacrificable, que no significará nada, pero apenas traté de encontrar su mente, fracase.

De la misma forma en que fracasé hace 25 años atrás, podía leer la mente de todos los presentes, incluida la de mi hermana, pero ella era un silencio sepulcral, y era un hecho indefectible: era la misma historia, misma trama solo que con diferentes actores.

Me maldije, definitivamente el destino era un implacable verdugo, y si alguna vez pensé que mi castigo por lo que había hecho aquel día en el bosque era esta vida estéril e inmortal, hoy podía estar seguro que eso estaba muy distante de la realidad. Yo hoy estaba teniendo el castigo por mis acciones pasadas, por haber dejado abandonada a la mujer que amaba motivado principalmente por mi cobardía, hoy mataría y me convertiría en el monstruo del que tanto huía, y en el que tristemente siempre fui.

Todos estos años habían sido en vano pensé mientras calculaba mis posibilidades y contemplé impávido como Alice arrastraba a la dueña de esa sangre hasta los asientos.

Vamos tienes que luchar —me dijo la poca humanidad que quedaba luchando contra el monstruo, y aprete mis puños para contenerme, necesitaba racionalizar, necesitaba pensar, tenía que darme unos minutos para volver a ser el Edward que tanto me prometí sería por ella. Tensé mi cuerpo, y con mucha dificultad logré mantenerme en mi posición.

Pestañeé y volví a cerré los ojos por un instante en un intento de lograr mitigar mi sed, pero esto ya había pasado, y que había logrado, solo empujarme a un dolor peor, tal vez por eso estaba sucediendo de nuevo, tal vez yo necesitaba liberar al monstruo de una vez por todas y aceptarme como era, debía aceptar mi destino.

Estoy aquí contigo, no estás solo —me aseguró Alice en sus pensamientos y agradecía infinitamente que tratara de ayudarme, pero como iba a lograrlo, acaso sería ella quien me detendría de convertirme en un asesino múltiple.

¿Podría Alice realmente detenerme? ¿Tendría la fuerza necesaria para cuando yo tratará de eliminarla a ella por interponerse entre mi presa y yo?

Borre esos pensamientos de inmediato, y quise que Jasper estuviera allí. El sí sería un contrincante, él podría detenerme, él podría hacer lo necesario si se requiriese, él podría matarme.

¡Basta! —espetó Alice, y pude ver en sus pensamientos la imagen de mi cabeza en el suelo a los pies de su amado.

Gruñí desesperadamente.

Enfoque mi mirada al frente y tenía a todos mirándome, un montón de adolescentes expectantes para que yo diera comienzo a la clase, deje de respirar en el minuto en que sentí el escozor de su sangre dulce en mi garganta.

Lograste aguantar la última vez, puedes hacerlo nuevamente —y el Edward humano se impuso sobre el monstruo.

Él tenía razón, la última vez había estado en peores condiciones, y había aguantado de matar, entonces ahora podía hacer lo mismo. Comencé a hablar y traté de relajar mi postura.

Sera mejor si no la miras —pensó Alice y ni siquiera yo me había percatado que lo hacía, era como si estuviera en otro lugar, como si mi cuerpo estuviera en aquel salón y yo junto con toda mi consciencia humana y bestial estuviéramos librando una batalla en otra habitación completamente diferente.

La ignoré. Al menos eso intente, pero de tanto en tanto la mirada se me iba hacía su rostro, y aunque no respiré por los primero treinta minutos, sabía que debía respirar, no porque era incomodo no hacerlo, sino porque algún alumno que estuviera mirándome podía percatarse, y no todos estaban distraídos, siempre tenía dos o tres que no me perdían detalle, por lo que tuve que hacer lo que no quería, y justo cuando tragaba el aire, me percaté de algo, tal como un catador experto, por primera vez pude diferenciar, y era algo completamente nuevo, porque su aroma era tan o más embriagador que el que recordaba de Bella, pero no era igual.

La estas mirando nuevamente —pensó Alice, quien seguramente no perdía detalle de toda la escena.

Quité mi persistente mirada y la distraje en el confín de conocimiento que salía sin parar de mi boca cual guion me había aprendido hacía tantos años. No necesitaba pensar demasiado para repetir las materias que enseñaba, lo que le daba la posibilidad a mi mente de divagar, comencé de nuevo a dejar que todos los pensamientos me inundarán para ver si alguien más se había percatado de mi insistente mirada, e incluso para ver si ahora sí podía escucharla, pero nuevamente nada.

Nadie advertía lo que sucedía, todos estaban concentrados en lo que yo decía y se preguntaban cuantos libros tendrían que leer por lo extenso de la materia que estaba abarcando.

Detuve mi monologó y me dirigí al pizarrón. Tal vez dándole la espalda, podría descansar de mi papel, y mientras escribía no podía evitar sondearla. Podía mirarme a través de los ojos de todos los alumnos menos a través de los de ella.

Entonces, escuche a mi hermana hablarle. Me giré de inmediato para observarla o más bien reprocharle, pero Alice me ignoró. A juzgar por la escena, esta vez Alice no me haría caso en cuanto a no acercarse a la humana. Sin que yo pudiera hacer nada, le habló y no solo eso le pidió un lápiz.

Maldición Alice —espeté entre dientes, sentándome en mi escritorio mientras todos escribían lo que yo había puesto en el pizarrón.

Solo en ese minuto en que el silencio inundaba la sala, me atreví a contemplarla realmente, no como lo había hecho antes, sino que, a observarla, dejé de respirar otra vez, su aroma inundaba todo el salón y aunque faltaban pocos minutos para dar por finalizada la clase, necesita la cordura que me provocaba no sentir la necesidad de beber su sangre.

Iba a dejar que fuera el timbre quien diera por finalizada la clase, cuando la voz de Alice interrumpió.

Profesor, ¿No va a pasar la lista? preguntó y la fulminé con la mirada.

¿Acaso era una broma de mal gusto? ¿No le había bastando con ver mi sufrimiento en vivo y en directo los últimos 45 minutos, e incluso a través de sus visiones como para persistir en mi agonía?

Tomé el libro de clases y comencé a nombrar a los alumnos, uno por uno en orden alfabético, fueron confirmando sus identidades.

—Black, Marie —dije y fue el turno de la dueña de la sangre que me llamaba y por la cual estaba considerando convertirme en un monstruo.

Alzo su mano, y habló, no pude evitar quedarme pegado en su mirada, tan profunda, pero insondable, tan distinta, pero a la vez tan igual que mi amada Bella. Solo me di cuenta que estaba demasiado tenso cuando la punta del lápiz se quebró por la presión que ejercí contra el papel, bajé mi vista y seguí.

Alice no era mi alumna, por ende, no estaba en la lista, y era algo que ella sabía perfectamente, por lo tanto, tuve que mentir para encubrirla, y cuando llegue a los apellidos con la letra c, la incluí.

De manera envidiable alzo su mano y habló tan despreocupadamente que no pude evitar sentir rabia por lo que estaba haciéndome. No podía creer que mi propia hermana, estuviera llevándome hasta el límite.

No tenía sentido alguno. Ella sabía mi dolor, estaba ahí conmigo, y lo estuvo la última vez. Incomprensible, justo antes que el timbre sonará, finalmente hablé.

—Bien, es todo por hoy, nos vemos la próxima clase y comencé a recoger mis papeles a una velocidad inhumana, a través de los ojos de Alice, la observé, y pude notar que la muchacha estaba un poco consternada con mi actitud, y seguramente se había percatado de como la observaba su profesor, o mejor dicho de como la acosaba el monstruo.

Alice trato de acercarse, pero ella se lo impidió y salió corriendo, a juzgar por la premura de sus pasos, con suerte, tal vez no la volvería a tener cerca, y justo cuando estaba pensando en eso, la visión de Alice se coló apremiante y me dejó atónito.

Tal y como hace 25 años atrás, la muchacha con la sangre más dulce y apetecible sería arrollada por un vehículo, me regodeé en mi desgracia, ya que esta vez la pregunta sería: ¿Estaría yo dispuesto a salvarla?