Dr. Stone es propiedad de Inagaki y Boichi, yo sólo tomo prestado a los personajes para fines de esta historia.

~Las piezas han caído, el juego ha comenzado.~

_._

Kohaku exhaló un suspiro y levantó la cabeza hacia el espejo frente a ella, la imagen de su reflejo la ayudó a sacudir los recuerdos de su mente hacia un rincón.

—¿Los invitados han comenzado a llegar? —cuestionó en voz alta hacia la doncella que se encontraba con ella en su habitación.

La joven de cabellera castaña sujeta en una pañoleta (apenas mayor que Kohaku por uno o dos años de diferencia) no respondió de inmediato y en vez de eso, entró en el enorme armario para mirar las filas de vestidos y zapatillas que tapizaban los estantes de las paredes en ese laberinto que parecía no tener fin. Dignas prendas de alguien de la realeza de ese reino, pero que por desgracia sólo se dignaban a ser usadas sólo si la situación así lo ameritaba. Era raro que la princesa pasara un día sin esos atuendos sencillos que constaban únicamente de vestidos o faldas de tonalidad azul, blusas y botas que no parecían dignas de una dama.

Hoy sin embargo, Kohaku tendría que vestirse majestuosamente para la ocasión… su compromiso. Un matrimonio con el hombre al que sólo podría llegar a considerar como un buen amigo, el hombre que estaba profundamente enamorado de su hermana, no de ella.

—Su padre los está recibiendo en el gran salón junto al rey Byakuya —Emilia al fin respondió cuando se acercó a la princesa con el ostentoso vestido de seda blanca y detalles en pedrería ambar—. Este fue el vestido que el rey Kokuyo escogió para usted princesa. —la joven tuvo que admitir que la prenda en sí era muy hermosa, aunque también pensó que era una lástima que tuviera que ser usada en una situación como esta.

Kohaku miró el vestido en manos de su amiga y no pudo evitar sentir que estaba tan fuera de lugar, aún así tuvo que apelar a la resignación y al deber para poder seguir con esa farsa pues el reino entero dependía de ese matrimonio.

—Puedo ponerme el vestido, mejor ve a arreglarte también Emilia. —no le miró mientras se levantaba para tomar el vestido de las manos de la doncella.

Kohaku quería al menos un último momento a solas para despedirse de cualquier sueño o añoranza que pudiera aún tener.

"Esto es por el reino, para que el sacrificio de Ruri no sea en vano" la princesa se repitió una y otra vez como un mantra.

Sin embargo, a través de los rudimentarios anteojos que en el pasado alguien le había otorgado, los ojos verdes de Emilia la observaron con solemnidad antes de hablar:

—¿Sigues esperando que algún día regrese? —ella dejó el significado de esas palabras flotar en el aire sabiendo que Kohaku entendería a quién se estaba refiriendo.

Y por supuesto que ella lo supo.

—¡Ja! El hecho de que decida regresar o no, no cambia nada… pero sin lugar a dudas algún día encontraremos a ese cobarde. Se lo prometí a Ruri.

Emilia observó a Kohaku con atención sabiendo que había mucho más en sus palabras, sin embargo por el momento decidió no presionar con el tema en cuestión. Aún si todo ese show se reducía a la imprudente decisión de un amante frustrado.

Fue irónico a decir verdad.

Tratando de zanjar el tema, Kohaku le reiteró a Emilia su apremio por terminar de vestirse y la doncella sin poner oposición alguna le concedió la razón a ella, al menos por esa ocasión. El evento estaba por dar inicio y todavía seguía en los aposentos de la princesa, debía darse prisa.


Ryusui miró a su alrededor, a toda esa gente que pululaba sin cesar por los alrededores del ostentoso y gran salón. La sola visión le trajo viejos recuerdos de la vida que no había dudado en abandonar cuando tuvo la oportunidad. Si él no hubiera dejado al hombre al que una vez llamó "padre" en la ruina, quizá aquel inflexible anciano estaría regodeándose por ahí.

—Senku-chan ya debe estar abriéndose camino por los viejos pasadizos de este lugar ¿No es así Ryusui-chan? —Gen llamó la atención del pirata que parecía perdido en sus cavilaciones, ambos estaban aún en la entrada del salón observando la magnificencia del evento y aguardando por una señal—. Debo admitir que estaba preocupado por él en esta misión, no sólo su cuerpo puede ser un obstáculo para obtener nuestro objetivo sino también su corazón.

—¿Quién lo diría? Que incluso alguien como él pudiera caer en esa treta de sentimientos.

—Oh… pero nadie es inmune a esos terrenos Capitán… los amores a distancia también son un enredo.~ —Gen le guiñó el ojo a Nanami en una clara señal de complicidad, como la promesa de que también mantendría su pequeño secreto a salvo.

Pero en algo tenía razón Asagiri, un viejo amor del pasado podría entorpecer la visión de cualquiera, incluso de alguien tan recto, centrado y lógico como lo era el ex príncipe. Gen lo sabía, había visto ese atisbo de debilidad en su alma cuando en esas noches de borrachera les habló de ella, e incluso estando en sus cabales, Senku parecía vulnerable (aún si tratara inútilmente de ocultarlo con tal estoicismo) ante el recuerdo de esa mujer.

No conocía por completo la historia pero no necesitaba hacerlo para saber que las cosas habían terminado muy mal.

—Dejemos esos temas para después, ese bribón nos dará la señal cuando considere el momento adecuado, además parece que al fin ha terminado con esa arma en la que estaba trabajando.

—¿Pólvora? —sí, esa fue la primera opción de Gen del listado de nuevos proyectos en los que Senku había estado trabajando en todo ese tiempo.

—Veneno —la sonrisa de Ryusui se volvió algo retorcida tras soltar dicha información, ganándose de inmediato la mirada anonadada de Asagiri—. Al menos un derivado, Senku usó pequeñas cantidades del veneno de una de las plantas que encontramos en uno de nuestros viajes, apenas lo suficiente para inducir el sueño en un hombre adulto o en su defecto, dejarlo inconsciente por un par de horas.

Un pesado suspiro de alivio escapó de los labios de Gen. Honestamente nunca supo hasta dónde sería capaz de llegar Senku con todo el conocimiento que poseía, más aún cuando en ocasiones sus acciones eran moralmente cuestionables… aunque por supuesto nunca podrían igualar a las suyas.

—Ah, un ataque deliberado y silencioso es mucho mejor que un escándalo.

Estaban rodeados de guardias después de todo, sería estúpido llevar toda esa atención a ellos. La muerte no tenía cabida en sus planes.

—¿Los muchachos están en sus posiciones? —quiso saber Nanami mientras disimulaba su cuestión al llevarse una copa de vino a los labios.

Gen lo imitó casi de inmediato.

—Todos y cada uno, mi Capitán.

—Perfecto, que la función de esta noche dé inicio. —una sonrisa de confianza tiró de los labios de Ryusui, estaba seguro que esa noche obtendría al fin lo que estaba buscando.


Un laberinto de oscuros y húmedos pasadizos conectaba con el salón donde la Medusa era resguardada tan recelosamente, apartando a puntapiés a las molestas ratas que se cruzaban en su camino, Senku se abrió paso a través del muro negro de la falsa estructura que miraba justo frente a la puerta custodiada. La luz que oscilaba cada tanto de la antorcha en la pared de piedra seca le dio la vista previa del sujeto que se encontraba en el lugar, el guardia en turno.

Se quedó ahí escondido, acuclillado entre las sombras zigzagueantes esperando el momento adecuado para llevar a cabo su ataque a Ginro y sacarlo del camino para poder quitarle las llaves. Instintivamente Senku llevó una de sus manos a la pistola modificada que todavía se encontraba colgada en su cinturón, el plan era simple y el joven era un objetivo fácil.

Sin embargo sus planes se desbarataron cuando escuchó el eco de pasos que se acercaban por el pasillo.

—Abre. —la figura de Chrome soltó en un tono que a Senku y quizá también a Ginro se les hizo fuera de lugar, contrastando con su enérgica y peculiar personalidad.

—Ehhhh… ¿Inspección de rutina Chrome? —Ginro cuestionó con ligero desconcierto y nerviosismo, como si tal situación lo hubiera tomado totalmente desprevenido—. El evento está por comenzar y es injusto, yo quería estar en el salón con todos ustedes pero en vez de eso me dejaron cuidando esta aburrida puerta… ¿Quién querría robar la Medusa justo este día? —él bufó, dejando la sorpresa a un lado.

Sin embargo, cualquier queja no surtió efecto en el joven príncipe.

—Te dije que abrieras esa puerta. —esta vez el tono de Chrome fue mucho más autoritario y casi una peligrosa amenaza.

Sin dar crédito a lo que había escuchado, Ginro se apresuró a buscar la llave que permanecía oculta dentro de su ropa, oculta en su camisa en una cinta que colgaba de su cuello.

Algo… algo no estaba bien en esa escena. Se dijo Senku mientras seguía observando cómo se desarrollaba todo frente a él.

¿Cuánto habría cambiado Chrome en esos cinco años? Por lo que pudo escuchar esa mañana en su reconocimiento a los pasadizos cuando estaba hablando con Kohaku, la verdad es que parecía el mismo joven ingenuo y simpático de antaño; en este momento ni siquiera se veía como esa versión suya.

Ginro se apresuró a abrir la puerta ante la atenta y extraña mirada del joven príncipe, en ese momento el guardia no pudo reconocer a ese viejo amigo, pero en el fondo se dijo que quizá todo se debía a la presión del matrimonio. La cerradura cedió casi de inmediato con un chasquido y Ginro se apartó para cederle el paso a Chrome al interior del lugar, sin embargo antes de atravesar el umbral él lo miró por una fracción de segundo y llevó su mano justo al delgado hombro del rubio.

Senku observó detenidamente cómo el cuerpo de Ginro caía pesadamente al suelo, inconsciente. ¿Qué demonios había pasado? Se preguntó, ¿Acaso Chrome aplicó algún punto de presión estratégico para dejar inconsciente al molesto guardia? Algún nervio quizá para dejarlo fuera de combate, incluso él consideró un par de veces aplicar ese método para compensar un poco su falta de fuerza y agilidad en las batallas durante los atracos, y en general le había funcionado en un par de ocasiones.

Sin embargo esto… Chrome… ¿Qué pretendía al atacar a uno de los suyos de esa manera?

Pero cualquier duda fue disipada rápidamente cuando, quien hasta entonces pensó que era su hermanastro, cambió frente a sus incrédulos ojos. La figura de Chrome se transformó en la silueta de un hombre que él conocía a la perfección; cabello verdoso (casi albino) alborotado con toques azulados en las puntas, mechones rebeldes que se desperdigaban por su rostro, complexión delgada, ojos carmín en una afilada mirada, vestido con una camisa blanca y pantalones verdes oscuros, calzaba botas altas y un abrigo que le llegaba hasta las rodillas… un pirata… el mismo Senku.

¿Cómo podía ser eso posible?

El sujeto retiró parte del abrigo que caía a su costado para meter la mano en busca de algo en su cinturón de cuero, Senku pudo notar a la perfección que llevaba una cartuchera con una pistola. Como un acto reflejo buscó la suya en su propio cinturón pero se dio cuenta que había desaparecido.

¿Cuándo? ¿Cómo?

—¿Buscas esto? —la copia habló, dirigiéndose específicamente a él y dándole a entender que supo todo el tiempo que se encontraba oculto entre las sombras.

Su voz sonaba exactamente a la suya pero su tono e intenciones sonaban como si estuviera haciendo un chiste.

Senku no respondió y en lugar de eso decidió salir de las sombras que lo cobijaban, sin embargo sabía que no estaba preparado para enfrentarse a aquello. Esto sobrepasaba incluso su lógica comprensión, quiso pensar entonces, que todo esto no era más que una alucinación provocada por la extracción del veneno en esa flor… nada más.

Sin embargo, había otra opción, una que no quería siquiera llegar a considerar.

Pero de nuevo, la suerte no parecía estar de suado.


Los invitados seguían llegando ¿A cuántas personas había invitado su padre? Kohaku se preguntó aquello mientras observaba a su alrededor, a todas esas personas zumbando de un lado a otro. Personas que cada tanto se acercaban a hablar con su padre o con su futuro suegro, e incluso con ella.

Decidió entonces apartarse un poco del barullo e ir a uno de los balcones del salón que tenía una vista impresionante de la costa y el mar, de alguna manera aquel paisaje le trajo tranquilidad pero también cierto atisbo de tristeza. No mentiría si dijera que quería conocer lo que se encontraba más allá de esas agitadas aguas… conocer el mundo y tener infinitas aventuras, pero para su desgracia eso nunca pudo llegar a ocurrir; con la enfermedad de Ruri y posteriormente el compromiso de su hermana, aquel sueño fue empujado por la promesa y el deber.

Si tan sólo…

—Amaryllis y Tsukasa estaban buscándote. —Emilia se acercó a Kohaku con una copa de vino en mano para ofrecérsela.

Y la princesa aceptó el ofrecimiento sin más, en verdad lo necesitaba.

—¿Dónde está Chrome? —quiso saber pues a decir verdad no lo había visto desde la última conversación que tuvieron esa misma mañana.

El joven era un espíritu libre así que a ella nunca le pareció extraña esa manía de desaparecer por largos periodos de tiempo o simplemente de encerrarse en el antiguo "santuario" de Senku para seguir con sus investigaciones. Quizá se trataba de lo segundo, aunque Kohaku sabía también que en ocasiones Chrome visitaba la estatua de Ruri para poder estar con el recuerdo de su hermana.

—No lo hemos visto desde hace una hora, se supone que se encontraba en sus aposentos alistándose para la ocasión. —la doncella desestimó.

Y Kohaku no quiso presionar más al respecto pensando que tal vez como ella, Chrome también quería su espacio para asimilar las cosas.

Pronto Amaryllis, la esposa de uno de los gobernantes de los reinos, se acercó a ellas para felicitar a la princesa por su compromiso y también para pedir disculpas por la ausencia de Soyuz, quien se encontraba resolviendo algunos asuntos en el reino y no pudo asistir. Incluso si Amaryllis y Soyuz mantenían su reino en paz y libre de posibles conflictos con otros pueblos, algunos problemas dentro del mismo aún ameritaban su atención.

La charla se extendió por un par de minutos más antes de que Emilia captara algo a la distancia, un hombre que solo estaba de pie en una de las esquinas del salón, tratando inútilmente de mezclarse con el resto de invitados en esa velada. Imposible, una presencia como esa nunca podría pasar desapercibida para ella ¿Qué rayos estaba haciendo ahí? Nada bueno, se dijo la doncella.

Sin dar señales de alarma, Emilia se disculpó con Kohaku y Amaryllis poniendo la excusa de que necesitaba otro trago, sin dar tiempo a más explicaciones emprendió el camino hacia donde el extraño se encontraba.

Él ni siquiera notó cuando ella ya estaba a su lado y sólo lo hizo cuando Emilia jaló al hombre a una de las esquinas desoladas del salón y lo estrelló contra la pared.

—¿Qué hace un sucio Pirata como tú en un evento como este? —su mirada esmeralda se clavó con hostilidad y recelo en el hombre de cabellera bicolor y sonrisa gatuna—. Responde Gen ¿Qué rayos están planeando tu capitán y tú?

Ella fue capaz de vislumbrar en la mirada ceniza una ligera chispa de pánico, pero rápidamente ésta se apagó para ser ocupada por un renovado brillo de sagacidad y astucia.

—¿Pero qué clase de bienvenida es esta Emilia-chan? —el tono de Gen pareció verdaderamente afligido, al menos eso fue lo que quiso aparentar—. Pero me alegra saber que aún me recuerdas. —la sonrisa se extendió aún más por la comisura de los labios de Asagiri.

La joven doncella aún lo mantenía firmemente acorralado hacia la pared y las manos de Gen sostenían las de Emilia para impedir que pudiera imprimir más presión (si es que eso era posible) en el apretado agarre de la solapa de su fino traje.

Pero la única respuesta que Asagiri obtuvo de la joven fue una mirada de desprecio y el impacto de la palma sobre su mejilla en una firme y ruda bofetada que le hizo girar la cabeza a un lado y sentir el ardor de brasas incandescentes sobre su piel.

—Oh, créeme que jamás podría olvidarme de un bastardo como tú. —Emilia retrajo la mano hacia su pecho y la acunó con la otra cuando el dolor por el impacto también le afectó.

Por supuesto que jamás podría olvidarse del hombre que jugó con ella cinco años atrás, el maldito Pirata que había conocido en el puerto en uno de sus desembarques al reino y con el que pasó más de una noche para después ser abandonada sin palabra o excusa alguna. Él simplemente se fue y no regresó.

Hasta ahora.

—Si, quizá me lo merezco un poco —Gen se llevó una mano para acunar su ardiente y enrojecida mejilla, su mirada pudo notar lo enojada y alterada que aún estaba con él, y era lógico—. Quizá comenzamos con el pie izquierdo pero…

—Será mejor que te vayas Gen, o llamaré a los guardias para que te echen a tí y a tus camaradas. Si es la medusa lo que quieren entonces no la van a tener.

—¿Medusa? ¿Crees que pondríamos nuestra vida en riesgo por el artefacto que protegen tan recelosamente en este palacio y el que nadie ha podido robar hasta ahora? —Asagiri canturreó con cierto tinte de sarcasmo en su voz—. Arribamos apenas esta mañana por suministros, nos enteramos del compromiso de la princesa porque las buenas nuevas están de boca en boca en todo el reino, a dónde íbamos no se hablaba de otra cosa… —Los gestos exagerados sirvieron para dar más énfasis a su formulada explicación—. Entonces nos pareció algo razonable venir al evento por un delicioso festín… Tú no sabes Emilia-chan, pero comer pan duro y pescado durante meses en el mar puede hacer que incluso el más duro ruegue por una deliciosa rebanada de carne y un trago de vino en vez del ron barato.

La pobre excusa de Gen podría ser conveniente para cualquiera, excepto para ella. ¡Por supuesto que no se tragaba eso! Lo conocía a la perfección para saber lo sucio y embustero que podía llegar a ser con tal de conseguir sus objetivos… claramente su presencia en el palacio significaba que tanto él como su capitán tramaban algo.

Pero no lo dejaría irse así como así.


—Kukuku, entonces ¿Todo esto no ha sido más que un absurdo plan de Xeno, no es así? —A pesar de la confianza en sus palabras, Senku sabía que esa era la peor opción posible para dar explicación a lo que estaba sucediendo.

Xeno, todo se redujo a ese problemático dios y a su manía de crear el caos para saciar su estúpido aburrimiento. Un dolor de cabeza para los humanos. Senku se cruzó en su camino un par de veces, en una ocasión incluso éste le ofreció lo que más anhelaba a cambio de la Medusa; oferta que el príncipe obviamente rechazó en aquel entonces.

Por supuesto, eso fue antes de que Senku tuviera un verdadero anhelo hacia algo… o más específicamente hacia alguien.

—Los humanos no son más que una plaga para este mundo, pero Xee de alguna manera los encuentra divertidos —la copia de Senku habló con un tinte de desprecio—. Si esto es lo que quiere —levantó el pequeño artefacto en sus manos para observarlo con más detenimiento—. Entonces lo tendrá y no dejaré que unas sucias criaturas como ustedes se interpongan en sus deseos.

La figura de "Senku" que aún permanecía en la penumbra de la cámara donde la Medusa se resguardaba, se desvaneció y tomó su verdadera forma cuando la luz de la luna que se colaba por una de las ventanas lo iluminó.

—Stanley… —Senku siseó en reconocimiento del semidiós, la mano derecha del mismísimo dios del caos.

¡Por supuesto!

El semidiós tenía la apariencia de un hombre fornido y rubio con unos penetrantes ojos azules, reflejando un aura de peligro.

—¡Senku!

Ishigami volvió la mirada ante el llamado, encontrando a un Chrome apenas en pie en el umbral de la puerta con lo que parecían un par de moretones en el rostro. Para Senku no fue difícil adivinar que alguien lo había golpeado, sin embargo eso pasó a un segundo plano cuando miró de nuevo hacia el frente y no encontró a Stanley.

—Maldición…

Era una trampa.

—¡Regresaste al reino sólo para robar la Medusa! —Chrome se tambaleó hasta donde él se encontraba para tomarlo de la solapa de la camisa y estrechar su agarre sobre la tela, cortándole así la respiración—. Me golpeaste cuando estaba en mi habitación, sabía dónde iba a encontrarte cuando desperté y al parecer no me equivoqué… además ¿Asesinaste a Ginro? ¡Contesta!

Senku trató de apartarlo pero apenas logró hacer que la presión en su garganta disminuyera para poder formular palabra alguna.

—Como si pudiera hacer eso, idiota… —él jadeó—. Ni siquiera… ni siquiera soy capaz de quitarte de encima justo ahora ¿Cómo rayos pude haberte golpeado?

Y fue verdad, el encuentro anterior con Senku sorprendió a Chrome ya que él parecía incluso mucho más fuerte de lo que recordaba. Pero…

La mirada de Chrome recayó entonces en el lugar vacío donde debería estar la reliquia ancestral, seguir negando los hechos era inútil.

—No te la llevarás. —el puño de Chrome impactó dolorosamente en el rostro de Senku, enviándolo directamente al suelo.

El pirata pudo saborear la esencia del sabor metálico en la comisura de sus labios antes de dar un certero escupitajo al suelo y gruñir. Subestimar a Chrome estaba de más, él no era sólo el joven con curiosidad innata y personalidad a veces infantil que solía aparentar. Estaba molesto y muy confundido, esa no era la mejor combinación.

—Yo no la tengo, idiota —Ishigami se levantó del suelo con algo de dificultad, limpió su desarreglado atuendo y después miró a su hermanastro con desinterés—. Alguien se llevó la Medusa y en eso tienes razón genio, pero no he sido yo el ladrón.

—Te infiltraste en el palacio aprovechando el evento de compromiso con Kohaku —acusó Chrome—. Me golpeaste y le hiciste algo a Ginro… la Medusa no está aquí y tú eres el único que pudo habérsela llevado, tú mejor que nadie conoce el sistema de seguridad y el funcionamiento del artefacto.

Dicho de ese modo, ante cualquiera que lo escuchara definitivamente Senku sería el culpable inmediato de aquel atraco pero incluso si dijera la verdad sobre el asunto, quizá sonaría como un desquiciado.

—Pues alguien se me adelantó —Senku no quiso ni mencionar algo sobre ese absurdo evento, no cuando tenía problemas más grandes que resolver—. Esto no fue más que una trampa del dios del caos, Xeno. Él es el que envió a su mano derecha para hacerse pasar por mí y robar la Medusa para él.

—¿Qué demonios estás diciendo Senku? ¿Te has vuelto loco? Dios del caos… existe un tratado que los dioses no pueden quebrantar con los humanos. Esto definitivamente estaría rompiendo ese acuerdo de paz.

—A ese sujeto es lo que menos le interesa, tonto. Xeno aprovechará cualquier oportunidad para cumplir con sus absurdos caprichos. —bufó, había escuchado de grandes conflictos que habían acabado con pueblos enteros en el pasado, todo por obra de Xeno.

Stanley de alguna manera tenía razón, Xeno sentía una especie de interés hacia los humanos pero no necesariamente podría llamar aquello como "fascinación", más bien parecía un intento de eventual aniquilación hacia la humanidad en sí.

—Pareces conocerlo a la perfección… —la mirada ocre de Chrome se estrechó en el pirata.

Senku pudo identificar la acusación implícita en las palabras de su hermano. Sabía a dónde estaba dirigiéndose Chrome con eso.

—No trabajo para él si eso es lo que piensas. Él me ofreció un trato en el pasado a cambio de la Medusa, algo que obviamente rechacé a favor de mi propio interés por el conocimiento de ese artefacto.

Aunque, si la oferta de Xeno hubiera llegado después de que se enamoró de Kohaku entonces no sabía si hubiera podido rechazar algo como eso.

Chrome no sabía qué pensar ante todo esto, los dioses no solían entrometerse de esa manera con los mortales pero Senku aseguraba que el culpable de la desaparición de la Medusa fue precisamente uno de ellos.

—¿Sabes a dónde se la llevó? —un plan estaba formándose en la mente de Chrome.

Y Senku pareció entender a dónde quería llegar, sin embargo al igual que el descabellado plan de Ryusui (incluso más) eso era imposible.

—Sólo sé que se encuentra en los confines del mundo, no hay mapa alguno que te lleve a los territorios de Xeno y entrar es muy difícil, se dice que está custodiado por criaturas marinas que te devoraría apenas te atrevieras a pisar el lugar.

Igual si se trataba únicamente del folklore, Senku no podía descartar algo como eso, si llegar era difícil, entrar lo era aún peor. Hubo un tiempo en el que la fantasía jamás hubiera sido tomada como algo amenazante y real, pero eso no era ni medianamente cierto. Los dioses, los monstruos y todo tipo de criaturas acechaban el mundo y el indómito mar, Senku pudo dar fe de eso una vez que subió al barco de Ryusui y huyó de su destino.

—Avisaré a Kokuyo para que aliste uno de los barcos, zarparemos al amanecer y tú vendrás con nosotros Senku, eres el único que conoce la ubicación de los páramos de Xeno y…

Chrome se interrumpió repentinamente, sus ojos abriéndose de la impresión por lo que acababa de suceder, la mirada descolocada del jóven príncipe bajó lentamente para enseñarle a Senku el motivo de su impresión.

—Sen… Senku… —el filo de la cuchilla se hundió profundamente en el torso de Chrome guiada aún por la mano de su hermano en esta.

Senku no supo en qué momento sucedió eso, él no tenía su arma y recordaba que ésta había desaparecido esa mañana cuando regresaba al barco. ¿Qué demonios estaba sucediendo?

Quiso apartarse pero su cuerpo estaba totalmente inmóvil.

—Las piezas del juego han caído en su lugar… diviértanse. —con una siniestra sonrisa Stanley desapareció en la espesa penumbra del lugar, esfumándose como si se tratara de neblina.

Tal como si hubiera recuperado el control de su cuerpo, Senku apartó el arma de Chrome, sosteniéndolo cuando se desvaneció sobre él. La sangre manchando la camisa y las manos de Ishigami mientras hacía presión para tratar de detener la hemorragia.

—¡Chrome!

El sonido de la voz de Kohaku inundó el lugar mientras con paso apresurado se acercó a ellos, Senku acomodó a Chrome en el suelo sin dejar de presionar la herida. La cuchilla olvidada a un lado cubierta también de sangre.

—¡¿Qué hiciste?! —la escena frente a Kohaku parecía un Deja vu, el recuerdo de Ruri el día en el que ese ladrón la había apuñalado vino de nuevo a su mente.

La historia se estaba repitiendo, ahora con Chrome y el culpable aún junto a ella en esa misma habitación.

—Deja de sacar ideas erróneas Leona y llama a un médico. —Senku podía sentir la mirada llena de odio y repudio de la chica a su lado.

Y no se equivocó cuando su mirada conectó con la de ella por un breve instante. No cabía la menor duda de que Kohaku había caído en la trampa de Stanley… así como él también lo hizo. Senku se redujo entonces a una simple pieza de ajedrez en el juego de Xeno.

Una especie de venganza quizá por haber rechazado su oferta en el pasado.

Kohaku sin embargo rompió el contacto visual para buscar la única esperanza que tenía, pero no la encontró, la reliquia no estaba por ningún lado.

—¿Dónde está la Medusa, Senku? —En el fondo ella se negó a creer que lo que Emilia le había dicho era cierto.

Después de todo fue Emilia la que alertó a los guardias sobre una posible infiltración al palacio para robar la Medusa. Y después de ver cómo Senku apuñalaba a Chrome y la ausencia del artefacto… las piezas encajaban a la perfección.

—Fue robada. —quizá sonaba bastante hipócrita debido a la aparente situación pero de nada serviría ocultar la verdad.

—Devuélvela y haz el maldito líquido de resurrección para salvar a Chrome. —internamente Kohaku también quería que él salvara a Ruri.

Tantos años en su búsqueda y ahora él estaba frente a ella al fin. Sin embargo esta no fue la manera en la que pensó que alguna vez se reencontrarían. Senku se había unido a la tripulación de Ryusui, el paria de la familia Nanami y un sucio Pirata que robaba cuánta riqueza deseara.

¿Cómo habían terminado así las cosas?

—Yo no tengo la maldita Medusa, Leona. El dios del caos se la llevó mientras tú y los demás nobles estaban regodeándose en el salón festejando tu próximo matrimonio… Felicidades por cierto. —agregó lo último con amargo sarcasmo, sabía que ese no era ni el lugar ni el momento para hablar de eso pero ya era demasiado tarde para retractarse.

—No puedes estar hablando en serio.

—¿Te he mentido alguna vez? —Senku la miró a los ojos—. Nada de lo que te he dicho ha sido una mentira jamás, Kohaku.

Ella no supo cómo interpretar esto, o quizá sí, pero se negó a aceptar aquellas palabras.

Un leve quejido de Chrome trajo de vuelta a Kohaku a la realidad y la ayudó a enfocarse… eso era una emergencia.

—¡Encierren al culpable en prisión hasta que el juicio dé inicio!

La orden fue emitida desde el umbral de la puerta por el rey Kokuyo, enseguida varios guardias apresaron a Senku y se lo llevaron de ahí. No hubo oportunidad alguna de oponer resistencia y en todo caso sería inútil tratándose de él.

Lo último que Senku vio fue la mirada decepcionada de Kohaku y a su padre luchando por alcanzarlo.

Sí, las piezas cayeron en su lugar y el juego había comenzado.

.

.

.

Continuará…

N/A:

Oh ha pasado un buen tiempo desde esta historia, dije que estaré retomando las historias de a poco en tanto el bloqueo me lo permita…

La principal razón por la que retomé este Fic fue por un precioso dibujo de la comadre Krash Diamont con la temática de la última colaboración de Dr. Stone con una de las tiendas… temática de Piratas ufffffffff 7u7 entonces dije "Mmmmm como que se antoja retomar ese AU de Simbad… seh, creo que ya es hora" y bueno aquí está XD

Me tomé el atrevimiento de pedirle prestada a una de sus OCs, Emilia es propiedad de Krash Diamont (alias la Yashira)... No sé, es que me encanta la pareja que ella hace con el mentalista en sus historias… su dinámica me encanta y también quería darles un poco de amors por aquí… uwu un enorme enorme enormeeeeeeeee agradecimiento a la comadre!!!

Y pues nada, las cosas aún están algo confusas en esta historia pero irán tando su lugar poco a poco… aún no hay mucho Senhaku pero pronto 7u7

Pido una disculpa por el uso de Ooc (personajes fuera de carácter), los posibles horrores ortográficos y de redacción que esto pueda tener. Aún así espero que el capítulo fuese de su agrado, y me dejen saber sus opiniones :3

Ahora sí… hasta la próxima!!!

Oh!!! Pd. La Yoari anda bien emocionada por el próximo capítulo que se viene el jueves!!! La aparición de Labo-kun y la tan esperada escena 7u7 además de mi Senku modo Waifu y el cambio de Kohaku… ahhhhhhhhhh *gritos de fangirl loca*

Bien ahora sí, hasta la próxima!!! n.n