Miraba a través de la ventana, tratando de descifrar hacía dónde estaban yendo.

¿Dónde estamos? Esta zona... me parece familiar.

- Aquí me bajo - pronunció la mujer - Tú llévalos hacía donde Bankotsu te dijo.

¿Bankotsu?

Se sorprendió al oír su nombre, sin embargo, no emitió palabra.

- No te preocupes - sonrió, mirando a Kagome - Saludaré a Inuyasha de tu parte.

- ¡¿Qué?! ¡Oye ni se te ocurra hacerle daño a Inuyasha! - gritó, agarrando el cabezal del asiento.

- Sólo voy a recuperar lo que es mío - guiñó su ojo, al mismo tiempo en que descendía.

- ¡No te le acerques! - trató de abrir la puerta, sin embargo, el seguro estaba colocado - ¡Regresa! - comenzó a golpear el vidrio.

- Oye - Kyokotsu la jaló del cabello, regresándola a su posición - Más te vale que te quedes callada y no llames la atención.

- Y tú no vuelvas a tocarme.

- Sólo hago mi trabajo - sonrió.

En ese momento, el celular que ella llevaba entre sus manos, comenzó a sonar.

Inuyasha.

Pensó, deslizando el dedo en la pantalla con total rapidez.

- ¡Inuyasha! ¡Bankotsu! - fue lo único que logró pronunciar antes de que el guardaespaldas le arrebatara el aparato y lo apagara.

- ¡¿Qué mierda acabo de decirte?! ¡Niña insolente! - elevó su mano, con la intención de golpearla, sin embargo, Ginkotsu lo detuvo.

- Sabes que no podemos tocarlas - intervino, sin apartar la mirada del camino - El jefe se encargará de ellas.

¿Tocarlas? ¿Ellas? ¿Por qué hablan en plural?

- ¿Hay otra mujer? - preguntó - ¿Quién más estará?

- Cuando lleguemos, los sabrás - le sonrió.

Unos quince minutos después, llegaron a una gran casa, la cuál se encontraba a las afueras de la gran ciudad. Un portón automático comenzó a abrirse lentamente, mientras el auto comenzaba a avanzar, para finalmente detenerse frente a la gran puerta de cedro laqueado, cuyas manijas parecían ser de oro.

Kyokotsu descendió, rodeó el vehículo y abrió la puerta de la joven, tomándola por el brazo, obligándola a bajar.

- ¡Oye puedo caminar sola! - gritó, tratando de zafarse.

- No eres de confianza... no te resistas o tendré que lastimarte.

- No puedes hacerlo...

- ¿Quieres hacer la prueba?

Desvió la mirada, subiendo los escalones, mientras las puertas se abrían y era lanzada a su interior, cayendo de lado.

- ¡¿Qué haces?! - gritó, mirándolo por sobre su hombro, sin embargo, él guardia cerró la puerta, dejándola sola.

Definitivamente no entiendo nada.

Pensó, poniéndose de pie y observando a su alrededor. Lo primero que llamó su atención fuero los tres sillones extensos y lujosos, de color rojo fuego, que se encontraban al medio de la sala. Giró levemente su mirada, encontrándose con una Tv de 85 pulgadas.

- Vaya... es verdaderamente lujoso - murmuró - Demasiado... si es la casa de Bankotsu.

- Descuida, no es mi casa.

¿He? - miró al frente, encontrándose con su sonrisa altanera y sus ojos azules, los cuáles mantenían un intenso brillo.

Su cabello negro se encontraba entrelazado en una trenza perfecta, la cuál le llegaba a los muslos, vestía un traje azul marino, impecable y sus manos se encontraban en el interior de sus bolsillos.

- Bankotsu - pronunció seriamente - ¿Qué es lo que quieres?

- ¿Tienes miedo de que pueda hacerte daño? - comenzó a acercarse.

- Sólo quiero prepárame mentalmente - respondió, tratando de mantener seguridad.

- Kagome - sonrió, parándose frente a ella, mientras elevaba su mano, acariciando su mejilla - Eres muy hermosa... ya entiendo porque Inuyasha se fijó en ti.

- Te agradecería que no me tocaras, gracias - desvió su mejilla, dando un paso hacia atrás.

- De acuerdo, de acuerdo - elevó sus manos - Cuando tu compañera llegue, hablaremos del tema.

La puerta se abrió, provocando que ambos miraran en su dirección. Kagome tapó su boca con ambas manos al encontrarse con los ojos de su prima.

- Rin...

- ¿Kagome? - murmuró, mirando a Bankotsu.

- Los buenos hermanos Taisho, eligiendo a las chicas de la misma familia, típico de películas baratas - se burló - Por aquí, bellas damas, síganme.

- Kag, ¿estas bien? - murmuró, tomando el brazo de la morena.

- Si, ¿y tú? - respondió en el mismo tono, mientras ella asentía.

- ¿Tienes idea de lo que sucede?

- Bueno... no estoy segura, pero...

Probablemente, todo esto esté relacionado con la obsesión de Bankotsu por deshacerse de Sesshomaru, pero... aún así, no comprendo que hace Rin aquí.


- ¿Sabes lo que más me molesta? - pronunció, bebiendo un trago.

- ¿Qué ya no podrás seguir buscando mujeres? - respondió, apoyado en la mesada de la cocina.

- Qué me siento un idiota por tener miedo - rio, ignorando las palabras de su amigo - Debería escribirle a Sango de inmediato - tomó su celular.

- Si es lo que deseas... - volteó, dejando la botella, al mismo tiempo en que cerraba sus ojos, frunciendo el entrecejo.

Otra vez ese dolor... ¿Qué sucede?

Su celular comenzó a sonar, por lo que, con aquel angustiante presentimiento en su pecho, respondió de inmediato.

- Sesshomaru...

- Bankotsu tiene a Kagome.

- ¡¿Qué?! - sintió su corazón detenerse en ese instante - ¡¿De que demonios estás hablando?!

- Ni se te ocurra salir de tu departamento - pronunció con seriedad.

- ¡¿Cómo puedes pedirme eso?! ¡¿Te volviste loco o que?! - sus ojos comenzaban a tornarse rojos, mientras la intensa energía que emanaba, se perdía en el ambiente, alertando a su amigo.

- Inuyasha - se puso de pie, sorprendido - ¿Qué te sucede?

- Trata de calmar tu sangre o irás justo hacía su trampa... piensa en un lugar seguro cuando sientas que las cosas se saldrán de control.

Sin decir más, cortó la llamada, dejando a su hermano, sumido en gruñidos. Rápidamente marcó el número de Kagome, rogando por su respuesta, sin embargo, lo que escuchó sólo provocó que su furia aumentara.

- ¡Inuyasha! ¡Bankotsu!

Alguien le arrebató su móvil, apagándolo de inmediato.

¡MALDICIÓN!

Profesó un sonoro alarido.

- ¿Inuyasha? - volvió a preguntar su amigo.

- Lamento que debas enterarte de esta manera - dijo, con un tono de voz completamente diferente - Pero hay un par de secretos de mi familia... que nadie debería saber.

- ¿Qué te sucede? - sonaba tranquilo - Pareces una especie de demonio...

- Sólo es una maldición - dejó el móvil a un lado, antes de romperlo debido a la fuerza que ejercía sobre él - Una que heredamos mi hermano y yo...

- De acuerdo... sólo para asegurarme, ¿puedes reconocerme?

- ¡¿Y por qué te hablaría si no?!

- Tranquilo, no quiero morir en tus manos, sólo es eso...

- Imbécil, no es a ti a quién deseo matar en este momento - gruñó, mirando hacia la puerta.

Es el olor de Yura... puedo percibirlo... ¡¿Qué demonios quiere esa maldita?!

- Ábrele la puerta - ordenó.

- ¿He? ¿A quién?

- ¡Solo hazlo!

Sin cuestionarlo, se dirigió a la entrada y al abrir, se encontró con la mujer parada frente a él.

- Yura - murmuró, sorprendido - ¿Qué haces aquí?

¿Acaso ella tiene algo que ver con lo que le está sucediendo a Inuyasha?

- Vaya... eso fue rápido - sonrió, ingresando mientras Miroku se hacía a un lado - Se suponía que yo iba a darte la noticia, pero, al parecer...

- Él siempre estará un paso por delante de ustedes - sonrió - ¿Qué es lo que quieres?

- Simple... sólo vine a proponerte un trato... ¿Quieres que Kagome salga sana y salva de ese lugar?

El peliplata apretó su mandíbula con fuerza, mientras su amigo pasaba su mirada confundida por ambos.

- ¿Lo quieres o no?

- ¡¿Si ya sabes la respuesta para que preguntas?!

- De acuerdo - tomó su celular e ingresó a la aplicación de las cámaras de seguridad - Esta es la imagen más nítida que verás - giró la pantalla.

Kagome.

Apretó sus puños, observando el rostro de la mujer, el cuál profesaba una mezcla de emociones, sin embargo, notó que trataba de mantenerse firme contra la persona frente a sus ojos.

- ¿Qué es lo que quieres? - preguntó, tratando de calmarse un poco.

- Quiero que la dejes...

- ¿Qué?

- Quiero que te separes de ella... y regreses conmigo - amplió su sonrisa - Con sólo un llamado... puedo lograr que la liberen sin un solo rasguño.

- Yura... - murmuró Miroku - ¿Estás haciendo todo esto sólo para que Inuyasha regrese contigo?

- Tú no te entrometas - le lanzó una mirada fatal.

- ¿Realmente crees que voy a confiar en ti? - gruñó.

- Bankotsu y yo tenemos un trato...

- ¡Bankotsu te tirara a la mierda en cuanto ya no le sirvas! ¡Idiota!

- Eso es lo que tú crees...

- ¡¿Eres imbécil?! - dio un paso al frente, notando que el cuerpo de ella se tensaba - Bankotsu quiere alejar a Sesshomaru y me utiliza a mi como carnada... a ti sólo te trajo para usarte en mi contra, pero no contó con que Kagome aparecería... de lo contrario, ni siquiera tú estarías involucrada.

- Deja de decir mentiras - gruñó - Él y yo sabemos muy bien de lo que hablamos...

- ¡Él es un maldito enfermo igual que tú! ¡No comprendo como pude haber estado enamorado de ti! ¡Me repugnas!

Aquellas palabras provocaron que el pecho de la mujer se apretaba, al mismo tiempo en que sus ojos se llenaban de lágrimas y una secuencia pasaba por su mente.

- Este lugar es muy bonito - sonrió, observando los árboles Sakura a su alrededor.

- Lo sé - la abrazó por detrás, mientras ella rodeaba su cabeza con su brazo - Sabía que te gustaría.

- Eres muy romántico cuando lo deseas...

- Sólo contigo - beso su mejilla.

- Y espero que sea así, por siempre.

- Lo será... nunca habrá nadie más que tú.

- Tú... dijiste eso ese día... - las lágrimas humedecieron sus mejillas - ¡Dijiste que sería la única! - metió la mano en su chaqueta, sacando una pequeña arma, la cuál la apuntó directo contra su pecho - ¡Si no seré yo, entonces no habrá nadie más!

- Yura... cálmate...

- ¡Y tú no te entrometas! - lo miró - ¡A fin de cuentas tú siempre estuviste en mi contra!

- ¡¿Crees que te tengo miedo?! - corrió en su dirección, al mismo tiempo que el sonido seco del disparo resonó en el lugar.


Extra: Rehenes

Se encontraba en su oficina, ordenando el papeleo de sus casos, haciendo tiempo para dirigirse al tribunal, a una de sus reuniones con los jueces, las cuales se desarrollaban por las tardes.

- ¿Por qué no te abras presentado, maldito? ¿Acaso me temes? - sonrió, colocando los documentos en sus correspondientes carpetas.

En ese momento, su celular comenzó a sonar.

- Hiten.

- ¡Señor Sesshomaru! - se oía agitado - ¡La novia de su hermano... la jovencita...!

- Kagome - se puso de pie, entrecerrando sus ojos - ¿Qué sucedió con ella?

- ¡Una mujer y uno de los hombres de Bankotsu, acaban de subirla a un auto!

- ¿Los están siguiendo?

- Por supuesto...

- Activa el rastreador del automóvil iré de inmediato.

Sin esperar respuesta, cortó la llamada, decidido a marcar el número de Jaken, sin embargo, otro número interfirió.

- ¿Quién habla?

- Señor... soy Musuko, el chofer de la jovencita Rin...

Rin

- ¿Dónde esta Rin?

- Fui interceptado por Renkotsu, uno de los guardaespaldas del señor Bankotsu, me ordenó que me marchara... pero me escondí en el estacionamiento y acabo de ver como se la ha llevado... no me dio buena espina, fue por eso que lo llamé.

- Hiciste bien - apretó el agarre en su celular - Puedes irte a tu casa, tienes el resto de la tarde libre.

Cortó, apoyando sus manos sobre el escritorio, tratando de regular su respiración, al mismo tiempo en que aquel destello rojizo buscaba comenzar a resplandecer en sus iris.

Asique... decidiste ir más allá y llevarte a Rin... te advertí que si jugabas con fuego, te quemarías Bankotsu...

- Sesshomaru - elevó su mirada ante aquella poco conocida voz - ¿Has visto a mi hermano? Tengo que hablar con él seriamente.

Observó al moreno de arriba hacia abajo, notando que tenía sangre en su labio inferior. Sonrió, sabiendo que, sin buscarlo, había encontrado un refuerzo más.

- Tú hermano... en este momento está muy ocupado, con Kagome.

- ¡¿Qué?!

- La ha secuestrado...

- ¡Ese maldito bastardo! ¡Lo mataré con mis propias manos! - gruñó, apretando fuertemente sus puños.

- Guarda tu fuerza para después - tomó el móvil - Primero hay que avisarle a Inuyasha.