Los principales personajes quedan a Stephanie Meyer la historia es mía totalmente prohibida la reproducción total o parcial de la historia sin mi autorización
Capítulo 42
Yo puedo ser.
"Estaban hechos el uno para el otro, se tenían y deseaban fundirse en uno solo, cuando estaban juntos el tiempo se aceleraba y cuando estaban separados se hacía eterno. Cada beso, cada caricia, era un puro sentimiento desnudo. Podían pasarse horas mirándose a los ojos y nada más, pero cuando se acariciaban, se besaban… entonces… no hay palabras para describir esa emoción."
Duke (James Garner) El diario de Noah.
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Naperville, Chicago.
"Podemos celebrar la vida de muchas personas con homenajes que sin duda son el reflejo de lo que esa persona fue. Un ejemplo claro de una mujer fuerte es Elizabeth Masen Cullen. Genesis tres diecinueve nos dice: Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás"
Un ataúd de color mármol fue bajado por varios hombres a la base de metal que habían puesto para contenerlo antes de ser enterrado. Isabella miró a la gente de lejos llorar; muy poca gente lloraba de verdad. Podría acercárseles y correrlos a todos por hipócritas, odiaba los funerales.
Grace también estaba allí; parecía haber envejecido mucho durante el viaje. Ella había servido a la familia de Edward desde que Elizabeth era una niña y parecía tener el corazón roto por la pérdida de su niña pequeña. De todas las personas fingiendo llorar era la única persona que realmente tenía una razón válida para sentirse rota.
—Gracias por venir Isabella. Grace debió haber estado devastada en cuanto Mark le avisó. Ella amaba a Elizabeth, pero no aprobaba sus métodos —Carlisle Cullen se paró a su lado casi sorprendiéndola, verlo así le recordó a su esposo. Ellos eran idénticos, tenían el mismo porte y la misma mandíbula, rasgos faciales similares pero no los mismos ojos, ni el espíritu de lucha. Físicamente ambos eran muy parecidos. Isabella no conocía a Esme Anne Evenson en persona pero por alguna razón sabía que Edward tenía sus ojos y su corazón. Por la única fotografía que había visto de ella quizás hasta podría afirmarlo.
—Carlisle. El viaje desde Londres debió haber sido largo.
Lo saludo sin mover la mirada del ataúd. O decir algo más. Ella no era amiga de su suegro, ambos estaban en el punto de ser educados el uno con el otro. Era mejor así. Aunque parecía que Carlisle no había dejado de intentarlo nunca, cuando la desesperación de la muerte lo asfixió, huyó a Londres sin mirar atrás.
—Nada que un viejo como yo no pueda soportar. Ella…
—No justifiques a la mujer que destruyó tu vida, Carlisle. Ahora está muerta —lo interrumpió sin dejarlo hablar pues lo conocía bien. Carlisle tampoco había aprobado la forma en la que Elizabeth se había encargado de separarlos hace años, pero no lo había evitado cuando Edward le pidió ayuda. Carlisle pareció querer seguir hablando así que ella le dio una mirada alentándolo a qué hablará. El hombre no le gustaba, pero ella, en su tiempo, tampoco le había gustado a él para su hijo y por la situación, ella le debía escucharlo aunque sea un poco.
—Supe lo que hiciste por nosotros estos últimos años. Los contratos, todo. Ella lo sabía también. Sé que su relación no era la mejor pero te ganaste su respeto. Llegó a respetarte y decirlo en voz alta. Se redimió de muchos errores que cometió al darme el divorcio. Aún no puedo creer que esté muerta. Y no puedo creer que vaya a decirlo pero voy a extrañarla mucho.
—No lo hice por Elizabeth si es eso lo que crees. Es lo que su hijo habría querido siempre. Solo cuidé de la familia del hombre al que amo.
Isabella se giró buscando irse sin saber cómo hacerlo. Estaba lejos de Edward y llevaba fuera dos días. Cuando Grace entró en su oficina para darle la noticia ella no dudó en traer a Grace a Elizabeth porque aunque ella tenía la lealtad de Grace, esta amaba con su alma a Elizabeth casi tanto como a una hija.
En silencio, Isabella había protegido a la familia de Edward. Elizabeth no se lo merecía; ella había sido una manipuladora en sus vidas pero era la mujer que había criado a su marido. Así que había cuidado de ella como Edward lo habría hecho.
—¿Por qué no vienes a vernos a Londres? —Carlisle era insistente y cada vez que la veía le pedía lo mismo.
Luego de divorciarse de Elizabeth él se había ido en busca de Esme y juntos habían comprado una granja y adoptado a niños sin hogar. Isabella sabía que tenían cinco hijos que ahora llevaban el apellido Cullen.
—No salgo de San Francisco. Volvemos está tarde. Chicago no está cerca de mi empresa.
Cuando el funeral terminó más tarde ese día y ella pudo convencer a Grace de descansar en el jet unas horas antes de irse, Isabella se encaminó sola al cementerio, porque se lo debía. Se paró frente a la tumba de su suegra y dejó una flor sobre ella. Sin moverse o mirar a su alrededor ella solo se quedó allí quieta de pie observando la lápida.
Era masoquista. Estar de pie en un cementerio era tan fácil como caminar de la mano del diablo para irse al infierno. Odiaba a la muerte, la odiaba en gran manera porque ésta se lo llevaba todo y la dejaba sin nada.
Elizabeth no era una santa, pero un día, en silencio, ambas se habían hecho un favor y habían terminado con la guerra convirtiéndose en personas civilizadas que se conocían demasiado. Personas que compartían un pasado de secretos a voces que las dejaban sin aliento y con dolor en el corazón.
Isabella no podía negar una cosa y era que a su manera oscura Elizabeth había amado a Edward, no de la forma correcta, pero si de alguna forma. Lo había criado como a su hijo, aunque ella no era su madre. Había secretos que pertenecían a Edward pero ella sabía y podía afirmar que Elizabeth había amado a su hijo.
—Vieja urraca tonta —susurró a la nada sin tener nada más que decir. Cuando se giró lista para irse Carlisle Cullen estaba allí. Isabella no sabía cuánto tiempo llevaba viéndolas a las dos, a su ex esposa enterrada y a su nuera, era extraño como él podía moverse en silencio. Ella no había notado en qué momento preciso él había aparecido
—¿Quieres visitar la tumba de mi hijo conmigo? Podemos caminar desde aquí. No viniste a su funeral hace ocho años.
La pregunta le congeló el corazón. Carlisle y Esme habían enterrado un ataúd vacío en Chicago sin saberlo, pero era eso o desconectar a Edward en ese entonces y ella había sido egoísta. Edward era suyo, suyo aunque estaba en el limbo. Él era suyo para amar y defender. Hasta que la muerte los alcanzará.
—Edward no está en esa tumba Carlisle —renegó intentando encontrar las fuerzas suficientes para decirle a su suegro que ella había sido egoísta porque el amor lo era. Ella lo había mantenido escondido en el segundo piso de su mansión conectado a máquinas que escuchaban el corazón de Edward Cullen latir junto al suyo. La detuvo la mirada rota y la forma en la que ella quizás podría romperle el corazón dos veces al hombre que había criado a su marido. No era su secreto para decir o al menos no era el momento. Ella no quería que Carlisle enterrara dos veces a su hijo. No era algo que se mereciera.
—Fingir que se fue al otro lado del mundo a cumplir sus sueños no cura la herida que deja el perder a alguien a quien amas hija —le dijo él suavemente.
—Dime entonces lo que puede quitarme el dolor que siento —se giró y lo enfrentó furiosa y con la quijada temblando por los sentimientos contenidos —. Porque llevo ocho años intentando seguir adelante y vivir. Mi corazón está congelado en el tiempo en el que yo era una estúpida adolescente y él era demasiado mayor para mí, pero en ese entonces nos amábamos tanto que los incomodaba a todos.
Miró a su alrededor y se sintió en una jaula antes de continuar
—Entiende una cosa Carlisle, era tu hijo, es tu hijo del que hablas, pero también es el amor de mi vida y si yo quiero levantarme cada mañana fingiendo que está siendo feliz sin mí, tan lejos que no puedo respirarlo lo haré. Porque es mi maldita vida de la que hablamos.
Carlisle no le frunció el ceño, él no palideció, él, como siempre, la dejó hablar, dejó que desatará sobre él lo que sentía. Luego como si el tiempo se hubiera detenido para ambos él le puso una mano sobre su hombro y apretó haciéndola sentirse mal por hablarle de esa forma y debilitándole el corazón
—Respirar duele Isabella, me duele a diario. Y puede que mi agonía y la tuya sean tan diferentes pero se comparan hasta cierto punto en el nivel de dolor. Mi hijo habría querido verte sonreír siempre y ser feliz es darle honor a su vida.
—Creo que nuestra forma de darle honor a lo que tenemos en común es diferente.
Esperó a que Carlisle dijera algo, algo que la obligará a romperle el corazón, algo que la obligará a destruir a un padre abnegado diciéndole que su hijo estaba vivo, pero en coma; no esperó lo que él le dijo cambiando totalmente de tema.
—Elizabeth dejó un testamento. Eres la dueña de su empresa ahora. Necesito que envíes a tu abogado y tomes posesión de la naviera. No puedo hacerlo. Y quiero que no me pidas hacerlo a mi.
No ocultó la sorpresa en su rostro.
—Ella era tu esposa. Eras lo único que tenía. ¿Por qué me dejaría su naviera? Ustedes la construyeron juntos.
—No construí esa empresa. Ella lo hizo y si quiso dejártela fue porque le dije que la compraste para ella cuando quebramos hace cuatro años. Dijo que no quería deberle nada a nadie —Isabella negó antes de tirar un poco de su cabello mirando a la tumba de Elizabeth de nuevo —. Ella también dejó esto.
Carlisle levantó un cuaderno y luego dio unos pasos acercándose a Isabella despacio, como se le acercaría a un animal herido.
—Quiero que lo leas.
Isabella lo tomó y lo abrió. El aire se le escapó en cuanto vio la letra de Edward. Ella sabía que había un diario que no había leído. Era el diario que Edward había usado durante su tiempo en Aberdeen. Era el último diario que Edward había escrito.
—Ella dijo que lo había quemado.
Isabella no reconoció su voz porque esta sonó como si el tiempo se hubiera detenido en el momento exacto del accidente de Edward. Cuando levantó sus ojos Carlisle retrocedió al verla impresionado quizás por sus sentimientos
—Enviaré a alguien para que dirija la naviera mientras tomas una decisión —incómoda le dijo sosteniendo el último diario de Edward en sus manos.
Isabella se regresó al aeropuerto en modo grogui demasiado aturdida ella se sentó en en el asiento de su lujoso jet viendo a las nubes flotar sobre la ave de metal. Un extraño dolor le presionó el corazón y sus manos se sintieron cargadas, pesadas.
Miró el diario. Este tenía casi completas sus páginas y le daba miedo. Estaba aterrada pero también quería leerlo. Se decía cobarde y es que lo era; se convirtió en una adolescente a punto de leer las palabras de su primer amor plasmadas en papel viejo que parecía estar arrugado.
"La distancia entre dos corazones que laten al mismo tiempo no es simple. Luché hasta mi último aliento por no dejar al amor de mi vida a un océano de distancia sin tener una sola cosa que pudiera garantizar que ella iba a esperar mi regreso.
Quisiera no ser un cobarde y estar listo para vivir en su mundo, pero no estoy siendo maduro y soy mayor que ella.
Puedo darle un futuro; son solo tres años, pero que alguien me explique porque se siente como si un día fuera un milenio.
Extraño sus tormentas de fuego, su inocencia, esa que ella proclama no tener. Yo la amo.
Y escribirlo se siente tan bien como decirlo en voz alta. No hay un punto medio. Mis sentimientos no son color gris. Cada una de las cosas que siento por Isabella, mi Bella, todas son vividas y maravillosas.
No se lo dije, pero sueño con nuestros hijos corriendo por un campo tan hermoso como este. Estoy sentado enfrente de un hermoso prado de Aberdeen, es invierno y extraño mucho su rostro. Veo a niños con sus ojos y su sonrisa. Los escucho reírse. La veo sonreír sin el peso de sus hombros, intentando alcanzar a nuestros hijos, corriendo por todos lados, solo jugando con su impaciencia. Quiero ser quien la mire para siempre. Puedo ser quien la mire para siempre. Yo puedo ser el sol si ella quiere que yo lo sea, podría ser el agua que necesita para beber en un día caluroso. Pero quiero ser su necesidad más grande y ser el único que pueda llenarla.
Veo su ceño fruncido cuando cierro mis ojos. Escucho sus susurros, sus quejas de mis manos largas, de mi anhelo por siempre querer solo tocarla para creer que ella está allí, que no es solo mi imaginación; quiero el sonido de su corazón aleteando quejumbroso, porque estoy cerca, en mis oídos como esa canción que amo reproduciéndose una y otra vez.
Sé que su corazón me pertenece, yo me he dejado el mío guardado en uno de los cajones de su habitación. Y sé que celosamente ella debe estar cuidando de él.
Jasper dice que ella sigue siendo ella, en sus palabras,
"Hermano te casaste con una loca engreída"
No me dice nada que no sepa sin embargo. No habla de lo que ella hace a cada segundo aunque se lo ruego. No sé nada de Hyõ y su cáncer. Mi padre dice que Hyõ no volvió a las consultas.
Quiero leerle esto un día cuando las canas nos llenen el cabello, cuando las arrugas nos adornen. Quiero ser capaz de perderme en sus ojos siempre.
Quiero que sea para siempre.
La extraño. Mucho, tanto que escribirlo solo incrementa mi necesidad de regresar y los días siguen pareciendo años lejos de su toque.
Edward."
Las manos de Isabella temblaron cuando cerró el diario y en silencio ella se secó las lágrimas que no evitó que cayeran de sus ojos.
—Eres mi necesidad más grande amor mío. Vuelve a mi Edward.
Buenas gente! Menudo capítulo tenemos aquí. ¿Qué pensáis de que Bella haya mentido a su suegro y este crea que Edward está muerto desde hace 8 años? Supongo que ella no quiere que nadie le diga que hacer con Edward y lo quiere para ella sola. Como ella dice en más de una vez, el amor es egoísta.
Muchas gracias a todas aquellas personas que nos leen y a las que dejáis comentarios deciros que leemos todos con gran ilusión.
Nos leemos en el próximo capítulo.
Un saludo
