Blitzkrieg bop

Un sí o un no. Eso era todo lo que Yuuko esperaba recibir de Natsuki luego de preguntarle incontables veces por el chat si había leído la carta, siendo dejada en visto en cada ocasión. A Natsuki le divertía imaginar la expresión que su amiga ponía y por eso optaba por no responder, dejando a la rubia en una completa incertidumbre. Dando un sonoro resoplido, Yuuko decidió preguntarle en persona, así tuviera que buscarla por todo el campus universitario. Para su buena (o mala) fortuna, no tuvo que llegar a ese extremo.

La mañana del segundo día de universidad, Natsuki despertó algo tarde y tuvo que arreglarse y desayunar lo más rápido que pudo para no llegar retrasada a su primera clase del día. No quería dar una mala impresión a sus compañeros y su profesor al entrar cuando ya se estuviera impartiendo la lección. Por suerte, logró tomar el metro justo antes de que partiera y llegó a la universidad con unos cinco minutos de sobra. Haber inspeccionado las instalaciones el día anterior tras inscribir materias fue una idea que agradeció tener, ya que no tuvo que perder tiempo valioso buscando su salón.

Habiendo logrado llegar antes que el profesor, Natsuki tuvo suficiente tiempo para recuperar el aliento y dar un vistazo a sus compañeros de clase, reparando en una cabellera rubia coronada por un listón atado en moño que le resultaron extremadamente familiares. Justo cuando quiso saludar a aquella persona, el profesor llegó al aula, lo que le supuso posponer sus planes. Sentándose tras aquella persona, Natsuki puso su mayor empeño en prestar atención a las indicaciones del docente, centradas en dar un pequeño vistazo a los temas que se verían a lo largo del año.

Finalizada la clase, Yuuko se sintió libre de estirar su cuerpo tras estar un buen rato en una misma posición. Al tener algo de tiempo antes de su siguiente asignatura, decidió que era el momento de iniciar la búsqueda de Natsuki y salir de una buena vez de la duda que le carcomía la cabeza desde que se graduó de preparatoria. Sin embargo, ella no contaba con que el comentario que estaba a punto de escuchar facilitaría (o frustraría) sus planes.

—Siendo toda una estudiante universitaria, ¿aún sigues usando ese listón?

Yuuko rodó los ojos al reconocer aquella burlona voz.

—Es parte vital de mi atuendo, así que lo usaré toda mi vida —respondió antes de girarse a encarar a la otra chica—. ¿Y qué demonios estás haciendo aquí, Natsuki?

—Por si no lo recuerdas, estudio en esta universidad. —Natsuki se encogió de hombros al responder, gesto que hizo bufar a Yuuko.

—¡No me refiero a eso! Se supone que estudiamos diferentes carreras, así que no tendrías que estar aquí. —Una sonrisa socarrona se dibujó en su rostro antes de preguntar—: ¿Acaso tu pequeña mente hizo que te equivocaras de salón?

Una ligera carcajada escapó de la boca de Natsuki mientras sacaba su horario de clases de su bolso para mostrárselo a la chica que tenía en frente.

—Como podrás ver, también estoy tomando esta clase. Nuestras carreras son afines, así que es normal que compartamos algunas materias. Aun así, no esperaba que coincidiéramos en este horario. Parece que el destino nos quiere juntas.

Yuuko prefirió omitir el tono sugestivo con el que Natsuki pronunció la última afirmación y formular, una vez más, la pregunta que llevaba días carcomiendo su mente.

—¿La leíste?

—¿Qué cosa?

Yuuko bufó ante el hecho de que Natsuki se estuviera haciendo la desentendida.

—La carta que te entregué cuando nos graduamos de Kitauji. ¿La leíste o no?

—¿Para qué quieres saberlo? ¿Tanto te preocupa que haya leído o no esa carta? —cuestionó la castaña, viendo complacida cómo esto hacía enojar a la rubia.

—Si la hubieras leído, sabrías que sí me preocupa tanto. Me esforcé demasiado en poner mis sentimientos en ella como para que fueran ignorados de la forma en que lo hiciste. Al menos me consuela saber que nunca conocerás un lado tan vergonzoso de mí.

—¿De qué hablas? —preguntó una consternada Natsuki.

—Olvídalo, ya no tiene importancia —respondió la otra chica, comenzando a caminar para salir del aula—. Es más, destruye esa carta tan pronto como llegues a casa. Ya no quiero que la leas.

—¿Quieres que destruya la única prueba de que puedes ser agradecida conmigo y que me tienes algo de cariño? ¡Ni loca haría eso!

Yuuko se detuvo en seco ante estas palabras. Esa era la respuesta que tanto esperaba recibir de su amiga, y vaya que le alegraba. Pero eso era algo que no admitiría en voz alta.

—Me habrías ahorrado un gran disgusto si me hubieras dicho antes que sí la leíste, tal como te lo pedí en ella.

El tono con el que Yuuko pronunció esa oración, teñido de decepción, hizo que Natsuki sintiera algo de remordimiento por haber omitido esa información. Si bien no era la primera vez desde que se conocieron que la veía de esa forma, sí era la primera en que sentía que era su culpa.

—Perdón, Yuuko. No creí que te afectara tanto saber si leí o no esa carta.

—Descuida. —Yuuko giró para ver a su amiga, mostrando esa sonrisa pícara que formaba cada que lograba ganarle una discusión, y declaró con orgullo—: A decir verdad, no creí que lograra hacerte disculpar tan fácil. He mejorado mis dotes actorales.

—Eres una…

Rompiendo en risas, Yuuko abandonó el aula. Natsuki suspiró resignada, pero sonrió. Debió suponer que las cosas se tornarían de esa manera. Era la norma entre ellas dos estarse molestando continuamente por cosas simples.


Tal como Yuuko imaginaba, el salón donde recibiría su siguiente clase aún estaba prácticamente vacío. Los pupitres se hallaban perfectamente ordenados, el tablero limpio, el piso reluciente… como si no hubiera tenido ninguna clase antes. La joven Yoshikawa recorrió el aula con la mirada antes de dar el primer paso en su interior, momento en el que reparó en una chica sentada en un rincón. Tenía la cabeza gacha, teniendo su rostro parcialmente oculto bajo su larga cabellera negra. Aquella chica levantó de repente su cabeza, brindándole a la rubia una cordial sonrisa.

—¿También llegas temprano para la siguiente clase? —preguntó.

—Sí, un poco. —Yuuko devolvió la sonrisa mientras se adentraba un poco más al salón—. A decir verdad, creí que sería la única aquí a esta hora.

—Cierto, yo tampoco creí que llegara alguien tan pronto. Quizás el destino jugó para que nos conociéramos. Soy Miyuki Tsujimoto.

—Yuuko Yoshikawa, es un gusto conocerte.

Diciendo esto, Yuuko se sentó al lado de Miyuki, quien la observaba con atención, enfocándose principalmente en sus manos.

—¿Te gustaría pertenecer a una banda que estoy haciendo?

Esta pregunta tan repentina sacó a Yuuko de onda. Por su mente circularon diferentes teorías sobre cómo esta chica intuyó que tenía conocimiento musical. Miyuki, notando la expresión sorprendida de la otra chica, rio.

—Lo adiviné por tus manos —señaló—. Las yemas de tus dedos tienen cicatrices y callosidades que indican que tocas la guitarra con relativa regularidad. Además, tienes las uñas cortas, lo que podría indicar que usas tus dedos para algo en lo que dejarse las uñas largas sería molesto, como tocar algún instrumento musical.

Yuuko miraba sus manos mientras escuchaba hablar a la otra chica, aún sin salir de su asombro por lo observadora que era.

—Mi instrumento principal es la trompeta, aunque he estado aprendiendo a tocar la guitarra en los últimos meses —admitió la rubia, notando la ilusión en los ojos de la pelinegra—, pero ahora estoy retirada de la música. Recién me independicé de mis padres, y estoy trabajando en Torihara Snack. Con esto y mis estudios, no creo tener tiempo para dedicarme a ser parte de una banda.

Si bien Miyuki se vio algo desilusionada por el rechazo, no tardó en recuperar el ánimo al escuchar el lugar de trabajo de Yuuko.

—El padre de mi mejor amigo es el administrador de esa tienda —afirmó con una sonrisa—. Es un hombre estricto, pero de buen corazón. Si cambias de opinión respecto a tu retiro musical, dímelo y te ayudaré para convencerlo de que flexibilice tus horarios.

Yuuko sonrió con timidez ante la propuesta de Miyuki. La posibilidad de estar en una banda le seguía pareciendo tentadora, aunque no se consideraba lista para aceptarla, menos aún sin que Natsuki estuviera involucrada.


El auditorio de la universidad estaba bastante movido aquella tarde. Así lo constató Natsuki cuando cruzó por aquella zona mientras deambulaba en espera de su siguiente clase, la que tardaría un par de horas en iniciar. Al acercarse al grupo de alumnos ahí reunidos, oyó que el concierto de bienvenida tendría una batalla entre dos bandas de segundo año, y que una de esas bandas había reclutado a una talentosa guitarrista de primero en las audiciones del día anterior. Natsuki se preguntó si tendría alguna oportunidad de entrar a una banda ya veterana, pero dudó poder hacerlo al haber dejado la guitarra de lado por tres años. No es como si no la hubiera tocado durante ese lapso, pero el bombardino fue su prioridad.

—Parece que el club tendrá bastante gente —comentó para sí misma.

—Aunque dudo que todos realmente quieran ser parte. Sé de varios que solo están aquí para ver a esa guitarrista de la que tanto hablan.

Natsuki giró hacia donde provenía esa voz masculina que le había respondido, encontrando a un alto joven de cabello castaño oscuro que usaba lentes.

—¿No será ese tu caso? —preguntó la chica.

—Para nada. Yo sí quiero unirme al club para hacer una banda. De hecho… —Aquel joven sacó un par de baquetas de su bolsillo trasero, haciéndolas girar en sus manos— Voy a presentar audición hoy.

Natsuki sonrió al ver un brillo entusiasta tras los lentes de aquel chico.

—Pues buena suerte. Espero que puedas hacer un hueco en tu banda para esta guitarrista oxidada.

—Seguro —respondió el chico con una sonrisa amable—. Si recuerdas cómo hacer los acordes básicos, serás bienvenida a mi banda. Aunque si consigo tener un par de buenos guitarristas, tendrás que pasarte al bajo.

Una chica de cabello negro que estaba junto al chico de lentes lo codeó, sacando una leve sonrisa a Natsuki por lo graciosa que le resultó la escena.

—Yamazaki, te he dicho mil veces que los bajistas no somos guitarristas frustrados. Además, ese puesto lo tengo reservado, ya que la idea de hacer una banda fue mía.

—Ya lo sé, Tsujimoto, solo estaba bromeando.

—¡Tus bromas no hacen la mínima gracia! Es frustrante que a los bajistas nos subestimen de esa manera tan…

El regaño que aquella chica daba se vio interrumpido por la fuerte carcajada que Natsuki soltó ante una escena tan familiar para ella, al ser parecida a sus usuales discusiones con Yuuko. La castaña intentó controlarse cuando notó la mirada seria que los otros dos jóvenes le lanzaban.

—Perdón, pero ustedes dos tienen una gran química y creo que será agradable estar junto a ustedes —explicó Natsuki aún risueña mientras los otros dos relajaban su mirada—. Soy Natsuki Nakagawa y me gustaría ser su guitarrista.

Los jóvenes Yamazaki y Tsujimoto se sonrieron y asintieron, algo que Natsuki tomó como una buena señal.

—Yo soy Miyuki Tsujimoto —habló la pelinegra— y el desprecia-bajistas a mi lado es Hibuki Yamazaki, y será un gusto tenerte en nuestra banda. ¿Presentarás la audición con nosotros?

—Me gustaría —inició Natsuki con pena—, pero no traje mi guitarra y no creo tener tiempo para ir hasta Uji y volver antes de mi siguiente clase.

—Ay, no creo que debas preocuparte por eso. Estoy segura de que en el club debe de haber guitarras de sobra. ¡Anímate y ven con nosotros, Nakagawa!

Ante la forma despreocupada y animada de Miyuki de expresarse, Natsuki no pudo rehusarse a acompañarlos, confiando en que la bajista no se equivocase.

Una vez dentro del auditorio, Hibuki buscó a los encargados de la logística de las audiciones para preguntar si las suposiciones de Miyuki eran acertadas. De no serlo, él había decidido hablar con los integrantes de las otras bandas para ver si alguno podría prestarle una guitarra, a sabiendas de lo celosos que podían ser algunos músicos con sus instrumentos. Afortunadamente, el club contaba con un arsenal de guitarras extra para casos de emergencia. Resuelto ese inconveniente, aún quedaba otro más que afrontar, uno que a Natsuki le pareció más importante.

—¿Qué se supone que vamos a tocar?

Hibuki y Miyuki palidecieron ante esa pregunta. Ambos tenían un repertorio de su paso por la preparatoria, donde estuvieron en un grupo de jazz, y planeaban improvisar algo los dos solos durante la audición y después buscar más integrantes. Haberse apresurado en reclutar a Natsuki comenzó a pesarles. Miyuki comenzó a pensar en una forma de plantear lo que habían pensado sin que sonase grosero, pero Hibuki, apelando a su lado más roquero, planteó otra posibilidad.

—Nakagawa, ¿te sabes Blitzkrieg bop de The Ramones?

Miyuki miró a su compañero con una mezcla de asombro e indignación.

—¿En qué rayos estás pensando, Yamazaki?

—En algo que podamos tocar los tres para la audición. No tenemos tiempo para montar algo más complejo. Y no entiendo por qué te indignas si fuiste tú la que le insistió a Nakagawa para que se presentara con nosotros ahora.

—¿Pero esa canción?

—¿Qué tiene? Fue la primera que te aprendiste en el bajo y durante bastante tiempo era lo primero que tocabas cuando terminabas de afinar. ¿Acaso la olvidaste?

—¡Claro que no! No soy esa clase de músico, y menos con algo tan básico.

Miyuki resopló con fastidio al no poder hacer que su compañero cambiase de opinión. Conforme se adentraba en el mundo de las cuatro cuerdas bajas y gracias a la influencia de sus mayores, quienes solían ser bastante conservadores, ella había adoptado la idea de que los géneros más simples (como el punk en este caso) eran malos y que interpretarlos en una audición era sinónimo de una pobre formación musical.

—¿Y quién se supone que va a cantarla? —preguntó en un último intento por descartar esa canción.

—Yo, por supuesto —afirmó Hibuki con altivez—. Me sé la letra y puedo cantar y tocar a la vez. Ustedes solo tendrán que apoyarme con los «hey, ho, let's go». Claro, si Nakagawa se la sabe.

Miyuki suspiró resignada, volteando a ver a Natsuki esperando que, por casualidades de la vida, ella no conociera esa canción, esperanza que se avivó un poco al ver una sonrisa incómoda en su rostro.

—Verán… —inició la antigua eufonista al ver la mirada de la pareja sobre ella—, no puedo hacer rasgueos hacia abajo tan rápido como los hacía Johnny Ramone, pero puedo tocarla si a ustedes no les molesta que alterne arriba y abajo para lograr la velocidad de la canción.

—¡No se diga más!

La perceptible alegría en la voz de Hibuki hizo que Natsuki se relajara un poco, aunque la amarga expresión de Miyuki le preocupaba. Aun habiendo interactuado con sus nuevos compañeros de banda por unos minutos, la joven Nakagawa había visto cómo ambos parecían querer tomarse la música en serio, así que la sola idea de que su nuevo proyecto musical se viniera abajo por una diferencia de opinión como la que presenció a la hora de elegir qué canción tocar para la audición no fue de su agrado. Natsuki no quería volver a pasar por lo mismo que pasó casi tres años atrás, cuando gran parte de sus entonces compañeros en la banda sinfónica de Kitauji renunció a causa de la actitud engreída y la falta de seriedad de sus superiores.

Pese a que Miyuki aún no estaba conforme con la decisión que sus compañeros de banda tomaron, hizo todo lo humanamente posible por mejorar su actitud mientras ensayaban la canción en un pequeño rincón del auditorio, sin conectar sus instrumentos y con Hibuki usando sus piernas como tambores. Natsuki parecía adaptarse bastante bien al ritmo que el joven Yamazaki marcaba, y sus movimientos eran tan fluidos que no parecía ser alguien que llevase mucho tiempo sin practicar, lo que le causó curiosidad a la bajista. Aun así, optó por esperar a escucharla amplificada, sabiendo que la distorsión usualmente revela algunas fallas que un guitarrista tenga.

El momento de la verdad había llegado. Los tres jóvenes se hallaban sobre la tarima del auditorio, dando los últimos ajustes a los equipos e instrumentos previo a interpretar esa canción que podría darles la entrada al club de música ligera. En primera fila se hallaban Kana Yoshii, presidenta, y Haruhisa Matsumoto, profesor de música y asesor del club, quienes serían los encargados de decidir si entraban o no. Natsuki se preguntó si aquel profesor tendría relación con la «profesora sargento» Michie Matsumoto, la estricta asistente de Noboru Taki en Kitauji.

Tras dar los últimos toques a la afinación y ecualización, Hibuki hizo el conteo para dar inicio a la canción. Natsuki sonrió mientras ejecutaba los primeros acordes al notar que estaba bien sincronizada con sus compañeros. Su vista alternaba entre quienes estaban en la audiencia, algunos emocionados por la canción, y el mástil de su guitarra. Miyuki en principio continuaba con una expresión seria, pero esta se fue relajando con el avance del tema, sorprendida por lo limpia que Natsuki sonaba al ejecutar los rápidos acordes en su instrumento y por lo bien que Hibuki se defendía vocalmente mientras tocaba. Al finalizar la canción, varios aplausos se escucharon por el recinto.

—Miyuki Tsujimoto, Hibuki Yamazaki y Natsuki Nakagawa —inició Kana, moviendo un bolígrafo entre sus dedos—. Cuesta creer que ustedes se conocieron hace apenas unos minutos mientras hacían la fila para ingresar. Transmiten una gran química juntos y tienen bastante pasión al tocar, algo que es difícil ver hoy en día.

—Señorita Nakagawa, ¿puedo preguntarle algo? —intervino el profesor Matsumoto.

—Adelante.

—Verá, si bien mi especialidad es la música contemporánea, también me gusta asistir a eventos enfocados a las orquestas y similares. Dado esto, el año pasado asistí a la competencia regional de bandas sinfónicas escolares y, si mi memoria no me falla, usted era una de las eufonistas de la banda de la preparatoria Kitauji. ¿Por qué ese cambio?

Miyuki y Hibuki miraban con asombro a Natsuki mientras escuchaban las palabras del profesor. A ninguno se le pasó por la cabeza la idea de que su nueva compañera tuviera tal formación musical.

—Mire usted, profesor, siento que ya di todo lo que tenía que dar con el bombardino en mi paso por Kitauji. Además, descubrí que me apasiona estar tocando sobre un escenario y que la gente me escuche, algo que no puedo hacer con la frecuencia que quisiera estando en una banda sinfónica. Esos son mis motivos para querer estar en el club de música ligera ahora. —Haciendo una breve pausa, Natsuki giró a ver a Miyuki y Hibuki antes de proseguir—. Prometo tomarme a nuestra banda tan en serio como ustedes dos estén dispuestos a hacerlo. Ya tengo experiencia en estar bajo el cuidado de personas bastante exigentes.

La bajista y el baterista asintieron con una sonrisa ante la promesa de la ahora guitarrista.

—Una última cosa. ¿Su banda ya tiene un nombre? —preguntó Kana. Hibuki y Natsuki estaban a punto de dar una respuesta negativa, pero Miyuki se les adelantó.

Ao no Danjon. —La seguridad en el tono de voz de la bajista hizo que ninguno de sus compañeros dijera algo en ese instante.

—Bien, Ao no Danjon, bienvenidos al club de música ligera de Ritsumeikan.

Tras esta confirmación por parte del profesor Matsumoto, los tres jóvenes hicieron una venia y abandonaron el escenario con sonrisas en sus rostros.

—Así que ahora estamos en un calabozo azul, ¿eh? —comentó Natsuki mientras caminaban, haciendo alusión al inesperado nombre de la banda.

—Bueno, en cierta forma me sentí como en un calabozo cuando me vi forzada a tocar una canción a la que le había perdido el gusto hace un tiempo, aunque admito que disfruté hacerlo. Y dado que el azul es mi color favorito, pensé que ese contraste podría resultar como un nombre para la banda. Espero que no les moleste.

Hibuki negó con la cabeza mientras sonreía, mientras que Natsuki permaneció pensativa un momento.

—No me molesta —admitió la guitarrista—. De hecho, me recuerda un poco al cuento Liz y el pájaro azul y con él, la relación de un par de amigas mías.

—¿En serio? —exclamó Miyuki con una más que notoria emoción—. ¡Mi nana me leía ese cuento cada noche antes de dormir, es uno de mis favoritos! Jamás imaginé que lo conocieras.

—No lo conocía hasta el año pasado, cuando tocamos una pieza basada en él. Es una historia bastante profunda.

Hibuki se sentía un poco excluido de la conversación al no saber de qué hablaban las dos chicas. Aun así, se veía feliz de lo bien que se estaban llevando Natsuki y Miyuki, tomando esto como un buen augurio para el futuro de la naciente banda.