Curry Nochi Rice

La semana avanzaba sin contratiempos. Todo parecía ir bajo control, tal como a Yuuko le gustaba. Las primeras clases de sus diferentes asignaturas parecían no representar ningún reto adicional a lo que se esperaba de la universidad, y su trabajo en Torihara Snack, una tienda de conveniencia cercana a Ritsumeikan, iba viento en popa. Gracias a la forma en que organizó sus horarios, tenía algo de tiempo libre para relajarse, lapso que aprovechaba para adelantar algunos de los temas que, según los cronogramas que le entregaban sus profesores, vería a lo largo del semestre. En ese momento del año, Yuuko pensaba que no iba a tener tantos momentos de estrés como los había tenido durante su paso por Kitauji. Ver como casi todos sus compañeros renunciaron a la banda sin que ella pudiera hacer nada en el primer año, ver a su mayor ídolo caer ante una altanera pero talentosa kouhai en el segundo, ser la líder de la banda y evitar al máximo que hubiera conflictos en el tercero mientras era testigo de la telenovelesca evolución de la relación entre Nozomi y Mizore a lo largo de esos años no fue fácil para ella. Tal como lo escribió en aquella carta: sin Natsuki, habría colapsado en algún momento.

—Esto debe ser una broma —murmuró al ver que la chica en la que acababa de pensar entraba junto a otros dos jóvenes a la tienda.

Yuuko se había negado a revelarle el lugar donde trabajaba, temiendo que Natsuki fuese a molestarla, algo que, en presencia de su jefe, podría costarle el puesto. Para colmo, una de sus acompañantes era Miyuki, por lo que era altamente probable que la tercera persona fuese aquel amigo del que ella le habló el día que se conocieron y, por consiguiente, el hijo de su jefe. Viendo como los tres iban hablando entre ellos, la rubia giró y se agachó, fingiendo que organizaba algo tras el mostrador. Había optado por tratarlos como a cualquier otro cliente, reduciendo al mínimo la posibilidad de una de sus usuales disputas con la castaña. Claro está que no contaba con que Natsuki se hubiera percatado de su presencia cuando puso el primer pie en el local y que justo en ese instante la miraba con una pícara sonrisa luego de escabullirse del lado de sus compañeros de banda.

—¡Qué buena vista tenemos desde aquí! —comentó la antigua eufonista, con el suficiente volumen para que solo su amiga la escuchase.

Yuuko se empinó sobresaltada al escuchar aquella voz, girando de nuevo para encarar a la otra chica.

—Si no vienes a comprar algo, será mejor que te vayas de aquí —advirtió.

—No te esponjes, que solo te estaba halagando. —Natsuki se encogió de hombros mientras mostraba un paquete de papas fritas y una lata de gaseosa que tenía en sus manos.

—Estoy trabajando, así que te agradecería que te ahorraras tus "halagos" para otro momento.

—Alabar el bonito trasero de Yuuko cuando no esté trabajando. Entendido.

La rubia lanzó una fúrica mirada hacia su amiga, sin poder ocultar el sonrojo que se asomaba en sus mejillas. Iba a comentar algo más, pero optó por callar al notar que los dos acompañantes de Natsuki se acercaban a la caja.

—Parece que tienes un don para hacer amistades, Nakagawa —comentó Miyuki al notar la sonrisa de su compañera de banda, antes de reparar en las aún rojizas mejillas de la cajera—. O ligues. —La bajista sonrió de forma pícara.

—¡Se-sea lo que sea que estés pensando, estás equivocada, Tsujimoto! —exclamó Yuuko, sintiendo sus mejillas arder.

—¿Se conocen? —intervino Natsuki con asombro.

—Estamos en la misma facultad y compartimos varias clases— explicó la bajista—. También hemos conversado un par de veces.

—Parece ser que el mundo es más pequeño de lo que se ve. ¿Quién diría que mi nueva compañera de banda conocería a mi mayor dolor de cabeza?

—¿Disculpa? ¡Tú eres mi mayor dolor de cabeza, Natsuki! —reclamó Yuuko, dejándose llevar por la provocación de su amiga—. ¡En todos estos años no has hecho otra cosa más que fastidiarme la vida!

—Tú tampoco te quedas muy atrás en fastidiar la mía, Yuuko. Siempre estás reprochando cada cosa que hago o deje de hacer, incluso si tú no estás directamente implicada en ello.

—¡No seas exagerada! Hay muchas cosas en las que te he apoyado sin rechistar. Incluso te felicité cuando evitaste el autosabotaje de Hisaishi en las audiciones el año pasado.

—¡Después de gritarme e intentar culparme por interrumpir las audiciones antes de que terminara de hablar!

—Disculpen —interrumpió Hibuki con un tono serio—. ¿Podrían dejar sus discusiones maritales para otro momento? Tenemos algo de prisa.

Yuuko asintió, avergonzada de dejarse llevar y no atender al trio como lo haría con cualquier otro cliente. Casi siempre era lo mismo. Al discutir con Natsuki, el resto del mundo parecía desaparecer, y eso era algo que sentía incorrecto ahora que estaba trabajando. Y hacerlo frente al posible hijo de su jefe empeoraba las cosas.

Una vez que los tres integrantes de Ao no Danjon pagaron por lo que habían comprado, Miyuki y Hibuki comenzaron a salir del local, pero Natsuki se quedó, diciéndoles que luego los alcanzaría. Las dos quedaron a solas en el sitio. Yuuko veía extrañada el inusual rostro serio de su amiga.

—Lo siento —dijo la guitarrista en un suspiro, algo aún más inusual en ella.

—¿Tú disculpándote?

—Tengo qué hacerlo, Yuuko. Por más que ame molestarte, no debería hacerlo aquí.

—Quizás deberías simplemente dejar de molestarme en primer lugar, sin importar dónde nos encontremos.

—¿En serio quieres que lo deje de hacer?

Yuuko lo meditó por un momento, reclinándose sobre el mostrador, apoyando los codos en este y poniendo su cabeza sobre sus manos.

—En realidad no. —Sonrió—. No seríamos tú y yo sin nuestras habituales "discusiones maritales", como las llamó tu amigo.

Natsuki rio y acarició la cabeza de Yuuko como si de una mascota se tratase.

—Yuuko, ¿podrás estar mañana en el concierto de bienvenida del club de música ligera?

—¿Tu banda tocará en él?

—Nah. Apenas nos juntamos el martes y aún no tenemos repertorio.

—Entonces no me interesa. Quizás pase a ver la batalla entre esas bandas de las que los mayores hablan tanto, pero no prometo nada.

Natsuki comenzó a caminar hacia la salida del local. Debía darse prisa si no quería llegar tarde al ensayo de Ao no Danjon.

—De ser así, nos veremos entonces. Si no, grabaré algunos videos y te los mostraré en otro momento.

—Seguro. Nos vemos, Natsuki.


Pese a lo bien que se habían acoplado en las audiciones, Natsuki tenía problemas para seguirle el ritmo a sus compañeros. Suponía que las influencias en el jazz que Hibuki y Miyuki tenían serían un reto, pero subestimó lo difícil que sería. Si bien sabía leer partituras gracias a su paso por Kitauji, estaba tan acostumbrada a la clave de fa que leer en clave de sol le enredaba, llevándola a tocar notas incorrectas y crear horribles disonancias. Sumado a eso, la bajista le decía que estaba demasiado cuadriculada y que debía dejarse llevar por la música. Todo era nuevo para ella, llevándola a sentirse tan aturdida como cuando comenzó a tomarse en serio la banda sinfónica.

Hibuki decidió que era momento de tomar un descanso, informando de esto a sus compañeras y saliendo de la sala donde estaban ensayando. Miyuki le siguió segundos después, tras apagar el amplificador de su bajo, pero Natsuki prefirió quedarse. Poniéndose unos audífonos, la guitarrista puso a reproducir el tema que intentaba sacar, cerró sus ojos y comenzó a tratar de visualizar la forma correcta de tocar lo que estaba escuchando. Dejando el tema en bucle, la guitarrista comenzó a tocar sobre este sin detenerse, prestando atención en los puntos donde fallaba para repasar en ellos en otro momento. Su concentración fue tal que no se percató del momento en que Miyuki regresó a la sala de ensayo.

—También deberías estar tomando un descanso, Nakagawa —le dijo con voz suave, sorprendiéndola.

—No creo merecer el descanso. No ahora, por lo menos.

—Tómalo como una orden, entonces.

Natsuki optó por obedecer, deteniendo la reproducción del tema y dejando su guitarra sobre su estuche. Tras estirarse un poco, Miyuki le dio una botella de agua, de la que bebió un gran sorbo.

—Normalmente tendría los labios adoloridos a estas alturas —pensó en voz alta.

—¿Por el bombardino?

Natsuki asintió.

—Son los labios los que producen el sonido en los instrumentos de viento metal. Estos solo lo amplifican.

—No sabía eso. Supongo que por eso nuestro trompetista en preparatoria se enfadaba cuando le decía que su instrumento era solo soplar como en una flauta. —Miyuki rio al decir lo último, aunque Natsuki permanecía seria.

—Ahora que lo pienso, Ritsumeikan tiene su propio círculo de jazz. ¿Por qué ustedes eligieron el club de música ligera?

—Fue idea de Yamazaki. Él quiere expandir sus habilidades por diferentes géneros más allá del jazz.

—¿Y qué hay de ti, Tsujimoto? Cuando nos conocimos decías que la idea de hacer una banda era tuya.

—Y lo es, pero es una idea que viene desde que éramos niños y nos interesamos por la interpretación musical. En ese entonces juramos que siempre estaríamos juntos y ha sido así hasta ahora. No quiero ser yo quien rompa ese juramento.

Pese a la firmeza en las palabras de Miyuki, Natsuki pudo notar cierto rastro de tristeza, tanto en su mirada como en su voz. Esto, junto a los recuerdos del día de su audición, cuando la bajista se oponía a tocar punk, le hizo pensar que quizás ella no estuviera ahí porque realmente lo quisiera, sino forzada por ese juramento.

—¿Sabes? No es sano estar en un lugar en el que no quieras estar, en especial si no te sientes cómoda estando ahí —comentó poniendo un tono neutro en su voz.

—Lo sé, y te aseguro que quiero estar aquí, contigo y con Yamazaki.

Nuevamente ese tono triste, pero seguro en las palabras de la bajista. Natsuki sospechaba que algo no andaba bien, pero no queriendo provocar a Miyuki, optó por dejar las cosas así.


Un total de doce bandas actuaron aquella tarde en el concierto de bienvenida del club de música ligera de Ritsumeikan. Diferentes géneros musicales, desde el pop hasta el metal, desfilaron por la tarima del auditorio de la universidad en un evento que se extendió por algo más de cinco horas. Natsuki veía cada acto entusiasmada, tomando fotos y videos cuando alguna canción en particular le gustaba. A su lado, Miyuki y Hibuki también disfrutaban del concierto, comentando entre ellos sus impresiones sobre las diferentes bandas. La guitarrista notaba cómo la bajista mostraba su particular interés en aquellas canciones que tenían algún grado de complejidad musical, bien sea porque alguna progresión armónica se alejaba de los cuatro acordes habituales del pop, por la estructura de algún solo o por alguna variación rítmica inesperada. Cerca del final de la presentación de la décima banda, Natsuki sintió que alguien tocaba su hombro. Al girar, vio a una Yuuko tratando de recuperar el aliento.

—Llegas tarde —dijo en son de burla.

—Mira quién habla, la más impuntual de las dos.

Natsuki rio en respuesta. No iba a negar que ella siempre era la última de las dos en llegar a cualquier sitio, usualmente porque Yuuko lo hacía con varios minutos de antelación, mientras que la guitarrista solía aparecer a la hora exacta.

—¿Ya sucedió la batalla de bandas? —preguntó la extrompetista.

—Aún no. Si mal no estoy, empieza cuando esta banda termine de tocar.

—¿Tienen alguna favorita? —intervino Hibuki—. Tsujimoto y yo creemos que Onna Gumi será la ganadora, aunque solo estamos juzgando por sus nombres.

—Houkago Tea Time no parece ser el nombre de una banda que se tome en serio —complementó Miyuki.

—Esperaré a escucharlas primero antes de hacer cualquier apuesta —respondió Yuuko, a lo que Natsuki simplemente asintió.

—Bien, chicos, ha llegado el momento que hemos estado esperando —anunció la presidenta del club luego de que la décima banda finalizara su actuación—. ¡La épica revancha que quedó pendiente el año pasado está por comenzar! A los nuevos les informo que estas bandas ya se habían enfrentado el año pasado en dos ocasiones. La primera marcó la victoria de Onna Gumi, mientras que la segunda se declaró en empate debido a un tifón que hizo suspender nuestro festival universitario. Ahora, Houkago Tea Time tiene una nueva integrante. ¿Las beneficiará? ¡Ya lo veremos!

Algunos murmullos se dejaron escuchar por el auditorio mientras cinco siluetas iban apareciendo sobre el aún oscuro escenario. Las expectativas sobre la nueva integrante de esa banda eran bastante altas desde el primer día, según recordó Natsuki. Todavía en las sombras, la batería comenzó a hacer el ritmo, acompañando a una línea de bajo llamativa, lo suficiente para que Miyuki pusiera toda su atención en el escenario. Las luces hicieron su aparición con la entrada de las guitarras y el teclado, mostrando que el quinteto era formado solo por chicas.

—Sea cual sea la nueva guitarrista, se acopló bien a la banda. Se complementan bastante bien la una con la otra en lugar de tocar al unísono. Creo que las subestimamos —comentó Hibuki.

El teclado dio entrada a la bajista, quien aparentemente también era la vocalista del grupo. Miyuki quedó admirada con aquella chica y su capacidad de tocar líneas complejas mientras cantaba sin desafinar una nota, algo que a ella se le dificultaba. Por su parte, Yuuko y Natsuki ponían especial atención en la letra. A través de metáforas, la canción contaba cómo alguien seguía siendo positivo a pesar de haber tenido una ruptura amorosa.

Durante el solo, hubo algunos murmullos destinados a su intérprete. Algunos admiraban el talento de aquella chica de cabello negro que tocaba una Fender Mustang, pero a otros parecía desagradarles. «¿Cómo Hirasawa permitió que esa chica le robara ese solo?», «esa chica me cae mal», «Hirasawa tocaría mejor eso» y comentarios similares se oían bajo la música, rebelando a los nuevos alumnos quién era la nueva integrante de la banda que tocaba en ese instante. Natsuki se impresionó de lo crueles que podían llegar a ser esos comentarios, y lo obtusos que eran quienes los hacían al no notar la enorme sonrisa en el rostro de la otra guitarrista.

Al finalizar la canción, la bajista de Houkago Tea Time contó que su nueva guitarrista, llamada Azusa, ya había sido parte del grupo cuando ellas estaban en preparatoria, lo que relajó bastante los ánimos en el público. A su vez, la guitarrista de apellido Hirasawa reveló que fue su compañera quien prácticamente le enseñó a tocar, deshaciéndose en elogios hacia la más joven. Además, al momento de presentar la siguiente canción, dijo que había sido escrita como regalo de despedida cuando las mayores se graduaron, y que en ese momento adquiriría un nuevo significado para ellas cinco. Dicha canción mostró a las cuatro mayores alternándose para cantar la letra, que resumía parte de la historia del grupo y en la que llamaban ángel a la menor.

—Apuesto a que te hubiera gustado que Kaori-senpai te hubiera escrito algo así cuando se graduó —dijo Natsuki en una clara intención de fastidiar a Yuuko.

—¡Déjame en paz! ¡Ella es quien merece el título de ángel, no yo!

Natsuki iba a añadir algo cuando notó un hecho sobre el escenario. Hirasawa había volteado su micrófono y cantaba mirando a la otra guitarrista, quien parecía sonrojarse ante este hecho. Y cuando la canción terminó, ambas guitarristas se fundieron en un abrazo que enterneció a buena parte del público.

—Algo me dice que ellas dos están saliendo.

—¿Cómo puedes decir eso tan a la ligera, Natsuki?

—¿Tiene algo de malo, Yuuko?

—Para mí, no, pero no sé cómo se lo pueda tomar alguien más que te escuche decir eso, en especial aquellos a quienes Azusa no les agrada.

—Tienes un punto.

Mientras Natsuki y Yuuko conversaban, la baterista de Houkago Tea Time presentó su siguiente canción. Era un tema con una fuerte influencia rockera, cantada de nuevo por la bajista y presentando esa notable tendencia a tocar lo menos posible al unísono por parte de las guitarristas. La letra daba el mensaje de seguir adelante en la búsqueda de tus sueños a pesar de las dudas y los miedos que puedas tener, algo que dejó algunas inquietudes en la mente de Miyuki.

La última canción del quinteto contrastó con las demás. Si bien era rápida y se podía decir que tenía una notable influencia en Deep Purple, dado el sonido de un órgano Hammond usado por la tecladista a lo largo del tema y el solo final que ella hizo, la voz principal corrió por cuenta de la guitarrista de apellido Hirasawa, cuyo timbre era más infantil y agudo que el de la bajista. Respecto a la letra, con tan solo escuchar el título, Hibuki, Miyuki, Natsuki y Yuuko soltaron discretas risillas.

—¡No puedo creer que esa canción sea sobre curry! ¡Esto tiene que ser una broma! —afirmó Miyuki.

—Quiero creer que hay algún trasfondo metafórico similar al de las otras canciones, pero me cuesta tomarme en serio esto —comentó Hibuki.

—Lo que es más increíble es que todos los mayores la están coreando —anotó Yuuko—. Parece que es bastante popular.

No solo la canción era popular. También era pegajosa, al punto de que los cuatro, al igual que los demás nuevos alumnos, estaban coreando junto al resto del cuerpo estudiantil y a la banda el último coro de la canción. Sus sonrisas ya no eran de burla, sino de auténtica diversión.

—Creo que podemos apreciar la evolución en cuanto a escritura de letras que han tenido estas chicas —dijo Natsuki cuando la canción finalizó—. Tengo la sensación de que esta canción fue de las primeras que escribieron cuando recién se formaron como banda.

Miyuki, Hibuki y Yuuko asintieron mientras la presidenta del club volvía al escenario.

—¡Muchas gracias por esa presentación, Houkago Tea Time! Ahora, estas tres chicas quieren demostrar que no necesitan reclutar más integrantes para afirmar su superioridad. Ellas son ¡Onna Gumi!

Tal como Hibuki había previsto, aquel trío de chicas se mostraba más serio que el quinteto. El sonido de sus tres primeras canciones era punk-rock puro y duro. Las tres tocaban con pasión y energía desbordadas, y su guitarrista transmitía bastantes sentimientos a través de su voz. Incluso Miyuki, que no era muy amante de ese estilo, se vio atrapada por la fuerza que Onna Gumi emitía. Al igual que Houkago Tea Time, su última canción fue en un tono diferente al resto, siendo únicamente interpretada por la guitarrista con un instrumento acústico.

Fue el asesor del club quien determinó que la banda ganadora de esta batalla era Houkago Tea Time, algo que no dejó satisfecho a Hibuki, quien continuó pensando que Onna Gumi es superior. Por su parte, Miyuki, Natsuki y Yuuko no tenían problemas con el resultado. Las tres encontraban a ambas bandas igual de buenas, cada una en su estilo, por lo que les era un poco indiferente quién ganaba o perdía. Además, mientras para ellos era la primera vez que escuchaban a las dos bandas, el profesor ya las había escuchado durante el año anterior, por lo que él tenía un mejor conocimiento de ellas para evaluarlas.

Mientras recorrían el camino entre el auditorio y la salida de la universidad, las tres chicas se pusieron a corear la última canción que tocó Houkago Tea Time con la única intención de molestar a Hibuki, quien solo pudo resignarse a soportar los canturreos y risas de sus compañeras.