Trouble

El éxtasis provocado por el concierto de bienvenida del Kyoto College of Music seguía presente en la mente de Miyuki aquella mañana. El impacto de ver a aquellos jóvenes de su edad dando todo de sí y mostrando sus talentos fue más fuerte que el paso del resto del fin de semana, que el tedio que despertó en sus padres oírla hablar del evento. Los esposos Tsujimoto eran estrictos en cuanto al camino que habían elegido para su única hija, camino en el que consideraban a cualquier pasatiempo como una pérdida de tiempo y, por lo tanto, desaprobaban.

Guardar en secreto aquello ha sido una carga pesada para Miyuki. A excepción de Hibuki, nadie ajeno a su círculo familiar sabía lo que sus padres pensaban, así como ellos no sabían de la existencia de Ao no Danjon. Ella había logrado convencerlos de que estaba en una actividad extracurricular relacionada a su carrera, logrando así que ellos le autorizaran quedarse ese tiempo adicional en la universidad. Si bien en ese momento parecía haber encontrado un equilibrio en el manejo de la situación, la incertidumbre por el futuro la sobrecogía en ocasiones. Ella quería que la banda fuese exitosa, pero no quería enemistarse con sus padres por ello.

Pero ese no era el día para matarse la cabeza pensando en ello. Estaba bastante motivada para dejarse llevar por los malos pensamientos. La pasión de aquellos jóvenes le había inspirado, y esto conllevó a sentarse frente a su computador y componer ahí varias líneas que quizás deriven en una o dos canciones, tal vez las primeras de Ao no Danjon. Su sesión de grabación improvisada duró hasta que su madre llamó a la puerta para que fuera a desayunar.

Al llegar a la universidad, Miyuki se encontró con una Yuuko bastante animada, luciendo una gran sonrisa en su rostro y musitando alguna melodía. Esto le levantó aún más el animo a la bajista.

—Vaya, parece que tú y Nakagawa terminaron de pasar un buen fin de semana —dijo al llegar junto a ella. Yuuko se ruborizó levemente al escucharla.

—Bueno, no voy a negar que Natsuki y yo pasamos todo el día juntas ayer… —Yuuko frunció el ceño al notar la forma en que Miyuki sonreía—, pero nuestra relación no es como la imaginas.

—Cuanto más lo niegues, más me cuesta creerte, ¿sabes?

Yuuko puso sus brazos en jarras mientras Miyuki se permitía sonreír. En el fondo la rubia admitía que le hacía gracia toda esta situación. Sabía a la perfección que, incluso con sus habituales discusiones, ella y Natsuki se llevaban bastante bien, y no era la primera vez que alguien de su círculo de amigos insinuaba que su relación iba más allá de una amistad. Ella misma tenía el deseo de que esas insinuaciones fueran reales, pero temía ser rechazada de nuevo. El dolor de un corazón roto era algo que no quería volver a experimentar, menos aún si este era acompañado por la vergüenza de una posible malinterpretación de las señales de Natsuki.

—Podrás creer o no creer lo que quieras, pero lo que digo es la verdad. Natsuki y yo no tenemos ese tipo de relación.

Miyuki adoptó una pose pensativa, sin que el brillo de la emoción por el posible romance entre Natsuki y Yuuko abandonara su mirada.

—Dudo mucho que un par de amigas de años atrás se sonrojen cuando alguien las ve abrazándose como ustedes dos lo hicieron el sábado… —Notando un ligero rubor en las mejillas de la rubia, añadió—: o como lo haces ahora.

Yuuko suspiró con pesadez ante la insistencia de Miyuki. Aún no sentía confianza en ella como para dejarle ver sus sentimientos, así que optó por cambiar de tema.

—¿Qué tal la banda?

Miyuki tomó el cambio de tema como una victoria personal y sonrió.

—Supongo que bien. Hemos hecho bastantes avances en nuestro repertorio, así que esperamos tener pronto alguna presentación en público, quizás en un live house cercano.

—¡Eso suena genial! —exclamó Yuuko con una sonrisa—. Avisen cuando tengan alguna fecha y ahí estaré gustosa. ¿Natsuki se ha acoplado bien a ustedes?

Miyuki levantó una ceja.

—¿Acaso ella no te comenta cosas respecto a la banda?

—Lo hace, pero también quiero saber la perspectiva de ustedes respecto a ella. Ya sabes que, en ocasiones, nuestra visión nos hace creer cosas erróneas.

—Siendo así, seré sincera contigo. —El repentino tono serio en la voz de Miyuki hizo que Yuuko temiera por el futuro de Natsuki, sentimiento que se aplacó cuando notó la sonrisa en el rostro de la bajista—. Nakagawa se acopló a nosotros bastante bien desde el primer día. Además, aprende rápido y se nota su empeño por mejorar. Incluso hemos tenido que pedirle que se tome un descanso de vez en cuando para que no se sature.

Yuuko sonrió con beneplácito al escucharla.

—Así es ella cuando se toma las cosas en serio. Quizás no sea la persona más talentosa del mundo, pero lo compensa con esfuerzo, empeño y determinación. Ella misma me ha dicho que no quiere decepcionarlos y por eso está dando todo de sí.

—Dudo que ella nos decepcione alguna vez. De hecho, creo que yo sería la más cercana a hacer eso.

Pese al tono jocoso de la bajista, Yuuko notó que su mirada lucía triste, lo que la preocupó.

—¿Por qué dices eso, Tsujimoto?

—Solo… —por primera vez en todo ese rato, Miyuki evadió la mirada de Yuuko—. Quise puntuar lo improbable que es que Nakagawa nos decepcione. Creo que ya deberíamos entrar al salón, ¿verdad?

La rubia asintió sin poder decir palabra alguna, ni evitar sentir incredulidad ante lo dicho por la bajista. Si bien era cierto que su primera clase del día estaba por empezar, ese atisbo de tristeza en los ojos de Miyuki la hacían temer por el futuro de la banda.


12:46
¿Qué se supone que se debe hacer si notas que alguien está perdiendo la motivación para hacer algo que le gusta?

Yuuko había enviado ese mensaje sin esperar una respuesta inmediata. Sabía a la perfección que su destinataria no podría responder en ese instante, ya que estaba en clase.

La conversación con Miyuki temprano en la mañana aún rondaba por su mente, así como esa mirada algo triste que mostraba al final. No quería creer que ella fuese a abandonar a la banda tan pronto, menos cuando la idea de fundarla era suya, según le había dicho Natsuki. Una repentina desmotivación era la única explicación que encontraba razonable, pero ¿qué la estaba causando?

La vibración de su teléfono la sacó de sus pensamientos. Al parecer, aquella persona había logrado tener algo de tiempo y espacio para responder.

12:52
¿Pasó algo con Natsuki?

La sola mención de la guitarrista hizo a Yuuko rodar los ojos.

12:56
Ella no tiene que ver en esto, Tomoe.

12:57
Bueno, sí tiene que ver de una u otra forma, pero no es ella quien me preocupa.

"Por suerte", pensó la rubia.

12:57
Es una compañera de mi facultad y de la banda a la que Natsuki se unió. Tengo la sospecha de que está perdiendo su motivación en la música.

Nuevamente a la espera a una respuesta. Tomoe Kabe tenía un sentido especial para guiar a los demás por más difícil que parezca cada caso. El año anterior una lesión la alejó definitivamente de la música, pero la acercó a su pasión por asesorar y aconsejar a quien lo necesite. Hubo un caso particular que la hizo decidirse por estudiar psicología, luego de sentirse mucho tiempo maniatada ante aquella chica de nula autoestima que, pese a cada consejo que le daba, no parecía tener avances. Afortunadamente comenzó a recibir un tratamiento profesional y logró superar en gran medida todo lo que la atormentaba. Tomoe supo entonces que su sentido especial era insuficiente, que necesitaba adquirir conocimientos adicionales para tener una mejor visión y poder dar mejores ayudas.

13:02

Me la pones difícil. Siempre hay un motivo para perder la motivación y la pasión.
La rutina, las decepciones y los fracasos son enemigos de la pasión, pero tampoco podemos descartar algo más profundo.
Si no tienes la confianza para hablar del tema con ella, en principio deberías recordarle lo bien que se siente ser parte de una banda.

13:05
Aunque quizás Natsuki sea mejor para ello.

Yuuko suspiró al leer eso. Tal parecía que podría hacer menos por ayudar a Natsuki y su banda de lo que ella pensó, y eso la frustraba. De una u otra forma, se sentía en deuda con la guitarrista, aquella chica que siempre estaba ahí para tenderle una mano cada que lo necesitaba. Definitivamente haría todo lo que estuviera a su alcance con tal de ayudarla también.


Miyuki había llegado entusiasmada al ensayo, emoción que no tardó en contagiar a sus compañeros. Las canciones, los acordes, las armonías, todo fluía tan bien que dejaba al trío con grandes sonrisas en sus rostros. La bajista incluso propuso trabajar en alguna de las ideas que tenía grabadas y/o escritas en su blog de notas. Todo parecía ir bien; quizás demasiado bien.

Natsuki tomó un gran sorbo de agua durante una pausa, intentando ahogar allí esos malos pensamientos. Mientras nada afecte de forma negativa a la banda, todo estaría bien. A ese pensamiento se aferraba con fuerza mientras observaba a sus compañeros bromeando entre ellos tal como el día en que los conoció, lo que la hizo sonreír, preguntándose si así se verían ella y Yuuko desde los ojos de los demás.

El sonido de una alarma irrumpió en el ambiente, avisándoles que su turno estaba por finalizar, y que otra banda del club estaba por llegar.

—Bueno, fue un ensayo provechoso después de todo —comentó Miyuki, enrollando y guardando el cable de su bajo.

—Bastante, diría yo —aseguró Hibuki, estirando sus extremidades.

—Parece que conocer a Mizore te motivó, ¿o no? —preguntó Natsuki, con una sonrisa.

—Más que ella, todo ese ambiente del conservatorio me dio bastante energía. Realmente me hubiera gustado estudiar música, pero…

La sonrisa de la bajista se tiñó de tristeza mientras dejaba la frase inconclusa. Hibuki la observaba con preocupación, sabiendo el motivo de su repentino silencio.

—Pero ¿qué? —insistió Natsuki.

—No es importante, olvídenlo —pidió Miyuki, colgándose el estuche con su bajo adentro al hombro—. ¿Listos para partir?

Natsuki se apresuró a cerrar el estuche de su guitarra y colgarlo en su hombro para salir junto a sus compañeros.

Nada más abrir la puerta del salón de música, el olor a té recién preparado llegó directo a sus fosas nasales. Al salir, vieron a ocho chicas sentadas en los sillones de aquel espacio que servía como sala de espera, disfrutando de la mencionada bebida y de algunos postres.

—Supongo que eso explica el nombre de la banda —comentó Hibuki con una sonrisa burlona—, aunque no esperaba ver a Onna Gumi también por aquí.

Desde sonrisas nerviosas hasta miradas evasivas con rostros enrojecidos se vieron en aquellas ocho chicas sorprendidas en aquella amena actividad. Una de ellas, de larga cabellera rubia y ojos azules adornados con unas cejas pobladas, sonrió con amabilidad.

—¿Les gustaría una taza de té? —ofreció.

—Agradecemos la oferta, Kotobuki-senpai, pero me temo que Yamazaki y yo no podemos aceptarla —dijo Miyuki, haciendo una ligera venia en son de disculpa—. Tenemos algo de prisa así que debemos irnos.

—Yo sí acepto el té —afirmó Natsuki con una sonrisa. Fuera cual fuere el motivo de su prisa a ella le convenía no tenerlos cerca para poder hacer una consulta particular a las otras dos bandas.

—Entonces nos despedimos por hoy. Nos vemos mañana.

Ondeando su mano, Miyuki sonrió y salió junto a Hibuki. Natsuki devolvió el gesto mientras aceptaba la taza que la joven Kotobuki le ofreció.

—Bien, nosotras debemos ir a ensayar —habló Akira Wada, la vocalista y guitarrista de Onna Gumi.

De todas las presentes, ella era quien tenía la imagen más ruda, llevando su negro cabello con un corte casi militar y luciendo aretes y piercings en su rostro. Natsuki vio en ella a su yo de seis años atrás y no pudo evitar sonreír con nostalgia, algo que a la ruda guitarrista, quien fue la más sonrojada minutos antes al verse descubierta compartiendo un plácido momento junto a sus "rivales", malinterpretó.

—Ni siquiera pienses en burlarte de mí, Nakagawa —expresó con frialdad—. Solo acepté el té por cortesía, pero no significa que sea cercana a ellas.

—Dices eso, pero siempre eres la primera en llegar a darnos tu "cortesía", Akira —aseguró Ritsu Tainaka, baterista de Houkago Tea Time, con tono burlón, lo que hizo volver el tono rojizo al rostro de Akira mientras las demás, incluida Natsuki, reían.

—Ya admite que ellas te agradan, Akira —ordenó entre risas Ayame Yoshida, baterista de Onna Gumi. Akira, que no podía sonrojarse más, hizo un puchero.

—¿Podrían dejar de arruinar mi imagen?

Diciendo esto, se adentró al salón de ensayos. Sus compañeras de banda, aún riendo, se despidieron de las chicas de Houkago Tea Time y de Natsuki y siguieron a Akira.

—Disculpa, Akiyama-senpai —habló Natsuki. La mencionada pareció asustarse por ello—, ¿puedo hacerte una consulta?

—Cl-claro —Afirmó Mio Akiyama, recuperando la compostura.

—¿Dónde podría conseguir un buen bajo a un precio accesible? —Ante la mirada algo preocupada del quinteto, Natsuki se apresuró en aclarar—: Estoy interesada en ampliar mis conocimientos y habilidades, y creo que el bajo sería una buena opción para ello.

Si bien sus palabras no faltaban a la verdad, Natsuki supo ocultar el motivo por el que quería ampliar sus conocimientos musicales aprendiendo un nuevo instrumento. Por su parte, Mio sintió que la menor había preguntado a la persona equivocada. Ella y su banda apenas llevaban un año viviendo en el área metropolitana de Kioto, tiempo en el que apenas habían tenido tiempo de explorar los alrededores. Tsumugi, o Mugi para sus amigas, salió al rescate.

—Podrías ir a este lugar —dijo entregándole a la guitarrista una tarjeta—. Es una de nuestras tiendas de música. Di que vas de mi parte y te darán una atención preferencial, incluso pueden que te hagan algún descuento.

Tomando la tarjeta, Natsuki sonrió.

—Entonces sí eres de esos Kotobuki.

Mugi asintió con una expresión algo seria. Su familia es una de las más acaudaladas e importantes de Japón, siendo dueños de diversas empresas a lo largo y ancho del país. Sin embargo, a la rubia poco y nada le gustaba ufanarse de ello, sino que prefería pasar inadvertida y que la gente la conociera por quién es ella más allá de su apellido.

Natsuki agradeció tanto la tarjeta como el té que degustó complacida y confiando en su propia capacidad de ser autodidacta para perfeccionar las líneas de bajo de Miyuki. Después de todo, encontrar un guitarrista era mucho más fácil que encontrar a un buen bajista.