Kiss me

Aprovechando una hora libre en la universidad, Yuuko se escabulló hacia un centro comercial cercano. Recorría los pasillos de dicho lugar, mirando entre los diferentes locales hasta que notó a un grupo de personas formadas bajo un cartel con un nombre que se le hizo familiar.

Cement Adiction celebra el lanzamiento de su nuevo álbum con una firma de autógrafos.

Cement Adiction era una banda que había logrado cierto renombre en la escena del área metropolitana de Kioto y que había comenzado a trascender a nivel nacional tras interpretar el tema principal de una película algo exitosa. Natsuki los había apoyado desde que los descubrió, por lo que Yuuko supo que había encontrado lo que buscaba. Tras comprar una copia del nuevo álbum de esta banda, se formó entre los fanáticos aguardando su turno. La rubia se sentía rara al estar ahí. Tan solo había escuchado un par de canciones de ellos y, aunque admitía que eran buenos, no era el estilo que le gustaba.

—Hola, bienvenida. Gracias por comprar nuestro nuevo disco —saludó uno de los integrantes de la banda—. ¿Cómo te llamas?

—Ah, en realidad esto es para una amiga que es fanática de ustedes, pero no pudo venir por la universidad.

Aquel chico sonrió.

—Bien, ¿cómo se llama tu amiga?

—Natsuki Nakagawa.

Al escucharla, la sonrisa del chico se amplió. Claro que reconocía aquel nombre. Cuando Natsuki los descubrió, apenas habían publicado su primer sencillo, así que podría decirse que ella los había apoyado desde el principio. Con esto en mente, escribió una dedicatoria especial e hizo que sus compañeros de banda también firmaran la copia que Yuuko había comprado.

La rubia salió de ahí complacida. Pese a su ruda apariencia propia de su estilo, esos chicos se mostraron amables y bastante agradecidos con su fanaticada. La idea de que quizás Ao no Danjon esté en esa situación algún día cruzó por su mente, y se decidió a dar todo de sí para que aquello se convierta en una realidad.


Con el regreso de Miyuki, Ao no Danjon comenzó una nueva etapa como cuarteto, con Natsuki y Yuuko como guitarristas. Los cuatro trabajaron en su empalme, viéndose complacidos de la fluidez con que sus ensayos se llevaban a cabo. Las dos guitarristas se complementaban a la perfección, yendo de unísonos bien coordinados a bellas armonías.

Por otra parte, Yuuko tenía algo de preocupación por su futuro laboral. Sabía las intenciones del señor Yamazaki para que la banda fuera su principal fuente de ingresos, pero también de lo difícil que es lograrlo. Incluso había escuchado de bandas que, aun siendo exitosas, no eran redituables. Su familia no la desampararía, eso era seguro, pero ¿cuál era el límite? ¿En qué momento le dirán que sería mejor que buscara una fuente de ingresos más "tradicional"? La rubia temía formular esas preguntas en voz alta.

—Hola, Tierra llamando a Yuuko —llamó Natsuki, sacando a la mencionada de sus pensamientos.

—Ah… —Mirando hacia las manos de su amiga, la rubia halló algo coherente que pudiera decir—. Lo de siempre, ¿eh?

Natsuki asintió, poniendo sobre el mostrador su tradicional paquete de papas y jugo.

—Es raro que estés distraída. ¿Todo bien?

—¿Por qué no habría de estarlo? ¿Y por qué no te atendió Tsujimoto?

—Ella está reorganizando algo que un niño desordenó en el pasillo tres. —Una media sonrisa acompañó sus palabras—. Parece que estabas tan distraída que ni siquiera escuchaste el berrinche que hizo cuando su madre lo regañó y se lo llevó.

—Estoy preocupada por nuestro futuro, ¿de acuerdo? —admitió Yuuko en tono de regaño.

Procedió a contarle lo que estaba pensando y que tan distraída la tenía. Natsuki ocultó como pudo que se desilusionó un poco al darse cuenta de que la rubia se refería a la banda cuando dijo "nuestro futuro". Sin embargo, debía admitir que ella tenía razón.

—Entonces, ¿planeas buscar otro trabajo a medio tiempo? —preguntó.

—En principio no, pero no descarto esa posibilidad. Aunque no estoy segura de encontrar otro empleo con unos horarios tan flexibles como este.

—¿Estás planeando cambiar de trabajo? —preguntó Miyuki, acercándose de nuevo a su lugar en la caja.

—No. Solo planteo la posibilidad de que no logremos vivir de la música.

—El señor Yamazaki dijo que nos iba a apoyar en todo cuanto pudiera —intervino Natsuki—. Deberíamos confiar un poco más en él.

—Lo sé, pero también sé que hay muchos factores que determinan el éxito de una banda.

—Tienes razón —admitió Miyuki—, pero no por eso nos daremos por vencidas tan fácilmente, ¿verdad?

Las dos guitarristas asintieron.

—Por cierto, creo que deberíamos empezar a hacernos un hueco en redes sociales, ¿no creen? —preguntó Natsuki—. Postear algunas fotos, quizás un par de grabaciones de nuestras canciones o algún que otro cover.

—Sí, tienes razón. Podríamos alquilar los estudios de Make Some Noise y grabar un par de temas —sugirió Miyuki.

—Siempre que no nos quedemos tanto tiempo. Aún tengo pena por la vez que ensayamos allá.

Las tres chicas rieron ante el comentario de Natsuki, aunque ninguna de ellas podría asegurar que la banda sería mesurada con su uso del tiempo. Después de todo, es normal perder su noción cuando haces algo que disfrutas.

Miyuki fue la primera en dejar de reír. Con una sonrisa, se tomó su tiempo en apreciar lo que observaba. Apenas habían pasado unos días desde que abandonó su casa paterna, pero no sentía esa extrañeza que creyó que podría tener al cambiar de ambiente. Por el contrario, se sentía aliviada, feliz incluso, de estar en esa nueva realidad. Sin embargo, había una parte de ella misma con la que aún no estaba contenta.

—Chicas, ¿puedo pedirles un favor? —preguntó.

—Claro —respondió Yuuko. Tanto ella como Natsuki miraban fijamente a la bajista.

—Me gustaría que me llamaran por mi nombre de ahora en adelante. No me siento cómoda con que personas tan cercanas para mí me llamen por un apellido con el que ya no me siento identificada.

Las dos guitarristas se miraron por un momento, para luego volver a dirigir su mirada a Miyuki, sonriéndole.

—Por supuesto, Miyuki —dijeron al unísono, lo que hizo sonreír a la bajista.


Yuuko parecía algo nerviosa aquella mañana. Era el día previo al cumpleaños de Natsuki y, sabiendo que ella solía pasar esa fecha en familia y que sería un día ocupado al ser viernes, decidió celebrarlo junto a ella esa noche. Terminando de ajustar unos últimos detalles, tomó su teléfono y le escribió para hacer la invitación.

Yuuko 7:07
Natsuki, ¿podemos vernos esta noche cuando termine mi turno?

Para su beneplácito, la respuesta no tardó en llegar.

Natsuki 7:08
Vaya
tanto extrañas que pasemos la noche juntas?

Sonrojada, Yuuko rodó los ojos. En efecto, extrañaba pasar la noche con Natsuki, pero ese no era el motivo principal de su petición.

Yuuko 7:09
Solo te estoy pidiendo que nos veamos. No necesariamente tiene que terminar contigo pasando la noche en mi residencia.

Natsuki 7:09
De acuerdo
Pero llevaré mi futon por las dudas

La rubia negó con la cabeza mientras guardaba su teléfono. No iba a negar que estaba emocionada por pasar la noche junto a ella una vez más, pero era algo que no podía dar por sentado.

Por su parte, Natsuki tenía una sonrisa en su rostro. Estaba emocionada por la invitación que Yuuko le había hecho, imaginando diversos escenarios que pudieran o no suceder. Algo dentro de ella le decía que quizás no debería tener expectativas tan altas, pero hacía todo por ignorarla.

Las horas pasaron con lentitud para ellas, esperando el momento en que se habían citado, momento que finalmente llegó.

Tras finalizar su turno, Yuuko caminaba al lado de Natsuki, por primera vez sin que ninguna llevase un instrumento a cuestas. Iban en un cómodo silencio, refugiadas en la oscuridad de la noche y guiadas por las luces del alumbrado público.

Al llegar a la residencia de la rubia, Natsuki notó la decoración del lugar, que parecía sacada de alguna escena de cita de una comedia romántica. La joven Nakagawa miró a su anfitriona y notó que parecía nerviosa.

—Qué lindo todo —comentó—. En especial la anfitriona.

—No empieces, Natsuki —protestó Yuuko, ruborizada.

—Lo digo en serio.

Diciendo esto, Natsuki tomó asiento en la isla que divide la sala de la cocina, lugar al que Yuuko se adentró para calentar lo que había preparado para ambas en la mañana.

—Feliz cumpleaños, Natsuki —dijo poniendo un plato de pollo al curry frente a la festejada—. Sé que es mañana, pero es poco probable que nos podamos ver fuera de la universidad, así que preferí hacerlo ahora.

Las mejillas de ambas estaban teñidas de rojo, marco perfecto para las sonrisas que lucían.

—Gracias, Yuuko. No te hubieras molestado.

—Es un placer. Algo especial para alguien especial en una fiesta especial.

—Vaya, es un milagro que hoy estés cariñosa conmigo.

—No quieras arruinarlo —refunfuñó Yuuko sin dejar de sonreír. Natsuki rio antes de probar el primer bocado.

—No quiero arruinarlo —aseguró—. Le estoy tomando gusto a estos momentos de paz entre nosotras, así que, por más que ame molestarte, quiero seguirlos viviendo también.

La sonrisa de Yuuko se amplió al escuchar esto mientras ambas se deleitaban con la comida preparada por la rubia. Ella sabía lo mucho que Natsuki amaba la comida picante, y tras años de convivencia y competencia, ella misma se había acostumbrado, aunque seguía sin ser algo que eligiera a la primera.

Una vez que ambas terminaron de comer, Yuuko se levantó y fue a su cuarto, del que salió un par de segundos después llevando una bolsa de papel decorada con dibujos de guitarras.

—Tengo un regalo para ti —dijo extendiendo la bolsa hacia Natsuki.

—Gracias, aunque no era necesario —aseguró la joven Nakagawa, tomando la bolsa—. ¿Puedo abrirlo?

—Claro.

Con delicadeza, Natsuki abrió la bolsa, sacando de ella el disco que Yuuko le había comprado días atrás.

—¡El nuevo álbum de Cement Adiction! —exclamó emocionada, luego leyó—: "Muchas gracias por apoyarnos desde el principio, Natsuki-chan. Suerte en la universidad y esperamos vernos pronto". ¡Y autografiado por toda la banda!

Natsuki se dejó llevar por la emoción y por sus sentimientos, mostrando su agradecimiento de una forma que ni ella misma esperaba, aunque sí que lo deseaba. Actuó sin pensarlo y, cuando se dio cuenta, tenía sus labios posados sobre los de Yuuko, quien estaba estupefacta por tal acción. Los corazones de ambas latían a toda potencia gracias a este repentino pero esperado acto. La joven Nakagawa se separó despacio de su anfitriona, temiendo alguna reacción negativa de su parte, pero no hubo reacción alguna.

—Yuuko —llamó Natsuki, aún temerosa. Sus inseguridades reaparecieron en ese instante—. Discúlpame si te molestó. Me dejé llevar y no medí las consecuencias. Sé que estabas guardando tu primer beso para Kaori-senpai…

—¿Ah? —interrumpió Yuuko, saliendo de su estupefacción y frunciendo el ceño—. ¿Por qué piensas eso?

—¿Cómo que por qué? —Natsuki tenía un tono que mezclaba tristeza y enojo—. ¿Te parece que verte un par de años babeando por ella no es razón suficiente?

"Creo que Nakagawa aún está celosa de esa Kaori-senpai". El recuerdo de esas palabras que Miyuki le dijo tiempo atrás golpeó la mente de Yuuko. Su devoción a aquella mujer había sido un obstáculo para la chica que tenía en frente, de cuyos ojos rodaron un par de lágrimas. La rubia siempre creyó que no era necesario decirle que cualquier sentimiento romántico que ella llegó a tener por Kaori se había diluido con el paso del tiempo. ¿Y así criticaba la falta de comunicación entre Nozomi y Mizore? Frustrada y enojada consigo misma, tomó por el cuello de la ropa a Natsuki, acercándola de nuevo y uniendo sus labios a los de ella. Sentir que ella correspondió el beso la alivió, relajando su agarre al punto de solo ser un contacto. Los labios de ambas se acariciaban mutuamente, en principio con desesperación, pero luego de una forma más calmada y afectuosa.

Finalizado el beso, Yuuko abrazó a Natsuki con fuerza, derramando algunas lágrimas. La joven Nakagawa también envolvió a su compañera en sus brazos.

—Te juro que ya no tengo sentimientos románticos por Kaori-senpai —aseguró la rubia, sintiendo a su compañera acariciarle la espalda—. Mentiría si dijera que nunca los tuve, pero esos sentimientos se fueron desvaneciendo con el tiempo, mientras crecían los que tengo por ti.

Al escucharla decir esto, Natsuki se aferró a la ropa de Yuuko, creyendo estar soñando y que, si la soltaba, se iría.

—No soy como ella, no puedo ser como ella —expresó entre lágrimas—. No soy tan especial como ella.

—No hace falta que lo seas, tonta. Con que seas tú misma es más que suficiente. Amo que estés a mi lado cuando más lo necesito. Amo que podamos molestarnos sin realmente lastimarnos. Amo que estemos discutiendo por tonterías. Amo que nos apoyemos en situaciones serias. Amo tu sonrisa, tu voz, tu cabello y el hecho de que te lo hayas dejado crecer. Te amo tanto que me odio a mí misma por no decirlo antes, por lastimarte al no hacerte ver que tenías el camino libre conmigo, por temer que estuviera malinterpretando tus señales…

Yuuko rompió en llanto tras decir todo esto. Natsuki suavizó su agarre y comenzó de nuevo a acariciar la espalda de su amada.

—Amo tu dedicación y entrega con lo que te propones —aseguró. Su voz suave hacía efecto en Yuuko, calmándola—. Amo tus dotes de liderazgo. Amo que me permitas ayudarte, aunque a veces rechistes por ello. Amo que hagas cualquier cosa por ayudar a tus seres queridos, pese a que te sacrifiques a ti misma en el proceso. Amo nuestras discusiones banales, tu sonrisa cuando estás feliz, tu cabello, tu listón, aunque te ves mejor sin él. Y no sé en qué momento esto se convirtió en un abrazo del te quiero, pero amo todo de ti.

Yuuko soltó una pequeña risa antes de volver a buscar los labios de Natsuki para unirlos con los suyos. Tras este intercambio de palabras, se sentía revitalizada. Sus sentimientos, al igual que aquel beso, eran correspondidos. Si eso era un sueño, no quería despertar.

—Natsuki, ¿quieres ser mi novia? —preguntó al romper el beso.

—Nos hemos besado tres veces. ¿Es en serio tu pregunta? —cuestionó Natsuki con una sonrisa burlona.

—Por supuesto que es en serio. —Un puchero acompañó aquella afirmación de la rubia.

—Entonces mi respuesta es un obvio sí.