Fly away
Las vacaciones de verano habían dado inicio, significando para Ao no Danjon la cercanía inminente del campamento del club. Sin embargo, sus integrantes habían dejado por un par de horas los preparativos para dicho campamento de lado, encontrándose en las instalaciones del Kyoto Concert Hall, apoyando a la banda sinfónica de Ritsumeikan, a la que Nozomi pertenecía, en su participación en la etapa prefectural de las competencias de bandas sinfónicas. Natsuki y Yuuko se sentían algo extrañas de estar entre el público sin la presión de ser participantes.
—Una parte de mí se arrepiente de haber dejado el bombardino —murmuró la joven Nakagawa mientras el equipo logístico organizaba todo para la siguiente banda, la de Ritsumeikan.
—¿Extrañas toda la presión que una competencia conlleva? —preguntó Yuuko algo incrédula.
—No la presión, pero sí tocar ante un público. De hecho, una de las razones por las que decidí pasarme a la música "ligera" fue para poder hacerlo más frecuentemente, pero…
—Ya veo, es tu impaciencia la que te hace sentir así, ¿verdad? —Había cierto tinte de burla en la voz de la rubia.
—Supongo que sí.
—Descuida —intervino Miyuki—. Confío en que pronto podremos tener muchos conciertos, empezando por nuestra presentación en el festival cultural de la universidad.
Las tres chicas se sonrieron. En ese instante, una voz femenina anunció que era el turno de la banda sinfónica de Ritsumeikan, las piezas que interpretarían y su director. Tras unos segundos, la música llenó el recinto una vez más. Natsuki y Yuuko, tomadas de la mano, escuchaban y miraban a sus compañeros de universidad dando lo mejor de sí en esos doce minutos, en especial a su amiga flautista de quien estaban orgullosas de que estuviera allí, cumpliendo la promesa que le hizo a Mizore.
—Deberíamos salir juntas las cuatro en el Obon —propuso Nozomi, tras darle un sorbo a una malteada—. No sabemos si tendremos otra oportunidad de vernos en el verano.
Ella, Natsuki y Yuuko estaban en una heladería, celebrando que la banda sinfónica de Ritsumeikan lograra avanzar a la etapa de Kansai. Tras las festividades del Obon, tanto la banda sinfónica como el club de música ligera tendrían sus respectivos campamentos veraniegos.
—Me gusta esa idea, sería como una cita doble —comentó Natsuki con una sonrisa.
—Bueno, estaba pensando en un plan de amigas… —Nozomi rascó su mejilla con timidez, algo que a sus dos amigas les causó algo de gracia—, pero una cita doble no suena mal.
—No creo que una cosa interfiera con la otra —intervino Yuuko—. Seguro que habrá momentos en que las cuatro disfrutemos de una forma más amistosa y otros donde las dos parejas estemos más melosas.
—Aunque en melosidad no hay quien les gane a ustedes dos, Nozomi —acotó Natsuki. La flautista se ruborizó ante estas palabras.
—Vamos, apuesto a que ustedes también tienen sus momentos.
—No voy a negarlo —dijo Yuuko, mirando a Natsuki con una sonrisa de complicidad—, aunque siguen siendo menos frecuentes que las discusiones banales.
—Esas discusiones son su sello. A decir verdad, me cuesta imaginármelas sin que las tengan.
—A nosotras también —aseguraron a la vez las dos guitarristas.
Yuuko aguardaba en la estación del metro la llegada de su novia y sus amigas. Si bien las cuatro habían acordado vestir de forma casual, la rubia puso un particular empeño en su apariencia aquel día, luciendo una sencilla pero elegante blusa blanca, un pantalón café claro y un par de sandalias. Además, recordando las palabras que Natsuki dijo en su declaración, optó por no usar ningún listón en su cabeza, por lo que llevaba su cabello completamente suelto.
Al notar que el tren se detenía, la joven Yoshikawa puso su atención en las puertas, esperando ver en alguna de ellas a Natsuki, Nozomi y Mizore. No tardó mucho en hacerlo. Las tres caminaban codo a codo, la guitarrista y la flautista conversando de forma amena mientras que la oboísta se limitaba a escuchar con su habitual rostro inexpresivo. Para Yuuko fue una sorpresa ver que su novia usaba el mismo atuendo que ella, lo que la hizo sonreír. Por su parte, las jóvenes Kasaki y Yoroizuka iban a juego con un esquema de colores azulado, Nozomi con una blusa celeste junto con un pantalón y chaleco de jean, mientras que Mizore lucía un vestido.
—Vaya, parece que nos tomamos en serio lo de la cita doble —comentó Natsuki cuando su novia se acercó a ellas.
—Ya saben lo que dicen: las grandes mentes piensan igual —apuntó la rubia encogiéndose de hombros.
Las cuatro avanzaron a la salida de la estación, tres de ellas sumidas en conversaciones casuales sobre la universidad y la banda, conversaciones que se extendieron hasta que llegaron a su primer destino, una sala de cine.
—Mizore quería ver esta película, así que pensé que sería una buena idea iniciar nuestra cita doble con ella —explicó Nozomi, señalando uno de los carteles promocionales, al sentir la mirada de las guitarristas de Ao no Danjon sobre ella.
La oboísta asintió, dándole veracidad a las palabras de la flautista. Yuuko y Natsuki se miraron entre ellas.
—Bien, si es lo que quiere Mizore…
Yuuko caminó hacia el interior de la sala, dirigiendo sus pasos hacia el puesto de comidas.
—No creo que vendan pañuelos ahí —expresó Natsuki con tono burlón.
—¿Ah? ¿Por qué habría de comprar pañuelos?
—Leí en internet que esta es una película dramática, y ya que tienes una facilidad excepcional para llorar con este tipo de películas…
—¡Ja, mira quién habla! Tú también eres llorona con este género, así que no hables a la ligera. Además, ya hemos discutido esto varias veces.
Natsuki rio y abrazó por la espalda a su novia.
—¿Compramos un tarro grande de palomitas para las dos? —preguntó.
—Esa fue mi idea desde el principio —aclaró la rubia, poniendo sus manos sobre las de su novia.
—Perfecto.
Ambas permanecieron abrazadas de esta forma hasta que llegó su turno de ser atendidas. Se sorprendieron cuando la persona que atendía les preguntó si les interesaba el combo para parejas, algo que aceptaron sin dudar.
Al final de la película las cuatro terminaron hechas un mar de lágrimas debido a los emotivos momentos que hubo a lo largo del filme, especialmente en el clímax de este. Sin embargo, el hecho de que tuviese un final feliz también las hizo sonreír.
La siguiente parada del cuarteto fue una sala de juegos arcade, lugar donde Natsuki y Yuuko dejaron salir su lado más competitivo, algo que divirtió a Nozomi y a Mizore más que los juegos en sí. Ellas dos también se vieron involucradas en las competencias de sus amigas en varios juegos que requerían equipos de al menos dos personas.
—¡Ja, te vencí! —exclamó Yuuko cuando salían de la sala—. ¿Quién es la mejor, ah?
—¿Quién dice que no te dejé ganar? —protestó Natsuki.
—Te conozco bien y sé que no lo hiciste —contraatacó la rubia encogiéndose de hombros—. Me habría enojado de haber notado que no estabas dando todo de ti.
Natsuki suspiró.
—Bien, admito mi derrota. Pero quiero la revancha.
—Cuando quieras. Es más, podríamos devolver…
—Vamos a llegar tarde a nuestra reservación en el restaurante —interrumpió Nozomi con voz seria.
En efecto, su siguiente destino era un restaurante en el que la flautista había hecho una reservación. La disposición de las mesas permitía cierta privacidad, y la de ellas estaba decorada con un candelero que daba cierto aire romántico.
—Se tomaron bastante a pecho lo de ser una cita doble —comentó Mizore con una tímida sonrisa en su rostro.
—¿Te gusta? —preguntó Nozomi. Su voz dejó escapar algo del nerviosismo que sentía.
—Me encanta —respondió la oboísta.
—Ahora veo por qué estabas tan seria hace un rato —intervino Natsuki, codeando a la flautista con suavidad.
—No molestes, Natsuki. —Nozomi no pudo evitar sonrojarse ante esta pequeña provocación por parte de su mejor amiga, quien, acariciando su cabeza, procedió a sentarse al lado de Yuuko.
Contrario a lo que Nozomi esperaba, la cena fue bastante silenciosa, pero agradable. Ella y Mizore compartían de sus platos entre ellas, mientras que Yuuko y Natsuki jugueteaban entre ellas sin entablar ninguna discusión. El ambiente pacífico era grato para las cuatro, un memorable momento de paz para ambas parejas.
—Chicas, ¿qué les parece si pasan la noche en mi casa? —propuso Mizore al terminar de cenar, para sorpresa de las otras tres chicas.
—¿No estaríamos molestando? —preguntó Yuuko, notando sentimientos encontrados en la mirada de Nozomi.
La oboísta negó con la cabeza.
—Nozomi y yo aún tenemos un par de noches, así que no molestarán. Además, quisiera pasar una última noche todas juntas.
—¡¿Ultima?! —exclamaron las guitarristas a la vez.
—Puede que no lo sea, pero ustedes dos tienen su banda, Nozomi tiene las competencias con la banda sinfónica y yo también tengo asuntos que atender con la orquesta del conservatorio. Si a eso le sumamos las clases cuando las vacaciones terminen, cada vez tendremos menos tiempo para vernos en persona.
Tanto en la voz como en la mirada de la oboísta había cierto tinte de tristeza. Yuuko estiró su mano para alcanzar la de su amiga, en señal de apoyo.
—Por un momento creí que te habían seleccionado para estudiar en el extranjero o algo por el estilo —expresó la rubia.
—Por ahora no, pero no descarto que eso pueda suceder en el futuro. Si bien es cierto que hay muchos alumnos de excelente nivel, estoy entre los que más destacan, al punto de que soy primera oboe suplente de la orquesta principal del conservatorio.
—Eso es genial, ¿no? —preguntó Natsuki.
—Lo es, pero a veces me aterra volar tan lejos que ya no pueda regresar.
Al escuchar a su novia decir esto, Nozomi la abrazó con fuerza. Pese a todo, la flautista seguía abrumada por el enorme potencial de Mizore. Aun siendo quien la puso en contacto con la música y la acompañó en sus primeros pasos, sentía que poco a poco los lazos que habían forjado podrían impedir que llegara tan lejos como parecía estar destinada, y eso dolía. Se había jurado a sí misma no volver a lastimarla, pero sentía que iba a hacerlo tanto si la retenía como si la dejaba ir.
Yuuko, de una u otra forma, logró percibir aquellos sentimientos que Nozomi albergaba tras ese abrazo. La preocupación en su mirada era notoria, lo supo por la actitud de Natsuki, lista para intervenir en caso de ser necesario. Ambas se miraron por un instante, intentando disuadir a la otra de cualquier acción, hasta que la joven Nakagawa suspiró y se relajó.
—Mizore —habló la rubia—, no importa lo que pase, tienes un lugar en nuestros corazones, y nada ni nadie te lo arrebatará. Sin importar cuán lejos vayas, siempre podrás regresar con nosotras, y te recibiremos con los brazos abiertos. Creo hablar por todas al decir que estamos y estaremos muy orgullosas de cada logro que obtengas. No dejes que el miedo a dejarnos atrás te retenga.
La oboísta, aún en brazos de Nozomi, miró a Yuuko. En su mirada se percibía ese miedo del que la rubia hablaba. Temía dejarlas atrás, que el camino a ser una música consagrada las alejara al punto de dejarse de hablar, como había visto suceder en los adultos que la rodeaban.
—Pase lo que pase, nunca te olvidaré —habló Nozomi—. No importa la distancia que nos separe, mi corazón siempre estará contigo. Ve por la grandeza que mereces.
—Gracias, chicas. —Una tímida sonrisa se dibujó en el rostro de Mizore—. Sus palabras me tranquilizan y me dan el coraje para continuar volando.
Nozomi besó la mejilla de su novia antes de romper el abrazo. Por su parte, Natsuki y Yuuko sonrieron al notar que el ánimo de su amiga había mejorado.
Una vez pagada la cuenta, las cuatro partieron con rumbo a la casa de la oboísta. Si bien no era la primera vez que entraban ahí, siempre lograban impresionarse con la decoración interior de la casa, cuyo exterior mostraba una modestia que la hacía pasar inadvertida entre las demás viviendas del vecindario.
Los esposos Yoroizuka recibieron a las cuatro chicas con sonrisas amables en sus rostros. Mizore les comunicó que sus amigas y novia se quedarían a pasar la noche y que ya habían cenado. Tras esto, las menores subieron al cuarto de la oboísta.
—Tiempo que no entraba por aquí —pensó Natsuki en voz alta, mirando de un lado al otro de la habitación—. Se siente algo nostálgico.
Durante su recorrido visual, la guitarrista notó algunas novedades desde la última vez que estuvo ahí, llamando su atención una serie de fotografías enmarcadas. Al acercarse a estas, notó que estaban ellas, la sección de "lengüetas dobles" de Kitauji en el año anterior e incluso algunas con personas que no había visto antes.
—Son mis compañeros del conservatorio —explicó Mizore de repente, haciendo sonreír a Natsuki—. Me acogieron desde el primer día y me consideran parte de su grupo. No son tan especiales como ustedes, pero me agradan y han hecho que mis días en el conservatorio no sean tan solitarios como creí que serían.
—Qué bien. Espero que podamos conocerlos en persona alguna vez —intervino Yuuko.
—Si las agendas cuadran, podríamos hacer una salida todos juntos —dijo Nozomi, abrazando a su novia—. Ya tuve el placer de conocerlos, y realmente son agradables, igual que Yamazaki y Tsujimoto.
—Me pregunto si podremos verlos antes de que finalice el Obon —cuestionó Natsuki, adoptando una pose pensativa.
—Creo que no —respondió Mizore—. Ellos no son de Kioto, así que aprovecharon para volver a sus lugares de origen a visitar a sus familiares. En principio parecían preocupados por dejarme, pero cuando les comenté que estaría con Nozomi quedaron más tranquilos.
—Ya veo.
Tras esta conversación, las cuatro chicas se prepararon para pasar la noche. De una forma u otra, Natsuki y Yuuko se sentían orgullosas de que Mizore hubiera establecido lazos con otras personas en el conservatorio, ampliando así el círculo social de su silenciosa y reservada amiga.
