The Rock Show

Natsuki despertó cuando los primeros rayos del sol se filtraban por la ventana de la habitación. A diferencia de los días anteriores, su ánimo estaba alto. Aquel dolor abdominal se había ido por completo. Aun así, no quiso moverse, teniendo que este pudiera regresar. Además, sentía un suave peso sobre su vientre, el de la mano que Yuuko tenía posada ahí. La joven Nakagawa sonrió mientras giraba su cuello para mirar a su novia, dormida tan cerca de ella como sus futones lo permitían. Su listón estaba enredado en su cabello, lo que indicaría que se quedó dormida con él puesto, quizás para estar alerta por si algo se presentaba. No pasó mucho tiempo para que la rubia también despertara, sorprendiéndose un poco de ver a su novia ya con los ojos abiertos y una sonrisa en su rostro.

—Buenos días, cariño —saludó—. ¿Cómo te sientes?

—Mucho mejor, gracias. —Con suavidad, Natsuki puso su mano sobre la de Yuuko, acariciándola de forma tierna—. ¿Qué tal tú?

—Apenas pude conciliar el sueño. —Yuuko dio un largo bostezo mientras hablaba—. Estaba preocupada por ti y que tu dolor volviera a intensificarse.

Natsuki entrelazó sus dedos alrededor de los de Yuuko. De una forma u otra había encontrado cierta satisfacción en estar del lado que recibe ayuda, especialmente porque su novia era quien le tendió la mano. Si bien lo habitual era que la joven Nakagawa ayudara en todo cuanto le fuera posible, cuando era ella quien necesitaba esa ayuda, la joven Yoshikawa no dudaba en intervenir.

—Gracias, Yuuko. Gracias por estar a mi lado. Gracias por elegirme sobre cualquier otra persona que pueda ser más digna para ti que yo.

—Yo no elegí enamorarme de ti —aclaró Yuuko.

—Pero sí elegiste dejarte llevar por tus sentimientos, pese a tu resolución de no estar con alguien que te molestara.

La rubia abrió sus ojos con asombro.

—¿Sabías eso?

Natsuki asintió.

—No recuerdo si me lo gritaste alguna vez o lo comentaste en una conversación donde estaba presente, pero eso se sumó a tu obsesión con Kaori-senpai en la lista de razones que mi mente tenía para no hacerme ilusiones contigo.

Yuuko retiró su mano del vientre de Natsuki y se incorporó, quedando sentada sobre el futon.

—¿Cuándo te diste cuenta de que yo te gusto de forma romántica? ¿Cuándo te enamoraste de mí? —preguntó.

Natsuki meditó por un momento.

—En algún punto de tercero de secundaria —respondió, dejando a Yuuko atónita—. De hecho, el día de nuestra graduación fue la primera vez que la idea de robarte un beso surcó mi mente, aunque la descarté temiendo tu reacción. Ni siquiera tenía claro que te gustaran las chicas en ese entonces. Me aferré al hecho de que nuestra relación de perros y gatos era mutua para estar a tu lado, intentando convencerme de que nunca tendrías sentimientos románticos hacia mí.

Yuuko se agachó y besó la frente de Natsuki. Sus labios permanecieron ahí por varios segundos.

—De una u otra forma, me alegra que tus sentimientos hacia mí no se debilitaran con el tiempo, que te aferraras a nuestra peculiar amistad en vez de alejarte de mí creyendo que lo nuestro no podría avanzar más. —Y sin permitir una respuesta, besó los labios de su novia. Ambas se fundieron en aquel beso suave, lento, tierno y cariñoso, sintiéndose felices de que sus sentimientos continúen en armonía. Aquel beso finalizó cuando el estómago vacío de Natsuki gruñó—. Que tengas apetito es una buena señal.

—Me pregunto si ya habrá algo que podamos comer antes de que abran el comedor —comentó Natsuki mientras tomaba la mano que Yuuko le ofreció para ayudarla a levantarse.


—Buenos días, señorita Nakagawa —saludó la esposa del dueño de la cabaña al ver a Natsuki y Yuuko acercarse al comedor—. ¿Cómo te sientes?

—Un poco hambrienta, pero mucho mejor, gracias.

—¿Te sigue doliendo?

—No, señora.

—Me alegra saberlo. De todas formas, si llegas a sentir que el dolor regresa o algún otro síntoma, por favor avísame.

—Entendido —respondió Natsuki.

—Además, te recomiendo que comas cosas ligeras, para evitar posibles resentimientos en tu musculatura abdominal.

—Descuide, doctora, me encargaré de mantener a raya a esta glotona —intervino Yuuko risueña.

—¿A quién llamas glotona? —reclamó Natsuki, fingiendo indignación—. ¿Olvidas que tú eres la más tragona de las dos?

—¿Según quién? Te recuerdo que tú siempre me derrotas cuando hacemos concursos de comidas.

—¡Eso es mentira y lo sabes! En ese aspecto también vamos empatadas en el número de victorias.

Mientras Natsuki y Yuuko discutían, la doctora negó con la cabeza y se alejó de ellas, notando cómo, pese a que el volumen de sus voces parecía indicar una disputa seria entre ambas, sus manos nunca se soltaron.

—¡Natsuki-chan, me alegra verte! —saludó Tsumugi al entrar junto a sus compañeras de banda al comedor—. Supe que estuviste enferma anoche, así que estaba preocupada.

—Ya estoy bien, gracias por preocuparte, Kotobuki-senpai.

—Dime Mugi —pidió la tecladista. Si bien su tono de voz era tan dulce como siempre, había algo que parecía intimidante.

—De acuerdo, Mugi-senpai.

—Así está mejor. ¿Podrás tocar en el concierto de esta tarde?

Natsuki fingió tocar una guitarra en el aire, luego sonrió.

—Creo que sí —respondió—. Seré cuidadosa para que no regrese el dolor, y mi ángel caído de la guardia también estará vigilándome.

—¿A quién te refieres con eso? —reclamó Yuuko.

—Obviamente a ti, chiquilla.

Viendo a Natsuki encogerse de hombros con una sonrisa burlona, Yuuko suspiró con pesadez, sin notar aún la mirada soñadora que Tsumugi les daba.

—¡Ya te he dicho que no me compares con Kaori-senpai!

Con suavidad, la joven Nakagawa acarició la mejilla de su novia, quien se relajó ante aquel contacto.

—Lo creas o no, Kaori-senpai no es el único ángel entre nosotros —aseguró.

—Ya lo sé. Tú también eres uno.

Estas palabras bastaron para ruborizar a Natsuki. Por su parte Tsumugi suspiró emocionada por presenciar esa escena, y tan enfocada estaba en esta que no notó que Ritsu estaba a su lado con actitud pensativa.

—Parece que esta vez sí te fijaste en una verdadera pareja —comentó con tono burlón, tomando a Tsumugi de la mano—. Vamos, princesa, que tenemos que desayunar.


Kana supervisaba los últimos detalles antes de dar inicio al concierto con el que se cerraba el campamento del club. Amplificadores, teclados, batería y micrófonos yacían sobre la tarima, listos para iniciar en cuanto la primera banda estuviera lista. Poco a poco iban llegando los miembros del club al auditorio, unos acomodándose en sus lugares, otros acercándose a la presidenta para hacer sus propias verificaciones. Una vez que todo estuvo listo, Kana se acercó a uno de los micrófonos.

—Buenas tardes, compañeros. Después de una semana de arduo trabajo…

—Arduo trabajo de costura el tuyo —bromeó Hatsuki risueño, provocando risas en sus compañeros de banda y quienes sabían de aquel gusto de Kana por los uniformes escolares.

—Arduo trabajo, decía —retomó la presidenta—, estamos listos para presentar los frutos que hemos hecho crecer. Más allá de solo prepararnos para tocar una canción, hemos establecido más lazos con personas con las que, de entrada, tenemos la pasión por la música como factor común. Me alegra mucho ver que no hubo roces entre ustedes y que, salvo por el pequeño contratiempo de una de nuestras chicas, no hubo nada malo qué resaltar. Muchas gracias por todo en este campamento. —En medio de un aplauso, Kana hizo una venia—. Sin más que decir, ya que sé que no vinieron a escucharme hablar, demos paso a sus interpretaciones. Recibamos a la primera banda con un fuerte aplauso.

Mientras los integrantes del club seguían esa indicación de la presidenta, el primer quinteto de la tarde subía a la tarima. Kaede estaba entre ellos, viéndose bastante confiada. Tras bambalinas, Natsuki veía entusiasmada aquella banda y su interpretación, siguiendo el ritmo con su pie. A su lado, Akiko lucía algo nerviosa.

—Estarás bien, Koizumi-san —murmuró cuando la banda sobre la tarima finalizó su presentación—. Sé que Asahina-san te entrenó bien.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó la sorprendida vocalista.

—Las escuché por ahí entrenando.

Akiko suspiró mientras las demás integrantes de la banda número 2 llegaban a su lado.

—Espero que mis viejos hábitos no aparezcan —susurró para sí misma mientras subía junto a sus compañeras de banda.

Una vez que todas estuvieron en sus puestos, Akiko suspiró y saludó a los demás integrantes del club, presentando la canción que se disponían a tocar. Natsuki tocó el arpeggio inicial, característico del tema, mientras la vocalista iniciaba su parte junto a los demás instrumentos. Su mente se dividía entre la letra y los consejos que Sora le recalcó durante la semana. Gracias a esto, las notas altas del coro fluyeron sin problema. Quiso sonreír cuando escuchó a la bajista haciendo segundas voces, pero habría sido inapropiado debido al sentimiento que la canción transmitía. Aun así, mientras Natsuki ejecutaba el solo de guitarra, se permitió ponerse espalda con espalda con su mejor amiga, agradeciéndole al volumen suficiente para ser escuchada por ella sin interrumpir el resto de la canción.

Finalizada su interpretación y tras agradecer al resto del club por sus aplausos, las cinco chicas bajaron de la tarima y chocaron las palmas entre ellas, felices de haber logrado una buena presentación.

—Estuviste bastante bien, Aki-chan —felicitó Tsumugi con una amable sonrisa—. También tú, Natsuki-chan. Estaba un poco nerviosa por ustedes dos, pero todo salió bien.

—Admito que también estaba nerviosa, pero los consejos de Sora me ayudaron bastante.

—Te dije que podías hacerlo —intervino Sora con una sonrisa—. Por cierto, Nakagawa-san, te noté un poco tímida con tus movimientos respecto a los ensayos.

—Bueno… —Natsuki rascó su nuca algo avergonzada—, tenía miedo de que el dolor volviera si hacía algún movimiento brusco, así que preferí limitarme en ese aspecto.

—Entiendo, entiendo. Buen trabajo a todas. Espero poder colaborar con ustedes de nuevo.

—Igualmente —respondieron las otras cuatro chicas.

De repente, un par de brazos envolvieron a Natsuki por la espalda, acariciando su vientre con suavidad.

—Yuuko, me haces sentir como si estuviera embarazada —protestó la guitarrista.

—Asumo toda la responsabilidad de ser el caso —bromeó Yuuko, besando en la mejilla a su novia—. Lo hiciste bien, estoy orgullosa de ti.

—Ahora es tu turno de lucirte. Suerte, chiquilla.

—Bueno, la banda número tres está a mitad de su presentación, así que aún tengo tiempo de prepararme —comentó la rubia, mirando al escenario—. Gracias, cariño, de antemano.

—Creo que es algo injusto que ustedes dos se estén robando el espectáculo —protestó Ayame, sacando de su burbuja a las dos tortolitas.

Finalizada la presentación de la tercera banda, Yuuko tomó aire y se dispuso a subir a la tarima. Caminando a su lado, Risa practicaba ejercicios de vocalización de forma discreta. Yoh, Makoto, Chiyo y Ritsu tenían una actitud más confiada tras ellos. Una vez que todos estaban en sus puestos, Risa presentó a sus compañeros de banda y se dispuso a entonar las primeras notas de la canción, respaldada por el teclado de Yoh y la guitarra de Yuuko. A comparación de los ensayos, la pronunciación de la vocalista mejoró, lo que ayudó a que su interpretación y los sentimientos que transmitía llegaran de mejor manera a quienes la escuchaban. Makoto también tuvo una mejor interpretación del solo, respaldado por la trompeta de Yuuko. Los aplausos no se hicieron esperar cuando la canción finalizó. La mirada orgullosa de Natsuki fue suficiente para que la rubia sonriera.

—Ahora es tu turno, Miyuki —afirmó al bajarse de la tarima, chocando los cinco con la bajista.

A diferencia de las bandas anteriores, donde el vocalista designado hizo las presentaciones, fue Yui quien tomó la palabra, tomándose bastante tiempo en presentar a sus compañeras al contar alguna que otra anécdota ocurrida durante los ensayos. No fue hasta que Akira intervino que la canción pudo dar inicio. Las dos guitarristas y la bajista armonizaron sus voces en la introducción, respaldadas por sus instrumentos. Akira cantó recordando a alguien con quien había terminado una relación sentimental meses atrás. Yukari golpeaba la batería con fuerza, sumada al sentimiento de la ruda guitarrista, lo que contagió a sus dos compañeras, en especial a Yui, que hacía las segundas voces con una intensidad impropia de ella. La canción finalizó con las guitarras en un feedback armonizado en medio del aplauso de los demás integrantes del club.

La sexta banda, donde Ranka participaba, tuvo algunos problemas técnicos. Uno de los pedales de efectos del otro guitarrista dejó de funcionar justo en el momento en que más se necesitaba. Si bien los demás integrantes lograron seguir adelante, este percance hizo que aquel chico, molesto, abandonara la tarima antes de que la interpretación terminara. Ranka cubrió sus partes lo mejor que pudo, pero quedó insatisfecha con el resultado final.

—Lo hiciste bien, Ranka —aseguró Maho, palmeando con suavidad la espalda de su compañera.

—Hubiera preferido que todo saliera como en los ensayos, pero gracias, Maho-senpai, y suerte con tu presentación. —Una tímida sonrisa acompañó estas palabras—. Por cierto, te queda bien ese uniforme.

—¡No molestes!

Pese al tono de voz de la mayor, ambas guitarristas sonrieron mientras caminaban con rumbos opuestos. Hibuki observaba esto ya acomodado en la batería.

Una vez que Maho se acomodó, Mio tomó la palabra, presentando a sus compañeros de forma austera. Su actitud cambió cuando la batería dio entrada al resto de los instrumentos, cantando más asertiva llevada por la música. Maho y Kana intercambiaban las partes de guitarra líder creando un efecto envolvente en estéreo, reforzadas por el teclado de Hatsuki. El tema finalizó en medio de aplausos y más de un comentario acerca de la vestimenta de esta singular banda.

Una a una, todas las bandas tuvieron su momento en el escenario, tocando las canciones que la presidenta les había asignado. Así concluyó este campamento, con su principal objetivo cumplido: crear y fortalecer los lazos entre los integrantes del club.