R.E.D.
-Oportunidad-
…
Esa era su compañía.
Ese era su destino, su futuro.
Y ya no había nadie ahí que pudiese mirarla desde arriba, que pudiese ser lo más mínimamente superior a ella.
Si, fue criada teniendo ya poder y riquezas en sus manos, su infancia estuvo decorada de oro, nació en una posición superior al resto de personas, ¿Alguien podía culparla por querer más?
Se vio soltando una risa, recordando su pasado, recordando lo mucho que se esmeró para mantener su máscara de la hija perfecta, de la heredera ideal, y no solo eso, si no que siguió adelante en sus intentos de que su padre creyese que tenía el control.
Control sobre ella.
Control sobre su futuro.
Control sobre su vida.
Y el pobre iluso creyó.
Fue toda una gran mentira, una gran manipulación, una perfecta estratagema, por supuesto que era así. Sus objetivos eran tener la compañía, el tener todo ese poder, el quitarle a él todo lo que tenía, y esa era la mejor forma de conseguirlo, el hacer que Jacques creyese en ella, confiase en ella, que pensara con todo su ser que tenía a su hija en su mano.
Pero no, ella tenía a su padre en sus manos.
Y luego, tuvo sus manos en el cuello de su padre.
Aun recordaba ese momento, esa sensación, esa euforia el tener a su padre ahí, en el suelo, retorciéndose por aire.
Y al final, eran parecidos.
Pero para la mala suerte de su padre, ella era mucho mejor que él, mucho mejor en todos los sentidos. Más fuerte, más hábil, más inteligente y mucho, mucho más fría que él, tenía la sangre fría, la mente fría, y por eso pudo matarlo con sus propias manos.
Y por supuesto, no podía no reiterarlo, ella era valiente, no como él, como el cobarde que era.
Era un hombre débil, y ella jamás cometería los mismos errores que él cometió, jamás.
Llegó a su piso, a lo más alto de la compañía, y se bajó del ascensor, sintiéndose capaz ahí dentro, como los empleados a penas la veían de reojo, agachaban la cabeza, mantenían su posición pasiva, sumisa, porque eso eran, inferiores a ella, y ya les había demostrado que no iba a aceptar que no la mirasen como merecía, porque ahí, era la nueva reina, y no iba a dudar en destruirle la vida a quien sea que se atreviese a decir cualquier cosa en su contra.
No lo aceptaba de humanos, mucho menos de animales, así que ya les había dado el ejemplo.
Se detuvo cuando su secretaria llamó su atención, diciéndole que alguien había solicitado una reunión, que alguien estaba dentro de su oficina.
¿Realmente esa mujer inútil había dejado entrar a un extraño a su oficina?
Si algo salía mal de eso, ya sabría a quién cortarle los dedos, y terminaría tal y como la persona que anteriormente ocupó ese puesto.
Avanzó, entró por la puerta de su oficina, y se sentó en su silla tras el escritorio. Sabía que había alguien ahí, pero su presencia parecía casi inexistente, como un mueble más, y lo corroboró cuando vio a una mujer, evidentemente artificial, en una de las esquinas de la habitación, inerte como una estatua. Le llamó la atención tanto la similitud que tenía con un Grimm, así como con su uniforme cuidado y pulcro, similar al de la milicia, si es que no era exactamente uno de la milicia.
Y sintió asco de inmediato.
Como detestaba a esos perros asquerosos, incluso peores que los sucios animales, los aniquilaría a todos.
El androide femenino de cabellos pelirrojos se acercó hasta quedarse parada en frente de su escritorio, mirándola con sus ojos rojos, sus ojos robóticos, y la tensión en su cuerpo no cambió, manteniendo la postura militar, hasta que movió una mano frente a su pecho, dándole una reverencia.
"Mi ama desea hablar con usted, señora Schnee."
Si la gente supiera el estado de su marido, encerrado en casa, apenas cuerdo, viéndose obligado a beber para olvidar su propia realidad, todos dudarían en llamarla señora, pero lo aceptaba, era lo que tuvo que hacer para seguir con su fachada, y no se arrepentía, no es como que ese saco de carne pudiese entrometerse en sus objetivos.
Además, tener a un perro de la milicia bajo su poder, amarrado a ella de por vida, sufriendo constantemente bajo su propio techo, no dejaba de emocionarla.
Respiró profundo y se dejó caer en la silla, el androide no la dejó de mirar ni por un momento, expectante, esperando pacientemente su respuesta.
"¿Se puede saber quién es tu ama? Imagino que sabe que mandar a su juguete aquí es una mala decisión, tengo a varios como tú apilados en una torre de basura a las afueras de Atlas."
"R.E.D."
El androide habló, sin pensárselo.
Había oído esa sigla.
O más bien, era una clase de rumor, un secreto a voces, sobre todo en las grandes esferas. Supo que su padre había sido contactado para formar parte, o más bien, para colaborar, pero al parecer se negó, y por lo que sabía, había hecho bien. Esa organización parecía ser el causante de muchos alborotos, moviéndose en las sombras, y teniendo más secuaces de los que se hacían ver, y conociendo a su padre, este no tendría las agallas para participar en algo así de grande y peligroso.
No sabía que significaban las siglas, pero había escuchado de una posibilidad.
R.E.D.; Remote Execution Division, División de Ejecución Remota.
Y con las muertes que se presentaban ante ese nombre, tenía sentido, y el hecho no le sorprendía para nada, estaba acostumbrada a ese mundo, incluso a usar sus propias manos, como más lo prefería, así que no se echaría las manos a la cabeza, sin embargo, si le llamaba la curiosidad de qué es lo que esa organización quería con ella, ¿Por su dinero? ¿Su posición social? ¿Su poder?
Era una lástima que R.E.D. hubiese contactado a su padre primero, porque se sentía agrio que ahora viniesen por ella, era la segunda opción, pero no importaba, tenía claro que era imposible encontrar a otra persona como ella, tan capaz como ella, que no cometía errores estúpidos.
"Debo admitir que estoy ligeramente interesada en escuchar la propuesta de tu dueña."
El androide asintió, y los tentáculos detrás de esta comenzaron a moverse, en sincronía, hasta que su cuerpo se tensó, se puso firme, y luego se relajó. Notó como ya no era el robot, al menos no quien comandaba ese cuerpo de hojalata. Ahora era nada más que un contenedor para quien decía ser su dueña.
Notó una sonrisa en el androide de cabellos naranjas, su postura volviéndose más humana de la que tenía hace un momento, pero tampoco lo suficientemente humana para verse natural, real. No sabía a quién veía ahí, quien usaba el cuerpo aquel, pero sabía que no era una persona cualquiera.
No era solo un peón.
"Un placer conocerla, señora Schnee."
La voz era diferente, ya no era la del androide, era una voz más grave, más capaz, más humana.
Se cruzó de brazos y piernas mientras miraba al androide frente a ella, sintiendo la ira poco a poco aumentando, pero por supuesto que debía mantenerse en control, ya que, si de verdad se trataba de alguien importante en una organización criminal como aquella, debía escuchar y callar, porque bien podía tener mucho poder, pero sabía que R.E.D. también, y no perdería todo lo que consiguió durante esos años de trabajo duro por un error de principiante.
Sin embargo, no le agradaba la situación, en lo absoluto, y no iba a callarse al respecto.
Ya no podía callarse, no más.
Había destruido vidas por menos.
"Encuentro ciertamente injusto que una desconocida aparezca frente a mí, usando una imagen ajena, me parece incluso un insulto de su parte."
Escuchó a la mujer dentro del androide soltar una risa mientras negaba, su postura más relajada, sí, pero los brazos se posicionaron tras su cuerpo, y odiaba ese gesto, le recordaba al pútrido de su padre.
"Tiene razón, es un insulto de mi parte, pero no con la intención de serlo, mis disculpas. Puede llamarme Ruby, soy la líder de la organización R.E.D., y por lo que noté, no es ajena a ese nombre. Ahora estoy a varios kilómetros de su posición, así que mandé a mi mascota a que le diese una visita."
El androide tenía una sonrisa frenética en su rostro, frenética pero calma al mismo tiempo, contenida por el robot, y le causaba disgusto el ver una expresión así en una máquina, o más bien, el solo ver una máquina era suficiente para exaltarla. Le recordaba a su hermana, a la perra esa que vivía siendo nada más que un cascarón vacío, creyéndose superior al resto, y como deseaba romperla en pedazos tal y como hizo con su padre.
Soltó un suspiro, enfocándose en la conversación.
"Espero que sea la verdad y no una excusa por su falta de valor para pararse frente a mí."
El androide negó de nuevo, las manos firmes tras su espalda, inflando el pecho, creyéndose también superior, y esperaba mantener la cordura suficiente para no destruir a esa persona, o a su contenedor.
"Creame que la cobardía no es una característica que me defina."
Soltó un suspiro pesado, levantándose del asiento, poniéndose a la altura del cuerpo artificial frente a ella, sintiendo la madera de su escritorio en sus manos, la ira sobrepasándola, al parecer no se estaba conteniendo correctamente.
Odiaba que se mostrasen superiores, solo la alentaba a hacerlos caer de rodillas, sea quien sea.
"Seré directa, no tengo ni el tiempo, ni la paciencia, para escuchar a una desconocida que no tiene la decencia de aparecerse en persona."
Notó como los ojos robóticos la miraron con cierta sorpresa, hasta que esta volvió a sonreír, soltando una risa en el proceso, pero no parecía molesta con su arrebato.
"Imaginé que sería el caso. Así como usted, yo también soy una persona ocupada, por eso tome la decisión de mandar a mi sirviente para comprobar si la cabeza de la compañía Schnee estaba dispuesta a hacer un trato conmigo, o si no, el mostrar mi verdadero rostro sería un peligro para mí misma, así como mi misión."
Entendía su punto.
Era la cabeza de una organización criminal, y si no estuviese segura de que fuese a colaborar con esta, pondría en peligro su pellejo. Sabía lo que era eso, lo complicado que era exponer los secretos, las intenciones, las matanzas, ella misma debía tener eso en cuenta cada vez que se dejaba llevar por sus emociones.
La mujer la miró, expectante, y tuvo que calmar la ira en sus manos, como si están deseasen tomar las ropas militares del androide y romperlas en pedazos.
Eso mismo quería hacer con las ropas de su hermana, y de paso, rasgarle la carne con las uñas.
"Puede hablar con mi secretaria y pedirle que le agende una cita cuando le acomode aparecerse por la ciudad, estaré abierta a escuchar cualquier ofrecimiento que tenga que hacerme, y espero que no venga con su pedazo de hojalata, me pone histérica."
Los ojos del androide se fueron a sus ropas, y parecía notar cierta diversión en el rostro ajeno. Si, eso parecía, la mujer tras el metal estaba divirtiéndose, buscando adherentes para seguir con el caos, con el plan maestro bajo su manga.
Se preguntaba a veces, ¿Cuál era el punto de aquella organización? Y ahora empezaba a creer que no era el poder, el dinero, la fama, como otras personas desearon alguna vez, no, parecía solo querer más caos, más sangre, más muerte.
Poco a poco creando el plan perfecto para que todo se cayese a pedazos.
¿Eso le convendría a ella?
Quería pensar que si, era una oportunidad para tener más poder, y no la desaprovecharía como su padre lo hizo, y, de hecho, si no supiese que este se negó, tal vez dudaría más, pero le gustaba llevarle la contraria a su padre, el hacer lo opuesto. Si él siempre perdía, entonces el hacer lo contrario, la haría ganar.
Cuando los ojos rojos la miraron, su sonrisa parecía satisfecha.
"Al parecer tenía razón, ambas tenemos un enemigo en común."
Esta soltó una risa mientras se levantaba erguida, pasando las manos por el uniforme, arreglándolo, dejándolo impoluto solamente para enfatizar su punto, y, por su parte, no le dijo nada.
No conocía nada de esa mujer, ni siquiera conocía su rostro, no sabía absolutamente nada, solo rumores acerca de lo que esa organización hacía entre las sombras, sin embargo, esa mujer si la conocía a ella, sabía más de lo que dejaba ver, y se sentía abrumador el darse cuenta de que alguien en el mundo la conocía lo suficiente para saber a quienes odiaba, para saber a quienes quería muertos, para saber cuáles eran sus intenciones más secretas y despiadadas, y que aun así, decidiese pararse frente a ella.
Pero eso no tenía por qué ser malo, quizás podría llegar a ser hasta beneficioso.
Se ahorraba tiempo en conversaciones burdas, y podrían llegar al punto mucho más rápido.
"Espero verla pronto, señora Schnee."
Y así, el cuerpo del androide volvió a retorcerse, hasta volver a su postura del comienzo, militar, y sintió rabia de inmediato. Al menos esta no le dijo nada, simplemente dándole una reverencia antes de salir por la puerta, dirigiéndose donde su secretaria.
Por su parte, volvió a sentarse en su asiento, sintiendo un sabor extraño en su boca.
Se estiró para abrir uno de sus cajones, sacando un vaso desde adentro, para luego tomar la botella de Whisky, llenando el vaso.
Tomó un largo trago, sintiendo el ardor consumiendo su garganta, adormeciéndola, y siempre recordaba el trago que tomó cuando decidió casarse, el trago que tomó cuando decidió tener un hijo, el trago que tomó cuando encerró a su madre, el tragó que tomó cuando mató a su padre, y ahora tomaba otro trago, sabiendo que iba a volver a hacer algo que la beneficiaría.
Algo que le haría tener aún más poder.
Había aprendido a no desaprovechar las oportunidades que tenía en frente, sobre todo si tendría una ganancia al final del día. Siempre quería más, y estaba dispuesta a manipular a las personas para conseguirlo, y si ya no le eran útiles, se desharía de ellas. No tenía miedo de nada ni de nadie. La pregunta era, ¿Esa desconocida la manipularía a ella o ella a la desconocida? Le parecía incluso iluso de su parte imaginar la situación donde ambas saldrían beneficiadas, y quizás estaba acostumbrada a que esas relaciones siempre terminaban con ella destruyéndole la vida a la otra persona, para que dejase de estorbarle, como hizo con su querido marido.
Pero tenía la sensación de que destronar a esa mujer sería más difícil de lo que fue deshacerse de las otras personas en su vida. No sabía si era el instinto de supervivencia aflorando, o la sensación de desafío encendiéndola por dentro.
Tomó otro trago, el líquido volviendo a quemar su garganta, así como ella quemó la garganta de su padre.
No sabía que oportunidad se le presentaría ahora, pero no podía simplemente ignorarlo.
Solo quedaba esperar.
Ya quería saber que tenía R.E.D. entre manos, y lo que ella ganaría de todo esto.
Si ganaba, entonces haría lo que sea.
