DRAGON CASTLE

-Codicia-

"Creo que no pensé bien esto."

Se acomodó en el mesón de la cocina, esta en el primer piso de la posada donde llevaba viviendo desde que llegó al pueblo. No era demasiado tarde, pero lo suficiente para que no hubiese nadie ahí, ni tampoco sentía mayor barullo.

Los días ahí empezaban temprano, y acababan temprano, apenas cuando oscurecía y se volvía más helado. Giró su torso, mirando por la ventana, viendo las calles desiertas, oscuras, nevadas, solo los faroles alumbrando las entradas de las casas, y ya ni siquiera había luna para darle más brillo al lugar.

Volvió a mirar el horno frente a ella, recordando porque estaba ahí.

Si, quería hacerle algo a Weiss, sin embargo, no sabía que podía hacer. Había comprado varias cosas por la mañana, dispuesta a improvisar, pero ahora se sentía sin ideas.

Zwei la miró desde abajo del mesón, soltando un lloro triste.

Él tampoco tenía ideas.

Cerró los ojos, pensando en algo que fuese delicioso.

Cuando estuvo perdida en altamar, se encontró con varias creaturas marinas dando vueltas, y en ese momento, necesitaba comer. Tuvo que prepararse, preparar todas sus habilidades para cazar en un lugar que no era su territorio. Y solo necesitaba llamar la atención de cualquier ser que pasara cerca, y así tenerlo a su alcance.

Tal vez se había acostumbrado a usar su sangre para atraer a las que serían sus presas, y ahora que lo pensaba, no era lo más inteligente, y si no fuese por su Aura, estaría marcada por todos lados, con cicatrices por doquier, y probablemente muerta. Pero no era de sus peores decisiones, así que se perdonaba a sí misma.

Si que había cometido errores en su vida, y morir nunca fue algo a lo que le temió.

Aun recordaba cuando la cola escamosa se movió alrededor en su pequeña embarcación, con la intención de hacerla caer, y no dudó en saltar al agua antes de que lo lograse, sin su guadaña, y si, fue tonto, pero era preferible a quedar sin bote y tener que nadar hasta el continente más cercano, así que tuvo que improvisar y usar dagas para poder llevar a cabo su acto.

La cabeza de la creatura era imponente, pero ahora que había visto la de un dragón, ya nada le parecía impresionante. Estuvo minutos eternos bajo el agua, enterrando las dagas en la cabeza de la serpiente marina, y casi muere ahogada en el intento, pero cuando flotó a la superficie, su cuerpo por inercia intentando salvarse, notó como parte del cuerpo de la bestia se había enrollado en su cuerpo, dejando heridas en su piel por las filosas escamas, pero ya no hacía mayor fuerza.

Y esa fue, sin duda, una de las carnes más deliciosas que había probado.

Ahora que lo pensaba, no sabía con seguridad si la carne de la creatura era deliciosa o solo era el hambre insoportable que le hizo creer eso.

Rayos, ya no estaba segura de nada.

Y ya no sabía si culpar a su mala memoria o simplemente a sí misma.

Bueno, ella misma se provocó eso…

Como sea, ahí no encontraría una de esas creaturas, y el mar aún estaba muy agitado por las tormentas para siquiera acercarse, así como las costas se habían congelado. Además, Weiss le dijo que no comería algo que cazó…

Así que volvía al inicio.

A todo esto, ¿Qué comen los dragones?

Las historias de su madre eran interesantes, sí, pero no había escrito suficientes de los dragones, nada relevante, y para el resto de personas, eran nada más que leyendas, ya ningún humano se encontraba con uno, eran muy escasos, claramente desapareciendo en aquel mundo a pesar de su evidente longevidad. Lo único que sabía, y sabía a medias solo por las historias, era que comían cosas brillantes, y humanos.

Se sintió arder.

Ofrecerse de esa forma no debía ser lo ideal.

Respiró profundo, dejando caer la cabeza en la fría ventana, pensando un poco más, intentando recolectar la mayor información posible de su cabeza.

Si Weiss podía tomar café, significaba que podía comer granos, y si podía comer granos, significaba que podía comer cereales. Asumir todo esto dolía de cierta forma, y realmente necesitaba saber más de la dragona, quería saber más. Probablemente fuese una creatura omnívora, y si rechazó la caza, o fue por asco de la bestia que mató, o porque comer cosas que estuvieron vivas no le apasionase demasiado.

O quizás estaba acostumbrada, y no la iba a juzgar por eso, al final, matar a otros era la única forma de sobrevivir, además, Weiss tiene dimensiones enormes y claramente necesita mucha energía, y si ella misma se había devorado una serpiente de mar, no le sorprendería que Weiss cazara sus presas de vez en cuando, de todas formas, un mordisco y se acabó.

Se puso manos a la obra, decidiendo usar todo lo que tenía a mano, como harina, frutas, huevos. Hacer algún pastel sería interesante, o más de uno, tal vez con diferentes ingredientes, eso sería agradable de comer con un café caliente. Pensó en llevarle comida caliente, pero era imposible que se mantuviese como recién hecha luego de subir la montaña con el frio horrible que corría por la zona.

Cierto, el frio.

Tenía que hacer algo respecto a eso, ya no quería volver a tener un accidente como ese. Había quedado malherida muchas veces en su vida, su cuerpo regenerándose luego de algunas horas de descanso, pero con ese frio y con esa nieve, le sería una tarea imposible, y en ese momento, no debía morir.

Aún tenía cosas que hacer, objetivos que cumplir.

Además, ¡Una dragona la estaba esperando!

Al parecer iba a ser una noche larga.

Caminó por el sendero habitual, este completamente borrado ante las nevadas. Aun veía las nubes tormentosas dando vueltas, así como los truenos resonando en la costa, avanzado hacia el océano. Realmente no podría salir de ese continente, aunque quisiera, el desierto tendría que esperar. Afirmó bien su mochila, sintiendo el peso ajeno del jarrón de café y los diferentes pasteles que horneó, esperando que la dragona le diese su opinión.

Pero no tenía frio.

Miró a Zwei, este caminando a su lado, en calma, con su ropa de cuero puesta, ahora con ciertas modificaciones, así como unas pequeñas botitas que le hizo. No lucían tan bien como esperó, pero considerando lo mala que era para esas cosas, había quedado mejor de lo que debería. El hielo ya le estaba lastimando las patas, y eso no era bueno. Aprovechó de sujetar bien el pelaje sobre sus hombros, el pelaje que recolectó de la cacería nocturna, y ya se sentía entrar en calor rápidamente.

Debió conseguirles a ambos más abrigos antes, al menos antes de terminar casi muerta en la nieve. Pero bueno, más errores en su lista, no le sorprendía. Era parte de su personalidad a esta altura.

Cuando llegó al castillo, lo notaba ciertamente lúgubre, así roto como estaba además de las nubes oscuras sobre este. La última vez era de noche, así que no pudo ponerle demasiada atención a su alrededor, pero ahora si podía. Si, lúgubre y lo que sea, pero no era suficiente para mermar su emoción. Siempre se sentía animada cuando llegaba ahí, cuando sabía que vería a la dragona.

Le sorprendía su propia euforia.

Hace años que no tenía una obsesión así, y esta era bastante sana en comparación, si es que no se contaba el hecho de que Weiss podría matarla.

Entró por la entrada maltrecha, y pasó por los pasillos, por las habitaciones, hasta llegar al gran salón. Weiss ya estaba ahí, acostada sobre sus patas, su hocico apoyado contra el suelo, y se veía en una pose relajada, como si hubiese estado durmiendo, solo que sus ojos estaban bien abiertos, al parecer escuchándola, las pupilas siendo nada más que una fina raya en el mar celeste.

Si, sabía que esa mirada era intimidante, aun así, se sentía avergonzada con la atención.

¡Un dragón la estaba esperando!

"Hola, Weiss."

La saludó, intentando calmar su propio nerviosismo.

La dragona la observó, sin decir nada, sin pestañear, su pupila incluso más pequeña que antes. Luego movió su cabeza, levantándola, el cuello permitiéndole moverse sin la necesidad de mover el resto de su cuerpo que seguía cómodo sobre el suelo, recostado.

Ahora sintió esa mirada, pero desde lo alto.

Ya no sabía si era el pelaje extra abrigándola o su rostro.

Un momento…

¿Se estaba sonrojando? Guau, eso sí era extraño. Debería estar asustada, ¿No? Al parecer le estaba afectando el frio más de lo que creía. O sea, era imposible que fuese…

Hueles bien.

Oh.

Si, ahora si estaba roja.

Se vio soltando una risa nerviosa mientras se movía, mientras se sacaba la gran mochila de la espalda y la dejaba en el suelo, abriéndola en el acto. Probablemente el jarrón de café también estaba influyendo en hacerla hervir.

"Te traje muchas cosas para que pruebes. No sabía si tenías alguna preferencia o si algo no te gustaba, así que hice de todo lo que se me ocurrió."

Le dijo, intentando recuperar la compostura.

Esta giró el rostro, su mirada manteniéndose.

No, probablemente no iba a recuperar su compostura, nunca.

¿Café?

Esta le preguntó, y se vio riendo.

Oh, por supuesto, esa era la mejor forma de atraer a un dragón.

"Solo me quieres porque te traigo café."

Le causó gracia el bufido que la dragona soltó, mientras la miraba ahora con cierta molestia en su rostro escamoso, pero rápidamente cambio de expresión, y ahí escuchó el estallar de magia y chispas, dejándola ciega por un momento.

Cuando pudo ver, esta estaba en su forma humana, tan abrigada como la última vez. Ahora se sentía menos intimidada por lo pequeño de su cuerpo, pero sus ojos seguían dándole la misma reacción. Esta se agacho frente a su mochila, sus manos dando vueltas, y lo primero que hizo, fue sacar el jarrón de café, sosteniendo el hierro en sus manos. Eso debía estar ardiendo, pero a Weiss no parecía importarle, siempre parecía agradecer las cosas cálidas a pesar de ser un dragón de esa zona.

Esta parecía feliz ahí, sujetando el jarrón, olisqueando el contenido, y lo sabía porque su cola empezaba a serpentear de un lado a otro, y de nuevo le parecía adorable pero no debía decir esa palabra, quería vivir.

Lo menos que Weiss le haría si la llamaba así, sería echarla para siempre.

Ambas se sentaron, y comenzó a repartirle los diferentes pasteles que hizo.

Tenía hambre, sí, su cuerpo aun exhausto por desvelarse y por la larga caminata, pero se vio concentrándose en Weiss, en como recibía cada pedazo y lo probaba sin problema, sin quiera cuestionarse de que era, así que si, omnívora sí que era, eso la dejaba tranquila, no quería darle algo y le se empezara a morir.

Si, se suponía que su deber era matarla, o al menos así fue cuando la conoció, pero ahora no tenía ni el más mínimo interés en hacer eso, no por nada la había rescatado aquella vez.

Se vio sonriendo.

Ahora se habían rescatado mutuamente, eso se sentía bien.

"¿Qué te parecen?"

Los ojos celestes la miraron a penas le preguntó, estaba terminándose de comer el que podía ser el tercer trozo de pastel. Claramente el apetito de dragón seguía ahí, aunque su cuerpo se hubiese reducido en tamaño. Antes de contestar, esta se fue a buscar su jarrá de café, dándole un largo sorbo, no sin antes olisquear el contenido.

"Tienes mejores habilidades de lo que creí. Este último me ha gustado más, no es tan dulce."

Ya sabía que la dragona no apreciaba las cosas muy dulces, así que lo tuvo en mente cuando mezcló los ingredientes, aun así, lo que para ella era desabrido, para la dragona seguía siendo dulce. Había una gran diferencia entre las papilas gustativas humanas y las de un dragón.

Oh.

Un momento… ¿Eso fue un cumplido?

Se vio riendo como una tonta, emocionada y feliz.

Recibir un cumplido de un dragón debía ser su mayor reconocimiento en todos esos años. No el reconocimiento que esperó, pero lo aceptaba humildemente.

"¿De qué te ríes?"

La dragona le preguntó, los ojos celestes mirándola de nuevo sin pestañear, y se vio sonrojándose de nuevo, al parecer era demasiada felicidad que podía ser malinterpretada.

La miró de vuelta, y le sonrió.

"Te cocinaré cuando quieras, Weiss."

La mujer frente a ella la miró con cierta sorpresa, y luego notó una sonrisa en esa, una engreída, poderosa, y ni siquiera tenía que darle esa expresión para saber a ciencia cierta que era poderosa, de todas formas, era un dragón.

"Ten cuidado con esas promesas, que los dragones somos seres muy codiciosos."

Oh, ¿Eso significaba que con eso iba a tener que cocinarle para siempre?

Se quedó pensando en eso un momento. ¿Era esa una excusa perfecta para volver a subir a la montaña? ¿Para seguir pasando tiempo con la dragona? ¿Para seguir visitándola?

Si, sabía que tenía cosas que hacer, que tenía objetivos, que tenía que darles caza a esas personas, buscarlos, encontrarlos, y hacerles pagar por lo que hicieron, y así detenerlos de una vez por todas. Si, le había prometido a su madre y al pueblo que lo haría, que cambiaría, que dejaría de ser quien era y enderezaría su camino, que enmendaría sus errores, sus fallas, su comportamiento, al cazar a esas personas, a esos asesinos…

Sin embargo, tal y como hace años, quiso tirar todo lo que se prometió por la borda. Quiso ahogarse en su propio placer, en su propio egoísmo una vez más. No tenía tanta voluntad como su madre, de eso estaba segura, a pesar de no recordarla, por lo mismo caía tan fácilmente en los pequeños placeres.

Aunque considerar un dragón un pequeño placer era sin duda errado.

Tal vez también era una persona codiciosa.

No había cambiado nada en esos años, después de todo.

Se vio riendo de nuevo, disfrutando, sin querer abandonar un poco de felicidad, el poco de felicidad que ya no sentía, que olvidó como se sentía.

"No me molestaría cocinarte por siempre."

Por siempre.

Se sintió hervir a penas lo dijo.

Notó sorpresa en los ojos celestes de la versión humana de la dragona, rostro el cual parecía inmóvil siempre, menos expresivo que con las escamas, pero ahora sí que podía ver su expresión llena de sorpresa.

No se esperó una declaración así, y ella misma, tampoco.

Si, hundiéndose en el placer, ahogándose en la felicidad, ya que sabía bien lo poco que eso duraba, lo fugaz que era.

Escuchó un bufido salir de la dragona, pero no notó su rostro, su cabello ahora tapando parte de este. Su cuerpo estaba relajado, y ahí podía notar que esta no estaba realmente fastidiada, podía leer bastante bien su lenguaje no verbal.

"Realmente eres un humano agobiante."

Esa frase, le recordó cuando vino a traerle café la primera vez, donde le dijo que vendría más seguido, y ahora volvía a prometer algo así.

Esta le dijo lo mismo esa vez, pero a pesar de eso, se mantuvo a su lado, volvió a pedir más, decidió aceptar sus visitas, y ahora no parecía ser diferente. No había amenaza como la primera vez, lo que significaba que hablaba en serio, ahora no, ahora la aceptaba ahí, y sintió su pecho apretarse, sus latidos golpeando su tórax.

Se sentía extraño, el sentirse así, o sea, creyó que no se sentiría así de nuevo, que no podría sentirse así de nuevo.

No después de ella.

Pero, ¿En serio le estaba pasando? ¿Con un dragón? Si que era estúpida. Ni siquiera cuando pasaba cada día de su vida con poca lucidez mental tuvo pensamientos así de extremos. Si, ahora se sentía menos lucida que nunca, y no había nada en su cuerpo que incitara ese estado como antes.

Si, había enloquecido.

Sus ojos siguieron observando a la dragona a su lado, o a la versión humana de esta, y se seguía impresionando de sí misma.

Había pasado muy poco tiempo, pero si no recordaba mal, así fue la primera vez.

Oh. Oh no.

La iba a matar, si.

Weiss la iba a matar si se enteraba.

No, no se podía enterar, no podía decirle, ¿Cómo le iba a decir? Iba a ser aquel el peor insulto que le podría dar a un ser prácticamente omnipotente. Una mordida, y adiós Ruby Rose. Iba a terminar mal, muy mal.

No, debía pensarlo bien, probablemente solo estaba cansada, hace solo unos días prácticamente muere, y tal vez su cuerpo seguía sin recuperarse de buena manera al ataque aquel, y apenas había dormido.

Si, debía ser eso.

Por supuesto.

"Deberías comer tú también, descuidas demasiado tu salud para ser mortal."

Dio un salto, saliendo de sus pensamientos, los ojos celestes ahora mirándola, molestos.

Cierto, era verdad.

Llevaba años descuidando su salud, ahora que lo pensaba, era parte de su personalidad, como lo de cometer errores, ¿O era eso también un error más? No lo sabía.

Conectó de nuevo con los ojos ajenos, y sentía que últimamente su cabeza estaba dando muchas vueltas, pero mirar a Weiss, o pensar en Weiss, la ayudaba a concentrarse más en el presente, y eso era sin duda algo bueno, algo agradable, otro placer en el que estaba dispuesta a hundirse, por la codicia, por la breve felicidad, así que le sonrió, agradeciéndole.

Weiss preocupaba por ella, a pesar de todo, a pesar de ser solo un humano mortal y agobiante.

Se sentía afortunada.

Especial.

Llena.

Se sentía mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo.

Si, era codiciosa, sin duda alguna.