GRIMM REAPER

-Decisión-

Ya no había soledad.

Ya no había desesperanza.

Ya no había tristeza.

No, ya no era así.

Se sentía renovada, si, así se sentía desde hace tiempo, y si, era una eternidad.

Como adoraba la eternidad.

A veces se preguntaba como hubiese sido su vida de no haber aceptado el trato que La Muerte le ofreció. Obviamente sabía lo que eso causaría, como tendría que lidiar con las consecuencias de sus actos, como los enemigos de su familia la tomarían a ella, la harían pagar por los pecados de su padre, lo tenía claro, era lo más obvio, por lo mismo decidió irse, desaparecer. Por supuesto que su vida luego de matar a su padre tendría puntos malos, pero a veces pensaba en los buenos, como el tener a su familia de nuevo, sin su padre interviniendo, convirtiéndolos a todos en enemigos.

¿Hubiese dejado de sentirse sola de ser el caso?

Con su madre.

Con su hermano.

Con su hermana.

Quería pensar que si, que así hubiese sido, pero quizás era ingenuo asumirlo, al final del día, era una asesina, y si bien podría ser considerada un mártir, una víctima de su padre, así como una heroína para quien hubiese sido sometido a los maltratos de su progenitor, eso no quitaba que sus manos estaban llenas de sangre, porque tomó el camino de la muerte antes de siquiera convertirse en la misma.

Pero no tenía opción alguna, matar o morir.

"A veces no hay opción, es matar o morir, y a veces debes ser lo suficientemente fuerte para decidir vivir, para pagar las consecuencias de vivir."

Ruby habló, su voz sonando ronca al tener la máscara, pero a pesar de la distorsión, llevando tanto tiempo ahí, se había acostumbrado, de hecho, le sorprendía aún más cuando esta se la quitaba para hablarle, a costa de su propio sufrimiento.

Esa chica siempre la hacía preocupar, pero le sonreía, y no podía evitar perdonar sus actos despreocupados.

Asintió, moviéndose, caminando por el vacío, moviendo la guadaña en su mano, preparándose para partir, para iniciar un nuevo viaje, una nueva visita, La Muerte visitando a la humanidad, visitando el mundo bajo sus pies, o sobre su cabeza.

Antes de ser interrumpidas por la llamada del mundo, estuvieron hablando de sus vidas humanas, o más bien, de la propia. Ruby no tenía recuerdos de aquellos años, décadas, siglos a su lado, pero si las sensaciones, así que, por lo mismo, se pusieron a hablar de eso, a pesar de que el tópico hubiese aparecido más de una vez en ese tiempo.

Quizás ya se estaba repitiendo en las historias cual adulto senil, no creía que su cabeza funcionase tan bien como en antaño, pero Ruby la escuchaba con atención, siempre teniendo una palabra para decirle, con consejo, apoyo infinito.

Y adoraba aquello.

"No creo que hubiese tenido la fuerza para pagar las consecuencias de mis actos."

Habló, el portal abriéndose frente a ellas, mostrándoles el camino.

Si, dudaba tener la fuerza, ni siquiera ahora creía ser capaz.

Hubiese estado tras las rejas, donde merecía estar, encerrada, en otra jaula, bajo llave, en la oscuridad, alejada de todos, de todo, sin la posibilidad de ver el mundo, y ni siquiera sabía por cuanto tiempo, pero estaba segura de que solo unos años no serían suficientes para pagar por sus actos. Y si, hacer lo que hizo, era repudiable, cualquiera repudiaría el asesinar a su propio progenitor, sin embargo, estaba segura qué, la gran mayoría de personas harían exactamente lo mismo de estar en su situación.

O peleaban de vuelta, o perecían, nada más.

Pudo sentir la mano pequeña de Ruby en la suya, sujetando su mano libre, esta sintiéndose más tosca de lo que de verdad era al tener aquellos guantes puestos, y así era con su cuerpo en general, su ropa más grande de lo que su cuerpo detenido en el tiempo era.

El tacto le traía tranquilidad, le traía felicidad, era su hogar, Ruby era el lugar al cual llegaba, al cual quería llegar siempre, y por supuesto que se aferró de igual forma, sin querer perder ni un segundo de su existencia lejos de esa sensación relajante que sentía apenas rozaba el cuerpo ajeno.

Bajó el rostro, mirando a los plateados, estos brillantes, juveniles, vivos, a pesar de haber cambiado durante ese tiempo en el abismo, haciéndose más inhumanos con los años, pero seguían teniendo aquella luz, irradiando con fuerza, y podía perderse en esos ojos las veces que fueran necesarias, sobre todo ahora, que se parecían aún más a los ojos que recordaba, con los que compartió tanta eternidad.

Eran personas diferentes, pero las amaba a ambas por igual, era esa alma a la que estaba conectada, y no importaba cuantas caras pudiese tener, sabía que estaría siempre atraída a esos ojos, a esa existencia, por otra eternidad más.

"En tus tiempos solían encerrar a las personas que hacían aquellos actos, ¿No? Si estuviste toda tu vida encerrada, no te culpo por rehusarte a escoger el mismo destino."

Vivir en encierro.

Era gracioso, porque en sus más oscuras fantasías, cuando el dolor, el miedo, el sufrimiento era demasiado, solía pensar en matarlo, en que era la única forma de lograr escapar de ahí, y pensó, en más de una ocasión, que terminaría encerrada de nuevo, y en ese entonces, no le importó demasiado el estar encerrada, porque al menos no estaría encerrada con su padre en el mismo lugar.

Pero cuando Ruby apareció, le hizo dar cuenta que no podría liberarse de su padre, que siempre habría alguien quien querría abusar de ella, quien querría lastimarla, reducirla, por el simple hecho de tener ese rostro, de tener ese cabello, de tener esos ojos, de tener ese apellido.

Iba a estar encerrada, y lo estaría con un diablo diferente.

¿Cómo era el dicho aquel?

Mejor diablo conocido que diablo por conocer.

Y sabía a ciencia cierta que muchas personas odiaban a su padre, sobre todo quienes él mismo encerró, humillándolos, quitándoles todo, hundiéndolos, y cuando ella pisara aquel lugar, no saldría de ahí ilesa, no, teniendo tantos enemigos, era imposible que pudiese vivir una vida tranquila en aquel encierro, en esa jaula.

Por lo mismo se consideraba una cobarde.

Y esa chica a su lado era todo lo contrario.

"Fui una cobarde por huir."

Por no pagar por sus pecados.

Por no encontrar una forma menos cobarde de acabar con el problema.

Si, tuvo la fuerza para escoger vivir, pero no tuvo la fuerza para vivir la vida que consiguió.

Y huyó ahí, al abismo.

La muerte fue la respuesta.

Pasaron a través del portal, estando ahora en una de las ciudades más destruidas que quedaban sobre el mundo, donde los pocos que quedaban, eran quienes tuvieron la valentía de permanecer en el lugar en el nacieron a pesar de todo. El cielo se veía brillante, negro y violeta, tóxico, abrazando esa ciudad en ruinas, donde ni la tecnología ni los avances lograron salvarlos. Era una imagen hermosa, la de aquel cielo, pero bajo este solo estaban los cuerpos tirados en el suelo, quienes decidieron salir a ver aquel paisaje y pagaron con sus vidas.

Al final, todo moría, todo volvía al inicio, como ella, como sería su final en algunas décadas, donde moriría, y volvería, y se preguntaba cuáles serían las decisiones que el universo le haría tomar en esa nueva piel.

¿Cuánto el universo la destruiría?

Tenía la sensación de que ella y Ruby sufrían en cada vida, y tal vez era el precio que debían pagar al tener tanta felicidad una al lado de la otra.

La mano que la sujetaba mantuvo su agarre, apretando incluso más, recordándole que no estaba sola en el abismo oscuro e infinito, en esa ciudad destruida y desolada.

Si, el universo la iba a destruir, pero la sanaría, le daría un hogar para poder curar las heridas del pasado, de su vida mortal.

O eso deseaba.

Volvió a mirar a Ruby, esta observando el cielo, similar al cielo que esta vio años atrás en su vida humana, mortal, el cielo tóxico que la dejó así, condenada a una vida usando una máscara de gas que le hacía inhalar medicamentos a cada segundo para poder vivir.

Estaban condenadas, las dos de diferentes formas.

Notó como esta negó, contestándole sin decirle nada, los plateados brillando con los colores del cielo, tintes violetas pintando sus orbes.

Ruby avanzó, liberándola de su agarre, y se sintió perdida en el espacio, en el mundo, en el universo, sin tener la sensación del cuerpo ajeno en el suyo, y por lo mismo mantuvo sus ojos fijos en esta, sin querer que esta se alejase, o sin querer perderle el rastro, como si fuese a desaparecer si es que dejaba de mirarla.

A desaparecer una vez más.

La chica se puso de cuclillas al lado de uno de los cuerpos, el más reciente, su cuerpo aun notándose fresco ante la muerte, no como otros, los cuales también tuvo que recolectar hace un tiempo. La persona estaba tan tapada que no podía reconocer ningún rasgo, solo los ojos ámbar, estos abiertos, observando al cielo, al hermoso cielo, antes de perecer ante sus efectos. La mano ajena se posó sobre estos, sobre los parpados, bajándolos, cerrándole los ojos, dándole a ese cuerpo cierta paz.

Ruby interactuaba con ese mundo detenido, siempre, sin miedo, sin preocupación, sin mayor duda, diferente a ella, que evitaba tener el menor contacto con la humanidad a la que visitaba, ni con sus cuerpos sin vida, ni con sus memorias, con sus vidas antes de la muerte.

Ambas eran personas muy diferentes.

Y adoraba aquellas diferencias.

"Puedes pensar que estas personas fueron valientes quedándose aquí, sabiendo lo que les ocurriría, pero creo que quienes huyeron, quienes escaparon de este lugar infecto también lo fueron, porque tuvieron la fuerza para dejar su pasado atrás, dejar a sus seres queridos, dejar sus casas, dejar sus vidas, con tal de tener una vida mejor."

Ruby se levantó, mirándola, mientras se sacaba la máscara, oliendo aquel lugar, permitiendo que el aire tóxico entrase en su cuerpo, tal vez inspirando un poco de ese sitio el cual le recordaba lo tóxico de su pasado, de su vida mortal, y pensándolo de esa forma, eso hizo Ruby, huyó con ella, dejando a todos atrás, dejando su hogar, a su familia, a sus compañeros, a sus amigos.

Si, así se movía el mundo, el universo.

Vida o muerte.

Muerte o vida.

Debían tomar una decisión, tener la fuerza para vivir, o la fuerza para morir.

Para huir, para salvarse, para permanecer, para perecer.

Le gustaría que no se tratase de eso, de tomar decisiones similares, de tener que elegir ante la propuesta de morir, o de vivir un día más. Al final, solo quedaba la muerte, todo moría, siempre, y desearía que no fuese así, que la inmortalidad fuese algo que todos pudiesen acceder si así lo deseaban, quienes pudiesen disfrutar de la eternidad, ya que muchos vivían entre la espada y la pared toda su vida mortal, y no tenían la oportunidad, como ella la tuvo, de sentir felicidad.

Pero la inmortalidad no era perfecta, nunca lo sería.

Y era lamentable.

Le gustaría poder vivir eternamente, y así poder sanar sus heridas, y si los demás vivían eternamente, tampoco tendría que sentir el dolor de la perdida, también le gustaría poder sanar en más de un sentido, de salvar, así como deseaba el poder curar a Ruby, el darle la oportunidad de sacarse la máscara sin sufrir.

Pero le universo estaba hecho así.

Cíclico.

Mortal.

Finito.

Y cruel, totalmente cruel.

Ruby comenzó a toser, su cuerpo temblando, viéndose obligada a ponerse la máscara, aliviando el dolor en sus pulmones, el picor en su garganta y el filo enterrándose en su pecho.

Se acercó a esta, acercándose también al cuerpo ya fallecido, sin soportar la distancia entre ambas. Le destruía por dentro estar lejos, incluso aunque fuesen meros centímetros.

"Me gustaría que nadie tuviese que tomar una decisión similar, el estar forzado a elegir un camino."

Su propia voz sonó más lúgubre de lo usual, mientras enterraba la guadaña en el piso, quebrándolo, dejando sus manos libres, libres para sujetar a Ruby, para acariciar su espalda, y quizás así hacer que la sensación desagradable mermase.

Ruby se apegó a ella apenas estuvieron cerca, apoyando la mejilla en su hombro, uno de sus brazos rodeándola por la cintura, ambas sin poder estar lejos de la otra, ya era imposible, era impensable, inaceptable.

Ya no les quedaba nada, solo se tenían la una a la otra.

"El universo es cruel, la única forma de que más personas aparezcan es que las anteriores desaparezcan. También me gustaría que fuera diferente, pero no hay nada que podamos hacer, solo esperar a que el futuro sea mejor."

Así era la selección natural.

Un alma desaparecía, y otra aparecía.

Ella lo había visto, lo sabía bien, pero era difícil, sobre todo cuando quien se va es a quien amas, es a quien necesitas, a quien extrañas.

Dejar ir, era algo difícil.

Estaba segura, en ese momento, que dejar ir era para lo que más fuerza se necesitaba, dejar ir a quien más quieres, quien te permite respirar, quien te permite vivir.

Le costó dejar ir a Ruby, así como a Ruby le costaría dejarla ir, pero debían ser fuertes, solo así podrían volver, y una decisión deberían tomar, una vez más, para escoger el camino, para dejar ir el mundo en el que nacieron para encontrar un futuro distinto.

¿Sería capaz de tomar la decisión de volver al abismo?

Deseaba hacerlo.

Solo así volvería a su hogar.

A donde pertenecía.