CORRUPTED MIND

-Aroma-

Comenzó a toser.

A sentir el pecho apretado, así como sus músculos adoloridos, así como el cuerpo destruido.

Se apoyó en la máquina, enterrando los dedos en la barra que la ayudaba a mantenerse en pie, sus piernas ya incapaces de correr, de moverse. Su camisa dejaba gran parte de su piel expuesta, y ahí estaban las ventosas y cables pegados a su carne, monitoreándola. Intentó calmar su respiración, así como sus latidos, tratando de recuperarse, y eso que apenas había corrido un poco, ni siquiera había llegado al punto de sudar, pero ya estaba totalmente agotada.

Siempre estaba cansada, siempre, pero a pesar de que pasaran los días, seguía siendo así, seguía sufriendo por su cuerpo ahora tan ajeno, tan extraño, tan débil.

Notó como los doctores se miraron entre sí, cierta preocupación en ellos, y ahora la veían más humana, por supuesto, porque ya no era una bestia, pero seguía siendo un animal para ellos, pero al menos, le daban el beneficio de la duda. También debía pretender con ellos, para asegurar que la ayudasen, aunque, no tenía sentido, porque no servía de nada, la ayuda no devolvería el tiempo.

No había forma de arreglarlo.

Su Aura no iba a volver.

Así tampoco la oscuridad.

Se dejó caer en la caminadora, el material resonando, así como una de las ventosas separándose de su piel ante lo brusco del movimiento, y se forzó por recuperar el aliento, su esternón aplastándole.

No importaba cuanto pusiese su cuerpo a prueba, no tenía Aura, ya habían intentado todas las formas en la que las personas desbloqueaban su Aura, y ya era evidente que era algo imposible de lograr. No era la niña que entrenaba día y noche para convertirse en su madre, que desbloqueó su Aura, su habilidad, ahora no, ya la había perdido, y no tenía sentido el volverla a recuperar.

Y a pesar de que esas personas le diesen falsas esperanzas, así como ella misma les daba falsas esperanzas a sus amigos, todos sabían cuál era la verdad.

Habían pasado semanas, su Aura no iba a volver.

Ni tampoco la oscuridad.

Una mujer se acercó, con la intención de ayudarla con las ventosas, pero le negó el paso, levantándose, sonriéndole, evitando que se preocupase, sobre todo cuando todos debieron notar cuando su máscara cayó. No quería preocupar a las pocas buenas personas que estaban en ese mundo, ni mucho menos quería tener a nadie cerca, el olor de nadie.

Se sacó los cables del cuerpo, se cambió de ropa, y firmó el papeleo que debía de firmar cada vez que se sometía a exámenes ahí dentro, era un consentimiento, un papel que legitimaba todo lo que le hicieron, las muestras de sangre, los exámenes físicos, los análisis.

Todo en vano.

Llevó una mano a su rostro, sintiéndolo arder ante el esfuerzo, todo su cuerpo ardía, quemaba, ni siquiera cuando utilizó de más su habilidad ahí en Mistral se sintió así, cuando usó los pétalos para pasar desapercibida, cuando se metió en naves, una tras otra, con la intención de llegar a Atlas lo más rápido posible, siendo un polizonte más. Muchas veces cayó inconsciente en una bodega fría al hacer uso de su Aura, al sentirla romperse.

Pero volvía, siempre volvía, y el ardor se acababa, así como el dolor.

Ahora no.

Nunca más.

Se puso una sudadera encima, ocultándose, tapándose, a pesar de que el día estaba frio y su piel estaba tan caliente que deseaba simplemente salir así, con gran parte de su cuerpo expuesto, y así enfriarse de una vez por todas, pero sabía que, si llegaba así, notarían que algo andaba mal. Por suerte, esa vez, fue solo Weiss quien la vio, quien vio sus actos sin sentido, preocupantes, nadie más, porque de ser así, las preguntas vendrían, y no quería inventar más excusas, estaba cansada de hacerlo.

Soltó un suspiro, pensando que tal vez debió aceptar la compañía de Weiss.

Pero no, no quería que esta viese lo mal que estaba, lo mal que aún estaba, el hacerla que se preocupase, así que solo negó, diciéndole que estaría bien, que era una adulta, que podía andar sola por las calles, que podía ir a su cita con los doctores sin problema, y la convenció de eso a pesar de la mirada aprensiva en los azules.

Esa mirada, solo por ella, solo para ella, y lo disfrutaba inmensamente.

Avanzó por la ciudad, tomándose su tiempo, a pesar de que el solo hecho de caminar la hiciese agotarse aún más. La distancia no era mucha, pero tenía claro que iba a necesitar dormir a penas llegase, al menos todos irían a una misión, misión a la cual ella no podía ir, porque era una carga, un estorbo, una inútil, así que se quedaría a solas, en silencio, sin más aromas molestándola, impidiéndole descansar.

Llegó luego de minutos eternos, su cuerpo siendo lento incluso para caminar.

Aun no tenía ni siquiera una llave para entrar ahí, así que golpeó.

Ni siquiera se fijó quien le abrió la puerta, ni le importó, solo sintió el golpe de aromas al entrar, y viéndolos a todos dando vueltas por la sala de estar, por la cocina, revisando los equipajes, asegurándose que tuviesen todo listo para partir, le causó repulsión. No le gustaba el estar con todos reunidos, no le gustaba el sentir el aroma de todos mezclados, unos con otros, era desagradable.

Ser un animal era lo que más problemas le daba.

O el problema era en sí que lo único que quedase de ella era esa parte, instintiva.

Algunos la saludaron, y solo les hizo un gesto, sin tener las energías para decirles nada, para saludarlos, habiendo salido de la casa de madrugada para evitar toparse con nadie, ni tampoco para desearles que tuviesen un buen viaje. No, estaba demasiado cansada para hacerlo.

Ni siquiera buscó a Weiss con la mirada, la única persona a quien quería mirar, porque sentía su aroma, sabía exactamente donde esta estaba parada, pero esa mezcla de olores ahora era más fuerte. Probablemente luego de arreglar todo, se quedaron sin mucho que hacer mientras esperaban que el trasporte los viniese a buscar, y debieron pasar un rato juntos.

Y le daba igual que así fuese.

Que fuesen amigos y que compartiesen juntos, le importaba una mierda.

Porque no quería que nadie se acercase lo suficiente a Weiss para irrumpir en la pureza de su aroma.

Quería simplemente gruñir, tirarse hacia los dos culpables, amenazarlos con destruirlos si volvían a hacerlo, pero no podía, no, debía pretender, y no era capaz de hacerlo, de mancharse aún más.

No era lo correcto.

Y odiaba que la oscuridad no estuviese ahí para mermar ese lado de su madre que ya tanto odiaba.

Ese lado tan poco genuino.

Tan falso.

Tan ajeno.

Ese lado no era ella, y cada momento que pasaba en ese cuerpo, sin la oscuridad, empezaba a odiarse más y más, ya que esa parte de sí misma, la que robó de su madre, seguía tirando a la basura lo poco y nada que conocía de su verdadero ser, de la Ruby real, no de la heroína de ojos plateados.

Así que dividida estaba, como siempre.

Avanzó a paso rápido hasta su habitación compartida, su garganta soltando gruñidos que apenas podía controlar, y simplemente escaló la escalera de su camarote y se subió, enterrando el rostro en la almohada que no tenía olor alguno, ya que no se había acostado ahí en todo ese tiempo, pero la carencia de aroma la ayudaría a calmarse.

O eso creyó, ilusamente.

Ilusa, así era su creación, su acto, su imitación.

Pero el olor se acercó después de todo, el olor ajeno, persiguiéndola. Sabía que Weiss estaba en la puerta de la habitación, su aroma delicioso ahora manchado, así como sabía que estaba Yang cerca, mirándola. Ambas estaban preocupadas, pero no podía decir nada para pretender, estaba cansada.

Tan cansada.

"¿Cómo fue todo? ¿Tan horrible fue?"

Escuchó a Weiss preguntarle, esta sentándose en la cama bajo ella. Yang estaba en la puerta de la habitación, sin decir nada, pero no era necesario que lo dijese.

Soltó un suspiro, el enojo creciendo, no, el enojo siempre estaba.

"Me hicieron muchas pruebas, también me hicieron hacer ejercicios, así que estoy muy cansada."

Siempre estoy cansada, siempre.

Weiss asintió, un sonido escapándosele, y lo reconocía, el sonido de la culpa, al final, había llegado ahí por esta, ese lugar se había vuelto su prisión, pero nunca la culparía por eso. Un ser como ella merecía estar en un lugar así.

Se removió, girándose, mirando hacia el techo de la habitación, dejando de obstruir su nariz con la almohada, simplemente disfrutando el aroma de Weiss, desglosándolo lo suficiente para memorizárselo, solo el de esta, el de nadie más, ya que no la vería por unos días hasta que la misión terminase, así que la iba a extrañar.

Siempre la extrañaba.

Incluso cuando la tenía al lado.

Porque quería más.

Siempre más.

Hubo un silencio, y fue Yang quien lo rompió, para su sorpresa.

"Si quieres puedo quedarme aquí contigo y hacerte compañía."

Sabía que Yang lo decía en serio.

Pero no necesitaba su lástima, menos de una persona que no la vio a la cara durante tanto tiempo, que la ignoró lo que más pudo. Ahora que era normal, ahora que había vuelto a ser su hermana, la humana, se le acercaba, pero le molestaba, por supuesto que le molestaba.

Porque no la aceptó así.

No fue como Weiss, que la aceptó con sus fallos.

Aceptó su verdadera personalidad, no la que inventó, la cual Yang aún se creía.

Giró el rostro, dándole una sonrisa a su hermana, topándose con los ojos lilas.

"No quiero arruinarte la misión, sé que te hacía ilusión ir. No te preocupes por mí, solo necesito dormir un poco y estaré como nueva."

Nunca estaría como nueva.

No, solamente seguiría pudriéndose, hasta que no quedase nada.

De por sí, ya no quedaba nada de ella misma, solo quedaba el reemplazo.

El maldito reemplazo.

Yang parecía querer decirle algo, pero la notaba entre la espada y la pared, y era así, afuera tenía una misión con todos sus amigos, y ahí, solo quedaba la hermana, la hermana rota, destruida, que debía recordarle a cada momento que falló, que no la protegió a tiempo.

Pero no, no era la culpa de Yang, era su propia culpa, era lo que tenía que ocurrir en algún momento, sobre todo luego de pasar tantos años mintiéndose a sí misma. Su máscara iba a ceder tarde o temprano.

Weiss se levantó de la cama, su cuerpo tenso, firme, determinado.

"Yo me quedaré."

Eso le tomó por sorpresa.

Y sintió ira consigo misma, por ser tan débil que Weiss se veía obligada a estar con ella, con el adefesio que era, con el animal que era, porque era incapaz de protegerse a sí misma. Pero todos esos pensamientos, toda esa rabia, disminuyó cuando Weiss la miró, cuando esos ojos azules la observaron, siempre hermosos, y calmó su rabia.

Iba a decir algo, incluso Yang iba a decir algo, pero ambas se quedaron en silencio, ya que Weiss iba a hablar, y su reina tenía prioridad.

"Es una misión fuera del continente, a las afueras de Atlas, y no quiero ni siquiera acercarme, así que, si puedo evitarlo, lo haré."

Eso logró calmar cualquier reproche, cualquier cosa que podría decirle a Weiss para que siguiera adelante, para que no se quedase con el estorbo, sin embargo, no podía refutar eso, porque sabía cuánto esta odiaba Atlas, la vio sufriendo, cuando la encontró, cuando la sacó de las paredes de la mansión, de su habitación, de su prisión. Y se sentía asquerosa por querer encerrar a Weiss en una jaula, como si fuese un pájaro, ya que su padre hizo exactamente lo mismo.

Al final, eran monstruos, ambos.

Y Weiss era su víctima, siempre sería su víctima.

Así que sonrió, disfrutando la idea de estar con Weiss, a solas, y seguir monopolizándola, el animal que era, la bestia que era, siempre lo disfrutaba.

Yang parecía tranquila con lo que Weiss le dijo, más en calma, sabiendo que no dejaría a su hermana sola, ahí, vulnerable, si no que estaba con Weiss, con quien estaría a salvo, y era gracioso, porque era Weiss no estaba a salvo con ella, nunca estaría a salvo, porque la iba a poseer, la iba a controlar, la iba a destruir e iba a corromperla hasta que no quedase nada.

Nada de nada.

"Entonces cuídense ambas, ¿De acuerdo? Y si veo a tu padre, le diré algunos insultos de tu parte."

Yang habló, sonriendo, divertida, cambiando por completo su expresión.

Ambas fingían, como fingían.

Esa madre que tuvieron, el peso que les tiró encima seguía ahí, obligándolas a seguir adelante, a quitarse sus propios sentimientos y reemplazarlos con nada más que abnegación. Al menos su hermana tenía los genes de Raven, y no tenía que lidiar con esos ojos, con esa apariencia maldita que tenía ella.

Desearía el haber sido hija de Raven, así podría aceptar esa personalidad genuina que tenía, malvada, rancia, y así quizás también heredaría los ojos rojos que la hicieron sentir bien en su propia piel corrupta. Esa sin duda habría sido una vida mejor.

Soltó un suspiro, viendo como Yang salía de la habitación, sonriéndole, evitando decirle nada, acercarse, abrazarla, porque aún no existía esa comodidad, no, ya no existía nada de eso, y no la culpaba, ¿Quién querría abrazar a la hermana que te abandonó? Y ambas abandonaron a la otra, pero en diferentes momentos. Como sea, tampoco quería tener ese aroma en ella, no lo necesitaba más.

Cerró los ojos, aun sintiendo el aroma ajeno, el aroma sucio en Weiss, y era insoportable, aun así, no pudo resistirse cuando una mano fría llegó a su frente, fría tan fría para lo caliente que tenía la piel, su cabeza dolorida ante el esfuerzo, ante las mentiras, ante la falsedad con la que cargaba.

"Descansa, Ruby."

Y como si fuese una orden, se durmió.

Su cuerpo finalmente cediendo ante el cansancio.

Ante su dueña.

...

Cuando despertó, todo estaba en silencio.

Ya no existía el ruido que metían sus amigos, no había nadie ahí, no escuchaba ni pasos, ni voces, ni el resonar de los platos o los ronquidos ajenos.

Nada.

Pero los olores permanecían.

Odiaba como los olores permanecían.

Soltó un gruñido, sin contenerlo, sus dientes apretándose.

Weiss estaba ahí, bajo su cama, en silencio, casi inexistente de no ser por su aroma, el aroma molesto que estaba en esta, el aroma ajeno manchándola, ensuciando la pureza, y como odiaba el que así fuese.

Solo debía estar su olor en Weiss.

Solamente ella tenía permitido estar así de cerca para ensuciarla.

Si, solo ella podía ensuciar a Weiss.

Y se los iba a dejar en claro a todos.

Bajó de su camarote, sigilosa, sus ojos ardían acostumbrados al rojo, así como su mandíbula dolía ante la presión de sus dientes. Quería tener sus impulsos de vuelta, los necesitaba, pero no podía seguir esperando que volviesen, así como no podía seguir engañándose pensando que en algún momento su Aura volvería.

No, esa era su vida e iba a tener que acostumbrarse.

Pero no se iba a acostumbrar a eso.

Ya estaba harta.

Ya tenía que aguantar tantas cosas para que esto también estuviese en la lista.

Al bajar, sintió sus músculos arder, la siesta la había repuesto, pero quedaba aun el dolor, el agotamiento físico, pero en ese segundo, no le importaba, de hecho, quizás el dolor era lo que necesitaba para moverse de una vez por todas.

Weiss estaba en la cama inferior, su ceño fruncido en concentración mientras leía un libro grueso, y se veía tan concentrada que dudaba que esta la hubiese oído.

Era una presa, Weiss era su presa.

Abrió la boca, acercándose a la cama, subiéndose encima, avanzando, y su garganta, ahora libre, dejó que los gruñidos saliesen, libres.

Y ahí recién Weiss se dio cuenta, la escuchó, su libro siendo bajado, los azules observándola, cierta sorpresa en su expresión, la cual fue cambiando, su rostro llenándose de color ante la cercanía, las marcas creciendo, avanzando, dejándose ver en su pecho pálido descubierto.

Weiss sabía lo que su mueca significaba, porque eran sus instintos, era su corrupción, y solo una persona corrupta podía entenderlo.

O quizás Weiss entendía su enojo, teniendo que lidiar con su ira durante mucho tiempo.

No lo sabía, pero no iba a preguntar, solo iba a seguir acercándose, su nariz frunciéndose al sentir ese aroma más de cerca, sucio, tan sucio, aborreciblemente sucio. Era insoportable. Avanzó hasta quedar entre las piernas ajenas, y puso las manos a los lados de la cadera de Weiss, sin tocarla, sin rozarla, porque aun con sus instintos, sus impulsos eran inexistentes, así que era incapaz de moverse.

Y lo odiaba, como lo odiaba.

Era patética, absolutamente patética.

"¿R-ruby?"

Weiss intentó llamar su atención, intentó hablarle, el hacer que hablase como la persona que era, pero dudaba siquiera encajar en la definición de persona. Esta no entendía su acercamiento del todo, no entendía sus razones, y ahora, podía hablar, tenía la cordura para hacerlo, y odiaba tener que hablar, tener que pensar, y deseaba en ese segundo más que nunca, que la oscuridad la ayudase a moverse, que la ayudase a seguir adelante y no tener que desperdiciar tiempo en nimiedades.

En palabras, en planes, en ideas, en mentiras.

Y su razón, la hizo hervir de nuevo, otro gruñido escapándosele.

"Hay algo que me molesta desde hace mucho tiempo."

Hace demasiado tiempo.

Desde el comienzo de su corrupción.

Pero ahora, más que nunca.

Porque no podía hacer nada para evitarlo, no podía amenazar, no podía herir, no podía matar, porque la máscara de la heroína la contenía.

Weiss parecía confundida, pero dejó el libro en la mesa de noche, sin dejar de mirarla, sin dejar de cuestionarla con la mirada, dándole toda su atención, y se alegraba de haber causado algo semejante, aunque tuviese que ser una bestia para lograrlo.

Era lo peor.

Weiss la hacía ser lo peor.

"¿Qué te molesta? ¿Pasó algo?"

Habían pasado tantas cosas.

Cada día.

Y de esas, muchas le molestaban, vivía en una constante molestia, y no sabía cómo dejarlo atrás, como seguir adelante, ya no podía, no podía más.

Y ahora, lo único propio, lo único que la hacía sentir Ruby, y no ese invento que se obligó a ser, era Weiss, y si Weiss no era suya, solo aumentaba la molestia de no ser su propia persona, porque nunca fue su propia persona.

Solo una imitación barata.

Pero con Weiss, había aprendido más de sí misma, había aprendido quien era, quien era tras la máscara, y había disfrutado el tener la libertad de ser ella misma, sin que nadie la juzgase, porque, ¿Quién juzgaría a la pobre heroína que fue corrompida por la oscuridad? Oh no, nadie se atrevería.

Por eso mismo, quería empezar a sentirse su propia persona.

Y para eso, debía ser honesta, debía permitirse dejar de fingir.

Al menos un poco, solo un poco.

"Me molestas tú, me molesta tu olor."

Lo detestaba.

Pero lo adoraba.

Weiss frunció el ceño, sin entender a qué se refería del todo. Nunca dijo nada sobre eso, no, era una bestia, no podía hablar, pero Weiss no debió notarlo por lo mismo, las señales no fueron suficientes.

"¿Huelo…mal?"

Pero ahora podía explicarle.

Tenía una boca para hacerlo.

Se acercó a Weiss, eliminando un poco de la distancia que las separaba, pero no se acercó más, aun mantuvo meros milímetros entre ambas. Se acomodó sobre el cuello ajeno, e inspiró, oliendo, llenándose de ese aroma que provenía de Weiss, manchado, siempre manchado, pero lo ignoró, o intentó hacerlo, su nariz, sus orejas, incluso su cola, haciendo movimientos en evidente rechazo.

"No hueles a mí, hueles a alguien más."

No tenía que ver a Weiss para saber la mueca que esta tenía encima, como empezaba a darle vuelta a las cosas, sabía que su expresión se había tornado pensativa, que incluso se había disociado de la situación al meterse en su cabeza e intentar entenderla.

Lo apreciaba, pero dudaba que Weiss lo entendiese del todo.

Era algo que no se entendía de esa forma, si no que era algo que se sentía, y creía que Weiss lo sentía, solo que su mente lógica lo evitaba, y no podía juzgarla, su problema era similar, pero a la vez muy distinto.

Pero no importaba, ya estaba ahí, ya había hablado, sus instintos tan a flote al haber recién despertado, y creía que eso también la ayudaba, el no estar despierta del todo.

Era difícil, pero podía hablar si era con Weiss.

Volvió a gruñir antes de siquiera saber que iba a decir.

"Ese olor que tenías antes, el aroma de ese sujeto, de ese doctor, este aprovechando cada segundo de dejar su marca en ti, e hice todo para evitarlo, para que solo estuviese mi aroma en ti."

Pasó la nariz por el cuello de Weiss, ya lo suficientemente enojada para mantener la distancia. Sus encías ardieron, así como sus dientes, y quiso enterrarlos en la piel ajena, en sentir su sabor, en sentir el sabor de su sangre fría, el tragar el rojo mezclado con Dust.

Pero se contuvo.

Y se odiaba por eso, siempre se odiaba.

"Y ahora, que eres mía, sigo sintiendo otros olores en ti, y no sabes lo loca que eso me vuelve."

Un animal.

Una bestia.

En eso se convertía.

Se movió, salió del cuello de Weiss, solamente para dirigirse su rostro al ajeno, solo para rozar los labios con los propios, sintiéndose salivar con la idea, y era difícil decirlo, pero si no lo decía ahora, jamás podría seguir adelante.

La oscuridad no volvería, y si no hacía algo por sí misma, su vida seguiría siendo miserable.

Y prefería morir antes de eso.

Así que lo arriesgaría todo.

Ya no tenía mucho que perder después de todo.