Úrsula y Scar caminaban por los pasillos, todo estaba en silencio y estaría sumido en las tinieblas de no ser por el orbe de luz que la bruja del mar había creado para iluminar el camino que recorrían.
-¿dónde buscamos ahora?-
- Deberíamos seguir registrando los cuartos, tal vez haya alguien escondido allí, alguien que sepa lo que ocurre.-
-O el cadáver de algún otro residente del castillo.- dijo algo preocupado el león.
Caminaron de nuevo en silencio, sus pasos no se escuchaban debido a que la alfombra del pasillo amortiguaba los sonidos de los pies de Úrsula y las patas de Scar, quien ya era sigiloso por naturaleza. Todo estaba en silencio, y aunque los villanos agradecían la tranquilidad que tenían en aquel lugar, en ese momento se volvía enervante e inseguro, solo se escuchaba la tormenta, los truenos lejanos y las gotas de lluvia contra los ventanas de la arquitectura.
-Por aquí debe de haber candelabros, en las paredes de los pasillos.- comentó la mujer.
Dejó que la esfera de luz se apartara de su lado y se moviera por las paredes, señalando los candelabros, al posarse encima de las velas, estas se encendieron rápidamente, iluminando mejor el lugar.
-El pasillo parece despejado.- dijo Scar moviendo los ojos a través del interior.
-Revisaré los dormitorios, si alguno está cerrado puedo abrirlo con magia, la prioridad es avisar a los demás y ponerlos a salvo. Además de capturar al responsable.-
Úrsula abrió una de las habitaciones, una con una cobra de oro sobre la puerta, los aposentos de Jafar, quien, por fortuna, estaba vivo entró en la habitación, una cama amplia y llena de cojines se decoraba con ella con decoraciones vegetales y letras. árabes, pasajes en la misma lengua estaban pintados en los tablones decorativos de los dinteles superiores, seguramente frases sacadas del Corán, Úrsula no podía saberlo, se adentró un poco más en la habitación y abrió el baño privado, también estaba vacío, se sobresaltó cuando Escuchó algo fuera, en el pasillo, un disparo, inmediatamente se asomó por la puerta, pero no vio nada en el pasillo, ni siquiera Scar estaba allí.
-¿Scar?- dijo un poco asustada al no tener a nadie cerca.
Nadie contestó. Ella intentó tranquilizarse, tal vez el capitán Garfio había encontrado algo, tal vez incluso había abatido al intruso con su revólver... pero el disparo había sonado tan cerca, incluso con eco, como si se hubiera realizado desde el exterior. Notó entonces una brusca y fría corriente de aire detrás de su nuca y salió al pasillo, un ventanal que daba a un balcón al final de un cruce entre pasillos estaba completamente abierto, eso la sorprendió, pues era una noche de tormenta y al comenzar la lluvia las ventanas se habían cerrado, podría haberla abierto Scar, no sería una sorpresa, a lo largo de los años muchos villanos animales habían aprendido a manipular objetos humanos y las puertas fueron los primeros instrumentos en utilizar.
-¿Scar estás ahí?- preguntó de nuevo, sin que nadie respondiera.
Un rayo iluminó de nuevo el cielo, y la bruja del mar vio entonces la inerte silueta de algo tirado en la superficie del balcón, era ó a las puertas del balcón, el león estaba moribundo y aún consciente. Gruñó levemente cuando Úrsula intentó acercarse.
-No salgas.- dijo entrecortadamente el animal en voz baja para que solo ella lo escuchara.- Está en la cornisa, te disparará.-
-¿quién es?- consiguió leer los labios el león a su compañera.
-Él... Él... Es el capitán...- pero antes de que pudiera decir nada más, otro disparo atravesó la cabeza del animal, matándolo en el acto sin permitirle desvelar la identidad del asesino.
Úrsula lanzó un hechizo simple de protección antes de correr escaleras abajo, si quien estaba haciendo esto poseía un mínimo de magia destruiría el escudo, pero eso la permitiría ganar tiempo, por otro lado, si quien lo hacía no poseía magia, debería buscar otro acceso. de entrada. La mujer corrió por los pasillos en busca de ayuda mientras pensaba en las últimas palabras de Scar. "Es el capitán" Tenía que avisar a Frollo y a Jafar, todo este tiempo estaban preocupados de que el asesino estuviera fuera, cuando en realidad había estado a su lado todo este tiempo. Mientras todo esto sucedía Maléfica y Claude revisaban las mazmorras, el cetro del hada maligna iluminaba los estrechos pasillos con una luz verde.
-Ve por la derecha.- dijo Maléfica.- yo revisaré el pasillo izquierdo... ¿Podrás defenderte solo?- En respuesta el Ministro sacó el puñal que ocultaba en el bolsillo de su túnica y Maléfica solo parecido.
Ambos caminaron por sus respectivos pasillos, Frollo no vio nada fuera de lugar, las velas alumbraban de forma tenue las paredes de piedra del sótano había un leve olor a moho en todo el lugar debido a la tormenta, pero en ese sitio no se escuchaba la lluvia ni los rayos o truenos que pudiera haber en el exterior, algo fuera de lugar llamado su atención, uno de los sótanos de los villanos estaba abierto, una luz amarilla proveniente de una vela salía por el umbral de la puerta, señalizando el lugar. El juez agarró su puñal con más fuerza y se acercó lentamente, poco a poco supo identificar de quien era el sótano abierto, nada más ni nada menos que el suyo propio, estaba seguro de que lo había cerrado, después de utilizarlo días atrás, miró rápidamente la puerta, el picaporte y la cerradura estaban destrozados, habían forzado la puerta, el picaporte se encontró tirado en el suelo y trozos de la madera de la puerta estaban astillados y tirados sobre las baldosas. Se preparó para entrar, pensando que tal vez hubiera alguien dentro, dispuesto a atacarlo, abrió la puerta de golpe, pero estaba vacía, no había nadie, ni tampoco había donde esconderse, varios estantes estaban anclados a la pared, guardando distintos objetos, libros. , pergaminos, espadas o puñales, un pequeño armario estaba entreabierto, Frollo se molestó, no le gustaba que se metieran en sus asuntos, y siempre cerraba ese armario con llave, echó un último vistazo a la habitación, solo para asegurarse de que no había nadie escondido entre las sombras, pero estaba completamente solo, se acercó al armario, su cerradura había sido forzada como al de la puerta, echó un vistazo al interior, todo parecía estar en su lugar, salvo... abrió los ojos, asustado, su corazón dio un vuelco, un rectángulo libre de polvo sobre una de las baldosas evidenciaba ante sus ojos la ausencia de un objeto en el armario. Frollo se dio la vuelta inspeccionando con atención el resto de muebles, vio trozos de madera tirados en el suelo, detrás de la silla de su mesa de estudio, caminó hacia allí en un par de pasos, una caja de madera, o lo que alguna vez fue una caja de madera estaba tirada en el suelo, sus piezas estaban astilladas y rotas, esparcidas por el suelo, y entre todos esos fragmentos de madera de pino barnizados se encontró una tela, una tela que el ministro conocía bien, se agachó para recogerla, apartando unos cuantos fragmentos de madera que tenía encima, un viejo trozo de seda descolorido se deslizó entre sus dedos, sus colores púrpura y dorados estaban descoloridos y uno de sus extremos estaba quemado por el fuego, era lo que quedaba de aquel pañuelo que Esmeralda se había dejado alrededor de su cuello en el festival, lo único que guardaba de su vida anterior antes de llegar a la Mansión de los villanos. Pero había otro problema, ese fragmento de tela se estaba quemando poco a poco, el juez lo pisó apagando las leves ascuas que intentaban devorar la seda,Probablemente quien entró lo quemó con alguna de las antorchas. De repente, sintió que alguien rodeaba su cuello con un brazo, un brazo fuerte, el tacto de algo frío y metálico contra la piel de su cuello lo alertó, era el filo de un cuchillo, llevó sus manos a la muñeca de aquel asaltante, alejando de su piel el afilado cuchillo, consiguió empujar al enemigo contra una de las estanterías, el extraño se quejó levemente en un gruñido, era un hombre, algo más alto que él, el ministro de justicia consiguió liberarse de él, aunque se sintió como el cuchillo se clavaba en su brazo izquierdo, perforando su piel, se dio la vuelta, pero para entonces ya había desaparecido, solo quedaba la puerta abierta y unos pasos en el eco del pasillo, la juez se acercó a la puerta presionando sobre la herida sangrante. , pero aquel sujeto ya había salido huyendo.
-Maldita sea...- masculló el hombre.- ¡Maléfica!- llamó Frollo por el pasillo del sótano, pero nadie contesto. El lugar estaba vacío y en silencio. -¿Maléfica?- preguntó.
Que nadie contestara inquietó a Claude, después de haber sido atacado estaba algo asustado, aunque no lo reconocería. Se adentró un poco más en los sótanos, buscando la habitación que le pertenecía a Maléfica, no tardó mucho tiempo en dar con la puerta, estaba abierta y una mano femenina de piel grisácea se asomaba por el umbral. Preocupado, pero con cautela, desenfundando su puñal, el ministro se acercó a donde esa mano estaba tendida y entonces lo vio, era Maléfica, muerta, un charco de sangre oscura se expandía por las baldosas, el olor a sangre empezaba a merodear en el ambiente evidenciando que el ataque había sido reciente.
-¡Maléfica!- exclamó Frollo poniéndose al lado del cadáver.
Pudo ver lo que provocaba toda esa sangre, un único, largo y profundo corte en el cuello, había sido una muerte rápida, quien había hecho eso sabía cómo atacar, por la espalda, rápido, un corte casi perfecto, había que tener mucha fuerza. para hacerlo y tener bien agarrada el arma con la que atacaba en la mano. No podía hacer nada por ella, ya había muerto. Entonces un pensamiento fugaz aterrorizó a Frollo, estaba solo, sin nadie cerca y herido, y si el hada malvada no había podido defenderse y el asaltante la había quitado su bastón, él tenía menos defensas ante el asesino. Frollo se levantó del suelo, la franja púrpura del faldón de su toga se había manchado con la sangre, recogió el bastón de la villana, aún tendido en el suelo, sin daños afortunadamente y salió en busca de los demás, herido y solo era un blanco fácil, no podía permitirse quedar indefenso, debía buscar a los demás.
