Capítulo V: Lazo.

Un cosquilleo suave en la mejilla izquierda perturbó su descanso, obligando a que sus ojos se abrieran. Recobrando la consciencia, se percató de que no se encontraba en el lugar en que había acampado la noche anterior. Estaba acostada en un prado verde y floreado, que relucía de forma nítida gracias a los rayos solares, dándole un toque onírico al lugar. Se sentó sobre la hierba, mientras buscaba con la mirada a los que eran sus acompañantes, pero al parecer se encontraba completamente sola… nuevamente.

Se levantó, dando pasos lentos, a pesar de que esa no era su intención. Ante esto, se tranquilizó al concluir que estaba inmersa en un sueño. Sin embargo, segundos después, una opresión en el pecho la inquietó nuevamente, avecinándole lo que vendría.

En ese instante, el aire empezó a helarse y la oscuridad a caer lentamente, transformando el lugar en un desierto de lamentos.

¿Aún no lo entiendes? Giró hacia atrás, encontrándose con una figura vestida de negro sentada sobre la rama de un árbol, que la miraba fijamente. No puedes huir de mí, Kikyou.

Reconoció al ser como el demonio que la había resucitado., por lo cual, en reflejo, llevó una de sus manos hacia atrás, buscando el arco y el cajac. Sin embargo, sus dedos tocaron el aire al no encontrarlo, desconcertándola. Debido a lo cual el demonio sonrió, tratando de amedrentarla, pero no se movió ni siquiera cuando una brisa fuerte golpeó su rostro.

En este lugar controlo todo a mi antojo bajó lentamente hasta quedar frente al rostro de Kikyou, quien por instinto intentó dar un paso hacia atrás, pero el demonio se lo impidió, agarrándola por el cuello—. Muéstrame —ordenó, provocando que los ojos de Kikyou parecieran dejar de pertenecerle.

Kikyou empezó a ver su figura siendo apresada por el demonio, por lo cual intentó soltarse, pero su cuerpo también dejó de obedecerla. Seguido a esto, las imágenes del camino que había recorrido el día anterior comenzaron a mostrarse como si recorriera nuevamente esos pasos. Cerró los ojos, reuniendo la fuerza de voluntad que aún le quedaba, tratando de no seguir observando aquellas imágenes.

¡Muéstrame!la presión en el cuello de Kikyou aumentó, por lo cual emitió un jadeo involuntario en busca de oxígeno—. Aún no lo comprendesmencionó, ante su resistencia— .Tú me perteneces… tú y yo somos uno… tú… algo, un sonido que no alcanzó a comprender interrumpió el discurso del demonio, quien giró hacia un lado y su cuerpo empezó a desaparecer lentamente. Te encontraré, Kikyou.

Cayó al pasto cuando el demonio desapareció completamente, llevándose consigo el paisaje a su alrededor. Quedó suspendida en la oscuridad, sin poder moverse, pero un nuevo sonido empezó a arrastrar su cuerpo lejos de las penumbras.

— ¡Humana insolente!, ¿¡Cómo te atreves!? — el grito proveniente de una voz rasposa hizo que despertara, pero sus parpados se sentían muy pesados y aún le costaba respirar—. ¿¡Cómo te atreves a tocar al amo Sesshomaru!?

— Señor Jaken…

— ¡Humana asquerosa! — otra vez aquella voz rasposa—. ¡El amo quedará impregnado con tu desagradable olor!

Kikyou intentó alzar varias veces los parpados hasta que lo consiguió levemente. En su frente se encontraba una pequeña mancha verde que reconoció como el demonio sapo. Cerró los ojos nuevamente cuando sintió un agarre en uno de sus brazos, y al abrirlos observó al pequeño demonio tratando de jalarla. Lo miró fijamente. Tocó la mano que reposaba en su brazo, sintiendo como lentamente el aire abandonaba sus pulmones casi hasta el desmayo, y aquella pequeña mano fue retirada.

— No vuelvas a tocarme — susurró lo más fuerte que pudo, cerrando nuevamente los ojos para tratar de recomponerse.

— ¡Eres una mal agradecida, humana asquerosa! — dijo, dejando denotar un gran nerviosismo en su voz mientras se agarraba fuertemente la mano que antes le había tocado. No había sido fuerte, pero lo sintió. Un pequeño calor sobre su piel que le indicaba que debía ser más cuidadoso si no quería ser purificado por la sacerdotisa.

Ignorando los gritos e insultos del demonio, Kikyou se levantó, alejándose del lugar. Tratando de no caer en cada paso que daba, ya que su estado había empeorado después de tocar a Jaken. Se obligó a sí misma a caminar, guiada por la necesidad de alejarse. Sentía que si seguía en el mismo punto el demonio la encontraría antes de que pudiera recuperar sus poderes. Sin embargo, su cuerpo estaba muy agotado y, sin poder seguir evitándolo, cayó sobre el pasto.

Después de perder la noción del tiempo en esa posición, sin poder mover ni siquiera sus brazos, se forzó a seguir. Guiada nuevamente por la sensación que la obligaba a desear estar lejos de ese lugar. Pero sus piernas volvieron a fallar nuevamente, obligándola a caer de rodillas. Miró a su alrededor, percatándose de que estaba frente a un lago, por lo cual hizo un último esfuerzo para acercarse. Se arrodilló frente al espejo de agua, bebiendo un poco del líquido que había acunado entre sus manos. Pero algo en su cuello capto su atención, logrando que se olvidara momentáneamente de la exigencia que su cuerpo realizaba por el líquido.

Se hincó un poco más sobre el agua y apartó el cabello que ahora descansaba sin ataduras en sus hombros y espalda. Pudo distinguir unas marcar rojizas en forma de dedos que sobresalían de su piel pálida, confirmando de esta forma que aquel encuentro no había sido solo un sueño.

Llevada por la curiosidad, y una creciente sospecha, abrió su hitori, desenvolvió un poco las vendas que cubrían su herida. Quitó las hojas que Rin le había colocado, pero no tuvo tiempo de impactarse por su confirmación porque unas pisadas la asustaron.

— Aquí esta — reconoció inmediatamente la voz, dándose cuenta que no se había alejado tanto como había pensado—. ¿Se encuentra bien? — No se giró o respondió, pero eso no desalentó a la chica—. Gracias por ayudar al señor Sesshomaru —pudo percatarse de que Rin estaba muy feliz—. Señorita Kikyou, ¿puedo curar su herida? — escuchó los pequeños pasos acercándose, por lo cual se levantó.

— No es necesario — dijo, sin girar a mirarla —. Ya lo hice — empezó a caminar, pero después de dar algunos pasos se detuvo y sin girar dijo: — Gracias — y antes de que pudiera recibir una respuesta, se marchó.

— ¡Buscare algo para comer!

Escuchó la voz alegre de Rin a lo lejos y, dejándose contagiar por su entusiasmo, se permitió sonreír. Pero el recuerdo de lo que había visto debajo de su hitori hizo que desechara rápidamente esa sensación.

Abrió nuevamente la prenda, encontrando lo mismo que minutos atrás… nada. En el lugar en que debería estar la herida, no había ni siquiera una cicatriz. Llevada por la incredibilidad, posó los dedos sobre la zona. La piel en esa área era tan lisa que, si no fuera por la mancha roja que cubría su hitori y las vendas, se podría pensar que jamás había sido lacerada tan dolorosamente.

No eres humana.

Las palabras de la Mantikoa resonaron en su cabeza. Sin embargo, no se sorprendió. Pero una sensación de enojo y hastió la embargaron al confirmar sus sospechas de la forma en que había sido traída a la vida nuevamente.

—"Haciéndome parte de él"

Sabía que no estaba equivocada, pero no comprendía por qué razón había gastado tanta energía para darle aquel cuerpo.

Cerró los ojos, mientras cerraba su hitori. Armando finalmente las piezas faltantes del rompecabezas. El sello del demonio no era lo único que la afectaba, su nuevo cuerpo también lo hacía.

No era un cuerpo de hueso y barro. No era un cuerpo de demonio, pero tampoco era humano. Era un cuerpo que había nacido de aquella bestia y, por ende, estaba ligado al de él.

Tú y yo somos uno.

Y como uno partirían de ese mundo.

Gracias a esa revelación era consciente de que no había otra opción. Pero no le importaba hacerlo de esa forma porque ya no tenía nada que la ligara a ese mundo. Y, cuando finalmente lo purificara, obtendría nuevamente la paz que siempre había ansiado.

Cuando la tarde empezó a caer, decidió finalmente volver a donde se encontraban sus nuevos compañeros. Concluyendo que al ocultar su olor con el de los demonios no sería detectada con facilidad.

Cuando estuvo en su encuentro, Jaken fue el primero en girar, dándole una mirada de desagrado que contrastó con la de felicidad que posteriormente Rin le brindó. Por su parte, Sesshomaru ignoró su presencia, permaneciendo con su atención en el otro extremo como si estuviera observando algo importante.

— El señor Jaken quería irse, pero Rin convenció al señor Sesshomaru de que esperara — dijo con una sonrisa, haciendo que el pequeño demonio se disgustara aún más.

Kikyou se sentó en el pasto, un poco alejada de la pequeña reunión que sus acompañantes parecían tener. Perdiéndose en el recuerdo del encuentro que había tenido con el demonio y las formas en que podría detenerlo.

— ¿Gusta comer, señorita Kikyou?

La voz de Rin interrumpió el hilo de sus pensamientos, por lo cual giró en su dirección. La chica le ofrecía un pescado atravesado en una pequeña rama. Estuvo tentada a negarse, pensando en seguir planeado su estrategia, pero su nuevo cuerpo necesitaba comida de verdad.

Después de comer, se quedó sentada en el mismo lugar, al contrario de Rin que se sentó nuevamente frente a Sesshomaru y su lacayo. Se perdió en la figura de la joven, quien no dejaba de hablar recordándole a Kagome. Ambas no parecían poder guardar silencio por más de un segundo.

— Jaken… — la voz estoica de Sesshomaru hizo callar a Rin.

El aludido miró hacia su amo, quien seguía con su expresión habitual mirando hacia el frente.

—Amo… — se calló por algunos segundos, antes de agarrar a Rin por un brazo y obligarla a caminar con él.

—Señor Jaken…

— Cállate y obedece, Rin — la chica no volvió a protestar. Sabía que cuando Jaken le hablaba en ese tono serio era porque estaba por suceder algo que no le agradaría.

Pasaron al lado de Kikyou, pero el pequeño demonio ni siquiera la miró. Por el contrario, Rin la tomó por una mano, aferrándose fuertemente para así obligarla a irse con ellos. Pero un fuerte empujón por parte del pequeño demonio provocó que las dos cayeran al pasto.

Al recuperarse, notó que un demonio de había lanzado hacia ellos y Jaken lo había quemado. Sin embargo, no era simplemente uno. Kikyou lo había sentido y Sesshomaru los había olido.

Kikyou agarró el cajac y el arco, preparándose para recibir a los demonios que se acercaban. Lanzó una flecha, pero ninguna se iluminó. Por lo cual Jaken, que se encontraba a dos metros, se encargaba de destruirlos con un poco de dificultad, mientras ella simplemente podía mantenerlos arraya evitando que la alcanzaran.

Los demonios que los atacaban parecían ser apenas unas crías de un Gokiburi. Eran unos insectos gigantes de color marrón con ojos rojos, las patas delanteras parecían ser dos grandes tenazas con espinas y las dos posteriores aunque también tenían espinas eran más delgadas. En la cabeza ostentaban un par de antenas afiladas, sobresaliendo igual que sus colmillos. Su cuerpo poseía un par de alas.

Un rugido atravesó la noche y, posteriormente, un Gokiburi aún más grande cayó algunos metros detrás de donde se encontraba, lanzado por Sesshomaru.

— Jaken — la voz del demonio reflejaba la habitual calma, pero sus ojos estaban rojos.

El pequeño demonio agarró a Rin de un brazo e ingeniándoselas pudo salir del círculo que las crías de Gokiburi habían formado alrededor de ellos. Sin embargo, algunas de las crías se percataron de las dos figuras que se alejaban, yendo detrás de su marcha. Pero antes de que pudieran alcanzarlos unas flechas los atravesaron por las cabezas.

Kikyou no tuvo tiempo de descansar por el gran esfuerzo que le había tocado hacer para detener a las cuatro crías de demonio que perseguían a Rin y a Jaken, antes de lanzar otra flecha para defenderse. Pero ahora que Jaken no se encontraba deshacerse de aquella plaga de demonios se le estaba complicando en demasía.

Llevó la mano hacia atrás, en busca de una flecha, cuando uno de los demonios se lanzó a su encuentro. Pero sus dedos se deslizaron suavemente en el aire por la falta de flechas en el cajac. En un acto reflejo pudo repelerla con el arco, pero el impacto provocó que cayera hacia atrás, rodando en el pasto cuando otra cría se lanzó.

Se levantó con un poco de dificultad, después de golpear a una de las crías que la había sujetado por uno de sus tobillos. Miró hacia el frente, recordando al precipicio que había encontrado mientras exploraba. Pensando que si podía llegar hasta esa zona, podría deshacerse de algunas crías.

Empezó a correr, evitando difícilmente a las crías, y lastimando su brazo derecho y espalda en el proceso. Cuando estuvo a algunos metros del precipicio, se dio cuenta de que los demonios no la perseguían. Pero habían sido reemplazados por uno de los adultos. Sin otro plan en mente, corrió hasta quedar al borde del precipicio, sosteniendo el arco, esperando a que se presentara la única oportunidad que tenía. Movió el arco tratando de esquivar el ataque del demonio, pero una sustancia gelatinosa se pegó en este y otra en una de sus piernas. Movió la pierna izquierda, pero aquella sustancia la mantenía sujeta al suelo. Miró hacia el frente, al escuchar a las crías acercándose. Respiró profundo y apretó el arco, dispuesta a luchar hasta morir.

Golpeó a una cría, antes de esquivar la sustancia gelatinosa que esta vez se dirigía a sus brazos. En ese momento el otro padre apareció. Era de aproximadamente tres metros. El demonio emitió un ruido, semejante a chillidos, e inmediatamente las crías se lanzaron en su dirección. Pudo golpear a otra cría, pero el impacto de esta provocó que cayera hacia atrás. Sin embargo, en esa ocasión su espalda no chocó contra el suelo, ya que cayó al vacío.

Cerró los ojos, siendo consciente de que abajo no había agua que amortiguara la caída. Pero el viento que golpeaba en su rostro pareció detenerse cuando alguien la tomó en brazos. Abrió los ojos, y unas hebras de cabello plateado acariciaron su rostro.

— "InuYasha"

Se acurrucó sobre el pecho que la sostenía, cerrando los ojos nuevamente mientras sonreía de forma inconsciente al pensar en que InuYasha había ido en su búsqueda. Dejándose llevar por esa sensación, rodeó el cuello contrario con sus brazos, aferrándose aún más cuando cayeron de forma brusca al suelo, y protegiéndose gracias a que el cuerpo debajo suyo recibió mayormente el impacto.

Levantó el rostro, esperando ver los ojos que anhelaba desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, no eran los ojos que esperaba. Los ojos que la observaban fijamente eran los del hermano de InuYasha.

— Levántate.

Cuando escuchó esa inexpresiva voz se percató de a quien seguía abrazando, quien la cargaba aún sobre su regazo. Avergonzada, se apartó del demonio, dándole la espalda. Llevó la mano derecha a su mejilla y el pequeño calor que sintió le comprobó algo que le había sucedido solo una vez cincuenta y cinco años atrás. Y, entre más pensaba en la situación, más su rubor incrementaba. No solamente lo había abrazado, también se había acurrucado en su pecho buscando su olor y calor.

Seguía perdida en su bochorno cuando un gemido le hizo girar hacia atrás. Seshomaru había sacado una de las extremidades del Gokiburi que atravesó su pierna izquierda unos centímetros arriba de la rodilla. Inconscientemente, bajo la mirada a su cuerpo, encontrado parte de su piel expuesta gracias a un desgarre que tenía su hakama, seguramente producto de la extremidad que antes estuvo incrustada en su cuerpo.

— Hazlo — Kikyou alzó el rostro, observándolo. Sesshomaru tenía aquella expresión que siempre parecía caracterizarlo y miraba hacia un lado. Estuvo tentada a preguntar a que se refería, pero él prosiguió —. Si no lo purificas tardaré en curarme… — a Sesshomaru no le agradaba la idea de pedirle ayuda a alguien, menos que esa sacerdotisa lo tocara nuevamente, pero en ese momento no tenía otra opción si quería encontrar a Rin y a Jaken antes de que les pasara algo —. Hazlo — demandó nuevamente.

— No estoy obligada a hacerlo — dijo de forma suave a pesar de que la exigencia la había molestado. No servía a nadie, ni siquiera a un demonio poderoso. Se levantó dispuesta a irse. No obstante, aquel pequeño escalofrió que le indicaba que un demonio estaba cerca la hizo girar, encontrando frente a ellos algunas crías y, antes de que pudiera reaccionar, un látigo pasó a su lado deshaciéndose de aquellos pequeños demonios.

Kikyou giró hacia Sesshomaru sorprendida por su ayuda. Encontrándolo con una apariencia terrible, mostrándose muy agotado. El ataque que había utilizado lo había debilitado por el estado en que se encontraba, y ambos sabían que si aparecían nuevos demonios no podrían defenderse.

Sin pensarlo, Kikyou se acercó, observando cómo se quitaba las prendas que conformaban su vestimenta superior, dejando ver la herida en su hombro y las líneas oscuras que recorrían parte de su abdomen.

En ese punto, ambos sabían que no tenían opción. Ya lo habían aceptado. Su vida estaba en las manos de un demonio. Sin embargo, de la misma forma, la vida de Sesshomaru estaba ligada a la suya y en sus manos.

Cuando Kikyou abrió nuevamente los ojos, ya había anochecido. Mirando las estrellas, se acomodó mejor en su lugar. Aún sentía cansada, pero estaba decidida a no dormirse porque no quería encontrarse nuevamente con el demonio que la perseguía. No quería volver a sentirse indefensa ante este.

A pesar de que en el nuevo encuentro también había desaparecido, sentía su aura demoniaca fortalecerse por lo cual cada vez se le hacía más difícil resistirse.

Tú y yo somos uno.

Recordó nuevamente las palabras del demonio y a pesar de que sabía que tenía razón, se rehusaba a aceptarlo. Hacerlo sería aceptar que le pertenecía. Que su vida ahora dependía de otro ser. Y jamás aceptaría pertenecer a otro que no fuera InuYasha.

Miró nuevamente hacia el cielo, acurrucándose en su lugar. Sin darle importancia a lo blando y suave que parecía ser el suelo que se encontraba debajo de su cuerpo. Y, sin ser consciente de ello, sus ojos se empezaron a cerrar lentamente, dejándose llevar por lo cómodo y reconfortante de era el suelo.