Capítulo VIII: Sentimientos banales.
—Podrá descansar aquí— mencionó Maome, abriendo la puerta para que pudiera ingresar a la estancia. La habitación era pequeña y solo tenía una cama de tamaño pequeño, al igual que una mesa, sin más muebles que utilizar—. No puedo dejarla en el ala oeste—dijo apenada sin atreverse a mirar a la sacerdotisa—. Solo la pequeña Rin tiene permitido hospedarse ahí.
—¿El uniforme? —inquirió, sin darle importancia a la habitación. De todas formas, ya estaba acostumbrada a descansar en lugares más pequeños e incómodos.
—Lo dejé para lavar, pero no se preocupe, le conseguiré ropa más adecuada—sonrió un poco apenada, antes de marcharse.
Cuando estuvo sola, Kikyo volvió a ver su vestimenta y suspiró resignada a tener que mantenerse con la ropa de Sesshomaru. Decidiendo no darle importancia, abrió la ventana. Era pequeña y no tenía una vista espléndida, pero en ese momento era suficiente sentir la brisa sobre sus mejillas para despejarse.
—InuYasha —estuvo tentada en pensar en su amado y las veces que permanecieron muy cerca para calentar tímidamente sus cuerpos. Sin embargo, hacerlo sería dejarse llevar por el dolor, y no podía permitirse debilitarse si no deseaba que el demonio la rastreara fácilmente.
Negándose a pensar, decidió acostarse y meditar hasta que el sueño la alcanzara. Con el paso de los minutos, empezó a perderse brevemente entre sus recuerdos con InuYasha y algo tan trivial como el hecho de que su cama no era tan cómoda como la de Sesshomaru. Estos pensamientos la hicieron sonreír al percatarse de que en toda su vida era la primera vez que se permitía pensar en cosas sin importancia o que le dolieran al recordarle lo que no había podido y perdido.
Algunas horas después, cuando ya se había rendido en intentar dormir, Maome tocó nuevamente a su puerta, invitándola a comer.
—A la pequeña Rin se le permite sentarse con el joven amo —susurró Maome mientras colocaba su plato al lado del de Kikyo, después de percatarse de que parecía buscar a alguien entre los demonios que repelían sin ningún disimulo—. Ya todos estamos acostumbrados a ella. Pero pronto también se acostumbrarán a su presencia —sonrió, ignorando la mirada que le dedicaba su hermana gemela desde el otro lado de la habitación.
Los demonios a su alrededor no disimulaban su desagrado y conversaban sin ningún temor al creer que, al estar cenando con ellos, era una combina sin importancia comparada al lado de Rin.
A Kikyo no le importaba la situación. Lo único a lo que le daba prioridad era romper el sello. Sin embargo, a pesar de eso y de no cambiar de expresión, se sintió aliviada al escuchar la voz de alguien más y no estar sola en aquella mesa que se encontraba en un rincón.
—El señor Inu no Taisho nos salvó—continuó hablando, dejando de lado su plato—. Desde ese día prometimos servir con nuestra vida a su linaje —al finalizar esa frase, su tono de voz decayó—. No pude ser soldado como mi hermana por falta de habilidades, pero quería seguir sirviendo al joven amo… y a su descendencia sin importar su origen.
Una luz cerca de su rostro le indicó quien era el objetivo de su flecha. Ya había percibido la presencia de alguien más en la habitación y el arco estaba tensado en su mano, esperando que la presencia hiciera algún movimiento. Antes de poder verlo, podía percibir de quien se trataba, pero no confiaba en los demonios, menos en uno que mostraba libremente su desagrado.
—Humana, el amo solicita tu presencia—miró por la ventana, notando la luna en el centro, comprobando así que era media noche—. Ahora — Jaken demando a pesar de que daba un paso hacia atrás temeroso por el arco que aún seguía tensado.
Estuvo tentada a negarse, pero se había percatado de lo orgulloso que era Sesshomaru; sabía que jamás enviaría en su búsqueda si no fuera algo que salía por completo de su control.
El camino hacía el ala oeste estaba muy separado de los dormitorios de la servidumbre, por esa razón les tomó varios minutos llegar a la habitación principal. Cuando llegaron, Jaken ingresó e hizo una reverencia, dándole con su báculo y fingiendo ser un accidente, cuando ella no hizo lo mismo.
Sesshomaru estaba de pie frente a la ventana, sin mostrar indicios de su estado.
—Puedes retirarte.
Cuando la puerta se cerró, Sesshomaru se dirigió a la cama, y se quedó observándola antes de descubrirse el hombro. Su expresión se relajó, como si le pidiera un favor, antes de girar el rostro en la dirección contraria a la sacerdotisa.
Kikyo sintió ganas de sonreír al recordar a InuYasha, pero rápidamente descartó ese recuerdo. Entre más los comparaba, más diferencias entre ellos encontraba. Dejando de lado ese pensamiento, se acercó hasta tener el hombro del demonio a su alcance, y empezó la curación sin mediar palabras.
No hacía falta.
Sesshomaru pudo percibir nuevamente su aroma. Algunas horas atrás, cuando había decidido descansar, se había percatado de que sus sabanas olían a la humana. No obstante, descartó rápidamente ese descubrimiento justificándose en que lo estaba imaginando por haberse acostumbrado a su olor. Y una realización lo golpeó: No solo Rin se estaba acostumbrando a la presencia de la humana. Ante ese descubrimiento, quiso molestarse consigo mismo, pero su enojo fue lentamente menguado por la relajación que lo invadió y lo llevó rápidamente a un descanso profundo hasta que el dolor en su hombro lo despertó.
Y nuevamente, percibiendo su aroma, se relajó, concentrándose en la visión que ella le mostraba. Las líneas de su hombro retrocedían mientras una línea suave de sudor bajaba por la mejilla de Kikyo.
Estaba tan cerca que podía olfatearla sin ningún esfuerzo. Tan cerca que podía observar como las líneas de sudor bajaban por su cuello hasta perderse debajo del haori morado, dejando ver un poco de su hombro al no amoldarse la prenda a su cuerpo pequeño.
Pudo notarlo, pero, inmerso en su nube de relajación, no le importó que su ropa fuera relegada a una simple humana o que su cama se impregnara totalmente de su olor.
—Me gusta —susurró, dejándose llevar, y cerró los ojos hasta que no pudo percatarse de nada a su alrededor.
Algunas horas después, Sesshomaru se despertó, siendo recibido por el olor que ahora casi inundaba totalmente la habitación. Miró hacia abajo, observando la cabellera oscura que sobresalía sobre la tela de su cama, viendo por primera vez desde que se habían conocido, esa expresión que solo parecía utilizar cuando estaba completamente relajada.
Llevado por la curiosidad, acercó su olfato hasta el cuello de Kikyo, confirmando sus sospechas al percibir el olor leve que permanecía debajo de su aroma natural.
Las cosquillas en su cuello provocaron que Kikyo se despertara, quedándose momentáneamente quieta cuando se dio cuenta de lo que el demonio estaba haciendo. Frunció el ceño cuando sintió su cara arder, y levantó la mano hasta llevarla al pecho de Sesshomaru. Sabía que sus poderes actualmente no le causarían daño a un demonio de su clase, pero si serían suficientes para alejarlo y, probablemente, molestarlo.
Sesshomaru se irguió un poco, tomando la mano que reposa sobre su pecho; parecía estar enojado, no podía asegurarlo, pero permanecía en su posición.
—¿Qué pretendes? —intentó levantarse, pero él no se lo permitió. Aún permanecía levemente postrado sobre su cuerpo, dejando que su cabello color plata cabellara sobre ella como una cascada. Y, como si estuviera en trance, tomó la mano que aún tenía apresada y la llevó a su boca e hizo lo que su instinto le indicó: empezó a lamer la zona.
Kikyo estaba impresionada por esta acción, por lo cual no puso ninguna objeción. Sin embargo, cuando los colmillos pasaron lentamente por la piel de su muñeca, salió del estupor y, antes de que pudiera quitar la mano de su alcance, pudo escuchar un susurro suave.
—¿Qué pretendes? —inquirió nuevamente, provocando que esta vez se detuviera, pero sin llegar a soltarla.
—Tu olor… —respondió simplemente, como si eso explicara por qué estaba parcialmente sobre ella mientras la olfateaba—… es extraño… y cada vez se vuelve más intenso. No lo entiendo —dijo esto en voz alta, todavía concentrado en la extremidad que sostenía—. Es como si… —en ese momento, la miró directamente a los ojos y se reparó en lo que había estado haciendo. Pero no dijo nada o le mostró la expresión de desagrado que solía ver de forma efímera cuando algo no era de su agrado. Simplemente se alejó—. Estás conectada a él… pero eso ya lo sabes. Tu olor demuestra que creo tu cuerpo con un solo propósito.
Kikyo se apretó la parte donde antes los colmillos casi habían rasgado su piel. Desde el inicio había sospechado sobre su nuevo cuerpo. Temía no solo estar sellada, sino que su cuerpo no fuera muy compatible con su energía espiritual, y que solo fuera un contendor que serviría para alimentar a los seres que estaban planeados ser engendrados en su cuerpo. Sabía que la única forma en que algunos demonios podían reproducirse era alimentándose de energía que, entre más fuerte fuera esta, mayor cantidad de demonios podría albergar.
En ese momento, pensó que esconderse momentáneamente en un palacio lleno de demonios no había sido una buena idea si parte de sus sospechas eran ciertas. Era consciente a pesar de que la conexión psíquica estaba bloqueada, su cuerpo aún estaba unido a aquel demonio y reaccionaria a los cambios que este presentara.
—Debes retirarte.
Kikyo pudo notar como los ojos que la observaban de forma penétrate se tornaban por momentos de color rojo, indicándole que estaba luchando contra sus instintos. Sensaciones por las que todos los demonios, sin importar el rango, se dejaban llevar. Sin embargo, Sesshomaru se resistía a mostrarse como un ser irracional, llevado por su orgullo.
Cuando estuvo a solas en la habitación, dejó de apretar sus garras en la palma de sus manos, provocando que salieran algunas gotas de sangre antes de que empezara a curarse. Mientras observaba este suceso, se preguntó por qué sus instintos, por primera vez en su existencia, lo habían casi controlado. Sin embargo, cuando sus ojos dejaron de virar entre los dos colores, se arrepintió por haberse cuestionado algo como eso. Su olor apenas estaba cambiando, amoldándose a los cambios que iba presentando el demonio que la perseguía, pero él llevaba días reaccionando a su presencia y esencia.
Esta revelación fue un golpe a su orgullo, pues aún podía verse a sí mismo cuestionando a su padre por caer rendido de esa forma ante una humana. No negaría algo como eso así mismo, no era patético. Pero estaba seguro no era igual a su padre, lo había superado.
Estaba seguro de que su reciente descubrimiento jamás pasaría de ser algo más que deseo, algo tan banal que podría controlar con facilidad, estaba seguro de eso.
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¡Hola! Este capítulo fue un poco difícil porque no me convencía totalmente lo que escribía. Borraba, editaba y volvía a escribir. Ah, el romance no se me da bien. Pero ya inicié finalmente con acercamientos de otro tipo.
No me juzguen por Sesshomaru, pero es muy tierno cuando un cachorro te "besa".
Quiero agradecer a todas las personas que aún siguen la historia, especialmente a:
Guest Gracias a ti por el comentario. Realmente tenía dudas sobre si alguien aún seguiría leyendo la historia. Pero me hiciste ver que, por lo menos, hay una persona que aún la sigue; gracias . Ah, me alegro que ambas te gusten, voy a ver si me paso por la otra también.
Espero siga siendo de tu agrado porque realmente no soy muy buena con el romance jaja
¡Saludos!
