TERROR DE ORO

TRADUCCIÓN

Historia original por Lirenel


Aunque sabía que probablemente ella quería que la dejaran en paz, Caspian nunca dejaba que un enigma quedara sin resolver. Y este enigma le rondaba por la cabeza, como una canción que tenía en la lengua, a la espera de las palabras adecuadas para empezar. Así que el joven siguió los túneles, siempre con los ojos recorriendo las pinturas que cubrían las paredes.

Para su sorpresa, Lucy no estaba en la Mesa de Piedra. Por un momento entró en pánico, pensando que tal vez ella había huido para encontrar a Aslan por su cuenta, o incluso para seguir a su hermano al campamento telmarino.

Entonces un destello rojo le llamó la atención y se volvió para ver a Lucy de pie en la esquina más alejada de la habitación. Aparentemente no lo había oído entrar, y su mirada estaba fija en un cuadro en particular, uno de los que habían sido dañados en algún momento de la historia perdida de Narnia. Caspian observó cómo su pequeña mano trazaba las figuras y frunció el ceño. Aquel cuadro siempre le había intrigado y preocupado. Mostraba a un guerrero, el rey Peter según el estilo que lo representaba, de pie con una espada ensangrentada sobre una pila de cadáveres humanos; a su lado, un castillo ardía ferozmente. La figura de Peter estaba como dispuesta a atravesar a los soldados caídos incluso en la muerte. El resto de la escena había desaparecido, pero la horripilante imagen del Gran Rey siempre hacía estremecer a Caspian, que se preguntaba cómo había conseguido Peter el título de Magnífico.

Se estremeció y Lucy debió de oírle, porque se giró para mirarle, llevándose la mano al cuchillo. Al ver quién era, se relajó, pero Caspian no pudo evitar fijarse en la mirada oscura de sus ojos, proyectada por las sombras de las antorchas.

—¿Me necesitabas para algo, Caspian?—preguntó cortésmente.

—No, majestad…

—Sólo Lucy, por favor.

Caspian sonrió ligeramente.

—Lucy. No, yo…—estuvo a punto de confesar al oír su extraña despedida, pero perdió los nervios y cambió lo que iba a decir—me preguntaba si estabas bien, por eso te seguí. No esperaba que estuvieras junto a este cuadro, no me parece muy… reconfortante.

La sonrisa de Lucy era apenada.

—Me sorprende ver esto grabado. Incluso en nuestra época, la mayoría de los narnianos solían fingir que nunca había ocurrido.

—¿Qué ocurrió? El Doctor Cornelius nunca me contó una historia como ésta. El Gran Rey parece tan…

—¿Furioso? ¿Poseído? ¿Sediento de sangre?—Lucy levantó un dedo para trazar la figura de su hermano—Oh, lo estaba—se volvió hacia Caspian, con los ojos entrecerrados por el recuerdo—¿Seguro que quieres oírlo? No es agradable, pero quizá aclare algunas cosas.

Caspian tragó saliva, pero asintió con firmeza.

—¿Como por qué tú y Susan hacen turnos para vigilar a tu hermano?

El dedo de la reina trazó hacia abajo a la montaña de hombres masacrados.

—Sí. Vigilamos para asegurarnos de que no haga nada…imprudente. Al menos, Susan lo hace—Lucy respiró hondo y comenzó su relato—Habían transcurrido nueve años de nuestro reinado. Había llegado a Cair Paravel el rumor de que una pequeña banda de humanos a lo largo de nuestra frontera estaba asaltando nuestras tierras, matando narnianos. Por supuesto, Peter y Edmund salieron inmediatamente a investigar con una pequeña cuadrilla de guerra—ella hizo una mueca—Se había subestimado el número de los asaltantes; mis hermanos cayeron en una emboscada, y Peter resultó gravemente herido. Edmund sabía que no podrían repeler a la fuerza con tan pocos efectivos, así que organizó una retaguardia que permitió a la mayoría del grupo de guerra escapar de vuelta al Cair. Peter apenas lo logró, y tuve que usar mi cordial para curarlo.

Caspian vio que su mano se dirigía a la botella de diamantes que llevaba en la cintura, ya casi medio vacía. ¿Cuántas veces había tenido que usar la magia de la flor de fuego para curar a sus hermanos de heridas mortales? estuvo a punto de reírse. Ni siquiera era una niña, tendría más o menos su misma edad, tal vez más.

La Reina Valiente continuó.

—En cuanto estuvo curado, Peter reunió a toda la fuerza del ejército narniano y se dirigió al lugar de la emboscada. Quería respuestas, quería venganza. Pero sobre todo, quería encontrar a nuestro hermano, porque ninguno de la retaguardia había regresado. Y los encontramos.

—¿Ustedes?

Lucy sonrió con fuerza.

—¿Creías que no iría con él? Luché junto a mis hermanos muchas veces. Susan era la que normalmente se quedaba en Cair Paravel. Ese día también se quedó ella.

—Pero no nos acompañaste en el asalto al castillo de Miraz—Caspian frunció el ceño.

—Esa es otra historia, así que sólo diré que nunca fui a la batalla si no creía que Aslan lo aprobaría. No es que eso sucediera usualmente en ese entonces. Muchas cosas han cambiado.

Un nudo de culpa se formó en las tripas de Caspian. Así que la Reina Valiente se había quedado atrás en señal de protesta, sabiendo que Aslan no bendecía la incursión, y la Reina Gentil, que nunca iba a la guerra, luchó ferozmente en aquella sangrienta carnicería. Una cosa más de la que él y su gente eran responsables.

Sin embargo, Lucy no lo dejó pensar mucho.

—Toda la guardia había muerto protegiendo la retirada. Brutalmente masacrados, sus cuerpos mutilados incluso después de muertos. Sólo faltaba Edmund, y tuvimos que asumir que había sido capturado por los asaltantes. Dejamos atrás un contingente para enterrar a los muertos y luego seguimos el rastro de los asaltantes. Iba mucho más allá de las fronteras de Narnia, y teníamos muy poca información de lo que había más allá. El rastro era difícil de seguir. Lo habríamos perdido varias veces, sólo que... —se le quebró la voz—Sólo que los incursores se habían enterado de que los seguíamos y decidieron burlarse de nosotros dejándonos... pistas de el camino.

La forma en que Lucy dijo "pistas" provocó un escalofrío en Caspian, ya que la reina parecía mirar más allá de él, al mismo pasado que revivía en su memoria.

—¿Qué... qué clase de pistas?

El puño de su daga se tensó.

—Eran un pueblo terrible y cruel. Los rumores que habíamos oído al principio, que disfrutaban torturando por torturar, que disfrutaban viendo a la gente sufrir, no eran rumores en absoluto—Lucy lo miró a los ojos y a Caspian le sorprendió el oscuro dolor de su mirada demasiado vieja—Dejaron restos de la ropa rota de Ed, mechones de pelo que le habían arrancado de la cabeza. Dejaron rastros de sangre. La sangre de Edmund. Estaba... por todas partes, había mucha. En la segunda semana de búsqueda incluso encontramos su anillo.

—Seguramente eso no es tan malo como la... sangre—dijo el príncipe y los ojos de Lucy se cerraron con fuerza y tuvo que respirar hondo, entrecortadamente—Todavía estaba unida a su dedo.

Caspian se quedó boquiabierto, con los ojos aún más abiertos mientras su mente procesaba sus palabras. Dos semanas. El rey Edmund había estado cautivo durante al menos dos semanas, torturado durante dos semanas mientras Peter y Lucy lo habían perseguido frenéticamente, siguiendo un camino de sangre. De repente, el miedo de Peter a dejar que su hermano llevara el anillo tenía un sentido terrible. Y también llevó a otra pregunta.

—Pero... el Rey Edmund tiene todos sus dedos.

—Ahora los tiene. Cuando regresamos a nuestro propio mundo, volvimos a los cuerpos que teníamos antes de Narnia, lo que significó que perdimos todas las cicatrices que ganamos aquí.

Caspian asintió, preguntándose si en verdad todas sus cicatrices estaban curadas, porque estaba aprendiendo rápidamente que no todas las heridas eran físicas.

—Obviamente lo encontraron, vivo.

Lucy asintió solemnemente.

—Vivo, pero a duras penas. La tercera semana encontramos la fortaleza donde se refugiaban los secuestradores—Caspian siguió su mirada hacia el castillo en llamas pintado en la pared—Para entonces, Peter estaba al borde de lo que llamamos su "salvajismo". Le has visto enfadado. No lo has visto salvaje. No muchos lo han hecho, y los que lo hicieron, la mayoría están muertos.

Caspian no pensó que se refería a los amigos narnianos de su reinado.

—Se vuelve frío, y es un frío terrible que lo arrastra a una oscuridad vacía; sus ojos se vuelven casi negros, y una vez que se desata no se detiene. No es mucho lo que desencadena su salvajismo, pero estos asaltantes cometieron el estúpido error de herir a nuestro hermano; ni siquiera una fortaleza podría contenerlo. Tras dos días de asedio, derribamos la puerta y Peter… se desató—Dos pares de ojos se desviaron hacia la figura del Supremo Monarca, de pie sobre los numerosos cadáveres. Lucy continuó, sin apartar los ojos del cuadro—Nada pudo detenerlo, nadie.

—¿Ni siquiera tú?

Lucy hizo una pausa, con los labios apretados, antes de responder.

—No lo sé. Pude haber sido capaz de detenerlo. Si hubiese querido.

Otro escalofrío recorrió la espalda de Caspian mientras miraba a la niña que estaba a su lado. ¿niña? No, sus ojos no eran los de una niña, eran los de una guerrera y una reina. Caspian se preguntó, distraídamente, si Peter era el único que se había dejado llevar por el desenfreno aquel día. Por sus palabras, por la culpa en sus ojos, más bien pensó que no.

—Encontramos a Edmund en una de las habitaciones de la fortaleza. No habían sentido la necesidad de encerrarlo en una celda o atarlo, ya que… no estaba en condiciones de moverse. Estaba medio muerto—Lucy sacudió la cabeza como si tratara de deshacerse de la imagen—No, estaba más que medio muerto, sin embargo, de algún modo seguía consciente. Lo suficientemente consciente, al menos para ordenar a Peter que no matara al joven ciado que estaba encogido cerca de él.

—¿Le ordenó al Gran Rey que se detuviera? ¿Y él le hizo caso?—Eso confundió a Caspian.

Lucy sonrió, y por primera vez parecía cariñosa en vez de triste.

—Edmund es el único que ha sido capaz de calmar a Peter de la locura. Incluso entonces, apenas capaz de hablar y con un dolor tan horrible, fue capaz de traer a Peter de vuelta por un momento y salvar la vida de la única persona que le había mostrado algo de amabilidad en su cautiverio. Por supuesto luego Ed se desmayó por completo, y apenas pude hacerle llegar el cordial a tiempo. Estaba tan mal que permaneció inconsciente durante los cuatro días siguientes, incluso mientras viajábamos de vuelta a Narnia. Y tardó aún más en curarse por completo de su experiencia.

La historia terminó, Lucy pareció desinflarse y Caspian le puso una mano en el hombro para sostenerla mientras se balanceaba. Ella se inclinó hacia él y él acabó abrazándola torpemente, dejándola descansar contra su costado.

—Ese sirviente era el único que quedaba vivo, ¿verdad?

—Sí—fue la sencilla respuesta—Quedó vivo para contarle al resto de su pueblo lo que les pasa a los que dañan a un rey de Narnia… Aún atormenta a Peter

—¿Qué? ¿Matar a los invasores?—la sintió sacudir la cabeza contra su pecho.

—No. Dejarlo vivir—Ella le dio un momento para procesar ese shock antes de continuar—Edmund insiste en que era lo correcto, y estoy de acuerdo. El sirviente le había dado más comida y agua, incluso le había metido hierbas para el dolor a pesar de arriesgarse a ser castigado o incluso a morir si lo descubrían, sin embargo… Peter no perdona fácilmente. Aunque el chico ni siquiera había sido uno de los que lo capturaron, para él todo el pueblo era responsable. Y las consecuencias de dejar libre al muchacho lo enfurecen aún más.

—¿Consecuencias?—Caspian sintió que una sensación de pavor le subía al pecho.

Lucy se apartó de él y volvió a mirar el cuadro de la pared.

—Supongo que no te habrás fijado en la pancarta.

Caspian miró hacia donde ella señalaba. Sobre la fortaleza en llamas ondeaba el estandarte de los asaltantes. Se le revolvió el estómago cuando se fijó en ese detalle. Una brújula dorada sobre un campo. Era un logo que conocía bien. Era suyo, de su familia.

El estandarte de los telmarinos.

—Todavía hay más—la pequeña mano de Lucy le agarró la muñeca, pero él no se volvió hacia ella.

—¿Qué más puede haber?—exigió Caspian, con la voz entrecortada por un gemido. ¿Qué podría ser peor que saber esto, conocer las profundidades de la depravación de su pueblo?

—El nombre del criado… era Caspa.

Con un grito ahogado, el príncipe retrocedió. Caspa. Para cualquier otra persona sólo sería un nombre que sonaba parecido. Sólo alguien que supiera cómo llamaban los telmarinos a sus hijos sabría la verdad. "Caspian", el nombre de nueve reyes orgullosos, el nombre de un conquistador, el nombre permitido sólo en la línea real directa, su nombre, simplemente significaba "hijo de Caspa".

Ese niño, ese joven servidor, había sido el fundador de la línea real Telmarina. La línea que invadió Narnia, devastó a su pueblo, destruyó la tierra.

Su mente daba vueltas. Si Peter hubiera matado a Caspa ese día, nada de eso habría sucedido. Ni invasión, ni terror, ni caza de narnianos inocentes, ni Miraz, ni incursión desastrosa, ni duelo desesperado. Sin Caspian. En ese momento, pensó que su propia inexistencia habría valido ese pequeño giro de espada.

—No—no se había dado cuenta de que había dicho lo último en voz alta hasta que la firme contradicción de Lucy se impuso sobre su niebla de confuso odio a sí mismo—Aslan siempre dice que no podemos saber lo que podría haber sido. Pudo haber habido otro telmarino que conquistara Narnia, pero podría no haber tenido un descendiente como tú que le devolviera la esperanza de los viejos tiempos.

—El rey Peter obviamente piensa que hubiera sido mejor que la línea de Caspa nunca existiera.

Lucy ya negaba con la cabeza.

—Acabo de decirte que Peter no perdona fácilmente. Hay una buena razón por la que no se le llama El Justo. Le cuesta separar al individuo de las acciones del grupo y culpa a todos los telmarinos de lo que le pasó a Edmund.

—Incluyéndome a mí—Caspian agachó la cabeza. De repente, cada palabra dura, cada mirada que el mayor de los reyes le había dirigido desde su primer encuentro tenían tanto sentido. Había pensado que su majestad estaba siendo altanero cuando ni siquiera le había dado la oportunidad de demostrar su valía, pero ahora podía reconocer la ira y la desconfianza subyacentes que provenían de las terribles cosas hechas a la familia del Gran Rey—No lo culpo en absoluto por su ira.

—Edmund sí—el príncipe levantó la cabeza, mostrando su confusión. Lucy le sonrió suavemente—¿Alguna vez Edmund te ha tratado como si no merecieras estar aquí con nosotros, con los narnianos?

—No—efectivamente, él nunca lo había tratado de la forma en que lo había hecho su hermano, incluso había apoyado el derecho de Caspian al trono de Narnia—pero no entiendo por qué. Él más que nadie tiene derecho a odiar a los telmarinos—Lucy le agarró la muñeca con más fuerza.

—Edmund recuerda todo lo que pasó. Todo. No sólo la tortura y el dolor, sino la bondad que le mostró Caspa. Recuerda sus propios fallos en la vida, y llegó a la conclusión de que al igual que él era responsable de sus actos individuales, también lo eran todos los demás. Se castiga al criminal, no a su familia. Caspa era responsable de sus propios actos y demostró tener un corazón bondadoso. No era responsable de los crímenes de sus hijos. Así como tú no eres responsable por los crímenes de tus ancestros, Caspian. Edmund lo sabe, y no ha dejado de golpear a Peter en la cabeza con ello—su sonrisa se ensanchó con pesar—sólo tomó tiempo que lo entienda, y ahora hasta Peter confía en ti. Para él ya no eres un telmarino. Eres un narniano, elegido por Aslan para gobernar su tierra.

El joven volvió a mirar el cuadro de la fortaleza en llamas. El estandarte de la brújula dorada ondeaba en la piedra, pero él no sentía nada por él. Ya no luchaba bajo el estandarte de Telmar. Luchaba bajo el estandarte del Gran León. El estandarte del Magnífico. El estandarte de Narnia.

...

El futuro rey y la antigua reina permanecieron en silencio durante algún tiempo, reflexionando sobre la historia que acababa de contarse en aquella sala sagrada, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por un zorro mensajero que se deslizó hacia ellos.

—Mi reina, su hermana me pide que le diga que es hora de "hacer tu turno" en el mirador.

—Gracias, dile que iré enseguida—el zorro desapareció por el túnel y Lucy se volvió hacia Caspian—Es mi turno. ¿Estarás bien?

—Debería preguntarte a ti. Yo no era el que estaba reviviendo ese horrible recuerdo—el joven le dedicó una sonrisa tentativa

—Estaré mejor cuando Edmund regrese. Todos lo estaremos—Lucy le apretó la mano, un agradecimiento silencioso. Se dio la vuelta para marcharse, pero Caspian la detuvo.

—¿Lucy?—ella volviendo la vista hacia él, enarcó una ceja en señal de pregunta mientras él sólo vaciló un poco—Gracias por decirmelo.

—Gracias a tí por escucharme... Y por entender—Lucy le dedicó una pequeña sonrisa. Con eso, dejó a Caspian solo.

Un poco más tarde, sin saber qué hacer, Caspian vagó lentamente por los túneles, mirando de nuevo las pinturas que adornaban las paredes, pero esta vez viendo algo más que simples imágenes. Vio las vidas, las penas y las alegrías de dos reinas y dos reyes.

"Dos reyes, dos coronas

de plata y oro las Coronas"

La frase de antes susurraba en su mente, palabras que se le escapaban de la memoria. ¿Por qué lo recordaba ahora?

"... El oro viene, el oro del terror

Cabalgando, audaz y feloz"

Caspian jadeó al recordar todo aquello. Él mismo, un niño pequeño, viendo a los niños sirvientes jugar a saltar a la cuerda en el patio, cantando rimas que conocía, sabía, incluso cuando era pequeño, que se remontaban a las historias prohibidas que su tutor le contaba. Como en las otras canciones de saltar a la cuerda, los niños recitaban una rima y luego contaban el número de saltos que habían completado al terminar la rima. ¿A cuántos quema el de Oro? Nunca había entendido esa canción, nunca supo qué contaban los niños. Pero el profesor, siempre dispuesto a contar las historias que había detrás de tantas rimas, se negó a hacerlo con ésta.

Era un cuento, le dijeron a Caspian, no apto para oídos jóvenes. La negativa había frustrado a Caspian, y cuando todas las demás rimas desaparecieron en el abismo de la memoria perdida, ésta permaneció. Ahora no sólo en susurros, sino que con fuerza, toda la rima la escuchaba latiendo al compás de su corazón.

Y ahora tenía sentido.

Caspian se detuvo en seco, cuando se dio cuenta de que en su aturdimiento había caminado hasta la abertura que conducía el borde que dominaba el campo. Desde las sombras de la puerta, Caspian vio al Gran Rey Peter de pie, mirando hacia el bosque donde acampaban los telmarinos, sin apartar la mano de la empuñadura de su espada Rhindon. Lucy estaba a su lado, con los dedos ligeramente apoyados en su brazo. Al verlos así, al ver la dura postura del joven rey que ahora no se parecía en nada a un niño, supo que la mano de la menor no era de contención, sino de consuelo. Un gesto que decía que, hiciera lo que hiciera, ella lo apoyaría. Porque nada, ni siquiera ella, lo detendría en caso de que su hermano sufriera algún daño. Tal como ella le había dicho.

Tal como la pequeña rima cantada por los niños telmarinos advertía a sus padres:

"Dos reyes, dos coronas

de plata y oro las Coronas

La plata perdida se mantiene fuerte

Plata del bien y del mal imponente

El oro viene, el oro del terror

Cabalgando, audaz y feroz

Plata deslustrada, es nefasto

Ardiendo al oeste un fuego Dorado

¿A cuántos quema el de Oro?

Uno, dos, tres, cuatro…"

—Escucha a los niños, tío—dijo Caspian en tono sombrío—Y no pongas un dedo sobre la Corona de Plata, porque ellos conocen las consecuencias de dañar al hermano del Gran Rey. Y si ignoras su advertencia, no podré hacer otra cosa que permanecer junto a la Reina Valiente y ver cómo el Fuego Dorado arde a través de Narnia... y contar con ellos"

"¿A cuántos quema el de oro?

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece..."

EL FIN


Hola!

Este es el siguiente y ultimo cap, debían ser dos pero los uní xd Disfruten por favor!