—Se sincero conmigo y dime que no te molesta —musita melosa, una desnuda Marinette; sobre el pechito desnudo de su amante— ¿No soy un estorbo acaso?

—¿En verdad me estás preguntando esto luego de haber hecho el amor cuatro veces? —ríe Félix, soltando un suspiro endeble de satisfacción orgásmica— Yo creo que necesitas dormir un rato y despejar la mente.

—Soy mujer y sobre pensar es parte de mi —se excusa la fémina, inflando las mejillas a modo infantil— Tu misión es sobre explicarme ¿Ok? Solo respóndeme.

—Cariño, disculpa si sueno superficial, pero…—exhala, cubriéndoles a ambos con las sábanas— En serio. ¿Qué quieres que te diga?

—Cierto. Por lo regular no sueles pensar en nada cuando terminas —protesta mimosa, depositando un beso casto en su mentón— Me conformo con que no me hayas pedido chance para ir a orinar al menos.

—¿Cómo podría? Tenme algo de compasión —profesa Fathom, con dejo de ingenuidad— Me elevas al cielo y luego te pones a parlotear como lorito. Perdóname, pero realmente eres muy parlanchina.

—Mira, si tuviera 15 años y siguiera en un proceso de retro inspección posiblemente tu sinceridad me dolería demasiado —farfulle agotada, la chica. Recostando su rostro sobre los pectorales anémicos de su pareja— Pero ahora mismo…solo diré que ando un poco más sensible de lo normal.

—Marinette, ya lo hemos hablado antes —expresa Graham de Vanily, cándido en sus palabras— Tu eres una chica y yo un chico. No somos inferiores ni tampoco superiores. Solo procesamos las cosas de manera distinta. Y así como tú, ganas energía luego del acto, yo…me agoto. Solamente eso. No quiero sonar básico, pero la mayor parte del trabajo físico me lo llevo yo y lo único que agradecería es que, si deseas hablar largo y extendido conmigo…me des un tiempito para recuperarme ¿Sí?

—Siempre lo hago, tonto. ¿Qué dices? —Dupain-Cheng le pellizca una tetilla, a modo de juego. Acto seguido, alza la vista, mirándolo a los ojos— No exageres tanto. Solo te hice una pregunta natural…

—Ouch…eso dolió —Félix cierra un ojito, adolorido— ¿Qué pasa? ¿Tanto te afecta el hecho de tomarte "vacaciones" forzadas?

—No quiero…ser una carga —la joven profesora se sienta a su lado, cubriéndose hasta las clavículas con las colchas— Félix…te parecerá una locura. Pero no estoy sintiendo lo mismo con esta criatura.

—Por favor, te ruego no me asustes —Fathom se inclina hacia ella, inquieto. Toma su mentón, sosteniendo la mirada en el instante— Mi amor… ¿Qué tienes?

—Ya sé que dije que no es la primera vez que cargo un bebé en mi vientre. Pero…—aprieta los labios, apabullada— Últimamente…me asaltan emociones sensitivas, que no viví durante el embarazo de Hugo.

—¿Tienes miedo?

—Mas bien…tengo mucha pena —musita, cabizbaja y renuente a su mirada instintiva— Estos dos meses en casa, alejada de mis labores como docente me han trastornado un poco la rutina. Me cuesta conciliar el sueño por las noches. Sufro de ataques de comida en donde me devoro todo a mi paso y para más remate, lloro sin razón de la nada. ¿Te parezco tonta?

—Al contrario. Me pareces una mujer tierna, bondadosa y muy linda, Marinette —Félix la envuelve entre sus brazos, depositando besos variados alrededor de su rostro— Si te amaba antes, con tanto fervor…imagina ahora, que sé que llevas un bebito mío dentro de ti —acaricia su vientre, con suavidad— Me has devuelto la vida. Y este regalo…no podría si no, cuidarlo como si lo portara yo en mis venas. Si te sientes sola, triste o desamparada, por favor no rehúyas de mí. No es por desmerecer a Fei ni compararme con ella, pero…—traga saliva, decidido— Yo no soy así. No me iré a ningún lado y no te abandonaré por nada del mundo.

—Entonces dime —exige la muchacha de ojos añiles— ¿No te molesta que lleve en casa tanto tiempo sin hacer nada?

—¿Cómo que no haces nada, mujer? —bufa Félix, brioso— Pero si provees de todo aquí. Literal, haces el desayuno de los niños. Lo ayudas con las tareas, te preocupas de su vestimenta, su salud y su alimento. Y además me entregas tu calor femenino por las noches. Si tuviera que pedirte algo, en serio desearía que por favor salgas con tus amigas y te distraigas —agrega el médico, esbozando una mueca inocente— No me parece justo que pases tanto tiempo encerrada en quehaceres del hogar, cuando eres una chica tan talentosa. Deberías dedicarte también tiempo para ti.

—¿Quieres que salga a distraerme? —cuestiona, arqueando una ceja suspicaz.

—Te lo ruego, si —sentencia el rubio, rotundamente convencido— No te quiero ver como una esclava. Las tareas de familia se reparten. Pero necesito que sigas siendo esa chica independiente y empoderada de la que me enamoré.

—Pero Félix…—recula Marinette, compungida— Nos vamos a casar dentro de poco…

—¿Y que con eso? —debate el inglés— Vas a ser mi esposa. No mi concubina ni la sirviente.

—¿Eso que significa realmente? —sisea malograda.

—Significa —suspira, sonriente— Que basta de preguntas necias y se tu misma. Nadie pretende cambiarte. Al contrario, te amamos como eres. Y hablo por Emma también.

—Es verdad…—desvía la mirada, atolondrada— Últimamente solo me hablo con Marc y es para cosas del colegio.

—¿Qué hay de tus padres? —sugiere.

—¿Qué hay con ellos?

—Bueno…no te ofendas, cariño —el ojiverde se soba la nuca, liado— Pero desde que comenzamos a salir…casi no hablas con ellos. Ni si quiera los conozco tanto como para meterlos de plano en esta familia que, con tanto afán y amor, estamos construyendo.

—¿Quieres hablar de mi relación con mis padres? —examina Dupain-Cheng, sorprendida.

—Si, lo quiero —advierte su compañero— ¿Está mal eso?

—N-no…nada de eso. Es solo que…vale… —ríe, jocosa— Dejaste en claro que por favor no te atosigara de tanto dialogo luego de intimar. ¿Y ahora estas muy hablador?

—Bueno…—titubea Fathom, ruborizado— Digamos que…—acto seguido, levanta las colchas para examinarse la entrepierna de manera solapada— Se ha tranquilizado ya y…ahora me apetece hablar.

—¿Cómo? —chista de manera picaresca, la muchacha— ¿Ya se bajó tan rápido?

—Este…

—¿No quieres una última ronda, doctor? —insinúa galante, la ojiazul; frotando sus labios con la punta de sus dedos— No me costaría nada ponerte en el juego de nuevo, jeje…

—Ma-Marinette…—espeta Félix, nervioso— No creo que-…

Llaman violentamente a la puerta.

Es Hugo. Finge demencia o te saco la chucha —Marinette lo empuja hacia atrás, tapándose por completo hasta la nariz— ¡Adelante!

—¡Papá, mamá! —chilla el menor, cargando un boletín de notas sobre las manos— ¡¿A que no adivinan?! El maestro Anciel me ha puesto un 10 en el ensayo de invierno. ¡Y me dijo que soy muy talentoso para escribir! ¿Creen que pueda publicar un libro de grande?

—¡Claro, mi amor! —berrea Marinette, animada— Tú puedes ser lo que tú quieras ser. Nadie te detendrá en eso.

—Eh…—Hugo hace una pausa, parpadeando atónito ante la escena. Ha caído en cuenta de algo— Wow…Félix no lleva playera. ¿Estás desnudo? —da un paso, tentado a examinarles.

—¡N-no! ¡No estoy desnudo! ¡Cof! ¡Cof! ¡Cof! —Félix le muestra la palma de la mano, a método de advertencia— ¡Solo estoy algo agripado! ¡Cof! ¡Por favor, no te acerques!

—¡Cielos! ¿Tienes fiebre? —se espanta el menor.

—Un poco —farfulle Graham de Vanily— ¡Cof! ¡Cof! No sé si sea contagioso, pero será mejor que no te aproximes tanto.

—De acuerdo —asiente obedientemente el peliazul— Entonces por eso estás desnudo en cama.

—¡N-no! —niega sínicamente el varón— ¡Yo no-…!

—Hugo, cariño —espeta su progenitora, frunciendo el ceño— Félix lleva ropa interior debajo ¿De acuerdo? Solo lo estoy cuidando para que le baje lo febril. Deja de repetir que está desnudo.

—Comprendo, mamá —asiente campante el niño— Pero tenemos hambre.

—¿"Tenemos"? —arquea una ceja, percatándose de una cabellera amarilla, asomada por el marco de la puerta. Exhala— No puedo creerlo, niños. Pero si les di desayuno hace una hora atrás. Se supone que la embarazada soy yo.

—Es raro —manifiesta Emma, con aires de zozobra y mucha seriedad— Últimamente todos en esta casa presentan síntomas de embarazo.

—¿Disculpa? —Marinette y Félix se miran, absortos.

—Cierto. Hoy me siento como hinchado —Hugo eructa.

—Ustedes dos tendrán un bebé y a mi aún no se me da el michi que me prometieron —farfulle la ojiverde, mirándose las uñas— No lo sé. Me parece que esto es una dictadura.

—Una muy dura —Hugo asiente, congeniando con hermanastra— Y ya no estamos satisfechos.

—No lo estamos —niega la rubia, con expresión apática— Quiero mi gato.

—Si Emma tendrá un gato, yo quiero un Gecko crestado albino —Dupain-Cheng alza la mano— Llamo a votaciones.

—Está bien, está bien…muchachos —Félix detiene la plática, riendo jocoso entre tanto— Por favor, discúlpenos. Es que con esto del nuevo bebé hemos estado un tanto… "ajetreados" jejeje. Pero prometo cumplirles todas sus demandas, en el menor tiempo posible. ¿De acuerdo? Solo…denos un momento para arreglarnos y poder salir de la cama.

—Genial. Por cierto —sentencia Tsurugi, con total naturalidad en lo que hace abandono del cuarto— Félix está desnudo.

—¡¿Qué?! ¡¿Si estabas desnudo?! ¡Viejo sucio! —Hugo da un brinco hacia la cama, cayendo de lleno sobre las colchas. Comienza a saltar una y otra vez— ¡Félix pervertido! ¡Jajaja! ¡Wuju! ¡Estás todo encuerado como los monos! ¡Jaja! ¡Uh! ¡Uh! ¡Ah, ah!

—¡Hugo no saltes tan brusco! —le reprocha Marinette, ruborizada.

—Dios… ¿Quién me mandó a meterme en esto? —resopla Graham de Vanily, cubriéndose hasta la cabeza con las sábanas.

[…]

—No quiero sonar insistente…—Félix se toca la mejilla, tímidamente— Pero aun quedó pendiente el tema de tus padres.

Centro comercial Le Beaugrenelle de Paris. 16:13PM.

—¿Por qué de un momento a otro te preocupan tanto? —cuestiona Dupain-Cheng, con un helado en la mano.

—Bueno, cariño —expresa el doctor, obviando la lógica— Dentro de dos semanas nos vamos a casar. ¿Acaso no quieres que vengan a la boda?

—Claro que quiero que vengan. Es un momento importante en mi vida —profesa melancólica la fémina— Es solo que…mhm…digamos que las cosas no terminaron del todo bien, la última vez que hablamos.

—Ya veo —agrega Fathom, chupando una paleta— Así que discutiste con ellos.

—No fue una discusión como tal. Al menos yo no lo vería así —se encoge de hombros, divisando a sus hijos; en el interior de una tienda de libros— Convengamos en que tenemos diferencias de opinión y papá es demasiado obstinado cuando quiere.

—Ahora entiendo de donde sacaste tu lindo carisma —se mofa el inglés.

—Que chistosito, eh —Marinette le regala un arañazo gatuno en la mejilla, en modo juguetón— Podría decir lo mismo sobre tu sentido del humor, pero dudo Amelie haya sido la responsable de eso. Se veía una mujer bastante seria.

—Te sorprenderías —carcajea Graham de Vanily, afable— Mamá tenía un sentido de ver la vida con un irónico pasar. Solía ser muy burlona y traviesa. El amargado era Colt.

—A veces…cuando te refieres a ella, lo haces con tanta ternura que me dan ganas de tenerla nuevamente con nosotros —suspira, derrotada.

—No eres la única que siente eso —adiciona el británico, simulando una sonrisa ladina— Pero ya no están los tiempos para quejarme. Recordarla con amor es todo lo que me queda. Y es precisamente su prematura partida, lo que me invita a darte este consejo —toma su manito disponible, cándido— Marinette, tienes que hacer las paces con tus padres. Por nada del mundo vayas a comer el mismo error que yo. Es un camino solitario que no te llevará a nada bueno.

—Lo sé…y en verdad créeme que lo intento —la profesora aprieta los labios, pesarosa— Pero es…tan complicado.

—¿Tan grave fue la pelea…? —musita Fathom, ansioso.

—Pues…—masculle Marinette importunada— Todo esto ocurrió cuando Hugo apenas tenía 3 años y Fei se encargaba de él durante mis clases de recuperación. En ese entonces, solía pasar mucho tiempo con mis papás. Sobre todo, los fines de semana. Y nunca hubo ningún problema…hasta aquel día —agrega, quejumbrosa— El día en que olvidó ir por nuestro hijo al jardín.

Racconto—

Esa tarde me llamaron a mi para avisarme de la situación. Y como yo estaba en plena clase, me vi forzada a contarle a mis padres para que fuesen por él. Sin embargo, no contaba con que me llevaría una sorpresa mayor al reunirnos todos en su casa. Mi papá ya estaba furioso para ese momento.

—Ya se los dije —manifiesta injuriada, Fei— No me olvidé de Hugo. Solo…tuve un pequeño percance de camino y me retrasé.

—A mí me sigue pareciendo sumamente grave que incluso demores —protesta Tom, con ambos brazos entre cruzados— Marinette. ¿Acaso no le dirás nada al respecto?

—Este…—la ojiazul gesticula una mueca endeble, como quien se ve atrapada en un delito que no cometió— Es que…bueno, no es por justificarlo. Pero Fei ya dijo lo que pasó y…lo importante es que ahora Hugo se encuentra con nosotros ¿No?

—Cariño, no quisiera sonar impertinente —comenta su madre, Sabine— Pero en esta ocasión estoy del lado de tu padre. Un hijo es una responsabilidad muy seria. Nosotros nunca nos hubiéramos olvidado de ti.

—Fue un accidente, suegra —reitera Wu, malograda.

—Ok. A ver…—Marinette hace un alto al fuego, para aclarar— Al menos me dirás ¿Por qué tardaste tanto?

—Estaba…—desvía la mirada, avergonzada— En una comisaría…

—En una ¿Qué? —parpadea, pasmada— ¿Y se puede saber qué hacías en ella?

—Es que como venía tarde de las practicas, yo…—aprieta los labios, compungida— Excedí el límite de velocidad permitida…y me detuvieron.

—¡Ah! Lo que faltaba —berrea el varón, aun mas colérico que antes— Tu y tu manía por la velocidad.

—¿Y conduces así de rápido cuando vas con el niño? —espeta la mayor, confundida.

—¡N-no! ¡No! Claro que no —niega la asiática, rotundamente— Fue solo ahora. Un caso fortuito, ya saben…una emergencia.

—Mhm…—Tom observa a su esposa, liado— ¿Realmente crees en esa versión?

—Pues si ella lo dice así…—suspira la señora Cheng, no del todo convencida— Habrá que creer su versión…

No pude decir nada al respecto como para defenderla porque lo cierto es, que Fei adoraba la velocidad. Desde que se compró ese carro…solía correr bastante por las avenidas principales y fueron discusiones que teníamos casi semanalmente. Hubiese quedado hasta ahí, de no ser porque mi papá comenzó a insistir en lo mismo. Y cuando nos íbamos yendo, discutí con él.

—Esto tiene que parar, hija —masculle el señor Dupain, brioso— Se que la amas mucho y sueles encubrirle casi todas sus faltas. No somos tan tontos como para no verlo. Pero esto, ha superado los límites de lo permitido.

—Con todo respeto, papá —reclama de vuelta, la menor— Aprecio en demasía tu preocupación por tu nieto. Pero los temas de matrimonio los veré yo con mi esposa.

—No puedo creer que la estes justificando —rezonga.

—Nadie lo está haciendo. Dios…que testarudo te pones a veces —Marinette se toma la sien, hastiada con el tema— Ya te explicaron la situación. ¿Qué más quieres que haga? ¿A ver? ¿No dejar que cuide más de Hugo? Es su hijo, con un demonio.

—No he dicho eso —exclama el bigotón— Pero no es la primera vez que pasa algo así. ¿Recuerdas el verano pasado? Tampoco llegó a la hora con el control médico y tuvo que ser tu madre quien lo llevara. Lo que propongo es que mejor seamos nosotros quienes nos encarguemos de ir a buscarlo —señala— Así tu y Fei se dedican más a sus trabajos y de paso nosotros disfrutamos tiempo de calidad con él.

—Me rehúso. De ninguna manera —farfulle la ojiazul, frunciendo el ceño en el proceso— Ustedes son sus abuelos, no sus padres. No quieras tomar un rol que no te corresponde.

—Nos tratas como si fuésemos unos desconocidos —sentencia su progenitor— Somos de la familia también.

—Lo entiendo, sé que son familia. Pero como ya te dije y no volveré a repetir —confiesa la fémina— Es un tema de nosotras. Lo resolveremos como tal.

Las cosas no habían terminado bien esa tarde. Desde ese momento, Fei y yo tomamos la decisión de alejarnos un tiempo de mis padres. Por…sanidad mental. Hugo comenzó a ir cada vez menos y al final, nos distanciamos por completo. Todo eso, hasta el funeral de mi ex esposa. Recuerdo vívidamente las palabras de mamá esa mañana en el cementerio. Me dijo…

—Tú sabes que puedes contar con nosotros para lo que necesites, tesoro —expresa Sabine, haciendo amago de condescendencia— Para nosotros fue todo un honor poder ayudarte con el sepelio.

—Gracias, mamá —musita Marinette, melancólica— Todo ha estado muy bonito y bien organizado. No sé qué sería sin ustedes y su apoyo.

—Si, bueno —añade Tom, con altivez— De igual forma la chica murió en su ley ¿No?

—¡Tom! —le regaña su cónyuge, ofuscada— ¡Este no es el mejor momento para sermones como esos!

—¿Por qué? —se encoge de hombros— Solo dije la verdad. Me caía bien la muchacha, lo admito. Pero vamos, tampoco nos engañemos. ¿Fallecer en un accidente automovilístico? Ya escuchaste lo que dijeron los detectives —agrega— Fei venía a exceso de velocidad y no respetó ninguna señalética. Si tanto le gustaba correr, debió pensar en su familia antes de ir tan apresurada esa noche.

—Estaba nevando, Tom —reprocha su esposa— Era de noche. El lugar se encontraba en reparaciones y ni señales tenía. Fue un accidente.

—¿Sí? Pues fue un "accidente" mas, como el de aquel día —gruñe atosigado, el grandulón— Si tan solo hubier-…

Gracias, papá —repara derrotada, su hija. Y de paso, lo fulmina con la mirada— Por ser tan comprensivo en un momento como este.

—¡Pe-Pero yo no-…!

—Y que sepas que fue por esto mismo que nos alejamos de ustedes —le incrimina acongojada, con el dedo— Fei intentó ser la mejor esposa y madre, por cuanto pudo en vida. Pero tu solo destacabas lo malo en ella, recordándole sus errores. Y nada de lo que hagas o digas ahora, hará que volvamos a tu casa.

—…

Hubieras visto su cara. Fue como si le hubieran clavado un puñal en el pecho. Se que fui dura, lo admito. Pero él también fue cruel. Y no había justificación para algo así. Aunque en el fondo, supiera que tenía cierto dejo de verdad. Pues antes de saber que tu estuviste involucrado, yo también había sacado esa estúpida conclusión.

Fin del Racconto—

—Ouch…—Félix se rasca la nuca, impactado con su relato— Cuando te pregunté si había sido muy fuerte la pelea, dijiste que no. Pero ahora con todo esto que me cuentas…realmente fue grave.

—Y ¿Sabes? Sigo sin verle el problema a ello —exhala frustrada, la docente— En realidad fue una estupidez. Dudo mucho que papá hubiese querido ofenderme o algo así. De cierta manera, sé que intentaba buscarle una justificación a su prematura partida. Supongo que…nos faltó comunicación.

—Aun así, insisto en que podrían solucionarlo ahora que ha pasado un tiempo y ellos saben de mi existencia —argumenta Fathom, precavido— Que sepas que no me intimida para nada tu padre. Se defenderme solo.

—Ya sé que sí, amor —sonríe ladino, la fémina— Y también sé que papá no haría eso contigo.

—¿Es porque soy varón? —incursiona el inglés.

—No. Es porque debe de haber madurado. Mas bien, entendido las cosas —narra Dupain-Cheng, animada— Además, mamá se debe de haber encargado bastante bien de él, ya que cuando les conté de ti la última vez que hablamos por teléfono, él se mostró afanoso por pedirme disculpas. Solo digamos que yo no le di chances de ello —acaba su helado, masticando la guinda— Pero ahora que nos vamos a casar, creo que sería bueno retomar el dialogo.

—No es por meterme mucho en tu relación familiar, pero…—musita, tímidamente— Considero que le haría muy bien a Hugo, tener contacto con sus abuelos. En lo personal, a pesar de todas las diferencias que tuve con mi madre, jamás la privé de ver a Emma o pasar tiempo con ella. Y eso le hizo muy bien en su crecimiento.

—Ahora lo he comprendido mejor. En parte te lo debo a ti. Eres una fuente de experiencia muy confiable, Félix —halaga su pareja, besando su mejilla de manera cándida— De tantos cagazos que te has mandado, no hay mejor candidato al ensayo y error que tu —ríe.

—¿Gracias? —bufa el rubio, con dejo de ironía— No sé si tomármelo como un elogio o un ataque, pero prefiero más lo primero, jeje…

—No seas tontito —carcajea jocosa, la ojiazul— ¡Es un cumplido! Si tan solo te hubiera conocido antes, yo no-…

—¡Mamá, papá! —interrumpe Hugo, acompañado de su hermana— ¡Iremos a la tienda de mascotas ahora! ¡Vamos!

—Bueno…—Graham de Vanily se limpia los labios con una servilleta y se levanta— A lo que vinimos. Veamos si estos pequeñines se deciden por algo y no nos dejan dando vueltas durante horas otra vez.

Pet Shop. 16:50PM.

—¿Socqueline? —pestañea estupefacta, Marinette.

—¿Marinette? —imita su gesto, la muchacha— ¡Pero si eres tú! ¡Marinette Dupain-Cheng en persona! ¡Cuántas lunas sin verte! —lanza jubilosa, en un abrazo— Válgame…cuanto has cambiado. Al menos desde la última vez que te vi.

—No tenía idea de que ahora trabajabas en una tienda de mascotas —expresa audaz, la profesora— ¿Tu no cuidabas a unos ancianitos en una casa de reposo en Dijon?

—Una larga historia que es mejor no contar o pensarás que es una creepy pasta —se mofa la de anteojos, restándole importancia— ¡Nada! Digamos que ahora me dedico al rubro de los más vivos que muertos. ¿Vienes por un amigo peludo?

—Ah, no, gracias. Ya tengo suficiente con mi novio —chista alegre, Marinette— Que, por cierto, te lo presento. Félix, ella es Socqueline Wang.

—¡Woaw! ¿Novio? —Wang le da la mano, carismática como de costumbre— Y yo que pensaba que eras lesbiana. Un placer, Félix.

—Soy bisexual —aclara Dupain-Cheng, ligeramente nerviosa— Supongo que nos haría bien una actualización de nuestras vidas.

—El placer es todo mío, señorita Wang —el doctor le devuelve el saludo con la misma cordialidad.

—¡No seas tan empaquetado y dime Socqueline a secas! —chilla, ocurrente— Y sí que estoy de acuerdo, Marinette. Lo último que supe de ti fue que enviudaste. Pobrecita de Fei…siempre me pareció tan atractiva. Lástima que nunca me vio como nada serio.

—¿Tu conociste a Fei? —examina Félix, sorprendido.

—¡Claro! Asistí a la academia de artes marciales en donde Fei enseñaba —manifiesta la vendedora— Era tan divertida, carismática, talentosa y sumamente bella. Las chicas se morían por ella. Pero solía decir que solo tenía ojos para la linda Marinette —cita, con voz empalagosa— Aww…era tan cursi cuando se trataba de su esposa. Aunque claro, también estuvo la chica de Nueva York, y-…

—¿Perdona? —Marinette arquea una ceja, suspicaz— ¿De qué chica habl-…?

—Amm… ¿Disculpe? —interrumpe Emma Fathom, tironeando del mandil de Socqueline— He estado viendo su catálogo de gatos. Pero en ninguno vi que mencionaran al Gato Persa Bicolor y estoy interesada en adquirir uno.

—Emma, espera —la maestra intenta retenerla, pues desea reanudar la conversación de antes— Yo estaba-…

—¡Mamá, no encontré al gecko que quería, pero si a una iguana albina! —sentencia Hugo, ansioso. En lo que carga al reptil en sus dedos— ¿Me la compras?

—Por todos los dioses, Marinette. Tu sí que no pierdes el tiempo —carcajea la vendedora, jocosa— ¿Estos dos son tus hijos? ¡Son muy monos!

—Eh…de hecho…—Félix hace una aclaración breve pero decidera— La niñita es hija mía.

—¡Aww! ¡Pero qué familia tan linda tienes ahora que te volviste hetero, amiga! —Socqueline toma de la manita a la pequeña— Claro que tenemos unos cachorros de persa. Ven conmigo.

—Que soy bisexual, joder —masculle nervuda la peliazul— Esperen…paren todo. ¿De qué chica hablaba hace un rato? ¿Acaso Fei…?

—¿Mamá? —Dupain-Cheng le acerca el rastrero a la cara— ¿Si aceptas?

—Hugo, ahora no hijo —rechaza la mayor, con el rostro empalidecido— Estoy ocupada.

—¿Ocupada con qué? —frunce el ceño, receloso— Si solo llevas un bebé en tu panza.

—¿Amor? ¿Te encuentras bien? —consulta Fathom, preocupado— Estas pálida. ¿Te cayó mal el helado?

—N-no…no es nada…solo…—se toma la cabeza, mosqueada.

—Mami, por favor —insiste el pequeño, alzando el animalito— ¿Sí?

—Dios, que alejes esa cosa escamosa de mi —refuta Marinette, nauseabunda— ¡Ahora no!

—¡Pero…!

Carajo…yo…no estoy soportando —la mayor hace una pausa, indiscutiblemente asqueada. Se cubre la boca con la mano— Félix, encárgate tú de esto ¿Sí? Estoy bien. Solo debo tomar algo de aire. Este lugar apesta. Con permiso —sale de la tienda.

—Claro, cariño…—Graham de Vanily gesticula una expresión amarga en respuesta— ¿Será el embarazo de nuevo…? —carraspea, despabilando— Bien, este…Hugo. Tranquilo. Mamá solo se siente malita porque el bebé la pone así. Pero vamos a ver esos animalitos. ¿Es este el que quieres?

—Si —asiente, brioso— Mira, te dejo el catálogo —se lo entrega— Solo necesitamos comprarle un vivero de vidrio y algunas plantitas.

—Déjame leer esto —el neuro cirujano le echa una ojeada rápida al instructivo— "Necesita mucha luz de calor, dieta a base de insectos, duerme mucho, caga poco. Fácil de cuidar. No apto para menores de 18" —traga saliva, complicado— Pero Hugo…el folleto dice que no se recomienda su crianza a menores, dado que es muy delicado y podría morirse.

—Conmigo nada se muere, Félix —se encoge de hombros, con la criatura sobre su cabeza— Mira, hasta le gusta mi pelo.

—Te está…mordisqueando…

—Nah, solo se climatiza —saca pecho, orgulloso— Ya me vio como su madre.

—Su padre, querrás decir —se rasca la mejilla, involucrado.

Su madre, Félix. Su madre —repite, convencido— Soy luchón ¿Ok? Como tú. Anda, no le des más vueltas y firma. O le diré a mamá que eres tú quien se está comiendo las cosas de la nevera en la madrugada.

—¿Es mi imaginación o me parece que esto es un chantaje? —Félix se va a la chucha— ¿Y cómo carajos sabes eso?

—Yo se cosas —insinúa picaresco, el peliazul— Y no creas que no estoy al tanto de que se ha estado quejando de eso últimamente. Además, es un negocio justo —se cruza de brazos, muy serio— Mi silencio por Valkiria vengadora.

—¿Y se puede saber quién cuernos es Valkiria vengadora? —no se entera.

—Mi nueva iguana —se encoge de hombros.

—¿Cómo sabes que es hembra? —no entiende nada ya.

—Soy experto —le guiñe el ojo, confianzudo— Tu confía.

—Dios…—suspira derrotado, el inglés— Ok… ¿En dónde firmo?

—Hiciste bien, Félix. Sabia decisión —Hugo le da unas palmaditas en el brazo— Los de Green Peace te lo agradecerá algún día. Vamos a recepción —lo jala.

Luego de un sinfín de papeleos, adquisición de indumentaria, herramientas de alimentación y muchos cargos en mi cuenta…por fin, estos dos niñitos acabaron su incursión contentos; con el resultado. Emma adoptó un pequeño gatito persa bicolor al cual llamó Gatricio. Y Hugo…bueno, se llevó su guerra sedienta de venganza porque el Ragnarok es una cosa muy seria, señoritas. Por más felices que estuvieran y de lo cual, me doy ínfulas de ser el responsable honorifico de ello, yo no lograba conciliar paz en mi estado anímico. Y es que el malestar de Marinette me perseguía como una sombra a donde fuese que me moviera. Cuando logramos salir de la tienda, la encontré parada sobre un pequeño mirador, con ambos brazos apostados en el barandal. Contemplaba taciturna el tumulto de personas y niños jugueteando por los alrededores. Me pregunto si realmente será un cambio de humor por estar en cinta u…el encuentro furtivo con esa amiga de antaño. Me profesé ignorante y chiquito frente a la incompetencia del asunto. Pero sin pretender ser imperioso en un interrogatorio rustico, me arrimé a ella en un abrazo trasero que dejara en claro, cuanto me preocupaba.

—¿Te sientes mejor, cariño? —musita Félix, depositando un beso en su mejilla derecha.

—Si…mucho mejor —murmura Marinette de vuelta, omitiendo lo anterior— ¿Salió todo bien ahí dentro?

—Si…eso creo —Fathom observa por sobre el hombro, la imagen de atrás— Cada quien obtuvo lo que quería.

—Por favor dime que Hugo no se trajo esa cosa —articula, desdeñada.

—Perdón…—titubea Graham de Vanily, enmarañado— Pero me pareció cruel negárselo después de haberle prometido en casa que se lo daríamos. No pude negarme…—añade— Además, ha mejorado muchísimo sus notas desde que vive con nosotros.

—Hugo comenzó a subir sus calificaciones desde que conoció a Emma —afirma Dupain-Cheng, serena— En parte se lo debo a ella. Bueno, a ustedes…

—No ha sido nada. En serio, creo que es parte de la añadidura de sentirse mejor —testifica el doctor, inequívoco— Emma es una niña muy disciplinada, pero en parte se lo debo a Kagami.

—Félix…—Marinette hace un alto, embaucada— Kagami…

—Si, cariño. Eso dije —asiente, jovial— Kagami.

—No, tonto —su pareja le gira el rostro, cogiéndole por el mentón— Es Kagami. A las 12 en punto…

—¿Qué? —Fathom voltea, asegurando la vista en su presencia— Mierda, si es. Y viene con Zoé. No pensé encontrármela en el centro comercial. Ha decir verdad…ella no es de salir de compras mucho que digamos. ¿La saludamos?

—¡No! O sea…no. Es-espera…—se inquieta la fémina, desviando la mirada— Quiero decir, no es que no quiera. Pero… ¿Sería prudente?

—¿Por qué no? —deslinda Félix, embrollado.

—Es que…bueno —se mira el vientre.

—Pero, amor…—el neuro cirujano traga saliva, helado— No creo que-…

—¡Mamá! —chilla Emma fervorosa. Corre a ella, lanzándose a sus brazos— ¡Que coincidencia verte aquí hoy! ¿Cómo estás? ¡Hola Zoé!

—Demasiado tarde…—agrega Graham de Vanily, con una sonrisa ladina— Anda…ya nos tocaba —le toma de la manito— Vamos a saludarla. Lo cortés no quita lo valiente, solía decir mi madre.

—Emma —Kagami la envuelve en un abrazo sincero— Que maravillosa sorpresa toparme contigo hoy. ¿Qué haces aquí?

—¡Ah! Es que… ¿Qué crees? Papá por fin cumplió su promesa —la pequeña Tsurugi le enseña su canil— ¡Y me dio a mi gatito!

—¿En verdad Félix te lo regaló? —la japonesa ríe, grácil.

—Que maravillosa noticia, Emma —esboza Zoé, festiva a su lado— Ahora tendrás una responsabilidad mayor al cuidar de un bebé como ese.

—Lo sé. Será como mi hijo —asiente ruborizada, la rubia— Se llama Gatricio.

—E imagino que estás con…—la Tsurugi mayor calla de golpe, percatándose de la presencia de ambos a lo lejos; quienes ahora se acercan a ella— Marinette

—Ho-Hola…Kagami, Zoé —saluda la profesora, retraída— ¿Qué tal…?

—Hola, Marinette. Todo bien —sentencia Kagami, de forma reservada— Félix. Hola.

—Hola Kagami —gesticula el rubio, respetuoso— Zoé. Bonito sábado para las dos, jeje…

—¿Y yo que? ¿Nadie me saluda? —Hugo infla las mejillas, colorado— Que poca decencia.

—Buenas tardes, pequeño —le recibe la congresista, estrechándole la mano con premura— Un gusto verte nuevamente.

—Vaya…esto es…—Fathom hace un paneo rápido de la escena, nervioso— Curioso. Todos juntos en un mismo lugar sin verlo venir. Casi como si nos hubiéramos puesto de acuerdo.

—¡Quiero merendar con mamá! —brinca febril, la ojiverde. Y de paso, coge la mano de su progenitor— ¿Podemos, papá? Creo que nos haría bien a todos.

—Y-yo…bueno…—Félix se rasca la nuca, incomodo. Acto seguido, desvía la mirada a su pareja, no menos importunada como el— ¿Si quieres…?

—Yo…—la docente se reprime en su lugar, turulata.

—Me parece una estupenda idea, hija —accede Kagami, delineando un mohín pueril en respuesta— Yo encantada. Justo íbamos a la cafetería de la esquina con Zoé —toma la mano de su pareja— ¿Nos acompañan?

¿Qué está pasando? ¿Por qué de pronto Kagami se muestra tan… "amigable"? Vamos, no es que me esté quejando ahora mismo de su comportamiento. Pero después de todo lo que ha pasado entre ambos, lo mínimo que esperaría es una actitud altiva. Ya saben, como suele reaccionar ella cuando me ve con Marinette y mi nueva familia. Sin embargo, ahora mismo no veo ni un ápice de molestia, incomodidad, pena o lo que fuese que se asemeje a un amargo sentimiento de rechazo. Por el contrario, se profesa tan afable que me ha tomado por sorpresa y sin querer, he entado en modo pánico automático. ¿Será que está planeando algo macabro de por medio? Emma parece tener información de la cual yo carezco. No supe más de ella desde que la llevó a las montañas ese fin de semana largo. ¿Qué tanto podría haber cambiado en un solo viaje? Mi ex mujer no es una chica que "mute" de la noche a la mañana. Es muy rígida con sus convicciones. Por lo que asumo, debe de estar en un proceso de transición bastante profundo como para declarar abiertamente que siente gusto por compartir con nosotros; sin poner una acida cara. ¿Estoy molesto por eso? No. Al contrario. Si realmente…hubo un cambio en ella…que los dioses permitan que haya sido para bien. Porque en estos momentos, lo que más necesito es el apoyo de quienes amo o alguna vez en su caso, amé.

Nos sentamos en una mesita amplia y pedimos cada quien nuestro café, trozos de torta y delicias variadas. Emma y Hugo están más concentrados en sus nuevas mascotas, que no prestan demasiada prestancia en la conversación que se ciñe en la reunión. Lo cual me da un chance de poder hablar cosas de adultos, ahora que me da la oportunidad.

—Y para la señora —comenta el mozo, depositando dos cuencos de fruta— Lo más fresco de nuestra carta, sin endulzantes ni aditivos como pidió. 0 gluten y químicos.

—Muchas gracias, joven —asiente Marinette, hambrienta— Se ve todo muy sabroso.

—Dieta estricta ¿Marinette? —interviene Kagami, alivianada.

—S-si…se podría decir que si —responde Dupain-Cheng, escrupulosa— Últimamente debo cuidar mucho lo que como. Consejos de…—Una bruja que me leyó la mano en las islas— El doctor. He estado un poco delicada de salud últimamente.

—¿Delicada de salud? —ríe Tsurugi, divertida con su comentario— ¿Así les llaman ahora a los embarazos? Vaya…debo actualizar mi repertorio de palabras.

Lo sabía. Si lo sabe…—la profesora traga saliva, liada— Bueno…sí. Tú sabes a lo que me refiero.

—Tranquila —comenta jocosa, la política— Yo estuve igual cuando esperaba a Emma. ¿Lo recuerdas Félix?

—Si, lo recuerdo Kagami —bufa Félix, sereno— ¿Cómo olvidarlo? Aunque si mi memoria no me falla, no querías ni que saliera de casa. Hasta inventaste tu propia dieta.

—Tú lo hiciste, bobito —revela la japonesa, briosa— Estabas tan paranoico, que no me dejabas ni levantarme de la cama para hacerme un pan. Hasta al baño me acompañabas. Eras gracioso.

—¿Félix hacía todo eso? —pregunta Marinette, en lo que observa a su pareja; pasmada— ¿En serio?

—Bu-bueno…yo…—Fathom se ruboriza de sopetón.

—Si. ¿No te lo comentó? —agrega la nipona, modesta— Éramos padres primerizos. Pero Félix se lo tomó tan en serio, que a veces pensaba que el embarazado era él. Dime algo ¿Ya comenzó con las náuseas de reflejo?

—¿Nauseas de…? —Marinette parpadea, asombrada— No… ¿Qué me cuentas?

—¡Jajaja! Era todo un caso —carcajea la concejala— Pobre…todos los síntomas que debía sentir yo, los sentía él. Y vomitaba a diario. Ojalá no tengas que verlo. Es medio vergonzoso la verdad.

—Kagami…—Fathom espeta, muy abochornado— No hace falta contar eso…

—No, no. Espera —refuta la profesora, animada— Yo si quiero saber. Por favor, cuéntame todo.

—¿Cariño? —Graham de Vanily empalidece.

—Tranquilo, Fathom —Kagami le resta importancia, sonriendo en el proceso— Es natural. Siempre he dicho que puedes ser muchas cosas…pero jamás he permitido que nadie cuestione tu naturaleza como hombre. Como padre, fuiste uno muy bueno. Desde la concepción hasta el parto y parte de el…—echa un vistazo a Emma, con jolgorio— Hiciste un trabajo excelente. No tengo reparos.

—Con todo respeto, Kagami —cuestiona la maestra, malograda— No quiero sonar ruda ni mucho menos impertinente. Pero…—traga saliva, armada de valor con lo que dirá finalmente— ¿Por qué tu no…?

—Ya sé lo que dirás, Marinette —acepta la muchacha de ojos marrones. A lo que veredicta, bebiendo un sorbo de su café— Y no. No siento nada de eso. Al contrario. Me alegro muchísimo de que Félix pueda ser padre de nuevo. ¿Envidia? ¿Colera? Eso no existe para mí. No después de ver a mi hija tan feliz con la noticia —divisa a Emma, a un costado— ¿Como podría? Es una fiesta. Hay que celebrar la fertilidad. Incluso luego de que me enterara de que yo no-…

—Un momento —le intercepta Zoé, frunciendo el ceño— Mi amor…no hace falta tocar este tema ahora.

—No. Por el contrario —rechaza Kagami, muy segura de lo que dirá— No nos miremos más la suerte entre gitanos. Digamos las cosas como son.

—Kagami, perdona. Pero…—Félix intenta tomar la palabra— Te juro por mi difunda madre que yo no sabía que tu-…

—Nada, Fathom —niega con la cabeza, templada— Todo bien. No te culpes mas ¿Ok? Ya dejemos eso en el pasado —toma la manito de Lee por sobre la mesa— Ahora mismo, estoy en una campaña de lucha contra eso. Y sé que lo lograré. Con mi pareja estamos en vías de concebir, así como tú. Así que…es momento de hacer las paces ¿No crees?

¿Esta es realmente Kagami Tsurugi? ¿La misma de la que me enamoré de antaño? Lo veo y no lo creo. Perdonen si sueno soso o medio hijo de puta. Pero no me atrevería a dilucidar otra conjetura sobre lo que, le hizo modificar la forma de ver su fallida maternidad. Lo único que puedo confesar es que no la veo envidiosa, ni melancólica ni mucho menos en son de escarbar en el pasado para echarle la culpa a otros. Al parecer, está muy al tanto de su condición como mujer y se lo ha tomado con una madurez indómita que me osaría a confesar, es increíble. ¿Realmente le alegra que yo sea padre de nuevo? Me veo tan incrédulo. ¿Qué debe pasar para terminar de convencerme?

—Decidí adoptar un gato de raza persa por una sola razón —interrumpe Emma, completamente salida de contexto— Averigüé con mamá que estos gatos en particular no se cruzan con otros que no sean de su misma raza. Cosas biológicas. Le cuesta mucho tener cachorritos y cuando los tienen, son tan escasos y que los venden muy caros en el mercado —frunce el entrecejo— Lo cual me parece cruel. Pero aun así únicos. Deseo ser madre de uno solo por el momento, porque cuidaré de el a partir de ahora. Y el hecho de haber luchado tanto por algo, lo hace aún más especial —levanta la mirada, hacia los comensales— ¿No lo creen así?

El silencio sepulcral que se hizo en esa cafetería hubiera sido digno de grabarlo. Pero no era nada desagradado ni mucho menos incomodo. Por el contrario, me limito a relatar que fue emotivo. Ligeramente solemne. Emma había agregado la última pista que necesitaba para determinar que Kagami si había cambiado de chip. No sé realmente que gatilló la modificación entera de su forma de ser, o al menos parte de su esencia de este problemilla, pero de alguna forma, me sentí como nunca antes…tan cómodo con su presencia en mi vida, que hasta me dieron ganas de incluirla en mi familia. Así de plano lo confieso. No sé qué diré a continuación. Ni si quiera estoy seguro. Pero…juraría que era mi corazón más inocente el que habló por mí.

—Ni Marinette ni yo somos cristianos —desnuda Félix, entre comidas— Pero si nos gustaría que nuestro bebé tuviera padrinos. Ya saben, de esos que están cuando nosotros no. Y me preguntaba si…

—Yo acepto —responde Zoé de un bastonazo— Ok. No sé qué dirás, pero si acepto. Dale. No tengo hijos, pero yo feliz de la idea.

—Pero, cariño…—parpadea Kagami, absorta.

—Yo también acepto —entorpece Emma, la charla— Por favor, digan que sí.

—No habíamos pensado en algo tan apresurado, pero claro que aceptamos —comenta Marinette, acariciando la mano de su pareja por sobre la mesa— ¿Verdad, Félix?

—Si mi chica y mi hija y…—observa a Kagami, brioso— Mi ex mujer aceptan, claro que también acepto. ¿Qué dicen? ¿Cuidamos a todos de este bebé?

—¡Yo quiero bebé! —chilla Hugo, quien nada que ver en el tema— Ok. No sé de qué hablan, pero quiero hermano/hermana.

—¡Jajaja! —ríen todos, en unánime.

Qué reunión tan…productiva. Sin percatarme, solapadamente he hecho las paces con mi ex esposa. Cómo podría denominar este momento si no, ¿Una jolgoria? Solo espero…que todo salga bien de ahora en adelante…

[…]

—¿Marinette? —expresa Tom, en completo shock— ¿Qué hac-…? ¿Hugo? ¿Eres tú…?

Casa de los abuelos Dupain-Cheng. Esa misma semana.

—¿Tu eres mi abuelito? —expresa el pequeño, estupefacto— Wow…eres tan altote y fortachon. ¿Cómo cuanto te mide el bigote?

—¿Mi amor? —Sabine interviene, conmocionada— ¿Qué haces aquí…?

—Madre, padre —revela Marinette, humilde— He…venido…para que conversemos. ¿Tienen un momento?

—Cariño…—la señora Cheng mira a su marido, conmovida hasta las lágrimas— Nuestra hija…vino al fin.

—Marinette…—solloza el varón, repleto de lágrimas en los ojos— Eres bienvenida…cuanto quieras, con tu hijo y tu nuevo novio. Por favor, pasen…vamos a hablar.

—Estas muy grande, Hugo —reverbera la mayor, despeinando la nuca del menor— Por favor, pasa. Te tengo tu comida favorita de bebé.

—¿En serio? —parlotea el pequeño, maravillado— ¿Saben que me gustan los Volován de fresa?

—¿Cómo no? Tus abuelos somos panaderos —revela Sabine, contenta— Te volvían loco de chiquito. Se que aun te gustan y cuando supimos que venias, te hicimos un montón. Por favor pasen y tomen asiento. Te haremos un cariñito.

—¡Al fin conozco a mis abuelos! —chilla el menor, abalanzándose a Sabine como si de toda la vida la conociera— ¡Abuela! ¡Quiero hablar contigo!

—¡Y yo contigo, pequeño! —expresa la mujer, entre lágrimas— ¡Hay tanto de que platicar!

—¿Si eres mi abuela? —cuestiona el pequeño Dupain-Cheng.

—Soy tu abuela —asiente la mayor, bosquejando una mueca grácil— Y tu mi único nietecito favorito.

—¿Solo uno? —carcajea jovial, el peliazul— Abuela, necesitas actualizarte.

—¿Cómo? —la señora Cheng pestañea, obnubilada.

—¡Es que ahora tengo una hermanita! —alerta el niño— ¡Y viene otro en camino!

—¿Cómo que uno en camino? —Sabine y Tom se miran entre ellos, notando el vientre abultado de su hija— ¡Dios mío!

—Vamos a hablar primero ¿Sí? Antes de contarles…lo que Hugo ya dijo —exhala, derrotada— Primero que todo. Papá… ¿Ya no estás de terco?

—Eso se acabó hija…—revela el bigotón de Tom, altanero— No va. Por favor…oriéntanos.

—Por favor prométeme que lo les contaré hoy…—añade Marinette, ofuscada— No será motivo de separabilidad.

—¿Qué pasa, hija? —examina su progenitora, confundida— ¿Hay algún problema con tu embarazo?

—No…mas bien —la maestra se toma el mentón, nervuda— Es que…me voy a casar.

—¿De verdad? —el varón se levanta brioso, frente a su confesión— ¡Que maravillosa noticia, Marinette! Imagino que es con el doctor ingles con el cual sales ¿No?

—Si. Es con el doctor ingles —repite Marinette, entre risas enrojecidas— De hecho…este bebé —se toca el vientre, afanosa— También es de el…

—Bueno, eso es algo que sin duda no nos tenia en ascuas, cariño —ríe optimista su madre, despeinando a su nieto entre platicas— ¿De quien mas iba ser, si no?

Cierto, ni que fuera de los extraterrestres —tose Marinette, reanudando la seriedad de la narrativa— De igual forma, nunca está demás aclararlo. Y bueno…con esa noticia, es que vengo a entregarles esto —le extiende una carta a cada uno— Son los partes para mi matrimonio. No somos católicos, así que no se molesten tanto por vestir ropa de iglesia. Haremos el civil en Paris. Y luego nos trasladaremos a la campiña de Château de Blandy-les-Tours, que queda a 30 minutos por la salida oriente. Las instrucciones están en la misma tarjeta —se levanta— En fin. Ya están al tanto. Hijo, ve por tu abrigo. Nos vamos.

—¿Qué? ¿Tan rápido? —le intercepta Tom, absorto— Pe-pero…si acaban de llegar.

—Mami —Hugo gesticula un pucherito, malogrado— Yo me quiero quedar mas tiempo…hace mucho que no veía a los abuelitos y me gustan las delicias que prepararon para mí.

—No seas mentirosín, Hugo —resopla Dupain-Cheng, hastiada— En realidad solo te gustaron los dulces.

—¡No es cierto! —se defiende el pequeño, con la boca embetunada de crema— ¡También me cayeron bien los ancianos!

—Ni si quiera son tan viejos —rezonga su progenitora.

—Jajaja, por favor…—Sabine toma la palabra, dispuesta a hacerle entrar en razón— Marinette, querida. No hace falta que se vayan tan de prisa. En verdad hace muchos años que no te veíamos a ti ni a nuestro nieto y agradezco mucho la invitación que nos diste. Con gusto iremos. Solo…—esboza, triste— Finjamos por un momento que no has venido por un tema de compromiso nada más.

—No lo hice, mamá —niega la profesora, cabizbaja— En realidad, a Hugo le hace falta su familia materna también. En el fondo…era lo mejor para todos.

—Podremos retomar las conversaciones con el tiempo ¿Sí? —manifiesta gallarda la señora Cheng— La confianza es un camino que se construye a través del dialogo. Anda, quédate al menos a cenar. Y cuéntanos un poco más sobre los detalles de tu nueva relación —sonríe— Con tu padre nos morimos de ganas por saber de tu nueva vida.

—Bien…—exhala derrotada la docente— Me quedaré. Y…les contaré…

Con Félix nos casamos 2 semanas después de aquella conversación. Nos sentíamos muy halagados de que hayan asistido los justos y necesarios. Aunque el novio se profesara mustio por la usencia de su madre de vez en cuando y disimulara no hacerlo. A cambio, Emilie, su tía, cargó en todo momento el retrato de su gemela en el regazo; como un emotivo gesto de honorable respeto. La mayoría de los espectadores estaban al tanto de mi estado de salud. Así que más allá de solo felicitarme y celebrar nuestra unión conyugal, también lo hicieron en son del bebé que venía en camino. No recordaba cuando fue la última vez que recibí doble regalo. En cierto punto fue chistoso. Papá y yo ya habíamos hecho las paces e imaginé que, a raíz de ello, soltó un par de lagrimones tras entregarme a las manos de mi nuevo esposo.

Cuanta melancolía…ver nuevamente descansar una argolla de oro en mi dedo anular. Aunque el significado sea distinto y las circunstancias que lo rodeen sean mucho mas propicias. Me causó gracia ver como mis amigos de trabajo me hacían porras a lo lejos. Todos han sido muy amables y la fiesta en la campiña fue todo un éxito. Aunque por alguna razón…nada se me hacía apetitoso de comer. Lo poco y nada que pude degustar, fue de la torta que había preparado papá y un par de frutas. Y eso que el servicio de banquetearía lo había elegido minuciosamente mi ahora, marido. La sensación de saciedad me era constante, luego de haber pasado meses tragándome al mundo entero. Espero…no sea nada malo.

—Y ellos son mis abuelitos —alardea Hugo, sacando pecho— Son panaderos, por cierto. ¿Si sabes lo que eso significa? Espero no estén pensando que solo hacen pan.

—Claro que no, pequeño —carcajea Zoé, con una copa de champaña en la mano— La pendería de los Dupain-Cheng es conocida en Paris. Hacen toda clase de delicias.

—Esta debe de ser la duodécima vez que lo menciona —se mofa Emma, a un costado de Kagami— Vieran como transmite como loro en el colegio.

—Está contento. Es natural —agrega Tsurugi, jocosa— Me hubiera encantado que también pasaras tiempo con mi madre. Pero…no quiso asistir a la boda, a pesar de que la invité.

—No pasa nada, mamá —le rubia le soba el brazo, optimista— Tomoe-san es una mujer muy ocupada, tu siempre me lo repites. De seguro no pudo viajar desde japón.

—No, de hecho…—Kagami hace una pausa, agraviada— Ella está en Paris, en estos momentos. Aunque no sé muy bien porque asunto en particular.

—Vaya —parpadea la menor, preocupada— ¿Entonces está aquí? Que extraño que no haya querido verme…

—Hey…—la concejala le toma del mentón, a modo de consuelo— No vayas a pensar cosas que no son ¿Si, cariño? Tu abuela te quiere muchísimo. Mas de lo que imaginas. Es solo…que no ha tenido tiempo de visitarnos, es todo.

—Bueno, ya saben lo que dicen —confiesa Lee— "Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma"

—Zoé…—musita la japonesa, compungida— No empieces a dar ideas, por favor…

—¿La podemos visitar nosotras entonces? —propone Fathom, entusiasmada— Quizás si llegamos de sorpresa, ella esté contenta.

—Este…no lo sé, Emma —Kagami se toca la mejilla, liada— Mi madre no es muy fan de las "visitas inesperadas". Digamos que es muy organizada.

—Ahora ya sabemos de que parte de la familia, tu hija sacó lo estructurada —bufa la reportera, dándole un codazo a su pareja— De tal palo, tal astilla.

—Ya, pero al menos podemos dejarle un mensaje ¿No? —insiste la chiquilla— Algo programado, como le gusta. Le podemos llamar para agendar una visita. No creo que eso le moleste.

—Yo no estaría tan segura de eso…—Tsurugi desvía la mirada, pesarosa— Tu no la conoces, mi amor. Definitivamente no es una mujer a la que le guste ser forzada a tomar decisiones. Es mejor que-…

—Mamá —interrumpe su hija, incomoda— Es mi abuela. ¿Acaso hay algo malo en que quiera verla? Se supone que es parte de la familia también.

—Mi madre…—suspira derrotada, reconociendo la veracidad de los hechos— En realidad, mi relación con ella está un tanto tirante en estos momentos. Desde que me separé de Félix, que no nos hablamos.

—¿Qué? —la ojiverde se estremece con la noticia— ¿En todo este tiempo si quiera…?

—No me habías contado de eso, Kagami —la periodista la fulmina con la mirada, briosa— ¿Qué ocultas?

—No creo que este sea el mejor lugar para platicar de algo tan intimo —refuta la política, en un gruñido intranquilo— Estamos en el matrimonio de mi ex, por si no lo notas.

—¿Entonces está molesta contigo porque te divorciaste de Félix? —Emma arquea una ceja, suspicaz— ¿O es más bien otra cosa?

—Es lo que intuyo —relata la nipona— ¿Qué otra cosa podría ser?

—Si. ¿Qué otra cosa podría ser? —espeta Zoé, frustrada— Ni modo que sea homofóbica o algo así.

—Zoé —la congresista junta el entrecejo— ¿Quieres guardar silencio por favor? Ya dije que no es momento.

Para ti nunca es momento —farfulle su novia de vuelta.

Silencio incomodo, sepulcral, en el ambiente.

—¿Todo bien por acá, chicas? —consulta Félix, incorporándose a la charla— ¿Se la están pasando bien?

—¿Tu que crees, Fathom? —ironiza Lee, alejándose de todos.

Chucha…avísenme si las cago —Graham de Vanily traga saliva, importunado— ¿Qué fue? ¿Acaso no les gustó el vino?

—No es nada respecto a la fiesta, Félix —musita Kagami, estropeada— Discúlpala, está mezclando las cosas. Por cierto, linda ceremonia. Te ves muy guapo tu y Marinette. Hacen linda pareja. Todo ha salido de maravillas. Y ese anillo en el dedo te sienta bien.

—Si, jejeje…—el inglés se rasca la nuca, nervioso— ¿Tu crees? Me costó trabajo borrar la marca del anterior. Estaba tan apretado que no quería salir ¿Te acuerdas? Al final usé el bote de vaselina que-…

—Eh…con permiso —Emma se aparta— Iré con tía Emilie a platicar sobre la cantidad de micro plástico que contiene el agua embotellada.

—Dios… ¿Y ahora que fue? —Fathom no entiende un carajo— ¿Está molesta por algo? ¿Te dijo algo de mí? Por favor dime que no tiene que ver con la boda.

—No es nada de eso, Félix —Kagami la observa a lo lejos, templada— Está frustrada por otro asunto con mi madre. Aunque con lo ultimo que mencionas, no tengo la menor idea de cual será su postura. ¿Nunca lo hablaron?

—Cuando le planteamos con Marinette la idea del matrimonio, Emma mencionó que se lo "pensaría" —explica el británico, bebiendo un sorbo de su copa— Pero no llegamos a dialogar a fondo con eso. Quiero decir, nunca más tocó el tema.

—¿Y qué hubieras hecho? —plantea la peliazul.

—¿Con que?

—Si Emma se negaba a su unión —le clava una mirada certera— ¿Te hubieras casado igual?

—Y-yo…cielos —Félix se ve así mismo, infamado con la pregunta— No lo sé. Realmente las cosas se hubieran complicado demasiado de ser así. Emma para mi es lo mas importante que tengo en la vida. Su opinión es tan valida como la de mi madre.

—No tienes para que mentirme a mi —bufa con voz socarrona, la mujer— No soy tonta, Félix. A mi no me vengas con ese discurso de que Emma sigue siendo lo mas importante en tu vida —acto seguido, desvía la mirada hacia Dupain-Cheng— Tu prioridad ahora son tu mujer y tu bebé. Me temo que la lista se ha desplazado un poco.

—¿De donde sacas esas conclusiones, mujer? —parpadea estupefacto, el neuro cirujano.

—Eres hombre —se encoge de hombros, altanera— Son todos iguales.

—Bueno, convengamos en que soy un hombre diferente al resto ¿Ok? —protesta el médico, menoscabado— No me desacredites de esa forma, Kagami. Es cierto que últimamente el embarazo de Marinette nos ha tenido a todos un tanto nerviosos, desviando nuestra atención con mas prolijidad que antes. Pero eso no ha hecho que descuide mis otras obligaciones como padre de familia —agrega, sirviéndose otro trago— No olvides que también Hugo ahora está bajo mi protección. Es más, estamos tramitando los papeles para adoptarlo como carga legal. Es imperioso que tenga los mismos beneficios estatales que Emma ahora que su madre es mi esposa.

—¿Qué le ocurre al embarazo de Marinette? —sentencia Kagami.

—¿Disculpa? —Félix se atraganta con su bebida, tosiendo en el proceso— ¡Cof! ¡Cof! ¿De que hablas?

—No pongas esa cara de pescado y respóndeme —lo afrenta— Fue una pregunta sencilla. ¿Pasa algo malo con eso?

—N-no… ¿Por qué piensas eso? —miente— Todo está de maravillas.

—Mencionaste que están nerviosos por el tema.

—Bueno, es normal —Fathom finge naturalidad en sus palabras— Cuando estabas embarazada de Emma, yo me preocupé también ¿O acaso ya lo olvidaste?

—No la he visto comer muchas cosas durante la fiesta —menciona Tsurugi, suspicaz— ¿Está enferma?

—Tiene nauseas —falsea.

—Que malo eres para mentir…—ríe con dejo de zozobra, la política.

—Óyeme —refuta el ojiverde, mosqueado— ¿Y a ti desde cuando te importa tanto Marinette?

—No te confundas, Fathom —la japonesa lo fulmina con la mirada, tajante— Ese bebé es el futuro hermano o hermana de Emma. Y nuestra hija está muy entusiasmada con la idea. No se te ocurra mentirle a ella o te las verás conmigo.

—No estoy…mintiéndole a nadie…—traga saliva, embrollado con su acotación— Estamos asistiendo a controles y todo va en regla. Si algo llegase a pasar, créeme que Emma lo sabría.

—Y obviamente yo también me enteraría —sentencia Tsurugi, dejando su copa de lado— Mas te vale que la mantengas informada. No te permito que la hagas sufrir.

—Yo no-…

—Si me disculpas, debo ir hablar con Zoé —lo despacha— Nos vemos más tarde.

Siempre me pregunté, de donde Kagami había sacado esa locuaz forma de ser tan cavilosa a la hora de sacar conclusiones. Era sin duda un don que nuestra hija heredó de ella. Ambas, eran mujeres sumamente inteligentes. Pero de cierta forma, su peyorativo interrogatorio me había vuelto mas receloso con el tema, de lo normal. Es verdad que Marinette no tiene mucho apetito hoy. Mas bien…no lo ha tenido estos últimos días. Y ha presentado síntomas extraños que no vi antes en mi experiencia profesional. Pero…todo ha estado bien dentro del margen de errores ¿No? Al menos…es lo que dicen los doctores. No hay de que preocuparse. El bebé está creciendo sano y bien.

¿Verdad…Marinette?

—¡Primo! —Adrien le da un golpe en la espalda de manera amistosa, sacándolo de onda— ¡Que boda tan linda!

—¡Adri-…! —carraspea atolondrado, el inglés— ¡Cof! ¡No me asustes así, tarado! ¡Cof! ¡Cof!

—Uy, el novio está nervioso. Chistoso para ser tu segundo matrimonio ¡Jajaja! —carcajea el Agreste, en compañía de Juleka— Normal ¿No cariño?

—¿Cari-…? —Fathom inquiere, sorprendido— ¿Así que ustedes dos ya formalizaron?

—¡Sip! ¡Con Juleka somos novios oficiales! —se jacta el terapeuta, ruborizado— Obviamente tengo el permiso de su familia y de su hermano, claro.

—No pierdes el tiempo, eh —bromea Graham de Vanily, jovial— Supongo que dentro de poco ya estarán igual que yo.

—Adrien aun no me pide matrimonio —murmura Couffaine, tirándole una indirecta a su contrincante— Es muy timido.

—¡Pe-Pero si apenas llevamos dos meses saliendo! —se excusa el psicólogo, liado— ¿No es demasiado pronto para eso?

—Para mí no —cita Juleka.

—Para mi menos —añade Félix, guiñándole el ojo a la chica.

—No confabulen ¿Quieren? —bufa Adrien, ligeramente abochornado— Aun somos jóvenes. ¡Y habrá mas bodas a las cuales asistir! Anda, vamos a bailar —jala a su pareja del brazo— ¡Por cierto, te ves increíble primo! ¡Muy guapo el novio!

—Claro…—Félix desvía la mirada hacia su esposa, receloso— Aun somos muy jóvenes…para sufrir…

[…]

—¿Marinette? —Luka Couffaine se detiene en el pasillo, preocupado— ¿Estás bien?

Hospital universitario Pitié Salpêtrière. Obstetricia. 18:12PM.

—Ah…—despabila, alzando la mirada— Hola. ¿Tú eres…?

—Perdona —murmura el peliazul, estrechando su mano— Luka, el amigo de Félix. Estuve en tu fiesta de bodas de hecho ¿No me recuerdas?

—Su mejor amigo —sentencia la fémina— Disculpa, que torpe. No te reconocí. Ando…con la cabeza en otro lado.

—Que modesta —se rasca la nuca, con falsa modestia— Algo así…no sé cómo me tendrá el agendado en su vida.

—Él dice que eres su mejor amigo. Es lo que vale —suspira, levantándose y correspondiendo su saludo— No pasa nada. Solo vengo de una cita médica.

—¿Y salió bien? —cuestiona el anestesista— Porque te veo medio deprimida.

—Todo bien, Luka. No pasa nada…—Dupain-Cheng aprieta los labios, tentada a llorar— Bien, yo solo…solo…—se cubre la boca, pesarosa— No…dios…no puedo…

—¿Marinette? —Couffaine le asiste, sujetándola de los hombros— Dios mío. ¿Qué está pasando? ¿Acaso estás enferma? ¿Tienes alguna infección?

—Infección no —bromea la chica, ensimismada— Diría que es un bebé…

—¿Un bebé…? —Luka se compunge en su posición, malogrado— ¿Félix será padre? ¿Cómo es que no me lo contó? Y así anda por el mundo diciendo que soy su mejor amigo —despabila— Marinette, estamos aquí para asistirte. ¿Pasa algo malo con tu embarazado?

—Tengo 7 meses, Luka —Dupain-Cheng se descubre el poleron ancho, dejando al aire su abultado vientre— Pero acabo de salir de una ecografía y la enfermera lo ve…mal.

—¿Cómo que mal? —pestañea absorto el enfermero— Disculpa si sueno entrometido, pero… ¿Qué está pasando?

—¿Félix no te lo contó?

—Muy amigo mío será, pero es tan reservado…—suspira, derrotado— Que para sacarle información debo asfixiarlo prácticamente. No le gusta hablar con la gente.

—No es que no le guste —le defiende la fémina, cabizbaja— Le cuesta…mucho…—añade— Es un chico muy sensible y no encuentra palabras fáciles para expresarlas.

—Tranquila, no lo dije para desacreditarlo…—rezonga Luka, reculando— Le cuesta dialogar, pero no le cuesta para tener hijos…—despabila— Perdona. He caído en una tontería que nada que ver.

—Si, ya sé que debes de estar cavilando —Marinette se levanta, caminando hacia la cafetería— Seguro piensas: "Félix es un autista. ¿Cómo puede tener hijos y familia"? Pero créeme, no es nada de lo que la gente piensa. Es un excelente hombre.

—Una vez más, te digo que no es lo que pienso de el —le sigue hasta el comedor— Espera, deja que te elija el café yo.

—Puedo pagarlo —rezonga.

—Eres la esposa de Félix Fathom —acota el interno, frunciendo el ceño— Todo aquí es gratis, por si no lo sabías.

—No lo sabía…

—Vamos —la anima, airoso de júbilo— Tomémonos algo.

Cafetería. Luego de platicar media hora.

—¿Qué me estás contando, Marinette? —Luka se muestra helado con su diagnóstico— Detente un momento. ¿Félix sabe de esto si quiera?

—Aun no, pero lo intuye —profesa Dupain-Cheng, resentida— Se supone que le daría la noticia ahora, luego de que salga de su turno. En estos momentos está en una cirugía importante, pero nos iremos a casa juntos y debo…decirle. ¿No?

—Si, claro que debes contarle. Pero espera —Couffaine le toma la mano por sobre la mesilla, contrito— ¿Los exámenes si son seguros?

—Sabrina es la que lleva esto y sí. Créeme que son acertados —musita de manera delicada, mostrando atisbos de delicada salud— Sus pulmones se han llenado de líquido amniótico. Su corazón ha presentado arritmias en escala y la actividad cerebral va en descenso. Me han recomendado interrumpirlo…por el bien del bebé. Dicen…—agrega, con lágrimas en los ojos— Que es inviable continuar.

—¿Cómo que…inviable? —se espanta, empalideciendo— ¿Qué quieres decir con eso? ¿Debes…abortarlo o algo así?

—No, nada de eso —Marinette coge un trozo de servilleta y se limpia los parpados— Está muy grande para algo así y es muy riesgoso. Debemos sacarlo antes.

—¿Hablas de que nacerá prematuro? —examina, barajado.

—Prematura…—acota.

—¿Es…niña?

—Si —asevera la profesora— Es una bebita. Hasta donde muestran las ecografías, tiene órganos genitales femeninos.

—Imagino que Félix ya sabe del sexo del bebé.

—Claro —determina la docente, descalabrada— Ya toda la familia lo sabe. Incluso mis amigos. Pero habíamos decidido con mi marido ocultarles su estado de salud durante este tiempo. No tienes idea de lo duro que ha sido para nosotros. No creí que esto me pasaría a mi ¿Sabes? Yo ya fui madre una vez, y creo que en el fondo es mi culpa porque no seguí al pie de la letra la di-…

—Hey, hey, hey. No —Luka la detiene en seco, sombrío— No. Ni se te ocurra ni por un segundo culparte de esto ¿Quieres? No te hagas ese daño. Tu no tienes nada que ver, Marinette. Escucha…—aprieta su diestra con pujanza— Te conozco poco, lo admito. Pero ni por un segundo pondría en tela de juicio tu calidad de madre. Se que eres excelente y Félix también es un buen padre. Esto…ya no pasa por ustedes.

—Tengo miedo, Luka —admite Marinette, temblorosa. Le regresa el gesto, sobrecogida— Un bebé prematuro trae muchas complicaciones.

—Lo sé. Lo tengo muy en claro —adiciona el anestesista, esperanzado— Pero todo saldrá bien ¿Sí? Ya he visto casos como estos en pabellón y Félix igual. No somos neófitos. Podrán sobrellevarlo con madurez y mucha paciencia. Tu y la pequeña estarán bien, confía en mi juicio.

—Gracias, Luka —ríe, apabullada— Es chistoso ¿Sabes? Cuando estaba de vacaciones en las islas…una bruja vaticinó esto. En ese momento no quisimos prestarle mucha atención, pero yo me quedé con la duda de si se refería a Emma o…a algo más. Supongo que tendré que adaptarme a esta condición.

—Mira, no sé si Félix te ha explicado el proceso como tal —relata Couffaine, positivo— Pero es mas común de lo que piensas. Tuvimos que intervenir algunos embarazos para operar a ciertas pacientes y todas han salido bien.

—¿Qué pasará?

—Bueno…—Luka le suelta la mano, sujetando su vaso de café en modalidad templada— Te harán una cesaría para sacarla. Acá tenemos muy buenos doctores, no te dejará una cicatriz tan notoria, la tecnología nos abala. Luego la pondrán en una incubadora hasta que termine su desarrollo de manera asistida y será monitoreada por los mejores especialistas —relata— Cuando ya esté sanita y curada, regresará a casa contigo y su familia. Nada malo va a pasarle.

—¿Lo prometes…? —farfulle Marinette, entre lágrimas.

—Lo prometo —asiente, certero en su diagnóstico— Es más, me comprometo personalmente a llevar este caso. Se que no soy obstetra, pero mis habilidades como especialista medico me permiten hacerle seguimiento. Y obvio, Félix no se opondrá a la idea. Es más, me atrevería a confesar que…—ríe jovial— El será el mas dedicado a esto.

—Se que estará en buenas manos entonces —profesa Dupain-Cheng, anhelada— Gracias, Luka. Tu si que eres un buen amigo. Félix tenia razón cuando mencionó que eras el mejor de ellos.

—Me esforzaré por mantener el titulo a tope —añade determinado, el anestesista— Ah. Y hablando del rey de roma…aquí viene el papito —lo ve entrar a la cafetería— ¡Félix! ¿Cómo salió esa operación?

—¿Luka? —expresa Félix, sorprendido por verlo con su esposa— Si…salió de maravillas. El paciente vive otro día más.

—Ándale, vienes peinadito, perfumado y bañadito —Luka se levanta de la mesa, entregándole a su cónyuge en bandeja— No pongas esa cara, hombre. Solo estábamos platicando de lo excelente neuro cirujano que eres.

—¿De verdad? —no se la cree ni por un segundo. La fémina se muestra cabizbaja— ¿Mi amor? ¿Todo bien?

—¡Si, cariño! —Marinette acaba en un ultimo sorbo su bebida y se aproxima a él, regalándole un beso en la mejilla— Todo bien. Ya salí del examen y podre ponerte al día de camino a casa —coge su abrigo— ¿Nos vamos?

—Si…claro, cariño —Graham de Vanily despacha a su amigo— Gracias por hacerle compañía, Luka. Nos vemos mañana.

—Mañana es un gran día, doctor Fathom —bromea Couffaine, simulando alegría— Tenemos una intervención tempranito así que será mejor que duermas bonito esta noche. Pero con una chica como Marinette, seguro que si —le guiñe el ojo, picaresco.

—Seguro que sí, amigo —Fathom le da una palmada en el hombro, tomando de la mano a su esposa— Vamos.

De camino a casa. 19:50PM.

—Veo que te ha caído bien Luka —expresa Félix, deteniendo el auto en una luz roja— ¿Qué piensas de el?

—Es un buen tipo —suspira serena la peliazul, afirmando su nuca contra su hombro— Es muy amable. No mentías al decir que era tu mejor amigo.

—Lo es —Fathom se percata de su gesto, bosquejando una mueca errática— Mi amor, estas muy caliente. ¿Tienes fiebre?

—Solo un poco —confiesa Marinette, regresando a su posición inicial— Prenderé el aire acondicionado.

—No, cariño. Es muy frio y puedes pescar una gripe. Te abriré la ventana —baja el ventanal del copiloto. Acelera— ¿Así está mejor?

—Gracias. Me siento mejor —musita Dupain-Cheng, respirando hondo y profundo la brisa de la calle— Solo tuve un día agotador, es todo.

—¿En verdad solo fue eso…o hay algo más? —inquiere Graham de Vanily, desconfiado— ¿Cómo salieron los exámenes? ¿La bebita está bien?

Craso error tocar el tema. Aunque no era muy desprolijo reflexionar que tarde o temprano tendrían que hablar de ello. Marinette calla de golpe, apretando los labios en una mueca arrepentida. Pareciera ser, que hay algo de lo cual no está lista de tocar. De igual forma, se arma de valor en ultimo momento, exhalando con fiereza.

—Estaciónate aquí —demanda Marinette, a escasos centímetros de la casa— No entres aún.

Mierda…—Félix obedece y aparca en frente de la morada, bosquejando un mohín preocupado. Apaga el motor— ¿Quieres que ponga música para esto o…?

—No es nada grave —susurra su esposa, cortando la radio de golpe— Félix…tenemos que hablar de esto con mesura. Y te pediré por favor, tomarlo con toda la madurez y comprensión posible —revela, sin aspavientos— Mira, no le pasa nada a mi cuerpo. Pero los exámenes, no salieron bien.

—¿Alguien corre peligro? —se quita el cinturón, volteándose a verle.

—La bebé —revela la fémina, girándose también para verle. Le toma las manitos con ternura— No se ha desarrollado como debería, Félix. Y debemos tomar medidas al respecto.

—Por favor, no me digas que debemos abo-…

No. Ni se te ocurra plantear aquello —reniega con la cabeza— La gestación es muy avanzada para algo como eso y hay que tomar medidas.

—¿Qué…medidas? —traga saliva, aterrado.

—Mi amor…—Marinette sujeta su rostro con ambas manos, tranquila— Debemos interrumpir el embarazo.

—¿Cómo? —parpadea, petrificado.

—Viene prematura —añade su cónyuge, malograda— Es imperativo que la saquemos antes de los 9 meses. Es la única forma de salvarle la vida…

—Disculpa. Perdona si me veo arisco con el tema, pero…—reniega con la cabeza el inglés, ofuscado— ¿Cómo estás tan segura? ¿En serio los resultados no-…?

—No —refuta con la cabeza— Son certeros. Tendrán que practicarme una cesaría de emergencia y dejarla en incubación. Ya averigüé todo al respecto y no corro peligro ni yo ni ella. Solo debe-…—calla de sopetón, percatándose que su esposo llora en el proceso— Félix…

—Marinette —masculle el ojiverde, entre sollozos lánguidos y tiritones. Lleva sus manos a su frente, en son de un rezo sepulcral— Por favor…dime que nuestra hija…tendrá un chance. No me hagas esto, Marinette. Yo no-…

—Hey, hey…mi vida —redunda la ojiazul, removiendo las infames lagrimas que recorren sus pómulos con ayuda de sus pulgares— Lo veo, Félix. Estas…asustado. Tienes miedo, te aterra esto.

—Muchísimo…—musita consumado, el rubio— Hicimos a esta hija con tanto amor que…me rehúso a perderla. Y la anhelo con ansias. No sabes lo feliz que me hizo la noticia cuando me enteré de su concepción. Si el universo me la arrebata, yo no-…

—Nadie te va a quitar a tu hija, Félix —sentencia la profesora, segura y muy decidida— Tienes mi palabra. Sea como sea, vendrá a este mundo con todas las de la ley. Aunque tengamos que dejarla en observación por un tiempo.

—Me haré cargo. Yo personalmente, lo haré —determina el médico, fregándose los parpados— Y seguiremos las instrucciones médicas. Nos haremos responsables de ella. Para que viva…

—Sabía que te ofrecerías. Y fue eso mismo lo que me dijo Luka esta tarde en la cafetería —añade, jovial— Ahora, necesito pedirte un último y solo favor. No será mucho. Solo…se fuerte ¿Sí? No quiero que finjas, serlo. Te necesito…

—No flaquearé, cariño —veredicta Félix, más valiente que nunca— Dime que tengo que hacer ahora y lo haré.

—Bueno…—Marinette rueda los ojos, volteándose hacia la casa— Debemos transmitirles esta noticia a los niños. Es nuestro deber como padres.

—Se lo van a tomar mal…

—No, si elegimos bien nuestras palabras —ríe esperanzada, la peliazul— ¿Estás conmigo?

—Como juré en nuestra boda…—asiente, osado— Hasta que la muerte nos separe…

Que ingenuo de mi parte pensar que la única conversación incomoda que tendría en mi vida, fuese revelarle a Hugo la verdad sobre la muerte de su madre. Pero ahora mismo, me desempeñaba verme a mi mismo entre la espada y la pared de la realidad. ¿De que manera podría plantearles este tema a dos niños de 8 años? ¿Cómo no herir sus expectativas, en una problemática de adultos que ni yo mismo podía solventar? Mostrarme seguro cuando el pavor se apoderaba de mi labia. Era como actuar en una comedia, frente a un publico experto en critica cinematográfica. Pero debía encontrar la forma. Se lo debía a mi esposa. Así que esa noche, ideamos un plan como quien prepara una escenografía para una obra de teatro sobre intervenida. Cuando entramos a casa, Emma y Hugo hacían tareas en el comedor. Alya, quien era la niñera de tiempo completo que Marinette había determinado dejar a cargo en nuestra ausencia, se retiraba en silencio por la puerta.

Para disminuir un poco la rigidez, pedimos unas pizzas esa velada. Cenamos como de costumbre y nos hicimos los desentendidos hasta pasada las 23:00PM. Nuestros hijos se retiraban ya a dormir; por lo que optamos irnos de lengua con la situación de lo acontecido, de una vez por todas. Ambos fueron convocados en el salón principal (el living) y sentados, en el sofá mas amplio. Cuando noté la mirada inquisitiva de Emma, supuse de inmediato que ella tenía la respuesta en la punta de la lengua, mas no se aventuraba a exteriorizarla. Me ha dejado el trabajo más duro a mí, como de costumbre. ¿Pero sería tentativa de provocación a su astucia?

Marinette jugueteaba tan nerviosa con sus deditos, que por unos segundos me tenté a tomar yo la palabra de tal primicia. Sin embargo, de un momento a otro…todo atisbo de incertidumbre nos abandonó. Porque Hugo dijo…

—Estoy ansioso por el nacimiento de mi nueva hermanita —comenta jocoso, el menor— Así que hice una lista de posibles nombres para ella —la muestra sobre un papel y se lo entrega en sus manos— Por supuesto que el nombre mas lindo de todos es sin duda Marinette, pero pensé ¿Sería prudente ponerle el mismo nombre de mamá? Seguro luego se confunden todos y piensan que soy hijo de mi hermanita. ¿Qué opinan uste-…? —calla de golpe, pasmado— ¿Mami…? ¿Por qué…lloras?

—N-no estoy llorando, hijo —musita ahogada, limpiándose los parpados— Solo…se me metió una basurita en el ojo.

—¿No te gustó la lista acaso? —cuestiona el peliazul, preocupado.

—¿Ocurre algo malo? —inquiere Emma, apagando la TV de frente— ¿Marinette?

—No es…—Marinette, totalmente asfixiada de callarlo; finalmente rompe el silencio en un sollozo que termina sofocando en el pecho de su esposo— Santo dios, Félix. No puedo con esto. Me duele…

—Por todos los dioses ¿Qué está pasando? —demanda el menor, aterrado— ¡¿Pueden decirme que fue?!

—¿Le ocurrió algo malo a mi hermana? —interviene Tsurugi, sugerentemente derrotada— ¿Es eso?

—¿Cómo que le pasó algo malo a la bebé? —Dupain-Cheng salta para abrazar a su madre, apagando un llanto lánguido— ¿Qué le pasó…? Por favor, díganme que está bien.

—La pequeña está bien, niños —expone Félix, conmovido por la escena. En lo que atrae a Emma en un abrazo compartido de cuatro— Pero digamos que su salud peligra en estos momentos. Todo indica que no podrá terminar su desarrollo embrionario como corresponde dentro del vientre de Marinette. Por lo que tendremos que sacarla antes de tiempo y dejarla en observación.

—No se va a morir…—consulta la rubia, temblorosa— ¿O sí?

—No. Nadie va a morir aquí —Fathom recobra fuerzas, eliminándose las flemas que le corren por la nariz. Saca pecho, reafirmando su posición— Ella estará bien. Va a vivir. Todos juntos, nos encargaremos de eso. ¿De acuerdo? Somos una familia. Y estaremos unidos. Hasta que las garras de lo infame, determinen lo contrario.

—Confío en ti, papá —musita Emma, esperanzada— Tu eres un excelente doctor. Podrás salvarla.

—Lo haré. Y prometo, no defraudarte —Graham de Vanily acaricia la nuca de Hugo, de paso— A nadie.

Juntos, de tal forma…que ni la muerte misma podrá separarnos jamás. Solo resiste un poco más, pequeña. Tu papá te va ayudar. Se que eres fuerte. No olvides que eres hija de Marinette y Félix. Recuérdalo. Porque estamos ansiosos por conocerte. Y este es solo el comienzo…