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Orihime no podía creer que tuviera instalado en su casa a un cultivador demoníaco. Menos que fuera del tipo exigente y no aceptara la habitación de invitados sino que se auto asignó la que era de su maestra, la más grande y con la mejor vista.

Ahora ambos se encontraban cenando, la joven hada no dejaba de ver al tenebroso demonio. Aún no sabía su nombre, ni entendía muy bien porque aquel hombre insistía en seguirle.

—Señor Demonio, ¿cuánto tiempo piensas quedarte?

Orihime trataba de no entrar en pánico pero era difícil teniendo a un completo desconocido insistiendo en vivir con ella, que era una indefensa hada qué apenas comenzaba a entrenar para conseguir un rango, él siendo un demonio qué parecía tener arranques locos de ira.

Se llevó la mano al cuello recordando cómo la había intentado ahorcar de la nada o cuando le robó aquel beso en la prisión Hueco Mundo.

Al ver que el demonio seguía comiendo con la misma tranquilidad y sin dar muestra de escuchar su pregunta, volvió a insistir.

—¿No tienes miedo de vivir en el mundo de las hadas?, los cultivadores de la corte celestial siempre vienen de visitan.

Intentó amenazar de forma sutil, pero se quedó helada al ver que el demonio alzó su mirada, sus hermosos pero muy indiferentes ojos esmeraldas fijos en ella.

—No le temo a esos cultivadores y mi fuga aún no se ha descubierto, será un secreto entre los dos. Y tampoco te conviene qué se sepa esa noticia porque gracias a ti fue que pude salir, así que a tus amigos cultivadores no le quedará otra qué condenarte como traidora si nos descubren.

—¡Yo no soy… —Orihime se puso de pie con rapidez, ya roja y molesta por las palabras del rey demonio.

Lo que más le daba coraje es que en parte lo que decía era correcto, si se sabía que había ayudado a alguien a salir de Hueco Mundo, no importaría las circunstancia, sería condenada como traidora.

La pequeña hada tomó aire tratando de controlar su enojo, ella era una persona muy pacífica pero ese demonio la hacía molestar, parecía que le gustaba sacarla de sus casillas, pero no podía afirmar o negar aquello porque el demonio era tan inexpresivo qué ella dudaba mucho que él supiera que es diversión o tristeza.

—No entiendo porque corres este riesgo —suspiró derrotada volviéndose a sentar.

—Necesito que estés a salvo.

Aquella afirmación solo la hizo suspirar pero esta vez de resignación, en las pocas horas desde que apareció había estado haciendo ese tipo de afirmaciones, por un momento pensó que realmente el demonio estaba interesado en ella pero se dio cuenta que no era por estar enamorado ni nada, aún no entendía esos comentarios raros qué hacía pero sabía que no tenía nada que ver con eso.

Estaba segura que ese demonio no sabía tampoco qué era el amor, ya hasta empezaba a darle sentimiento que ese demonio solo supiera pelear, al parecer.

—Señor, demonio ¿Por qué quieres que esté a salvo? Aun no comprendo sus razones.

—No necesitas hacerlo.

Orihime no aguantó más, se levantó y salió molesta del comedor, dejando solo al demonio mientras ella murmuraba cosas que Ulquiorra ignoró.

El rey demonio permaneció unos minutos en silencio, la pequeña hada era interesante parecía ser muy ingenua pero también tenía su carácter, había qué presionarla un poco para verlo.

—Grimmjow, muéstrate.

Grimmjow se hizo visible, había llegado unos minutos atrás a ese lugar, pero por orden de Ulquiorra, no podía aparecer frente a la pequeña hada.

—¿Lo conseguiste?

—¿Dudas de mi? —dijo con arrogancia mientras sacaba de sus ropas un rollo de pergamino—. Tuve un poco de resistencia pero logré entrar al templo, aquí lo tienes. ¿Para que lo quieres?

Ulquiorra lo ignoró mientras deslizaba el pergamino, mostrando texto y dibujos en tinta en un idioma antiguo.

—Maldición, Ulquiorra. Soy tu maldito general, ten un poco más de confianza en mí. Estuve sellado ochocientos malditos años en mi espada por tu causa, y aquí estoy aún siguiéndote como un maldito perro faldero, me sigues enviando a misiones qué no le encomiendas a nadie porque me elegiste a mi para supuestamente confiar y no me dices ni una maldita palabra de para qué hago lo que hago, ni una explicación —explotó el espíritu dragón, olvidándose qué hablaba con el rey de los demonios. Bajó un poco la voz cuando vio los fríos y amenazadores ojos de Ulquiorra—. Ya sé que esa pequeña hada está ligada a ti, por eso no la pudiste matar y por eso la viniste a buscar. Ahora explicame ¿para qué demonios necesitas ese pergamino?

Ulquiorra vio unos cuantos segundos más al espíritu dragón frente a él, siempre le había costado confiar en las personas alrededor, aunque sabía que la persona frente a él era leal, lo había demostrado desde hace años aunque tuviera un temperamento de mierda y no cumplía con la cortesía, pero al rey demonio le costaba mostrar sus planes a otras personas.

Toda su vida se había cuidado de los demás hasta de su propia familia, después de todo, su padre era quien le había hecho entender que no debía confiar en absolutamente nadie, ni siquiera su misma sangre, el poder con el que nació Ulquiorra destruiría las bases del reino celestial y su padre quería volverlo una arma invencible para eso uso todos los medios incluyendo su propia vida.

Y ahora sabía que lo que estaba por decir era su mayor desventaja en la actualidad.

—La pequeña hada posee un poco de la esencia de la hada qué nos maldijo, al principio pensé que era su reencarnación pero no es así, no logré detectar ni un poco del alma de aquella persona. Esta hada tiene mucho poder pero parece que no es consciente de él así que robé un poco de su poder para lograr romper el sello de mi ojo de la mente, y como consecuencia por forzar la conexión, ahora estoy vinculado a ella, todo lo que ella siente lo siento yo y creo que también puede ser al contrario.

—Nadie debe saber esto, ella actualmente es tu mayor debilidad —dijo con rapidez Grimmjow—. ¿Y qué tan profundo es ese vínculo?

—Mucho más profundo de lo que entendemos. Intenté lastimarla y sentí exactamente lo mismo. Estoy seguro que si ella muere, yo también moriré, si ella sufre yo también lo sentiré.

Grimmjow sospechó qué era así de profundo pero escuchar que el rey demonio tenía esa clase de debilidad actualmente le causó algo de gracia pero realmente era algo preocupante.

Todo el ejército de la tribu de Las Noches se estaba volviendo a preparar, los líderes internos ya estaban movilizando sus tropas, esperando órdenes del rey para comenzar el ataque. Y el rey en el que está toda su Fé para vencer a la corte celestial, estaba lidiando con una vinculación forzosa de magia con una indefensa hada qué fácilmente podría ser asesinada.

—Me reiría si de verdad no fuera algo tan grave. Estás a punto de iniciar una nueva revuelta contra la corte celestial, y si estás vinculado a esa hada, ella será tu mayor debilidad. ¿Ese pergamino tiene la solución?

Ulquiorra no levantó la vista pero para sorpresa de Grimmjow si le respondió.

—No exactamente.

—¿Entonces para qué lo quieres?

—Otros fines. Ahora necesito que localices la lanza relámpago.

Grimmjow lo vio con incredulidad, el rey demonio había perdido la cabeza, estaba casi seguro de eso.

Hueco Mundo había acabado con su sanidad mental.

—¿La lanza relámpago? ¡Pero ha estado pérdida por siglos!

Grimmjow pensó que se estaba burlando de él, pero Ulquiorra mantenía igual su serenidad.

—Es un arma espiritual antigua, con ella puedo lograr romper la vinculación. Grimmjow, esa es tu nueva misión así que debes traerme la lanza del relámpago.

—Super fácil la misión —gruñó el espíritu dragón pero aun así desapareció.

. *. *

Ulquiorra no iba admitirlo pero no tenía ni idea de cómo iba a hacer ahora que estaba vinculado de forma forzosa a una débil hada. En las pocas horas que llevaba en su casa, la pequeña hada se había enojado, reído y llorado, eso no le importaría si no hubiera vinculación pero como la hay, todo lo que ella sentía él también lo hacía , y no sabía como actuar porque tenía siglos sin sentir ese tipo de emociones.

Quería acabar pronto con ese martirio y volver a lo importante, el ataque contra la corte celestial, pero no lograría hacerlo hasta que no rompiera la vinculación. Actualmente no era capaz de presentarse frente a su ejército si aquella condenada hada hacía de las suyas y él perdiera la cara frente a sus hombres.

A Ulquiorra nunca le había importado mucho lo que piensen los demás pero él solo tampoco podía derrotar a la corte celestial, y él era la base misma de cómo debería ser un cultivador demoníaco, poderoso e invencible, como hacía frente si una pequeña hada era su mayor debilidad.

Volvió a abrir el condenado pergamino, había notado que la hada tenía su raíz dañada, quería lograr curarla para por lo menos no estar vinculado a un hada tan frágil y deteriorada.

Las indicaciones eran algo irracionales para él, la medicina oriental siempre se basaba en las condiciones de cuerpo y alma pero no entendía cómo ayudaría que el hada fuera complacida hasta en sus más pequeños caprichos.

Ni siquiera sabía que quería la pequeña hada, qué era lo que le gustaba. Volvió a cerrar el pergamino, si seguía dándole vuelta al asunto sabía que solo acabaría con la muerte de un hada y su suicidio.

Caminó siguiendo la esencia del hada y la encontró regando las flores del jardín. El lugar era hermoso, lleno de rosas y setos, la hada le hablaba con voz dulce a las plantas, pudo sentir que varias eran espíritus en su forma natural.

Ulquiorra se sorprendió de que la pequeña hada disfrutará de tener encerrados espíritus para su diversión. El hada no era tan inocente como aparentaba.

—¿Qué tiene de divertido tener espíritus atrapados en un invernadero? Están prácticamente todo el día en su forma original. ¿Te gusta que sean dependientes de ti?

Orihime soltó la pequeña regadera asustada, había estado tan concentrada en sus pensamientos que cuando el rey demonio le habló, se asustó. Había pasado el principio de la mañana ignorando la presencia del otro.

—Yo no los tengo atrapados —refutó molesta—. Ellos solo vienen a descansar y se van cuando ellos quieren. Ahora están durmiendo así que deja de molestarlos.

—Entiendo —dijo Ulquiorra llamando la atención de Orihime, el demonio solo observaba el lugar de manera inofensiva pero saber que era un cultivador demoníaco la hacía estar tensa a su alrededor—. Eres de las que le gusta cuidar a otros. ¿Qué otra cosa te gusta hacer?

Orihime lo vio algo preocupada:

—¿Por qué preguntas eso? ¿Aún estás intentando que me enamore de ti?

—Solo tengo interés en saber que te hace sentir bien. Si tú estás bien, yo estoy bien.

Ulquiorra soltó ese tipo de comentarios con tanta naturalidad y hasta frialdad que Orihime terminó suspirando resignada, no podía entenderlo.

—¿Cuántos años estuvo encerrado en ese lugar? —preguntó de la nada la pelirroja.

Ulquiorra intentó analizar esa mirada, pensó que tal vez el hada ya había descubierto su identidad, pero la descartó al no ver ese miedo en sus ojos, ella aun no era consciente que le hablaba al rey de los demonios.

—Muchos años.

—Unmm, eso explica tu locura.

Ella asintió como si hubiera descubierto la verdad del mundo, volvió a recoger la regadera y siguió su labor. Ulquiorra por un momento quedó como congelado por la absurda conclusión del hada, ella era tan despreocupada.

—¿Qué otra cosa te gusta hacer, pequeña hada? —insistió de nuevo el demonio.

Orihime decidió responderle:

—Me gusta dormir, ver el atardecer, jugar en el bosque, me encanta beber el rocío de la mañana aunque casi nunca logró tomarlo porque es muy tarde cuando me despierto, me gusta pasar tiempo con Ichigo y me gustaría lograr obtener mi rango de hada.

Parecía que la hada estaba a punto de perder la respiración por lo rápido que le dijo aquella información. Ulquiorra aun así entendió muy bien todo, excepto una cosa.

—¿Ichigo? Has mencionado ese nombre varias veces, ¿es a quien amas?

Orihime se sonrojó violentamente pero Ulquiorra podía detectar algo de tristeza, el pecho lo sentía apretado, por un momento tuvo el impulso de el mismo arrancarse el corazón, esto de las emociones era algo nuevo para él y la fuerza con que la sentía era abrumadora.

—Sii, con todo mi corazón. —finalmente dijo el hada.

—¿Y por qué te pones triste si lo amas?

Orihime lo vio sorprendida, ¿cómo podía saber eso? ¿Era tan evidente? Aun así respondió tratando de sonar serena.

—No puedo estar con él, sé que no tengo futuro de forma romántica pero por lo menos quisiera siempre estar con él, acompañarlo así sea como hada de cortesía, pero ni eso puedo por no tener ese estúpido rango.

—¿Cómo obtienes un rango?

—Las hadas tienen competencias todos los años para seleccionar a las hadas sin rango, pero no he podido ser seleccionada por ser muy débil.

—Tu no eres débil

Ulquiorra no entendía porque aquella hada decía eso, si él había visto el potencial y sabía lo poderosa que podía ser.

—Muy amable de decirme eso, pero yo sé lo que soy. No puedo hacer ni magia, mi raíz está rota y así no puedo ganar la competencia.

Ulquiorra ya había notado eso, el hada tenía su raíz mágica lastimada pero era algo poco común de ver. Eso era como el núcleo dorado de un cultivador, algo intangible y muy difícil de dañar.

—¿Cómo ocurrió?

—Mi maestra dice que fue en mi transformación, antes solo era una orquídea. Pero ya no estoy muy segura de eso.

Ulquiorra tampoco lo creía, la transición no lastimaba el cuerpo y mucho menos el alma. Aquello debía suceder por otra razón.

—¡Orihime!

Orihime levantó la cabeza con violencia al escuchar la voz que acelera su corazón, la barrera de la casa vibró anunciando que alguien había pasado al pórtico de la casa.

—Conoces nuestro trato pequeña hada, a ti tampoco te interesa que se sepa mi escape. Actua normal y ni una palabra sobre mi a tu amado —susurró Ulquiorra a su oído antes de desaparecer.

Orihime salió de su asombro y corrió en dirección a la entrada. Su corazón se congeló al ver a Ichigo, con su elegante porte junto a otro cultivador, era Uryu, la expresión serena había regresado a su rostro pero no era él la razón de su sorpresa.

Ulquiorra estaba de pie frente a ellos, analizándolos, el contraste era increíble. Frío y caliente, lo que era un cultivador celestial y uno demoníaco . Blanco y negro, opuestos frente a frente.

—¡Orihime! —Ichigo pasó a un lado de Ulquiorra en su dirección—. Ayer vine a visitarte y no te encontré, Uryu fue quien me dijo que anoche sin querer te dio un susto en la ciudad de las hadas.

Ichigo habló con rapidez, preocupado por su amiga, la revisó sin darle tiempo a Orihime de asimilar el hecho que Ulquiorra estaba en el medio del recibidor y los otros dos parecían ignorar ese hecho.

—Me disculpo por mi actitud —dijo Uryu de manera formal, inclinándose en su dirección en señal de disculpa.

—¿Eh?

—Nell siempre es algo problemática, tienes que tratar de tener cuidado cuando estés a su alrededor. —comentó Ichigo—. Lo bueno es que estas bien.

Ichigo estaba muy cerca de Orihime, pero la pequeña hada no dejaba de pensar en el cultivador demoníaco que había en pleno recibidor.

—S-si, estoy b-bien.

Ambos cultivadores celestiales fruncieron el ceño al ver lo nerviosa que estaba el hada.

—¿Sucede algo?. Estás muy pálida y pareces asustada.

Vio perfectamente como Ulquiorra le hacía una señal de silencio mientras pasaba junto a Ichigo amenazandola de que podía hacerle algo sin que él cultivador celestial fuera consciente.

—¡No! Estoy bien, lo siento. Solo estaba algo concentrada en mi trabajo.

Los dos cultivadores la vieron sin creerle mucho, Orihime era muy mala mintiendo pero decidieron no insistir. Ichigo empezó a caminar como siempre al interior de la vivienda en

dirección al jardín donde estaba el árbol del destino, allí siempre los instalaba el hada en sus visitas. Uryu lo siguió pero observando a su alrededor, este parecía notar algo distinto poniendo a Orihime más nerviosa.

—¿Este año vas a participar en la competencia de rango? —preguntó Ichigo.

Orihime no dejaba de mirar de reojo hacia atrás, Ulquiorra los iba siguiendo con una tranquilidad que le daba escalofríos al hada.

—Eh, sii —Logró volver a enfocarse en la conversación.

Los cuatros llegaron al bello jardín donde estaba el árbol del destino, Orihime tenía dispuesto siempre un pequeño escritorio donde trabajaba con las hojas de la vida.

Ichigo se sentó a un lado y Uryu al otro como siempre, pero Ulquiorra se quedó de pie, observándolos.

—Debes tener cuidado Orihime, tu raíz está dañada y últimamente esas pruebas son… —comenzó a decir Ichigo.

Orihime rápidamente negó con la cabeza y sacó de la manga de su camisa una pócima.

—Nell, me dio un remedio. Ya veras que ganaré y podré ser tu compañera en misiones —dijo Orihime emocionada, olvidándose del cultivador demoníaco que merodeaba.

Una de sus sueños era ese, poder ir a misiones con Ichigo, ser una buena compañera de misiones, ser una hada guerrera, como había sido la famosa Hisana Kuchiki, quien había vencido al temido rey demonio, Ulquiorra Cifer.

—Da tu mejor esfuerzo,estoy seguro que seríamos un gran equipo.

Ichigo le acarició el cabello con cariño, antes de escuchar una tos por parte de Uryu.

—No podemos quedarnos mucho —dijo el cultivador, Ichigo asintió y se alejó de Orihime viéndola con algo de seriedad y preocupación.

—Cierto… Orihime, trata de mantenerte unos días en casa, esto no es algo que sepa todo el mundo pero como tu vives algo aislada prefiero decírtelo. Anoche se descubrió una pequeña fisura en el escudo de la prisión hueco mundo y aún no sabemos si alguno de los prisioneros escapó.

Orihime empezó a sudar frío, ella era muy mala mintiendo y realmente no quería hacerlo, pero la presencia del cultivador demoníaco la obligó a seguir con su actuación.

—¿En serio? ¿Y cómo fue posible?

—Creemos que sí logró escapar fue con ayuda externa.

Un escalofrío subió por su columna pero aún así pudo seguir preguntando. Tenía que tratar de verse serena, aun así su mirada estaba puesta en el demonio frente a ellos, volvió a ver a los dos cultivadores antes de que se dieran cuenta de su extraña actitud.

—¿Sospechan de alguien?

Ichigo parecía no querer continuar con aquella conversación pero Uryu estaba más dispuesto a hablar del tema.

—No creemos que sea alguien de la corte celestial, tal vez se filtró algún cultivador demoníaco. Pero no es nuestra mayor preocupación cómo logró escapar, sino, saber si es quien creemos que se fugó. Él sí puede ser muy peligroso para la corte celestial.

Ahora si habían terminado de captar la atención de Orihime, ignoró al demonio de quien hablaba y fijó su vista de Uryu, totalmente curiosa de saber quien estaba viviendo con ella desde la noche anterior y a quien había ayudado a escapar sin querer de la prisión.

—¿Quién creen que es?

—Uryu… —advirtió Ichigo, pero el otro cultivador lo ignoró.

—No podemos tapar el sol con un dedo, Ichigo. —vio a Orihime de nuevo—. Tú debes saber bien quién es el prisionero más peligroso de hueco mundo, el antiguo rey de los cultivadores demoníacos, Ulquiorra Cifer.