Sin un Mañana

Capítulo 3: La Paciente

En el dormitorio del matrimonio Matsubara

Como todas las demás Hiyori Matsubara había perdido bastante la noción del tiempo desde que de repente quedaron como atrapadas en esta ¿dimensión paralela? La nena empezaba a extrañar a sus amigas pero no sabía decir si era buena suerte o no que a ellas no les pasara lo mismo que a sus madres, a sus tías y a ella misma. Hiyori pensaba en todo esto mientras estaba acostada en un colchón al lado de la cama matrimonial de sus madres (era más seguro permanecer las tres juntas en casi todo momento) y cuando estaba por conciliar el sueño oyó que desde la habitación de al lado provenían unos leves gemidos ¿de placer? Nanami, que tampoco se había dormido del todo, iba a protestar pero Yuuna la calmó. Aunque a Nanami le diera vergüenza su concha empezaba a humedecerse por alcanzar a oír los gemidos de la otra pareja que seguramente estaría teniendo sexo del otro lado de la pared.

– Necesitamos desahogarnos, Nanami. Igual Hiyori ya está dormida así que no pasa nada malo.

Le decía Yuuna pero Hiyori no estaba dormida. Pese a todo la nena entendía qué estaban haciendo sus tías en la otra habitación por sus clases de ESI (Educación Sexual Integral) que le impartían en la escuela. Pero aquello de igual forma la hacía notar algo incómoda aunque sólo eso. Por otro lado aún a su corta edad se alegraba por sus tías gracias a las palabras de su madre Yuuna. Al rato los gemidos cesaron aunque poco después oyeron que Reo le recriminaba con insultos a su pareja (algo normal en la tía rubia de Hiyori). Pero al final todas pudieron dormir más o menos de forma cómoda para mañana afrontar la misión de ir hasta la segunda marca del cuaderno… La mañana del día siguiente llegó y todas bajaron a la cocina a desayunar (aunque se les hacía bastante raro comer y beber en esta dimensión neblinosa). Cuando terminaron con el desayuno se alistaron y prepararon para volver a salir de la mansión. Ya con sus ropas abrigadas y protectoras (además de empuñando sus armas de melé) empezaron a caminar por las calles silenciosas, solitarias y neblinosas no sin antes por supuesto volver a cerrar el portón con llave.

Ya cerca del Hospital

El segundo lugar que les quedaba más cerca era el Hospital General de Saint Michael, un edificio de cuatro pisos. Ya estando a una cuadra y media del sitio las radios de sus celulares empezaron a emitir interferencia. Como antes dejaron a Hiyori entre las cuatro adultas cerca de sus cuarenta. Lo que vieron fue alguna nueva especie abominación muy grande que pese a ser cuadrúpeda sólo se servía de las patas traseras para avanzar mientras que las delanteras las arrastraba sobre el asfalto como todo el resto de la parte delantera de su voluminoso cuerpo (incluidos el largo cuello y la cabeza). Aquello parecía una especie de perro sin pelo pero ridículamente enorme que ocupaba un cuarto de la calle… A esta nueva especie de monstruo no iban a poder matarlo sin quedar alguna del grupo muy maltrecha o algo peor así que rápidamente decidieron rodearlo aprovechando que la inmensa criatura era bastante lenta. De a poco se fueron alejando como pudieron de ese perrazo gigante y sus radios dejaron de emitir interferencia. Cuando eso ocurrió ya estaban frente al gran portón que daba a la puerta doble principal del hospital. Ninguna quería entrar pero era como si hubiesen caído en un juego sombrío del que no podían escapar sin seguir sus escalofriantes reglas. Ya antes las adultas se preguntaron si todo esto que les estaba pasando fue planeado por "alguien" en vez de por "algo". Pero sin más pistas no les quedaba nada más que seguir con este "juego siniestro" planeado por ese alguien…

Ya en el hall central del hospital…

Ya en el interior del edificio tuvieron que activar sus linternas por la incipiente oscuridad del sitio. Había dos pasillos principales a ambos lados y justo frente a ellas estaba la recepción (cuya cerradura estaba rota y no podían abrir). El sitio en general era bastante amplio así que las cinco lograron caminar por el pasillo de la derecha sin estar codeándose todo el rato. Había una puerta cuya indicación marcaba "Escaleras" pero por ahora querían revisar lo que pudieran del primer piso. La siguiente puerta, una doble, estaba como la de la recepción así que tuvieron que dirigirse hacia la del otro lado que también era doble que daba a la parte este del edificio. Esta sí que pudieron abrirla, y había por un largo pasillo seis puertas a cada lado. Tendrían que revisarlas todas para encontrar lo que posiblemente estaban buscando: otro pentagrama. Las primeras cuatro puertas estaban con el cerrojo roto y aunque hicieran mucha fuerza resultaba imposible abrirlas. Pero la quinta puerta por el lado izquierdo sí que pudieron abrirla: se trataba de la sala de remedios así que aprovecharon a llevarse las varias bebidas isotónicas y los dos botiquines que había allí dentro. La siguiente puerta por el lado izquierdo también pudieron abrirla y tanto Yuuna como Nanami (que fueron las que entraron dejando justo detrás de ellas a Hiyori al cuidado de sus tías) se sorprendieron que al alumbrar partes de la habitación hubiera una mujer como de su edad tumbada sobre la cama que tenía parchado un ojo y que estaba intubada. Aquella ¿paciente? estaba viva pero profundamente dormida. Entre la camilla en la que estaba acostada aquella mujer y la pared había un pulmón de hierro algo anticuado el cual emitía un sonido bajo y regular (seguramente se trataba de la respiración de la paciente). En esa habitación no había nada más de interés así que la pareja decidió dejar durmiendo a aquella paciente porque de momento no podían hacer nada más. Le contaron todo esto a las tías de Hiyori y todas volvieron sobre sus pasos para intentar subir por las escaleras hacia el segundo piso (acordaron que tratar de usar el ascensor sería su última opción). Afortunadamente la puerta no estaba ni cerrada ni trabada como tantas otras del primer piso así que subieron primero el matrimonio Matsubara, Hiyori en medio y sus tías detrás. Cuando pasaron todas por la puerta que daba al segundo piso a los escasos pasos dados sus celulares empezaron a emitir el ya conocido ruido de interferencia como de radio antigua: se trataba de que se les acercaban unos enfermeros amortajados y ensangrentados que caminaban hacia ellas contorsionándose a cada paso que daban. Eran lo que parecía ser un hombre que sostenía un cuchillo y una mujer con un bisturí.

– Mierda…

Llegó a exclamar Yuuna. Aquellos monstruos eran los más humanoides que habían visto hasta ahora y con sus haces de luces de la linternas llegaron a notar que en vez de rostro esos enfermemos monstruosos sólo poseían lastimaduras, rasgaduras y cicatrices… careciendo además por completo de ojos y sus orejas estaban destrozadas… Sin esperar a que se siguieran acercando más Yuuna les disparó tratando de impactarles en el pecho y en la cabeza. Hizo falta cuatro tiros certeros a cada enfermero para que estos cayeran al piso para que así luego Nanami los rematara con su tubería de acero oxidada. El ruido de interferencia cesó… así que empezaron a inspeccionar el segundo piso… pero todas las puertas estaban cerradas o trabadas salvo la que daba al camerino de mujeres. Allí Mai se llevó al bolsillo dos bebidas isotónicas más y terminando de inspeccionar ese punto del hospital halló una notita de papel pero escrita en digital que sólo decía unos cuatro números: 4891. Por si las dudas les sirvieran también se la llevó. Allí no había nada más que pudiera servirles así que volvieron a las escaleras para subir al tercer piso. En este pasillo a ambos lados no había ningún monstruo y todas las puertas lograron abrirlas menos la que daba al pasillo de las salas de pacientes de ese piso. En cuanto a todas las demás puertas daban acceso a distintas habitaciones donde hallaron varias bebidas isotónicas, dos botiquines y una ampolla inyectable. En cuanto a la puerta que daba al pasillo de pacientes estaba cerrada habiendo al lado de la cerradura un pequeño panel con números del 0 al 9. Supieron entonces lo que tenían que hacer: presionaron las teclas con los números en orden de la nota hallada en el segundo piso oyendo enseguida de oprimido el último botón un chasquido que indicaba que la puerta ya se podía abrir. Pero ninguna se confió sino que se pusieron en guardia por si había más monstruos por ese largo pasillo. Y en efecto… allí a mitad del pasillo llegaron a notar que había tres enfermeras y un enfermero que reaccionaron ante los haces de luces de sus linternas y celulares empezando a caminar torpe y contorsionadamente hacia ellas. Por desgracia a Yuuna se le agotaron las balas de la pistola cuando liquidó a dos de las enfermeras así que Mai y Nanami, armadas con un palo de golf y una tubería de acero respectivamente, entablaron una batalla de melé contra los dos monstruos que quedaban que daban una bastante torpe batalla. Nanami tuvo tanta buena suerte que le hundió un lado del cráneo al enfermero y Mai derribó a la enfermera impactándole en las piernas para luego rematarla partiéndole parcialmente la cabeza con un golpe final. Las cuatro estaban agotadas e Hiyori, que se mantenía apartada, aunque asustada, por fortuna o por desgracia ya se empezaba a acostumbrar a todo lo siniestro que les estaba ocurriendo. Así pues, empezaron a inspeccionar esa sección del hospital, eran 14 puertas del lado izquierdo más algunas por el lado derecho. Todas las del lado derecho estaban con la cerradura trabada pero todas las del lado izquierdo se podían abrir. Desde la primera a la última había de "destacable" además del amueblado (que casi siempre se limitaba a una camilla y a una silla) unas revistas y diarios en físico que estaban recortados en unas partes o secciones que hablaban de una tal "Casa de la Esperanza" (una especie de orfanato que era investigado por presuntas irregularidades tanto financieras como por maltrato a los huérfanos en sí). Este único artículo interesante estaba en medio de la camilla de la primera habitación. Desde la segunda hasta la sexta no había nada de interés. En la séptima sólo habían un libro abierto tan deteriorado que ni se podía leer qué decía además de una muñeca rota con manchas de sangre seca. Reo murmuró un "Espeluznante" refiriéndose a la muñeca ensangrentada… Desde la octava hasta decimotercera tampoco había nada de interés. En la habitación número 14 en cambio había… ¿otra paciente? se trataba de otra una mujer dormida aunque esta no estaba intubada ni con rastros de heridas físicas sino que sólo estaba acostada boca arriba sobre la camilla. Además sostenía en la mano derecha del lado de la pared un bisturí.

– Yuuna, ¿qué hacemos? ¿Intentamos despertarla?

Le preguntó Nanami a su esposa.

– No sé si eso sea prudente, Nanami-Chan… pero por otro lado quizás ella podría llegar a tener en su poder lo que buscamos por aquí o al menos nos podría dar una pista de dónde hallarlo.

Iba conjeturando Yuuna pero Mai pidió permiso para adelantarse (la habitación no era precisamente demasiado amplia) avisando que sería ella la que la intentaría despertar. Mai tenía las manos enguantadas con cuero resistente así que ante cualquier eventualidad peligrosa estaba del todo preparada.

– Chst, señora, despiértese…

Susurró Mai luego de quitarle con facilidad el bisturí a la dormida. Las otras tres adultas observaban todo desde la puerta de la habitación ayudando además con dos haces de luces para que Mai tuviera todo esa habitación iluminada. Al final aquella otra mujer se despertó con suavidad… y sólo expresando duda pero no miedo ante la vista de Mai y compañía. Mai le fue explicando de a poco por qué estaban allí y si podían hacer algo para ayudarla a ella (la mujer de la habitación 14). Cuando la mujer, que se había identificado como "Ginga Nakajima", les respondió tras dudar un poco más:

– Mi novia y yo terminamos en esta ciudad vecina tan extraña tras fugarnos de la casa de nuestro padre el cual nos amenazó de muerte si no volvíamos con él… Pero ninguna de las dos estábamos dispuestas a aceptar sus pérfidas condiciones sin más… Viajamos en colectivo (autobús) desde la vecina Midchilda hasta aquí Saint Michael… pero luego no recuerdo más… Quizás tuvimos un accidente de tránsito en el colectivo… Sólo espero que ningún otro pasajero se haya hecho daño… Por favor ayúdenme a encontrar a Cinque…

Ginga estaba lagrimeando pero Mai la tranquilizó lo que pudo explicándole que probablemente la mujer intubada en esa otra habitación del primer piso era Cinque. Aquello alegró y entristeció a Ginga a partes iguales. Ginga quiso ir enseguida…

– ¿Sos capaz de caminar bien? Pareces un tanto mareada…

Le preguntó Mai.

– No importa mucho. Pero sí, pudo caminar bien… Vayamos…

Respondió la mujer de cabello largo y azulado. Ya todas iban por la mitad del pasillo con Yuuna, Nanami encabezando la vuelta al primer piso, con Hiyori y Ginga en medio y con Mai y Reo cerrando la marcha cuando de pronto volvieron a oír el atronador sonido de aquella sirena de bomberos presenciando en vivo y en directo el cambio de estado del pasillo de su versión neblinosa a su versión de pesadilla. El ruido era tal que todas menos Hiyori sufrieron por un breve momento una fuerte migraña… Pero aunque el dolor de cabeza fuese breve para las cuatro adultas y la joven nueva integrante aquello bastó para separar al grupo: pues Yuuna y Nanami estaban del otro lado de unos barrotes de hierro oxidado que aparecieron como de la nada que dividían el largo pasillo del tercer piso en dos. Mai, Reo, Ginga e Hiyori quedaron del otro lado de dicho pasillo cuando todo el sitio terminó de cambiar de estado.

– No, no puede ser… Hiyori… ¡Hiyori!

Nanami largaba grititos mientras extendía un brazo por entre los barrotes oxidados. Hiyori le sostuvo la mano con ambas suyas por un momento antes de que "la radio" de Yuuna, que estaba un poco más atrás que Nanami, empezara a emitir ruidos de parásitos. A Yuuna también le dolía separarse así de su hija pero ahora debían luchar contra lo que sea que la esté amenazando a ella y a su esposa de forma directa: esta vez se trataba de dos criaturas humanoides completamente desnudas que parecían estar hechas de partes diferentes de hombres y mujeres… Los dos monstruos que se acercaban silenciosos pero a paso firme no se contorsionaban como otras tantas bestias horripilantes que habían visto hasta ahora. Pero eso sí, ambos sostenían un arma de melé: uno una larga tubería de acero oxidada y el otro lo que parecía un machete también bastante más largo que el promedio… La nueva especie de monstruo medía algo más de dos metros de altura. El matrimonio Matsubara no sabía si iban a poder vencer a esos adefesios sin salir muy maltrechas o peor aún sin salir del combate con vida. El miedo se apoderaba de ellas así que retrocedieron hasta casi tocar con la espalda los barrotes divisorios del pasillo.

– ¡Mamis!

Gritó Hiyori extendiendo un brazo con la palma abierta entre los barrotes. Al hacer eso sin darse cuenta la nena Matsubara disparó de su palma (que brilló por un instante) una esfera de luz velocísima que impactó en una rodilla de uno de esos dos monstruos cerceándole la pierna haciendo caer al gran monstruo que largó algo parecido a una serie de eructos mientras estaba ahí tirado. El otro monstruo ni se inmutó ante la caída de su "compañero" ya que levantó el gran machete con su brazo de mujer para asestárselo a Yuuna, que esperaba detener o desviar el ataque con su tubería oxidada. Yuuna no sabía bien qué hizo caer al primer monstruo pero en cambio Nanami (como las otras tres mayores) sí que alcanzó a ver o a distinguir el extraño pero acertado acto de Hiyori.

– ¡Hiyori, por favor hazlo de nuevo!

Hiyori obviamente no sabía cómo lo había hecho la primera vez pero ante la llamada de su madre pelirroja apuntó entre los barrotes con la palma abierta logrado repetir un lanzazo de esfera de luz tras haber apuntado torpemente al monstruo que amenazaba a su madre Yuuna. Esta vez le dio en el brazo que sostenía el amenazante machete a la altura del codo llegando a cortárselo como al primer monstruo. Yuuna, aunque no entendía bien qué pasaba por estar concentrada en ver fijamente los movimientos del monstruo le propinó varios tubazos por el costado haciéndolo caer para rematarlo con unos impactos rápidos en la cabeza. Todo esta acción agotó momentáneamente a Yuuna y entonces Nanami se acercó con cautela al otro monstruo derribado que seguía largando eructos para rematarlo y así lo hizo. Las radios volvieron a dejar de sonar con interferencia.

– ¡Hiyori, ¿cómo hiciste eso!?

Le preguntó Mai a la nena la cual no supo qué responder mientras se veía la palma de la mano para acto seguido recordar algo fugazmente que la tuvo de protagonista antes de que la adoptaran sus madres en medio de una playa… Pero notaba que era algo que sería mejor no recordar así que ladeó varias veces la cabeza, se cacheteó y respondió con simpleza:

– No tengo idea, tía Mai…

Fin del Capítulo 3