Sin un Mañana
Capítulo 4: El Colgado
Era evidente que no iban a conseguir nada positivo quedándose a ambos lados del pasillo dividido por esos barrotes así que los ahora dos grupos se dirigieron cada uno a explorar por su cuenta toda la extensión del extraño, penumbroso y oxidado pasillo.
– Yuuna, Nanami, por favor sigan teniendo sumo cuidado...
Les imploró Mai a la pareja casada. Yuuna le acarició con suavidad el cabello a Hiyori y antes de partir hacia el fondo de su lado del pasillo afirmó con firmeza:
– Nos volveremos a juntar para salir de este sitio de pesadilla. Les confiamos por ahora a Hiyori.
– La protegeremos como podamos, Yuuna.
Le confirmó Mai y acto seguido se separaron hasta que ya no pudieron verse del todo bien al empezar a explorar cada grupo su lado del pasillo. Del lado de Mai, Reo, Hiyori y Ginga había algunas puertas a sus izquierdas pero estaban todas trabadas y del lado derecho sólo existía la puerta doble del ascensor. Ninguna quería usarlo pero parecía que no les quedaba de otra. Así pues Mai, liderando el grupo, tocó el botón del ascensor abriéndose las puertas con un chirrido metálico. Las cuatro entraron y por petición de Ginga bajaron hasta el primer piso donde estaba la habitación de su novia Cinque según les iba a contando a Mai y Reo. A Ginga le preocupaba sobremanera lo que Mai le había contado sobre "la paciente" de aquella habitación porque al describirla según le iba contando Mai pues Ginga la había identificado como su novia. Ahora era su deber ir a rescatarla. Mai le había pasado su tubería de acero para que la peliazulada empelara como arma de melé y Ginga la aceptó con gusto (por decirlo de alguna manera). Se abrieron las puertas del ascensor y la habitación en la que debería estar Cinque estaba casi frente a la puerta del ascensor. Ginga intentó abrirla pero parecía que estaba firmemente cerrada con llave. Pero lo extraño era que había una hendidura profunda en el centro de la puerta… como para colocar alguna clase de objeto en él. Supusieron que tendrían que buscarlo por lo que les quedaba por explorar del hospital en su versión de pesadilla… Por lo menos de momento no había indicio de que hubiese alguna especie de monstruo por el pasillo del primer piso, que era más extenso al igual que el tercero en esta versión del hospital. Todas las demás puertas laterales estaban trabadas cuando intentaron abrirlas así que con sumo cuidado abrieron la puerta doble al final del larguísimo pasillo. En esta nueva zona tampoco parecía que hubiese monstruos pero frente a ellas había una lámina de cristal a apenas tres metros de la puerta doble que impedía el paso y que detrás de ella sólo se veía un pasillo tan ridículamente extenso o largo que no se alcanzaba a distinguir el final del mismo pero que a poca distancia de la lámina había otro pasillo lateral del que se emitía una ligera luz mortecina que alumbraba apenas una silla de ruedas ensangrentada y tirada en mitad del pasillo… Mai al notar que no podían romper la lámina distinguió al poco rato que había un estrecho pasillo que daba a otro pasillo más amplio. Allí una por una lo fueron atravesando empezando con Mai, Reo, Hiyori y finalmente con Ginga cerrando la guardia. Ya en este otro pasillo había otra silla de ruedas ensangrentada pero esta no estaba tirada y que encima del asiento había una pistola manchada de sangre. Mai la examinó con cuidado notando que estaba descargada pero era mejor llevársela para cuando pudieran hallar munición para aquella arma de fuego. Siguiendo por el pasillo había otra puerta doble que daba a un patio hecho en vez de concreto de metal oxidado. Y allí sus radios empezaron a sonar con interferencia. Todas se pusieron en guardia con Mai a la cabeza. Se trataba dos perros como el gigante que habían visto antes de llegar al hospital pero estos eran de un tamaño mucho más promedio (apenas del tamaño de unos perros grandes de los normales). Aquellas criaturas eran casi tan lentas como el gigante de antes pero igual mejor los rodearon como pudieron al darse cuenta de que no se habían percatado aún se su presencia. Recorrieron el resto del patio trasero del hospital pero estaba casi completamente vacío… y casi porque en una esquina había una ambulancia sin ruedas y del todo oxidada con la puerta doble de su parte trasera abierta de par en par. Allí vieron un cuchillo ornamental de piedra… Supusieron que aquello era lo que había que introducir en la hendidura profunda de la habitación en la que estaba Cinque. Mai se la pasó a Ginga para sin demora volver sobre sus pasos por el patio teniendo cuidado con los "perros" pero lo raro es que sus radios no sonaban… y al instante vieron que los dos perros estaban muertos cada uno sobre un charco de su propia sangre… Ninguna se podía explicar quién o qué los había matado a ese par de monstruos pero no quisieron quedarse a averiguarlo y cuando ya estaban frente a la puerta doble que daba al interior del hospital esta se abrió de golpe… Algo así como un potentísimo viento las arrojó a todas muy atrás sin que pudieran evitarlo… pero por fortuna no se chocaron con nada más que con el piso de metal así que se minimizaron sus fuertes caídas.
– ¿Pero qué mierda nos pasó…?
Se quejaba Reo que fue la primera en intentar levantarse tras haber sido cubierta por Mai y Reo a su vez pudo alcanzar a abrazar a Hiyori para que no se lastimara tanto por aquella ventisca o lo que hubiera sido aquello. Reo e Hiyori se terminaron de levantar e iban a auxiliar a Mai que seguía muy mareada estando ahí tirada sobre el piso cuando las primeras dos vieron a un par de mujeres desconocidas frente a ellas. Una vestía un pulcro y como recién planchado uniforme de enfermera o de médica y la otra vestía casual… y era extrañamente algo parecida a la propia Hiyori.
– ¿Quiénes son ustedes…?
Reo sabía que fueron esas dos las que provocaron ese viento huracanado que las dejó fuera de combate por un rato… Apretó la vaina de su cuchillo tratando de ponerse en guardia y esperando una respuesta que nunca le llegó. La que vestía casual levantó el antebrazo e hizo un puño de su mano derecha haciendo enseguida que Reo se empezara a quedar sin aire.
– ¡Tía Reo…!
Hiyori, pese a que todo ocurría muy rápido, supo que tenía que usar su poder especial para intentar salvarlas a todas pero no pudo hacerlo. La que vestía de médica la agarró rápidamente del cuello empezando a estrangularla. Cuando hubo apretado bien fuerte y por un rato finalmente la médica soltó a Hiyori que tosió repetidas veces sosteniéndose el cuello y luego esta última vomitó bilis sin poder evitarlo… Por su parte Reo si bien no fue asesinada por falta de oxígeno sí que quedó muy maltrecha al ser arrojada casi inconsciente a unos metros de distancia por la otra mujer que todo indicaba que también tenía poderes especiales… Lo último que distinguió Hiyori antes de caer inconsciente fue que esas dos extrañas se la estaban llevando a ella misma por la fuerza dejando a las demás tiradas en el patio completamente libradas a su suerte… Además alcanzó a oír aquella extraña sirena de bomberos a la distancia…
Frente a la habitación "de Cinque"….
Muy a lo lejos a Ginga le retumbaba en los oídos aquella sirena de bomberos para luego despertarse del todo irguiendo medio cuerpo sobre el piso oxidado y sucio de un pasillo interior del hospital que seguía en su versión de pesadilla.
– ¿Y las demás…?
Se preguntó en un susurro la peliazulada. De repente notó que tenía el cuchillo de piedra que habían encontrado en la parte trasera de la ambulancia del patio y que frente a ella estaba la puerta de la hendidura donde supuestamente estaba Cinque. Ginga sabía lo que tenía que hacer… pero cada vez que veía aquella puerta de la hendidura se le erizaba el vello de la nuca… Pero finalmente se armó de valor, introdujo el cuchillo de piedra en la hendidura escuchando un "clic" como si la puerta se destrabara. Y en efecto Ginga ahora sí que pudo abrirla pero todavía no había ninguna habitación delante de ella sino unas larguísimas escaleras que descendían en diagonal. Ginga volvió a armarse de valor sosteniendo su tubería oxidada en todo momento empezando a bajar por aquellas interminables escaleras. Una vez llegó al final de las mismas abrió una puerta oxidada hallándose en una habitación en la que estaba la propia Cinque acostada sobre una cama de hospital pero sin estar intubada y sin ninguna clase de aparato u otros muebles en la habitación…
– ¿Cinque? Cinque, despierta…
Cinque estaba recostada boca arriba en la cama (el único punto de la habitación que parecía limpio) pero no parecía reaccionar ante los llamados de su novia.
– Hola Ginga, se nota que ya te habías olvidado de mí.
Ginga trastabilló cuando escuchó aquella voz que pese a lo que había dicho la peliazulada recordaba todavía demasiado bien…
– Vos… estás muerto…
Ginga iluminó a un hombre colgado boca abajo pero cuyos pies no estaban atados por una soga o una cadena sino por un tentáculo de piel que le salía del ano y se le enroscaba justamente entre los pies para sujetarlo debajo de una viga oxidada. Aquel adefesio estaba viendo a Ginga con sus cuencas vacías detrás de una reja oxidada mientras a cada tanto se contorsionaba. De pronto Cinque abrió los párpados, se levantó con brusquedad agarrando un bisturí y caminando como una zombi hacia Ginga. Esta última supo que algo muy raro le estaba pasando a su novia pero no tuvo tiempo de preguntar nada porque Cinque levantaba el bisturí con la muy obvia intención de atacarla. No había que ser una genia para saber que aquel hombre colgado estaba controlando de alguna forma a su novia.
– ¡Cinque, para! ¡Soy yo, Ginga!
Exclamó tras esquivar los dos primeros ataques que dio de arriba hacia abajo Cinque. Luego esta última dio uno horizontal con el bisturí que Ginga apenas alcanzó a esquivar y por fortuna Cinque perdió el arma blanca al impactar a punta contra la pared oxidada. Pero eso no detuvo los ataques de la más bajita porque extendió los brazos con la intención de estrangular a su novia.
– ¡Cinque, por favor ya basta! ¡Vuelve en sí!
Le gritó Ginga cuando logró agarrar a su novia por las muñecas pero Cinque intentó con todas sus fuerzas zafarse del agarre. Estaban forcejeando cuando el colgado volvió a hablar sin voz, como si retumbara sólo en la mente de Ginga:
– Cinque siempre te despreció por matarme a mí, a su propio padre.
Con todas sus fuerzas Ginga logró empujar a Cinque haciéndola caer boca abajo y luego rápidamente la inmovilizó allí mismo con una llave maestra.
– ¡No te creo nada, Jail! ¡Aquí el único monstruo fuiste vos por intentar violar a tu hija!
– Lo que dice mi padre es la pura verdad, Ginga.
Dijo Cinque hablando por primera vez en aquel momento pero manteniendo la mirada perdida.
– No, Jail te está controlando. No voy a caer tan fácil en sus mentiras.
De pronto un tentáculo que llegaba desde el techo rodeó el cuello de Ginga haciéndola levantar del nivel del piso de la habitación. Cinque, ya liberada, fue en busca de su bisturí, lo levantó con ambas manos cuando luego estuvo frente a una pataleante Ginga y toda esta escena hubiese terminado en tragedia de no ser porque justo llegaron Yuuna y Nanami que distrajeron momentáneamente a Cinque y lograron desarmarla tras Yuuna esquivar un primer y torpe ataque de la peliplateada para luego dejarla inconsciente con un tubazo en la cabeza de parte de Nanami que la agarró desprevenida por la espalda. Luego Yuuna le disparó dos veces al tentáculo que estrangulaba a Ginga a una altura cercana al techo liberando así a Ginga que se agarró el cuello con una mano tosiendo a más no poder mientras estaba arrodillada. Cuando Ginga por fin recuperó buena parte del aliento instó a que la pareja casada a que alumbrara y apuntara a la siniestra criatura que representaba a Jail Scaglietti detrás del alambrado oxidado.
– ¡Ese monstruo controlaba a Cinque! ¡Mátenlo!
Yuuna se acercó pero manteniendo una distancia prudencial para luego levantar la pistola pero era difícil apuntar a través del alambrado y los barrotes. El monstruo colgado boca abajo miraba fijamente a la rubia con sus cuencas vacías. De pronto aparecieron cuatro tentáculos más por el techo y aunque Yuuna tuvo escaso tiempo para reaccionar para esquivar un agarre notó que el susodicho techo no era de concreto ni de metal sino de piel y carne. Quizás aquello era simplemente una parte más del cuerpo deforme del monstruo. Si en efecto era así entonces… Yuuna disparó varias veces a cualquier parte del techo que no ocupaban los tentáculos y tal y como pensaba el monstruo detrás de los barrotes se retorcía del dolor largando rugidos que no parecían ni remotamente humanos… Llegado a un momento la rubia dejó de dispararle pero no sólo para cargar la pistola sino para preguntarle algo a "Jail":
– ¿Te rindes, monstruo de mierda?
Le preguntó al monstruo cuando este dejó de retorcerse y de rugir. La representación monstruosa de Jail no parecía escuchar a Yuuna porque por un momento no hizo nada pero luego dejó caer pesadamente partes de su cuerpo que colgaban del techo para intentar aplastar a las humanas. Nanami quiso que todas se retiraran por única puerta de la habitación pero esta se había vuelto a cerrar con llave sola… Yuuna esquivó el ataque desde arriba y le disparó a Jail en el pesado saco de carne y piel que tenía más cercano hasta que se le agotó la munición pero logrando matar al monstruo… pues el mismo largó un último rugido antes de cortársele el tentáculo que lo sostenía sobre la viga cayendo así al vacío oscuro que tenía debajo… Las tres respiraron mínimamente aliviadas aunque el aire empezara a estar enrarecido por toda la carne podrida y la sangre derramada de la habitación… Luego Nanami vio frente a la puerta principal que había un cofre igual al del parque:
– ¿Acaso eso estaba allí desde antes…?
No sabían si debían abrirlo porque las esposas recordaron que tras abrir el primero habían sido teletransportadas por aquella luz blanquecina frente al portón de su casona y todavía no habían terminado de explorar el hospital ni se habían reencontrado aún con Hiyori, Mai y Reo… Yuuna se acercó como pudo sorteando los sacos de carne fétidos y se debatía junto a Nanami si debían abrirlo ahora mismo o no mientras Ginga cargaba como de forma nupcial a una aún inconsciente Cinque. Finalmente las esposas decidieron abrirlo al notar que no podían levantarlo ni arrastrarlo para tener acceso a la puerta…
– ¿Es una foto…?
Preguntó Yuuna y Nanami (que había abierto el cofre) le entregó la fotografía a su esposa.
– No, no puede ser… Mira del otro lado, Nanami…
Así lo hizo Nanami y notó cómo el escaso vello de la nuca se le erizaba: en la parte delantera había una foto de las tres integrantes de la familia Matsubara saliendo de su casa con Hiyori remarcada en un círculo de color rojo… pero en el reverso había una foto en la que se veía nítidamente la cara y medio cuerpo de la Directora del Hospital Alchemilla: Chiaki Takao. Debajo de esta segunda foto decía en letra manuscrita: "Encontramos a la Santa…".
¿Acaso las manifestaciones de la ciudad les estaban diciendo que Chiaki quería hacerle algo realmente perverso a Hiyori…? ¿Pero con qué fin…? ¿Y no era acaso la Directora Takao una buena persona que fue una de las profesoras de Yuuna en sus años de estudio de medicina? Pero no tuvieron mucho más tiempo para hacerse preguntas porque el destello blanquecino alumbró toda esa horrorosa habitación y al instante siguiente las cuatro estaban de nuevo frente al portón de la mansión Matsubara.
Fin del Capítulo 4.
Comentarios del Autor: Gracias por sus dejar constancia de sus impresiones en los anteriores capítulos, buenos lectores. Ojalá que este cuarto cap también esté a la altura xP.
