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Ulquiorra y Grimmjow aterrizaron en un puente qué llevaba a una bonita casa sobre las nubes.
El espíritu dragón no tenía idea de lo que hacían en el Seireitei, justo en la ciudad de las hadas, y empezaba a creer que los 800 años que Ulquiorra estuvo en hueco mundo acabó con su sanidad mental, si es que alguna vez la tuvo.
—¿Qué diablos hacemos aquí, Ulquiorra?
Ambos observaron el lugar, el rey demonio ignoró la pregunta y comenzó a acercarse a la casa a través del puente con un paso pausado, Grimmjow no tardó en seguirlo.
La hermosa casa tenía el diseño acostumbrado por las hadas, estilo tradicional, de puertas corredizas y grandes ventanales, con rosas, setos y enredaderas adornando el pórtico del lugar.
Los dos se detuvieron a unos metros, la entrada tenía una especie de barrera. Ulquiorra notó qué esa protección no tenía la marca de poder de la pequeña hada. Debía ser alguien más que la puso alrededor de esa casa, desde ahí solo podía ver un frondoso árbol.
Por un momento pensó que tal vez rastreó mal la esencia de poder de la hada pero descartó la idea. La pequeña hada vivía en ese lugar, lo que le parecía muy curioso y oportuno porque reconoció aquel gigante árbol qué estaba dentro de la propiedad, era conocido como el árbol del destino, sólo una hada recibía la tarea de cuidar las hojas de la vida y debía tener un muy buen manejo de su poder. La pequeña hada debía ser una una aprendiz, no iba a negar que le intrigaba aquel hecho.
Grimmjow estaba inquieto, estaban en pleno Seireitei, se estaban ofreciendo en bandeja a la corte celestial. Y Ulquiorra parecía tan indiferente, como si estuvieran en el propio territorio de la tribu "Las Noches" y no terminaba de decirle que planeaba.
—¿A quién buscamos?
—Un hada.
La respuesta tan simple de Ulquiorra acabó con los nervios de Grimmjow. Al maldito le costaba responder y cuando lo hacía era como para burlarse de él con esas respuestas pragmáticas.
—¿A un hada y para qué diablos necesitas a un hada? —preguntó de mala manera.
Ulquiorra tardó unos minutos más en responder, haciendo que Grimmjow rechinara los dientes, el maldito rey que seguía, parecía disfrutar de hacerlo perder la paciencia.
—Quiero confirmar algo. —fue la respuesta vaga qué obtuvo.
Los fríos ojos verdes de Ulquiorra dejaron un momento de ver la estructura para fijarse en Grimmjow, como si hubiera recordado algo.
El general dragón tragó saliva cuando los amenazadores ojos del rey se fijaron en él, normalmente tenía nervios de acero pero aun se sentía un poco intimidado cuando Ulquiorra lo veía de esa manera.
—Debes camuflajearte, tienes un rostro feroz y la hada qué necesito es asustadiza, no necesito que te vea aún, solo vas a hacer qué corra.
Grimmjow lo vio ofendido:
—¿Con mi cara? Si soy la fantasía de toda mujer…
A pesar de estar discutiendo utilizó su magia, Ulquiorra ahora parecía estar solo de pie frente a esa casa pero realmente Grimmjow seguía a su lado, nadie a parte de Ulquiorra podría verlo o escucharlo.
—Bien… —refunfuñó el dragón, pero no tardó mucho en cambiar su expresión por una de diversión, si Ulquiorra quería joder su paciencia, él también haría lo mismo. —. Ahora tengo curiosidad, su majestad. ¿Aquí vive la que te liberó de la maldición? —Ulquiorra dirigió su mirada al dragón con sospecha y él solo se encogió de hombros—. Tengo cara de idiota pero no lo soy, pasaron ochocientos años y cada año se escuchaba que tu te volvías tan fuerte que tenían que convocar cada tres noches a todos los cultivadores de alto rango de la corte para suprimir tu poder. Lo extraño del asunto es que, ¿Lograste liberarte de la prisión y del sello en tu ojo de la mente, pero no eres capaz de liberar el ejército con tu poder?
Ulquiorra lo vio con amenaza pero Grimmjow siguió exponiendo su conjetura:
—Aún con todo ese poder inmenso qué tienes no pudiste liberar a todo nuestro ejército en el valle y eso quiere decir solo una cosa, alguien que sí es capaz de romper la maldición fue la que te ayudó a salir.
Ulquiorra estuvo a punto de refutar sus palabras cuando se escuchó perfectamente un grito de sorpresa.
—¡¿Tú?!
Grimmjow giró a ver a una hada correr en dirección de Ulquiorra, parecía enojada pero él no la tomó como un peligro.
Era una hada de tamaño promedio, largo cabello naranja y grandes ojos grises, sus mejillas rojas de rabia pero solo la hacían ver tierna.
¿Esa era el hada capaz de romper la maldición?
—¡No deberías estar aquí! , ¿cómo puedes ser tan descarado de seguirme? ¿No le temes a la corte celestial o que?
Para sorpresa de Grimmjow la hada intentaba empujar a Ulquiorra, parecía querer alejarlo de ese lugar.
—Eres un espíritu malo, vamos. Debes volver a hueco mundo, Ichigo me va odiar si descubre que te ayudé sin querer a salir de ahí. No te resistas y vamos.
La pequeña hada seguía intentando mover al rey demonio. Grimmjow no podía con su asombro, más al ver que Ulquiorra no intentaba alejarla.
—¿Esa pequeña hada fue quien te salvó? —preguntó con incredulidad, Ulquiorra lo ignoró.
La pequeña hada tampoco era consciente qué había un espíritu dragón presenciando aquella bizarra escena.
—¡No te resistas, tienes que volver, espíritu malo!
Ulquiorra la detuvo cuando vio que seguía insistiendo en arrastrarlo con ella.
—¿Qué te hace pensar que soy un espíritu malo?
Orihime lo vio sorprendida, inclinó su cabeza algo confundida, estaba segura que no se había equivocado, él la había abandonado en cuanto salieron y ella recordaba ver cómo usó sus poderes luego de robarle parte de su energía.
—¿Entonces que eres? Te vi usar ese poder oscuro… Eso era energía demoníaca, si no eres un espíritu oscuro…. ¡Eres un demonio!
—Eureka, esa hada no es muy inteligente, Ulquiorra. ¿Estás seguro que fue ella quien te liberó?
Grimmjow se estaba divirtiendo en grande y sus ganas de reír aumentaron cuando vio lo pálida qué se puso el hada. Era obvio que todos le temían a los cultivadores demoníacos, la corte celestial los hacía ver como seres sin raciocinio qué sólo sentían sed de violencia y sangre.
Para sorpresa de los dos hombres presente, Orihime se soltó de Ulquiorra y se dejó caer en cuclillas, parecía estar por llorar, sus grandes ojos grises se enrojecieron, levantó su mirada en dirección a Ulquiorra, a pesar de querer llorar veía al cultivador demoníaco con resentimiento.
—Ahora si estoy muerta, Ichigo me va a odiar y la corte celestial me va a condenar, pueden desintegrarme o peor arrojarme por el dangai al mundo humano. ¿Que voy a hacer?...
Para sorpresa de Grimmjow, vio a Ulquiorra inclinarse para levantar a la joven hada con delicadeza pero interrumpiendo su monólogo.
—Déjate de tonterías, mujer. ¿Y ahora explícame que fue lo que me hiciste?
Orihime lo vio sin entender la pregunta. La que debería estar preocupada era ella, había despertado inconsciente sobre aquella nube pensando que lo vivido en hueco mundo era un sueño y ahora su pesadilla aparecía frente a la puerta de su casa, reclamándole por algo.
Empezó a sentir miedo, el hombre frente a ella era un cultivador demoníaco, alguien que había estado prisionero en la cárcel de más alta seguridad de la corte celestial, solo destinado a la peor calaña del mundo.
—No entiendo…y creo que tampoco quiero entender, solo… Es mejor que te vayas —empujándolo con más fuerza.
Ulquiorra desapareció de su vista en fracciones de minuto haciéndole casi caer para aparecer a centímetro de su rostro, asustandola, en ese momento entendió la diferencia de poder entre los dos y que ella todo ese tiempo había actuado de forma impulsiva. Aquel ser podía matarla en un pestañeo.
Su pálida mano recorrió el rostro del hada, deteniéndose en el rasguño en su rostro, la caricia cambió de dirección y llevó sutilmente su mano al cuello del hada, ella intentó retroceder pero él la detuvo, apretó con fuerza su cuello cortándole la respiración.
—¿Q.. Qu.. —la hada intentó soltarse pero aquel inexpresivo demonio solo la mantenía sujeta cortándole la respiración, las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.
Para sorpresa de los tres, Ulquiorra también empezó a derramar lágrimas aun con la misma expresión en su rostro. La soltó sin delicadeza dejándola caer al piso mientras ella trataba de tomar bocanadas de aire.
Grimmjow había permanecido callado toda esa escena, estaba sorprendido de las acciones de Ulquiorra, había estado tan tranquilo conversando con el hada cuando de repente ya la estaba ahorcando. Había demonios desenfrenados pero eran muy pocos, y Ulquiorra no era uno de ellos.
Grimmjow sabía que algo pasaba, el rey demonio no era impulsivo ni emocional, podía hasta decir que carecía de emociones pero hoy extrañamente presenció dos reacciones qué no son para nada acostumbradas en Ulquiorra.
—Cof, Cof —Orihime no podía intentar hablar sin toser, el cuello estaba empezando a enrojecer por la presión de los dedos del demonio, aun así siguió intentando discutir con él —¿Por qué me quisiste matar?. ¡Se supone que deberías ser agradecido, te salve la vida! .
Orihime sonaba muy ofendida aunque su voz era muy débil como para tomarla como un reproche. Grimmjow estaba sorprendido por los nervios de acero de la pequeña hada, otra en su lugar estaría suplicando misericordia y no discutiendo con su atacante.
—Esta hada tiene agallas, me agrada.
Ulquiorra siguió ignorando los comentarios de Grimmjow. Se acercó a la hada pero ella retrocedió casi arrastrándose.
—No intento matarte, solo estaba probando si soy incapaz de hacerte daño, y ya veo que no.
Orihime, y sin saberlo Grimmjow también, por poco se les cae la boca de la impresión ante las palabras del demonio.
—¿Y lo probaste ahorcándome? Tiene mucho sentido —dijo Orihime mientras se llevaba las manos a los moretones qué empezaban a crearse en su cuello.
—Hablo en serio. Yo no puedo hacerte daño.
Ulquiorra se logró acercar y volvió a colocar sus frías manos de nuevo sobre el cuello de la hada, esta vez Orihime sintió un pequeño ardor pero supo que él estaba curandole los moretones con su poder.
Los colores se le subieron a las mejillas al notar lo cerca qué estaba el rostro del demonio del suyo, podía ver con completa claridad los hermosos ojos del cultivador y perderse en ellos, olvidándose por un momento de lo terrorífico qué podía llegar a ser.
Recordó momentáneamente cuando aquel ser le robó un beso y su poder espiritual, aquella la hizo reaccionar y alejarse.
—Espera, no invadas mi espacio. Dices que no puedes hacerme daño… — el rey y el espíritu casi podían ver cómo funcionaban los engranajes en el cerebro de la hada—. Será… ¿Que usted se enamoró de mí? ¿Por eso vino hasta acá?...
Grimmjow no sabía si reír o llorar por la conclusión tan absurda de la pequeña hada. Era cierto que era un hada llamativa, era pelirroja, unos grandes e inocentes ojos grises y un cuerpo desarrollado ¿pero tanto como para hechizar a él demonio más letal y desalmado de la corte celestial? No lo creía .
La sorpresa en el rostro del hada pareció desaparecer, su actitud se volvió tímida:
—Señor Demonio, gracias por sus sentimientos pero yo estoy enamorada de alguien más.
Grimmjow no pudo evitar soltar carcajadas como loco, pero Ulquiorra siguió ignorando a su compañero, sus ojos verdes fijos en los ojos grises del hada.
—Estás confundida, mujer. Solo necesito asegurarme que nada te pase.
Fue la simple respuesta de Ulquiorra, Grimmjow dejó de reír para empezar a masajear la cabeza, ¿acaso Ulquiorra no podía elegir frases que no se malinterpretara? Ya él había empezado a entender más o menos las actitudes de Ulquiorra pero la pobre hada parecía estar teniendo conclusiones muy alejadas de la realidad.
La cara de la hada volvió a ponerse roja:
—Nunca pensé que un demonio podría tener sentimientos tan puros —dijo luego fue sorprendida cuando vio como Ulquiorra le dio la espalda y comenzaba a caminar hacia la casa del hada—¿Eh? , ¿A dónde vas?
—Me voy a quedar contigo, eres un hada torpe, tu poder es débil y fácilmente puedes salir lastimada, así que me aseguraré qué estés protegida hasta que consiga una solución.
Orihime comenzó a correr, alcanzándolo y colocándose delante de él para así impedir su paso.
—¿Solución? Señor demonio, si está tratando de ganarse mi corazón, ya se lo dije antes, le pertenece a alguien más, así que no entiendo porque sigue insistiendo.
—No me importa a quien le pertenece tu corazón mientras esa persona no te lastime.
Aquella frase dejó fría a la pequeña hada, nadie nunca le había dicho algo así y no sabía ni cómo reaccionar.
El rey demonio llegó al pórtico, dejando atrás a la joven hada. Grimmjow lo seguía sin que Orihime estuviera consciente de su presencia.
—¿Cuál será mi habitación?
