Madara se encontraba en el carruaje impulsado por caballos que lo llevaría al palacio Senju. Un joven doncel de cabello negro hasta un poco más abajo de sus orejas y ojos igual de oscuros que su cabello, con piel blanca como la nieve y estatura baja, un príncipe que había sido regalado a la familia real del único enemigo que su reino poseía. A su lado se encontraban dos doncellas que lo acompañaban como sus sirvientas, sus nombres eran: Izumi y Naori, ambas se encontraban en una entusiasmada charla sobre cómo sería el reino Senju, debido a que jamás lo habían visto ni por pinturas, al igual que Madara quién no sabía no dónde era, pero él no les hacía mucho caso a los murmullos ya que la realidad es lo más confiable a lo que uno podía aferrarse. En lugar de prestar atención a las voces, su mente estaba inmersa en sus pensamientos y en el paisaje que se veía a través de la ventana del carruaje.
Recordó la conversación que tuvo con su padre hace unos días, cuando le informó sobre el trato que hizo con el Rey Butsuma:
—Madara—dijo Tajima, estaba sentado en el suelo ese día, llenando un pergamino nuevo con tinta—. He decidido tu futuro. Serás enviado al reino Senju como un regalo de paz, te desposarás con uno de los príncipes para sellar la alianza entre nuestros reinos.
Madara no mostró expresión alguna, pero por dentro sintió una punzada. Siempre supo que su destino no le pertenecía, pero ser usado como moneda de cambio era algo que jamás se hubiese esperado. Siempre creyó que se casaría con alguien con más poder que él, incluso consideró la idea de que fuese un Senju en algún momento.
¿Pero esto? ¿Ser regalado a la familia real Senju? Ni siquiera era un matrimonio arreglado, era entregado para ser parte de una especie de harem, en donde uno de los hijos tenía que elegirlo.
Intenta con toda su fuerza de voluntad no quejarse, la tinta que tenía su padre al lado era tan tentadora para lanzársela encima y dejarle la cara de un tinte negro por toda la eternidad. Pero no podía hacer eso, porque simplemente él no podía quejarse. Todo lo que su padre decida, es definitivamente lo mejor para él.
— Si es tu voluntad, padre, la acataré —respondió con una reverencia. Vio a su padre sonreír, y sabía que solo sonreía porque consiguió lo que quería, no porque estuviese feliz u orgulloso de él.
Y así, Madara fue preparado para partir al reino que por años fue su enemigo. Se despidió de su clan sin derramar lágrima alguna, con la frente en alto y orgullo Uchiha. No tuvo el corazón para observar por última vez el rostro de su hermano menor, Izuna, viéndolo irse de tal manera. Y le dolió el corazón todo el viaje saber que no abrazó por mucho más tiempo a la única razón por la que se esfuerza tanto en proteger al reino.
A medida que el carruaje se acercaba al palacio Senju, Madara empezaba a sentir un nudo en el estómago. Sabía que iba a ser recibido por los nobles Senju, y no sabía qué esperar de ellos. Su incomodidad aumentó cuando el carruaje se detuvo a las afueras del palacio y fue recibido por un grupo de nobles. Madara desde dentro del carruaje notó que todos lo miraban con curiosidad, y él se sintió fuera de lugar.
Madara bajó del carruaje con elegancia y gracia felina, su kimono azul marino con el abanico Uchiha bordado en la espalda se arrastraba en el suelo. El obi rojo sangre ceñía su estrecha cintura, resaltando su pálida tez. Sus largos cabellos azabaches le caían libremente sobre los hombros como una cascada de seda negra.
— Bienvenido, joven príncipe —saludó una noble de mediana edad, inclinándose en una reverencia—Soy Toka, he venido a escoltarlo al castillo.
—No necesito una escolta nueva —interrumpió Madara con frialdad, mirándola por encima de su hombro. Ambas doncellas que iban en el carruaje con él y dos sirvientes se bajaron del carruaje para posicionarse detrás suya.
Los nobles que acompañaban a Toka se miraron con sorpresa y confusión ante la indiferencia del príncipe Uchiha. Esperaban encontrar a un joven dócil y temeroso, no a alguien tan seguro y orgulloso.
Madara nota esta sorpresa de parte de los que estaban ahí, por lo que sonríe leve e hizo una breve reverencia. —Agradezco su preocupacíon, Toka-san. Por favor, lléveme ante su majestad. —Su voz era suave esta vez, pero segura.
—P-por supuesto, alteza...— tartamudeó Toka, desconcertada. Hizo una seña a los guardias para que abrieran las puertas del palacio.
Madara caminó entre los nobles sin dirigirles una segunda mirada. Sus pasos eran ligeros pero seguros, el frufrú de la seda de sus ropajes era el único sonido que se escuchaba en el pasillo. Los presentes nobles intercambiaban miradas inquietas y susurraban detrás de sus abanicos.
Sería la nueva comidilla de ellos y sus grandes egos.
— Que atrevimiento...ignorarnos como si fuéramos sirvientes— murmuró un noble indignado.—Es muy joven pero tanto poderío no puede ser bueno.
— Parece solo un niño...los Uchiha deben estar desesperados por enviar a su príncipe tan joven —murmuró un noble.
— He oído que los Uchiha usan artes oscuras...no me gustaría que alguien así se acerque al rey— dijo otro con desdén.
Debía soportar los desplantes de estos nobles, por el bien de su clan.
— Míralo, tan joven e inexperto...el rey Butsuma podrá manipularlo a su antojo— rio una noble sin pudor. —Ojalá el príncipe no herede la locura de su madre...dicen que enloqueció hasta la muerte, pobre desdichada — comentó en voz alta, provocando risitas entre los presentes.
Madara escuchaba cada murmullo pero no dio indicio alguno de su molestia. Continuó caminando con la frente en alto, no dejaría que lo intimidaran.
Los cuchicheos y risas burlonas lo siguieron por los pasillos como una plaga de insectos venenosos, cada comentario más dañino que el anterior, buscando provocar una reacción en él. Pero Madara se mantuvo impasible, negándoles la satisfacción de verlo derrumbarse.
Finalmente llegaron ante las puertas del salón del trono, que se encontraban cerradas frente a él. Madara respiró hondo y alzó el rostro; era momento de conocer al Rey Senju. Solo esperaba tener la fuerza para lidiar no solo con él, sino con la avaricia y crueldad de los nobles Senju que ahora lo despreciaban sin razón.
Los guardias la abrieron de inmediato al verlo, anunciando en voz alta:—Su alteza, el príncipe Madara Uchiha.
Respiró hondo, enderezó los hombros y las pesadas puertas crujieron al abrirse, dando paso a un recinto inmenso iluminado por los rayos dorados del atardecer que se filtraban a través de los altos ventanales con parteluz de cristal. Arañas de cristal tintineaban suavemente con la brisa, pendiendo del techo abovedado y refractando la luz en destellos irisados.
Una lujosa alfombra roja guiaba el camino hacia el fondo de la estancia, donde sobre un estrado de mármol pulido descansaba un trono de oro.
En el trono estaba Butsuma Senju, un hombre fornido en sus cincuentas, de hombros amplios y cabello castaño recogido en una coleta baja sujeta por una cinta blanca. Irradiaba poder y fuerza en cada centímetro de su musculosa figura, y su sola presencia infundía respeto reverencial en sus súbditos.
A los ojos del joven Madara, quien con sus catorce años era poseedor de una belleza etérea y delicada cual porcelana fina, resultaba un contraste abrumador como el día y la noche.
A cada lado del rey se encontraban sus hijos, Hashirama y Tobirama. Hashirama, de largo cabello castaño y sedosa piel bronceada, regalaba una amable sonrisa a todos desde su posición. Tobirama en cambio, pálido y de cabellos grises, ojos carmesí y extrañas marcas en el rostro, observaba todo con expresión severa y analítica. Vestían elegantes kimonos de seda y brocado, de colores claros y suaves, bordados con el emblema de los Senju.
Cuando lo vieron entrar, se notaban más que confundidos e impresionados. Tanto fue, que dijeron en voz altas sus preocupaciones, las cuales solo unos pocos escucharon.
—No entiendo qué pretende padre trayendo aquí al príncipe Uchiha —masculló Tobirama a su hermano con el ceño fruncido.
Hashirama se encogió de hombros, también confundido. —Quizá planea hacerlo su consorte...aunque parece muy joven, ¿no lo crees?
—Demasiado joven—asintió Tobirama—. Padre debería actuar con más prudencia...
La corte entera parecía contener el aliento al ver a Madara avanzar con gracia felina por la alfombra. La luz del atardecer acariciaba su pálida piel de porcelana y cabellos azabache, su kimono de seda azul rey ondeando a su espalda como alas de cuervo. Murmullos especulativos se alzaban a su paso.
— Parece casi un niño...¿para qué lo habrán traído?
— Quizá el rey Tajima pensó ganarse el favor de Butsuma con tan hermoso consorte —comentó una dama, abanicándose sin ponerle mucha importancia. —Es más bello que yo cuando era tan solo una joven adolescente.
Madara hizo oídos sordos a los cuchicheos, caminando hasta detenerse al pie del estrado. Hizo una profunda reverencia ante Butsuma, la vista clavada en el suelo en señal de respeto.
— Bienvenido, príncipe Uchiha —saludó Butsuma complacido—. Es un placer al fin conocer al hijo de mi viejo amigo. ¡Mírate, eres aún más hermoso que tus retratos! Ven, siéntate a mi lado.
Madara ascendió los escalones de mármol y tomó asiento junto al rey, consciente de su pesada mirada recorriéndolo con descaro, junto al arruinado protocolo que claramente no le permitía sentarse a su lado. Así que los rumores de que era un rey...libertino, eran más reales de lo que Madara creía. Supo entonces que escapar de las garras del depredador que ahora lo observaba como su más reciente adquisición, sería mucho más difícil de lo que imaginó.
— Es un honor conocerlo al fin, su majestad —dijo Madara con suavidad, su voz como terciopelo—. Mi padre, el rey Tajima, le envía saludos y espera que nuestra visita sea de su agrado.
— Y vaya que lo es, príncipe —ronroneó Butsuma complacido, tomando la mano de Madara para besar el dorso con descaro. Madara reprimió el impulso de retirarla con brusquedad—. Tu padre me ha hecho un magnífico regalo al enviarme a tan exquisita criatura. Espero disfrutemos de tu...compañía, durante tu estancia aquí.
— Será un honor complacerlo, su majestad —respondió Madara con suavidad, tragándose las palabras mordaces que luchaban por salir de sus labios. Debía mostrarse sumiso y dócil como le habían advertido, por muy difícil que le resultara.
— Veo que tu padre te educó bien. —Butsuma le dedicó una sonrisa de oreja a oreja—. Estoy seguro de que nos divertiremos mucho tú y yo...príncipe Madara.
— Estoy a su entera disposición. —Madara inclinó la cabeza, ocultando el destello de ira en su mirada tras el velo de sus pestañas.
Butsuma rio entre dientes, encantado con la actitud aparentemente dócil de su joven invitado.
La verdad es que Madara se mostró sumiso pero en realidad estaba rabioso por dentro, este hombre, este Butsuma, era tan arrogante y pedante, el rey solo lo veía como un trofeo más para su colección y Madara estaba seguro que pronto intentaría propasarse. Debía idear una forma de sacar ventaja de esta situación sin mostrar su descontento, al menos hasta tener una oportunidad para escabullirse de este nido de víboras.
—Hoy celebraremos en tu honor, príncipe —anunció Butsuma—. He preparado un banquete y baile para darte la bienvenida como es debido a mi reino. Escuché que trajiste a tus propios sirvientes y doncellas.
—Será un honor, su majestad. —Madara se inclinó con elegancia. —Espero mi presencia y la de mi séquito no causen molestias.
—Para nada, estarán alojados en las habitaciones contiguas a las mías. —Los ojos de Butsuma relampaguearon de lujuria.— Será muy...conveniente tenerte tan cerca, príncipe Madara, y si estás cómodo, aún mejor, ¿no lo crees?
Madara se tensó ante la implicación de sus palabras pero conservó una expresión serena.
—Es usted muy generoso, su majestad. Mi padre apreciará su hospitalidad.
—Oh, no tienes que agradecerme... —susurró Butsuma— serás recompensado por...complacer mis deseos. Esta noche empezaremos a conocernos mejor, mi dulce príncipe Madara. Será el comienzo de tu nueva vida a mi lado.
Madara tragó saliva, sintiendo nauseas ante sus palabras. Debía encontrar la forma de evitar quedarse a solas con este depredador, o su misión diplomática terminaría en desastre.
Y tenía que empezar ahora.
—Si me disculpa, su majestad...debo prepararme para el banquete de esta noche —dijo con suavidad, poniéndose de pie para retirarse con una reverencia.
—Por supuesto, ve y arréglate para mí...te espero ansioso, príncipe. —Los ojos de Butsuma centellearon con oscuro deseo, recorriendo la esbelta figura de Madara como si ya la poseyera.
Madara se apresuró a salir del salón del trono con sus doncellas, reprimiendo el impulso de correr. Antes de irse, nota las miradas aún perdidas de los príncipes. Claro, no podía dejarlos de lado.
—Saludos, príncipes— saludó Madara al pasar junto a ellos, con una leve inclinación de cabeza y mirada gélida. No tenía intención de entablar conversación con nadie, solo deseaba llegar a sus aposentos.
—Buenas tardes, príncipe Madara— correspondió Hashirama con una sonrisa amable y mirada cálida—. Espero disfrute la celebración de esta noche. Si necesita cualquier cosa, no dude en pedírmela.
Madara se impresiona, no esperaba que tuviera un carácter tan amable, sin duda se esperaba el peor trato posible en toda su estadía en ese lugar por parte de ambos príncipes.
¿Las cosas serían más fáciles de lo que pensó?
—Se lo agradezco, príncipe Hashirama. —No tenía intención de confiar en nadie dentro de estas paredes, pero la amabilidad del castaño le es grata. Al menos no todos en este nido de víboras parecían tener dobles intenciones.
Sin más, continuó su camino apenas respondiendo al seco saludo de Tobirama con un leve asentimiento.
Tenía asuntos más urgentes que atender, como idear la forma de escapar de las garras de Butsuma durante la fiesta de esa noche sin provocar un conflicto entre sus reinos.
Hashirama observó a Madara alejarse por el pasillo, intrigado por su actitud distante y fría. No parecía el joven dócil que su padre esperaba.
—No confío en ese Uchiha —murmuró Tobirama con el ceño fruncido—. Es demasiado orgulloso y seguro de sí mismo para alguien de su edad. Seguro trama algo.
—No seas paranoico, hermano —rio Hashirama—. Quizá solo está nervioso en terreno desconocido, lejos de su clan. Yo lo veo más bien...solitario. Solo es un adolescente después de todo, no todos los Uchiha son mentes criminales.
—Esa confianza que tienes podría ser peligrosa. —Tobirama frunció el ceño—. No bajes la guardia, Hashirama. Los Uchiha son traicioneros por naturaleza, no olvides que han sido nuestros enemigos por generaciones.
—Pero ahora uno de ellos ha venido en son de paz... —argumentó Hashirama—. Debemos darle la oportunidad de demostrar que son sinceros, o la alianza no prosperará. Además, es un príncipe más joven que nosotros dos.
—La alianza prosperará bien si padre consigue a ese joven Uchiha en su lecho —bufó Tobirama con desdén—. Esa es la única razón por la que está aquí...como un trofeo para complacer sus caprichos.
—No digas eso...—Hashirama hizo una mueca—. Madara es un príncipe, no un esclavo. Estoy seguro de que padre busca sinceramente unir a nuestros clanes.
—Sigue siendo ingenuo, hermano. —Tobirama negó con la cabeza—. Los Uchiha por generaciones han sido guerreros, lo sabemos porque nuestro reino se han enfrentado a ellos por años. Pero también hay algo más.
—¿Algo más? —Hashirama miró a su hermano con curiosidad—. ¿A qué te refieres?
Tobirama suspiró, como si no estuviera seguro de compartir esa información. Pero Hashirama debía estar prevenido.
—He oído...rumores, sobre extraños poderes que poseen algunos miembros del clan Uchiha —dijo en voz baja—. Se dice que pueden ver cosas que otros no, que sus ojos tienen habilidades peculiares hereditarias, habilidades que podrían ser oculares.
—¿Habilidades oculares? —Hashirama parpadeó confundido—. ¿Cómo qué?
—No lo sé con certeza. —Tobirama negó con la cabeza—. Son solo leyendas que he escuchado, pero date cuenta...pocos clanes tienen características físicas tan particulares como los Uchiha. Sus ojos son extrañamente su mejor rasgo, y siempre de un tono negro tan profundo como la noche. ¿No te parece sospechoso?
—Bueno, ellos son un clan antiguo...quizá sus rasgos más atractivo se han acentuado con el paso de las generaciones. —Hashirama se encogió de hombros, escéptico. —No creo que debamos desconfiar de Madara solo por algunas viejas leyendas y su apariencia.
—Solo digo que tengas cuidado. —Tobirama le repitió—. Observa a ese Uchiha y juzga por ti mismo si es digno de confianza. Yo por mi parte, seguiré vigilándolo de cerca por precaución. No vaya a ser que sus "rasgos antiguos" resulten más peligrosos de lo que aparentan.
Tobirama frunció el ceño, parecía que quería decir algo más a su hermano, quien lo miraba como si estuviese perdiendo la cabeza en ese momento.
—Hay otra cosa sobre los Uchiha que debes saber —dijo en voz baja—. Históricamente está comprobado que poseen una belleza poco común, etérea, casi sobrenatural. Y esta belleza la han usado a menudo para ejercer de Oirán, hombres y mujeres por igual, accediendo a gran poder político e influencia de forma inexplicable.
—¿Qué es Oirán?
Tobirama mira a su ingenuo hermano mayor en silencio por unos momentos, Hashirama le devuelve la mirada pestañeando varias veces en confusión. Hasta que, luego de unos segundos, le cae la manzana en la cabeza.
—¿Insinúas que los Uchiha son trabajadores sexuales? —Hashirama lo miró escandalizado.—Te has vuelto loco.
—No exactamente eso. —Tobirama negó con la cabeza, sonrojándose por las palabras de su hermano—. Solo que a lo largo de su historia, muchos Uchiha han empleado sus encantos y belleza para seducir a gobernantes y figuras de poder. Una vez obtenida su atención y favor, estos parecen hacer todo lo que los Uchiha les piden, como hechizados. Es muy sospechoso...
—Eso suena más a leyendas malintencionadas que a hechos históricos —argumentó Hashirama, molesto porque su hermano manchara el honor de Madara con tales infundios.
—Quizá...pero date cuenta que justo ahora, nuestro padre parece encantado con ese joven Uchiha a quien acaba de conocer —señaló Tobirama—. Lo ha invitado a quedarse en el palacio, le ha dejado tener su propio séquito, lo ha dejado sentarse con él en el altar...y claramente desea tenerlo en su lecho, como todos hemos notado. ¿No te parece una coincidencia bastante peligrosa?
Hashirama guardó silencio, digiriendo las palabras de su hermano. Quizá tenía razón y debía ser cauteloso, por descabelladas que parecieran sus sospechas...pero algo en su interior le decía que Madara no era como los otros Uchiha que describían esas leyendas. Había visto en sus ojos, tras esa máscara de indiferencia, un profundo pozo de dolor, orgullo y soledad.
—Sacaré a Madara a bailar esta noche, para hablar con él personalmente —concluyó Hashirama—. Pero no estoy dispuesto a condenarlo sin pruebas, o por rumores y leyendas antiguas, Tobirama. Todos merecen el beneficio de la duda.
Tobirama observó a Hashirama alejarse, negando con la cabeza ante su testarudez. Su hermano siempre quiso ver lo mejor de todos, incluso de los Uchiha, su clan enemigo por generaciones. Esa ingenuidad podría meterlos en problemas, pero Hashirama no escucharía razones y tendría que comprobarlo por sí mismo.
Suspiró con frustración y se dirigió a sus aposentos a prepararse para el banquete de esa noche. Vigilaría de cerca los movimientos de Madara, esperando encontrar algo que confirmara sus sospechas y convenciera a Hashirama de alejarse del príncipe Uchiha.
Mientras tanto, Hashirama caminaba pensativo rumbo a sus habitaciones. Sabía que Tobirama solo deseaba protegerlo, pero estaba cansado de sus continuas desconfianzas y prejuicios hacia los Uchiha. No podían continuar en guerra eterna, o sus clanes se destruirían entre sí tarde o temprano.
Esta alianza era necesaria para cambiar el rumbo de su historia, y tenía que funcionar. Demostraría a Tobirama que podían confiar en Madara, que bajo esa fría máscara había un joven tan cansado de luchar como ellos. Solo necesitaban una oportunidad para conocerse y descubrir que no eran tan diferentes...o al menos, ese era su deseo.
La celebración de esa noche sería una buena ocasión para acercarse a Madara y entablar conversación, conocer sus verdaderas intenciones y abrirle los ojos a Tobirama. Esperaba sinceramente que el príncipe Uchiha accediera a hablar con él...que las barreras de hielo con las que se protegía, aunque fuera por unos instantes, se derritieran.
Necesitaba encontrar en ese joven misterioso y solitario un aliado para cambiar el destino de odio que parecía unir a sus clanes.
Llegó a sus aposentos y cerró la puerta tras de sí, apoyándose contra ella con un suspiro. Esa noche se jugaría el futuro de su gente en la mesa de apuestas...y las cartas que les tocaran, definirían si habría paz o guerra entre los Senju y los Uchiha.
Solo esperaba haber adivinado bien las intenciones de Madara...o las consecuencias podrían ser fatales.
¡Wooo! Nueva historia, espero que les guste, va a ser una historia algo corta pero llena de drama.
Esta historia es obviamente para público maduro +18, porque se verán temas demasiado sensibles como: pedofilia, grooming, leve incesto, violencia, abuso, cosas sin consentimiento, etc. Así que eso, so, espero que la disfruten y si no, que la ignoren.
Se despide.
—Pinenacha.
