One-Shot

Bajo la luna plateada

—Goeniko & Orochi—

Incluso un ser tan temido y repudiado tiene sentimientos, aunque sea una mortal, ambos estarán unidos por un sentimiento; el amor, dicho sentimiento que provocaba el asco del ente divino.

Disclaimers:

The King Of Fighter:© SNK

Bajo la luna plateada:© LadySirin

Advertencias: Irrespeto por las parejas formadas y el trama real, parejas crack, relación Dios x Humano, presencia de Goeniko (según el fandom ella fue creada por un grupo de fans, pero no se cual es su verdadero origen), un poco de lemon no explícito.

Notas:

Es la primera vez que estoy en fanfiction pero aquí en The King of Fighter, pero bueno se que no debo hacer mucha introducción, o se aburrirán, acá hay muy pocas historias de Orochi, pero generalmente las pequeñas escrituras son emparejándolo con chicos, aunque aquí tiene el papel del villano cruel que quiere arrasar con todo.

Además me inspiré mucho en algunas historias y me pregunté:

¿Si todos los luchadores tienen pareja? ¿Por qué no emparejar a Orochi con alguien?, así que vienel historias en Ao3 se me vino la idea de que Goeniko sería perfecta para el ente divino.

Si no les gusta mi historia o mi pareja, pueden pasar a la siguiente historia que les guste y así no habrá problemas sin sentido.

Gracias.


Ella era una mujer bella de ojos azulados y cabello rubiáceo, nacida a partir de los genes de Goenitz, aunque no comparte las pupilas rasgadas del sacerdote asesino. Tan pura y dispuesta a seguir a su maestro a donde valla.

Incluso si este es parte de los reyes celestiales o también conocidos como Los Hakkesshu quienes tuvieron el privilegio de ser potenciados por la sangre del ser que fundó el clan Orochi, con fuego, viento, trueno, tierra y otros elementos que les fueron otorgados para que ejecuten y realicen su voluntad, mientras espera que el sello sea destruido, junto a las tres desagradables figuras humanas que se opusieron a sus ideales:

Purgar a la humanidad.

Él odiaba los sentimientos humanos, como seres tan malévolos están acabando con la naturaleza, con los animales y todo lo que se le dejo a cargo. En especial el sentimiento del amor le causaba asco, ganas de vomitar cuando miraba a una pareja besarse, pero a la vez no entendía la razón de la felicidad de los mortales.

La recién llegada le causo un flechazo a su duro corazón, admitiendo de mala gana que tiene sentimientos por la clon de Goenitz; Goeniko.

Era preciosa, la criatura mas hermosa que ha visto y que lo intoxicaba, se supone que debería tratarla como una basura, pero le costaba trabajo estar a solas con ella y decirle lo que siente por ella.

No soportaba cada vez que se ausentaba para sus tareas con el clan y asistiendo a Goenitz.

No puede estar lejos de ella.

—Goeniko.

Ella se gira sobre sus talones, haciendo que el viento de la noche meciera su larga y rubiácea cabellera y lo mirara con esos bellos ojos azules, pero ella solo se reverenciaba con respeto, algo que intriga mucho al ente divino.

—Maestro Orochi—mostrando respeto hacia él—¿Qué lo trae a mi presencia, su alteza?.

Orochi torció su boca y ahogó su propio reproche, queria que su doncella lo mire y lo trate con amor, aparte del respeto que tiene hacia él.

No iba a derrochar esta única oportunidad de estar con ella, al menos momentáneamente.

Quería estar mas cerca de ella, admirarla a milímetros de él.

—¿Acaso debo anunciar mi llegada, Goeniko?—su voz era tranquila, carente de autoridad, sin obtener el efecto deseado en la monja de ojos azules quien se continua cuestionándose el porque su señor esta a su lado.

Ella evitaba quedar hipnotizada en esos hermoso abdominales esculpidos son ese patrón del tatuaje del símbolo de su clan. Por eso ella evitaba que la acusara de que lo esté mirando pérfidamente.

Su rostro es magnifico, estaba en toda su gloria, quedando sin palabras para describir lo hermoso que es, su pequeño cabello plateado que con el fulgor de la luna de plata, brillaba.

Eludía una posibilidad de enloquecerse con su señor y cometer un acto que puede llevarla al arrepentimiento.

Tosiendo y fingiendo poco interés—No, usted no necesita anunciarse, maestro—si de quedaba mas tiempo admirando a su señor, se seduciría con pensamientos muy sucios y mundanos—Es libre de venir aquí, después de todo, el mundo es suyo y nosotros sus leales sirvientes.

Sirvientes, ya había oído eso antes de sus Hakkesshu quienes le juraron una eterna lealtad.

El cabello de Goeniko desprendía un delicioso aroma a rosas que volvía loco al ser divino, sus labios rosados que no soportaba las ganas de besarlos y hacerlos suyos, tocar esa delicada piel de terciopelo, sobretodo escuchar una hermosa melodía de los labios femeninos que pronuncien su nombre de forma repetitiva.

Con verla en su puro esplendor, lo llevaba a nuevas sensaciones que nunca ha experimentado.

Goeniko lo enloquece y lo seduce.

—No te atrevas a mentirme—él sabe que ella luchaba por eludirlo, por quitárselo de su cabeza, pero poco a poco, también va adquiriendo ese mismo sentimiento. Ella quiso salir huyendo.

—Recordé que debo ayudar al maestro Goenitz—mordiéndose el labio inferior—Debo irme, maestro Orochi, que tenga un buen...¡Aahh!.

Una brazada veloz detiene su intento de huida.

Un par de brazos rodeaban su delicado y delgado cuerpo, ella podía escuchar el corazón de Orochi latir fuertemente cada vez que la tiene a su lado.

Quiso abrir su boca para hablar—¡No te vallas, Goeniko! ¡Te ordeno que te quedes!—no quiso usar su autoridad pero lo hizo para que su querida humana no intente huir.

—O-Orochi yo...

—¡No!—su agarre era preciso pero delicado sin dejarle la piel magullada—¡No permitiré que huyas de mi!.

Goeniko sabia que estaba mal, que si entabla una relación con Orochi, estaría mancillando su honor y muchos dioses lo verían como otro idiota que se ha encariñado con una insignificante mortal.

Nunca se perdonaría que el orgullo del dios quede pisoteado por esos imbéciles arrogantes del panteón japonés.

Las pequeñas manos de la monja empezaron a temblar—¡P-Por f-favor d-déjame ir!—pero el agarre del dios era muy persistente, él no se iba a rendir facilmente hasta obtener la rendición de ella.

Ha estado mas de 1800 años encerrado en una maldita piedra sellada, solo, con las penumbras de su propia sombra, a duras penas podía influir en los Hakkesshu y en los pobres humanos que pactaron con él, pero nunca ha tenido la compañía de una mujer y no querrá que Goeniko se escape.

Parecía una maldita eternidad el estar confinado y bajo la custodia de tres mierdas pestilentes, cuyos tesoros lo dejaron muy débil.

Los maldecía y aborrecía los tesoros que si hubiera estado con el 100% de su poder, los tres tesoros sagrados, ya no tendrían poder sobre él.

A medida que los segundos avanzaban, Goeniko resistía firmemente ante el sentimiento de la lujuria de estar con su señor. Muchos pensamientos lujuriosos invadían su mente, quería que la haga suya, que le quite el traje y lo reduzca a jirones en segundos, gemir su nombre hasta que su garganta quede seca, que le proporcione la mayor lujuria que puede darle.

El perfume de Orochi adormecía los sentidos de Goeniko, lo deseaba, quería ser solo para él, pero debido a su estatus, la obligan a dejarlo como una persona cuyo amor ha sido frustrado por diversas condiciones.

Tras la resistencia de la mujer, se vio obligado a usar sus poderes para hacer que su cuerpo se mueva en contra de su voluntad, ella asustada pensando que iba a descargar toda su ira contra ella—No me temas, Goeniko.

Una de sus manos de posa en su mejilla para calmar su miedo.

—No puedes hacer esto—los hermosos ojos azulados de ella estaban empapados de lágrimas—Ustedes los dioses solo nos usan como sus mascotas para domar y maltratar cuando se les da la puta gana—sollozando con tanta amargura—Estoy harta de ser la prisionera, tu eres un dios y yo una estúpida plebeya mortal, no quiero que por mi culpa, tu orgullo sea manchado.

Orochi comprendía el dolor de Goeniko, le dolía verla sufrir por una buena razón, siempre ha asumido el papel de esclava, Rugal su antiguo amo, la usaba como su mascota para obtener mas poder y Goenitz la rescató pero no mas para convertirla en su asistente.

El ente divino sintió una punzada en su pecho con oirla llorar.

Él usa las palmas de sus manos para detener el llanto de la monja rubiácea—Deja de llorar, Goeniko, me duele verte triste—inmediatamente extinguió su llanto y miró el rostro preocupado de Orochi.

Las pequeñas manos de Goeniko se posaron en el pecho del ente divino, apegando su rostro y esbozando una tenue sonrisa. Es lo que Orochi amaba de ella, verla feliz aunque éste no sonreía, pero le bastaba con ver a la mujer con un buen ánimo.

Ella se alegró mas cuando el acariciaba su cabeza sin el velo oscuro, quería quedarse para siempre con él, incluso si es una pequeña mortal.

—Lo siento mucho Orochi—el abrazo de ella se hizo mas afectuoso, que lentamente se separaron para finalmente sus ojos tener contacto con esos ojos de pupilas rasgadas de él.

Al comienzo esos ojos asustaban mucho a la monja de ojos azulados, pero ahora dejo su pavor a un lado por admiración a esas amenazantes pupilas rasgadas.

—No me pidas que te deja, porque no pienso hacerlo—tomando las mejillas de la mujer con ambas manos—No me importa que seas una mortal, te protegeré de quienes quieran amenazarte.

Ella asiente—No lo haré—dándole al ente divino una mirada afectuosa—No quiero alejarme de ti, tuve mucho miedo que me odiaras, porque se las consecuencias de enredarme con un ser divino y estoy dispuesta a asumir la responsabilidad.

Orochi asintió y sintió el calor del rostro de Goeniko en su pecho, era tan tibio que contrastaba con el frío de su piel. Goeniko toma la iniciativa de besarlo, aunque este esta algo atónito por las acciones de ella.

Simplemente no dudo en seguir aquel apasionado beso. Él acertó en su predicción de que ella lo amaba sin importarle que sea un dios temible. La luna se tornó plateada.

Sus ojos eran tan bellos, su mirada, aunque seria, podía notárselo esa nobleza que él poseía.

Sin decirse nada mas, dejaron que el brillo de la luna plateada los sedujera. Bajando hasta el suelo donde Orochi despojo a Goeniko de sus atuendos hasta quedar totalmente desnuda

Él solo tuvo que quitarse los jeans blanco y lo demás.

Dándose caricias mutuas, junto con débiles susurro de ella, pronunciando su nombre como él lo había imaginado.

Él se acomoda encima de ella, besando rápidamente su delicado cuello.

—Eres lo único que me importa entre tanta mierda mortal, Goeniko—su susurro era débil pero cargado de deseo que causo un gran estremecimiento en la aludida que jadeaba lo mas bajo posible—Tu me perteneces.

Adoraba ese comportamiento posesivo de Orochi que uso las yemas de sus dedos para acariciar cada músculo de la espalda de la divina entidad.

—Te amo Orochi—justamente lo que tanto anhelaba escuchar de ella—Mi miedo era que te enojaras conmigo, pero no puedo seguir guardando este secreto.

Abrazando a su Orochi, mientras le entregaba su cuerpo, alma y corazón. Se lo dio todo y él lo acepto sin hacer algún tipo de protesta.

Definitivamente la ama, nada, ni nadie le impedirán que esté con su humana, tampoco sentía vergüenza de enredarse con una mujer mortal como Goeniko. Ella ya no sentía temor por el ente divino.

Se aferró a él y decidió vivir para él, hasta la muerte.


Fin.

Como les dije, me gusta este tipo de parejas raras y se que originalmente Orochi no conoce a Goeniko y no siente afecto por una mujer, he visto que es emparejado raramente con hombres y respeto eso, pero pienso hacer mas de este nuevo ship Goenochi (Goeniko x Orochi).

¿Acaso los malos no tienen derecho a amar? ¿Si los personajes de KOF tienen parejas, porque Orochi no?, espero que les guste y lamento no haberlo hecho en ingles, porque no es mi idioma preferido y tampoco es mi lengua nativa, gracias por su breve comprensión.

Nos veremos luego con mas de estos dos, un amor de un dios con una mortal.

Orochi x Goeniko.

Posdata: Creditos al creador de esta imagen, no es mia, le pertenece a su respectivo autor