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No lo miraba

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No es que le rehuyera la vista como antes, sino que simplemente ya no lo miraba.

Era distinto, ya no había miedo hacia él o si quiera vergüenza hacia ella misma. Era algo extraño que no creyó conocer en Hinata; como una sombra que cubría sus cristalinas perlas; como si no se removiera nada en su ser cuando él aparecía cerca de ella; como si "Neji-niisan" no significara absolutamente algo en su vida, ni siquiera un recuerdo malo.

Durante aquel tiempo, Neji había buscado pacientemente recuperar la relación que alguna vez habían compartido, o al menos una cordial en que permanecieran como guardián y protegida. La verdad no tenía muy claro lo que quería, más que recuperarla; recuperar sus nervios, su rubor, su tenue esperanza de que algo podría cambiar entre ambos.

No obstante, ella no lo miraba, no reaccionaba a su presencia que desde hace un buen rato había cambiado de norte. A Neji no sabía por qué le afectaba tanto su indiferencia que perduró hasta que Hinata cumplió los dieciséis.

Del vínculo que alguna vez hubo, quedaban cenizas, porque aún y cuando la había odiado en su momento, había cercanía, había un lazo que los definía.

En cambio ahora, era completamente unilateral, hasta que se anunció la Cuarta Guerra Shinobi. Sólo hasta entonces, dejó la distancia de lado para asegurarse del bienestar de la heredera Hyuga.

–Yo la protegeré, Hinata-sama –había afirmado en el campo de batalla.

Y por primera vez los ojos de ella se tornaron de algo más que no fuera vacío. No observó a Neji precisamente, sino a sus compañeros de otras naciones ninja que luchaban contra Zetsus disfrazados de otros shinobi. Hinata se encontraba con las cejas arqueadas, como si hubiera deseado no haber escuchado nunca lo que salió de su boca, luego asintió en silencio y se alejó una vez más de él.

Neji se encontró con su propio alivio y decepción, por haber visto una expresión diferente de ella, y por haber sido casi ignorado cuando ella horas antes había expresado a sus compañeros de equipo un efusivo "¡Yo también los protegeré!" en tanto ellos dijeron prácticamente las mismas palabras que él usó.

Por otro lado, no era el único con el que la chica de cabellos azulinos había distanciado su trato. Después de que Neji quiso conectar con palabras de aliento, Hinata fue salvada por Naruto por un Zetsu que intencionó en atacarla. Neji observó todo desde metros atrás, y como si Kiba hubiera adivinado sus pensamientos, gritó al aire "no actúes rudo sólo porque Hinata está aquí" en cuanto Naruto animó a Hinata sobre su fortaleza con una sonrisa.

Sorprendentemente para los varones que la rodeaban, apreciaron cómo sin sonrojos, sin perlas aguadas, sin labios alzados de agradecimiento, Hinata apartó la vista del rubio, exclamó un "gracias" y se fue hacia la bola de polvo en la que aún seguía la lucha. Naruto quedó perplejo, casi boquiabierto. Neji notó cómo apretó los puños antes de anunciar que debía seguir ayudando a los demás e irse como relámpago.

El castaño al dirigirse hacia el humo de tierra donde se había ido su prima, alcanzó a escuchar a lo lejos a Kiba diciéndole a Shino que su compañera había estado muy ausente desde el ataque de Pain, sobre todo en lo que se refería al amor que ella sentía por el Jinjuriki del Kyubi, aún cuando no había cesado su determinación en salvarlo de Madara Uchiha. Neji se preguntó si acaso tenía que ver con que Hinata intentó salvarlo sin éxito de ser derrotado por el entonces líder de los Akatsuki.

Una noche, ambos, guardián y protegida, estaban de vigilantes. Fueron escogidos porque sus byakugan podían cubrir un amplio perímetro. Ninguno habló más de lo necesario. Se reunían por hora y luego se separaban para buscar más alcance en su vista.

Eran las tres de la mañana exactas y Hinata no había llegado. Neji esperó diez minutos para activar su byakugan agotado por su uso y la encontró con sus ojos a cinco kilómetros de él, sentada sobre una roca, respirando agitadamente y con heridas en todas partes. A los pies de ella yacían cuerpos derrotados de Zetsus.

Aún viendo que no había más peligro cercano a ella, el genio Hyuga corrió lo más rápido que sus pies pudieron. Llegó al punto en que logró ver a Hinata sin la necesidad del byakugan activado, entonces disminuyó el paso hasta que ella lo notó acercarse y, a pesar de que ella fue la ganadora, la mujer se reconoció como quien había perdido la batalla.

–Dejeme verla, Hinata-sama. –Se dispuso a hincarse para quedarle a su misma altura.

–Estoy bien –susurró encongiendose en sí misma.

–Su mejilla sangra mucho, sus brazos parecen cortados a tirones –señaló con cautela junto con su mano a cada una de las heridas, abrió más grande los párpados en el momento en que se percató de la mancha de sangre que se se escurría a través del chaleco chunin–. ¡Su costado!

–N-No son profundas, está bien.

–Por supuesto que no, Hinata-sama. ¿No lo ve? Usted está deshecha.

–¡Ya dije que estoy bien, Neji!

Se quedó pasmado. Nunca le había hablado así, ni siquiera alzado la voz.

¿Tan mal estaba la relación entre ellos?

Dolido, carraspeó:

–¿Neji? –Buscó conectar con la mirada molesta de ella, sin lograrlo–. ¿Neji, Hinata-sama?

Ahora sabía cuánto lo despreciaba.

–Agradezco que vinieras, pero estoy bien. –Hinata intentó levantarse erguida, más se encorvó en el último instante, todavía sin dirigir sus perlas a las de Neji–. Podemos irnos al campamento.

–No, siéntese –ordenó y sin embargo a la vez obligó a que ella lo hiciera empujando sus hombros hacia abajo–. Voy a tratar sus heridas.

Hyuga intentó negarse, sin embargo las manos de su primo la tenían fuertemente sujeta sobre la roca. Así que incómoda, se convenció de que debía permanecer quieta, incluso cuando todos sus sentidos le avisaban huir de su tacto, según ella, falsamente devoto.

Neji estaba cubriendo la herida en la mejilla cuando escuchó la voz de su prima carente de cualquier sentimiento cariñoso:

–No tienes que hacerlo.

–Claro que tengo. –Rompió lo que quedaba del chaleco con un kunai y procedió a rodear el tronco de la chica mal herido con vendas con extremo cuidado.

Pasado un rato, Hinata volvió a insistir.

–Nadie lo sabría.

Para Neji no fue necesario que ella agregara "nadie sabría que no quisiste ayudarme". Lo cual, no significaba que él comprendiera el por qué Hinata pensaba que él no querría ayudarla por elección.

Entonces el hombre puso los ojos en blanco.

Ah, por supuesto que sabía. Nunca había aclarado que ya no la odiaba. Nunca tuvo el valor de disculparse.

–Yo lo sabré –respondió al fin.

Un silencio abrumador se moldeó entre ellos.

Neji justo había terminado de cerrar el vendaje.

Hinata justo había decidido que quería acabar con su tristeza.

–Podrías matarme aquí si quieres. –La chica suspiró entrecortada–. No te detendría.

Neji se le quedó mirando durante una eternidad, escandalizado de lo que aquella pequeña mujer acaba de proponerle. Quería gritar, quería sacudirla por tan siquiera haber pensado que él podría, no, quería dañarla. En lugar de eso, casi autoritario, preguntó:

–¿Por qué demonios dice eso?

–Sé que todavía me odias. –Y seguía sin verlo, Neji sí que lo hacía con expresión horrorizada–. Pensarán que fueron los Zetsus. Nadie te culparía.

La rabia lo consumió.

¡¿Por qué diantres afirmaba que lo odiaba?! Así, sin siquiera preguntarle a él en ese preciso instante si estaba o no en lo correcto.

¡¿Cómo diablos ella atentaba contra su propia vida?! Como si su muerte no le importara a nadie, menos a él, como si su vida fuera sólo suya.

¡¿Qué tan jodido él debía estar para que Hinata lo viera en lástima como para ofrecerle matarla?! Es que acaso no lo veía como un igual que lo único que había querido lograr a lo largo de esos años de espera era protegerla y adorarla.

No supo por qué lo hizo. La tomó del hombro con fuerza que incluso ella casi logró gemir de la sorpresa. La acercó a él desde su asiento. Apresó su cuello entre sus dedos.

Hinata sabía que ese era el final.

Neji la apretó más. Colocó el brazo que antes posaba en su hombro lechoso y lo colocó en su quijada. Se aferró a su delicada barbilla con los dedos.

La besó.

Con furia y calma.

Con lentitud y rapidez.

Con desdén y amor.

Hinata murió, aunque no como ella creía, no entendió por qué Neji la besaba, no entendía por qué ella temblaba en sus brazos, no entendía por qué ella recibió aquel atrevimiento como una revelación de que la tristeza y desolación que había sentido por no haber podido recuperar la relación con Neji, se convertía ahora en un sentimiento nuevo y bello.

Neji saboreó sus labios partidos, idolatró la suavidad de su piel tan honesta, veneró lo cálidos que eran, idolatró lo preciosa que siempre supo que era plasmada ahora en poder tocar al fin su ser con su boca varonil que aún creía que era indigna de ella.

Se separó de Hinata con reticencia.

Y ella lo miró. Realmente lo miró.

–¿Sigo siendo Neji? –Preguntó sobre su boca–. No la odio. Y lamento no habérselo dicho antes. –Colocó los labios en su frente blanca con sangre de forma pura y casta–. Lamento haberla lastimado. – Recorrió con el dedo su raspada mejilla por la que escurrieron un par de lágrimas–. Vamos, la llevaré al campamento.

Primero intentó ayudarla a caminar, más al verla que con cada paso se quejaba, tomó la osadía de cargarla sobre sus brazos.

Los relevaron y fueron atendidos por un médico ninja.

Era momento de tomar dos horas para dormir lo que pudieran.

Neji bajó a su protegida sobre un futón y la cubrió con una frazada.

Se recostó a su lado con apenas quince centímetros de distancia entre ellos.

Pensó en el primer beso de ambos.

Pensó en la intimidad que en un sólo instante había logrado recuperar.

Pensó en el anhelante corazón de él que Hinata no sabía que tenía en su poder.

Pensó que estaba bien si ella decidía ahora odiarlo, ignorarlo o matarlo.

Pensó que no importaba cuán caótica fuera la guerra, no podría quitarle la paz que su alma había alcanzado.

Pensó que amó, amaba y amaría a Hinata Hyuga durante toda su vida.

Hasta que dejara de respirar.

Sintió como unos fuertes y delgados rodearon su abdomen.

Escuchó como una hermosa voz susurró un "Neji-niisan".

Miró como las ventanas del alma lavandas lo miraban con la misma intensidad y amor que él a ellas.

Giró su cuerpo al de la mujer.

Abrazó su torso.

Cerró su vista.

Y durmió.

...

...

..

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Fin


Publicado 31/01/24.