Resumen: Genos se juró a sí mismo que él le haría a Fubuki todo lo que ella le hiciera a Saitama. Ahora Fubuki se ha enamorado de Saitama y Genos de ella.
- Anime: One Punch-Man (ワンパンマン)
-Todos los personajes le pertenecen a su creador: ONE®
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Parece que Saitama no está en casa porque, al tocar la puerta, es Fubuki quien abre. —¿Cómo entraste aquí?
Fubuki lo mira sin mucha sorpresa, luce aburrida. Ella alza una ceja. —Destruí la puerta, luego le pedí a mis hombres que trajeran e instalaran una idéntica a la anterior para no levantar sospechas.
—Tú… ¡Cómo te atreves a-!
—Es mentira. —Ella rueda los ojos y hace una mueca, quizás cansada de ser tomada tan en serio o probablemente disimulando una sonrisa divertida. —Por supuesto que Saitama me dio una copia de la llave ahora que estamos saliendo de forma oficial.
Los puños de Genos se cierran de nuevo con molestia. Fubuki lo había dicho como algo simple, porque así de fácil había sido para ella entrar en esa casa, en la vida de él; pero Genos no puede evitar sentir que se lo está restregando en la cara.
—Estás mintiendo de nuevo. —Dice Genos y en verdad quiere creerlo. No se dejará engañar como Saitama. No es posible que ella haya llegado tan lejos.
Pero Fubuki no se inmuta. —Es verdad, en serio. —Ella lo mira y afila sus ojos, su típica sonrisa ladina se posa en su rostro. Se divierte, se burla. Lo está provocando a propósito. —Tu preciado maestro me las dio con tal de que dejara de forzar la cerradura con mis poderes.
Genos decide que está harto de escucharla y se abre paso por la casa, ella se lo permite haciéndose a un lado y abriendo la puerta por completo para dejarlo pasar. Mientras él se quita sus zapatos en la entrada, Fubuki nota la bolsa que lleva consigo. —Oh, así que fuiste al supermercado. —Dice ella y luego intenta tomarla pero Genos la retira con rapidez, lejos de ella, esquivándola y dejándola atrás, no dejará que toque los alimentos, es suficiente con que ella ya le haya arrebatado a su maestro.
Fubuki no se altera pero su ceño se frunce, su boca se tuerce en una mueca y sus brazos de cruzan. —Los necesito para cocinar, ¿sabes? —Le reprocha ella.
—No te atrevas a tocar esa comida. —Dice Genos en una advertencia, una mirada fría, una expresión de completo disgusto.
No hay protesta a eso, pero algo verde brilla detrás de él y, cuando se da cuenta, los poderes de Fubuki hacen flotar las cosas dentro de la bolsa y las lleva tras ella en la cocina. Genos maldice haber bajado la guardia mientras la sigue.
Decir que Fubuki es una molestia es quedarse corto. Ella es la mujer más obstinada que Genos conoce, está tan acostumbrada a conseguir lo que quiere que simplemente no puede aceptar una negativa como respuesta y eso la hace aún más peligrosa, porque es capaz de hacer cualquier cosa a cualquier precio.
Al principio Genos se limita a observarla parado en el marco de la puerta, sin acercarse demasiado, la cocina de Saitama es muy pequeña para dos de ellos. Fubuki se ha colocado un mandil. En la estufa hay una olla con agua hirviendo y hay algunas verduras picadas en la tabla de madera, los cortes en los vegetales se ven tan perfectos que hace pensar a Genos que ella utilizó sus poderes mientras cocinaba, quizás para ahorrar tiempo, quizás porque quería ensuciar lo menos posible. Ella es una persona bastante eficiente en la mayoría del tiempo, pero eso es algo que Genos nunca admitiría en voz alta.
Fubuki toma una cuchara para tomar un poco del caldo de la olla, luego sus ojos se dirigen a Genos y de pronto sus pies se dirigen a él. Estando en frente, él alza una ceja, confundido. —Pruébalo. —Dice ella, no suena como una orden sino como una petición. Entonces acerca la cuchara a su boca mientras que con su mano cuida no derramar algo al suelo, es cuidadosa. —Necesito saber si sabe bien.
Se supone que debe negarse, pero Genos cede. Es por su maestro. —Es insípido.
—¡¿Eh?! ¿Tan mal está?
—Es obvio que no consideraste agregarle suficiente shungiku y definitivamente no pude sentir el katsuobushi.
La expresión de Fubuki se torna a una de sorpresa. Ella intercala su mirada entre el caldo en la olla, los ingredientes en la mesa y Genos, entonces saca un papel de uno de los bolsillos de su mandil mientras alza una ceja y tuerce la boca, un diminuto puchero. —En la receta no venía nada de katsuobushi…
Genos rueda los ojos. Por supuesto que ella depende de la receta, carece de experiencia. No como él, quien ha estudiado docenas de recetas diferentes de un mismo platillo para crear un plato delicioso por sí solo, asegurándose de enfatizar en los ingredientes que a Saitama le gustan más, considerando el tiempo de cocción, el condimento, la carne y, por supuesto, el repollo. Él había aprendido esto como parte de su formación como discípulo, porque es dedicado y tiene disciplina. Odia los errores, no se perdona el cometerlos. Se exige demasiado. Es considerado con su adorado, apreciado, admirable, honorable y querido maestro. Esa dedicación en Saitama es algo que Fubuki tiene con todo lo demás, pero no con él. Ella baja su guardia con Saitama, se precipita, se vuelve testaruda e imprudente, completamente con la guardia baja; y Genos no ha podido descifrar si la razón de eso es porque ella subestima a Saitama o simplemente es un efecto secundario de estar enamorada; la manera en la que el amor desvanece los límites.
Fubuki vuelve a mirar hacia la olla y suspira con cansancio, decide rendirse. —La verdad es que el trabajo toma la mayoría de mi tiempo y me es más sencillo comer en restaurantes, cocinar no es algo que haga mucho, yo sólo… ya sabes, quería hacer lindo por Saitama. —Sus ojos miran a Genos. Grandes, verdes, llenos de confianza bajo largas pestañas, hipnotizantes si se les ve con atención; después le sonríe con certeza, genuina, con voz amable. —Pero tú pareces ser bueno en esto, así que, ¿por qué no me ayudas?
La duda llega a Genos cuando recuerda que esto es comida para su maestro Saitama y no para ella. En verdad no desea ayudarla, en verdad quiere negarse, en verdad anhela verla fracasar en algo tan básico como preparar un estofado.
Sin embargo, Saitama debería llegar en un par de horas con el estómago vacío. Pensando en eso Genos la hace a un lado, toma su mandil colgado cerca del lavabo y, sin decir una palabra, comienza a preparar un nuevo caldo con el resto de los ingredientes que pudieron ser salvados. Fubuki tampoco dice nada y, aunque le molesta la notable indiferencia con la que es tratada, no se lo reprocha más allá de un resoplido y sus brazos cruzados. Ella se acerca, no espera en el marco de la puerta como él, no comprende lo pequeño que es el espacio para cocinar, pues intenta observarlo de cerca, quizás para aprender, quizás para molestarlo con su mirada verde; incluso si Genos no la siente tras él, sino en sus manos, con su boca entreabierta y ojos sorprendidos al ver lo hábil que Genos es al picar los vegetales, lo fino que puede llegar a hacerlo. Él es rápido, certero, sincronizado, ni siquiera se molesta en sonreír con altanería como podría hacerlo ella. Es perfecto.
Consciente de su presencia como un estorbo, Fubuki intenta ayudar en lo que puede. Ella toma algo de zanahorias por su cuenta para lavarlas, pelar algunas papas y acercar los ingredientes del supermercado. Genos no le agradece en voz alta, suficiente es con no sacarla a patadas de su camino. Así es como ambos consiguen encontrar un balance al cocinar, en silencio, los dos.
Y Genos se debe recordar constantemente de que esto lo hace por su maestro Saitama, no por ella, no por él mismo.
—Vaya, en verdad eres muy bueno en esto. No es algo que me esperaría de alguien como tú.
Genos la mira de reojo, checando la consistencia de la carne. —¿Alguien como yo?
—Hablo de tus armas. Tu poder de incinerar. —Fubuki señala sus manos de metal. —No sé por qué esperaría verte quemando la comida con facilidad.
El ceño de Genos se frunce. —Tengo brazos especializados para realizar labores domésticas, eso incluye cocinar. Incluso contengo un pelador de papas de alta calidad.
Fubuki rueda los ojos sin creerle. Genos abre la cubierta de los nudillos de una de sus manos y se lo muestra.
—Pensé que estabas bromeando.
—¿Por qué bromearía con algo sobre cocinar? No se debe de jugar con la comida.
Eso, por alguna razón, hace reír a Fubuki. Es tenue y corta, pero bastante agradable si él ignora el hecho de que ella podría estarse burlando de sus utensilios incorporados.
El rico aroma lo trae de vuelta. El vapor de la olla indica que el caldo está listo así que Genos decide dejarlo pasar por esta vez.
Fubuki parece no comprender lo que es la falta de respeto y, como quien entra por su casa, toma un pequeño plato para probar la comida. Genos intenta detenerla pero ella es rápida al hablar. —¡En verdad sabe muy bien! —Ella deja atrás su probada para comenzar a dar un bocado completo, su boca se curva en una linda sonrisa ante el sabor, el calor del vapor la hace enrojecer con ligereza, ella intenta soplar para no quemarse.
Genos se paraliza. Obvio que su comida sabe bien. Obvio que a ella le iba a gustar. No está contento de ser alagado, reconocido sí, pero no alegre, no por algo que Saitama rara vez dice con tanta expresividad. —De hecho, se lo debo a mi maestro…
El crédito no debe ser para Genos, él sólo está siendo un buen discípulo.
Los ojos de Fubuki lo miran con incredulidad. —¿Qué? Claro que no, he probado la comida de Saitama y es buena, pero no así de buena. —Ella ve de nuevo el pequeño plato entre sus manos y sonríe, es la clase de expresión que Genos reconoce como una admiración genuina, pequeña, dulce, sin segundas intenciones. Fubuki medita un poco antes de volver a hablar. —Además de ser fuerte, parece que tienes muchas habilidades escondidas.
Él desvía la mirada, sus ojos tratan de disimular con una frialdad exagerada, un ataque indirecto. —No es que estén escondidas, es que no soy como tú. Yo prefiero no actuar de forma pretenciosa.
—¿Eh? —El cuerpo de Fubuki se recarga sobre el pretil tras ella, su sonrisa se borra y una de sus cejas de alza. Tomando su ataque como directo, digiriéndolo como su comida y recordando el porqué nunca puede catalogar a Genos como alguien amable. —Estar orgulloso de ser capaz de sobresalir en algo no es ser pretencioso. No tiene nada de malo ser mejor que los demás ¿sabes?
Genos sigue rehuyendo su mirada cuando coloca el mandil en su lugar hasta que sale de la cocina. Estoico en su expresión, condescendiente en su voz. —No me importa ser mejor que los demás, sólo quiero ser fuerte. —Entonces se detiene a medio paso, meditando para sí mismo. —Pero no importa lo que haga, nadie es más fuerte que Saitama.
No hay una respuesta inmediata, Fubuki parece estar meditando ese pensamiento en silencio mientras sirve los tazones de arroz. —De acuerdo, nunca podrás ser el humano más fuerte, pero siempre podrás intentar ser el cyborg más poderoso.
El cuerpo de Genos se gira, su rostro encuentra sus ojos. —Tampoco quiero eso.
—¿Qué es lo que quieres entonces?
La cuestión lo atormenta. El recuerdo llega de sus deseos de venganza, de estar a lado de Saitama cuando él llegue a la cima, ser lo suficientemente fuerte para no sentirse como una decepción. Genos no quiere pensar en eso, mucho menos hablar. Él no tiene una respuesta, por eso esquiva. —¿Qué es lo que tú quieres con mi maestro?
La pregunta toma desprevenida a Fubuki. —Mnh. —A pesar de su acción rápida, su exaltación la traiciona y sus mejillas comienzan a ganar color. —N-no creo que deba hablar de eso justo ahora… Saitama podría volver en cualquier instante.
Genos aspira la venganza, vive por ello. Es su consuelo, su fuerza, su razón de haber cedido su humanidad. Un cyborg loco le había arrebatado a su familia. Fubuki le había arrebatado a su maestro. Él podía dejarla en paz y pasar el resto de su espera ignorándola, pero esta es una oportunidad. Fubuki es una molestia para Saitama, así que Genos sería una molestia para ella. Todo sea con tal de hacerla irse.
Genos se acerca a la barra que divide la cocina con el resto del departamento, recargando uno de sus codos sobre la barra. —¿Tan vergonzosos son tus pensamientos sobre él? ¿O sólo son demasiado indecentes como para decirlos en voz alta?
La serenidad fingida no parece funcionar en Fubuki, ella no es tan buena disimulando sus emociones como lo es Genos. Pese a que sabe controlar su voz, su rostro se mantiene ruborizado. Ella coloca sus manos en la cintura, dando un paso al frente y alzando la mirada. —¿Tratas de incomodarme?
Él afila sus ojos, ensombrece. —Apuesto que puedo hacerlo.
—Estás jugando con fuego, niño.
Genos a veces olvida que Fubuki es cuatro años mayor que él, lo familiarizada que está ella con la intimidación. —No hay problema, mi principal ataque es la incineración.
—¿Estás seguro? —Fubuki sonríe altanera. Esa clase de expresión que le recuerda a Genos lo engreída que ella puede llegar a ser, la actitud de una letal aplasta novatos. —¿Incluso cuando te estás metiendo con alguien con mucha más experiencia que tú?
El ceño de Genos se frunce más, su nariz se arruga y sus ventiladores se encienden. Fubuki no es alguien fácil de intimidar, pero él tampoco. —He librado más batallas de las que te puedes imaginar. —Dice él.
Fubuki le rueda los ojos y vuelve a cruzarse de brazos. —Sabes que no me refiero a las batallas.
Hay un silencio, Genos permite que el departamento se inunde de eso. Le reconforta, puesto que Fubuki es buena discutiendo y él no siente necesidad de darle la satisfacción de dejarla ir tan fácilmente.
—Bien, entonces, ¿cuál es tu respuesta? —Cuestiona Genos, retomando el tema de antes.
La sonrisa de Fubuki se quiebra. —¿No es obvio?
Para Genos no.
El sonrojo regresa, Fubuki sabe ignorarlo pero no detenerlo. —Sólo quiero… estar con él, ¿sabes? —Ella suspira buscando las palabras, la calma, la inspiración para describir algo que es indescriptible. —Esto llamado "amor" es complicado.
—¿Amor? —Es la primera vez que ella mencionaba esa palabra refiriéndose a Saitama, hablándole a él. —¿Estás enamorada?
—¿Qué? ¿Sigues sin creerme? —Fubuki bufa en indignación, porque ella es indigna desde el punto de vista de Genos. Pero ella ha aprendido a dejar de tomarlo en serio. Si a Saitama no le importa, a ella menos. —Bien, no me creas, con que Saitama esté consciente de eso es suficiente.
—No es verdad. —Responde de inmediato Genos.
—Que no me creas no significa que no sea verdad.
—¿Tienes pruebas de lo que dices? ¿Cómo puedes estar tan segura?
Podría ser mentira, podría ser confusión. Por seguridad o mera curiosidad, Genos necesita saberlo, saber identificarlo como mínimo. Comprenderlo por su cuenta es una batalla perdida, él nunca se ha enamorado de alguien.
Por unos momentos, Fubuki lo contempla pensativa. No sólo buscando las palabras, sino también adaptando su explicación para alguien como él. Un acto de consideración por parte de ella. —Se siente como… —Busca ejemplos, junta y separa sus labios, la indecisión le frustra hasta que se rinde. —…estar bien.
Genos no comprende, tampoco disimula su molestia.
Fubuki intenta otra vez. —Sólo lo sabes, al menos lo suficiente como para no poder ignorarlo por más que quieras o lo intentes.
Los hombros de Genos caen. ¿Ni por más que se quiera? ¿Ni por más que se intente?
—Sólo es… sentirte bien junto a esa persona. Demasiado bien.
—Eso puede ser confundido con facilidad. Para empezar, yo me siento bien estando a lado de mi maestro Saitama.
—Pero hay una enorme diferencia, Genos. Es sólo que… —Sus ojos verdes se encuentran con los amarillos de él. Un instante. Después ella sonríe, bajando la vista y suspirando mientras niega ligeramente con su cabeza. —…simplemente lo sabrás.
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Esta vez, ambos se encuentran en el tren. Genos la mira desde la distancia mientras busca un lugar para sentarse. Piensa en pasar de largo pero, antes de darse cuenta, ya está sentado junto a ella.
—Vaya, qué coincidencia. —Dice Fubuki a modo de saludo cuando se percata de su presencia.
Genos se limita a asentir, inmediatamente después se coloca sus audífonos y cierra sus ojos con tal de no entablar una conversación con ella. Es detestable.
Por su parte, Fubuki se limita a rodar los ojos y continúa mirando el paisaje por la ventana durante todo el trayecto.
Pasan veinte minutos, quizás media hora. Genos apenas abre su mirada para dar un vistazo a Fubuki. Ella luce realmente casada. El estar contemplando la vegetación tras la ventana parece adormecerla, porque ella comienza a cabecear.
De pronto sus ojos se cierran, rindiéndose al sueño. Su cabeza se ladea hacia el lado de la ventana y Genos consigue sostenerla antes de que se golpee contra el cristal. Él siente que puede compadecerla. En verdad luce agotada. Hay ojeras bajo sus ojos, está más pálida de lo normal, ¿ha estado comiendo como se debe? Genos ha escuchado lo mucho que Fubuki hace por el crecimiento de su grupo y el de su propia carrera como heroína profesional. Y aun así, ella se toma lo poco que tiene de tiempo libre para ir en busca de Saitama.
Con lentitud, duda, cierto nerviosismo y una ligera sensación de compasión, Genos jala el cuerpo de Fubuki y lo recarga contra su hombro, convenciéndose a sí mismo de que esto lo está haciendo por Saitama, no por ella.
Es que ella luce realmente cansada.
Genos sólo se está asegurando de que Fubuki no despierte con el cuello adolorido, lo que le llevaría a tener un mal humor que podría recaer en su maestro Saitama. No, claro que Genos no quiere eso.
Por la ventana cruzan los árboles, las montañas y los campos verdes. Genos poco a poco comienza a detestar esa hermosa vista de la vegetación, de alguna forma le recuerdan a los ojos de Fubuki.
La personalidad de Fubuki es molesta, creída, una farsa y una aprovechada. No entiende negativas e ignora los insultos directos, pero se complace de dar órdenes y montar planes involucrando gente sin su consentimiento. Ella no es alguien inocente, sus manos no están limpias. Pero sigue haciendo lo mejor que puede.
Genos puede empatizar con eso.
Entonces la cuestión de siempre, desde que Genos supo de su relación, regresa a su mente más persistente que nada. Como la voz de ella. Como la imagen de ella en su mente. Como ella misma. Él vuelve a preguntarse qué fue lo que Saitama vio en una mujer como Fubuki.
Por primera vez, puede darse una idea.
La ligera respiración de Fubuki, la tranquilidad que emana cuando duerme. Tan silenciosa y en paz. Cuando mantiene la boca cerrada, luce como alguien tolerablemente bonita. Pero eso es todo. Nada más. Alguien que baja lo suficiente su guardia para quedarse dormida junto a un cyborg que la detesta y el cual tiene la suficiente fuerza para acabar con ella; alguien que viaja largas distancias, de ciudad en ciudad, para pasar un poco de tiempo con la persona que ama.
Ella es más considerada de lo que Genos pensó.
Darse cuenta de eso sólo empeora las cosas porque ahora Genos no puede concentrarse en la música de sus oídos sin tener ciertas ansias de recordar su voz. No importa si es molesta, no importa si sólo es para darle órdenes; Genos siente que es suficiente con escucharla hacer algo más que respirar.
El recorrido transcurre de esta forma hasta que sólo queda una estación antes de que Genos deba bajarse. Él toma a Fubuki de los hombros de la forma más delicada posible, una amabilidad que nunca había mostrado a alguien que no fuera Saitama, e intenta enderezarla en su propio asiento. Pero no por ella, es por Saitama… ¿cierto?
El rostro de Fubuki es demasiado tranquilo. La parsimonia que desprende es inusual, pacífica, como la tibieza de una mañana llena de luz, como la brisa de los campos verdes. Genos se encuentra a sí mismo contemplándola en silencio. No entiende por qué, pero siente la necesidad de mantenerse así por más tiempo, tocándola, viéndola, sintiéndola, respirando el mismo aire que ella, compartiendo el mismo espacio dentro de ese largo viaje.
Al final, Genos llega a su estación sin haber sido capaz de despertarla.
Él piensa en sacudirla, entonces duda. En lugar de eso, dirige su mano hacia sus mejillas y acaricia. Sus ojos se mantienen atentos a cualquier reacción que pueda crear. La presión del frío del metal de sus dedos sobre la piel de Fubuki la desconciertan un poco, luego él aprovecha esta intromisión para removerla con suavidad y despertarla. Ella tiene un escalofrío y por la mente de Genos se introduce la idea de calentarla.
—¿Eh? ¿Qué…? —Fubuki despierta y mira a su alrededor con ojos entreabiertos.
Desde la forma en la que sus párpados se abren con lentitud y sus pestañas largas se alzan, su boca entreabierta, su respiración comenzando a nivelarse de una forma menos pausada hasta las marcas rojas que dejan rastro en la piel de ella por haber dormido sobre unos hombros hechos de metal; Genos observa todo eso.
Fubuki voltea a verlo y Genos se separa al instante, sintiéndose extrañamente nervioso, expuesto, atrapado en algo.
—Debo bajarme, esta es mi estación. —Dice él de forma tajante.
Los ojos de Fubuki visualizan el nombre de la estación desde la ventana y de pronto tiene prisa por tomar sus cosas, siguiendo a Genos por detrás. —¡¿Eh? ¿Tan pronto llegamos?! Espera, yo también bajo aquí.
Ambos bajan en la misma estación y emprenden su camino hacia la misma dirección: la casa de Saitama.
Fubuki lleva consigo varias cosas en bolsas, su rostro aún luce somnoliento y no puede evitar soltar bostezos cada dos minutos. En verdad le hace falta una larga siesta.
Genos la mira de reojo y, sin decir nada, la detiene para arrebatarle las bolsas. Fubuki se sorprende y trata de detenerlo pero él la ignora, esconde su mirada y continua caminando con su rostro estoico y boca recta. Luego de un par de intentos fallidos, Fubuki se rinde.
Ella debería descansar. En lugar de eso, ella recorre largas distancias a través de grandes ciudades con tal de ver a Saitama.
Por Saitama.
Saitama.
Saitama rara vez la visita, usualmente pasa sus días libres encerrado en su departamento leyendo mangas, apenas cocinando, apenas haciendo un esfuerzo por contactarla. En cambio, Fubuki siempre es muy insistente, gasta mucho dinero en sus regalos y citas, ella es mucho más detallista de lo que aparenta.
A veces Genos cree que Fubuki se esfuerza demás en esa relación y eso era algo que Genos no podría, ni debería, importarle porque ese era problema de ella y, obviamente, Saitama se merecía el mundo entero; ahora, sin embargo…
—¿Por qué te gusta mi maestro?
Fubuki luce sorprendida por la repentina pregunta. Rápidamente se recompone y se toma un tiempo para pensarlo con detenimiento, luchando contra el sueño, suspirando. Ella poco a poco comienza a acostumbrarse a las preguntas de Genos salidas de la nada, como aquello que se vuelve bienvenido en tu forma de convivir con alguien. Un pequeño hábito que ella recibe con amabilidad y paciencia.
Darse cuenta de eso hace sentir algo cálido en el pecho de Genos.
Él quiere convencerse de que no tiene nada que ver con estarse volviendo alguien más cercano a Fubuki.
—Con que sigues con eso, ¿eh?
—Responde. —Ordena Genos.
Fubuki lo mira de reojo, encontrando su mirada, y le sonríe ladina, divertida, linda. —Cierto, ¿por qué? ¿Qué tiene de bueno un hombre como él?
Genos frunce el ceño, está hablando de su maestro después de todo. Fubuki nota su molestia y no puede evitar reír un poco. —Estoy bromeando. No sabía que lo estabas preguntando en serio. —Dice ella. Genos no responde y regresa su vista al camino. Fubuki hace lo mismo antes de seguir hablando, manteniendo su sonrisa. —No hablo en serio, ¿sabes?
Eso, el saber que ella no cuestionaba su relación con Saitama, por una extraña razón, lo hizo sentir un poco decepcionado.
Los ojos de Genos regresan a ella de forma disimulada, casi cobarde, analizando la forma en la que camina, la curvatura de sus labios en su sonrisa divertida, tranquila, enamorada, lo largo de sus pestañas y el verde de sus ojos. La forma en la que su corto cabello lacio brillaba con los rayos del sol y se balanceaba con el aire. Hay veces donde no puede evitar dejar de observarla, hay otras donde le cuesta verla a los ojos. Es inquietante lo que ella está haciéndole a él sin siquiera darse cuenta.
Genos abre su boca de nuevo, pensando en sus palabras y en aquella duda que lo lleva carcomiendo desde hace tiempo. —¿Cómo sabes… que alguien te gusta?
Sorprendentemente, Fubuki digiere la pregunta por un largo tiempo. Genos aprovecha el silencio para observar la forma en la que ella mira al suelo, luego hacia adelante; también la manera en la que los cabellos negros de su fleco se resbalan por su frente cuando ella ladea su cabeza, la forma en la que ellos rozan su piel; cómo sus dedos se dirigen a sus labios rojos antes de dar una respuesta. —Lo sientes. —Dice ella.
Pero ella debe estar equivocada o siendo olvidadiza, porque Genos es un ser artificial sin alma ni corazón, mucho menos emociones innecesarias como el amor. —¿Y si eso no es una opción?
—Todos son capaces de sentir.
—No lo creo.
Fubuki voltea a verlo y alza una ceja, luego se cruza de brazos. Odia ser contradecida. —No hace falta que lo creas, eso será verdad incluso si no lo aceptas o te niegas a creerlo.
—No pretendas que me conoces. —Espeta Genos de golpe, deteniéndose en el acto y apretando sus puños. Deseando no haber alzado tanto la voz.
Pero Fubuki no luce molesta, sino perpleja. Ella también detiene sus pasos, más lento que brusco. —¿Estabas hablando de… ti?
—¿De quién más podría estar hablando?
—De Saitama, siempre hablas de él. —Ella tiene un punto. Su voz se vuelve más baja después de eso y sus ojos se suavizan. — Yo hablaba de mi hermana…
Genos no puede culparla. Él no debería ser capaz de sentir vergüenza. —Olvídalo. —Dice él antes de comenzar a alejarse.
—No, espera un momento. ¿Es eso cierto?
Fubuki lo sigue por detrás, él ha despertado su curiosidad.
Los pasos de Genos aceleran.—Deja de ser entrometida.
—¿Te gusta alguien?
Genos casi tropieza al escuchar la pregunta. —No preguntes algo tan ridículo.
—Entonces puedo suponer que dudas de mis sentimientos por Saitama sólo porque crees que tú mismo no eres capaz de experimentar algo así, ¿no?
De pronto la sonrisa de Fubuki vuelve a ser molesta. El sistema de Genos comienza a presentar un inusual alza de temperatura.
—No se trata de creer. Es un hecho. —Insiste él.
—Claro que no.
Su voz aumenta su volumen de forma involuntaria, Genos de nuevo ha entrado a la defensiva. En sus ojos hay llamas. —¡Dije que dejes de pretender que me conoces!
—¡No! ¡Tú deja de tratar de convencerte de que no pueden existir en ti esos sentimientos y de que no te importa que así sea! —Ella afila sus ojos y lo señala de forma acusatoria con su dedo, contagiándose de esa misma molestia por ser contradecida. Ella es un completa insolente. —Por supuesto que eres capaz de crear una conexión con alguien, eso es parte de sent-
—¡Silencio, Fubuki! —Le grita, ordena, escupe, Genos. Fubuki se calla al instante. Él corta la distancia que los separa hasta que su rostro está por encima del de ella de forma amenazante, apretando las bolsas entre sus manos, encendiendo sus ventiladores y mascullando entre dientes. —Es la última vez que lo repito. Deja de entrometerte.
Fubuki responde cruzándose de brazos y alzando su cabeza, encarándolo, afilando más sus ojos sin rastro de miedo a morir incinerada por él. —No tienes derecho a pedirme eso cuando fuiste tú quien cuestionó primero mi relación. —Le reprocha ella, con una voz autoritaria y una pose solemne que le recuerda a Genos que ella no es alguien que se dejará intimidar por cualquiera. Ella habla como si hubiera tenido esta conversación cientos de veces antes con alguien más. —Eres alguien que se enfrasca en la idea de que hacer equipo es una pérdida de tiempo, también sé que te niegas a aceptar cualquier cercanía con las personas más allá de la admiración de aquél que te ha ayudado tanto, ¿o me equivoco?
Genos no responde, no sabe de dónde ha sacado ella eso.
Fubuki continúa. — Eres un héroe fuerte y tienes demasiado potencial pero no puedes… yo sé que tú aún puedes… puedes darte cuenta de lo dañino que es esto y cambiar para que… —Su voz titubea, sus ojos se suavizan. —…para que no te conviertas en alguien como Tatsumaki.
De nuevo, Genos siente esa extraña calidez en su ser. Aquella que su sensor interno no reconoce como un daño en su sistema. Una anomalía.
A veces, Fubuki puede llegar a ser alguien muy considerada con otros. Con su grupo, con Saitama, ahora lo es con Genos mismo.
A veces, ella es sincera y observadora.
A veces, Genos olvida mantener una razón para odiarla.
Fubuki agacha su cabeza, sus ojos miran a sus pies. Genos reconoce que su propio enojo se ha evaporado, pero no sabe comprender la sensación que queda después de eso.
—…Lo siento. —Dice Fubuki en voz baja, tratando de disimular lo que sea que oculte. Restándole importancia con tal de hacer desaparecer la tensión en el aire. —Tienes razón, no debería entrometerme en esto. Eres un clase S, no tiene sentido que escuches los consejos de alguien de un rango menor…
—Eso no me importa. —Dice Genos sin pensar, luego se corrige. —A mi maestro Saitama no le importa, así que a mí tampoco.
Cierto, Saitama. Todo es y será por él.
Al escuchar eso, la boca de Fubuki se torna en una sonrisa que es más tenue, pero no menos cálida, muy sincera, muy dulce. Es un gracias en una expresión pura.
—Supongo. —Dice ella.
—Lamento haberte gritado. —Dice Genos y lo dice en serio.
—Está bien. —Fubuki rueda los ojos restándole importancia y siguiendo el camino. Luce de buen humor. Él quiere pensar que se debe a sus palabras y no a que están cada vez más cerca de encontrarse con Saitama.
Genos la observa y de inmediato hace el esfuerzo por grabarla en su memoria pensando que se ve algo, un poco, medianamente… bonita… agradable, tolerablemente disfrutable. Espera volver a verla sonreír de esa forma con más frecuencia.
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Él no es idiota. Genos se jacta de guiarse por la lógica y el pensamiento racional. Nunca demasiado lejos, nunca demasiado cerca. A menos que sea importante y no tenga opción.
Es por eso que Genos no tiene más alternativa que aceptar ese sentimiento tan doloroso y confuso. Está ahí, existe, vive. No negarlo no es comprenderlo. Después, buscará la forma de erradicar esa molestia lo antes posible.
Se supone que Saitama, Fubuki y Genos irían de compras, pero había surgido una alerta de monstruo y es Saitama quien decide ocuparse de eso mientras le deja el resto a ellos. Fubuki se mantiene renegando con que seguramente Saitama usó eso como excusa porque había olvidado su cartera de nuevo, Genos se recrimina a sí mismo el no haber sido él quien fuera a atender la emergencia. Ahora ambos están solos con la lista de compras y los clientes dispuestos a pelearse por las ofertas.
Juntos buscan las cosas de la lista, hay buenas ofertas. Fubuki aprovecha sus poderes para atrapar los artículos sin necesidad de entrometerse entre la multitud. Genos la acusaría de tramposa si no es porque él también hubiera hecho lo mismo.
Se abren paso por los pasillos a un mismo ritmo. Genos es quien conduce el carrito de compras, Fubuki vigila la lista. Cuatro ojos no funcionan igual que seis, pero son más útiles que dos. Genos comienza a comprender por qué Saitama decidió traer a Fubuki. Ella es astuta, tiene buen ojo para cazar las cosas, es muy competitiva, intimida a las personas al pasar, sabe moverse en multitudes… y tiene un auto para llevar las compras.
Estar a su lado hace sentir a Genos una serenidad reconfortante. En silencio o no. Lado a lado. La idea de hacer algo tan cotidiano y banal como hacer las compras le resulta bastante cómodo, cálido y tranquilo. Pero, lo peor de todo, es que Genos está de acuerdo con eso y es precisamente por eso que no entiende cómo algo así es capaz de provocarle un inexplicable peso con sabor amargo en su estómago.
Saitama volverá pronto, Genos lo sabe. Matar al monstruo no le tomará ni dos segundos. Cuando su maestro llegue, Fubuki estará a su lado y hablará de forma melodiosa, quizás le regañe si es que él llega con la ropa apestosa de sangre de monstruo. Ella hará sugerencias sobre las marcas de productos y luego ambos decidirán la cena de esa noche. Genos los mirará en silencio desde atrás, buscando distraerse con las ofertas y su propia lista de compras. Indagará entre las latas de sardinas e ignorará lo dulce que suena la voz amable y paciente de Fubuki cuando habla con Saitama, la forma en la que sus ojos brillan cuando lo mira.
Y Genos estará bien con eso porque es todo lo que puede hacer, lo que tiene que aceptar por Saitama. No por ella. No por él mismo.
Alentando su paso, Genos trata de acercarse a Fubuki esperando a que la gente del supermercado se disperse y les dé algo de privacidad.
—Fubuki. —Comienza Genos. —Sobre el tema de lo que es enamorarse de alguien.
Ella atiende la pregunta, dejando la lista de compras de lado sólo por un instante.
—¿El amor puede estar ligado a la culpa?
Fubuki parece no entenderlo, pero igual lo considera. —No soy experta, pero te diré que sí. ¿Te refieres a un gusto culposo?
Genos niega con la cabeza. —Me refiero a enamorarte de alguien que no debes.
Eso consigue atrapar su atención. Fubuki se detiene por completo y lo mira extrañada.
—Dijiste que sabes que te has enamorado porque simplemente lo sientes. —Agrega él con rapidez, su nerviosismo se mezcla con el miedo a ser descubierto. —Pero, ¿en verdad es algo tan inevitable como dices?
Genos cierra sus puños, teme la respuesta, pero necesita saber.
¿Es posible que Fubuki deje de amar a Saitama?
¿Es posible para él mismo dejar de sentirse de esta forma por Fubuki?
Ante la mirada expectante de Fubuki, Genos pregunta. —¿Es posible que dejes de amar a alguien por voluntad propia?
—…No lo sé. —Responde ella de forma dubitativa. —Todos dicen que no. No es como que las emociones sean algo que se puedan controlar.
Y en el fondo, Genos desea con todo su ser que todos estén equivocados.
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Genos no se siente orgulloso de haber comenzado a buscar excusas para estar con Fubuki, pero eso es algo que ella hizo primero con Saitama así que, si será castigado por eso, no será el único.
O eso quiere pensar él.
—¡¿En verdad no me vas a acompañar?!
—Ya te lo dije, yo no soy un integrante de tu grupo. ¿por qué debería estar ahí?
—¡Porque eres mi novio, Saitama!
—Oh, pero no me gustan las fiestas…
El Grupo Fubuki ha organizado una fiesta de fin de año. Saitama quiere pasarlo en su hogar, Fubuki desea una fiesta en grande.
—Tú…. ¡¿Es en serio?! —Los puños de Fubuki tiemblan, está demasiado molesta. Ella parece que está a punto de volver a gritar o comenzar a llorar, cualquiera de las dos es suficiente razón para hacer cambiar de opinión a Saitama de inmediato y Genos sabe que debe intervenir si quiere evitarlo.
Saitama está a punto de decir algo y ponerse de pie, quizás a punto de aceptar de mala gana. Entonces Genos decide robarle la palabra. —¡Yo iré contigo!
Fubuki y Saitama se detienen en el argumento. Saitama alza sus cejas y lo mira con sorpresa. —Oh, no sabía que estabas aquí, Genos. ¿Acabas de llegar?
Genos asiente con rapidez y se enfoca de nuevo en Fubuki. —Yo iré contigo.
Fubuki nunca le dedica la misma atención, el mismo tiempo ni el mismo brillo a él como lo hace con Saitama. Pero en eso tampoco hay problema, Genos ya lo hace con ella, ser correspondido sería avaricia.
Es una suerte que Fubuki esté lo suficientemente molesta para no cuestionar el repentino ofrecimiento y, en lugar de eso, asiente y sale del departamento de Saitama sin decir nada más. Genos la sigue detrás antes de perder su oportunidad, antes de que Saitama pueda retractarse.
Genos se siente como un tramposo. Irreal. Un extraño.
Él se mantiene inquieto como si en cualquier momento fuera a ser condenado por su crimen. Pero él siempre ha sido alguien justo, cruel a veces, pero justo al final de cuentas.
¿No es esto de lo que se trata el karma?
El tiempo con ella es un fenómeno que nunca se había imaginado, es como ir lento y, al mismo tiempo, demasiado rápido; es simplemente ver el reloj cambiar sin ningún significado en especial, sólo un instante respirando el mismo aire que ella.
—Gracias por ofrecer tu ayuda pero, la verdad es que sólo estaba buscando una excusa para estar más tiempo con Saitama. —Confiesa Fubuki una vez que se han alejado lo suficiente del complejo de departamentos. Parece decaída, sus suspiros son pesados.
Genos no se siente con el derecho de recriminarle algo, él está haciendo justo lo mismo con ella.
Ojo por ojo, diente por diente. Fubuki no es inocente.
Ella se ha enamorado de Saitama y eso no tiene perdón. Negarse a vivir con eso y revelarse es típico de Genos porque él siempre ha sido alguien vengativo.
Fubuki luce más relajada rodeada de compañía en la fiesta. Sus dotes de líder salen a relucir en ese tipo de eventos y Genos nunca creyó que consideraría algo así como admirable, no viniendo de ella al menos. La estancia es tranquila y, aunque él lo odia, no odia la compañía de Fubuki, tampoco la forma en la que el tiempo hablando con ella no parece ser suficiente.
De pronto, Genos se encuentra envuelto en unas perpetuas ansias por acaparar su atención, preguntándose cómo es posible que Saitama haya decidido dejar ir algo como esto.
—Gracias por haber venido, —suelta Fubuki en medio de su charla, —incluso si sólo lo estás haciendo para cubrirle la espalda a Saitama.
Genos asiente en silencio, frío, recto y con ojos severos; ahogándose las ganas de corregirla y decirle que él no está haciendo esto por su maestro, ni por ella, sino por él mismo. Está siendo egoísta, acaparando un lugar y un momento que no le corresponde tal y como ella lo hizo tiempo atrás cuando Saitama era su objetivo.
Pero Genos, a diferencia de Fubuki, nunca ha sido alguien bueno para persuadir.
Él es mucho más directo con lo que quiere.
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Genos es un cyborg de pocas palabras dulces y extrañas expresiones. Habla demasiado de temas técnicos, verídicos y puede pasar horas enteras tratando un mismo argumento o dar mil vueltas en una anécdota. Es capaz de escribir un ensayo con números de palabras de cuatro cifras de un simple comentario de su maestro.
Pero es difícil comparar eso cuando se trata de una emoción.
—¿Qué tanto me miras? —Pregunta Fubuki sin soltar su sonrisa nerviosa. El largo silencio comienza a hacerla sentir incómoda.
Sus ojos se encontraron apenas ella entró por la puerta del departamento. Fubuki en la entrada, Genos en medio de la habitación.
Los dos coincidieron en esperar a la misma persona, pero Saitama llegaría hasta la noche.
Genos se pone de pie de un salto. De pronto se siente como un niño de nuevo. Tan ansioso, perdido, con algo dentro que es demasiado grande para contener. Nunca le había importado estar a solas con Fubuki pero ahora es diferente.
—¿Está todo bien? —Pregunta ella. Piensa en algo divertido como una broma y, al notar el pesado silencio, comienza a preocuparse.
Para este punto, Genos ya podría considerarse a sí mismo como un fugitivo. No puede mirar a los ojos a Saitama y tampoco puede evitar perderse en los de Fubuki. ¿Qué clase de maldición es esa?
Genos la observa con detenimiento. Es tan fácil adorar en voz alta a Saitama por cualquier cosa que hace, pero no con Fubuki, no de esta forma, no en un doble sentido con intensiones tan profundas como culposas. Su visión de ella es diferente, no tiene idea por dónde comenzar. Estar solo con ella en una habitación tan pequeña le está haciendo daño.
—¿Por qué brillas tanto? —Pregunta Genos en un susurro.
—¿Eh?
Genos aprieta sus dientes y voltea su rostro hacia la pared de lado, la temperatura de su cuerpo aumenta y, con ello, el sonido de sus ventiladores. De pronto se siente ingenuo, inexperto y un poco perdido.
Fubuki se acerca a él. Grave error. —Genos, ¿está todo bien?
No hay respuesta. Estar con Fubuki es como mirar directamente a una fuerte luz. Se siente encandilado, sobrecalentado… a punto de explotar.
Eso no es normal, debió tener un crecimiento paulatino y silencioso, seguramente. Aún no ha podido erradicarlo, ahora no sabe si algún día podrá.
Genos comienza a caminar, Fubuki lo observa creyendo que él va en dirección a la puerta en lugar de hacia ella. —¿Ya te vas?
De nuevo hace falta una respuesta. Él respira profundo y lentamente se abre paso más seguro hacia ella, observándola fijamente en el corto trayecto.
Ya se ha rendido con las palabras y ha decidido que sus acciones hablen por sí solas.
Fubuki creyó que Genos se detendría una vez que estuviera frente a ella, pero él no lo hace. Sino que sigue avanzando.
Ella luce desconcertada y comienza a retroceder con su cuerpo siendo empujado hasta tocar la pared. —¿...Genos?
Los ojos de Fubuki son grandes, su verde denota confusión. Ella lo observa, duda, teme, no sabe qué está pasando. Genos aprovecha su confusión para colocar sus manos alrededor de ella y así evitar que huya. Es ahí cuando Fubuki comienza a entrar en pánico. No importa, a Genos no le preocupa ser removido. Saitama será más fuerte que él, pero él es más fuerte que Fubuki.
—¡Genos, espera, ¿qué est-?!
Él se pregunta si Fubuki habrá acorralado a Saitama de esta forma, como lo hace él con ella; si Saitama habrá conquistado la mente y el corazón de Fubuki con esta intensidad, así como ella lo hizo con Genos.
Fubuki trata de alzar sus manos para abrir espacio, pero Genos es más rápido sujetándolas y acercando su rostro al de ella.
Fubuki lo entenderá y Saitama lo perdonará, pero Genos ya no soporta seguir escondiéndose de esta forma.
Genos nunca aprendió en qué momento algo es demasiado.
Él ladea su cabeza, cierra sus ojos, separa sus labios, se acerca con fuerza y rapidez y entonces la besa.
El mundo se detiene. Fubuki se calla, se paraliza.
Una chispa que ha creado un incendio. Un segundo de inmortalidad, de un sentimiento genuino. Sea lo que sea, ha valido la pena.
Él se separa sin abrir sus ojos y suelta un largo suspiro por su nariz, juntando su frente con la de ella, respirando su aroma, silenciado el sonido hasta de sus propios ventiladores, deseando que Fubuki comprendiera el crimen que ella había hecho al enamorarse de Saitama y que Genos había proliferado al enamorarse de ella.
Él sólo está retribuyendo el daño.
