Capítulo 29: Konohamaru y Hanabi
—¡Vas a perder!
Hanabi no podía creer lo que escuchaba. No era la primera vez que Konohamaru le decía algo así, pero dado el contexto le parecía absurdo.
—Estamos en el mismo equipo.
La expresión en el rostro de Konohamaru no cambió en lo más mínimo.
—Entonces perderemos juntos.
Hanabi llevó una de sus manos hasta su rostro, incapaz de creer lo que había escuchado. Trabajar en equipo con Konohamaru no había sido su idea, aunque en el fondo no le molestaba. En esa ocasión ella había ido a visitar a su hermana, pero ella no había podido recibirla, alegando que ese día debía cubrir horas extra. Hinata le había dado sus motivos, pero ella no los recordaba.
Ella había llegado al parque por casualidad. Estaba aburrida y pasó al ver a tantas personas reunidas. Saber que se trataba de una cacería del tesoro llamó su atención. Los equipos fueron formados al azar y Konohamaru fue su compañero. Ambos se habían quejado y ambos fueron ignorados.
—El primer objeto de la lista es una flor. Creo que vi estas cerca de la entrada. Vamos a buscarla.
—¡Hey! ¿Quién te nombró líder?
—Yo ¿Algún problema con eso?
La respuesta de Konohamaru fue la que Hanabi esperaba. Ela sonrió y continuó revisando la lista.
—Vamos al kiosko.
—El kiosko está en el centro del parque —comentó Konohamaru con un orgullo que hizo enojar a Hanabi.
—Eso ya lo sé.
—Entonces ¿por qué quieres ir allí? Pensé que buscaríamos la flor de la lista.
—Y lo haremos, pero necesito un mapa para poder marcar los lugares a los que debemos ir y poder ir a los que estén más cerca de nuestra posición actual.
Konohamaru no dijo nada, pero por su expresión era evidente lo que pensaba. El joven músico estaba de acuerdo con ella.
Contrario a lo que imaginó Hanabi, trabajar con Konohamaru no fue difícil.
Konohamaru había vivido varios meses en ese lugar por lo que conocía la ciudad mejor que nadie. Ninguno de los dos discutió durante la elaboración de la ruta. Era la primera vez que pasaban tanto tiempo sin discutir.
El primer objeto que encontraron fue un periodico del kiosko.
—¡Y yo que pensaba que los periódicos estaban extintos!
—Los periódicos no son animales, no pueden extinguirse, pero admito que tienes algo de razón. Yo también pensaba que estaban obsoletos.
Hanabi pensó que había cometido un error en cuanto vio la sonrisa de Konohamaru y lo confirmó en cuanto escuchó sus palabras.
—Así que admites que tengo razón, eso es sin duda un evento histórico.
—No te acostumbres, no volverá a pasar.
El segundo objeto de la lista era una fotografía de una mujer con vestido rojo.
—¡Es hermosa!
Hanabi tiró de su oreja pues consideraba que la forma en que la veía era molesta. No obstante ella debía de admitir que era la mujer más hermosa que había visto en su vida.
Su opinión y la de Konohamaru cambió cuando le tomaron una fotografía. La mujer no se lo tomó nada bien y lo empujó contra la fuente que estaba detrás de él. Le habría robado la cámara a Konohamaru de no ser por el hecho de que Hanabi intervino.
—Sé que a algunos no les gusta ser fotografiados, pero eso me parece excesivo.
Konohamaru se limpió la sangre del labio en cuanto salió del agua. Era evidente que estaba enojado.
—Puede que sea hermosa, pero su actitud deja mucho que desear.
La expresión en el rostro de Konohamaru cambió cuando vio la fotografía. Hanabi no podía entender porqué estaba tan aterrado, mas todo cobró sentido cuando vio la fotografía.
La mujer no se veía tan hermosa en la fotografía. De su rostro brotaba otra cara y esta era espeluznante. Había algo perverso en su expresión que resultaba inquietante. Sus pupilas no eran visibles y su sonrisa era perversa.
—Espero no volver a verla, nunca.
—Yo deseo lo mismo. No quiero saber nada de ella.
Ese deseo no se cumplió. Una semana después no solo se enterarían de que su nombre era Tomie, también sabrían que fue de ella y es que todos los noticieros hablaban de la joven que fue mutilada y torturada hasta la muerte.
Hanabi se sorprendió cuando vio a su hermana. Hinata le había dicho que estaría haciendo horas extra, pero no imaginó que la encontraría en un pequeño puesto de muestras gratis, menos conversando con Naruto tan tranquilamente.
Ambos estaban sonriendo y era la primera vez que Hanabi veía esa sonrisa en su hermana.
"Me alegró por ti", pensó. Ella había sido testigo del cruel trato que solía recibir su hermana en su familia. Verla viviendo su vida lejos de todo la hacía sentir tan orgullosa. Ella también quería vivir a su manera y ser dueña de su destino.
—¡Hey, Naruto, Meiko!
Hanabi lo golpeó, le molestaba el que Konohamaru interrumpiera lo que, ella creía, era una cita entre su hermana y el hombre que le gustaba.
—¡Hey! ¿Qué te pasa? ¿Estás loca?
—Eres tan despistado.
Hinata y Naruto parecían divertirse con la situación, algo que tanto Konohamaru y Hanabi ignoraron al estar ocupados con su discusión.
—Nosotros nos vamos, debemos continuar con la cacería del tesoro.
—Pero Meiko tiene un panfleto.
—¿Y qué? Ella está promocionando un producto.
—Está en la lista.
Hanabi se sintió un tanto avergonzada. Odiaba admitirlo, pero sabía que Konohamaru tenía razón.
—Por ahora, tú ganas, pero que no te haga costumbre.
—Amo cuando dices eso.
—¡Ah, el amor!
Hinata se rió al escuchar las palabras de Naruto. Konohamaru y Hanabi se enojaron.
—¡Jamás saldría con ese gorila!
—¡Primero muerta que la novia de un cabeza hueca!
Hinata y Naruto comenzaron a reírse. Era evidente que la opinión que ambos tenían no había cambiado ni un poco y es que no estaban del todo equivocados. Un pequeño sentimiento estaba naciendo entre Konohamaru y Hanabi, uno que lo cambiaría todo.
—Será mejor que continuemos con la cacería, odiaría perder.
—Como si hubiera una posibilidad de que ganaras.
—Contigo en mi equipo las posibilidades son mínimas, pero para mí nada es imposible.
