Viajar al pasado (vivir varios días como unas pocas horas) no había cambiado la visión que tenía Hoshi de la relación entre sus padres; tan sólo había añadido un sentimiento de consuelo a esa visión… Sí le había sorprendido un poco el hecho de que ella tuviera en común con su padre ciertas actitudes y reacciones. Sin embargo, se asentó cómodamente en el consuelo mientras huía del momento que ellos estaban compartiendo. Pues ellos se iban a querer, reflexionaba mientras empezaba a sentir un escalofrío, como si hubiera rozado los dedos de su mano con alguien o algo… La electricidad siguió presente, concentrada, incluso si sacudía la mano o frotaba sus dedos unos contra los otros.

Pensaba, entonces.

Ahora no imaginaba el final perfecto de cuento de hadas, teniendo en cuenta (por primera vez detenidamente) que el funeral de su padre había sido con ataúd vacío, que él ni siquiera había llegado a enterarse que su madre había estado embarazada de ella —la que luego se había vuelto como una estrella luminosa en las penumbras de su vida.

Hoshi estaba anhelando llegar a la familiaridad de su casa cuando oyó un cuchillo impactar contra el suelo ruidosamente.

«No, se suponía que debía distraerlo… ¿Qué te pasa? No… No tengo nada para defenderme, no.

—Pensé que eras un… No, no, debo estar volviéndome loca. Quien… quien quiera que seas, mi esposo estará por llegar del trabajo en… Puedo buscarte dinero para que te vayas.»

Una vez más era la voz de mamá, y la primera vez que la escuchaba vacilar así; Hoshi debía continuar corriendo, solo volver…

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Misa sostenía a Hoshi entre sus brazos, dejándola casi fundirse con su cuerpo y sorber su aroma, humedecer su remera. Una mano enterrada en su cabello y la otra aferrándose a su torso, su cabeza presionada contra la suya castaña, besos contra su frente…

—No sé qué voy a hacer.

—¿Ah? —Le daba palmadas tranquilizadora, preocupada pero temiendo decir una palabra.

—No… no te diste cuenta, pero viajé al pasado, mamá.

—Sí, hija, debió ser algo muy difícil.

De repente Hoshi aflojó su propio agarre alrededor del cuello de su madre solo para que ella viera que no estaba mintiendo. La mujer rubia tenía una mirada de profundo cansancio y preocupación, sin dar lugar a nada leve. Nunca nada le era leve.

—¡De verdad! ¡No…! No parecía un sueño, sentí algo…

Pero, habría de considerar, los viajes en el tiempo no estaban cien por ciento comprobados… ni siquiera en un uno por ciento.

—Te creo, Hoshi.

Ella no dejó de mirarla, buscando una señal de que no lo decía para escuchar su cuento; no obstante solo el ceño fruncido sobre ojos preocupados (no sospechosos) destacaba, persistía…

Y le contó. Con eso vino un torrente de palabras relacionadas con la actualidad también. Aquello fue apenas coherente (fue forzado, incómodo), por lo que Hoshi volvió al tema del pasado y preguntó a su madre cuál solía ser su rutina durante los años anteriores a papá.

—Bueno, era más feliz. No es como si no lo hubiera sido después. Pero tenía a mi familia. Y luego estar con mi hermana se volvió reconfortante… Conocer a tu padre hizo que me… obsesionara con él, pero eso cambió para mejor cuando tu tía murió. Siempre me dolerá lo que le hicieron… La cosa es que conocí otros lados de Light, entonces. Fue mi pilar y quien también me empujaba a avanzar con mi vida. Se abrió más conmigo esos meses antes de que se fuera que en los años de relación anteriores. No sé si… nos llegamos a conocer como deberíamos pero…

—Había potencial —interrumpió Hoshi, con la mente en la interacción de la que había sido testigo. Su pregunta no estaba siendo respondida, pero no había mejor momento que para planear… Ni siquiera hubiera pensado posible considerar a su madre hacía solo unas semanas.

—Sí…

Había que darle el beneficio de la duda… si, como ella había dicho, había aprovechado sus dotes de actuación para lo que había pasado antes de que volviera al presente. No era para tomárselo a la ligera.

—Uno de los días en los que estuve…

—¿No fue el mismo en el que la tía Ai sospechó?

—No, vi deformarse el mundo antes de verlos a ustedes dos por primera vez. Aunque no parecía su primer encuentro. Le hablaste de la tardanza de Ai y que mirabas las paredes decoradas. Le preguntaste por qué estudiaba lo que estudiaba y lo elogiaste.

—Sigo pensando bien de él después de todo. No creo que su razón lo haya sido todo, igual. En muchas ocasiones llegó a defenderme… —El sonido se entrecortaba, apenas se oía como un susurro de fondo— …correcto… como mi caballero de armadura brillante.