Capítulo 38. Kandra.
Saeta respondió. Antes incluso de que Zelda pensara en seguirle, el pelícaro se movió con agilidad y salió disparado detrás de Gashin. La persecución las alejó de Rauru. A su espalda, dejaban la ciudad en llamas. Justo en el momento en que atravesaron unas nubes, el ruido que vino de la ciudad supo que se había caído parte de la muralla. Pero Zelda no miró atrás. No sabía si los ornis la estaban siguiendo o no, o si continuaban la lucha. Para ella, solo había algo enfrente, un único objetivo.
Llegar a Kandra, y salvar a Link.
"Siempre metiéndote en líos, alteza" murmuró para ella, pero no le hizo gracia. Quizá ese era el plan. Distraerla con el arca, mientras ella iba a por Link. ¿Por qué? ¿Es que estaba aliada con Zant? ¿Qué sucedía? Volaba con el cuerpo plegado, la Espada Maestra brillaba en su mano. Saeta era veloz, más que Gashin, y eso se notaba porque incluso con el viento que se estaba levantando, a punto de caer otra ventisca de nieve, ya estaba al lado. Zelda pensó en disparar la ballesta, pero con la munición que tenían, podría hacer volar a Kandra, a Link y a Gashin. Saeta agitó las alas, aprovechó una corriente y por fin estaban casi a la altura. Zelda vio que Link estaba inconsciente, atado con una cuerda azul brillante alrededor del cuerpo. Kandra le tenía sujeto de la cintura. Levantó la vista, y cruzó los ojos con Zelda.
– ¡Suéltale! – le gritó. Cogió una semilla de luz y la lanzó, pero el viento se la llevó lejos, no llegó a hacerle ningún efecto a Kandra. La chica no respondió, solo pidió a Gashin que se diera prisa. Le sorprendió que no intentara atacarla o detenerla. Zelda dio un golpe a Saeta, y, cuando se situó sobre Gashin, saltó.
No sabía tanto de los pelícaros, pero en el adiestramiento breve que le dio Kandra, le explicó que no eran fuertes. Podían llevar a dos personas, pero no a más, y el peso les hacía caer. Eso fue lo que le pasó a Gashin. Escuchó el graznido de queja de la pelícaro, mientras daba bandazos. Kandra le gritó que se bajara, y estuvo a punto de darle una patada, pero Zelda se aferró a Link y fue ella quién asestó un puñetazo en la cara. El velo de metal la cubría y defendía, solo se hizo daño Zelda, pero no paró. Levantó la pierna, y esta vez atacó al estómago. Kandra la llamó latosa, le aferró del tobillo y la lanzó fuera de la pelícaro.
Gashin había descendido tanto que estaban ya sobre unos árboles. Aunque Zelda salió disparada, Saeta la recogió, y Gashin no pudo remontar el vuelo. Cayó, varios metros, atravesando ramas. Escuchó el grito de Kandra y de inmediato, se echó sobre ellos. Como Link estuviera herido por su culpa…
Estaban en un bosque, oscuro, lleno de barro y nieve de las últimas semanas. Kandra yacía bocarriba. La máscara de metal había salido volando. Zelda se acercó corriendo donde estaba Gashin. El cuerpo de la pelícaro había protegido a Link, pero la pobre estaba herida. Tenía un ala torcida, y se quejaba. Zelda le pidió disculpas, y Saeta se colocó a su lado, emitiendo sonidos que sonaban a mimos.
Link estaba bien. Le había sangrado la nariz, y las cuerdas azules le tenía atrapado, pero parecía que este segundo golpe le había despertado. Zelda le pidió que se quedara quieto, mientras trataba de cortar las cuerdas. No lo conseguía: eran como si estuvieran hechas de luz, inmunes al filo.
– Son mágicas, no las puedes quitar así como así – dijo Link.
– Como no, tú siempre metido en líos… – Zelda miró por encima del hombro. Kandra ya no estaba en el sitio donde cayó.
Apenas tuvo tiempo de levantar el Escudo Espejo para evitar el golpe. Kandra usó su espada de luz, y también el escudo. Se retiró, Zelda se puso en pie y se lanzó con la Espada Maestra en alto y el Escudo Espejo. Mientras, Link trató de liberarse solo. Las dos chicas peleaban, sin decir palabra. Se notaba que Zelda estaba muy enfadada: cada uno de los golpes hacía temblar el escudo de Kandra. La otra guerrero peleaba intentando esquivar los ataques y también con la intención de derribar a Zelda. De hecho, hizo un movimiento audaz: se refugió en el escudo de luz, se deslizó a un lado y cambió su arma de espada a hacha, y golpeó con la parte plana las rodillas de la labrynessa. Zelda perdió el equilibrio, solo un segundo, que la otra aprovechó. Link vio con desesperación que Zelda caía, y se quedaba al descubierto. Vio alzarse la hoja de luz y Kandra la clavó con toda la fuerza.
No le dio a Zelda, por unos milímetros. Kandra estaba encima de la labrynnessa y presionaba su garganta con el brazo. Veía patalear a Zelda, luego un estallido de luz (una de sus semillas) y Kandra se apartó, cegada. Zelda levantó la Espada Maestra y estuvo también a punto de clavársela a la guerrero en la garganta, pero no pasó. Zelda se había detenido. En su lugar, solo mandó lejos la espada de luz, que cayó cerca de Link. El rey tomó el mango con los dedos entumecidos.
– ¿Por qué nos has traicionado? ¿Qué pretendías? – gritó Zelda.
Kandra aún tenía su escudo. Lo tenía encendido y desde detrás del aura azul, Kandra respondió:
– Le estaba salvando la vida.
– Ya, claro… ¿Cómo voy a creerte? – Zelda miró a Link de reojo.
– Tendrás que hacerlo. Zant iba a por él, estaba en peligro… Yo solo lo he evitado – Kandra miró hacia Link. Las cuerdas se estaban deshaciendo poco a poco, bajo el filo de la espada de luz –. De haberse quedado allí, habría atacado, matado a los dos sabios que le hacían compañía y se lo habría llevado. Ahora no hay tiempo, hay que sacarle de aquí, llevarle lejos…
– ¿Por qué? Es el rey, tiene que estar con su ejército. Y no va a ninguna parte sin mí – Zelda vio que Link se había liberado. El rey las escuchaba, pero se había acercado a Gashin. Tenía la flauta de la familia real en el estuche de las flechas. La sacó, y miró a Zelda –. ¿Te ves capaz?
– Voy a intentarlo.
Mientras Link repetía una y otra vez la canción de curación sobre Gashin, Zelda volvió a mirar a Kandra. La chica se había puesto en pie, y guardado el escudo. Miró a Zelda, a Link y a Gashin. Sus ojos almendrados, en la oscuridad del bosque, no parecían los de una persona cuerda. Zelda se acercó, sin bajar la espada.
– ¿Está todavía en peligro?
– Sí, si nos ha seguido… – Kandra miró hacia arriba. Zelda escuchaba el aleteo de los ornis. Vestes y Oreili descendieron y se colocaron a los lados de Link, sin dejar de apuntar a Kandra con sus arcos –. Va a llegar en breve, tenemos que irnos.
– No nos vamos a ningún lado, no hasta que te expliques – exigió Zelda, sin bajar la espada.
Fue Link. De repente, el rey estaba entre las dos chicas. Zelda le preguntó que qué hacía, y el rey le hizo un gesto para pedir calma.
– Gashin está bien… Hacía mucho que no usaba el hechizo de curación, pero parece… parece que ha funcionado. Eso, o no estaba tan grave… Kandra, si estoy en peligro, harías bien en explicar el motivo y nosotros podemos ayudarte.
Kandra era muy alta, tenía que bajar un poco la barbilla para poder observar al rey. La expresión de sus ojos era muy extraña. Como si estuviera viendo a Link, y al mismo tiempo, no lo viera. Link se limpió la sangre que le caía de la nariz.
– Se lo agradezco… Majestad – Link le tendió a Kandra su espada de luz y esta la cogió, aunque Zelda le gritó que no fuera tonto –. Tenemos que marcharnos. De verdad, Zelda. El rey Link está en peligro. Ha enviado a una criatura muy fuerte a por él. Al sacarle de la ciudad, he logrado que no mate a más soldados, pero le perseguirá. Sobre todo, ahora que él puede invocar la luz de los sabios.
– ¿Tú sabes lo que me pasa con la magia? – preguntó Link. Como siempre, el rey bajaba la guardia ante el enemigo. Parecía relajado, aunque esta chica le había dejado inconsciente y le había atado.
– Se lo explicaré, alteza, pero por favor, huyamos.
A lo lejos, en el bosque, se escucharon una serie de crujidos. Kandra murmuró un "ya está aquí, rápido", pero Zelda miró a Link. Este tenía aún el arco. Vestes le dio un puñado de flechas y Oreili otras tantas. Zelda sonrió.
– Pues que vengan. No vamos a estar huyendo toda la vida – al decir esto, caminó hasta sobrepasar al rey y a Kandra –. Tú puedes escapar, es lo único que haces. Nosotros vamos a luchar.
La Espada Maestra respondió a su determinación, haciendo brillar el filo. Zelda levantó el Escudo Espejo, escupió a un lado, y se colocó en la posición de espera, con un pie atrás y otro adelantado.
– Siempre lo he dicho, que eres una loca… – Kandra se colocó a su lado, en la misma postura –. De acuerdo, me quedo. Espero que no sea nuestro final...
– Tranquila, vas a vivir para contarme tu historia. Me lo debes – Zelda apretó los dientes. Por encima del resplandor de las armas de Kandra, ya veía que algo se acercaba. Era grande, derribaba árboles. Se preguntó cómo era posible que les hubiera dado alcance, si debían estar a unas cuantas millas de la ciudad. La respuesta la tuvo enseguida.
Era un dragón de tres cabezas. La de la izquierda era amarilla, y soltaba rayos. La del centro era de fuego, y la de la derecha soltaba vapores de hielo. Tenía escamas de metal en todo el cuerpo, con los mismos grabados que los guardianes. Disparó un rayo, una ráfaga de fuego y una ventisca de hielo a la vez. Zelda esquivó el rayo, y Kandra amplió el escudo para proteger a Link.
– ¿Tienes semillas de ámbar? – gritó Kandra, mientras repelía la ráfaga de fuego.
– Unas pocas – Zelda rodó por el suelo, y apuntó con la ballesta en dirección a las cabezas. Vestes y Oreili la siguieron, pero el dragón solo mostró algo de dolor cuando las semillas de fuego se estrellaron en la cabeza de hielo. Escuchó el sonido de la flauta, la canción que usaba Link para tener protección, como hizo durante el ataque en el Bosque de Huesos. Dejó de tocar un momento para decir:
– Hay algo en su espalda, algo que es dorado. Intentad atacad allí – y volvió a tocar la canción.
Vestes atinó a la cabeza de los relámpagos entre los ojos, y vieron como caía casi mustia, como una flor, mientras las otras dos se mantenían erguidas. Sin dejar de moverse, Zelda logró disparar a la cabeza de hielo con una flecha con semillas de ámbar, y quedaba la de fuego. Esta era la más destructiva. Por cada ráfaga, quemaba árboles y hacía irrespirable el aire. Imaginó que a eso se refería Kandra: si este dragón hubiera entrado en la ciudadela, habría sido más destructivo que los guardianes. No habría dejado el castillo en pie. No importaba tanto, pero las personas refugiadas en las catacumbas podrían haber sido heridas por los escombros y atrapadas por el fuego.
Al final, resultaba que Kandra no era tan traidora. Aunque no aprobaba sus métodos.
Zelda corrió. Vio la cabeza de fuego tomar aire y, segundos antes de que soltara fuego, Zelda se deslizó a un lado. Como le pasó con los centaleones y con Brant, de repente el tiempo se volvió muy lento. Se movió deprisa, corrió hasta la cabeza y empezó a golpearla con la Espada Maestra. Era cierto que era el filo que repelía el mal. Por cada golpe, vio salir un humo negro, como vapor, que le hizo pensar en Zant y en su magia oscura. El dragón tembló y se quedó quieto, y la realidad volvió a su tiempo.
Tenía razón Link. En su lomo había una especie de gema recubierta de una jaula de metal. Se parecía a un núcleo, solo que de color dorado. "Otra criatura de la oscuridad que Zant ha esclavizado".
Deseó poder salvar al dragón, pero no le daba tiempo para pensar en un plan. Este ya se había recuperado, y parecía que había decidido que iba a atacar desde el aire. Zelda silbó, Saeta apareció corriendo y se subió a su lomo sin pararse. Se elevó en el aire nocturno, donde la tempestad estaba comenzando. Zelda vio por el rabillo del ojo que tenía la compañía de Vestes, Oreili y Kandra… Y subido detrás de la chica, estaba Link.
– ¡Zelda, atacad en el frente! – les pidió, mientras Kandra se elevaba más con Gashin. Por un segundo, Zelda pensó que la muchacha se marcharía con el rey, pero debía de confiar en Link. Obedeció. Disparó sus flechas a cada cabeza. Los ornis, en la altura, eran mejores arqueros, y estaban más cerca. Mientras el dragón les miraba con sus seis ojos, Link y Kandra cayeron sobre el lomo de la criatura.
Link tenía el arco blanco armado con una flecha. Le vio temblar, sangrar por la nariz, y de su arco surgió un haz de luz dorado. Ya había visto aquello. En el Mundo Oscuro, las flechas de luz que le dieron a Link. La flecha que detuvo a Urbión, la que crearon con sus poderes todos los sabios, era muy parecida. Zelda saltó de Saeta, con la Espada levantada, y rebanó una de las tres cabezas, la de fuego. Kandra la imitó, y con su hacha de luz cercenó la de hielo. Vestes y Oreili dispararon dos flechas desde distintas direcciones y dejaron ciega a la cabeza restante, pero el dragón había perdido fuerza. Link escogió entonces ese momento para lanzar la flecha dorada.
Surcó el cielo con ventiscas, y la luz alejó las tinieblas. Se clavó en el centro de la gema amarilla, y el dragón, con un quejido, se convirtió en cenizas.
Zelda estaba cayendo, pero Saeta apareció para sostenerla. Gashin hizo lo mismo, y vio que Kandra sostenía a Link de la cintura. Cuando aterrizaron, Zelda corrió hacia ella y le gritó que le quitara las manos de encima al rey.
– Está inconsciente… Le sangra la nariz. Deja que le cure – dijo la chica, mientras le tendía en el suelo.
– ¿No te lo vas a llevar otra vez, verdad? – Zelda vio que Vestes y Oreili rodeaban a la chica. Ya se les habían acabado las flechas, apenas les quedaban un par. Aun así, apuntaban con ellas a Kandra.
– No, voy a curarle – Kandra alargó la mano sobre la nariz de Link, y empezó a canturrear. La sangre se detuvo, y Link se removió en sueños, pero no despertó.
Cuando terminó la canción, Kandra miró a su alrededor. Se puso en pie, con Link en sus brazos y dijo:
– Ya es hora de contaros mi historia.
Fue en la sala de los comunes, por la noche. Una vez retirados los nobles, incluyendo a Helios, se quedaron solos los sabios y los príncipes de Gadia. Además, porque Zelda dijo que ya habían intervenido mucho y merecían saber, dejaron que asistieran Vestes, Oreili, Helor y Ámbito, los líderes de los yetis y de los mogumas.
Habían regresado a Rauru. La huida y la pelea tuvo lugar en el valle de Oltin, a unos 20 kilómetros de la entrada norte de la ciudad. A pesar de la distancia, se veía el fuego de la destrucción y la situación de la ciudadela. Debía de ser caótica. Zelda llevaba a Link con ella en Saeta, porque no se fiaba de Kandra. La chica volaba sobre Gashin, recuperada de sus heridas, y rodeada por los dos hermanos orni. Parecía más una prisionera que una aliada.
Este viaje de regreso le hizo recordar a Zelda cuando atacó la primera arca, con la ayuda de Saharasala. Como si hubiera conjurado el fantasma del sabio, vio pasar un búho volando cerca de ellos, pero un búho normal, no tan grande como Kaepora Gaebora. En él pensaba, mientras veía a Link en la sala de los comunes. Se había recuperado a duras penas, estaba muy pálido, pero ya no le sangraba la nariz y podía moverse un poco. Para hablar con los nobles, había fingido que podía permanecer en pie y que estaba pletórico, pero nada más marcharse, se sentó en la silla, y Maple, otra oyente de honor, le cubrió con una manta las piernas.
– Dijiste… que yo puedo invocar la luz de los sabios. ¿A qué te referías? – preguntó Link.
Cuando Kandra empezó a hablar, lo hizo delante del rey, de pie. El resto de los sabios rodeaban a la pareja, atentos. Medli, Nabooru, Kafei, Link VIII, Leclas y Laruto observaban en silencio, sin intervenir, atentos a esta mujer que tan pronto les daba esperanza como también se había llevado al rey. En los sabios veía Zelda las mismas dudas que ella tenía. Kafei, Link VIII y Nabooru parecían más dispuestos a creerla, mientras que Leclas, Medli y Laruto se mostraban cautos y recelosos, el shariano más que las otras dos.
– Su majestad es el líder de los sabios, puede invocar la luz sagrada – dijo Kandra –. Es un tipo de magia ancestral, relacionada directamente con las Tres Diosas. La que dio forma a la diosa Hylia, la que dio forma al Triforce – Kandra miró a Link directamente a los ojos.
– Sabes mucho de este tipo de magia.
– En el lugar de donde vengo, en la academia, estudiamos este y otros tipos de magia, aunque solo en teoría, nunca había conocido a alguien que pudiera invocar la luz sagrada.
– ¿De dónde eres? – preguntó Zelda. Le había hecho esa pregunta varias veces, y siempre había recibido respuestas extrañas y vagas.
Kandra vaciló, y entonces Link dijo, para sorpresas de todos:
– ¿Eres de Altárea, cierto?
– ¿Dónde has… ha escuchado ese nombre? – preguntó Kandra, algo sorprendida.
– Del libro en el que narraba la historia del origen de la Espada Maestra. El primer héroe, que solo sabemos que le llamaron el Héroe del Cielo, era de Altárea, una ciudad volante que creó la diosa Hylia, para poner a salvo a su pueblo, los hylianos. Hace siglos, en este mundo.
Kandra cruzó los brazos.
– Sí, provengo de Altárea, pero no de esa Altárea de vuestra historia del Héroe del Cielo. Suena a locura, pero… Hace ya tiempo, que mi pueblo descubrió la existencia de varios mundos. Nuestros científicos creen que hubo una época en que estaban unidos, pero que se quebraron a raíz de una manipulación del tiempo. Mi maestro Astinus hablaba de una falla en el tiempo y el espacio, como una gran grieta, y de allí… Allí surgen otros mundos, como el mío. Como este.
– No entiendo nada, otra que habla como Link – susurró Leclas. Zelda a su lado le hizo callar.
– La Altárea de vuestra historia descendió y dio lugar a este mundo. La Altárea de donde yo provengo… Jamás tuvimos un Héroe del Cielo, no descendimos. Lo que llamamos las tierras inferiores son un lugar oscuro, bosques densos y criaturas muy peligrosas – Kandra soltó un suspiro –. En las islas teníamos falta de recursos naturales, por lo que nuestros antepasados estudiaron y avanzaron en cuestiones de magia, y también tecnología. Fuimos uniendo las islas, nos comunicamos entre nosotros usando los pelícaros, y la población creció. En la isla principal, que es Celestia, se parece a una gran urbe, como este lugar. Teníamos una familia real, que eran grandes gobernantes, descendientes de los primeros reyes de Hyrule. Cuando yo estaba en la Academia, fui elegida como escolta del príncipe, un gran honor. El rey falleció muchos años antes, la reina se quedó sola con su hijo. Es… Era un muchacho muy callado, delicado, se ponía enfermo a menudo. Una vez, empeoró de tanta gravedad, que temimos por su vida. La reina se desesperó, buscó entre todos los sabios de nuestras islas, sin encontrar solución. Ni la magia conocida ni la tecnología podían hacer algo por él. Al final, consultó a una adivina, y esta le habló de un remedio antiguo en las tierras inferiores – Kandra interrumpió su relato –. La reina, junto con un grupo de caballeros, descendieron y encontraron un lugar… Un templo. En su interior, había un espejo, y allí, un ser que vivía en ese lugar le dijo a la reina que, si traía a su hijo ante el espejo, este se curaría. Los consejeros se opusieron, decían que la magia del espejo era antigua y desconocida, no sabían nada de la criatura que allí habitaba… La reina no quiso escucharlos.
– Lo hizo, de todas formas – dijo Link, sin pestañear.
Kandra asintió, soltó un suspiro y dijo:
– Así fue. Llevamos a Zant frente al espejo, y vimos que de repente, el príncipe recuperaba su vitalidad. Fue una gran alegría… Hasta que todo volvió a oscurecerse – Kandra se acercó un poco a Link –. El príncipe, que siempre fue callado y tímido, cambió. Se volvió arrogante y frío, y empezó a gustarle… Digamos que se interesó por los tipos de magia más antiguas y desconocidas. Experimentaba con criados y animales. Un desgraciado día, la reina enfermó y murió tan rápido que no pudimos hacer nada. El príncipe se convirtió rey, y entonces mostró su verdadera cara…
Zelda miró de reojo a Link, y le sorprendió que él también la mirara.
– Nada más coronarle, se volvió un rey tirano, sanguinario, dispuesto a cualquier cosa. Quería fabricar armas muy potentes, y con ellas, conquistar las tierras inferiores y todas las islas, sin importarle las vidas y los recursos que se podría llevar por delante. Acabó con todo aquel que se opusiera a él, subió los impuestos, exprimió a la población… Intentamos defenderle, hacerle entrar en razón, guiarle, pero no hubo manera. El momento en que todo cambió fue cuando ordenó ejecutar a los miembros del alto consejo, entre ellos a mi maestro Astinus. No pude… – Kandra bajó la mirada. Tomó aire, y volvió a levantar la cabeza, y clavó sus ojos castaños en Link –. Nos unimos para derrocarle. Lo logramos, después de una guerra civil terrible. Cuando al fin le dejamos acorralado, sin poder ni aliados, se discutió mucho si debíamos ejecutarle. No lo hicimos. Le mandamos al exilio, en la Isla de Narisha. Aunque es un lugar desolado, tenía lo suficiente para vivir, y además… – Kandra se detuvo. Link le preguntó si estaba bien, y la caballero asintió.
– Yo me ofrecí voluntaria para ser su acompañante en la prisión. Era muy joven, y estaba desvalido. Le cuidé, le escuché, logré que empezara a ser más bondadoso, que volviera a ser el príncipe que yo conocía… Me pidió un favor: quería volver a ver a su pelícaro. Yo pude encontrarlo y se lo traje… Fue un fallo. Me despisté, y Zant aprovechó para escapar de Narisha. Se hundió en las nubes de las tierras inferiores, yo le seguí. Llegó a un templo antiguo donde había pelícaros salvajes. Allí, de nuevo… Estaba ese maldito espejo… – Kandra volvió a suspirar –. Le vi atravesar la superficie, siguiendo a un tipo de ojos rojos y cabellos plateados. No dudé, entré en el espejo con Gashin. Por accidente, también entraron muchos pelícaros, los que Zelda conoce… Llegamos a este mundo. Busqué a Zant, y descubrí que estaba en el Monasterio de la Luz. Pero no era él, no exactamente… Era como una marioneta. Intenté liberarle, pero no lo logré. Le protegía una magia oscura, la misma que venía del espejo. Después de unos meses, de repente cambió. Volvía a ser Zant, pero el Zant rey que se dedicaba a destruir. Creó los guardianes, buscó las arcas escondidas y fabricó los núcleos con cronomio.
– Llevas entonces un año por aquí – dijo Zelda.
– Sí, oculta, intentando que Zant regresara a nuestro mundo, pero no hubo manera. No podía acercarme a él. Logré espiarle, acercarme, y fui testigo de cómo logró desenterrar una de las arcas. Según vuestros estudios, cuando Altárea regresó a las tierras inferiores, las islas se quedaron ocultas en templos o en lugares inaccesibles. Zant conoce la ubicación de algunas...
– ¿Y los guardianes? – preguntó Zelda.
– Zant los creó, cuando se hizo rey. Era uno de sus instrumentos para causar terror, con la excusa de que era la mejor forma de proteger el reino. Todos le obedecen, y él puede controlarlos a distancia.
– ¿Lo hace con su voz? – preguntó Link. Medli susurró:
– En Hebra, pararon cuando tú pediste que lo hicieran, creían que eras el otro…
– Sí, tuvisteis mucha suerte. Así fue como Zant se enteró de que Link estaba en el Pico Nevado, y por eso envió a más guardianes, para buscarle. Encima, cierta persona se llevó con él un núcleo de guardián, por lo que encontró la fortaleza del Pico Nevado – Kandra miró de reojo a Leclas, y este dijo que no podían acusarle, que no sabía nada –. Alteca, eres una amenaza para él, querrá acabar con esto y seguir con su reino, ya que perdió Altárea. Este mundo corre un gran peligro, si es así. Tienes la luz dorada, porque eres el líder de los sabios, y ella es la heroína que lleva la Espada Maestra.
– Nosotros ya no somos los elegidos de la Trifuerza, no tenemos ese poder – dijo Zelda.
– No, pero algo ha permanecido en vosotros. Link tiene la luz de la Trifuerza, y tú… Tú te mueves como si estuvieras hecha de aire, y sigues conservando fuerza.
– Pero hay cosas que no comprendo – Zelda descruzó los brazos –. ¿Por qué te llevaste a Link? ¿Por qué sabes lo de la luz dorada, lo de los otros mundos? ¿Por qué, en lugar de quedarte con nosotros y ayudarnos, has estado yendo y viniendo? ¿Por qué creías que regresando al arca podías convencerle?
– Porque le quiere – dijo Link, con la vista fija en Kandra. Esta bajó la cabeza –. Porque le has protegido toda su vida, quieres salvarle, de él mismo. Creías que, si apelabas a su bondad, podrías hacer que regresara. Porque él sí puede volver a vuestro mundo, ¿verdad? – Link entonces miró a Zelda –. Esa gorlock que interrogaste te dijo que un hechicero había traído a los suyos y que atravesaron un espejo. Sombra también nos dijo que Kandra y Zant venían de otro mundo. Ahora tiene más sentido – Link tomó una hoja y la pluma y empezó a dibujar. Mientras lo hacía, los sabios se inclinaron, un poco extrañados.
Kandra carraspeó y dijo:
– Quisiera pediros un favor, alteza, antes de partir hacia la llanura de Hyrule – la chica esperó a que Link asintiera. Lo hizo sin mirarla, con un gesto para que hablara, sin dejar de dibujar – Es mi deseo unirme a su ejército.
– Claro, y el mío también – Link se puso en pie, con la hoja en la mano. Se acercó a Kandra. Zelda no pudo evitar llevarse la mano a la empuñadura de la espada, dispuesta a defenderlo si la caballero le hacía algo. Debía recordar que Link era capaz de hacerse amigo hasta de un orco, así que no tendría miedo de Kandra. El mismo confiado de siempre.
El rey le tendió la mano a la guerrero y dijo:
– Tu conocimiento sobre las arcas y la tecnología de los guardianes nos son muy necesarios. Sin duda, serás una gran aliada para luchar en la batalla final. Lo que lamento es que hayas tardado tanto en confiar en nosotros. Te debo la vida de Zelda, no en una sino en dos ocasiones.
Kandra miraba la mano de Link y también el rostro del rey, con cierta sorpresa. Aceptó estrecharla, y dijo:
– Aunque vengo de otro mundo, conocemos la historia de los elegidos de la Trifuerza. Cuando conocí a Zelda, supe que era ella la que llamaban la Heroína de Hyrule, en las posadas, y me decidí a ayudarla.
– Pues te lo agradezco – Link sonrió. Fue una de esas sonrisas llenas de luz, amabilidad y sencillez, que le hacían parecer un chico normal. Soltó la mano y dijo –. Debo pedirte dos favores. El primero… Por favor, no me trates de usted. Te debo mucho, más de lo que piensas.
– ¿Y el segundo, alteza? – Kandra levantó un poco las cejas, algo sorprendida.
– El segundo es la respuesta a una pregunta – Link mostró el dibujo a Kandra –. ¿Era este el espejo que curó al príncipe Zant?
Zelda se acercó, y vio el dibujo. Sintió que las pecas de su rostro desaparecían del mismo. Link lo enseñó al resto de los sabios, para volver a Kandra. Solo Leclas hizo un gesto de susto, además de Reizar. El resto miraba el dibujo sin comprender. Normal, se dijo Zelda. De los allí presentes, solo Leclas, Reizar, Link y ella habían visto ese espejo en la vida real. Zelda, de hecho, demasiado cerca.
– El espejo de Devian…
