Habían pasado muy pocos meses juntos pero había sido lo suficiente para dejarlo herido de por vida .
No había podido dejar de gritar, de llorar. Para poder calmarlo tuvieron que hechizarlo, pero ni siquiera eso calmó el dolor de su corazón.
Quizás solo tenía 18 años. Quizás para muchos solo era un niño que apenas se había convertido en un hombre, pero Albus a tan corta edad había conocido el amor.
Se había enamorado de una mujer que era mayor a él, pero eso jamás le importó que fuera de una generación diferente de un mundo completamente desconocido para él.
A pesar de que tenía una abuela descendiente de muggles, no se había sentido atraído por ese mundo, quizás debió ir con su primo Hugo de visita con los Granger cuando él le decía que iría.
Tendría una idea de cómo sería ese mundo, donde poderla buscar, porque a pesar del dolor que sentía, nada iba a cambiar. Apenas pudo ver a su padre sonreír, porque lo había salvado.
Su padre tenía un complejo de Salvador, que lo irritaba, había logrado superarlo con el tiempo, pero estaba vez se había excedido, estaba vez le había roto el corazón, a pesar de que lo habían hechizado para que se relajara, arremangó las mangas de su traje, alzó su puño contra el rostro de su padre, pero falló en el último segundo.
No quería verlo.
Temía empezar a odiarlo.
Lo amaba porque era su padre, porque siempre lo había querido, pero esta vez no podía perdonarle lo que le había hecho, se sentía tan infeliz, incluso arruinó su boda.
Mientras las lágrimas volvían a emanar de sus ojos, la lluvia de recuerdos comenzó a hacerse presente en sus memorias.
Caminaba a toda prisa debía dirigirse al callejón Diagon, ahí lo esperaría Scorpius Malfoy, su mejor amigo quería comprar la edición más reciente de Historia de Hogwarts, pero al ir tan pensativo, no notó a la mujer que se hallaba confundida tratando de ubicarse en aquel lugar, ambos se toparon uno con el otro, la misteriosa mujer cayó, el trató de sujetarla, pero fue en vano. Cayó sentada en el piso, pudo notar que estaba adolorida, él le habló notando que ella le sonrió.
–¡Discúlpeme Señorita! ¿Se encuentra bien? ¡Permítame ayudarle! No me di cuenta de su presencia. – Trató de ayudarla a ponerse de pie, pero ella lo hizo sola sin dejar de sonreír, ella hizo algo imprevisto, lo tomó en brazos, cargándolo como si se tratara de un muñequito.
–Te llevaré conmigo, me gusta el color de tus ojos. Quizás me puedas decir en donde estoy.
–Señorita bájeme por favor.
Albus desconocía que ese solo era el inicio de lo que pudo considerar lo más hermoso de su vida.
Supo su nombre poco después en realidad se llamaba Sharlotte Elwes, pero prefería que la llamarán Lottie, al principio le pareció que era una persona que se había perdido, incluso creyó que después de enviarla al ministerio no volvería a verla. Pero no fue así, se quedó vigilándola mientras empezó a mostrarle su mundo.
Con el paso de los días fue desarrollado sentimientos por ella. No fue el único ya que su primo Louis también se sintió atraído por Lottie, aunque debía reconocer que ella ocultaba varios secretos.
–Albus. Quizás no te guste saber quién soy en realidad. – Le dijo ella evitando el contacto visual.
El pelinegro no pudo evitarlo se acercó a ella, la mujer no se alejó de el permitiendo que la besara, fue un beso tierno, dulce que desbordaba los sentimientos de ambos. La estrecho en sus brazos. No queriendo alejarse de ella.
Esa fue la primera vez que se besaron. Luego siguieron tantas veces que perdió la cuenta de cuántas veces había ocurrido.
–¿Mis sentimientos no te importan acaso? Papá… yo la quiero. No me importa que ella sea mayor que Yo. – A pesar de todo seguía confiando en él. Quería el apoyo de su padre.
–¿Lo que decía el periódico es verdad? ¿Estás saliendo con esa…? – Harry estuvo a punto de decir cosas horribles sobre la mujer, pero jamás pensó que su hijo sería capaz de sacar su varita, le apuntó directo al cuello, le amenazó como jamás lo había hecho, ni siquiera cuando lo apartó de Scorpius.
–Atrévete a decirlo. No me contendré.
A penas estuvieron juntos 6 meses pero fueron suficientes para saber que el quería estar con ella hasta el final de sus días. Pero al único al que no le importó lo que ambos sentían fue a su padre Harry. Siempre se encargó de tratar de sacarla de su mundo.
Ella era muggle, pero los únicos que podían confirmarlo eran unos magos con los cuales ella compartía apellido, pero Albus quería quedarse con ella sin importar a que mundo debían pertenecer. Su corazón latía con fuerza. Lo había decidido se casaría con ello. De esa manera no podían borrarle la memoria, permitirían que pudiera estar presente en ambos lugar por el matrimonio. Se iría con ella para que pudiera reencontrarse con su familia.
Supo de su pasado. Le dolía saber por todo el dolor que ella había pasado. Pero en se encargaría de hacerla feliz. Pero su padre lo descubrió todo gracias a su primo Hugo, interrumpió la boda, expuso el tráfico pasado de su prometida.
No pudieron casarse, ahora ella ya no estaba, el sentía que ese dolor jamás lo iba a superar.
Charlie volvió a sujetar a su sobrino con fuerza, sus años entrenando con dragones lo había preparado para situaciones como está. Albus trataba desesperadamente de soltarse, para agredir a su padre.
Quien seguía sin entender la magnitud del daño que había provocado con su actuar. Había defendido a su hijo sin duda alguna, pero quizás esta no había sido la forma correcta de hacerlo. Aunque quien era el para juzgarlos. No tenía hijos como para decirle algo.
Harry Potter no se arrepentía de lo que había hecho, Albus se lo iba a agradecer un día de estos. No iba a durar toda la vida enojado con el. Había salvado a su hijo, eso era lo único importante.
Harry desconocía que eso no iba a ocurrir, que había roto su relación con el para siempre.
