Disclaimer:
Los personajes les pertenecen a las geniales personas que me los han enviado y el universo a Suzzanne Collins.
Espero que os guste.
Nota:
Es importante comentar este fic punto de vista por punto de vista. Así sabré si os gusta como escribo y como plasmo a los personajes.
Capítulo 1. Cosechas: 2 - 9 - 3 - 5.
Connor Edgeworth - dieciocho años - distrito 2.
"¡Alerta permanente!" (Ojoloco Moody)
-¡Connor! ¡Connor! ¡Connor!
Los bramidos de mi hermano John me despiertan de golpe.
No entiendo cómo se las ha arreglado para llegar a mi cama sin que me entere porque tengo el sueño ligero.
No es que duerma mal, en absoluto, pero el entrenamiento al que me he sometido me hacía estar en alerta constante.
-¿Qué hueso se te ha roto ahora? Si no te estás muriendo, deja de berrear como una vocina oxidada. -Le gruñí arrojándole uno de mis cuadernos.
-Hermanito, ¿cuántas veces tengo que decirte que tus chistes no son graciosos?
-¿Qué quieres, John? -Estaba comenzando a perder la paciencia.
-¡Hoy es el día! ¡El día de cosecha! ¿No te negarás a entrenar con tus queridos hermanos, ¿verdad?
Suspiré fingiendo astío y me levanté.
-Deja al menos que me dé una ducha.
-Vale, pero no tardes, incluso Miles está aquí.
Cuando pasé al lado de mi hermano, trató de darme un manotazo en la nuca y con agilidad, me di la vuelta y le coloqué el brazo tras la espalda.
-Vale, me rindo, suéltame.
Le obedecí pero porque también quería entrenar con mis hermanos.
-Ah, y péinate. -Le oí decir.
Me quedé parado en la puerta del baño con expresión confusa.
-¿Eso era un chiste? -Pregunté.
Porque si lo era, no lo entendía bien.
Tenía la cabeza rapada así que no comprendía por qué tendría que peinarme.
No era tonto, pero no entendía lo absurdo.
Me di una ducha rápida, salí, me sequé y me vestí con ropa deportiva ligera.
-Ya está aquí el protagonista del día. -Canturreó John.
Él era el menos serio de mis hermanos y reconozco que a veces quería golpearle por pesado.
Cualquiera fuera de la familia que lo viera así, le tacharía de impostor.
Fuimos a la academia y nos batimos con un arma diferente cada uno.
Yo podía contra los tres, ya que me había estado preparando para ser soldado y mi entrenamiento era más estricto que el de un chico o chica normal.
Una hora antes de la cosecha, volvimos a casa para ponernos presentables.
No iba a ir a la plaza como un zarrapastroso.
Había un mínimo de decoro que había que seguir y yo no sería el que no lo hiciera.
Me coloqué en la fila que formaban los chicos de dieciocho años y esperé.
Unos minutos después, los cuales se me hicieron larguísimos, la escolta, una mujer muy rubia, bastante bajita, vestida de verde con alas tras la espalda, Campanita o algo así, era un hada antigua... francamente eso no me interesaba, tomó el micrófono.
Hizo el tonto, tal y como hacía cada año, aunque sí me gustaba que ensalzara las virtudes de mi distrito, por eso aguantaba su agudísima voz, y porque estaba deseando que dijera el nombre femenino para poder ofrecerme yo al fin.
Era el mejor de la academia con diferencia y eso todos lo sabían.
Gritó el nombre de una chica de trece años pero otra se presentó voluntaria, también era de esperar, la conocía de vista y sabía que era buena. Supongo que de lo contrario, no se habría presentado voluntaria. Sin embargo, sería un ermitaño si no hubiera escuchado hablar de su hermano.
Me pregunté brevemente si él sería quien la mentorearía.
Tras los aplausos, las ovaciones y los saludos pertinentes, Mari Gritos se acercó de nuevo a las urnas.
Sacó un papel, lo leyó, (sinceramente no me enteré del nombre que dijo) y antes siquiera de que alguien se moviera, me adelanté y me ofrecí voluntario.
-¡Y tenemos un muy atractivo voluntario para el distrito dos! ¡Qué alegría!
Subí al escenario y le dediqué a todo el mundo una mirada determinada y feroz.
-Vamos, guapo, dinos tu nombre.
Por dios. la voz de la enana esa era peor de cerca. De verdad que tuve el impulso de taparme los oídos pero no lo hice. Me mantuve serio como siempre y me presenté.
-Vaya, creí que tu voz sería más... Potente... Más profunda.
Miré a la escolta con ganas de pulverizarla con el simple poder de una mirada y me sentí satisfecho cuando retrocedió un par de pasos.
Algunos agentes de la paz que me conocían y con los que no me llevaba mal, me escoltaron a la sala de justicia.
-Vas a ganar. -Me dijo Aston muy seguro.
-Claro que lo haré. Y prometo que no seré muy... Cruel con los demás tributos. Al fin y al cabo, ya que van a morir, ¿qué mejor que lucir un bonito cadáver para sus distritos?
yo sabía que mis chistes no eran muy normales, pero eso estaba bien para mí.
Mijail y Ely se echaron a reír y pensé que no había sido un chiste tan malo. Aunque por otro lado, no era exactamente un chiste.
No era un sádico, pero sabía a lo que iba a enfrentarme al ofrecerme voluntario.
En una sala en el interior del palacio de justicia, mi familia entró a desearme suerte.
Mi hermano Andy trató de darme una pulsera trenzada que le había regalado mamá antes de morir y se la devolví.
-No me jodas, Dy. ¿Para qué necesito esto? Voy a volver y no me hace falta.
-Menos mal. -Suspiró. -Porque es mi pulsera de la suerte. Tal vez Madie me haga caso.
Miles, John y yo no pudimos evitar echarnos a reír.
-Te odia desde que teníais cuatro años. -Me mofé.
Mi padre, que no trabajaba por ser día de cosecha también estaba allí.
Nunca había sido especialmente afectuoso con nosotros, pero me dio un abrazo y tras soltarme, me miró a los ojos y dijo serio:
-Vuelve Connor.
-Volveré papá.
Nos dimos todos un último abrazo de despedida y fui escoltado hasta la estación.
Iba sonriendo porque estaba seguro de que podía ganar y lo haría.
Al ver a Germánico Lenox mi sonrisa se ensanchó.
Había decidido que él sería mi mentor y parecía que él quería lo mismo.
Roxanne periwincle - doce años - distrito 9.
"Siga su camino y disculpe nuestra felicidad" (Dostoievski)
El silencio durante el desayuno era tenso.
Hoy era día de cosecha y se notaba.
Todos estábamos en edad de ser escogidos y podría jurar que anoche escuché a mi madre llorar.
No me gustaban este tipo de ambientes así que traté de alegrar a mi familia.
Yo estaba muy nerviosa, porque no sabía lo que podía pasar, pero prefería pensar en positivo.
Tod siempre decía que yo era la eterna optimista.
-Y entonces Trigo saltó por la ventana y cazó a ese pájaro que le molestaba. -Relaté sonriendo.
Mis familiares trataron de imitar mi gesto, pero se notaba que no eran sonrisas de verdad.
-Cuando acabe la cosecha podremos ir a dar un paseo antes de que sea por la tarde y comience la jornada de trabajo...
Desde bien pequeña he tenido que ayudar a mi familia porque somos muchos pero apesar de todo, nos queremos y somos felices.
-Claro que sí, enana. -Comentó Ian tras haber tragado lo que tenía en la boca.
-Oye, Marti, ¿no estás contento? Este es tu último año de cosecha.
-También es el último año de Tailer. -Murmuró el nombrado.
-Pero Tai nunca está contento. Es tan serio y tonto...
-Repite eso, renacuaja.
-Eres serio y tonto. -Le dije sacándole la lengua.
Mi hermano mayor se levantó y me cogió en brazos haciéndome cosquillas.
Tras haber estado jugando unos minutos, sonó el timbre y antes de que Vince abriera, sabía que era mi mejor amiga.
-¡Judith! -Chillé.
Ella me dedicó una mueca extraña.
Desde que su hermana Allison murió en los juegos del hambre, las cosechas eran difíciles para ella y al igual que en mi caso, este también era su primer año elegible.
Cuando estuvimos listos, Le dije adiós a mi gato Trigo y me dirigí junto con mi familia y la de mi amiga a la plaza.
Permití que me sacaran sangre y me coloqué con los niños de mi edad.
La mayoría de ellos estaban agitados y nerviosos.
Yo los saludé a todos con la mano y sonreí.
Estaba pensando en lo que haría por la tarde mientras el alcalde daba su discurso, cuando de repente el silencio llenó la plaza.
-¡Roxanne Periwincle! ¿Dónde estás?
Creí que estaba soñando. ¿Cómo podía ser? Esto se trataba de una pesadilla, la misma que llevaba teniendo desde hacía tres años cuando Allison murió.
-¡Roxanne Periwincle! ¡Ven aquí para que podamos conocerte y verte bien!
No podía moverme. El miedo había paralizado todo mi cuerpo y no era capaz de avanzar.
Temblorosa, conseguí avanzar a trompicones y subir al escenario.
Madame Puddipié me miraba y me hablaba, pero yo permanecí allí, quieta mirando el suelo de la tarima.
Al final, la mujer rosa vestida de blanco con corazones rojos esparcidos por su vestido, piel y pelo, decidió dejarme tranquila y llamó al chico.
En el palacio de justicia, antes de que entrara toda mi familia, pensé que jamás podría volver a recuperar mi optimismo.
¿Cómo podría hacerlo? Iba a morir.
Pasaron todos a la sala donde yo estaba apoyada contra la pared y mis padres me abrazaron con fuerza.
Sabía que mi madre se aguantaba las ganas de llorar y que mi padre apretaba los dientes para no golpear las paredes ni maldecir delante nuestra.
Mis hermanos no se decidían sobre quien me abrazaría primero así que nos volvimos un lío de brazos conmigo en el centro.
Luego, se separaron formando un semicírculo.
-Escucha, Roxie. Eres fuerte y ágil. Sabes sobre lantas y eso siempre ayuda. Acuérdate de la vencedora de hace cuatro años, la del distrito siete. Ganó sin saber luchar pero sabía diferenciar las plantas y eso la ayudó muchísimo. -Me dijo Tai.
-Céntrate en aprender todo lo que puedas y ten cuidado. No todas las personas son buenas. -Intervino Vince.
Me dieron más consejos y me sentí mucho más tranquila.
Cuando salieron, Judith entró y nos pasamos dos minutos simplemente abrazadas.
-Toma, Xanne, para que te dé suerte. -Me entregó un anillo dorado con una flor también dorada.
-Pero Jud...
Ella me cerró la mano en torno a la pequeña joya.
-Llévatelo. Me lo darás cuando vuelvas.
Nos dimos otro abrazo y después me vi escoltada hasta un automóvil que me llevó a la estación.
No había recuperado mi sonrisa por completo, pero estaba mejor.
no sabía si volvería, pero no moriría sin intentarlo. A cabezota no me ganaba nadie.
Zachary Bayer - dieciocho años - distrito 3.
"Sueño no es, muerte no es. Quien parece morir, vive" (Ralph Waldo Emmerson)
Hoy no quería levantarme de la cama.
No soy un chico perezoso, pero ayer me quedé pensando hasta tarde en una nueva máquina enfriadora. Sería como un cinturón, que iría por dentro de la ropa, y te refrescaría cuando notara que estás demasiado caliente.
No es que odiara el verano, pero el calor era insoportable.
Matthew se había estado quejando toda la semana del clima y no dejó de gimotear por los rincones asegurando que se moriría.
Se tiró sobre mí y no quiso soltarme.
No soy un chico violento, pero quise pegarle. Él no conoce el significado de espacio personal.
Estoy terminando de lavar el tazón que he utilizado, cuando unos golpes estruendosos me sacan de mis divagaciones.
-¿Por qué la gente no me dejará perderme en paz? -Era lo que me preguntaba a menudo.
Abrí la puerta y como no, ahí estaban Alix y Matthew y... oh, qué sorpresa, mi amigo pelirrojo no llevaba las gafas...
Por si no lo sabéis, estoy siendo sarcástico.
Tiene que utilizar las lentes debido a que pasa más horas pegado a cualquier pantalla que la mayoría de los mortales.
-¿Quieres volver de tus mundos Zacharianos y prestar atención? -Se quejó Alix.
-¿Disculpa? Pero si generalmente eres tú quien anda más perdido que el gato de la señora Mont.
-Si yo fuese ese gato, también me perdería. -Murmuró Mattew. -¿Sabéis qué? -Preguntó cambiando de tema. -Ayer probé coco con naranja, tomate y pimienta.
Un dato que hay que saber, es que Matthew se dedica a probar alimentos para el Capitolio.
-¿Y qué tal estaba la mezcla?
-Maravillosamente asquerosa.
-Eres tan...
Antes de que mis amigos comenzaran una de sus peleas sin sentido, les apuré para que fuésemos dirigiéndonos a la plaza.
Fuimos tensos y en silencio. A Alix no le gustaba mucho hablar cuando era el día de cosecha y a cada paso que dábamos, se iba poniendo más y más nervioso.
Si soy sincero conmigo mismo, yo también lo estaba.
Sería una grandísima putada salir yo cosechado siendo este mi último año.
Pero como a veces la suerte no está de mi lado, minutos después, una escolta toda azul, (Alix la llamaba Lady Pitufo), se acercó a la urna de los chicos y dijo:
-¡Zachary Bayer!
No podía creérmelo. Me quedé más en blanco que un folio vacío.
Con serenidad, avancé hasta el escenario.
La chica, una de las adolescentes que tanto atraían a Alix, estaba allí.
Estuve a punto de caerme varias veces, porque tropezaba con mis propios pies, pero logré llegar al escenario sin problemas.
Observé desde lo alto cómo me miraba la gente. Parecían incrédulos.
Lady Pitufo comenzó a hablar pero yo cada vez la escuchaba más y más lejos.
Lo siguiente que sentí fue algo que impactaba contra mi cara y me empapaba.
Estuve cerca de gritar debido a la impresión.
Me incorporé y traté de sonreír. Seguro que había hecho un ridículo espantoso.
Mientras caminaba al palacio de justicia, no podía dejar de pensar en todas las formas espantosas de como podría morir.
-Tal vez me cortaran el cuello.
-A lo mejor me desgarraban el vientre y veía mis entrañas esparcidas por el suelo y mientras me desangraba, pensaría en que servían para anudar un par de trampas.
Tal vez se me comieran los mutos de apariencia inofensiva como le ocurrió a la chica del diez el año anterior.
Incluso moriría por una infección o lentamente a causa de cualquier veneno mortal...
-Otra opción es que a falta de algo que comer, decidieran que yo era un buen plato y cometieran canibalismo.
Salí de mis (agradables) pensamientos cuando Matthew se me colgó como un koala.
Sabía que él y Alix trataban de aguantar las lágrimas.
-Vas a volver. -Dijo el más mimoso de mis amigos. -¿Entiendes? No me vale un no puedo, un tengo miedo... Tienes que volver.
Alix secundó sus palabras dándome un fuerte apretón en el hombro.
Mis padres entraron un rato después y trataron de levantarme el ánimo.
-B bueno... Pronto tendré que ir al tren para coger la estación... Al menos podré ver algo diferente a las... las... -Señalé por la ventana.
-Calles. -Dijo mi madre con suavidad.
-Eso, calles.
No era un chico tonto, pero cuando me ponía nervioso, a veces las palabras se me enredaban o se me olvidaban.
Salí a la calle tratando de caminar sin tropezar y subí al coche que me llevaría a la estación en silencio.
Salomé Noon - dieciocho años - distrito 5.
"Si mi vida tiene que significar algo, debo vivirla por mí misma." (Sally Jackson)
No me gusta mi distrito. No me gusta ser pobre.
Llevo desde los trece años en una compañía de baile que me ha hecho viajar por todo Panem. Incluso al Capitolio.
Me gusta ese sitio. Con los colores, la gente, las fiestas...
Allí puedo permitirme ser quien deseo ser y no una simple chica del cinco.
Siempre suelo evadirme de la realidad cuando no me agrada y prefiero la ficción.
me gusta ser admirada, deseada, querida...
Me encantaría volver al Capitolio.
Allí vive mi amor, James Herondale. no es su nombre real, por supuesto, pero a menudo la gente cambia sus nombres y a nadie le importa.
Usualmente va vestido con un uniforme de cuero negro y flexible, un anillo con garzas y un colgante con un dije con la forma de ese ave.
Es bastante atractivo y le encanta actuar. Es mi media naranja.
Me vestí con elegancia, (Salomé Noon no iba a ir echa un adefesio), y puesto que el atractivo ya lo tenía, era alta, esbelta, con la piel oscura y el pelo negro, así que no necesité maquillarme. Al acabar, fui a la plaza de este infierno.
Después de la cosecha, cuando se eligiera a dos pobres personas para "representar el honor del distrito" me iría a dar un paseo por la zona más pudiente de aquí. Aunque a decir verdad, no era la gran cosa.
Estaba muy segura de que no me iban a escoger a mí.
¿Por qué lo harían de todos modos?
llegué a la plaza algo tarde y por ello recibí miradas indignadas y ceños fruncidos.
Pero oye, una tiene que destacar.
Estaba mirando a mi alrededor imaginando a la chica que saldría, cuando de repente vi la cara de James.
Estaba pálido y movía los labios sin emitir sonido.
Lo intentó un par de veces sin resultado hasta que dijo en un hilo de voz:
-Salomé Noon.
Mi primer pensamiento fue correr. De verdad que iba a hacerlo, incluso ya había alzado un pie para hacerlo, cuando me percaté que si huía, los agentes de la paz me perseguirían y eso no me favorecería.
Así que, como ya había hecho en múltiples ocasiones, puse mi mejor cara, sonreí y caminé digna por la alfombra roja.
Era el asfalto desgastado de la plaza, pero ¿qué más daba? Lo importante era lo que yo imaginara.
pensé entonces en mis horribles suegros los cuales no podían soportar la idea de que estuviera con su hijo y una idea terrible pasó por mi cabeza.
Sin embargo, la deseché por completo.
¿Y si ellos habían amañado el sorteo?
Si querían verme morir, iban listos. No iba a morir en los juegos. Vencería y se lo restregaría en la cara a esos estirados.
Llevaba puesto mi brazalete favorito, aquel que me había regalado mi compañera Arantza y decidí que ese sería el recuerdo que me llevaría.
"LA MÁS GRANDE ESTRELLA" Se leía en él.
Y este es el primer capítulo. espero que os haya gustado.
Muchas gracias a Soly, Dani, Gato y Anna por Connor, Roxanne, Zachary y Salomé respectivamente.
Ahora vamos con las preguntas:
1.- ¿Tributo favorito?
2.- ¿Personaje menos apreciado?
3.- Si tenéis un tributo, ¿con quién se aliaría de estos cuatro?
Nota: Las cosechas iban a ser de seis en seis, pero he decidido hacerlas de cuatro porque hoy a muerto mi perra y no estoy bien.
Tal vez tarde en publicar bastante o tal vez no, pero no dejaré esta historia que apenas comienza.
Pero mis ánimos no son los mejores y espero que podáis comprenderlo.
Tal vez no os importe, pero necesitaba decirlo.
Tal vez publique enseguida o tal vez no. Todo depende de mis ánimos.
Muchas gracias por leer.
