Disclaimer: El universo le pertenece a Suzanne Collins.

Los tributos y algunos vencedores le pertenecen a las/os lectoras/es.

Los demás salen de mi mente o de algunos libros...


Capítulo 02. Cosechas: 4, - 1, - 6, - 12.

Porpentina (Tina) Gramerye - dieciocho años - distrito 4.


"El más bello de los mares, es aquel que no hemos visto. La más linda criatura, todavía no ha nacido. Nuestros días más hermosos, aún no los hemos vivido. Y lo mejor que tengo que decirte, aún no te lo he dicho." (Nazim Hikmet.)


A las cinco de la mañana ya me encontraba levantada.

No podía dormir debido a lo ansiosa que estaba.

No me ponía nerviosa por las cosechas porque iba a presentarme voluntaria.

Era mi último año y quería hacer honor a mi apellido venciendo en los juegos del hambre.

Sería grandiosa y no solo ganaría los juegos por mi familia, si no también por la academia que fundó mi padre. Zack Gramerye.

Él se presentó voluntario hacía más de veinte años cuando tenía dieciséis. Fue el primer voluntario de mi distrito.

Salió cosechado mi tío Magno, que tenía cuatro años menos y mi padre se ofreció en su lugar.

Venció, claro está, si no yo no estaría hoy aquí, en esta preciosa habitación, y años más tarde fundó la academia.

A los cinco años comencé a entrenar un poco. Al principio estaba sola, pero a medida que pasaba el tiempo, Mags y los adultos que sabían algo de pelea se unieron y vinieron también más chicos y chicas a entrenar.

Prefiero la academia antes que el colegio porque allí me siento más yo. Más auténtica.

En la escuela no tengo amigos y saco malas notas.

Sin embargo, en la academia conocí a Amy. Mi mejor amiga en el mundo.

Me estiré, cogí mi ropa de entrenamiento y entré en el baño.

Por suerte, mi padre me había dado un juego de llaves de la academia así que si no había nadie podía entrar para ejercitarme un rato hasta que llegara la hora de acudir a la cosecha.

Salí de la ducha y me vestí con celeridad. Atravesé mi casa tratando de no hacer ruido para no despertar a mi familia. Mi padre en ocasiones tenía pesadillas y si seguía durmiendo, yo no sería la que acabara con eso.

Me sobresalté cuando algo se movió en el sofá.

La luz de una lamparita se encendió y pude ver con claridad a mi tío.

-¿Vas a entrenar, Tina? -Me preguntó cuando se desperezó.

-¿Dónde iba a ir si no?

-Tal vez a encontrarte con tu adorado Jack. ¿O será Andrew? -Sus ojos me examinaban divertidos.

-¿Con esos niños? -Bufé dándome la vuelta.

Ellos eran unos gemelos de quince años que andaban tras de mí.

-Espera Tina. Te acompaño.

Me encogí de hombros y esperé pacientemente.

Cuando íbamos camino a la academia, me detuve mirando seria a mi tío.

-Tienes la bragueta abierta. ¿Lo sabías?

Dos chicas que pasaban cerca rieron y cuando Magno enrojeció, sus carcajadas aumentaron.

Trató de cerrar la cremallera de sus pantalones a toda prisa pero no fue capaz de hacerlo hasta tres intentos después.

-No debes decir ese tipo de cosas delante de otras personas. -Se quejó él.

-¿Por qué?

Solo me miró pero no dijo nada.

Estuve entrenando largo rato hasta que Jack y Andrew llegaron.

-¡Pero si es mi chica favorita!-Dirás MI chica. -Gruñó el otro gemelo.

-¿Cuántas veces os tengo que decir que no soy de ninguno?

-Tus labios dicen una cosa pero tus ojos otra.

-Mi mirada expresa claramente que si no os largáis de aquí en breve, voy a catapultaros diez metros.

Ellos siguieron insistiendo y no se detuvieron ni cuando les amenacé con un tridente más pesado que yo.

Finalmente, tuvieron que marcharse puesto que la hora de ir a la plaza se acercaba.

Me puse un vestido azul, me recogí el pelo y corrí para no llegar tarde.

Dejé que me sacaran sangre y me coloqué junto a las chicas de mi edad.

Escuchamos con cierto aburrimiento el discurso del alcalde, el cual no se creía ni él, hasta el final.

Aplaudimos como correspondía y después esperamos.

El escolta parece un hombre pez.

Tiene aletas y cola con escamas y branquias dibujadas en las mejillas.

-¡Naomi Teidor! ¡Sube aquí querida! -Grita.

Antes de que la chica en cuestión eche a andar, yo me ofrezco voluntaria.

Saben que soy la mejor de la academia y no refutan mi decisión.

-¡Una voluntaria! ¡Maravilloso! ¿Cuál es tu nombre? -Me pregunta totalmente encantado.

-Porpentina Gramerye.

-¡Una Gramerye! ¡Damas y caballeros! ¡Dadle un fuerte aplauso a la hija del fantástico Zack Gramerye!

La ovación es ensordecedora.

Veo a mi padre sonreír orgulloso.

En el palacio de justicia mis padres discuten.

Ella no quería que yo fuera a los juegos al contrario que mi padre.

-¡Pero Tina ni siquiera sabe...! ¡No sospecha en qué consisten en realidad los juegos! -Grita.

-Cálmate Hidara. Lo hará bien.

-¿Lo hará bien? ¡Zack!

Tras tratar de calmarse me abraza y moja mi cabello con sus lágrimas.

Me dirijo con mi padre a la estación.

Sonrío a todo el que me saluda.

A la arena he decidido llevar un pin con el símbolo de la academia.

Un tiburón con una G en el centro.

Me recordará a casa.

Y cuando vuelva, entrenaré a nuevos alumnos.

Será perfecto.


Kidei Silibell, 17 años - Distrito 1.


"Pero la magia no es ni buena ni mala. Es una herramienta, como un cuchillo. ¿Es un cuchillo malvado? Sólo si el que lo empuña es malvado." (La casa de Hades.)


-Hoy es un día maravilloso. El sol brilla, los pájaros cantan, ¡y es día de cosecha! ¿Hay algo mejor que eso?

-Mamá, el sarcasmo no va contigo. -Digo removiendo mi desayuno.

-Venga, Kidei. No te pongas así. Incluso hoy es necesario sonreír.

-¿Ah, sí? ¿Y por qué exactamente? ¿Tal vez porque van a elegir a dos para que mueran o maten en una horrible arena para gusto y disfrute de unos pocos?

-No digas eso en voz alta. -Me reprendió ella. -Si alguien te escucha, podría pensar que eres un rebelde.

-Lo siento, mamá.

Tomo mi desayuno en silencio echándole de vez en cuando miradas a mi hermano que se ha mantenido callado toda la mañana.

-Venga Zaphir. ¿Cuántas posibilidades hay de que salgas cosechado? -Traté de animarle. -Es tu tercer año de cosecha y no has pedido teselas.

Recordé que eso mismo le había dicho a mi amiga Lina que salió cosechada hace dos años y no volvió.

Ella era la única que se acercaba a mí y que no me veía como a un bicho muy raro.

No es que tenga manías extrañas, pero no soy bueno haciendo amigos. Soy como dirían algunos, invisible y eso no me molesta.

En casa solo somos mi madre, Jade, mi hermano, Zaphir y yo.

Dicen que mi padre era del distrito trece pero yo no sé si es verdad. Se oyen tantas cosas por aquí...

Lo único que sé, es que soy igual a él. Excepto que mi pelo me llega a la cintura y siempre lo dejo atado en una coleta baja.

Algunos instructores me han dicho que lo corte, pero he pasado de todos y cada uno. Es mi pelo y me gusta así.

Como ya estoy preparado para la cosecha, ayudo a mi madre con los quehaceres del hogar hasta que llega la hora de marcharme.

Zaphir tiene que recordarme ponerme zapatos antes de salir.

Me gusta ir descalzo pero no me lo permiten.

Voy con una camiseta roja, pantalones negros y deportivas negras que quiero quitarme de una vez.

Mi hermano y yo nos separamos y cada uno va a su respectiva fila.

Mis compañeros no me saludan y yo tampoco a ellos. ¿Para qué?

Tras que el alcalde repite el discurso de todos los años, un hombre vestido enteramente de joyas, y cuando digo enteramente, es enteramente.

El pelo, la cara y todo el cuerpo.

Creo que incluso las suelas de sus zapatos llevaban joyas, comienza a hablar o más bien a gritar.

-¡Hola! ¡Me llamo Briliant y soy vuestro escolta!

A mí me gustaba más el de el año pasado que al menos no tenía una voz tan chillona y no era tan llamativo.

-¡Vamos con el nombre de la afortunada!

Observé estupefacto cómo incluso antes de que la joyita con voz de pito terminara de nombrar a la cosechada, tres chicas corrieron al escenario y segundos después una cuarta las siguió.

Dejé de prestar atención y me dediqué a mirar a mi alrededor.

Soy uno de los más altos de mi distrito, más de dos metros diez y podía ver las caras tensas de algunos padres que esperaban algo alejados de la plaza.

Cuando acabó el show de las locas del escenario, el escolta se dirigió a la urna de los chicos y dijo algo que me puso la piel de gallina.

-¡Y el afortunado de este año es...! ¡Zaphir Silibell!

Mi hermano se dirigió más pálido que la cera al escenario pero antes de que subiera, aparté a cada persona que se me cruzaba en el camino y grité:

-¡Me ofrezco voluntario! -subí las escaleras escuchando los gritos de mi hermano.

Un rato después tres agentes de la paz le devolvieron a su fila.

-Dinos tu nombre, belleza.

-Kidei Silibell. -Contesté inexpresivo.

-¿Eres hermano del cosechado?

Asentí secamente.

-Vaya vaya. ¡Aplaudid a estos maravillosos tributos voluntarios!

En el palacio de justicia, mi madre lloraba abrazada a mí y mi hermano trataba de no hacerlo.

Él me dio uno de sus aretes y mi madre me entregó una llave que siempre llevaba.

Nadie sabía que abría, pero ella quería que me diera suerte.

Cogí una pequeña fotografía en la que salía con mi madre y hermano y me sentí preparado para lo que viniera.

No me gustaba la violencia, pero me había entrenado para esto y vencería como fuera.

No miré a nadie al dirigirme a la estación de tren, pero iba con la cabeza bien alta.

El capitolio no me vería débil. No iba a permitirlo.


Sarah Landers, 17 años - Distrito 6.


"El niño no volvió a llorar, y nunca olvidó lo que había aprendido: que amar es destruir, y que ser amado es ser destruido." (Ciudad de hueso.)


-¡Vamos, Sarah, despierta! ¡Llegaremos tarde! -Me gritó una de mis compañeras de habitación.

Yo gruñí y me di la vuelta pretendiendo seguir durmiendo.

-¡No voy a repetírtelo otra vez! ¡Haz el favor de levantarte!

-Si llegamos tarde a la cosecha no nos darán almuerzo al volver. -Me recordó otra de ellas.

Entonces yo me levanté y raudamente me preparé.

-Lo siento. -Me disculpé. -Anoche me quedé terminando las tareas de Millie porque no se encontraba bien.

-Lo sabemos. -Suspiró Allison. -Y por eso te hemos dejado dormir un poco más y te hemos guardado un poco de comida del desayuno.

Se lo agradecí con una sonrisa pequeña y me comí lo que me dieron.

Llevaba viviendo en un orfanato desde que podía recordar y al contrario que muchas chicas, nunca había soñado con tener una familia.

Soy tímida e insegura la mayoría del tiempo y eso junto con mi manera de ser tan seria y correcta, no me ha hecho ser popular precisamente.

Mi vida no ha sido sencilla pero no me quejo. Al menos sigo viva.

La plaza estaba repleta cuando llegamos pero por suerte no era tarde.

Me había puesto un gastado vestido verde y me había dejado el pelo suelto.

El escolta, un tipo con cuernos de carnero, patas y cola de cabra nos saludó.

Se llamaba Grover Underwood.

-¡Hola! ¡Hola! ¡Querido distrito seis! ¿Cómo estáis? Seguro que tan ansiosos como yo por saber quienes serán los afortunados de este año. -Aplaudió y se dirigió a saltitos hasta la urna de las chicas.

-¡Y la gran afortunada es...! ¡Sarah Landers!

Mis compañeras en el orfanato me miraban y yo miraba a mi alrededor esperando a que otra chica, otra Sarah Landers se dirigiera al escenario.

Pronto comprendí que me habían llamado a mí y no me quedó más remedio que subir.

Traté de no temblar, pero era difícil no hacerlo. Estaba realmente asustada.

El escolta me miró de arriba a abajo y frunció el ceño.

-Algo podrán hacer los estilistas contigo. -Murmuró.

Me presentó como debía hacerse, me pidió que sonriera, pero como no le hice caso se dirigió a la urna de los chicos.

Supongo que pensaba que ojalá tuviera más suerte con el varón.

En el palacio de justicia, mis compañeras entraron a desearme suerte pero no se quedaron mucho rato.

Me miré en el reflejo de la ventana.

Muy pálida, delgada y narizona.

Suspiré.

-Mis ojos son bonitos. -Pensé.

Mientras me dirigía al tren junto a mi mentora y a mi compañero de distrito, le di vueltas a la posibilidad de conseguir patrocinadores.

Thira Grey era la única vencedora de nuestro distrito y no parecía estar muy bien de la cabeza pero no comenté nada.


Selim Nowak, 15 años - Distrito 12.


"Me quedo con él porque así lo decido todos los días al despertarme, todos los días que nos peleamos, nos mentimos o nos decepcionamos. Lo elijo a él una y otra vez, y él me elige a mí." (Leal.)


Despierto con mi hermano abrazado a mí como todos los días.

Miles es una hora mayor que yo, pero siempre ha estado delicado de salud así que yo soy quien toma los trabajos pesados que nadie quiere e incluso he llegado a hacer cosas a los agentes de la paz a cambio de dinero y comida.

No es algo de lo que me sienta precisamente orgulloso, pero es necesario puesto que siempre hemos estado solos.

Nuestro padre murió en la mina cuando teníamos cuatro años y mi madre sucumbió meses después debido a la pena. Se dejó morir sin pensar en nosotros.

A menudo me cabreo con ella por eso, pero enseguida me siento culpable porque ella no tenía la culpa de sentir tanta pena.

Nuestra vecina, Donna, una mujer mayor con tres gatos y dos hijos que no habían sobrevivido a los días oscuros, se hizo cargo de nosotros en la medida de sus posibilidades.

Nos da cobijo y eso es más de lo que tienen algunas personas que viven en las calles pasando frío y hambre y rebajándose a lo que haga falta por algo que llevarse a la boca.

Yo me escapaba al bosque de vez en cuando y por ensayo y error aprendí a hacer trampas.

Mi hermano despierta y se incorpora respirando con dificultad.

Cojo el remedio que Donna prepara cada noche para ayudar a Miles y se lo tiendo.

Él me mira agradecido y enseguida deja de sonar como un estertor.

-¿Estás mejor? -Le pregunté.

-Sí, gracias.

Nos levantamos y nos preparamos para el día de cosecha.

De camino, varios agentes me guiñaron un ojo.

Traté de mantenerme lo más serio que pude.

-Selim, si yo...

-No, Miles. Dije que yo me encargaría de nuestro sustento y es lo que haré. Tú ganas dinero ayudando al señor Aliede con sus hierbas...

-Pero no es mucho...

Le hice callar con una mirada.

Solo me mostraba firme con mi hermano.

La mayor parte del tiempo era tímido aunque a veces me entusiasmaba demasiado y mis compañeros de clase se divertían y los mayores me revolvían el pelo como si yo fuera un niño.

No presté mucha atención a la escolta con serpientes en el pelo.

Medusa no me gustaba demasiado.

-¡Miles Nowak! -Escuché.

Salté horrorizado en mi sitio y salí corriendo tras mi hermano que estaba a punto de subir al escenario.

-¡Miles! ¡No! ¡Me ofrezco voluntario! ¡Me ofrezco voluntario! -Chillé.

Mi hermano forcejeó conmigo, pero no me retracté.

Jackson, un chico de dieciocho años se hizo cargo de contener a mi hermano.

La escolta hablaba pero yo solo tenía ojos para mi hermano.

Vi estupefacto como Jackson lo besaba en los labios y Miles se calmaba progresivamente.

Tuve que darle la mano a mi compañera de distrito pero lo hice de manera autómata.

En la sala en la que me encerraron, Miles me golpeaba el pecho y me abrazaba.

Hizo eso cuatro veces antes de echarse a llorar.

-Así que Jackson, ¿eh? -Le pregunté para que pensara en otra cosa.

-N no es... N no es...

Yo sabía que a mi hermano le gustaba pero no sabía que el sentimiento sería mutuo.

El nombrado entró en ese momento y le hice prometer que cuidaría de Miles.

-No te preocupes. Lo haré. Y tú vuelve vivo.

-Descuida, no creas que voy a morir así como así. -Bufé.

Los agentes de la paz hicieron salir a mi hermano y a Jackson y me quedé solo.

Acaricié el relicario que llevaba en el cuello con una foto de mi hermano, otra de mis padres y una tercera de Donna.

Este sería el último día que me permitiría tener miedo.

Tenía que pensar en volver y nada más.


Nota: Y ahí tenéis a los tributos.


-Preguntas:

1. ¿Tributo favorito?

2. ¿Tributo menos apreciado?

3. ¿Con cuál de estos personajes se aliaría vuestro tributo?

4. ¿Qué tipo de mentor os gustaría para vuestros niños/as?


Muchas gracias por leer y gracias también a:

NicoNicochan, Diangelofamilia, Ludmila V y Fujoshisuprema77 por Tina, Kidei, Sarah y Selim respectivamente.

Espero que os haya gustado.