Disclaimer: el universo le pertenece a Suzanne Collins así como dos de los personajes.

La historia es de mi autoría y los tributos les pertenecen a los lectores/as.


Capítulo 03. Cosechas: 4, - 7, - 8, - 3.


Dylan Marlow - dieciocho años - distrito 4.


"No soy un pájaro y ninguna red me atrapa. Soy un ser humano con una voluntad independiente." (Jane Eyre.)


-¡¿Dylan, estás despierto?!

Cuando mi hermano mayor comenzó a gritar me pregunté no por primera vez el por qué no le había lanzado por la borda del barco de Nerea. Ella es mi tía abuela. Una mujer a la que quiero.

Me atrevería a decir que estaría enamorado de ella si no fuese prácticamente de la prehistoria debido a lo anciana que es.

Pero que eso no engañe a nadie. Es temible por todos sus tripulantes aunque también es justa y decidida.

-¡Dylan!

-Grita más alto Jasón. Que los del distrito once aún no te han oído.

El muy estúpido se limitó a reír.

-¿Qué quieres?

-Nada importante. Saber si estabas en pie.

No pude evitar el resoplido que solté.

-Siempre he sido más madrugador que tú.

Jason se encogió de hombros.

-Hoy volvemos al distrito. -Suspiró. -Ya sabes. Por el día de cosecha y eso.

Apreté los puños a mis costados y no dije nada.

Soy un chico que pasa casi todo el tiempo en un barco en alta mar. Aquí me siento en paz, completo.

hay personas que se marean al estar mucho tiempo en un barco, pero el Sansón es mi hogar más que mi propia casa en tierra.

No es que lo pase mal allí, pero cuando mis pies tocan tierra firme me siento inestable y como si algo me faltara.

El pecho me duele por alguna razón que no puedo comprender del todo.

Uno de mis compañeros, Paul, me llama para que le ayude a subir unas cajas de la bodega.

Entre charlas y trabajo, las horas pasan más rápido de lo que me gustaría.

Llegamos al distrito y los que estamos en edad de cosecha tenemos que correr para llegar a tiempo para el único disfrute del capitolio.

Odio lo que el presidente nos hace y odio aún más a los ciudadanos por permitirlo.

Pensándolo mejor, odio aún más a Pearce Ashmider.

Nos colocamos en nuestras respectivas filas obteniendo ceños fruncidos por parte del alcalde, el vencedor Zack Gramerye y del horrible escolta.

-¿Un pez? ¿En serio? ¿Es que no había algo más cliché?

El señor alcalde recita el mismo discurso de todos los años:

-Castigo por la rebelión, bla bla bla... Panem unido, bla bla bla... Honor de ser cosechados, bla bla bla...

Pronto dejo de fingir que presto atención y me limito a mirar todo a mi alrededor.

mi búsqueda de nada en particular se frustra enseguida o al menos creo que lo ha sido cuando escucho mi nombre saliendo de la boca del escolta cliché. ¿Cómo se hará llamar? ¿Tritón? ¿príncipe del mar?

Solo de pensarlo quiero vomitar.

-¡Dylan Marlow! ¡por favor, sube!

obedezco tragándome la rabia que siento.

Al llegar arriba, el escolta me acaricia el brazo y levemente el torso. Parece que le gusta lo que ve y siente bajo las manos porque sonríe.

A pesar de que quiero arrancarle la cabeza de un puñetazo, sonrío y permito que me exhiba como si fuera un pescado en la lonja.

Mi actuación ha comenzado. Voy a ganar estos juegos. Seré el capitán y nadie se atravesará en mi camino.

En el palacio de justicia mi hermana aurora se lanza a mis brazos y llora desconsoladamente.

Yo trato de calmarla como puedo, y cuando lo logro mi hermano mayor se acerca.

-Toma. Llévatelo para que te dé suerte. Espero que te sirva.

Me entrega su colgante en forma de sol.

Los rayos son punzantes. Pienso que tal vez los vigilantes me lo quiten por ser afilado y por si se me ocurre utilizarlo como arma pero no se lo digo.

-Gracias. -Murmuro.

mi tía Nerea me exige que gane y me recuerda que puedo hacerlo. Yo asiento confiado. Puedo lograrlo.

Al salir, veo a la hija de Gramerye dar saltitos hacia el tren y eso me enerva.

-¿Cómo puede estar feliz? ¿No sabe que va a matar y a morir?

Hay cámaras filmándome así que sonrío y saludo.

Un sabor agrio se me ha instalado en la boca.

No quiero hacer esto. No quiero ser un títere del capitolio pero si quiero sobrevivir y ganar, tendré que hacer sacrificios.


Collie Rush - diecisiete años - distrito 7.


"Me será muy difícil vengar a todos los que tienen que ser vengados, porque mi venganza no sería más que otra parte de del mismo rito inexorable." (La casa de los espíritus.)


Nada más levantarme de la cama corrí a la ducha, me lavé con rapidez, me vestí y fui a desayunar.

Mi madre, que me adoptó cuando yo tenía nueve años, me miraba con una ceja alzada pero no preguntó.

Supongo que ya estaba acostumbrada a mi hiperactividad.

Hoy al ser día de cosecha Finlay y yo habíamos quedado antes para poder pasar algo de tiempo juntos.

Ninguno de los dos pedía teselas, pero no podíamos confiarnos. ¿Quién sabía si saldríamos cosechados o no?

Cierto que había personas con más papeletas en las urnas, pero preferíamos no arriesgarnos.

Cuando acabé de desayunar, le dediqué un saludo militar a mi madre y salí corriendo.

Iba tan rápido, que no miré por donde iba y choqué contra un cuerpo más grande y duro que el mío.

Ambos nos fuimos al suelo, pero yo en el último momento logré dar una voltereta de lado y afortunadamente no rodé por el suelo.

-Gracias, Collie. ¿Entusiasmada por verme?

-Creído. -Resoplé. -Vamos Fin, levántate.

-¿Qué tal anoche? ¿Sospechan? -Me preguntó cuando llevábamos caminando un rato.

-No. Nunca lo hacen. La tapadera de Allie es buena. -Suspiré.

-Tienes que tener cuidado. No todos los ciudadanos son de fiar y...

-No te preocupes. Mi madre y yo sabemos ser discretas.

Era cierto, ella era herbolaria y ayudando a los del distrito con sus remedios, no sospechaban que éramos anticapitolio.

Yo había participado en algunas revueltas y eso me había proporcionado un cuerpo atlético con respecto a los demás miembros del siete.

Yo no talo árboles, pero hago otras cosas.

Tengo un cuerpo proporcionado pero todos en el distrito, excepto el alcalde pasamos hambre. Y mientras, el presidente y sus lameculos, comen sin preocuparse de nadie más.

¿Qué les importa si alguien muere por desnutrición? Los agentes de la paz simplemente arrastran el cuerpo en cuestión como si fuera un saco de basura.

Finlay me saca de mis divagaciones dándome un ligero codazo.

-¿Qué? -Le pregunto.

-Te estaba hablando.

-Solo pensaba. -Me disculpé.

-¿Recuerdas cuando rescataste mi pelota de las garras del alcalde? -Rió.

-No fue nada. -Moví la mano para quitarle importancia.

-¡Claro que lo fue! Eres increíble. -Me besó.

Todo había comenzado como un juego. Alguien lanzó la pelota demasiado fuerte y el cristal de la lujosa casa del alcalde se rompió.

Soy una persona que me tomo los desafíos muy en serio así que cada vez que me retan a hacer algo, lo hago sin más.

Mis profesores me detestan y el sentimiento es mutuo.

El día de la pelota nadie me desafió a buscarla, pero era un juego divertido y no iba a permitir que una simple casa me atemorizara.

Así que corrí, salté la valla y cogí la pelota.

Fui más rápida que el alcalde y recibí las felicitaciones de mis amigos.

Un año después, empecé con Finlay.

Con respecto a mi familia, solo somos Allie y yo. Allie era mi vecina y me adoptó un año después de que entrara en el orfanato.

Mi padre biológico... Prefiero ni mencionarlo. Mi madre fue ejecutada por algo que no fue su culpa.

De hecho, es tanto el rechazo que siento por mi padre que incluso cambié mi apellido. Nadie sabe por qué, pero no seré yo quien dé los detalles.

No soy ninguna celebrity.

Llegamos a la plaza algo tarde.

Era un desafío indirecto hacia el Capitolio.

Bostecé ruidosamente provocando que los agentes de la paz me miraran con advertencia.

Y la bruja blanca salió a escena.

Se llamaba Jadis, pero un chico de mi colegio en su primera cosecha la había llamado así y el mote se hizo popular.

Iba vestida con fastuosidad. Su vestido tenía rubíes y diamantes, llevaba una tiara dorada y una... varita sujeta al cinturón.

Me producía asco mirarla porque con una sola de esas joyas estaba segura de que podríamos comer el distrito entero todo un mes o más.

-¡Hola a todos y todas! Hoy, en los trigésimos juegos del hambre, veremos quiénes son los afortunados que llevarán el honor a este distrito!

La gente aplaudía por cortesía. Yo no lo hice ni lo haría.

-¿Hay voluntarios o voluntarias? -Preguntó.

Más bien lo hacía por protocolo porque aquí no había nadie que quisiera salir cosechado.

Esperó unos segundos antes de gritar:

-¡En ese caso, ¡vamos con la tributo femenina!

Se acercó a la urna de las chicas, revolvió los papeles y sonriendo se acercó de nuevo al micrófono.

-¡Collie Rush! ¡Sube aquí por favor!

Confieso que me quedé paralizada durante unos segundos porque no me lo esperaba para nada.

Sin embargo, me compuse rápidamente y avancé seria al escenario.

La bruja blanca trató de que yo siguiera su juego de sonrisas y peloteo hacia el Capitolio, pero yo no voy a rebajarme a eso.

Mientras esperaba allí tensa y cabreada, dijeron el nombre del chico.

Lo conocía. ¿Quién no lo hacía? Todo el mundo le insultaba por tener problemas mentales.

Maldije al presidente para mis adentros odiando esta situación.

Me iba a los jodidos juegos del hambre.

Los agentes me condujeron a una sala pequeña con una silla y una mesa.

Mi madre adoptiva fue la primera en entrar.

-Tú puedes hacerlo, Collie. Recuerda lo que te he enseñado sobre plantas y aprende más si puedes.

Sonreí decidida.

-Llévate esto. El lema de la familia Rush. -Me colocó un colgante en forma de estrella.

Iba a decir algo, cuando la puerta se abrió y los agentes hicieron salir a mi madre.

Finlay entró segundos después y me besó un largo rato.

-Vuelve, Collie. Vuelve. No me importa lo que hagas para ello. -Me besó.

Le besé de vuelta y le dije:

-Prometo que lo intentaré. haré todo lo posible para volver.

Él me besó de nuevo.

-Creo en ti mi princesa rebelde. -Me susurró.

Lo último que vi de mi novio fue su sonrisa pícara y torcida que me volvía loca.


Raffia D'abito - diecisiete años - distrito 8.


"Ama a quienes amas mientras los tienes. Eso es todo lo que puedes hacer. Déjalos ir cuando debes. Si sabes cómo amar, nunca escaparás" (Mi nombre es memoria.)


Me estiré en la cama felizmente como un gato. Incluso creo que ronroneé un poco.

Pero es que estaba muy cómodo.

Tener un padre que tapiza muebles es una ventaja.

No éramos ricos, ni mucho menos, pero al menos no teníamos que rebuscar en la basura.

Papá me adoptó cuando tenía nueve años.

Hasta ese momento había vivido en un orfanato toda mi vida.

Desde que me levantaba hasta que me acostaba tenía que trabajar.

Mis compañeros y yo hacíamos lo que fuera para conseguir platos de comida.

Yo clasificaba botones y cuentas de colores en la fábrica, me encargaba de la lana y trabajaba todo lo que podía para obtener puntos de buena conducta para poder conseguir doble ración de comida.

Cuando mi padre me adoptó, tenía tres platos de sopa caliente e incluso en el mercado podíamos conseguir pan y estofado de perro. Era considerado una exquisitez.

Dos o tres capitolinos le pedían a papá que le diseñara los muebles y sillones a cada cual más extravagante que el anterior.

Decían que nadie más que él le ponía tanta dedicación al trabajo.

¿Y cómo no iba a hacerlo? Vivíamos de eso.

Él, debido a que tenía más de cuarenta años y no tenía a nadie que fuese a heredar su negocio, me adoptó.

Siempre le estaré agradecido por la oportunidad que me había dado y por eso cada día me esforzaba por serle de ayuda.

Hoy era día de cosecha así que me levanté, aunque no quería hacerlo, pues nos habíamos quedado hasta tarde acabando un sillón repleto de pequeñas cuentas que formaban estrellas.

Me di en el dedo meñique cuando iba a la ducha y poco me faltó para maldecir hasta a mis ancestros pero me contuve.

Fui rápido en asearme porque no quería acabar con el agua caliente.

Me sequé, me vestí y fui a desayunar.

Los días de cosecha mi padre siempre estaba tenso y se negaba a trabajar hasta que no se aseguraba de que no era mi nombre el que decía el escolta.

Traté de tranquilizarle como pude pero yo también estaba nervioso.

-Solo dos años más. -Pensé. -Solo dos años y estaré a salvo de ser elegido.

En la plaza, me amontoné con los chicos de mi edad en una fila secándome la frente cada pocos segundos debido al sofocante calor que hacía.

La alcaldesa, una mujer estirada y enjoyada, tomó la palabra.

Esa señora parecía una capitolina más y estaba amargada porque sabía que jamás podría llegar a serlo realmente. Nunca se la permitiría abandonar este distrito y ella era consciente de ello.

Por eso se aseguraba de cualquier forma que fuera de mantenerse en su puesto como alcaldesa.

Recitó el discurso con sentimiento. Como si de verdad se creyese sus palabras y tal vez así fuera.

Después de ella, un escolta ataviado con un vestido rosa chillón, una peluca verde fosforito, medias a rayas y tacones altísimos, nos dio la bienvenida a (este día tan especial e importante.)

Todos estábamos ansiosos porque dijera de una vez el nombre de la chica y después el del chico para que pudiéramos largarnos pero él parecía disfrutar de su voz porque no dejaba de hablar, hablar, hablar, hablar y hablar. ¿He dicho que hablaba mucho?

Apenas presté atención a la chica que fue elegida. Lo que a mí me interesaba saber era el nombre del chico y rezaba por no ser yo.

La buena suerte que había tenido desde que mi padre me adoptó se terminó en cuanto el escolta pronunció mi nombre.

Subí allí como si mi cuerpo no me perteneciera, como si esto le estuviese pasando a alguien más.

Pocahontas parecía estar encantado con mi apariencia pero yo estaba a kilómetros de allí.

Le escuchaba como si estuviera bajo el agua.

Yo sonreía, le contestaba y me dejaba contemplar por el escolta pero no era consciente del todo de mi entorno.

En el palacio de justicia, mi padre entró y yo me abracé a él.

Sentía que le había fallado al no poder continuar su legado como él quería.

Traté de convencerle de que adoptara a otro chico pero se negó.

-No creo que vuelva, papá. Tal vez sería mejor que...

-Raffia, hasta ahora no me has fallado nunca. No sé si volverás, pero tendré fe en ti. No voy a consentir que te rindas sin más. Lucha y si no vuelves, que al menos sea porque no has podido lograrlo. Pero tienes que intentarlo. Intentarlo con todas tus fuerzas.

-Aún así, deberías adoptar a otro chico.

-Lo haré en caso de que no vuelvas. Eres mi hijo y no eres intercambiable. Comprende eso.

Me tendió el pequeño animal de peluche que me había acompañado desde que mi madre biológica me había dejado en el orfanato.

Había terminado muy desgastado, pero papá había logrado rescatar lo máximo posible y ahora era un llavero.

Fuera, ante las cámaras, traté de mantenerme tranquilo.

Las mentoras del distrito 8 me examinaron de pies a cabeza antes de asentir.

Al menos no me lanzaron a las vías del tren nada más verme.


Dinah Yuliana Lecs Elec - diecisiete años - distrito 3.


"¡Pues miente! ¡Invéntate algo! -No se me da bien mentir. -Pues aprende deprisa. Tienes tanto encanto como una babosa muerta." (Los juegos del hambre)


Hoy es el peor día del año. Es día de cosecha y eso significa que mi madre estará gruñendo y jodiendo más de lo normal.

No quiero salir de mi habitación pero sé que si no lo hago, ella vendrá y me obligará a salir.

Mi madre no me maltrata, al menos no de forma física, pero es una mujer frustrada y paga su rabia conmigo.

Mi padre y mis dos hermanos desaparecieron un mes después de yo haber nacido y dicen que desde entonces mi madre no ha sido la misma.

Fue una antigua escolta del capitolio a la que castigaron por haberse acostado con un hombre del distrito.

Quedó embarazada y como no tenía donde ir, pues era una repudiada, se casó con mi padre.

Ella tenía dinero, al menos no le habían quitado eso y en mi decimocuarto cumpleaños me regaló un cambio de color de ojos. Yo elegí el naranja porque era raro y diferente.

No tengo amigos y no pretendo hacerlos. No me gusta la gente y el sentimiento es mutuo.

Mi madre, Gillian, pretende a toda costa recuperar el estatus que le pertenece. Así que es odiada por todo el distrito tres por chivarse de cualquier cosa sospechosa que ve.

Pretende que yo haga lo mismo, porque dice que cuanto más cumplamos nuestro deber, seremos mejor recompensadas.

Ella no tolera a la escolta nueva y siempre que es día de cosecha, aparece en la plaza con sus pelucas de luces, sus vestidos reflectantes y sus zapatos brillantes.

En teoría no debería estar allí, pero a los agentes de la paz no les importa mucho lo que haga mientras no arme escándalo.

Gillian me hace vestir con elegancia, tanta que resulta cutre y juntas nos dirigimos a la plaza.

A veces me gustaría que no me relacionaran con ella pero no lo digo.

Nunca digo o hago nada para contrariarla.

Logro separarme de mi madre y casi corro hasta la fila que me corresponde.

No le presto atención a nada excepto cuando la escolta se queda callada y a la espera de algo.

No comprendo por qué la gente me mira hasta que la mujer azul dice mi nombre y debido a los ceños fruncidos de los agentes de la paz, sospecho que no ha sido la primera vez que me han llamado.

Entonces es cuando caigo en la cuenta.

He salido cosechada.

Subo temblorosa al escenario pero no lo demuestro. Camino con fingida curiosidad y saludo a Lynda, la escolta.

Después, miro a mi madre, al fondo de la plaza. Y ella está sonriendo ampliamente como si le hubiera tocado la lotería.

Un dolor agudo atravesó mi pecho pero no pretendía mostrárselo a ella.

Ya en la sala del palacio de justicia, Gillian entra sonriendo y felicitándome.

-Es una lástima que yo no pueda acompañarte al capitolio, pero seguro que cuando venzas serás tan famosa y rica que podré acompañarte en tus viajes. ¡Serás la que devolverá el poder a esta familia! ¡La que me devolverá a mis días de gloria!

Y es en ese momento en el que decido dos cosas.

La primera es que Gillian ya no será mi madre y la segunda, es que sea como sea, voy a vencer. Pero no por el capitolio, si no por el distrito. Voy a dejarlo en lo más alto.

Sin embargo, cuando camino hacia el coche que me llevará a la estación, no puedo evitar acordarme de aquel momento cuando tenía seis años y recibí una quemadura de segundo grado en el brazo por un circuito que salió mal.

Mi madre me abrazó y me susurró que era lo más grande que tenía y que no quería perderme.

Me trago las lágrimas y avanzo con seguridad hasta el vehículo que me espera.


Nota: espero que os haya gustado.

Muchas gracias a .Silence, Paulys, Hueto y Valeri Valiente por Dylan, Collie, Raffia y Dinah respectivamente.


Ahora las preguntas:

1. ¿Tributo favorito?

2. ¿Tributo que menos os ha gustado?

3. ¿Con cuál de estos cuatro se aliaría vuestro tributo?

4. ¿Cómo sería vuestro escolta ideal?


Nota de autor: Soli Ruh y Gato rojo, gracias por cierto, me han ayudado a crear un blog donde estamos añadiendo los personajes y las imágenes de ellos.

Gracias por haberlas mandado.

Y bueno. Hoy por mi cumpleaños os subo este capítulo. Os he hecho este regalo.

Voy a dejar el enlace del blog aquí abajo. Solo tenéis que quitar los espacios.

cambia el tiempo syot. blogspot


PD: Si alguna/o está interesado en mandar otro tributo, en mi perfil están los disponibles. Pero me gustaría que no saliesen voluntarios por hermanos, puesto que ya hay dos, que tuviesen menos de diecisiete años, porque la mayoría tienen diecisiete o dieciocho y que no sean adoptados.

Muchas gracias.