Disclaimer: Los tributos son de los lectors y Madara me lo ha dejado Soly. Gracias. El universo es de Suzanne Collins.


Capítulo 07. Lo que ocurrió en el tren. Distritos: 2, - 2, - 9, - 6, - 12, - 3, - 11, - 5.


(Y estamos aquí, en el tren, camino al matadero.)


Connor Edgeworth - dieciocho años - distrito dos - voluntario.


Decido salir del compartimento principal donde he estado sentado durante media hora. La tensión se nota en el ambiente y mirando a Neilan Penrhyn, veo que no ha ganado simplemente por su cara bonita.

Madara Greyarm no parece que vaya a levantarse pronto, y continúa dándole pequeños trozos de comida de colores a su gran perro negro azabache.

Me pregunté si eso era sano para el animal, pero no dije nada. ¿Qué sabía yo de perros?

-¿Os largáis ya? -Gruñó Neilan mirándonos a todos.

Seguro que se había cansado de lanzar indirectas con la mirada.

Fui el primero en salir. Investigaría el tren. Ya que estaba rodeado de lujos, comprobaría como vivían los capitolinos. No perdía nada por curiosear.

Estuve mirando el vagón restaurante, las habitaciones y por un cristal, vi al conductor y los múltiples controles del tren.

Me pregunté cómo funcionaría todo.

Yo era un chico bastante analítico e inteligente aunque debido a mi apariencia no lo parecía. Estaba cansado de que a todos los chicos del distrito dos nos calificaran de musculitos descerebrados.

Había aprobado con un diez mi examen de lógica y deducción de variables.

Me detuve en el final del tren mirando por una ventana circular.

Descubrí que podía abrirse, pero había estudiado que la velocidad creaba vacío y no quería comprobar lo que se sentiría cuando el aire fuerte tocara mi cuerpo.

-Estas son vistas demasiado monótonas para mi gusto, pero cada uno...

Madara Greyarm estaba a mi lado. Su inseparable perro le acompañaba.

-¿Perdón? -Pregunté.

-¿Sabes cómo salí elegido para participar en los primeros juegos del hambre? -Me preguntó.

Parecía hacerle gracia la pregunta.

-Hubo un problema con el otro chico que había salido cosechado en primer lugar. -Contesté.

-Un problema. -Bufó él. -El tipo se suicidó. Se tiró a las vías del tren justo por una puerta similar a esta.

Le miré estupefacto.

-¿Eso se puede hacer?

-Ya no, chico. Ahora han tomado medidas para ello. El caso es que necesitaban otro tributo masculino y yo fui el afortunado. -Dijo con sarcasmo.

-¿Y cómo sabes que se tiró del tren? -Inquirí.

-Digamos que la escolta nunca ha sabido guardar secretos. -Se encogió de hombros.

Me imaginé como debió ser.

El chico allí tirado, destrozado por el impacto y por las ruedas traseras del tren. Supuse que se hizo puré.

-Dijeron que hubo que recoger sus restos con una espátula. -Greyarm rió como si eso fuera lo más divertido del mundo.

-¿Y su familia no se enfadó? ¿No pidió explicaciones?

En cuanto hice esa pregunta me di cuenta de lo absurda que resultaba.

Al Capitolio en el primer año le habría importado muy poco la pérdida de un simple chico de distrito. Solo eran títeres. Servían para su divertimento y regocijo.

La risa de Greyarm me confirmó lo que estaba pensando.

Necesitaban veinticuatro tributos y como yo era un pobre diablo sin familia, no les importó. -Se encogió de hombros.

Me apoyé contra una de las paredes del transporte y suspiré.

-Por cierto, chico, ¿cuáles son las razones por las que te presentaste voluntario? -Me preguntó al cabo de un rato. -Yo no seré tu mentor, pero siento curiosidad. Según sé, tú estabas destinado a convertirte en agente de la paz y debido a tus calificaciones, habrías conseguido un buen destino. No un distrito cualquiera como el doce. -Arrugó la nariz.

Sonreí un poco.

-Por una apuesta. -Contesté.

-¿Una apuesta? ¿Eso no es un motivo estúpido? Aunque a decir verdad, el motivo de tu compañera tampoco es que haya sido... -Volvió a encogerse de hombros. -No te veo cara de sádico asesino y realmente ser vencedor, si es que ganas, es peor que incluso ser agente de la paz en el doce.

-Pero has dicho que el distrito doce... -Comencé.

-Sé lo que he dicho. -Me cortó. -Pero incluso estar allí, es mejor que las secuelas que deja la arena. Te lo digo porque lo sé.

-Realmente puedo ganar. Hice esa apuesta porque incluso con quince años, sabía que podía hacerlo mejor que Marcus Sword.

-Marcus no era mal luchador...

-Pero se confió demasiado. -Esta vez fui yo quien interrumpí al primer vencedor de los juegos y de mi distrito.

-Ahí te doy la razón. Pero suenas arrogante al decir que puedes hacerlo mejor. Tal vez no venzas. ¿Has contemplado esa posibilidad?

-No soy arrogante. Soy realista.

-El realismo no te garantiza que vencerás. -Me dijo él.

-¿No se supone que debes darme ánimos y decirme que todo irá bien bla, bla, bla? -Pregunté.

Claro que era consciente de que tal vez no ganaría, pero si me centraba en esa posibilidad, mi mente daría vueltas y me estancaría en la desesperanza.

-Si buscas eso en mí, he de decirte que te llevarás una enorme desilusión. Realista debería haber sido mi segundo nombre. Tal vez tengo que comenzar a pensar en cambiármelo.

Suspiré y centré la mirada en el perro que estaba sentado felizmente junto a Madara.

-Anda mira. Aquí viene tu mentor. Yo descansaré este año pero estaré pendiente. Por ahora, iré a ver a Neilan. Es muy divertido verlo cabreado.


Mileena Penrhyn - diecisiete años - distrito dos - voluntaria.


Decir que mi hermano no parece contento sería un eufemismo. La cara se le ha puesto roja de furia y creo que la razón por la que aún no me ha gritado es porque estamos rodeados de gente.

Cuando Neilan les invita a todos (de manera no muy cortés) a irse, Connor es el primero en abandonar el vagón.

Suspirando como una adolescente, Campanilla también se fue.

Greyarm y Lenox no tardaron mucho en irse y cuando nos quedamos solos mi hermano y yo, recibí el sermón más largo de la historia. Fue incluso peor que cuando rompí una espada de prácticas contra la cara de uno de mis compañeros cuando tenía quince años.

-¿En qué demonios estabas pensando? Había otras chicas que podían salir voluntarias. ¿No podías haberte quedado en casa? ¡Mierda Mileena! ¡Es que no piensas! ¿No te importa mamá? ¿Y si no vuelves? ¿Y por qué narices no has esperado otro año al menos para voluntariar? Aunque habría preferido que no te presentaras... -Tomó aire y aproveché para hablar.

-¿Crees acaso que no voy a poder hacerlo? ¿Me crees débil? ¿Querías ser el único de la familia en vencer? Estaba harta de que todo el distrito me comparara con tu genialidad y brillantez y decidí demostrarles que yo también podía ser excepcional.

Me miró como si no me conociera.

-¿De qué estás hablando? Parece que no tengas sentido común. No te recordaba tan poco inteligente.

No tendrías que recordármelo si pasaras tiempo conmigo, que soy tu hermana. Quieres claramente ser el único que quiere disfrutar de la gloria de ser vencedor. -Gruñí.

La mirada de Neilan se oscureció. Nunca le había visto tan enfadado conmigo.

-¿Crees que ganar se trata solo de eso? ¿Piensas que una vez que vences te dejan en paz? Pues estás muy equivocada. Si me alejé de ti, fue por cuestiones demasiado complejas y humillantes que no contaré. Pero no te creas que viajo tantas veces al Capitolio por placer. No por el mío, al menos. -Añadió.

-¿Qué quieres decir? -Le pregunté.

-Lo que has oído.

-¿Pero qué significa?

Neilan se negó a responder cosa que me cabreó. Pero a pesar de todos los intentos que hice para que me lo contara, no dio resultado.

-Si quieres vencer, deja atrás esos ademanes de niña caprichosa e inmadura porque eso no te ayudará. -Espetó antes de que Madara Greyarm entrara.

Él no me dijo nada, pero su mirada transmitía más que sus palabras y no pude evitar estremecerme bajo ella.

-Te enseñaré tu habitación. -Comentó levantándose.

A regañadientes lo seguí. Quería quedarme con mi hermano pero Neilan había puesto su atención en una pequeña tablet que descansaba sobre la mesa ante él.


Roxanne periwincle - doce años - distrito nueve - cosechada.


La habitación a la que me acompaña Madame Puddipié, es amplia a pesar de que estamos en un tren. Me pregunto cómo caben tantas cosas aquí dentro de este vehículo y cómo puede rodar con tanto peso.

Antes, mientras hablábamos, una de las mentoras había dicho que más valía que me rindiera porque iba a ser la primera en morir. Eso me había cabreado y había contestado que podía irse con su pesimismo a otro lado y que no tenía la obligación de ayudarme.

Quise llamarla perra, le había oído a una niña mayor decírselo a otra en mi distrito pero me contuve. Mamá decía que la educación era algo fundamental y que si los mayores no la tenían era su culpa, no la nuestra.

Eliseos, mi compañero de distrito, escuchaba la discusión en silencio absorto en su colgante.

-Déjala en paz, Natalie. Yo trataré con ella. -Dijo la otra mentora, Azuzenne.

-Pero es una pérdida de tiempo...

-¡Basta, Natalie! Todos merecen las mismas oportunidades sean quienes sean y tengan la edad que tengan.

-Pues yo ayudaré al chico. ¿Estás de acuerdo? -Le preguntó.

-¿Eres una animal perdida? ¿Te sientes sola? Tanta rabia hacia el mundo no es buena. Necesitas paz. Y la paz no llegará si estás furiosa.

-¿De qué estás hablando?

-Deberías rezar conmigo y meditar. Se irán tus tristezas y penas. El señor padre que todo lo cura te ayudará.

La chica rubia, Natalie, estaba perpleja y muy roja también.

La escolta trataba de aguantar la risa sin éxito al igual que la mujer que había dicho que sería mi mentora. Azuzenne parecía amable, menos mal.

-¿Eres uno de esos raritos de la religión que tanto odia el Capitolio?

-¡No soy rarito! ¡Y los cuatro dioses bajarán a la tierra y nos liberarán de la opresión cuando la diosa renazca!

-Perfecto. Seré tu mentora. -Natalie parecía encantada con él.

Después de eso, Azuzenne me había estado contando lo que podría esperar en el Capitolio y me habló de los estilistas.

-Los preparadores tal vez sean crueles. Pero no hagas caso. Esa gente es... Bueno, ya lo verás cuando los tengas delante.

Yo escuchaba con atención sin querer perderme nada de lo que decía.

Al cabo de un rato, nos mandaron a nuestras habitaciones para ducharnos, cambiarnos y cenar.

Cuando la escolta me había dejado sola, estuve explorando el cuarto. Era bastante más grande que el mío y por la ventana podían verse kilómetros y kilómetros de bosque.

Al abrir el armario, vi varios vestidos, camisetas, pantalones e incluso ropa interior.

Me dio un escalofrío al preguntarme cómo habían sabido mi talla tan rápido. ¿Cómo podía ser? Si hace solo unas horas que he salido cosechada.

Elegí un vestido rosa y unos zapatos que parecían cómodos y me lo llevé todo al baño.

La ducha era el paraíso del agua caliente y me quedé ahí tanto como pude y más.

Cuando salí, me sequé rápidamente, me puse la ropa y me encaminé al vagón principal.

Las cosechas no tardarían mucho en empezar.


Mykolas (Myko) Picaso - dieciséis años - Distrito seis - cosechado.


La comida del Capitolio sí que era buena. Y no la bazofia que nos mandan al distrito. Yo soy un chico acomodado, pero lo que consideraba buena comida, queda eclipsado debido al sabor de esto que estoy comiendo.

Tirah Grey nos había estado mirando tanto a Sarah como a mí nada más subir al tren, y nos había dicho sin rodeos que no seríamos aliados.

Yo había preguntado que cómo estaba tan segura, pero ella se había limitado a fruncir el ceño considerando seguramente que no necesitaba respuesta para tal tontería.

Terminamos de cenar y nos dirigimos al vagón principal para ver el resumen de cosechas. Me he llevado varios pastelitos y otras cosas al igual que Sarah. Chica lista. Deberá comer todo lo que pueda antes de entrar a la arena.

Se lo digo y ella me sonríe. Tiene una bonita sonrisa que imito para que confíe en mí.

No voy a matarla, no si no es necesario porque pertenece a mi distrito y eso sería jodido incluso para mí.

Las cosechas comienzan y Grover parece emocionado por ello.

Mallory Valdi es la primera. Veo como se pelea con otras chicas para que la elijan dentro de las voluntarias. Veo también cómo la vencedora de su distrito la elige y las miradas asesinas de las otras chicas que han perdido su oportunidad.

Diamond Smootie ríe entre dientes y Christian Stark, el tipo profesional que sale con un vencedor del distrito diez, (la relación no es ningún secreto e incluso sus fotos juntos forman parte de la propaganda del distrito) (La gloria del vencedor. Disfrutan de su amor entre distritos por haber contribuido honorablemente con el Capitolio y haber vencido.) Esa propaganda me da asco y quiero partirle la cara a todo el mundo. Bueno, el vencedor Stark pone los ojos en blanco y aprieta los dientes cuando un niño sale cosechado y su hermano mayor, Kidei Silibell, se ofrece voluntario por él.

Leo los labios de Diamond. Idiota. Es lo que dice.

En el distrito 2, la chica, Mileena Penrhyn, se ofrece voluntaria con diecisiete años. Vaya estupidez. Va a morir. Ella y todos los que salen por la tele. Van a morir si quiero ganar yo.

Connor Edgeworth es un tipo enorme que también se presenta voluntario. Los comentaristas están emocionados aunque bromean con su voz nasal y se preguntan si podrán cambiársela por otra más imponente.

Dinah algo del distrito 3 me impresiona bastante. Pero es debido a sus ojos naranjas. ¿Cómo narices es eso siquiera posible?

Parece que llorará y eso me causa gracia.

-Carne de Cornucopia. -Digo para mí mismo.

Zachary Bayer se desmaya y lo reaniman con agua. No parece muy feliz y es posible que vomite de un momento a otro. Parece un palo con patas.

Porpentina Gramerye parece contenta de presentarse voluntaria y veo al vencedor del distrito 4 sonreír orgulloso.

Me pregunto si la chica es muy inocente o una psicópata como la del distrito 5 del año pasado que fue reducida entre tres porque estaba desquiciada.

Dylan Marlow no parece nada contento de salir cosechado y parece que quiera arrancarle la mano al escolta que le acaricia. El chico está sonriendo, pero sé lo bastante de actuación como para captar esas cosas.

En el distrito 5 el escolta palidece antes de pronunciar el nombre de Salomé Noon.

-Esa es su novia. -Grover interviene con desdén. -Qué asco. Con una de distrito. James Herondale no tiene clase. Sin ofender. Aunque no me importa si lo hacéis...

Se queda en silencio cuando Vicent Stuard sale cosechado. Parece que vaya a salir corriendo e incluso varios agentes de la paz se acercan a él. Al final sube por su cuenta pero dudo que sea consciente ni de donde está.

Es el turno de mi distrito y estoy satisfecho conmigo mismo.

Sarah parecía desconcertada pero al menos no ha llorado.

Y yo, yo soy perfecto hasta en la tele. Salgo tan serio como esperaba y los comentaristas incluso especulan sobre mí. Fantástico.

Collie Rush del distrito 7 no está para nada feliz.

Sus ojos echan chispas y su mirada de odio intenso es algo que guardaré en mi mente para poder pintarlo después.

Coddy McClure no parece que comprenda la situación. Parece estar buscando a alguien entre la multitud y un chico que supongo es mayor que él, le dirige al escenario.

Se le ve asustado y confuso. Siento mucha curiosidad.

Anica está triste. Pero no se trata de tristeza por salir cosechada, si no algo más profundo. Algo que vive en su interior todo el tiempo. Pero no sé si será cosa mía aunque sé leer a la gente.

Raffia parece decaído. Normal que lo esté supongo. Es delgado, pero fuerte así que me planteo si podría ser aliado mío.

Me indigno al ver a la niña que sale cosechada en el distrito 9. Me da tanta rabia que el pastelito de crema que tengo en la mano se desarma y tengo que correr para limpiarme.

Eliseos parece resignado aunque no he tenido tiempo de verlo bien antes de que se vea el distrito 10.

Rosana está enfadada cuando sube al escenario tras presentarse voluntaria.

-Vaya estúpida. -Digo en voz alta. -¿Qué necesidad tiene de presentarse voluntaria? Por un hermano lo entiendo pero por una amiga... A no ser que sea su prima o algo. -Añado.

Lo chocante es que la veo reírse cuando nombran a un tal Thomas Rocheford.

Al verlo, Grover se ríe a carcajadas y lo admito, yo también.

En mi vida había visto a un tipo de distrito que fuera gordo.

-Seguro que es tan descerebrado como lo son todos los del diez así que puedes utilizarlo de escudo humano. -Dice el escolta mirándome.

-Ese Thomas sí que representa correctamente a su distrito. Una vaca.

La chica del distrito once no llora tampoco y también está enfadada.

Hay demasiada gente cabreada.

Logan Lynch me causa ternura porque es pequeñito pero su mirada podría congelar el infierno si quisiera.

Karen Tuk es bajita y tiembla en el escenario. Casi me da pena pero la pena no da de comer así que la desecho de mi mente.

Selim Nowak se ofrece voluntario por su hermano y se les ve forcejear hasta que un tipo aleja al cosechado, Miles y ¿le besa? Dios. Al menos, no ha sido una cosecha aburrida.

Y cuando acaban las cosechas varias personas rondan mi mente.

Me dirijo a mi habitación para pensar tras despedirme de los demás y hago una lista con las posibles personas con las que posiblemente quiera aliarme aunque tenga que traicionar después.


Karen Tuck - quince años - distrito doce - cosechada.


Sigo algo asustada todavía debido a la cosecha y al hecho de que yo he sido elegida.

Mi mentora, Cinder Bell me ha dicho que no me preocupe porque seguro que encontrábamos algo que pudiera hacer para sobrevivir.

Si Lauren estuviese conmigo, me habría dicho que los padres de Cinder habían tenido mala leche al ponerle ese nombre y Christine la reprendería con la mirada pero también reiría.

Me pregunto lo que estarán haciendo ahora y también lo que estará haciendo Sota. Echo mucho de menos a mi familia y a mis amigas y pensar en ellos me calma pero también me entristece.

Estoy tumbada en la cama después de haber visto las cosechas y haber llorado un poco. Pero el que se había desmoronado había sido Selim porque no sabía qué sería de su hermano si él moría y eso me ha hecho consciente de que si yo muero, al menos Sota tiene a mamá y al abuelo pero Miles no tiene a nadie al que llamar familia. Solo a una vecina que los acogió y al chico de la beta que le besó para calmarlo. No sabía si eso era suficiente pero tendría que serlo al menos si Selim no volvía.

No sabíamos si alguno de los dos ganaría, pero mediante un acuerdo tácito decidimos que no nos rendiríamos. No podíamos permitirnos sucumbir a la tristeza aunque estuviese acechando por cada rincón de la mente deseando llevarse todo lo alegre del mundo.

En cosechas hemos estado muy pendientes de todos los demás contrincantes y tanto Eric como Cinder han estado tomando notas buscando posibles aliados.

La cena ha sido divertida, sobre todo al ver la sorpresa de Selim al probar la comida capitolina. Me recuerda un poco a Christine debido a la timidez.

Cierro los ojos y trato de dormir para estar fresca por la mañana y atender a mi mentora y así no perderme nada.

Sin embargo, echo en falta a Sota y sus conversaciones antes de dormir. Espero que no esté llorando. Eso me partiría el corazón.

Después de dar varias vueltas, me duermo con el recuerdo de la primera vez que tuve en brazos a mi hermano.


Zachary Bayer - dieciocho años distrito tres - cosechado.


Ver el resumen de cosechas anoche lo hizo todo más real aún. Incluso más que la botella de agua que me habían tirado en el escenario al desmayarme.

Beetee, el vencedor más antiguo de mi distrito, me confesó que había sido Jason Green quien había tenido la amabilidad de despertarme de tal agradable manera.

El vencedor, que más que un miembro del distrito tres encajaba mejor con un siete o un diez, simplemente se había encogido de hombros y decidió que me mentorearía (por la buena voluntad de su corazón) había dicho.

Aunque bien mirado, dijo cuando Dinah y yo nos habíamos sentado con ambos mentores para contarles lo que sabíamos hacer, Beetee encajaba mejor conmigo así que se habían intercambiado los papeles.

Dinah tenía una mirada desdeñosa en su cara debido a la indignación, pero a Jason le había dado igual.

-No me entiendas mal, niñita. -Dijo. -Pero las chicas se me dan fatal. Es mi asignatura pendiente por así decirlo. Mientras no llores, nos llevaremos bien.

Casi me reí. La cara del mentor parecía horrorizada solo de pensarlo.

Recuerdo sus juegos. Yo era pequeño, pero vi como derrotó a dos mutos grandes él solo y me pareció gracioso en cierto modo que se hubiese enfrentado a un montón de cosas en su arena y sin embargo, temiera a una chica si lloraba.

-¡Jason! -Beetee parecía exasperado.

-Solo he dicho la verdad.

Hablamos un rato más de estrategias y posibles alianzas y después nos mandaron a la cama.

Me estiré en la cómoda cama y suspiré de gusto. No creía que hubiese estado nunca en un lugar tan cómodo.

Cuando me aseé y salí hacia el vagón restaurante, vi a Jason trasteando con un teléfono.

-Madrugador por lo que veo. -Me dijo bajando el móvil.

-¿Tienes hambre? -Me preguntó.

-Realmente sí. -Contesté.

-Me puso una especie de rebanadas de carne en un plato y me lo tendió.

-G gracias. -Murmuré. -Habría cogido podría yo...

-No voy a perder las manos por servirte de comer, Zachary. Ahora come. Estás muy delgado.

Cogí con recelo un trozo de la carne y al probarlo sentí como los ángeles celestiales y las estrellas convergían en mi boca y cantaban odas al sabor. Me pregunté si Matthew había probado esta delicia.

Si dios existía, decidí, estaba seguro que comía esto a diario.

Estoy seguro de que gimo de gusto y todo y por una vez no me importa ser expresivo con esas cosas.

-Eso se llama tocino. -Me dijo Jason.

-Pues creo solo que venceré por seguir esto comiendo toda mi vida. ¿Cómo he podido tiempo tanto vivir sin esto?

-Me pasó lo mismo con las fresas. -Admitió el hombre de pelo color chocolate. -Amo las fresas.

-Aquí donde ves a Jason, antes era un chico muy serio que parecía estar enfadado con todo el mundo. -Dijo Beetee. -Pero desde que ganó y encontró pareja, está más soportable.

Green bufó pero no negó sus palabras.

-¡Qué asco! ¿Qué es esto? -Dinah escupe el tocino en una servilleta y da grandes tragos de zumo.

Creo que me caerá mal. ¿A quién no le iba a gustar el tocino? Había gente rara. Pero si ella tenía dinero, ¿cómo era que nunca había probado esta delicia?

Tal vez su madre se alimentaba de cereales y por consecuencia, ella también.

Por el rabillo del ojo veo el juego de animales al que está jugando Jason. Sonrío porque sé que ese lo diseñó Alix.


Logan Lynch - trece años - distrito once - cosechado.


Me siento satisfecho tras el desayuno y me tumbo en un sofá como si fuera un gato saciado. Anoche también comí bastante y hoy tampoco me he privado de hacerlo. Hay que disfrutar de las cosas cuando vienen.

Dirk, el único mentor del distrito, (Hubo otra antes que él pero se suicidó,) ha decidido esperar a hoy para abordar las posibles estrategias y lo que podríamos hacer en entrenamientos.

-Vosotros sabéis ya sobre plantas y frutos pero siempre es bueno repasar conocimientos. Las plantas que aparezcan en la estación de entrenamiento, dan una pista de lo que puede haber en la arena. Y nunca viene mal saber cuales son venenosas. Muffy, no me mires así. Todos sabemos de que tratan los juegos. -Suspiró.

Yo me acomodé mejor para poder escucharle bien.

-No sé aún si os quiero o no aliados pero eso no importa...

-Yo no quiero estar aliada con Lynch. No te ofendas pero eres demasiado poca cosa como para sobrevivir mucho tiempo y yo necesito a alguien útil.

-No me ofendes. -Respondí. -Lo cierto es que tampoco quiero ir contigo. Con tu actitud dudo que consigamos patrocinadores y yo sé como hacerme querer.

-No aliados entonces. -Dirk volvió a suspirar. -Pues bien. Podríais aprender el manejo del cuchillo y algunas técnicas de supervivencia.

-No me hacen falta tus consejos estúpidos. Iré por mi cuenta.

-Muffy, cállate, hay gente aquí que quiere atender. -Gruño.

-Estás perdiendo el tiempo. Vas a morir igual.

-No te las des de arrogante, querida, a lo mejor la que mueres eres tú. Porque ¿cómo lo harás sin mentor? Sin mentor no hay patrocinadores y yo no pienso hacer más de lo que me corresponde. -El escolta estaba sentado recatadamente en un sillón azul.

-Tú calla, Freak. -Murmuró.

Pero durante la hora siguiente le presta atención al mentor.


Salomé Noon - dieciocho años - distrito cinco - cosechada.


Estamos a punto de llegar al Capitolio y estoy emocionada. Ayer James estuvo muy triste debido a que salí cosechada, pero supe como ponerle contento. Nos fuimos a la cama después de que terminaran las cosechas y no salimos hasta el mediodía.

Estaba agotada pero no me quejaba. James sabía como derretir a una mujer.

He tenido una pelea monumental con ambos vencedores del distrito o más bien con la mentora.

Lightnin Shorer nunca dice nada. Yo estaba harta de que me ignorara, a Salomé no la ignoraba nadie, y le dije que parecía retrasado y que dejara sus mierdas aparcadas porque tenía que ayudarnos a sobrevivir. Le llamé idiota y le tiré un trozo de tortilla.

Stelle Sunray me había llamado niñata ingrata y dijo que no lloraría si me mataban.

Zorra.

James había salido en mi defensa y casi llegaron a los golpes.

Amo cuando se pelea por mí. Me hace sentir importante.

Shorer parecía perdido y asustado y se había encerrado en su habitación seguramente a llorar.

Cobarde.

-¡Pues ayúdala tú! ¡Lightnin y yo no haremos nada por ella. -Había gritado la estúpida de Stelle. ¿Cómo se atrevía?

-Lo haré y ganará.

Amaba a James. Mi defensor.

-Vicent, ahora, cuando salgas del tren, deberás sonreír como si estuvieras contento de estar aquí. ¿Comprendes?

-¿Por qué no iba a querer estar aquí? Lo contrario sería absurdo. -Intervine yo.

Sunray no se dignó a contestar, pero Shorer habló para total sorpresa mía y de mi compañero.

-Porque vienes a matar y a tal vez a morir. No son vacaciones de ensueño.

Su voz era ronca y apagada.

-Tú si que vienes de vacaciones. No vas a morir.

Volvió a su habitual silencio y nadie a parte de James y yo habló hasta llegar al Capitolio.

Cuando salí del tren, cogí a James de la mano y saludé y sonreí a todo el mundo como si fueran mis amigos.

Adoraba estar allí. Si ganaba, podría tenerlo todo. Absolutamente todo.


Nota: Espero que os haya gustado. Ahora preguntas.

1. ¿Punto de vista favorito?

2. ¿Punto de vista menos favorito?

3. ¿Teorías del por qué se suicidó la mentora del 11 y por qué Lightnin está tan ausente?

4. ¿Cuál es vuestra comida favorita?

Bueno. Nos leemos en el siguiente cap con el desfile.

PD: Había pensado que para el desfile podríais elegir para vuestros tributos trajes de personajes de libros que os gusten. Si no, puedo elegirlos yo. Gracias.