Disclaimer: Los personajes y todo lo que reconozcáis le pertenecen a Suzanne Collins. Los tributos son de ls lectors al igual que algunos vencedores y la trama mía.


Capítulo 8: Comprobando al ganado. Distritos 1, - 10, - 4, - 3, - 7, - 8, - 11, - 9.


(Somos animales que se pasean entre humanos coloridos. Algunos resignados, otros molestos y los hay que desean palmaditas en la cabeza. Pero todos servimos a un mismo fin.)


Kidei Silibell, 17 años - Distrito uno - voluntario.


Me alegro de haber podido salir del tren por fin. Ha sido una experiencia espantosa que no quiero volver a repetir en mi vida.

No solía conmocionarme, pero realmente estaba un poco en shock.

Mallory y yo habíamos estado hablando sobre estrategias o más bien los mentores estaban averiguando lo que sabíamos o no hacer, y después nos habían mandado a darnos una ducha y cambiarnos para cenar y ver las cosechas.

Yo había acabado enseguida, y al abrir la puerta, había visto algo que no quería ver.

Retrocediendo, había chocado con el cuerpo ligeramente más bajo de mi mentor, el cual me condujo por una puerta y suspiró.

-Saben que no deben hacer eso ahí, pero supongo que pensaron que tardaríais menos.

-¿Pero eso es normal? -Pregunté estupefacto.

-Por desgracia, sí.

Christian Stark me da un golpecito en el brazo cuando llegamos a un enorme edificio de brillantes colores rodeado por agentes de la paz.

-¿Estás listo?

-Si te refieres a que si estoy listo para dejarme manosear por esos capitolinos, mi respuesta es no. Pero no haré ni diré nada comprometido. Sé que eso solo me perjudicaría.

Suspiré hastiado antes de bajar del coche y entrar al gran edificio.

Una mujer me lleva a una sala y me deja allí.

Estoy explorando mi entorno cuando tres personas entran.

Son dos chicos y una chica con colores demasiado llamativos para mi vista pero no hago ningún tipo de comentario por ello.

Me dicen sus nombres, los cuales olvido pronto y aprieto los dientes cuando me depilan totalmente.

-Me encanta trabajar con los profesionales. No puedo ni imaginar lo espantoso que sería hacerlo para uno de esos chicos o chicas de distritos pobres con su suciedad y su delgadez... -Dice la chica. Ella tiene una cola de gato y así es como la llamo en mi cabeza.

-Opino lo mismo. Solo de pensar en tocarlos... me dan escalofríos. ¿Y si me pegan algo? -El de la coleta verde se estremece pero ninguno deja de aplicarme cremas y diferentes productos que olvido enseguida.

Pero creo que he escuchado que uno de los productos tenía polvo de diamante o algo así. La gente de los distritos muriéndose de hambre y en el Capitolio lo desperdician todo.

Fuerzo una sonrisa y muestro mi acuerdo cuando hablan aunque no sé de que.

A veces odio al Capitolio pero la mayoría de veces pienso que mientras mi familia esté bien, a mí me da igual. Es un pensamiento egoísta, pero nadie es un santo y pensar en el bienestar de mis seres queridos, no es nada comparado con lo que me veré obligado a hacer dentro de unos días.

-Este año están de moda los libros de fantasía y cada uno de vosotros irá vestido de un personaje. -Dice Peloverde.

El tipo había tratado de cortarme el pelo, pero una mirada fulminante le había disuadido.

Peluca de brillantes me lo había lavado, planchado y ahora lo llevaba sujeto en mi nuca con una cinta dorada.

-Eres muy atractivo. -Cola de gato se relamió los labios. -Hemos acabado aquí. Solo falta que el estilista venga a ponerte elegante y sofisticado para el desfile.

Los tres gritaron y se fueron dando saltitos. Yo resoplé deseando que los entrenamientos llegaran pronto.


Rosana Halloway - diecisiete años - distrito diez - voluntaria.


Me dijeron que esperara a que mi estilista entrara y yo bufé. Estaba contenta de que los preparadores se fueran y me dejaran en paz.

La estilista entró y prometo que temí que se descompusiera ante mí.

Era una señora más vieja que el mundo y tuve miedo de que se muriera.

-Quítate la bata. -Dijo con voz increíblemente fuerte para su apariencia.

-¿Cómo dice? -Gruñí.

Había permitido que me lijaran, depilaran y me hicieran un millón de cosas más.

Doreen me lo había repetido hasta la saciedad y por mucho que me quejara, no había nada que hacer.

El maldito escolta se estaba riendo y estuve a punto de partirle los dientes de un puñetazo. Odiaba a todo el mundo de ese tren.

Un gay, un gordo amante del Capitolio, una cobarde y un capitolino gilipollas. Quería mandarlos a todos a tomar viento, pero eso solo me perjudicaría a mí.

Al menos me reí mucho cuando Gaspar Andriusin insultaba a la vaca pequeña.

Reconozco que yo también aporté mi cuota de adjetivos, pero como siempre, la bola de estiércol no nos había creído dignos de su importantísimo tiempo. En lugar de ello, se había puesto a hablar con Lev Avercorney sobre lo que podría hacer en entrenamientos.

-He dicho que te quites la bata. -La tipa fósil me miró como si fuera estúpida y cuando no me moví, fue ella misma quien me desvistió.

-Te ayudaré a ponerte tu traje. Espero que te sientas agradecida por lo que te ofrecemos. Me gustaría volver a los primeros años de los juegos donde los tributos iban atados y desnudos y podían lanzarles cosas sin que importara demasiado. Eran buenos tiempos aquellos. -Suspiró. -Ahora, incluso los ciudadanos, los de verdad, los capitolinos, hacen cosas...

-¿Se quiere callar, señora? No me importan sus batallas prehistóricas.

-¡No seas impertinente bazofia de distrito!

-¿Y por qué usted es estilista si tanto detesta a la bazofia de distrito? -Arqueé la ceja derecha. Estaba orgullosa de ese gesto. Me había costado perfeccionarlo y me salía bastante bien.

La señora simplemente se encogió de hombros y abrió una bolsa para sacar el traje.

-No voy a ponerme eso. -Aseguré.

Era un horrendo vestido verde con detalles en el cuello y mangas anchas. Odiaba los vestidos y no pensaba ponérmelo ni loca.

-Te lo pondrás, bazofia de distrito, si no quieres ir desnuda y que todo el mundo vea ese desagradable cuerpo tuyo. Tú eliges.

-Llevaré mi antigua ropa. -Espeté.

-Esa cosa innombrable la hemos quemado. Nadie al que yo haya vestido, ha estado en los últimos puestos.

-Pues anda que se lució con los disfraces de burros del año pasado. -Resoplé.

-Querida... No hables de lo que no conoces y ponte el vestido si no quieres que te deje ir desnuda. Así, dudo que consigas patrocinadores.

La verdad era que no quería llevar eso ni por asomo, pero supuse que no tenía muchas opciones. Pero oye, no iba a ponerles las cosas fáciles a los capitolinos estos que parecían cada cual más tonto. Así que suspirando y porque moría de hambre y habían traído bandejas de comida, permití que me pusieran el vestido.


Dylan Marlow - dieciocho años - distrito cuatro - cosechado.


Casi la tengo con Mags y Dorian en el tren. No comprendía como podía haber gente tan pesada en el distrito pero existían.

En el tren, enseguida, Zack Gramerye se había llevado a su hijita para charlar, cosa que me daba sinceramente lo mismo y los otros vencedores del distrito se habían centrado en mí tratando de averiguar lo que sabía y no hacer.

Trataba de calmarme porque comenzaba a ponerme nervioso encerrado entre cuatro paredes y cuando el ambiente se hizo insoportable por la dramática entrada del escolta, salí del vagón y me pegué a una ventana lo máximo que pude. Quería estar en el mar. Necesitaba estar en el mar.

Después, cuando me tranquilicé lo suficiente, fui capaz de volver con los demás y comenzó la tonta charla que supuse tendrían todos los años: La alianza profesional.

La pequeña Gramerye dijo que se unía, por supuesto y parecía tan entusiasmada que me daba rabia.

Yo, dije que ni obligado iba a unirme a los profesionales y que antes le besaba los pies a mi hermano Jasón, muchas gracias.

-Dylan... La alianza profesional te va a traer más patrocinadores y mayores... -Comenzó Clearwater.

-No me interesa. Yo solo quiero volver al mar y explorar las tierras más allá.

Sonaba a queja, lo sabía, pero el mar era mi casa.

-Ya lo sé, pero ahora estás aquí y necesitas ganar si quieres volver. Y unirte a los profesionales va a causarte menos problemas. Un 1, 2 o 4 que no se une a la alianza, es considerado un problema y proceden a cazarlo, como ellos lo llaman. Ha pasado antes y lo sabes.

-Aún así, no quiero unirme a esos idiotas que voluntarian para algo tan tonto.

Dorian lo dejó estar y menos mal que lo hizo porque mi siguiente respuesta no habría sido tan cortés.

Permito que Brent me coloque el traje a pesar de que le dije que yo podía hacerlo.

La expresión de su cara había sido tan triste y desolada, que permití que me colocara todo y pareció alegrarse.

Mi traje era flexible y de cuero con varios compartimentos para armas de plástico pero que parecían de verdad.

Los preparadores entraron y estuvieron pintándome extraños símbolos en los brazos, cuello y pecho.

Habían dicho que me dejara la chaqueta abierta y no era tan tonto como para saber el por qué.

Ya listo, me permitieron comer y me deleité en la comida capitolina.

Ya que estaba allí, ¿por qué no aprovechar lo que la vida tenía para dar?


Dinah Yuliana Lecs Elec - diecisiete años - distrito tres - cosechada.


Disfruto de mi comida todo lo que puedo porque en unos días quien sabe si siquiera podré llevarme algo a la boca. Como fruta, algo de carne y verduras.

Gillian, la persona que se supone es mi madre, siempre me ha inculcado que hay que comer sano y la carne grasienta y aceitosa como el tocino que mi compañero de distrito parece disfrutar simplemente me da náuseas.

Si he aprendido algo de Gillian, es saber como tratar a los capitolinos. Además, ver los juegos del hambre todos los años y los consejos de mi mentor, me han hecho darme cuenta de que si me muestro débil, asustada y llorosa, no voy a conseguir nada. Tengo que ser encantadora, sonriente y divertida.

Esperaba poder hacerlo porque en este momento, los nervios me podían.

Jason Green entró en ese momento en la habitación y los tres preparadores y la estilista se lanzaron hacia él con un montón de preguntas sobre su vida privada y su pareja.

Él sonreía, pero no contestaba teniendo a una de las preparadoras gimiendo literalmente como un perrito.

-Él está bien y tal vez le veáis pronto. -Contestó finalmente. -Pero hoy no soy yo el protagonista, es la preciosa Dinah. Bonito traje, por cierto.

Me ruboricé y tartamudeé un gracias.

Yo no consideraba mi traje bonito porque no lo era. Llevaba ropa como raída, partes que parecían viónicas en una de mis manos, mi cabeza y uno de mis pies, y me habían maquillado la cara como si estuviese algo sucia.

Aún así, aunque Jason hubiera dicho que hoy era mi día, los preparadores seguían preguntando y vi como cerraba las manos en puños ocultos por las mangas de su camisa.

-Creo que ya es hora de que vayamos bajando hacia los carros.

Me pregunté si no le dolía la cara de tanto fingir esa sonrisa.


Cody McClure - dieciséis años - distrito siete - cosechado.


Me ha gustado viajar en el tren con el señor Day. Me ha contado historias maravillosas mientras íbamos pasando por muchos lugares con montañas, campos y bosques. Casi podía jurar que había visto la playa.

Yo no sabía como era, pero mi abuela me había regalado un libro con imágenes y me había explicado lo que era cada una.

En el tren yo le preguntaba al señor Day por qué tenía que irme de casa, y él me dijo que había sido elegido para un juego en el que si ganaba, tendría una casa al lado de la suya pero que si me descalificaban, me llevaban a otra ciudad donde estaban los tributos que no ganaban.

Le pregunté por qué no podían ver a sus familias, y él me contestó que era porque no habían sido vencedores y vivían en otro lugar.

Eso me puso triste, pero luego me señaló un animal blanco que parecía esponjoso y me distraje.

Los preparadores hacen mucho ruido y me asustan un poco pero cuando empiezan a hablar, yo sonrío porque es divertido y ellos dicen que soy adorable y me pellizcan la cara como hacen las amigas de mi abuela.

Una señora muy amable con el pelo morado y los ojos rosas me abraza y me dice que voy a ser el chico más guapo del desfile y me ayuda a ponerme algo que parece estar hecho de hojas.

Siento cosquillas en la piel y río haciendo sonreír al señor Day, que se ha quedado conmigo.

Cuando bajamos por el ascensor, solo Lily me acompaña. Ella es la estilista y el señor Day dice que es simpática y yo le creo.

Al llegar, hay algunas personas y animales que he visto en mi libro.

-Son caballos. -Me dice Lily bajito.

Me ha colocado una espada divertida en el cinturón y me ha pedido que tenga cuidado con ella.

-¡Caballos! -Chillo y me acerco queriendo tocarlos.

Lily me muestra cual será mi carro pero paso de largo y acaricio a uno blanco y a otro dorado que hay en una carroza con un diez.

Hay un chico sentado que me mira pero no dice nada así que le saludo y le hablo de lo bonitos que son los caballos y hago preguntas que no sé si él podrá responder pero no me importa porque los caballos son muy bonitos y Lily me da azúcar para ellos y es gracioso como la cogen y la comen.

-Tse... -Escucho.

-¿Qué significa eso? ¿Quieres tocar a los caballos también?

Algunos chicos y chicas se ríen y eso me pone triste porque es lo mismo que hacían en casa.

-No les hagas caso. Me dice el chico del carro entonces. Las amebas no entienden la sutileza.

No le he entendido bien, pero sonrío porque ha sido amable conmigo.

Camino a mi carro, un chico pequeño me sonríe y me dice que también le gustan los caballos y la chica de su lado está de acuerdo.

En su carro pone 12.

Pronto, Lily me apremia para que suba a mi coche y me siente.

Me da un poco de miedo, pero los caballos marrones también son bonitos así que hago lo que ella me dice y me coloco al lado de Collie.


Anica Rosio Ying Lang - dieciséis años - distrito ocho - cosechada.


Mi estilista me ha dicho que represento a una sacerdotisa de no sé que libro pero no me entero de cual. Parezco simplemente una lunática o algo parecido pero no lo digo.

Mientras estábamos esperando a que bajaran todos los tributos, el chico del distrito nueve no dejaba de mirarme fijamente como si fuera algo sacado de una pintura o algo así.

Tenía la boca y los ojos bien abiertos y apuesto que si pudiera, se habría acercado.

Le veía mover los labios como si murmurara algo, y después se dibujó una cruz sobre el corazón.

¿Qué le pasaría? Me cuestioné si nos habían encerrado en esta nave gigante con un loco.

Entre él y el tipo grande del siete que se comportaba como un niño, no sabía que podía esperar.

Y... Estaba también el chico gordo. La verdad era que a mí no me importaba si era gordo o no, pero nunca había visto a un gordo en los juegos del hambre y me impresioné, lo admito.

La única persona rellenita que había visto, era el presidente pero Thomas algo, era inmenso.

Comenzamos a movernos y mi distracción se disipa mientras miro a mi alrededor todo lo que puedo pero solo veo gente y más gente de colores.

En el distrito 1, van vestidos como una especie de príncipes. O al menos ella parece una princesa.

-¡Jasmín! ¡Aladín! Escucho gritar a lo lejos.

En el distrito 2... Realmente no sé de qué van disfrazados. Van de negro con vestidos y un palo. Pero el chico da miedo. Tiene una máscara blanca que asemeja una serpiente sin labios, ojos rasgados y la nariz como dos rendijas. Aterrador.

-¡Bellatrix! ¡Voldemort! -Grita la gente.

Los del distrito tres me parecen divertidos. No sé lo que son, pero el Capitolio sí y gritan:

-Klaus! ¡Cinder!

Espero que no nos lancen cosas como ocurre con los tributos del uno, dos y cuatro.

Hablando de ellos, los del distrito marítimo visten ropas de cuero y parecen llevar montones de armas de plástico que enseñan orgullosos.

-¡Izzi! ¡Will! -Berrean los coloridos antes de corear sus nombres reales.

Me encanta el traje de la chica del cinco. Es un vestido precioso y sus zapatos parecen de cristal. El chico va vestido con una ropa muy extraña en la que no me fijo demasiado porque el vestido de Noon me llama más la atención.

-¡Cenicienta! ¡Quentin! ¡Salomé! ¡Vicent! -Chillan.

Creo que mis oídos explotarán.

La chica del distrito 6 lleva un traje luminoso que reza:

(EL COCHE FANTÁSTICO.) Y por dios que parece como si llevase un coche encima

El Capitolio se vuelve loco y cuando se fijan en el chico, los aplausos aumentan.

-¡Loki! ¡Loki!

Parece que vayan a quedarse roncos.

La chica del distrito 7 parece cabreada y por un segundo, es como si fuera a tirar de vuelta un conejo de peluche que alguien le ha lanzado pero se limita a estrujarlo y se lo da a su contento compañero que saluda y sonríe provocando que las mujeres y algunos hombres griten cosas como:

-¡Wendy y Peter! ¡Qué tiernos!

Creo que el chico sería feliz rodeado de animales de felpa.

Ahora nos toca a nosotros.

Raffia y yo estamos serios pero él saluda y trata de sonreír de vez en cuando pero sé que su padre le preocupa.

-¡Stannish! ¡Melisandre! -Gritan los capitolinos a nuestro paso.

No me gustan nada los discursos del presidente, pero por dios que preferiría escucharlos antes que a estos tipos que reventarán mis tímpanos.


Muffy Hopkins - dieciséis años - distrito once - cosechada.


Sé que fui muy grosera con Logan, pero esa era mi forma de ser y le gustara a quien le gustase, fui sincera.

No es que yo tuviese muchas posibilidades de sobrevivir, pero él era pequeño y los pequeños nunca habían ganado los juegos. No odiaba a Logan, pero me aterrorizaba encariñarme y después salir escaldada como cuando mi mejor amiga murió o mis padres...

Parpadeé para no llorar y me centré en el desfile.

Esto era algo seguro y tangible y no haría que me perdiera en la desesperación.

La pequeñita del distrito 9, abraza un oso de peluche con las mejillas sonrojadas. El chico, por otro lado, parece furioso e indignado.

-¡Lucy! ¡Aslan! ¡Queremos ir a Narnia! -Chillan unas adolescentes queriendo tocarlos.

En el distrito 10 van vestidos con trajes que parecen antiguos y sus orejas son puntiagudas.

-¡Arwen! ¡Légolas! -Un chico demasiado entusiasta trata de acercarse, pero una señora se lo impide.

Nosotros también recibimos gritos de júbilo y gritan lo que supongo que son los trajes que representamos.

-¡Oliver! ¡Enebro!

Así que así se llamaba la cosa árbol de la que yo iba vestida.

No puedo ver a los del doce, pero los vi antes de salir.

El chico parecía un pequeño minero y ella no lo sé bien. Pero consiguen los mayores gritos del doce en mucho tiempo.

-¡Una Hobbit! ¡Y un enanito de Blanca Nieves! ¡Os amamos Karen y Selim!

Por fin, llegamos a la gran plaza y el presidente desde su gran balcón da el discurso de bienvenida.

Dice que deberíamos estar agradecidos, que estar aquí es un honor, y otras muchas cosas que ignoro porque me aburro y jugueteo con un osito que me habían lanzado y que no había visto hasta que miré entre los asientos de Logan y mío.


Eliseos Merrych - diecisiete años - distrito nueve - cosechado.


Estoy más que indignado. Estoy furioso.

Me han vestido de animal. ¡A mí! ¿Cómo podía ser eso posible? ¡Yo! ¡Un animal! ¡No era ni seré ningún animal!

Estos capitolinos estaban locos y cuando los dioses los reclamaran, harían justicia.

En el desfile, no pude apartar los ojos de la chica del distrito 8. Ella era la diosa. Estaba seguro. Sus vestimentas eran similares a las que llevaría la diosa en su renacimiento y solo eso, bastaba para aplacar en algo mi indignación. Pero no lo suficiente.

Y para colmo de males, debía llevar esta cosa incluso durante la noche.

Darían la fiesta de la paz.

Allí, según me había dicho Natalie, se conocían tanto tributos como mentores y a veces podía surgir el amor.

Pensé que era una estupidez y se lo dije.

-Mira si no al vencedor del 1 y al del 10. ¿Dónde crees que se conocieron?

La ignoré distraído con mis cosas y antes de llegar a la fiesta, susurré mis oraciones y seguí a Natalie.

Al ver un perro, mis ánimos cambiaron. Eran animales sagrados y si estaba allí, debía ser por algo.

El animal se dejaba acariciar y comió lo que le di.

-Hola chico del 9. ¿Qué haces con Tobi?

-Alimentarlo, por supuesto. -Respondí. -Los perros son sagrados y merecen la mejor de las atenciones. Si no, los dioses no me permitirán visitar los cinco cielos y seré un alma vagabunda sin lugar y sin propósito.

-¿Qué? ¿Darle de comer a mi perro te llevará al cielo? -Madara Greyarm parecía escéptico.

-No solo darle de comer. También cumplo rigurosamente mis horarios de rezo y las pautas de comida.

El vencedor rió con fuerza pero no me impidió orbitar alrededor de su perro.


Nota: No he sido buena en las descripciones y lo lamento. Soy pésima para esas cosas pero voy a nombrar los personajes en los que está basado cada tributo.


Mallory: La princesa Jasmín.

Kidei: Aladín.

Mileena: Bellatrix Lestrange.

Connor: Voldemort.

Dinah: Cinder Lynn.

Zachary: Klaus Baudelaire.

Porpentina: Izzi Lightwood.

Dylan: Will Herondale.

Salomé: La cenicienta.

Vicent: Quentin Coldwater.

Sarah: Coche fantástico.

Mykolas: Loki.

Collie: Wendy.

Coddy: Peter Pan.

Anica: Melisandre, la sacerdotisa.

Raffia: Stannis Baratheon.

Roxanne: Lucy Pevensie.

Eliseos: Aslan.

Rosana: Arwen.

Thomas: Légolas.

Logan: Oliver Twist.

Muffy: Enebro.

Karen: Chica Hobbit.

Selim: Enanito de blanca nieves.


Y ahora, las preguntas.

1. ¿Punto de vista favorito?

2. ¿Punto de vista menos favorito?

3. ¿Traje que más te ha gustado?

4. ¿Qué te gustaría llevar en un desfile?


Espero que os haya gustado y nos leemos en la próxima.

PD: Gracias Soly por tus ideas.