Disclaimer: Todo lo que reconozcáis le pertenece a Suzanne Collins. Los tributos y algún vencedor son de ls lectors. La trama es de una servidora.
Capítulo 09. Vámonos de fiesta. Distritos: 7, - 8, - 4, - 10, - 1, - 12, - 6, - 5.
(Brindemos, pues, porque vamos a morir.)
Collie Rush - diecisiete años - distrito siete - cosechada.
Juré para mis adentros por milésima vez cuando la Bruja Blanca me presenta a otro de aquellos funcionarios capitolinos ricos que pueden entrar a la fiesta.
La entrada es exclusiva y no puede entrar todo el mundo, pero de todos modos, hay mucha gente que habla con nosotros como si fuésemos animalitos o niños pequeños a los que hay que dar una golosina.
He perdido la cuenta de cuantas personas he conocido ya, sin embargo La Bruja Blanca no parece que vaya a detenerse pronto.
Le había pedido a mi mentora si podía quedarme en la habitación, pero no hubo manera de que hiciera aquello.
-Asistencia obligatoria, Collie. -Había dicho con su voz melosa y dulce. Me daba rabia. Habría preferido a Kevin Day, pero él había dicho desde el primer momento que ayudaría a Coddy y pude ver el por qué cuando estuvimos en marcha una hora después. Se cohibía mucho con desconocidos y le asustaba quedarse solo.
¿Cómo podían mandar a alguien con ese tipo de problemas a los juegos?
Era espantoso que nos mandaran a nosotros, pero él no pensaba como alguien de su edad. Su mente era como la de un niño pequeño y eso había quedado demostrado cuando me señalaba lo que veía y gritaba:
-¡Mira Collie! ¡Una oveja! ¡El señor Day dice que es una oveja! ¿La has visto?
Jadis había soltado una risa ahogada, pero la mirada fulminante de todos nosotros la había disuadido de decir algo sobre Coddy.
-Mira Collie. Él se llama Manicure Lonfellow. Es el tío de uno de los vigilantes de los juegos. -La escolta parecía encantada y noté que su sonrisa y su mirada cambiaban cuando le alababa y le llenaba de elogios.
Casi me dieron ganas de vomitar.
La Bruja estaba enamorado de ese tipo pomposo.
-Y tengo un negocio de uñas. Pero utilizamos Queratina real. No esa guarrería barata que usan los idiotas de Uñasfabulosas SL. Me dan asco.
-¿Escuchas eso, Collie? Manicure es un auténtico empresario.
-¿Y a mí qué me importan las uñas ajenas? -Pensé.
Vi a una capitolina con un enorme broche en forma de flor, muy feo para mi gusto, pero me dieron ganas de quitárselo. No era por robar ni nada así, pero coger algo de un capitolino era un desafío mayor que incluso recuperar la pelota de Fin de casa del alcalde.
-Contente Collie. Solo asiente y finge que eres tonta para que el tipo de nombre afeminado te deje en paz.
-Estoy totalmente de acuerdo con usted, señor. Si tuviera la oportunidad, le aseguro que nunca acudiría a Uñasfabulosas SL. Se nota a la legua que usted tiene estilo y clase de verdad.
-Mamá, prometo que me lavaré la boca con jabón en cuanto pueda. -Prometí en mi mente.
El tipo se largó a conocer a otro tributo y Jadis me llevó a conocer a más personas.
Cuando la escolta se distrajo con una capitolina con la piel color zanahoria, yo me escabullí discretamente y me paseé por el salón.
-¡Collie! ¡Collie! -El grito de Coddy me sobresaltó.
-¿Qué ocurre? -Pregunté.
-Perdón. -Dijo con tono arrepentido. -La abuela dice que no tengo que gritar, pero...
-No pasa nada, Coddy. ¿Por qué me has llamado?
Hablar con mi compañero al menos me evitaría tener que conocer a más idiotas pretenciosos y además, Coddy era un buen chico y muy risueño. Era como un punto de alegría en este panorama tan sombrío.
-He conocido al chico que se desmayó por la tele. ¿Te acuerdas? Pero me ha dicho que no le llame chico que se desmayó. Que se llama Zachary. Es muy simpático y Selim y Karen del distrito 12 también lo son. ¿Sabes que Karen también tiene un hermano? ¿Y Selim también. Yo echo mucho de menos al mío, pero tengo el águila que me regaló. -Cuando toma aire para respirar, aprovecho para ocultarme tras él cuando Jadis pasa cerca.
-¿Tienes hermanos? -Me pregunta.
De repente, su mente se distrae y tira de mi mano con insistencia.
Comprendo su urgencia cuando veo lo que él. Hay un perro negro en la sala y el chico del 9 le está dando de comer.
Choco sin querer con alguien y cuando la persona se gira, veo que es la chica profesional del distrito 2.
-¿Es que no miras por donde vas? -Me espeta.
Abro la boca para responder, pero por el rabillo del ojo veo que Kevin Day niega con la cabeza y se pone un dedo en los labios.
Obedezco, solo porque aquí, a la vista de todos, contestarla y encararme con ella no va a traerme más que problemas y si bien en el distrito no los evito, aquí no es lo mismo y tengo que medir cada acción para conseguir patrocinadores.
Odio los juegos del hambre pero quiero volver a casa.
Y hay más formas de hacerla pagar su arrebato.
Raffia D'abito - diecisiete años - distrito ocho - cosechado.
Mi mentora se ha puesto a beber nada más llegar a la fiesta así que Lucy junto con el escolta, se ha ocupado de presentarnos a gente tanto a Anica como a mí.
Me resulta algo abrumador conocer a tantas personas, pero Lucy recalca que esto es importante y que las buenas impresiones son fundamentales para conseguir patrocinadores.
-Claro que una buena nota también influye durante las pruebas, pero todo hace forma un conjunto.
Los capitolinos suelen patrocinar a los que sacan buenas notas, pero si alguien tiene una nota alta y se comporta de modo grosero, los patrocinadores escasean.
Es la tercera vez que Lucy tiene que apartarme de una capitolina demasiado entusiasta que quería tocarme por llevar el traje de su personaje favorito y menos mal que lo había hecho, porque yo no habría sabido lidiar con ello.
Cuando me doy cuenta, Anica se ha marchado y al cabo de un rato la vi hablando con el chico del distrito 9.
Ella es una buena chica y anoche en el tren, la escuché llorar. No quise hacerlo pero me costó muchísimo dormir porque no podía dejar de pensar en papá solo en casa.
-Vamos a brindar, Raffia. -Canturrea Jenny, mi mentora.
-No, gracias. Soy menor.
-No seas tonto. Tal vez mueras en unos días. ¿No quieres sentir lo que es la libertad del alcohol? -Ella ríe con estridencia y su aliento me llega como un camión de carga.
-¿Por qué eres tan santito? Eso es aburrido. Beber ayuda a olvidar y el olvido es bueno.
Lucy aparta a Jenny de mí, y me alejo rápidamente para que no vuelva a marearme con su aliento.
Me topo con el chico del 11 y con su mentor.
-Pareces poco perdido. -Ríe el adolescente.
-Sé donde estoy. -Murmuro.
Unas chicas me atrapan en círculo y Logan, de repente recuerdo su nombre, saluda con la mano y sonríe.
-Mejor tú que yo. -Vocaliza.
Cuando llevo un rato allí, me arrepiento de no haber aceptado brindar con Jenny. Estas chicas de mi edad son gritonas, escandalosas y no paran de competir por mi atención nombrándome los millones que tienen sus padres, sus negocios y sus aerodeslizadores.
-Mi padre tapiza muebles. -Digo yo para aportar algo y no parecer un idiota.
Pero es peor porque ahora hablan de sus caros muebles de oro, diamantes, peridotos y ágatas.
Quiero taparme los oídos pero me han enseñado a no ser grosero así que me contengo.
Porpentina (Tina) Gramerye - dieciocho años - distrito cuatro - voluntaria.
La chica del distrito y yo causamos sensación debido a que somos familiares de vencedores. Ella tiene a su hermano y yo a mi padre.
Estoy contenta porque él está orgulloso de mí y se nota cada vez que hablamos con algún capitolino.
-¡Dos Grameryes juntos! ¡Es tan emocionante! -Un hombre nos saluda y me abraza cosa que me incomoda un montón.
Trato de no mancharle con el refresco y el sandwich que llevo en las manos y cuando el colorido señor se da cuenta, se deshace en disculpas e incluso cuando termino mi zumo de arándanos, se ofrece a traerme otro.
-Es usted un caballero. -Le digo sonriente.
-Solo soy alguien normal. Un hombre que se precie, no puede considerarse tal, si ignora a tan bella dama. -Besa mi mano y veo como mi padre aprieta la mandíbula cuando nadie mira.
-Discúlpenos. Debemos concretar la alianza, ya sabe. -Interviene mirando al capitolino con algo parecido a una disculpa a la vez que señala con la cabeza a los tributos del distrito 2.
-Oh, por supuesto, por supuesto. Lamento haberla entretenido, bella dama. Mis disculpas para usted también, Señor Gramerye.
Mientras nos alejamos, me percato de que las disculpas a mi padre han sonado más forzadas.
Me detengo a mitad de camino y no puedo evitar fijarme que a una de las capitolinas se le ve el tanga de brillantes.
Toco su hombro y se lo digo.
Tarde, recuerdo que mi tío Magno me pidió que no dijera ese tipo de cosas pero no puedo retractarme.
Mi padre palidece y la mujer capitolina sonríe al fin.
-Ella es una de las vigilantes. -Me susurra papá.
-¿Te has dado cuenta? Gracias a dios que alguien lo ha hecho. -Dice la estrambótica mujer. -Llevo tiempo queriendo que alguien se fije. No es que yo sea una descocada, pero es que este diseño es fabuloso y tenía que mostrarlo. ¿Ves cómo las piedrecitas forman espirales y pequeñas flores?
Varias mujeres se acercan a ella pidiendo detalles y hasta yo me doy cuenta de que la conversación se ha vuelto inverosímil.
-No es un tanga de verdad. -Ríe la mujer finalmente. Es un diseño que va por encima de unas medias que combinan con mi piel.
Mi padre me coge del hombro y me lleva hacia donde ya se han unido ambos del distrito 1. Y a pesar de la insistencia de Dorian y Mags, Dylan no se ha unido a los profesionales por el momento. Espero que cambie de opinión porque es un chico fuerte y atractivo y eso les vuelve loco a los patrocinadores.
Thomas Rocheford - dieciocho años - distrito diez - cosechado.
El viaje en tren ha sido divertido. La ameba de mi distrito y el cutre caballo mal disfrazado, han tratado de obtener mi atención con insultos burdos e infantiles y como yo los ignoraba, ellos se enfadaban más causando mi risa interior.
No me molesta que se metan con mi aspecto físico y es preferible que me comparen con una vaca a una ameba.
Las vacas son tontas, pero aguantan lo indecible cuando tienen que ser cuidadas y manoseadas por plebeyos. No sé como pueden aguantarlo.
Estoy sentado a una mesa comiendo distintos canapés, cuando se me ha acercado una capitolina más delgada que la chica del distrito 6 y se ha puesto a comer.
Me parece muy extraño estar comiendo cerca de alguien que no sean Sunny o mi familia.
Sunny estaría leyendo cualquier libro que yo le haya prestado, y Edward no me dejaría comer en paz explicándome paso por paso como matan a un cerdo o una vaca para que yo pueda comérmelo todo después.
Entonces, Sunny levantaría la vista del libro y le explicaría a mi hermano todas las enfermedades de transmisión sexual que podría coger por acostarse con cualquiera.
Eso fue divertido porque durante dos semanas, mi hermano se largaba de cualquier sala donde estuviésemos Sunny y yo.
Es la única del distrito a la que considero digna de mi compañía.
El perfume fuerte de la mujer y su ropa brillante me causan daño a los sentidos y tuve ganas de maldecir igual que los piojosos que trabajan para mi padre.
-¿Estáis compitiendo para ver quién come más? -Conozco esa irritante voz de sobra.
Maldito Andriusin.
-Gaspar, es de mala educación interrumpir a las personas mientras comen. Así que, si no tienes nada mejor que hacer, te agradecería que te largaras. Tu sobriedad al vestir daña mis sensibles retinas.
El escolta parece impactado y retrocede cómicamente cuando la mujer termina de hablar.
-Lady Nerisa... Yo...
-¡Largo!
El escolta se va murmurando algo y si no odiara todo lo que representan los juegos, incluso me dignaría a hablar a esta mujer.
Gaspar, por otro lado, trata de molestar a Halloway, pero ella pasa de su persona.
En el tren, ya cuando llegábamos al Capitolio, la ameba piojosa le dijo al escolta que se muriera y él contestó con una sonrisa que seguro que antes que ella no.
Mi mentor, Lev Avercowney, estuvo a punto de pegarle un puñetazo pero Doreen le retuvo.
-Si le das, te arriesgas a que te haga este tiempo imposible y te molestará cada vez que estés con Stark. -Le dijo cuando Andriusin se hubo ido.
-Eso no quita que quiera arrancarle la garganta por hijo de puta.
Salgo de mis pensamientos cuando la mujer se va y alguien ocupa su sitio.
Es el chico del distrito 7.
-Ese señor estaba diciendo que eras una vaca humana y que quería verte abierto como un cerdito. -Explicó. -¿Has visto alguna vez un cerdo abierto?
Siguió divagando consigo mismo sobre los cerdos y haciendo preguntas sobre si mordían, si eran rosas de verdad y sobre otras cosas que no escuché.
Me daba igual todo el mundo e incluso los consideraba inferiores a todos, porque lo eran, pero no soy un desalmado para echarlo.
Solo bastará con que lo ignore y punto.
-Pues cuando dijo eso, le tiré mi bebida por la espalda. No se ha dado cuenta aún y todo el mundo se está riendo. Pero ¿no le dirás nada, verdad? La abuela dice que esas cosas no se hacen, y ella es la persona más lista del mundo pero ese señor es malo y su disfraz de caballo es feo.
-Tse...
-¿Quieres que te deje solo? Mamá dice que si alguien no quiere hablar, hay que dejarlo solo.
Se levantó, cogió un canapé de cangrejo y se alejó en dirección a su mentor.
Dentro de lo malo, era afortunado porque al menos, nadie había puesto sus inmundas manos sobre mí como estaba pasando con el Caralimón, el que parece un espantapájaros y con el tipo del 8 que tenía ya las ropas rasgadas.
Si alguien se me acercaba, vería.
Mallory Valdi - dieciocho años - Distrito uno - voluntaria.
La fiesta del Capitolio estaba siendo entretenida. Había gente borracha, personas besándose e incluso había dos que parecían querer quitarse la ropa mutuamente.
-Bienvenidos al Capitolio. Ciudad del placer y el desenfreno. -Murmura la chica del distrito 7 pasando por mi lado.
Me gustan las fiestas, no lo niego, pero aquí hay niños pequeños y las personas simplemente no deberían andar frotándose a la vista de todos.
Ojalá que algunos agentes de la paz vinieran y se llevaran a estas personas porque daban vergüenza ajena.
Algunos de mis compañeros solían llamarme Mamá Gallina, pero es que era de sentido común no querer que por ejemplo la pequeña Roxanne viera a una mujer tratando de quitarle el vestido a otra.
Diamond Smootie, el vencedor más reciente tanto de mi distrito como en general, está mirando a un escolta que grita y se quita la camiseta al descubrir que está manchada. Todos la estábamos viendo desde hacía un rato bien grande y roja contrastando con el blanco.
-No entiendo como Christian se desenvuelve tan bien en estas fiestas. Se queja a mi lado. Yo quiero aplastarles las cabezas a todos.
Después, cuando se aleja, nos reunimos todos los profesionales para decidir quien será líder.
-¿Entonces Marlow no va a unírsenos? -Pregunta el chico grande del distrito 2.
-No. -Responde Gramerye. -No le gustamos mucho, creo. -Se encoge de hombros.
Connor frunce el ceño durante varios segundos.
-Pensaré en algo.
-¿Alguien tiene alguna propuesta para ser líder? -Interviene Penrhyn.
-Voy a serlo yo. -Responde su compañero como si la respuesta fuera obvia.
-¿-¿Y eso lo has decidido solo tú?
-Mileena... No hace falta que votemos cuando claramente yo soy el más indicado y el mejor cualificado. Tú eres impulsiva, infantil y a veces te puede el temperamento.
-Yo voto por el guapo chico grande. -Dice Gramerye.
Connor se sonroja por un momento antes de sonreír.
Mi compañero también vota por él y yo hago lo mismo. Es grande y no parece un descerebrado. Aunque pediré una especie de prueba.
Con eso decidido, hablamos de lo que sabemos hacer cada uno mientras comemos pequeños aperitivos y bebemos refrescos de colores.
Por lo que puedo escuchar, somos un equipo bastante completo y me siento satisfecha.
Sin embargo, noto que Connor continúa lanzando miradas ceñudas al chico del 4.
Selim Nowak, 15 años - Distrito doce - voluntario.
No he podido dejar de pensar en mi hermano y a medida que pasan las horas, le echo más y más de menos.
Siento un vacío en el pecho y creo saber por qué.
Siempre hemos estado juntos desde que fuimos gestados hasta hace un par de días en los que él salió cosechado y yo me presenté por él.
No podía verlo enfermo por la televisión, tratando de correr y ahogándose por su propia tos. Que la gente me llamara lo que quisiera, pero mi hermano no iría a los juegos si yo podía evitarlo.
Yo no era un buen luchador ni sabía nada más que sobre plantas y minas, pero al menos no tenía los pulmones tan dañados como Miles y podría correr.
Mi mentor me ha sugerido que me centre en las cosas buenas y que disfrute todo lo que pueda y aunque lo intento, no lo consigo del todo. Me falta mi hermano y no puedo estar seguro de que esté bien cuidado.
¿Y si se ahogaba por la noche? ¿Y si volvía a sangrar? ¿Y si estaba solo y nadie le escuchaba toser? Eran muchas preguntas que bombardeaban mi cabeza y no era capaz de detenerlas.
Normalmente yo no era así de lúgubre, pero no podía sonreír sin saber como estaba Miles.
-¡Tienes que probar esto! -Grita Karen tendiéndome un vaso transparente.
Sonrío un poco y bebo.
-¿Qué es esta delicia? -Gimo.
-Zumo de fresa y mango.
La voz que contesta es profunda y grave y tengo que echar la cabeza hacia atrás para poder verle la cara.
Ríe al ver mi cara sorprendida, pero yo creía que los vencedores no le dirigían la palabra a miembros de otros distritos.
Nos dedica un saludo a Karen y a mí, y se marcha a atender a la persona que le llama.
-Juguemos a un juego, Lim. -Propone Karen sentándose a mi lado. -Es algo a lo que juego con mis mejores amigas.
La escucho atento e interesado.
-Elegimos a una persona, y por su apariencia, como viste, la expresión de su cara, la postura de su cuerpo... Tenemos que tratar de averiguar cómo es su vida.
-De acuerdo. -Digo.
Y comenzamos a inventarnos la vida de un hombre con la piel verde y cuernos de carnero.
Sarah Landers, 17 años - Distrito seis - cosechada.
Hace tiempo que algunos tributos entre las que me incluyo, hemos perdido parte de nuestros trajes.
Los capitolinos, ya algo alegres debido a la bebida, nos pedían algo de nuestras ropas.
Yo le di mi casco-coche a un chico de pelo azul, el del distrito 9 le entregó enseguida su cabeza de león a una adolescente con la piel amarilla brillante, el del dos le dio su máscara a una mujer con garras de gato y así.
Mykolas no había querido deshacerse de su traje, e incluso les había pedido a los capitolinos partes de otros trajes para armarse el suyo propio como había hecho también Logan Lynch.
Ambos estaban dando un espectáculo muy divertido utilizando partes de otros trajes e incluso accesorios capitolinos como una boa de plumas, un sombrero con frutas y la peluca de la escolta del distrito 12.
Tirah Grey, estaba agarrándose el estómago por lo mucho que se reía y uno de los vencedores del distrito 3 estaba tomándoles fotos con un teléfono móvil.
Los capitolinos se amontonaban a su alrededor exigiéndole que les enviara las fotos y prometiendo que patrocinarían a los chicos más divertidos del mundo.
Yo me mantuve en un segundo plano solo observando.
Al menos, pensé, si no sobrevivían, serían recordados.
Vicent Stuard - dieciséis años - distrito cinco - voluntario.
Llegamos al gran edificio que sería el lugar donde pasaríamos los próximos días.
El desfile no había estado nada mal, sobre todo por los variopintos carros y trajes.
No sabría cual me habría llamado más la atención. Cada uno era increíble a su manera.
La fiesta también había estado genial y agradecí que se acabara porque estaba agotadísimo.
Habían llegado un montón de agentes de la paz para escoltar fuera a las personas sin que hubiese incidentes.
Mi compañera de distrito era insoportable. Lo decidí en cuanto la escuché quejarse por y de todo.
En este momento, estaba besuqueándose con el escolta sin importarles los demás que estábamos allí.
Se creía mejor que yo solo porque trabajaba de bailarina en una compañía y había viajado por los mejores distritos y había acudido a fiestas.
Fui a mi habitación a darme una ducha y lo que vi al entrar me puso los pelos de punta.
Reconozco que estuve a punto de gritar pero me contuve.
Ella estaba allí. Más bonita de lo que la recordaba incluso aunque lleve ese uniforme de sirvienta.
Debía estar alucinando. Eso debía ser. La bebida verde que Myko me había dado, tenía alcohol aunque él aseguraba que no era así. Tenía que ser, porque lo que estaba viendo no tenía sentido para mí. No podía hilar dos pensamientos juntos y todo mi cuerpo se sentía pesado e inestable.
Parpadeé varias veces e incluso cerré los ojos pero al abrirlos, ella seguía allí.
Ambos nos miramos como si hubiésemos visto un fantasma y retrocedimos un paso.
-T tú... -Dije con voz ronca.
Shireen siguió mirándome en silencio.
después, se dio golpecitos en la garganta con el dedo índice y negó con la cabeza.
-¿N no hablas? -Pregunté en un susurro.
Volvió a negar.
-Dime, ¿estoy alucinando? -Mi voz sonaba temblorosa incluso para mis oídos.
Shireen negó otra vez.
-Eso es justo lo que diría una alucinación. -Musité.
Ella hizo un sonido ahogado y vi que se estaba riendo.
Me senté en la cama de repente demasiado consciente de mi alrededor y metí mi cara entre las manos.
-¡Avox! ¿Dónde se ha metido la dichosa sirviente?
La voz de Noon perforaba mis tímpanos y en ese momento, la detesté más que nunca.
Mi mejor amiga se disculpó con la mirada y fue a atenderla.
-¿Pero quién te crees que eres? ¿Una señoritinga? No eres más que una niñata de distrito. -Dije cuando estaba solo. Los aires de grandeza de Salomé me daban dolor de cabeza y me producían ira.
Aproveché para ducharme y cambiarme de ropa pero cuando volví a la habitación, Sireen no había vuelto y aunque traté de esperarla, caí dormido casi de inmediato aunque traté de aguantar.
Nota: Y aquí otro genial capítulo. Lamento haber tardado tantísimo en actualizar.
El siguiente ya es de entrenamientos.
Vamos con las preguntas:
1. ¿Punto de vista favorito?
2. ¿Punto de vista menos apreciado?
3. ¿Quién creéis que podría haberse emborrachado?
4. ¿Qué es lo más bizarro que os ha ocurrido en una fiesta?
Nos leemos otro día.
Saludos.
