Disclaimer: El universo le pertenece a Suzanne Collins. Los tributos a ls lectors y el desarrollo de la historia a una servidora en parte.

No obtengo beneficio económico al escribir esto.


Capítulo 11. Continúan los entrenamientos. Distritos: 5, - 12, - 2, - 9, - 6, - 10, - 4, - 8.


"Nos entrenan cual perros de presa listos para la pelea."


Vicent Stuard - dieciséis años - distrito cinco - cosechado.


Estoy algo entristecido porque la noche de la fiesta aluciné y vi lo que quise. Me pareció que tenía a mi mejor amiga cerca, pero creo que no fue así.

Por la mañana, había una avox mayor que no era Shireen. Me dije a mí mismo que estaría descansando así que fui a entrenar.

Estuve leyendo, después hice algo de ejercicio por recomendación de Lightnin y más tarde traté de hacer una hoguera.

Fui realmente bueno en eso, aunque la primera vez estuve frotando piedras durante media hora sin que nada pasara.

Pues bien. En cuanto pudimos volver a nuestras habitaciones, me di prisa para ver si Shireen estaba allí pero de nuevo, estaba la misma mujer mayor.

Y esta mañana, mientras tomo el desayuno, es la mujer mayor de nuevo.

No me atrevo a preguntarle a nadie porque no quiero que piensen que la conozco y utilicen ese conocimiento de alguna manera. Desde que ella se fue, desconfío de todo el mundo.

Desayuno huevos con bacon, tostadas y zumo de naranja.

Anoche estuve hablando con algunos mentores. -Dijo Lightnin.

Todos nos sorprendimos de que hablara, porque no solía hacerlo y cuando lo hacía, era para hacer algún tipo de comentario pesimista. Y cuando ha hablado conmigo, estábamos a solas. La que siempre dice lo necesario es Stelle.

-Decía, que anoche estuve hablando con algunos mentores y tengo una perfecta alianza para ti. -Me señaló.

-¿Para mí? Yo no quiero aliados. -Por dentro estaba gritando en pánico.

Era de esas personas que se encariñaban rápidamente y que sufría ante las pérdidas. Me pasó con Shireen y también con los personajes de los libros. ¿Por qué en esta ocasión iba a ser diferente?

-No los quieres, pero los necesitas. No eres lo suficientemente hábil como para valerte por ti mismo y no te lo estoy diciendo como algo ofensivo, si no como una realidad.

Mi mentor tenía razón pero no quise decirlo en voz alta y verme más débil de lo que me sentía.

Noon hizo una mueca y cuando abrió la boca, Lightnin la cortó.

-Sé que te has aliado con la chica del 8 y el chico del 9. No te van a servir de mucho, la verdad y me parece a mí que con ellos no vas a durar mucho.

-Salomé es muy capaz. -Gruñe el escolta. -No necesita a nadie para destacar como él. -Me miró como si fuera algo insignificante bajo su zapato.

-Vicent es atractivo. Podría decirse que el más atractivo del distrito. Y con los aliados que le he buscado, conseguirá muchos patrocinadores. En la fiesta no se dejaba de hablar con ellos y después de los profesionales, ellos y los del distrito 7 son los favoritos.

-Es una buena elección. -Intervino Stelle. -El chico del 6 es carismático y las encuestas dicen que tiene un aire misterioso. El del 11 parece un pilluelo y a los capitolinos les encanta su sonrisa traviesa. El chico del 8 es sosegado y amable. El perfecto equilibrio y el sensato entre esos dos alborotadores. Y ahí es donde entras tú. -Me señaló.

¿Por qué todo el mundo me señala con el dedo?

-Nuestro Vicent es inteligente, dulce y tímido. Es perfecto. Van a llover los patrocinadores con la alianza. Tengo buen ojo para estas cosas.

Me sonrojé, no pude evitarlo. Siempre me ocurría eso cuando me hacían cumplidos.

-¡Eso es! ¡Así quiero que te vean cuando lleguen las entrevistas! -Gritó mi estilista. -Adorable como un cachorrito.

-Dejemos ya la cháchara. Es hora de que los chicos bajen al entrenamiento.

Noon y yo nos levantamos y nos dirigimos al ascensor pero lo cogí solo porque ella besó a su escolta.

Para gustos colores, supongo.

Casi pegué un grito al entrar al ascensor y encontrar a un mentor dentro.

-Qué hacía allí un vencedor? Sabía que su planta estaba por debajo de la mía y según los numeritos, el ascensor bajaba, no subía.

El hombre me sonrió y yo le saludé con la mano.

-No muerdo, ¿sabes?

-No estoy tan seguro de eso. -Pensé.

Cuando nos detuvimos en su piso y él salió, me pareció ver por el rabillo del ojo a Shireen.

Traté de ver mejor, pero las puertas se estaban cerrando y si las abría, sería un poco extraño.


Karen Tuck - quince años - distrito doce - cosechada.


Estoy tratando de sacar unas pequeñas semillas de un fruto rojo. Éstas vienen en una vaina, y en teoría la cosa sale sin problema pero yo la he roto sin querer debido a los nervios y a la impaciencia y ahora tengo que sacarlas del fruto si es que quiero comérmelo. La instructora ha dicho que si me como una de estas semillas, estaré paralizada. Si me como dos, muerta. Así que por eso son tan peligrosas.

El día anterior estuve aprendiendo primeros auxilios, vendar heridas y se me dio bien.

También traté de armar una trampa, pero terminé liándome en las cuerdas y tuvo que ayudarme a salir el chico del distrito 3. Zachary.

Me puse muy nerviosa al no poder lograr lo que quería, y entre Selim y él me tranquilizaron. Algunas personas se me quedaron mirando como si fuera un bicho raro, pero no les dije nada.

-Pareces un poco loca con las manos y la frente manchadas de rojo. -Me dijo Selim.

-Como la chica de hace dos años del distrito 7, aquella que...

-Sé de quien hablas, no me lo recuerdes. -Pedí.

Justamente ayer estuvimos viendo esos juegos. Fueron bastante sangrientos. Había varios locos... Y Neilan Penrhyn casi no la cuenta por culpa de la chica del 7 que le clavó un hierro por la espalda. Ella murió comida por mutos y a él lograron salvarlo.

El vencedor dijo que si hubiese pasado más tiempo, el año 28 habría quedado sin vencedor.

Y ahora la hermana está maquí, dispuesta a ganar.

-No voy a seguir con esto. -Me levanto y voy al baño a quitarme el jugo del fruto de la piel.

Cuando entro, Selim y Zachary están en la estación de supervivencia tratando de hacer un refugio aunque más bien parece una maraña de tela y palos que han sido pisoteados por un gran animal.

-Y señores, una es fallida esto construcción. -Bayer trató de hacer una reverencia, pero terminó cayéndose de culo al suelo pinchándose con un palo.

Me reí, lo confieso, pero luego me sentí muy mal y quise llorar.

-¡¿Estás bien?! -Pregunté.

-Solo ha sido una caída. No te pongas nerviosa. -Selim comentó en tono tranquilizador.

-¿Pero y si el palo se le ha metido por...? ¿Y si le causa infección? ¿Y si hay gérmenes que crecen y luego se vuelven gusanos? El instructor de primeros auxilios dijo que podría pasar si no se trataba una herida correctamente.

-Soy yo el fatalista. -Zachary trató de quitarle hierro al asunto pero estaba muy preocupada.

-Bájate los pantalones. -Pedí. -Hay que ver la herida.

-N no hay herida, Karen.

-Me estás mintiendo para que no me preocupe pero es en vano porque ya estoy preocupada y necesito ver el daño con mis propios ojos.

Forcejeé con Zachary tratando de ver su herida y después Selim trató de forcejear conmigo para que lo soltara.

-Herida no verdad hay de. -El del distrito 3 se estaba poniendo nervioso y creí que pretendía mentirme.

-¿Vas a desnudarlo? -La profesional del 2 me gritó. -Espero que no lo hagas o vomitaré.

-¡Cállate, insensible! -Chillé. -¿Y si se está muriendo?

-Uno menos entonces. -Contestó el gigantón dándole la razón a su compañera.

-¡Sois animales!

-Eso llevo diciéndolo yo desde que estoy aquí pero nadie me escucha. -El chico del 9 pasó de largo delante nuestra.

Al final, permití que Selim me alejara de Zachary y cuando logré calmarme, volví y le hice prometer que no había herida.

Después de aquello, cada uno fue a una estación diferente.


Connor Edgeworth - dieciocho años - distrito dos - voluntario.


Me siento satisfecho con el centro de entrenamiento y con la alianza profesional. Nos complementamos bien y desde que Penrhyn no me rebate todo, existe menos tensión.

Mallory, la chica del 1, nos llamó a todos a un rincón, y nos pidió a mi compañera de distrito y a mí que resolviéramos nuestras diferencias porque si no, la alianza sería un completo desastre.

Yo tuve que darle la razón, sobre todo cuando me recalcó la provocación indirecta.

-Somos adolescentes. Pero si alguno de nosotros quiere salir con vida, debemos mantenernos unidos por nuestro bien. Somos capaces, pero no en todos los años habían ganado profesionales.

-Tienes razón. Edgeworth y yo somos muy diferentes en carácter y yo he estado... En fin, no importa.

-Sí, has estado enfurruñada porque tu hermanito no te hacía caso. -Pensé pero no lo dije en voz alta.

-Y yo me comprometo a tomarme mi papel de líder más en serio. -Gruñí.

Mallory me estaba mirando como una madre y eso me ponía nervioso.

-Y ahora, vamos a jugar. -Tina parecía entusiasmada por volver con las redes y aparejos.

-Sí, por favor. Hablar es aburrido. -Kidei estuvo de acuerdo.

Después de eso, cada uno volvió a sus prácticas.

No comprendo como la pequeñita del 12 ha dado tal espectáculo. Es mona, lo confieso, e incluso llegué a tener pensamientos con ella pero solo porque es mi tipo de chica. Pequeñita, dulce y con esa apariencia frágil que saca lo protector que hay en mí.

Tina también me llama la atención y tal vez, si estuviésemos en otra situación, la habría pedido tener una cita. O tal vez me lo pediría ella tal y como es de directa.

Estoy luchando cuerpo a cuerpo con un instructor que aunque bueno, no lo es demasiado. Ya lo he tumbado tres veces en cinco minutos y estoy comenzando a aburrirme un poco de esto.

Cuando lo tiro de nuevo haciendo un barrido con la pierna derecha, me despido y me dirijo a las simulaciones. Es irónico que esté luchando contra Marcus Sword, cuando fue por él que decidí aceptar la apuesta de mi hermano.

Le gano, y programo el año en el que mi mentor fue vencedor. Es contra el único que merece la pena luchar. Madara es más de lanzas y a Neilan lo vencí ayer por la tarde.

Lo reconozco, programé adrede sus juegos porque su hermana estaba allí.

Me tomo un momento de descanso porque no quiero excederme y me dirijo hacia la zona de mazos y cayados donde está el chico del distrito 4.

Ayer traté de que se uniera a la alianza pero no dio resultado. A lo mejor estaba de mal humor.

-Hey, Marlow.

-¿Qué quieres, 2? -Me espeta.

¿Cómo se atreve a alzarme la voz? Le estoy ofreciendo la oportunidad de que se una a nosotros, cuando normalmente, ningún profesional se acerca a otros menos dignos.

-Vengo a proponerte de nuevo que te unas a los profesionales.

-Antes prefiero beber del agua del retrete. -Sonríe dulcemente como si la respuesta fuera la adecuada.

Para cualquiera que nos viese, parecería que estamos manteniendo una conversación amistosa.

-Es tu última oportunidad, 4. -Le advierto.

-Y yo rechazo esa estúpida alianza.

-Bien. -Le miro fijamente. -Voy a cazarte, 4. Nadie le dice que no a un Edgeworth.

Me doy la vuelta y me alejo de allí.

Hay personas que no entienden de oportunidades, me parece a mí. Pero Dylan Marlow me las pagará. Si no forma parte de la alianza profesional, no forma parte de nada.

-Connie, ¿te encuentras bien?

Me vuelvo sorprendido al escuchar aquello.

Tina Gramerye está mirándome fijamente enrollando un mechón de su pelo en uno de sus dedos.

-¿Me has llamado Connie? -Pregunto sin estar muy seguro de como sentirme.

-Sí, ¿pasa algo?

-Mi nombre es Connor, no Connie.

-Lo mismo da. Pareces un gran peluche letal. Así que te llamaré Connie.

Ella se va dejándome perplejo y aún sin saber como reaccionar ante aquello.

Si hubiese sido cualquier otra persona, habría dejado la marca de mi puño en su cara, pero Tina era... ¿Qué era?

Ayer por la tarde, después de mostrarnos los unos a los otros en lo que éramos buenos, les dije a mis aliados que sería bueno que cada uno de nosotros fuera a una estación en la que fuese más débil para al menos aprender algo que no sepamos por si acaso.

-La cornucopia será nuestra, pero siempre puede haber adversidades con las que no contemos así que Kidei será quien se encargue de la caza a distancia por si lo necesitamos e iría con Mallory que es buena en rastreo y además es ágil y sigilosa. Mileena sería quien colocase trampas para que algunos conejos u otras presas caigan. Tina pescará si hay agua y yo vigilaré el perímetro. Soy demasiado grande como para no ser notado y por eso, no puedo rastrear pequeñas presas entre arbustos y matorrales.


Roxanne periwincle - doce años - distrito nueve - cosechada.


Mi mentora me dijo que si quería garantizarme una alianza, debía demostrar que podía hacer cosas. En los juegos siempre había quienes ayudaban a los pequeños por ser débiles, pero acababan siendo prescindibles y por eso, debía ser capaz de hacer cosas por mí misma por si me daban de lado o si me encontraba sola.

Yo le dije que conseguiría una buena alianza y que verían que era buena. Conocía las plantas y el instructor me había dicho que el refugio que había armado me había quedado muy bien.

Le dediqué una sonrisa y él me la devolvió.

En este momento, la chica del distrito 6 y yo estamos terminando de pintarnos para camuflarnos con unos vistosos árboles. Ella se llama Sarah y es agradable. Me ha contado algunas cosas de su distrito y yo la he hablado de mi familia y mi gato.

Suena la campana de la comida y las dos corremos para lavarnos al menos un poco para poder comer.

-Hoy creo que probaré la carne de cerdo. Ayer probé la ternera y me gustó mucho. En el distrito no tenemos mucha oportunidad de comer carne.

-Te entiendo. -Me dijo Sarah. -En el 6 tampoco a no ser que pertenezcas a una familia acomodada pero yo vengo de un orfanato.

-¿Allí es donde llevan a los niños que no tienen padres, verdad? -Pregunto.

Cuando ella asiente, no puedo evitar ponerme un poco triste. No puedo imaginarme como sería la vida sin mamá, papá y mis hermanos. Somos pobres, pero nos tenemos los unos a los otros y eso es suficiente.

-¿Y no echas de menos a una familia? -Me intereso.

Estamos ya en la cafetería y nos servimos algo de comer.

-No se puede echar de menos algo que nunca has tenido. -Me contesta.

Y le doy la razón.

-¿Y te gustaría tener una?

Me preocupa estar siendo entrometida. A veces, las personas pueden llegar a serlo o al menos eso dice Marti.

.-Mi familia son las otras chicas del orfanato. Estamos muy unidas. Pero ya vasta de hablar de cosas tristes. Cuéntame más sobre tu familia. Se nota que los quieres mucho.

Yo asiento repetidamente y durante toda la comida intercambiamos algunas historias divertidas sobre nuestra niñez. Como cuando Vince se enganchó el pie en una raíz que sobresalía y cayó de boca. Fue divertido para todos menos para él.

Probar la comida del Capitolio es toda una experiencia para Sarah y para mí mezclando cosas y probándolas para ver si saben bien o no.

-Creo que mezclar la salsa roja con el pastel no ha sido buena idea. -Ella ríe.

-Definitivamente no.

Algunos cosechados nos miran curiosos y algunos con el ceño fruncido.

Tengo ganas de decirles que no hay que ser tan serio en la vida y que si vamos a ir a la arena, hay que disfrutar lo que podamos antes de que todos menos uno muera.

Pero no lo digo y en lugar de eso, Sarah y yo nos dirigimos juntas de vuelta a las salas de entrenamiento donde los vigilantes nos miran.

Los saludo con la mano mientras sonrío y cuando uno de ellos me sonríe de vuelta, no puedo evitar ruborizarme. Son personas importantes después de todo.


Mykolas (Myko) Picaso - dieciséis años - Distrito seis - cosechado.


Anoche estuve pintando un rato todo lo que veía. Había traído mis pinceles, y Tirah me había conseguido todo lo demás. No soy capaz de dormir si no he pintado primero. Si me acostara en la cama sin vaciar mi mente mediante la pintura, las pesadillas me acecharían y no son nada agradables.

Me preocupa que haré con eso en la arena pero quemaré ese puente cuando llegue. Preocuparme por las cosas en demasía nunca me había resultado producente.

Retraté los trajes de todos, la fiesta y algunas vestimentas de los capitolinos que habían llamado mi atención.

También dibujé a los vigilantes como espectros sobre las galerías de la sala de entrenamiento y satisfecho, me fui a dormir.

En cuanto a la estrategia que seguiré, he decidido que no voy a mostrar todas mis cartas en entrenamientos y que lo haré durante las sesiones privadas. Dejaré que crean que soy un simple chico de distrito que lo único que ha hecho es ejercitarse corriendo y trabajando a pesar de que solo la primera es verdad.

Necesito ejercicio cuando lo único que hago es pintar. O eso es lo que pretendo. Fue idea de mi mentora y me pareció bien.

Para mi alianza, soy solo un chico alborotador al que le gusta divertirse. Y puesto que tenía que darles algo para que consintieran en aliarse a mí, les confesé que sabía algo de pelea.

Raffia ha ido a la zona de nudos y trampas porque como pertenece al distrito 8, ha dicho, el tema de entrelazar cuerdas y otros materiales podría hacerlo incluso con los ojos cerrados.

Siento que oculta algo aunque sospecho eso de toda mi alianza y de todo el mundo en general.

Estoy tratando de hacer un refugio con Vicent. Él ha leído al respecto, y ha dicho que se sabía la teoría y que la práctica no sería tan difícil.

Pronto nos damos cuenta de que no tiene razón y no logramos hacer un refugio decente hasta el cuarto intento.

Tengo suerte de que las luces aquí no sean muy potentes porque tengo fotofobia. También soy sensible a los ruidos fuertes pero si quiero entrenar y aprender algo nuevo, me toca aguantarme aunque cuando llegue a mi piso, pienso ocultar la cabeza dentro de la almohada durante unos minutos.

Ayer la cosa se intensificó porque bebí algo que no debía y todo me parecía demasiado brillante, bastante ruidoso y no pude concentrarme en nada durante más de unos minutos porque los objetos comenzaban a girar y me daban ganas de vomitar.

-¿Y ahora qué? -Vince pregunta.

-Propongo que vayamos donde los cuchillos. Lo único que sé de ellos es que no se deben sujetar por el lado afilado pero aprender como clavarlos en zonas vitales estará bien. no haremos demasiados progresos, pero...

-Leí un libro sobre eso y había imágenes muy detalladas. -Me informa.

-Pues vamos a poner en práctica tu lectura una vez más. Pero con los muñecos olográficos mejor.

Vicent hace una mueca de disgusto pero consiente en seguirme.

La instructora que hay allí no parece muy entusiasmada al vernos, sin embargo no le doy importancia. Sé como conseguir que nos ayude.

Le hago un par de cumplidos sobre su vestimenta y mi compañero, al darse cuenta de lo que hago, adula su estilizado pelo y su bonito rostro.

Ella se ruboriza e instantes después, nos señala las zonas adecuadas e incluso nos muestra como sostener el cuchillo y hacer palanca.

Agradezco que los maniquíes no sean personas de verdad porque la sangre sintética que me empapa la ropa y la cara me trae recuerdos que no quiero sacar a la superficie. Espero no paralizarme por ellos en la arena. Eso no sería agradable ni inteligente.


Rosana Halloway - diecisiete años - distrito 10 - voluntaria.


Siento que el chico del distrito 7 me observa mientras trato de cortar a un maniquí en trozos.

Me he dado cuenta de que los ojos de algunos vigilantes brillan al mirarme cuando hago eso así que es a lo que me dedico.

Es más complicado que decapitar a un animal, porque ese trabajo lo hago porque necesitamos la comida, pero si quiero volver a mi casa, no puedo andarme con remilgos.

Por consejo de los mentores, no muestro todo lo que sé hacer ni doy todo de mí porque según dicen, a los vigilantes les gusta la sorpresa y el espectáculo.

Aunque el vencedor no me guste por el hecho de estar encamado con un profesional, no voy a ser tan estúpida como para no seguir unos consejos que pueden definir si muero o no.

Doreen me dijo anoche que mi alianza era singular y que tuviera cuidado. Había hablado con los mentores de muffy y Collie y aunque ellos no habían admitido nada, sus comentarios y miradas decían mucho.

Ella llevaba en esto más tiempo que yo así que si ella decía que era mejor ser cautelosa, lo sería.

Cada una nos encargamos de algo distinto.

muffy está con las plantas, Collie en supervivencia y yo con entrenamiento con armas pesadas.

-¿por qué colocas tu mano libre sobre el muñeco? -El chico del 7 me pregunta.

Le miro con el ceño fruncido y no le contesto.

-Así podrías cortarte un dedo. -Comenta como si ese hecho fuera intangible. -Además, conseguirías un mejor golpe si la sostienes con las dos manos.

-Claro que no. -Resoplo como si fuera tonto. -En mi distrito todo el mundo lo hace de este modo y funciona.

-Pero ese hacha es demasiado grande. Es para madera. -Me instruye. -Estás haciendo un estropicio. Mi abuela dice que...

-¿Sabes qué? No me importa lo que tu abuela diga. -Le espeto.

-Vale.

Parece ofendido.

-Si te haces daño y lloras, espero que no te den un beso en la herida.

El extraño chico se marcha como si lo que hubiera dicho fuese a entristecerme o algo parecido.

¿Y yo para qué querría un beso en una herida? La gente realmente era extraña.

-Déjalo. -Collie dice.

-Ha sido él quien...

-Rosana, en serio, déjalo. Él tiene problemas y...

-Esto son los juegos del hambre. Los problemas de unos, son la fuerza de otros. -La interrumpo.

-No estamos en la arena así que déjalo. -Repite.

No sé si es por su expresión o por su tono de voz pero acepto.

No quiero problemas... De momento. No me conviene.


Dylan Marlow - dieciocho años - distrito 4 - cosechado.


Mi mala leche se muestra en cada movimiento que hago con la espada de prácticas.

No he querido coger una de verdad, porque con el cabreo que llevo encima estoy seguro de que habría partido al instructor por la mitad.

Es tan grande como un toro de esos que se ven en la tele cuando hacen propagandas de lo felices que son los distritos.

Y a pesar de lo enorme que es, se mueve con sorprendente rapidez.

Apenas puedo seguirle el ritmo, al menos no en tierra firme. Estoy acostumbrado a luchar en el barco que siempre se mueve de lado a lado así que esto me tiene un poco en desventaja sin embargo no me rindo porque en la arena no hay lugar a error y si me equivoco, puede costarme la vida.

El tipo del distrito 2 se las ha dado de listillo conmigo y ha tratado de intimidarme a su modo pero no lo ha logrado.

¿Cazarme, a mí? Qué ingenuo.

Ayer estuve pensando muy a fondo el hecho de aliarme a los profesionales pero cuando el gigantón me ha abordado esta mañana, he visto que chocaríamos mucho y eso daría lugar a discusiones que a la larga me perjudicarían. Y ninguno le entregaría el liderazgo al otro por propia voluntad. Como dice Dorian, mi mentor, somos como dos machos alfas.

Estoy buscando otra alianza que me proporcione lo que necesito, pero si les ofrezco a los chicos del 6, 8, 5 y 11 aliarme a ellos, mi compañera de distrito y los otros profesionales nos verían como amenaza e irían a por nosotros en primer lugar.

Aunque si la amenaza del 2 es cierta, vendrá a por mí de todos modos. Solo tengo que ser más listo que él.

Me fijo entonces en la alianza del chico del 9, la del 8 y la del 5. No parecen una buena opción, pero sin duda la del distrito eléctrico y yo juntos podríamos conseguir bastantes patrocinadores si jugamos bien nuestras cartas.

Debo pensar en esto detenidamente y consultarlo con mis mentores a ver que opinan porque la alianza profesional está fuera de discusión.


Anica Rosio Ying Lang - dieciséis años - distrito 8 - cosechada.

Estoy algo contenta hoy. Creí que no lo estaría puesto que estoy en el Capitolio y en unos días entre en la arena de los juegos del hambre para probablemente no salir.

No soy tan ingenua como para creer que ganaré, pues no sé hacer gran cosa.

Eliseos es muy agradable y aunque un poco excéntrico, porque piensa que yo soy algún tipo de diosa renacida o algo así, me trata bien y eso me hace sentir realmente genial. Como si valiera algo.

Me cree una diosa, y en ningún momento lo he corregido ni creo que lo haga.

Tal vez sea algo egoísta por mi parte, pero una alianza me conviene.

El entrenamiento termina y todos salimos de la sala.

Coincido en el ascensor con el chico del distrito 4 que por algún motivo que no comprendo, no deja de mirarme. Es un poco espeluznante, lo confieso, pero me quedo callada.

El chico es muy atractivo, pero el hecho de que me mire tan fijamente...

Por suerte, llegamos a su piso y me quedo sola.

Cuando las puertas del ascensor se cierran, suspiro aliviada.

Rememoro lo que he hecho hoy como una manera de que la oscuridad de mi mente no me trague. Es un método que utilizo a menudo para no sucumbir al suicidio como sé que algunas personas han hecho.

Siempre trato de encontrar algún motivo por el que seguir viva.

Antes eran mis padres. Ahora... No lo tengo claro. Supongo que el no querer rendirme sin pelear por la vida que el Capitolio quiere arrebatarme.

He tejido tantas redes y he anudado tantas cuerdas, que decidí tratar de escalar una pared.

La cosa no había ido muy bien, pero si no realizaba otra actividad pronto, iba a tirarle lo que estaba utilizando a la primera persona que viera.

Durante la cena solo hablamos de lo que hemos hecho. Raffia decidió que no comentaría nada de su alianza delante de mí por si acaso.

-No es por ti. -Había dicho. -Pero en estas situaciones, la gente hace lo que sea por sobrevivir.

Le di la razón y ya no volvimos a tocar el tema.

En la cama, rememoro los hechos del día una vez más y a mitad de ello, me quedo dormida.

Estoy tan cansada, que durante la noche no tuve pesadillas.


Ahora vienen las preguntas que todo el mundo mundial ama responder, ¿A que sí?

1.- ¿Punto de vista favorito?

2.- ¿Punto de vista que menos te ha gustado?

3.- ¿Con quiénes os aliaríais y por qué?

4.- ¿Teorías de lo que la arena puede ser?


Nota: Y hasta aquí llega el día de hoy. Próximamente, más.