Disclaimer: El universo y los personajes que reconozcáis le pertenecen a Suzanne Collins. No obtengo beneficio lucrativo ninguno al escribir.
Capítulo 16. Posibles últimas oportunidades. Distritos: 5, 2, 10, 3, 2.
"Disfrutad de la calma. Pues en una tormenta serán estos últimos momentos los que apreciaréis."
Vicent Stuard - dieciséis años - distrito cinco - cosechado.
Los mentores estaban satisfechos con nosotros. Nos ha ido bien durante las entrevistas. Hemos logrado mantener el interés de los capitolinos y eso siempre es bueno.
Sonreí para mis adentros cuando vi que el escolta parecía cabreado con Noon. Pobre diablo. Al fin se había dado cuenta de lo pérfida que Noon era.
Cenamos en armonía, o al menos los mentores, los estilistas, los preparadores y yo.
Mi compañera de distrito estaba tratando de llamar la atención del escolta sin éxito y yo disfrutaba del espectáculo en primera plana.
No es que a mí me gustara eso, pero ella había sido desagradable conmigo y con todo el mundo a su alrededor.
-¡Me mentiste! ¡Me hiciste creer cosas que no eran cuando fuiste una egoísta! ¡Te negaste a ayudar a tu familia incluso cuando ganabas buen sueldo! -Herondale comenzó a gritar ya harto de ella.
-Pero James...
-Pensé que eras diferente. Aquí todo el mundo piensa en sí mismo y creí... ¡Y me engañaste como a un tonto! Espero que alguno de los vencedores de tu distrito te ayuden porque yo me niego a hacerlo más. -Apartó la silla y se marchó de la sala.
-La niñita rica se ha quedado sola. ¿Eh? Su castillo de naipes se ha desarmado. Qué lástima me da. -Lightnin fingió tristeza.
Salomé cogió un plato lleno y se marchó.
Me habría dado pena si no fuera por su (amabilidad) hacia todo el mundo.
Miré las entrevistas con Stelle y una reposición más de otros juegos antes de irme a la cama.
Al entrar en mi habitación me pareció que había regresado al pasado.
Sireen estaba allí parada mirándome. Y esta vez no había tomado alcohol. Estaba seguro.
-Pensé que habías sido producto de mi imaginación. -Dije tras cerrar la puerta.
Aún no estaba muy seguro de si estaba soñando o qué.
Ella negó. Es cierto. No podía hablar.
-No volviste y creía que aquella noche Mykolas me dio de beber demasiado.
Sireen tomó papel y lápiz.
-"Me cambiaron a la planta 1 porque el escolta se quejó de que era demasiado lenta."
Maldije a Noon. Seguro que eso había sido cosa suya.
-¿Y ahora?
-"Alguien me está cubriendo por esta noche."
Si era un sueño o no, iba a aprovecharlo. Decidí.
Hablé de todos los libros que había leído, de conocidos en común del distrito, de algunas otras cosas...
Ella me escuchó y luego me contó algunas cosas, no muchas sobre su tiempo aquí.
Pasamos la noche juntos recordando viejos tiempos y diciéndonos cosas que no nos imaginábamos poder decirnos.
-"Quiero que tengas esto. No es una joya, pero si quisieras..."
Me dio un brazalete echo de tela trenzada y me lo coloqué en la muñeca.
-Será mi recuerdo para llevar conmigo.
Ella me sonrió y me acarició la cara.
Pensaba que lo había soñado pero no. Cuando mi estilista me despertó, vi la pulsera en mi muñeca y algunas lágrimas afloraron a mis ojos.
Mileena Penrhyn - diecisiete años - distrito dos - voluntaria.
No puedo dormir. Por primera vez desde que tuve el impulso de presentarme voluntaria, tengo dudas y las palabras de mi hermano no dejan de repetírseme en la cabeza.
¿Y qué pasa si tiene razón? ¿Y si no vuelvo? ¿Y si caigo?
No. Yo tengo que ganar. Soy una Penrhyn. Soy mejor que esto. Que estas dudas estúpidas.
Doy vueltas en la cama pero nada. El sueño no llega.
Me levanto, me pongo un pijama, pues duermo en ropa interior, y salgo fuera.
Encontré a Neilan en la sala de estar mirando hacia la televisión apagada.
-¿Qué haces despierta? -Y por supuesto se dio cuenta de mi presencia.
-No puedo dormir. -Me encogí de hombros. -¿Y qué haces tu
-Ver la televisión.
-¿Eres consciente de que está" apagada?
-Sí, Mileena. Soy consciente de que no está encendida.
Le miré durante largo rato y después me senté a su lado.
Dudé, pero al cabo de un rato me apoyé en su hombro como hacía antes de que venciera y todo se fuera a la mierda entre nosotros.
-Cuando venza podremos pasear por nuestro distrito juntos y orgullosos.
Mi hermano guardó silencio largo rato.
-Eso espero. No sé que haría si...
-Ay Neilan. No pienses así. Voy a vencer. No hay otra posibilidad.
Él asintió pero parecía que no estaba conforme con mis palabras.
Entonces tendría que demostrárselo.
-Tienes que cuidarte mucho, Mileena. Sé que crees que vencerás, yo también quiero creerlo, pero personas más fuertes que tu y que yo han muerto.
-Pero en mi caso no será así. -Repetí por enésima vez. Y entonces comprendí que estaba preocupado y mi corazón se hinchó en mi pecho.
-Haré todo lo posible por volver.
Neilan escondió la cara en mi cuello y sentí algo húmedo en el pijama.
Eran lágrimas. Lágrimas por mí. Y no sabía como me hacía sentir aquello.
Tenía que volver. No solo por mi orgullo, si no por mi familia. Y lo haría. De eso estaba segura. Las dudas de antes se habían desvanecido siendo remplazadas por terquedad y resolución.
Le dijimos a un avox que nos pusiera reposiciones de juegos anteriores porque no nos apetecía cambiar de postura. Por primera vez en un largo tiempo estaba con mi hermano, Neilan. No con el vencedor. Y sí. A pesar de ser el mismo, eran personas diferentes para mí.
Creo que me dormí sobre su hombro porque lo siguiente que recuerdo es a mi estilista despertándome.
?
Thomas Rocheford - 18 años - Distrito diez - Cosechado:
El escolta había estado siendo insufrible estos días. No por sus palabras, eso me daba igual, si no porque no se callaba.
-No les animes tanto, Lev. Si no van a durar ni un día. Apuesto a que ni pasan el baño de sangre.
-Eso mismo dijiste de mí y aquí estoy.
-A ti te daba de tiempo hasta el banquete. Pero a estos... Mira al chico. Está gordo. Seguro que cuando entre al tubo del aereodeslizador, se queda atascado.
-Te estás pasando, Andryusin. -Doreen había intervenido.
-A Halloway le doy más tiempo que al gordo, fíjate tú.
Y siguió y siguió parloteando más cabreado cada vez porque le estaba ignorando.
Tenía los músculos agarrotados y el estómago hecho nudos. Aquí, en la última noche, estaba siendo muy consciente de que había salido cosechado para los juegos del hambre.
No temía decir, al menos para mí mismo, que estaba asustado.
Aquí mi arrogancia y superioridad no me iba a servir. Es más. Incluso podrían querer matarme por ello.
Tse. Somos divertimento para algunos.
Pensé en Sunny y en lo que me diría.
-Tus pensamientos están siendo impulsados debido al estrés. Te sugiero que te tranquilices pues el miedo no te llevará a ninguna parte.
-Eso es fácil decirlo cuando tú estás en el distrito.
-¿Poniendo escusas, Rocheford? No te creía tan vano. ¿No eres tú quien siempre dice que es de mediocres y holgazanes el quejarse?
-Mi -Tse. Mis quejas son legítimas en este caso.
-Como he dicho, esos pensamientos no te llevarán a la victoria ni a nada. Así que deja de darle vueltas a lo obvio y utiliza lo que sabes a tu favor.
Me sentía como si ella estuviera aquí conmigo. Me sentí menos asustado.
Me gustaba debatir con ella. ¿Quién me iba a decir que una plebeya sería tan inteligente?
Me acaricié a mí mismo pensando e imaginando y más tarde, al acabar, me limpié porque me negaba a dejar mi mano sucia.
Durante toda la noche pensé en ella.
En los días venideros, no sabía si podría hacerlo teniendo que luchar por mi supervivencia.
Dinah Yuliana Lecs Elec - diecisiete años - distrito tres - cosechada.
Mi estilista me despierta canturreando. Qué horror. Quiero que se calle. Me apetece tirarle una almohada a la cara.
Es raro que Jason Green no me despierte pero claro. En esta ocasión no le corresponde a él hacerlo.
-Vamos, hermosa Dinah. Hoy será un gran día.
Para ti, maldita cosa con exceso de maquillaje. -Pienso de mal humor.-
Me levanto y me fijo que fuera está oscuro. Qué mierda. Ni dormir una noche completa dejan.
Voy al baño, hago mis cosas y me niego a ser vestida por nadie. Qué humillante.
Me pongo algo ligero. Lo mismo da. Voy a cambiarme de todos modos más tarde.
-¿Estás contenta? Yo lo estoy. Los juegos del hambre me fascinan.
-No, no estoy contenta. Puedo morir, ¿sabes?
-Ay, Dinah, no te pongas así. No es para tanto.
-¡¿Qué no es para tanto?! ¿Estás hablando en serio?
-Si sigues gritando, pediré que te duerman.
Miro a esta persona con verdadero asombro. ¿Pero qué demonios...?
Subimos a la azotea y un aparato gigantesco nos espera.
Antes de subir, una agente de la paz me inyecta algo en el brazo.
-Un rastreador. -Me explica.
Cuando me coloco en la escalera de subida, no puedo moverme. Parece que esté pegada aquí.
Veo varias puertas alrededor. ¿Estará alguien dentro ya?
Mi estilista y yo entramos a la puerta con el número tres y la habitación no me sorprende demasiado.
Un par de sillones, una mesa con comida, una puerta que tal vez dé a un retrete y una pantalla de televisión.
A pesar de que estoy nerviosa, me pongo a comer. Quién sabe si podré hacerlo bien en los juegos. Seguramente no.
Dormito un rato en uno de los sillones. Me niego a hablar con esa maldita persona y me niego a pensar en mamá.
Hacerlo duele.
-Es hora de vestirse, Dinah.
Me incorporo de malos modos y dejo que me ayude a ponerme la ropa.
Tengo un pantalón corto al que van abrochadas una especie de perneras, una camiseta corta con mangas que pueden quitarse y una sudadera que al ponérmela da un calor horroroso.
Las zapatillas son gruesas. Como para correr o algo así.
-Este año han sido generosos con la ropa. Aunque todo de color amarillo pollito... -Está diciendo mi estilista.
Ignoro su cháchara sin sentido y no sé si sentirme aliviada cuando tengo que entrar en un cilindro grande.
Cuando se cierra, tengo que respirar hondo para no entrar en pánico.
Ahora, todo depende de mí. Ganar o perder está en mis manos.
Connor Edgeworth - dieciocho años - distrito dos - voluntario.
Estoy expectante. Tengo el estómago un poco revuelto a causa de los nervios. No sé lo que me voy a encontrar y eso me preocupa un poco.
Así que cuando el tubo se abra, observaré todo lo que pueda antes de que el caos del baño de sangre me distraiga.
No pienso en que tengo que matar gente. Todos son objetivos para volver como vencedor. Si me derrumbo, no seré un buen líder y la alianza necesita que alguien los guíe.
El tubo se abre y parpadeo debido a la luz del sol que me ciega temporalmente.
Mis aliados están diseminados por todo el círculo de plataformas. Solo veo un círculo sin nada. No hay nada en el centro. Ni mochilas, ni cornucopia, ni armas... Nada.
Solo somos nosotros veinticuatro y una especie de rieles por los que se mueven nuestras plataformas como si fueran pequeños vagones de tren.
Creo que todos están tan sorprendidos como yo. ¿Dónde están las cosas?
Me pregunto si esto será como en los primeros juegos en los que metían a veinticuatro personas en un lugar y luchaban hasta que solo quedaba uno.
-¡Hola mis queridos habitantes de Panem. Los juegos del hambre están a punto de comenzar!
Esa es la voz de Adrian Val. El comentarista desde los primeros juegos.
La cuenta atrás comienza y pienso en la estrategia a seguir. Si los juegos van a ser así...
Pero no. A los treinta segundos un fuerte estruendo nos sobresalta a todos y por un segundo pienso que una mina ha explotado haciendo saltar a algún tributo. No es así. Son las paredes. Son de piedra oscura y se están deslizando. Dejan seis huecos abiertos por los que se vislumbran caminos diferentes. Por eso el exceso de ropa, supongo.
No puedo ver mucho porque mi cuerpo está orientado de manera que si miro al frente vea a los demás cosechados.
Un chirrido se escucha y la cornucopia, brillante y repleta sube como si hubiera estado bajo tierra. Seguro que así ha sido.
Debido al movimiento algunas mochilas y armas salen y caen alrededor. Esas serán las que otros tributos cogerán si logran escapar.
El gong suena y las plataformas se detienen.
Soy uno de los primeros en saltar y mi alianza y yo tomamos las posiciones que acordamos.
Hay un chico que no ha saltado y veo como se hunde poco a poco hasta que el enorme tributo del 10, Thomas Rocheford, tira de su mano y el del 7, ahora sé quien es, logra salir.
Tina trata de interceptarlos cuando corren pero McClure es fuerte y la empuja.
Consiguen un par de mochilas y algo más.
No presto atención porque la tributo del 3, la que tiene una madre ex escolta según nos ha contado el nuestro a Mileena y a mí, corre en mi dirección dispuesta a coger algo de la cornucopia o quizá la mochila que está a mis pies.
Encuentro un espadón, mi arma predilecta y la intercepto.
Ella trata de esquivarme pero no me convertí en el mejor de la academia por permitir que me pasaran sin hacer nada.
Así que, la sujeto del hombro y le corto la cabeza con tres movimientos.
Cae a mis pies y no la miro. Tengo que mantenerme firme.
A mi alrededor se suceden peleas igual de sangrientas.
Mileena acaba con la chica bailarina del distrito 5 a cuchilladas y Kidei abate a Selim Nowak con una flecha en el pecho.
Y sigo observando y analizando mientras guardo la cornucopia.
Nota: Aquí está el capítulo siguiente. He tardado, lo sé, mis disculpas.
Ahora preguntaré cositas:
1. ¿POV favorito?
2. ¿POV menos favorito?
3. ¿Qué sorpresas creéis que habrá en la arena?
Encomios:
Los ordenaré por número de distrito.
Dinah, puesto 6: Cuando llegaste, fue divertido imaginar tu pasado. Estaba reclutando gente para el syot y fue curiosa tu historia. Triste, pero me gustó escribirte. Lamento que tu muerte haya sido así. Es triste, pero estarás en mi corazón y en mis documentos.
Salomé, puesto 10: Niña. Contigo tenía conflictos. Eres el tipo de persona que no me gusta personalmente pero escribirte me ha encantado. Seguro habrías dado bastante juego viva, pero ahora bailas con las estrellas.
Selim, puesto 24: Fue hermoso cuando te recibí. Te amé al momento. Tan tierno y adorable. Es triste que hayas muerto. Saliste voluntario por tu hermano gemelo. Eso es bonito. Al menos a mi parecer.
Yyyyy hasta aquí hoy.
Hasta otro día. Chic s.
