Disclaimer: El universo le pertenece a Suzanne Collins. Los personajes son de l s lector s. La trama es mía.
Capítulo 17. Los vivos y los muertos. Distritos: 9, - 4, - 7, - 8, - 1, - 9.
"La sangre cubrirá los campos, la tierra, los caminos... Y los vivos siempre caminarán sobre ella."
Roxanne periwincle - doce años - distrito nueve - cosechada.
Estoy asustada. Muy asustada. No es lo mismo imaginar una situación que vivirla. Y si mis pesadillas los días previos a la cosecha fueron malas, la realidad ahora es aún peor.
He logrado hacerme con una mochila y un pequeño cuchillo. No sé realmente lo que podré hacer con él, porque nunca he matado a nadie, pero algo es mejor que nada.
Me muevo en zigzag lo más rápido que puedo. Trato de no ser un blanco para las flechas del chico del distrito 1 que vuelan a mi alrededor.
No puedo detenerme. Si lo hago estoy segura de que moriré. Y no quiero eso.
Busco a Sarah entre tanto caos pero no la encuentro. Ella me dijo que si no la encontraba, que corriera. Yo le pedí lo mismo. Éramos realistas.
Tropiezo con algo y coloco las manos delante de mí para no caer.
Toco algo blando y caliente. También pegajoso. Es una persona. Una persona muerta.
Creo que estoy gritando. No estoy muy segura porque siento náuseas y mi vista se vuelve borrosa.
Un tirón a mi mochila me devuelve a la realidad. Hay alguien detrás de mí.
Cojo el cuchillo que se me había caído tras el impacto y echo la mano hacia atrás.
Pero no alcanzo a la persona que tira de mi mochila.
Voy a morir.
¡Vamos, Roxanne! ¡Vamos! ¡No hay tiempo! ¡Levántate! ¡Levántate!
Es Sarah y su voz suena urgente y apremiante.
Tengo que apoyarme en la chica muerta para levantarme. Es la actriz del 5. Salomé algo.
Mi visión se torna borrosa de nuevo pero contengo las náuseas como puedo.
Me levanto justo a tiempo porque Penrhyn del 2 se está acercando rápidamente a nosotras.
Sarah y yo echamos a correr y nos adentramos por uno de los huecos que se abrió en la piedra antes de que el gong sonara.
No parece haber nada a nuestro alrededor. Esto es un laverinto de paredes gruesas y nada más.
Cualquier ruido nos sobresalta y no es hasta que encontramos una hoquedad poco profunda que nos calmamos un poco.
Miro mis manos. Están cubiertas de sangre al igual que el frente de mi ropa. Es tan horrible...
-¿Quieres que mire lo que hay dentro de la mochila? Tal vez haya algo con lo que puedas limpiarte un poco.
Asiento con la cabeza incapaz de emitir algún sonido. Tengo un enorme nudo en la garganta y me cuesta tragar saliva incluso.
De momento estamos a salvo. Pero no sé cuanto durará eso.
A lo lejos se escucha aún el caos del baño de sangre. Me pregunto cuántos cañonazos sonarán esta noche.
Dylan Marlow - dieciocho años - distrito cuatro - cosechado.
No teníamos una estrategia formada. Creo que eso fue una estupidez por nuestra parte. Sin embargo, todo el mundo sabía que acercarse a la cornucopia si no eras un profesional era sentencia de muerte.
Rara es la ocasión en la que un osado sobrevive. Animales todos. El Capitolio por formar los juegos y los demás por seguirlos e incluso por entrenar gente. Asesinos.
El gong sonó y Salomé corrió estúpidamente a por una mochila y la profesional del 2 la mató.
Vi la escena sin poder apartar los ojos. Y cuando Salomé ya no respiraba, Penrhyn la descartó como si fuera un simple objeto.
La rabia me llenó y me dirigí hacia ella.
Encontré un callado y lo cogí. No me siento orgulloso de lo que hice para conseguirlo.
Le di un puñetazo en la cara a un chico joven que cayó al suelo golpeándose la cabeza con el concreto.
Formaba parte de la alianza de los cuatro chicos. No sabía quien era exactamente. Pero un compañero suyo le apremió para que se levantara y entre tropezones se marcharon.
Me sentí mal. Pues me puse a la altura de esos a los que yo tanto criticaba.
Al menos no había matado al chico. ¿Pero cuánto duraría eso?
Localicé a Merrych y a Anica cerca de uno de los huecos de la pared.
Tina y Mallory los perseguían.
Me acerqué a ellos y empujé a mi compañera de distrito lejos. Ella no me vio así que se sobresaltó y cayó.
Pero no alcancé a la profesional del 1 que iba veloz a por mis aliados.
Gramerye se levantó y me confrontó.
No quería hacerle daño pero no me estaba dando opción.
Me apuntaba con su tridente y trataba de incrustármelo en la piel.
-Detén esto, Gramerye. ¿Qué se supone que estás haciendo?
-Tu empezaste. ¿Por qué me empujaste? Eres un traidor. Se supone que la alianza tiene que estar toda junta. Pero decidiste que eso no era para ti. ¿Demasiado moral para unirte?
¿De qué estaba hablando? Mi compañera de distrito había perdido la cabeza...
Chocamos nuestras armas y luchamos por vencer al otro. El arma de Tina era pesada pero ella la manejaba con destreza.
A mí la tierra me era desconocida por así decirlo y no estaba acostumbrado a luchar sin el vaivén que las olas creaban.
Un crugido se escuchó y creí que mi callado se había roto. Pero no. Una punta como un cuchillo afilado salió de la punta y... Y...
Perforé el vientre de Tina con él.
Yo no quería. Fue totalmente inesperado. El arma estaba demasiado alejada de ella pero con la punta extra...
Instintivamente lo saqué y me acerqué a ella para tratar de ayudarla. Yo no era un asesino. No lo era.
Y cuando estaba a centímetros de Gramerye, un dolor lacerante me atravesó el ojo derecho y grité.
Una sustancia biscosa bajaba por mi rostro y dejé de ver por ese ojo.
Tina no me miraba con una sonrisa. Su expresión era distante. Como si no estuviera allí.
Se apretó el estómago y me dejó allí agonizando mientras corría.
Yo hice lo mismo. También corrí. Y cuando llevaba un buen trecho por una zona boscosa, enbontré a Eliseos abrazando a Anica.
Estaba muerta.
-¡Me vengaré! ¡Acabaré con todos ellos! ¡Por la diosa!
Collie Rush - diecisiete años - distrito siete - cosechada.
Desde que me habían despertado por la mañana estaba de mal humor. Al fin iría a la arena. Aquello que trataba de dejar en una caja en mi mente se hacía realidad y no podía detenerlo. El Capitolio de nuevo hacía lo que le daba la gana y yo era una títere más en sus manos manchadas de la sangre de tantos y tantos inocentes.
Había un viejo dicho que decía que pagaban justos por pecadores y lo estaba viendo claramente. Una guerra que había tenido lugar varios años atrás nos obligaba a luchar para sobrevivir dejándonos cicatrices físicas y mentales que nunca desaparecerían.
Conocí un chico una vez. Él frecuentaba las mismas reuniones que yo. Un día, semanas después de que ejecutaran a su madre por traición el dijo que no permitiría que el Capitolio ganara. Que no sería una marioneta.
Yo creí que se refería a luchar por lo que creía, ayudar a sabotear pequeñas cosas, pero no. Dos días más tarde lo encontraron muerto en su casa. Se había quitado la vida.
Entonces lo entendí. Él había decidido que en lugar de que fueran en su busca, se marcharía primero.
Me parecía una decisión cobarde, la verdad. Yo era rebelde. No lo diría públicamente, claro, no era tan estúpida, pero si me pillaban, entonces llevaría las consecuencias hasta el final.
Y en estos momentos estaba viendo como se sucedían peleas en vivo y en directo a metros de mí.
Quería apartar la vista y correr, pero no era capaz de moverme.
Recordé las palabras de mi novio. Siempre lo hacía. A veces eran reconfortantes y fortalecedoras, pero aquí, en este momento, se sentían como una presión sobre mis hombros.
-Debía matar para volver a casa? ¿Si lo hiciera, en qué me convertiría eso?
Había luchado para no convertirme en una más. Odiaba todo lo relacionado con el Capitolio. Sin embargo, ahora estaba dispuesta a jugar sus juegos...
Reaccioné cuando Rosana y Muffy tiraron de mis brazos. Corrimos y menos mal que lo hicimos porque la chica del distrito 4 estaba tirando cuchillos en nuestra dirección.
Se la veía herida... Como descompensada...
Decidí que no me pararía a pensar en ello y seguí corriendo.
No nos detuvimos hasta llegar a un lugar apacible. Había un pequeño lago, árboles y mullido césped.
Aún así, no nos tranquilizamos hasta varios minutos después.
-Por qué poco. -Muffy murmuró dejándose caer al suelo.
Hizo girar algo entre sus manos distraídamente y miró al lago.
-¿Creéis que será agua dulce o salada? -Pregunté.
-Lo mismo hasta está envenenada. -Rosana resopló.
Se había recostado como si todo estuviera bien en el mundo.
No sabía como se estaría sintiendo por dentro, pero por alguna razón, su serenidad me irritó.
No dije nada al respecto. Sería el colmo si comenzáramos a pelear entre nosotras tres nada más comenzar los juegos.
-Lo comprobaré. -Muffy se levantó y se acercó al lago.
Metió una mano en el agua y se chupó los dedos.
No creía yo que esa fuera una buena idea...
-Dulce. -Declaró.
Bueno... Al menos tendríamos agua aquí.
Había estado tan distraída por todo que me había olvidado de la mochila que había cogido.
La abrí y miré en su interior. Unos dardos, una botellita de líquido que debía investigar, posiblemente veneno, unas latas de conservas y dos botellas de agua llenas.
Al menos tenía cosas útiles. Aunque nada de medicinas. En fin. A caballo regalado...
Raffia D'abito - diecisiete años - distrito ocho - Cosechado.
Todos corrimos enseguida. Fuimos a por las cosas más alejadas pero el del distrito 4 peleó por el callado. Yo estaba muerto de miedo.
Aquí no era como en el orfanato. Las palizas serían a muerte... Y si te cogía un sádico, entonces ya podías rezar para morir pronto.
Nos metimos por pasadizos y pasamos un puente, pero... Pero...
-¡Corre, Vicent! ¡Corre! ¡Hay que llegar a un sitio lejos del caos! -Logan gritaba.
Myko iba a mi lado y no se molestó en gritar. Yo tampoco, la verdad. Es que no me quedaba aire.
Entonces giramos un recodo y Penrhyn estaba allí sonriendo como si hubiera encontrado un suculento plato de carne.
Myko, Logan, Vicent y yo nos miramos paralizados por un momento antes de echar a correr en dirección contraria.
Penrhyn se echó a reír detrás de nosotros y nos siguió.
La profesional del dos parecía estar disfrutando la caza. Nosotros éramos sus presas.
Sentí un pinchazo en el hombro y grité de dolor. Corrí debido a la inercia unos pasos pero me detuve.
Cuando fui a tocar con mi mano lo que podría tener en el hombro, alguien tiró y sentí como mi piel se abría más y algo caliente resbalaba por mi espalda.
Mis tres aliados se dieron la vuelta pero yo negué con la cabeza. Sería una locura si volvieran.
Un golpe en mi sien derecha me hizo caer y después de eso todo fue dolor.
Sí que grité. Grité tanto que mi voz se volvió ronca y cuando creí que esto seguiría para siempre... La oscuridad me arrulló en sus brazos.
Mallory Valdi - dieciocho años - Distrito uno - voluntaria.
Lo vi todo. Absolutamente todo. Fue como si la niebla que había en mis ojos se despejara y viese a mi compañera de alianza tal y como era. No es que me sorprendiese mucho, la verdad. La mayoría de profesionales eran así. Claro. Si creas a alguien y lo entrenas desde pequeño para la lucha y además resulta que tiene un hermano mayor vencedor, eso hace presión.
No sé lo que pretendería Al acabar con el chico del distrito ocho de ese modo. No sé si fue por espectáculo, por lucirse ante su hermano mayor y su distrito, porque le apetecía en ese momento...
No iba a preguntarle. No es que fuese mi asunto de todos modos.
Yo estaba buscando a ía frío, pero no podía ser vista como una profesional que se queda simplemente mirando a todos lados con un florete en la mano y con cuchillos en los bolsillos.
Esto no me gustaba, la verdad. Pero como se solía decir, nadie vencía solo por su cara bonita. Había más que eso.
Las chicas no me vieron venir hasta que fue demasiado tarde. La pequeña logró escapar deslizándose entre unos arbustos, y la verdad sea dicha. No puse mucho empeño en buscarla. Solo de pensar en acabar con ella se me cerraba la garganta y mi corazón latía a toda velocidad.
Sin embargo, a la chica del distrito 6, Sarah Landers, le di el tiempo justo para coger un arma. Yo no quería matar sin honor.
Y la lucha no duró demasiado. En poco tiempo, ella estaba muerta. Había caído cuando le atravesé el pecho con mi florete.
Me alejé de allí cuando escuché el grito de la niña de 12 años. Me sentía fría por dentro. Matar a una persona no era igual que hacerlo con un maniquí o incluso un animal. Era totalmente diferente.
Volví a la zona de la cornucopia y todos los de la alianza ya estaban allí revisando lo que había ya fueran armas, alimentos, o medicinas.
Connor me saludó con un movimiento de cabeza y mi compañero de distrito con una sonrisa.
Mileena estaba ayudando a Gramerye y me acerqué a ellas para ver qué podía hacer.
-Dylan lo compañero de mi distrito traidor. El me atravesó con un cuchillo que había en el callado que llevaba.
La herida no era muy profunda, pero si fea. Cogimos unos vendajes mariposa y los aplicamos tras desinfectar la zona. Eso lo haría funcionar por ahora. Si se curaba, le quedaría una arrugada cicatriz.
Eliseos Merrych - diecisiete años - distrito nueve - cosechado.
Había fracasado. El primer día y ya había muerto la diosa delante de mí. Había tratado de protegerla, pero no tuve éxito. Qué desgracia. Iba a vengarla. Eso me quedaba muy claro.
Primero iría a por la del distrito 1. Ella iba a pagar. Después acabaría con la del 4 y luego con la del 2. Pero antes necesitaba sacrificar a los demás animales. Tenía que pensar bien en lo que haría porque claramente algunas de esas personas eran más buenas que yo en la lucha.
Mi único compañero de alianza que me quedaba había perdido un ojo. Se retorcía y gemía en el suelo llevándose las manos a la cara. Su aspecto era terrible.
No lo mataría. No todavía. Me serviría para mis propósitos. Él venía de un distrito profesional, después de todo.
-Hay que taparte el ojo con algo, Marlow. Si no podría infectarse.
Él levantó la cabeza para mirarme y gruñó.
-Duele. Los nervios de mi ojo faltante duelen cuando muevo los ojos por instinto.
Eso era jodido. Qué mala suerte tenía el chico.
Íbamos a movernos, Marlow estaba mejor, pero escuchamos un gemido cerca. Por la zona donde yo había dejado el cuerpo de la diosa.
Despacio nos levantamos y nos acercamos a mirar.
Ella estaba allí, cubierta de tierra y se masajeaba la cabeza. Sus ojos se movían como buscando algo y cuando nos vio, pareció aliviada.
-¿Diosa? -Me arrodillé ante ella.
-Hola, Eliseos. ¿Por qué me duele tanto la cabeza?
Fruncí el ceño, pero respondí.
Me sorprendía que la diosa estuviera viva. Pero claro. Ella era una diosa. ¿Qué se suponía que iba a pasar? Morirse era inaudito... O al menos más difícil en su caso.
Eso no me iba a detener para vengarme en su nombre.
-Tu ojo... -Ella susurró.
Marlow resopló.
-Vámonos. A ver si va a resultar que al encontrarla viva, seremos tan idiotas como para quedarnos en el mismo punto. Los profesionales no tardarán en salir a cazar.
Él tenía razón así que ayudé a Anica a levantarse y nos marchamos.
Horas después nos detuvimos en una zanja al lado de un camino asfaltado y reunimos ramas y palos para cubrirnos con ellos y así no ser localizados de inmediato.
Encomios:
D 06. Sarah Landers. No tenías mucha historia pero me gustó imaginarla para ti. Fue bonito escribir tu entendimiento con Roxanne. Tuviste que partir, pero se te recordará con cariño.
D 08: Raffia D'abito. Eras uno de mis favoritos. Tu alianza lo es también.
No tenía pensado que os encariñarais tanto los unos con los otros pero eso se escribía solo, de verdad.
Me ha dolido tu muerte. Pero te quiero.
Preguntas preguntosas:
1.- ¿Punto de vista favorito?
2.- ¿Punto de vista que menos te ha gustado?
3.- ¿Qué muerte no te esperabas?
4.- ¿Si pudieras llevarte un recuerdo a la arena, cuál sería?
Nota: Sí. Tardé una vida y media. Me disculpo mucho. Peero el cap está aquí finalmente.
Espero que os guste.
Y por cierto. ¡Feliz año nuevo!
