Disclaimer: El universo le pertenece a Suzanne Collins. Magnus Bane es de Cassandra Clare y Narnia le pertenece a C.S Lewis.
Los tributos son de ls lectors y la trama es mía.
No obtengo beneficio económico ninguno al escribir este fic.
Capítulo 19. Algunos momentos que contar. Distritos: 4, - Vigilante jefe, - 7, - 3, - 9, - 11.
"La ira provoca ira. Y las acciones tras la rabia pueden causar el mayor de los arrepentimientos."
Porpentina (Tina) Gramerye - dieciocho años - distrito cuatro - voluntaria.
Vigilar es muy aburrido. Parece que aquí no pasa nada.
Mileena está afilando sus armas y no me presta atención.
Gemí. Quería haber ido a la caza.
Vale que mi idea había sido tonta, pero es que el ataque de Dylan me había tenido de mal humor desde ayer.
Pero él se había quedado sin lo tenía merecido. Está conmigo, o contra mí.
Y como no se unió a la alianza, está contra mí.
Suspiré. los juegos eran muy diferentes de lo que yo pensaba. Aunque ya que estaba aquí, debía hacer mi mayor esfuerzo por sobrevivir.
Escuchamos un cañonazo y Mileena y yo sonreímos.
-¿Quieres apostar sobre quién se ha muerto? -Pregunté sentándome sobre la cornucopia.
-Algún idiota, seguro. -Ella se encogió de hombros.
-Espero que no haya sido ninguno de los nuestros. -Junté mis manos.
-Son buenos combatientes y son tres. Si murieran sería estúpido.
Mi compañera de guardia era tan seria...
Un rato más tarde escuchamos otro cañonazo.
-¿Habrán sido Connie Mall y Kidy? -Pregunté.
-¿Dos? Tal vez. -Mileena sonreía como si hubiese llegado su cumpleaños...
-¿Celebras tu cumpleaños? -Quise saber.
Ella me miró extrañamente.
-Sí.
-¡Yo también! -Me entusiasmé. -¡En una ocasión mi padre me permitió clavarle un tridente a un vagabundo. Él había sido perverso, ¿sabes? Y fue genial. Había tanta sangre... A mamá no le gustó que ensuciara mi vestido, pero es que ya la advertimos de que haríamos algo sucio.
No sabía por qué mi compañera de alianza me miraba con tanto asombro. No había dicho nada raro, ¿no?
-¿Tú no has celebrado así tu cumpleaños? -Pregunté.
-No. Mi cumpleaños ha sido más normal. Con tarta, velas y armas de regalo.
Eso me parecía muy aburrido y no dudé en expresar mi opinión.
-...Yo creía además, que tu hermano vencedor sabría como divertirse.
Ella me lanzó la peor de sus miradas pero no me inmuté. Había cosas peores... Suponía. Como ser comida por un muto. Esos horribles seres...
¿Y por qué no modificaban genéticamente a los tributos para que se volvieran locos y así se atacaran con saña entre sí?
Era algo en lo que pensar detenidamente.
Alguien se acercaba y tomé mi tridente en las manos.
No me relajé hasta ver que se trataba de Connie, Mall y Kidy.
-Estáis cubiertos de negro. Y oléis mal. -Comenté.
-Hollín. -Kidy respondió.
-Esa ha sido una buena idea. Mileena murmuró.
Se acomodaron y nos contaron lo que habían hecho y encontrado.
-Nosotras solo vimos un perro. O lo que parecía ser un perro. Aquí no se sabe nunca lo que puede ser.
Magnus Bane - Vigilante jefe de los juegos del hambre.
Me miré al espejo del cuarto de baño antes de acceder a la sala de control. Esperaba que algo hubiese ocurrido tras las muertes de la del 11 y la del 10.
He de admitir que me habría gustado que ella se hubiese cargado al gordo de su distrito y que luego la odiaran por ello... Qué bonito caos habría en la plaza del 10. Una pobre grosera y pulgosa que ha matado a uno de los hijos del alcalde.
Lástima que el grandote del 7 se interpusiera y la reventara la cabeza... Aunque eso estuvo muy interesante también. Qué emoción.
Si se hubiesen matado los miembros de una alianza entre sí también lo habría disfrutado.
Son muchas las cosas que me causan placer.
El sufrimiento ajeno me...
Me coloqué la ropa y me dirigí a la sala de control.
Vaya. Todo tranquilo. La mayoría continuaban escondidos y Edgeworth afilaba su espada mientras Gramerye lo miraba embelesada. Asqueroso.
¿Serán amantes? Un amor trágico subiría tanto la audiencia y la popularidad...
El chico del 1, contaba sus flechas clabándolas en la arena. Qué idiota.
Su compañera de distrito se estaba limpiando la sangre que le había salpicado en la ropa.
Penrhyn estaba comiendo galletitas saladas mientras miraba a su alrededor. Tenía un cuchillo en la mano y unas plantas.
Bayer del 3 estaba dibujando algo en el suelo. Tenía formas curiosas. Como animales. ¿Ya habría sido presa de la locura? ¿El tocino estaría envenenado?
Sería interesante pensar en un patrocinador mandando comida envenenada...
El niño del 5 estaba contándoles algo a los del 6 y el 11 que jugaban a las tres en raya. En serio. ¿Cómo podían? Deberían estar gimoteando, por los dioses.
Collie Rush del 7 caminaba cerca de donde se hallaban su compañero de distrito, la niñita del 12, el chico del 3, y el gordo del 10. Había recibido un paracaídas y estaba ajustando su cervatana.
McClure, el que tiene discapacidad intelectual dormitaba apoyado contra una roca.
La llorona del 8 estaba durmiendo y el pirata del 4 probaba la tensión y resistencia de su nueva red.
El religioso loco del 9 se había alejado y tenía una especie de cazamariposas con el que había atrapado a una Rastrevíspula y la había matado.
Parecía estar sacando el veneno con ayuda de un cuchillo y unas hojas.
Esto sí era interesante. ¿Qué haría con él?
La vaca del 10 practicaba con su lazo. Ojalá atrapara a alguien por error y lo estrangulara. Qué deleite más maravilloso.
Pero no. Se fue a cazar estúpidos conejos.
La chica del 12 se levanta para acompañarlo. Aw. Me pregunto si allí habrá una historia de amor que acabará en canivalismo... Rocheford, desesperado por el hambre, engatusó a la ingenua Tuck para que lo siguiera a una zona privada y tras matarla, se la comió.
Suena perturbadoramente hermoso.
Todo era casi aburrido salvo algunas excepciones. Voy a pedir que saquen los mutos. Los necesito. Ellos me otorgan alegría.
Collie Rush - diecisiete años - distrito siete - cosechada.
Lo había visto todo. No podía apartar la vista aunque tampoco deseaba mirar. Estaba tan confusa... Tan enfadada...
Primero vi como esos tres acorralaban a mis aliadas y como Rosana lograba correr. Después observé impotente cómo la chica del 1 mataba a Muffy y después vi como los profesionales, de algún modo cubiertos de negro, se alejaban como si nada.
Yo me había escondido. Ni me planteé salir, la verdad. Sonará cruel, pero no podía hacer nada por ella. Debía sobrevivir por muy horrible que la situación me pareciese.
Cuando estaba segura de que se habían marchado, me acerqué a mi compañera caída y le cerré los ojos. Después corrí.
El horror no había acabado. Estaba observando entre unos setos a Coddy y al grande del 10 cuando Rosana les saltó encima.
Contemplé toda la escena y casi vomité cuando Coddy... Ese dulce chico que amaba las historias, le reventaba la cabeza...
Creo que él no comprendía del todo lo ocurrido. Lo hizo por defender a su estúpido aliado y eso me cabreó así que los seguí.
Iba a tomarme la justicia por mi mano.
Recogí plantas de tallo resistente y me dediqué a vaciarlo hasta crear una cervatana improvisada. Después, encontré vallas venenosas y un arbusto de espinas gruesas pero no lo suficiente como para opturar mi cervatana.
Con cuidado, pinché las vallas y utilicé una bolsa de tela vacía para meterlas sin pincharme yo.
Era arriesgado, pero esto haría el truco. Todo sería más fácil si me mandaran otros implementos, pero hasta ahora nada de nada.
Los miré todo el día y toda la noche.
Escuché el imno de Panem y vi las caras de mis compañeras de distrito en el cielo y eso me otorgó más resolución.
Iba a... A hacer algo.
A la mañana siguiente, comí algo, hice mis necesidades y volví a comprobar mi cervatana.
Todo correcto.
Tenía a Thomas Rocheford en la mira. Había ido a cazar algo. O tal vez a comer por su cuenta. -Pensé con rencor.-
La chica del 12, muy simpática, lo acompañaba.
Me tomé mi momento. Lo observé bien. Debía tener un tiro claro.
Y cuando pasó un rato...
Me llevé la cervatana a los labios, asegurándome por supuesto de no tocar nada venenoso antes, y soplé. Mi pequeño dardo casero iba muy bien encaminado.
Tuck se acercó al Rocheford para mostrarle algo y él se dio la vuelta con exhasperación.
El pincho se le clavó a la chica en la mejilla. Era demasiado bajita...
Di unos pasos hacia adelante para ayudar. Yo había causado aquello. Yo había...
-Ay. Algo me ha pinchado. -Gimió.
-Tse. Alguna rama.
-No, Thomas, mira.
El grandote levantó la cara de la chica con un grueso dedo y la examinó críticamente.
-Me encuentro mal, Thomas. Siento sueño.
El del 10 se tensó y miró a su alrededor.
Yo volví a correr. Creo que él me vio porque hizo el amago de seguirme pero Tuck le agarró del brazo.
"Haz lo que sea para volver." -Repetía en mi cabeza.
-Ya, Finlay. Pero es que hacer lo que sea necesario para volver es doloroso y terrible. -Me ahogué.
Minutos después escuché un cañonazo y me derrumbé en el suelo.
Había matado a una persona. Una niña inocente que nada tenía que ver conmigo... Con mi rabia.
Zachary Bayer - dieciocho años - distrito tres - cosechado.
Nos habíamos separado de Coddy y Thomas. No sé cómo, realmente.
La tierra había temblado, y de repente Karen y yo estábamos juntos contra unos árboles.
-¡Un terremoto, Zachary! ¡Un terremoto! En mi distrito ha habido de esos y muchos mineros han muerto. Eso es terrible, a pesar de lo que Lauren y Christine digan. No digo que ellas crean que los terremotos les parecen bien, no es así. Pero es que nosotras tres vivimos en la zona de comerciantes y no es tan duro. Es como que no empatizamos con el resto, ¿entiendes? Vemos el problema, es triste, pero como no lo vivimos, no lo comprendemos por completo. Como los juegos del hambre, ¿no? La gente cree que son horribles, pero es ahora que estoy aquí, que comprendo la enormidad del horror.
Karen seguía hablando y hablando y yo solo la miraba. ¿Sería cierto que ha habido un terremoto? Eso sería una desgracia. Esperaba que Coddy y Thomas estuvieran bien.
-¿Crees que deberíamos ir a buscarlos? ¿Crees que estarán bien? No digo que quiera que estén mal, solo pregunto porque seamos sinceros. Tu eres listo y todo eso, pero no sé si ambos solos podríamos sobrevivir. Y no estoy llamándote inútil, ¿eh? Solo digo que si somos más... Entonces podemos tener más planes y más habilidades.
-Karen... Gritas.
-Oh, lo siento. Estoy nerviosa y cuando estoy nerviosa tiendo a hablar en alto. Y así hay más posibilidades de que nos encuentren por mi culpa. Oh, debería callarme. Sí. Ya me callo. Ya me callo. Eso. Me callaré, no hablaré y así no nos encontrarán. Porque sería terrible si nos encontraran, ¿cierto? Porque entonces nos matarían y entonces sí que no podría hablar más y mi hermanito pequeño, ¡hola Sota! Él me echaría de menos y yo lo hecho de menos y...
Estaba nervioso y la verborrea de Karen no ayudaba. Era encantadora, pero tenía razón. Si nos descubrían éramos tributos muertos.
Así que dejé los tallos que estaba enredando y le coloqué un dedo en los labios.
Sentí cómo mi cara se calentaba.
Ella me miró con los ojos muy abiertos y cerró la boca.
Nos quedamos un largo rato solo mirándonos y cuando me di cuenta, aparté la mano de su boca. Qué vergüenza.
Yo volví a tejer mis tallos y de vez en cuando dibujaba con un palo algo en la tierra.
-¿Y qué haces, Zachary? -Ella me preguntó en voz baja.
-Una armadura de tallos. -Bromeé.
-¿Crees que funcionará?
Sonreí.
-No sé aún lo que estoy haciendo. Solo pienso y construyo.
-¿Y por qué dibujas en el suelo?
-Dibujar me ayuda a que no se me olviden las cosas.
Creo que ella no me comprendió del todo...
-¿Y por qué animales?
Yo no contesté. No quería que nadie me escuchara. Si no hubiera cámaras, se lo contaría.
-Ya entiendo. Es un secreto. -Comentó.
Yo asentí.
Eso había ocurrido hace algo menos de 24 horas y ahora Thomas había traído a Karen en sus brazos...
-Creo que ha sido envenenada. Y tengo mis sospechas de quien puede haber sido.
Fue directo al grano y yo me levanté dispuesto a acabar con esa persona.
Coddy había ido a buscar palos... A saber para qué quería los palos...
-Tse. ¿Dónde vas?
-A acabar con...
-Eso es estúpido, Bayer. No sabes quien ha sido ni donde ha ido. Apuesto a que tiene un arma de larga distancia y que si se siente perseguida, atacará.
No me quedé tranquilo. En absoluto. ¿Quién habría sido?
Coddy volvió y dejó los palos en el suelo al ver a Karen.
-¿Tiene sueño?
Thomas lo miró.
-Ella va a... Ser descalificada. -Comentó.
No entendía nada. ¿Qué estaba diciendo Rocheford?
Odiaba ver a Tuck en silencio. Era extraño. Incluso la noche anterior la había oído hablando en sueños.
Rocheford y Coddy se alejaron para hablar y yo me quedé junto a Karen.
Tomé su mano y minutos después... El cañonazo sonó.
Roxanne periwincle - doce años - distrito nueve - cosechada.
Me había encontrado con un hombre cabra mientras vagaba por un lugar de cuento. O al menos era así como eran las ilustraciones de los libros que había en la escuela. Bueno, libros. Era un legajo de hojas amarillento y manoseado.
-Hola, soy el señor Tumnus. Estás en Narnia. -Me había dicho.
Yo grité y le pegué con un palo en la cabeza... Desmayándolo.
¿Qué es Narnia? ¿Y qué hacía yo ahí? Estaba en Panem. Estaba en los horribles juegos del hambre.
Anoche pensé en mi amiga. ¿Cómo estaría? ¿Me estaría viendo? ¿Ella tendría más pesadillas? Porque yo había soñado con la muerte de Sarah y me había quedado despierta todo el tiempo.
Temía dormir pero también estar despierta.
Si dormía, veía a Sarah. Si me quedaba despierta, temía que los profesionales o tal vez otras personas vinieran a por mí.
El hombre cabra se despertó y yo preparé mi palo.
-Soy inofensivo. -Trató de levantarse y le apunté amenazadoramente.
¿Qué se creía? ¿Que yo era tonta o qué? Como si pudiera fiarme de alguien que estuviera en esta arena.
Resoplé. Si confiara, lo más probable era que acabara muerta o peor.
Decidí dejar de nuevo al hombre cabra inconsciente y explorar.
Caminando vi algunos animales. Había fruta también y la recolepté y la comí.
Había un par de castores. Estaban distraídos así que cogí una piedra para acabar con uno de ellos. Tal vez tuviera así una comida decente.
Cuando me aproximé, los bichos se dieron la vuelta y lancé la piedra.
Entonces crecieron, crecieron y crecieron...
Un rugido ensordecedor se escuchó y corrí con todas mis fuerzas.
Las inofensivas plantas se cerraban a mi alrededor cortándome el paso y los cuervos, no me había dado cuenta de que había cuervos, comenzaron a graznar y bajaron en picado hacia mí.
No dejé de correr. No lo haría nunca.
Entonces llegué a un recodo y sentí como si me dieran una patada en el estómago. El cambio de temperatura era brutal.
Al menos los mutos ya no me seguían. Sin embargo no podía parar de correr.
Logan Lynch - trece años - distrito once - cosechado.
Decidimos explorar por nuestra cuenta. Cada mañana, cuando la tierra temblaba, nos veíamos en una zona distinta de esta arena tan extraña. De noche, sonaba como piedras moviéndose y tal vez cambiando. Era escalofriante. No había nada que conociéramos. Nada que pudiéramos hacer como referencia.
Eso suponía una desventaja porque si no conocíamos por donde caminábamos...
-Ahí hay unas casas. -Myko dijo de repente.
-No sé si es seguro. -Declaré.
-¿Qué va a pasar? ¿Que nos atacaran?
-Sabes que sí. -Le pegué un puñetazo en el brazo.
Él se reía a carcajadas.
-Está bien, superLogan. Iremos con cautela y con precaución.
-¿Por qué me tomas el pelo? Eso es tonto.
-Es que me aburro. No ha pasado nada y es un tostón.
Me di la vuelta.
-¿Qué? ¡Mykolas! ¡Estamos en una arena en los juegos del hambre! -Lo miraba incrédulo.
Él se volvió a reír.
-Mira tu cara, tío. ¿Has visto, Vicent? ¿Viste su cara?
Nuestro compañero se encogió de hombros.
-¿Crees que deberíamos sentirnos alegres con la muerte tan temprana de Raffia? -Vicent preguntó.
Eso nos hizo callar. Ahora me sentía como la mierda.
Íbamos caminando en silencio por una especie de callejón. Escuchamos un ruido y nos tensamos.
Una cosa bulbosa y grande rodaba en nuestra dirección.
-¿Qué es eso? -Chirrié.
-No sé, tío. Pero será mejor que corramos.
Algo parecía moverse dentro de la cosa y cuando íbamos a echar a correr, eso explotó y... Raffia... Él... Él estaba allí. Era muy pálido y no se movía.
Corrimos como locos cuando la cosa comenzó a armarse y se llevó a Raffia con él.
Cuando nos detuvimos, vomité.
-¿Qué ha pasado? -Myko susurró.
-No lo sé. Pero no quiero encontrarme jamás con esa cosa de nuevo.
Encomios:
Karen: Puesto 23: Te amé cuando me llegaste. Eras una chica tan risueña y tierna... Me ha dolido muchísimo tu partida. Te quiero mucho.
Ahora las preguntas:
1.¿POV favorito?
2.¿Punto de vista que menos te ha gustado?
animar a estos chicos y chicas, dejaré que sus patrocinadores les envíen un regalo. ¿Qué deseáis que sea?
