Disclaimer: Los tributos les pertenecen a los lectores. La trama es mía. El universo le pertenece a Suzanne Collins. El universo de El hobbit le pertenece a J. R. R. Tolkien. No obtengo beneficio económico al escribir este fic.


Capítulo 20. ¡Qué dientes tan grandes tienes! Distritos: 4, - 5, - 7, - 2, - 9.


"Correr puede salvarte la vida... O puede acortarla significativamente."


Dylan Marlow - dieciocho años - distrito cuatro - cosechado.

Estábamos discutiendo un plan, porque no movernos sería estúpido a pesar de que la arena parecía transportarnos donde quería cada día, cuando la tierra tembló y caímos en un barco.

Mi felicidad era absoluta, ¿de acuerdo? Es que... Un barco.

Podría morir feliz en este momento.

No. Mejor nada de juegos de palabras. Pensarlo ahora es siniestro.

Se escuchaba un tic tac bajo el barco. ¿Qué podría ser? Se oía como ese viejo reloj que había en el barco donde yo trabajaba.

Me levanté para inspeccionar el barco y me cayó una niña literalmente encima.

Ella chilló y yo saqué mi arma debido a la sorpresa.

La niña era muy estúpida o muy valiente, porque me dio una patada en el estómago y se zafó de mis brazos.

-Si me vas a matar, hazlo ya. ¿O esperas que me ponga a temblar de miedo? Si es eso, puedes esperar sentado. -Se cruzó de brazos.

Me eché a reír. Vaya. Era un soplo de aire fresco. Con Anica y Eliseos me sentía como en una de esas historias en las que la pareja se une pero luego no, después sí pero tal vez... Y estaba furioso. ¿Por qué mi mentor pensó que sería buena idea?

-Tal vez tienes razón y esperaré a que tiembles para matarte.

-Oye, 4. Como asesino eres muy malo. Si hubiese sido otra persona, ya te habría matado.

-En absoluto, 9. Yo no te he matado porque no he querido.

Ella pareció pensar en ello y asintió.

-Tiene sentido. ¿Así que me lanzarás al agua? ¿Cómo moriré?

-Me caes bien, chica. Creo que me quedaré contigo.

Uno de sus puñitos iba directo a mi mandíbula y la detuve.

-¡No soy una mascota! -Se indignó.

Parece que Eliseos había escuchado el escándalo porque se acercó a comprobar qué pasaba.

-¿La vamos a matar? -Anica preguntó en voz baja tras él.

Vamos a matarte a ti, cosa inútil. -Pensé.

-No. Ella es mi aliada ahora. La protegeré. -Declaré.

-¿Y eso lo decides tú? ¿Y si mi objetivo es matarte? ¿Y qué es eso de que me protegerás? ¡Puedo hacerlo sola!

-Vaya, Roxanne. Eres enérgica. -Eliseos sonrió y ella le lanzó una mirada enfadada.

-Sé que puedes hacerlo por tu cuenta. -Intervine. -Si no, ni me habría molestado.

Miré por el rabillo del ojo a Anica. Ella era cosa de Merrych. No mía.

-Bueno. Me quedo. Pero porque yo lo decido. No porque tú lo dices.

Asentí. Ella tenía fuego.

Lástima que fuera tan pequeña y no lo digo por temas de atracción. Si no de supervivencia.

-Oye, 4. ¿Por qué tienes ese parche en el ojo? ¿Cosa de patrocinio?

-¿De verdad lo quieres saber? -Sonreí.

Roxanne se cruzó de brazos otra vez y golpeteó el suelo con un pie en signo de impaciencia.

-Es que no tengo ese ojo.

Al mal tiempo buena cara, dicen. Y aunque seguía furioso y me chocaba a menudo con algunas cosas...

-Me estás engañando. -Dijo la niña.

Me di cuenta de que no parecía muy segura.

Sonreí más y me despegué un poco el parche.

-¡Tápate eso! ¿Por qué me lo enseñas? ¡Qué asco!

-¿Me crees ahora?

Ella me volvió a dar un puñetazo.

Si ella no me cayera bien...


Cody McClure - dieciséis años - distrito siete - cosechado.

Habíamos caminado mucho tiempo. Ninguno queríamos quedarnos donde Karen se había dormido como la bella durmiente. Pero ella no despertaría. Saberlo me ponía triste.

Ella no volvería a ver a su familia. Yo quiero volver a ver a los míos. Shawn y yo somos los mejores hermanos.

Aprieto el águila que me regaló en mi puño y continuamos andando.

Thomas se cansa rápido y me gustaría que tuviéramos un caballo para que él pudiera montarlo.

Pasamos por una ciudad y a Zachary se le ilumina la cara. Eso es bueno porque desde que Karen se quedó dormida, se había entristecido mucho.

Él recogía cosas y las guardaba en sus bolsillos o en la mochila que le cogimos a Rosana cuando se desmayó en el suelo. Esperaba que los médicos la curaran aunque hubiera quedado descalificada.

-¿Por qué coges estas cosas de basura? -Pregunté.

-Porque son útiles para trampas y otras cosas. -Me dijo.

Yo no lo entendía pero tampoco era de su distrito de personas inteligentes.

Por la noche nos resguardamos entre unas cosas de metal que parecían cubos gigantes y me negué a mirar al cielo donde las caras de los descalificados aparecían.

No dormí mucho. Tenía pesadillas de garras que se llevaban a Shawn lejos y no podía verlo más.

-¿Tommy? ¿Estás dormido?

-Tse. -Tú qué crees?

-No lo sé. -Contesté. -¿Lo estás?

-Si estoy contestando tus preguntas, significa que estoy despierto.

Tenía sentido.

-¿Tú tienes sueños malos? -Le pregunté.

-A veces. Pero procuro vaciar mi mente o pensar en cosas gratas para que mi mente no se centre en lo malo.

-¿Qué es cosas gratas?

-Cosas buenas. -Contestó.

A la mañana siguiente seguimos caminando y llegamos a un bosque muy raro. Tenía casas pequeñas y extrañas.

-¡Chocolate! -Chillé.

Y corrí a la casa marrón.

En el Capitolio había comido dulces y me habían encantado.

Thomas me agarró de la ropa y me detuvo.

-Huele muy bien y tiene buena pinta. Sería delicioso comerlo pero no es recomendable.

-¿Por qué? -Traté de soltarme y él me atrapó con su cuerda por el pecho.

-Porque esto es la arena de los juegos del hambre y las cosas no son simplemente una cosa. Ese chocolate puede esconder dispositivos o a lo mejor hay mutos dentro.

-Pero yo quiero chocolate.

-Tse. Cuando digo no, es no.

Me crucé de brazos pero no me moví. Si Tommy decía que no...

-Vale. No como chocolate de la casa.


Vicent Stuard - dieciséis años - distrito cinco - cosechado.

En tres días había 8 muertos. No sabía si eso era suficiente para los vigilantes y los capitolinos que vivían estos días como si fueran la mejor fiesta.

Tanta riqueza, tanto desperdicio... Me daba asco. Nosotros en los distritos moríamos de hambre y aquí tiraban la comida sin miramientos.

¿Cómo podía ser?

Y nosotros seguíamos pagando por lo que habían hecho otros en el pasado.

¿Que se rebelaron? Por algo sería, ¿no? Y viviendo como vivíamos, no me extrañaba.

Sentía ira ante lo injusto de la situación, ¿pero qué podía hacer yo? Era un niño. Y no me fiaba lo suficiente de mis compañeros como para comentar estas inquietudes con ellos. ¿Y si eran proCapitolio?

Esta incertidumbre me revolvía el estómago.

O tal vez... Tal vez se debía a que no sabía sí o cuándo moriría...

Myko y Logan estaban charlando de las cosas típicas de ellos. Creo que era sobre la diferencia entre las fresas y las frambuesas y los pros y contras de cada una.

Se notaba que eran dos personas despreocupadas. O eso aparentaban.

Escuchamos un ruido y los tres miramos a nuestro alrededor.

Nos encontrábamos en una especie de ciudad/bosque con puertas redondas alrededor. Habíamos entrado en una de esas puertas y nos costó entrar. Pero encontramos comida. Mucha.

Latas, latas y más latas... Pero era comida, leches.

Nos pusimos morados, la verdad. Comimos y nos guardamos latas donde podíamos.

Unos lobos gigantes nos estaban mirando fijamente. Eran dos.

Tan grandes como los caballos de los carros del desfile o incluso más.

Tenían las orejas aplanadas contra la cabeza y el pelo herizado.

Retrajeron los labios y gruñeron.

Sus dientes eran enormes y muy afilados. Era terrorífico.

-¿Corremos? -Logan preguntó en un susurro.

Myko asintió y echó a correr en dirección contraria a la que estaban los lobos.

Logan y yo lo seguimos y una profesional se nos echó encima al mismo tiempo que los lobos.

Estaba cubierta de algo negro.

-¡Gramerye! ¡Idiota! -Otra chica gritó. -¿No has visto los mutos?

La profesional del 2 salió espada en mano de una de las madrigueras de puerta redonda y fue a nuestro encuentro.

Había otra figura lanzando flechas y errando. Madre mía.

-Estoy rodeada de estúpidos. -Penrhyn se quejó. -¡Aléjate, Silibell, joder! ¡Es que eres tonto!

Y mientras tanto, los lobos seguían quietos; Observando.

Todos nos detuvimos en ese momento. Fueron como tres segundos que parecieron extenderse para siempre y la pelea comenzó.

Myko y Logan seguían al arquero que parecía desconcentrarse y trataba de espantarlos con el arco. Esto parecía divertir a mis dos aliados.

Gramerye fue corriendo hacia ellos y la profesional del 2 corrió hacia mí.

Entonces los lobos se movieron y se lanzaron a por nosotros.


Mileena Penrhyn - diecisiete años - distrito dos - voluntaria.

Llevábamos un tiempo observando a La banda. El mentor de Edgeworth la había llamado así y así se había quedado. También los llamaban Los cuatro fantásticos... Aunque ahora quedaban tres.

-Ahora son los tres mosqueteros. -Connor había dicho.

Silibell y Gramerye le ríeron la gracia que a mi parecer no era tal, y él sonrió como un idiota.

Era un buen líder pero había decidido que me marcharía pronto. No sabía cuando, pero lo tenía decidido.

Gramerye había querido explorar y la verdad, yo también. Me aburría haciendo de centinela aquí. Estaba claro que nadie se acercaría a la cornucopia. Era suicidio.

Así que Edgeworth y Mallory se habían quedado vigilando y Kidei se había venido con nosotras.

Nos enseñó donde estaba el hollín, aunque la ciudad había cambiado de lugar, y como no vimos a nadie, nos marchamos.

Entonces encontramos a los chicos y estuvimos vigilando.

Se metieron en un agujero y no salieron en al menos un buen rato así que decidí que exploraríamos una de esas cosas redondas y dejamos al único chico de centinela.

Quedamos en que nos avisaría cuando salieran y así hizo.

Gramerye y yo sacamos comida y comprendí por qué habían tardado tanto en aparecer.

Pero la tonta de Tina se apresuró hacia ellos sin percatarse de que dos enormes bestias habían aparecido y me tocó ir a salvar su culo.

Maldita fuera...

Y ahora estábamos tratando de que los mutos no nos comieran y de que Los tres mosqueteros, mierda, se me había pegado el nombrecito, no escaparan.

Gramerye fue a ayudar a Silibell y yo me quedé con uno de los chicos y un lobo.

Joder. ¿Es que el idiota del 1 no tenía otra arma por si acaso? Qué gilipollas.

Saqué uno de los cuchillos pero en vez de atacar a la bestia como seguramente el tipo creía, me lancé hacia él.

Levantó los brazos para protegerse y solo corté ropa.

Estúpido...

Seguí acosándolo y haciéndole pequeños cortes mientras él se defendía como podía.

Se acercó demasiado al muto pero no se percató. Estaba más concentrado en librarse de mí.

Admito que me dio algunas buenas patadas y puñetazos. Y parecía tan debilucho...

Gramerye vino a ayudar, pero empeoró las cosas. Me empujó y me hizo caer. Perdí la oportunidad de cargarme al chico del 5 y en lugar de eso, fue desgarrado por el lobo.

Furiosa, me levanté y corrí hacia Tina.

Ella me esperaba y luchamos ferozmente mientras Kidei acababa con los dos mutos con sus flechas y el niño del 11 y el chico del 6 echaban a correr cuando un cañonazo sonó.

Gramerye me desequilibró y me tiró al suelo. Ella perdió su arma cuando le di una patada en la mano y trató de quitarme la mía.

Yo giré, la empujé y me levanté.

Rajé su garganta y apuñalé su pecho después.

Ella estaba gritando... Pero después de eso, no lo hizo más.

Otro cañonazo sonó y miré a mi alrededor.

Mi compañero de alianza me miraba como si no me conociera.

-¿Algún problema? -Espeté.

-La has matado, Penrhyn.

-Sí. ¿Y qué? Es lo que debe hacerse y punto.

-Pero es nuestra aliada... -Él continuó.

-Ya. Pero fue estúpida y por eso me herí la pierna.

Silibell levantó su arco.

-Antes de que aciertes, te habré matado. Así que haremos algo. Tú te callarás, diremos que Tina murió a causa de mutos y punto. Si dices que he sido yo, juro que te mataré lentamente y me aseguraré de que duela.

Él asintió. Le vi el terror en los ojos y sonreí.

-Vamos, Silibell. Quiero volver ya.

Él me siguió como un cachorro. Buen chico.


Eliseos Merrych - diecisiete años - distrito nueve - cosechado.

Había rezado y rezado pero la diosa no mostraba su poder. Nos vendría bien para acabar con los animales y que ella se proclamara vencedora. No obstante, todo seguía como antes.

Confieso que la noche anterior fue mágica. la diosa renacida y yo nos alejamos y yacimos juntos en un camarote mirando el mar.

Creí que nos detendrían, que ocurriría algo, pero no. Pudimos disfrutar en los brazos del otro.

La diosa me había elegido para ser su concubino. Era todo un honor para mí servirla en lo que ella deseara.

Hoy estábamos en un bosque cubierto de nieve.

Roxanne dijo que aquí fue donde los castores gigantes casi se la comieron.

A mí todo me parecía muy tranquilo, a decir verdad.

Incluso había un perro.

Había echado tanto de menos a uno...

Me arrodillé ante la atónita mirada de mis compañeros de alianza y recé.

Debía confesar mentalmente mis pecados y transmitírselos telepáticamente al perro.

-Roxanne y yo vamos a buscar frutos comestibles. ¿Vienes, Anica?

Escuché que ella negaba y Marlow insistía para que fuera con ellos.

No lo hizo. Tal vez debió hacerlo...

-Yo iré por allí, tu hacia el otro lado. -Escuché.

Era una voz nasal. Me sonaba mucho y me sobresalté.

Era el profesional del 2. Eso me asustó. No debía andar lejos.

Estaba concentrado en buscar al grandote del distrito 2. Así que me sorprendió ver una figura cubierta de negro. Era más pequeña. El perro que estaba a mi lado corrió lejos. Animal inteligente.

Era la chica del 1. Marjorie o Mallory... No recordaba bien. En resumen. Era a quien quería matar.

-Oye Valdi... ¿No decías que la habías matado? -Volví a escuchar la voz nasal pero no sabía de donde venía. Eso me tenía desconcertado.

-Eso creí. Pero no apareció en el cielo durante la primera noche. -Se encogió de hombros.

Me pregunté si debía atacar ahora. ¿Y dónde estaría Marlow? Tal vez el chico grande del 2, Conner, Connor, Donnel... ¿Cómo se llamaba? Bueno. Lo mismo estaba por ahí...

Ese segundo de distracción por mi parte, lo aprovechó la profesional del 1 y reaccioné solo porque la diosa dio un grito. Aterrado, corrí hacia ella. No podía permitirme distracciones. Eso podría suponer la diferencia entre la vida y la muerte.

Cogí mi guadaña, me la habían enviado los patrocinadores por la mañana, y corrí hacia las chicas.

La diosa renacida luchaba contra la del distrito 1 con un palo largo de madera y un pequeño puñal. No bastaría.

Me uní a la pelea e igualé en algo el terreno. Sin embargo me resbalé en una pendiente y caí hacia abajo.

Impotente, traté de levantarme sin éxito.

Era un lugar rocoso y resbaladizo.

Un rato después, escuché tres cañonazos a pocos segundos de distancia.

Esperaba que hubieran caído los profesionales.

-¿Y el otro chico? -Escuché la voz nasal más cerca.

-Cayó por esa pendiente. ¿Tú encontraste algo? -Valdi preguntó.

-No. Nada. Solo un castor muerto.

-¿Nos vamos?

El grandote maldito pareció pensárselo.

-¿Y qué hay del chico del 9?

-Ya habrá otra ocasión. Llevamos bastante tiempo lejos de la cornucopia. Y aunque no haya aparecido nadie en estos días...

-Tienes razón. -Edgeworth dijo.

No parecía muy convencido de dejarme aquí pero finalmente se marcharon.

Malditos arrogantes... Creían que podrían matarme en otra ocasión. No se lo permitiría. Acabaría con ellos.

Cuando logré subir el terraplén tras varios intentos, descubrí a la diosa... Ella... Estaba muerta. No cabía duda esta vez.

Había caído. Tenía una herida grande en el costado del que no dejaba de manar sangre y otra en el estómago.

Su puñal había desaparecido y el palo que había utilizado para defenderse yacía en el suelo partido por la mitad.

Lloré y grité hasta quedarme sin voz.

Iba a vengarla. Lo haría. No podría ser de otro modo.


Despedidas:


Puesto 7. Porpentina Gramerye: Eras muy querida para mí. Te quise mucho. Eras muy diferente a los pros y tan directa... Te amaba mucho.


Puesto 10: Vicent. Eras un chico lector. Me gustaste desde que te recibí y bueno... Me encantó escribir tu escena con tu amor. Fue hermoso.


Puesto 16: Anica. No supe qué hacer contigo pero me encantó jugar con las posibilidades. Fue divertido y aprendí varias cosas. Me diste una buena subtrama y sigues haciéndolo.


Gracias por haberme enviado a estos tributos, chicas.


Ahora las preguntas:

1.¿POV favorito?

2.¿POV que menos os ha gustado?

3.¿Qué muerte os ha dolido más?


Nota: Trataré de explicar la arena aunque según se me ocurre, lo escribo.

Tiene varias secciones laberínticas. Saqué el diseño de El corredor del laberinto. Y en cada sección está basada en un libro.

El bosque de cuentos como Hansel y Gretel, la comarca del Hobbit, El bosque de Narnia, El barco del Capitán Garfio, y la ciudad es de alguna distopía loca.

Bueno. Nos leemos.