Disclaimer: El universo le pertenece a Suzanne Collins. El lago Lyn y sus efectos le pertenecen a Cassandra Clare. Los tributos son de ls lectrs. La historia es mía. No obtengo beneficio económico ni de algún otro tipo al escribir este fic.


Capítulo 22. La pérdida. Distritos: 10, - 10, - 9, - 4, - 1, - 6.


"El agua, que da vida, puede también destruírla."


Gaspar Andryusin - Distrito 10, - Escolta.

Había compañeros míos que no rozaban la estupidez. Estaban metida en ella hasta el cuello.

Sus cerebros no podían al parecer, pensar decentemente gracias a tanto producto químico que se echaban en el pelo y la cara.

¿Cómo era que apostaban por un tributo que iba a morir? Había que ser inteligentes, en el nombre de Panem.

Sí que es verdad que yo apostaba por Rosana Halloway. La chica era tonta como una mula pero fuerte y terca. Pero nada de eso la sirvió.

Sin embargo Rocheford hijo era una vaca sobrealimentada y había logrado sobrevivir teniendo junto a él al chico atractivo del distrito 7.

Lástima que tuviera una discapacidad intelectual.

Doreen se había marchado ya al distrito. Iría a entregarle el cuerpo de Halloway a su familia.

A mí me parecía una somera estupidez, pero bueno. Por desgracia mi opinión aunque era escuchada, no era bienvenida.

-¿Y qué si había expresado mi desagrado ante ciertos tributos? Eran lo que eran y pretender otra cosa era absurdo.

¿Pero a los vencedores eso les importaba? Para nada. Yo era de los más odiados y realmente no me importaba.

Tenía dinero e influencias. Si me odiaban unos paletos de distrito por mí como si se hundían en estiércol.

Observé la arena. Los vigilantes estaban preparando algo que según Había dicho di Angelo, sería interesante.

El comentarista tomó el micrófono y tras que el himno de Panem sonara, cosa que sobresaltó a los trece tributos que quedaban, comenzó a hablar.

-Queridos y queridas. He de informar que para hacer esto más interesante, cada día o cada doce horas, aún no se ha decidido, se cerrará un sector del laberinto. Quien se encuentre allí cuando eso ocurra... -Dejó que cada uno imaginara lo que quisiera y cortó la conexión.

Muchos mentores se mordían las uñas y mis compañeros escoltas se frotaban las manos con interés. Yo, por otro lado, solo observé.

Me preguntaba qué tal saldría esto.


Thomas Rocheford - 18 años - Distrito diez - Cosechado:

El anuncio del comentarista me había pillado por sorpresa. Nuestra alianza se había reducido y solo éramos dos.

Me sobresalté al escuchar agua a nuestro alrededor. ¿No se suponía que ahora cambiaríamos de sector?

Oh, claro. El anuncio del Capitolio.

-¡Tommy! ¡Tommy! ¡El agua se acerca! ¡Hay que irse!

No discutí. Estaba totalmente de acuerdo con él.

Debíamos correr porque el agua, como un río enfadado, casi se nos echaba encima.

A pesar de la adrenalina, me costaba avanzar. No habíamos comido hoy nada más que una manzana y me sentía hambriento.

Corríamos todo lo rápido que nos daban las piernas o al menos, todo lo rápido que yo podía correr. Coddy siempre iba más lento para seguirme el paso y nunca hacía caso cuando le decía que me dejara solo.

-¿Cómo vas a quedarte solo, Tommy? No hay que dejar a las personas solas.

Nunca he sido una persona sentimental, pero con Coddy, he sentido la necesidad de protegerlo o más bien de ayudarlo.

Él cree que está en un simple juego entre distritos y que la gente no muere, si no que los descalifican pero no vuelven a su distrito. Ni su mentor ni yo tuvimos el corazón para decirle otra cosa.

Halloway lo intentó, pero se sabe como acabó eso. Su cabeza... Prefería no pensar en ello.

Cuando paramos, veo como McClure Se rasca el brazo y hay una especie de picadura que parece enrojecerse y extenderse por su piel y siento vértigo, náuseas y miedo por él.

-Tommy, tengo sueño. -Susurra.

Yo seguía mirando la picadura con horror y rabia y al mirar al suelo vi algo plateado. Un dardo. Era similar al que había matado a Karen pero no igual. Tan absorto estaba, que no le presté atención.

-¿Tommy?

-Duerme Coddy. Te despertaré por la mañana.

-Pero hoy me tocaba vigilar a mí primero. -Protestó evitando que se le cerraran los ojos.

-Lo sé, pero ¿qué te he dicho sobre las personas inteligentes?

-Que siempre hay que hacerles caso.

-¿Y quién es el más inteligente de los dos?

-Tú. -Me sonríe cuando asiento por haber encontrado la respuesta correcta.

-Tommy. -Susurró un rato después.

-¿Sí?

-Si me descalifican, ¿podrías llevarte el águila de mi hermano?

-N no van a descalificarte. -Siento como se me cierra la garganta y los ojos me escuecen.

-Me ha picado algo y cuando a Karen le picó algo, se durmió y la descalificaron.

Para tener la mentalidad de un niño pequeño, su lógica es buena. Pero eso no lo hace más fácil. Sé que para que yo ganara él tendría que irse, me niego a decir o pensar que morirá, pero al verlo allí casi dormido no puedo evitar que algunas lágrimas salgan de mis ojos.

-¿Estás llorando, Tommy?

-Las personas inteligentes no lloran. -Contesto con la voz quebrada.

-Mi abuela lloró una vez y era la persona más lista del mundo. -Susurra.

Después, Coddy se acerca a mí y me abraza. Se lo permito y veo como sus ojos se cierran y noto como su respiración se profundiza.

-Tienes que ganar. -Dice en un murmullo.

Instantes después, suena un cañonazo y sé que es el de Coddy.

Dejo las lágrimas correr libremente ahora y acuno a mi compañero como si fuera un niño hasta que el agotamiento me vence y me duermo.

Al despertar, su cuerpo ya no está y yo voy a vengarme. Mataré al maldito que hizo esto.

Ya me he puesto en pie, cuando veo el águila de Coddy en el suelo.

La recojo, acaricio la superficie y la guardo en uno de los bolsillos de mis prendas.


Eliseos Merrych - diecisiete años - distrito nueve - cosechado.

No quise hacerlo. De verdad que no. Solo quería comprobar que mi arma improvisada funcionaba y estábamos lo suficientemente alejados de todo el mundo como para que no hubiera habido accidentes.

Pero Rocheford y McClure pasaron corriendo y mi dardo impactó en su brazo desnudo.

¿Por qué se había quitado sus prendas a excepción de la camiseta corta? Yo no quería.

Él nunca se había reído de mi religión. No lo entendía, pero no me había tratado de loco.

Rush se me acercó con un conejo ya despellejado.

-¿Y esa cara? ¿Te asusta el agua?

Negué con la cabeza.

-Solo es agua, Collie. Solo agua.

-Y bien, Merrych. ¿Ha funcionado tu arma o qué? -Me frunció el ceño.

-Sí. Aunque sigo diciendo que debí haberla probado en ese animal.

-Ya, claro. ¿Y qué comeríamos entonces? ¿Veneno? Porque por si no te has dado cuenta, la comida escasea.

Me quedé callado y opté por cocinar yo al conejo. Eso distraería mi mente.

Debía rezar. Tenía verdaderos deseos de hacerlo.

Cuando un cañonazo sonó, me estremecí.

Dejé el animal en una roca y me alejé a vomitar.

-¿Algo te ha sentado mal?

¿Cómo iba a decirle a Rush que seguramente había matado a su compañero de distrito? No. No podía decirlo.

-Eh... Sí... Debe ser eso. -Respondí.

Había jurado matar a los animales de Panem, pero no todos eran irredimibles, ¿cierto?

Esto seguro que era un castigo de los dioses por haber permitido que La diosa renacida muriera. Sí. Era mi castigo y lo aceptaría como tal.

Debía cumplir penitencia.


Dylan Marlow - dieciocho años - distrito cuatro - cosechado.

Había muchísima agua de repente.

Quisimos acampar y pasar la noche en los árboles frutales y fue lo que hicimos.

Roxanne tenía que bajar las frutas porque las ramas parecían demasiado finas para mi peso.

-Tenemos que movernos, Periwinkle. El agua está viniendo.

-¿Qué agua? Yo no veo nada.

La miré pacientemente.

-¿No la oyes? Es como un rugido ensordecedor.

-Oh. Creí que era el sonido de la arena a punto de cambiar.

Negué con la cabeza.

-Suena como una gran ola cuando se acerca. Y esto no va a ser bonito.

Recogimos nuestras cosas y echamos a andar.

-¿Por dónde vamos? -Pregunté en voz alta.

Había dos caminos posibles.

Al final no tomamos ninguno. La fuerza del agua nos empujó en direcciones distintas y el simple hecho de mantenerme a flote era complicado. No digamos ya tratar de nadar.

Algo chocó contra mi costado y miré. Era Roxanne tratando de nadar.

Nos ayudamos mutuamente pero el agua era demasiado virulenta.

Escuché un cañonazo entre el estruendo y miré a mi compañera.

Ella se había agarrado a un tronco y se esforzaba por mantener la cabeza fuera del agua.

Bien. Entonces no había sido ella.

No sé cuánto tiempo pasamos siendo zarandeados de un lado a otro. Mis ropas se habían vuelto pesadas así que me las quité. Solo llevaba mi callado y mi ropa interior.

Otra ola nos sumergió a ambos y choqué con fuerza contra algo.

La espalda me estaba matando. En el lado bueno, no había sido mi cabeza.

De repente, el agua se retiró como si nada y a parte de una pared de rocas, no veía nada más.

Subí como pude unos peñascos y me tiré sobre una gran roca plana que estaba extrañamente seca.

Roxanne apareció entonces. No tenía su tronco.

Sus brazos y manos estaban cubiertos de rasguños y sangraba mucho.

Con cuidado bajé de mi roca y me acerqué a ella.

No se movía y cuando le tomé el pulso... No tenía pulso y la sangre que se veía no era solo de sus brazos. Si no de su cabeza.

Supuse que me había perdido su cañonazo.

Me quedé allí, mirándola y vi cómo un aereodeslizador la recogía con una especie de garra y se la llevaba.

Me sentí entumecido por dentro además de exhausto.

El día acababa de comenzar y había sido agotador.

Todo había pasado tan rápido que no era capaz de asimilarlo aún.

No conocía a Roxanne, pero era una niña. Una persona, joder.

Cada vez odiaba más y más al Capitolio y me llenaba de rabia no poder hacer nada.

Estaba tan furioso...


Mallory Valdi - dieciocho años - Distrito uno - voluntaria.

Vimos casi a primera hora de la mañana cómo el agua arrasaba un sector entero y no nos movimos.

No había pasado por la cornucopia excepto unas cuantas gotas que nos habían mojado la ropa ligeramente.

-Supongo que hoy no saldremos a cazar. -Mileena se lamentó. -Tenía nuevas ideas.

Kidei la miró de un modo extraño. ¿Por qué mi compañero de distrito se había vuelto tan taciturno de un día para otro?

Debía haberle afectado la muerte de Tina más de lo que dejaba entrever. Pero no podíamos detenernos allí. Estábamos en los juegos del hambre y si no nos centrábamos...

Yo estaba aquí para ganar. Vale que me había encariñado con algunas personas, pero no siempre podría vivir del baile.

El dueño de la compañía me había adoptado pero ¿Qué habría sido de mí si me hubiera hecho mayor y la edad ajara mi rostro y mi cuerpo? ¿De qué habría vivido cuando mis movimientos ya no fueran ágiles ni desenvueltos?

Ahora había dos opciones para mí. O moría o vencía. Y prefería la segunda opción.

El día pareció oscurecerse y las nubes taparon el sol.

Debíamos resguardar las provisiones por si acaso comenzaba una lluvia torrencial.

Se escuchó el sonido distintivo de un paracaídas que cayó delante de Connor.

Todos nos volvimos a ver qué era.

Incluso Mileena, que había estado dibujando en sus botas algo con el cuchillo que tenía en la mano, se dio la vuelta.

No nos quedaban medicinas para su herida y noté que hacía muecas de dolor. Trataba de ocultarlas pero no le salía muy bien.

-Es una lona. -Dijo Kidei.

-Vaya gilipollez. -Penrhyn soltó. -Ya podían haber enviado otra... -Se quedó callada cuando otro paracaídas cayó delante de ella.

Mientras Mileena lo abría, yo ayudé a Edgeworth a colocar la lona sobre la cornucopia.

No estábamos como para perder comida o armas.

-Un apósito con crema antibiótica. -Mi compañera aliada me contestó cuando la miré.

Vi que tenía un papel en la mano y que sonreía ampliamente.

-¿Quieres que te ayude a ponértelo? -Ofrecí.

Creí que se negaría, pero aceptó y me dejó hacer.

Yo la ayudé y al levantar la pernera de su pantalón...

La herida estaba mucho peor de lo que imaginaba.

Abrí el paquete del apósito, lo despegué y se lo coloqué en la pierna tras haber limpiado la herida con una toallita antiséptica que venía con la medicina.

-Gracias, Mallory.

-No hay de qué. Estamos para ayudar.

Sonreí y me senté a su lado.


Mykolas (Myko) Picaso - dieciséis años - Distrito seis - cosechado.

Logan no se calmó por la noche. Se despertaba cada dos por tres gritando y jurando que íbamos a morir.

Yo siempre lo sostenía y lo calmaba como podía.

Él se relajaba en mis brazos pero horas después el círculo comenzaba de nuevo.

Si él hubiera sido otra persona, lo habría abandonado a su suerte. Pero solo de pensar en dejarlo atrás hacía que se me revolvieran las tripas y que mi corazón se apretara dolorosamente.

¿Por qué tuve que encariñarme con Logan?

Estábamos descansando junto a un lago cristalino. Era un bonito lugar y estaba silencioso.

Durante todo el día me había alejado de Logan solo en tres ocasiones y cuando tardaba demasiado, él comenzaba a llamarme desesperado.

Sabía que en los juegos la gente se volvía loca. Sabía que a mí me lo llamaban en el distrito.

Pero ver como alguien se deterioraba... Un chico de trece años, era duro de presenciar.

La noche ya estaba aquí así que decidí que nos daríamos un baño en el lago.

Ayudé a Logan y pronto ambos disfrutábamos del frescor del agua en nuestra piel.

Y ya que estábamos, llenamos nuestro estómago. El agua estaba fresca. Mucho mejor que el agua de sabor metálico del distrito 6.

Esto pareció devolverle su claridad a Lynch.

Cuando salimos y el himno sonó, no me sorprendió demasiado ver las caras del chico del 7 y de la chica del 9 en el cielo.

Fue triste, supongo. A mí ellos me daban lo mismo.

Fue después del himno que algo comenzó a ir mal.

Comenzaba a ver cosas que yo sabía que no estaban allí, como el canto de un charlajo, pero pronto no fui capaz de diferenciar la realidad de las alucinaciones.

Veía a mi familia sonriendo con la cara manchada de sangre y las extremidades colgando.

Venían a por mí.

En otra ocasión, vi a Vicent recriminándome que le hubiera dejado morir.

Las imágenes se sucedían a veces muy despacio y en ocasiones demasiado rápido.

Alguien venía a por mí. Quienes habían acabado con mi familia venían a matarme. Querían mi dinero. Todo mi dinero.

No les bastaba con lo que ganaba con mis pinturas. Lo deseaban todo.

Podía ver la codicia en sus ojos.

Pero no me atraparían. No lo harían. Sería más rápido. Sí. Más rápido que ellos.

Escuché una explosión y sonreí. Había ganado.

Al día siguiente, me desperté con un dolor de cabeza terrible y con las manos extrañamente pegajosas.

Cuando las miré, descubrí que estaba manchado de sangre. Sangre que no era mía.

Escuché un aereodeslizador y vi cómo se llevaban a Logan. Pero ¿por qué? No entendía nada. ¿Qué había pasado?


Despedidas:


Puesto 14: Coddy McClure: Dios, Coddy. No quise matarte. Ha sido muy duro. Te amé desde que te tuve en mis manos y me planteé hacerte vencedor, de verdad. Pero siendo realistas, la gente se reiría de ti y acabarías siendo infeliz y no podía permitirme eso. Te quiero, joder. Ha sido la peor de las muertes.


Puesto 17 Roxanne Periwinkle: Te quise muchísimo. No eras una niñita asustadiza. Eras terca y cabezota. Me encantó escribirte y ha sido muy doloroso decirte adiós. De verdad. Estoy muy triste por ello.


Puesto 22 Logan Lynch: No tenía prevista tu muerte así, pero cuando escribí la escena del lago Lyn, la idea se desarrolló sola. Me siento una mala persona pero es así en los juegos. Te quise mucho. Me encantó tenerte y me divertí muchísimo contigo. Tu alianza fue improvisada pero todos encajábais perfectamente para mí.


Ahora preguntas:

1.¿Punto de vista favorito?

2.¿Punto de vista que no os ha gustado?

3. Quedan diez personas. estamos cerca de los ocho finalistas. ¿Me podéis enviar un priv con quién os gustaría que pariente o amigo de vuestro tributo fuera entrevistado?


Nota: No os preocupéis por dejar comentarios. Sé que estoy pulicando caps muy rápido.