Disclaimer: Lo que reconozcáis le pertenece a Suzanne Collins. Los tributos son de l s lect s y la trama es mía.
No obtengo beneficios económicos al escribir esto.
Capítulo 25. Carrera de obstáculos. Distritos: 1, - 6, - 2, - 4.
Mallory Valdi - dieciocho años - Distrito uno - voluntaria.
Me froté la cabeza bastante confusa. ¿Qué había pasado? ¿Y por qué todo estaba tan oscuro?
No sabía si era seguro moverme, pero si no lo hacía... ¿Qué ocurriría entonces?
Escucho un cañonazo y me preocupo. Recuerdo el muto gigante, luego... Luego...
Me froto la frente y noto mis dedos pegajosos. Estoy sangrando y tengo un bulto considerable.
Decidí que me levantaría y observaría mi entorno.
Estaba en un agujero. Uno bastante profundo y ancho. Eso al menos estaba bien. Me permitía movilidad.
Tenía que salir de aquí pero no parecía haber un hueco para ello.
Toqué las piedras, las golpeé, pero nada.
Treparía. No había otra opción.
Agarré mis cosas, las que no se habían roto en la caída y me las até a la espalda.
No quería pensar en el dolor que tenía en todo el cuerpo. Lo había tenido peor otras veces.
Me preocupaba mi cabeza pero si no salía de aquí, no encontraría solución.
Había buenos asideros para mis manos y pies y la subida se hizo sencilla.
Cuando estaba casi arriba pasó algo extraño. Me deslicé hacia abajo.
Lo intenté una y otra vez con el mismo resultado. Estaba siendo más complicado de lo que pensé.
Probé a sujetarme de otras piedras tras varios intentos infructuosos y por fin logré salir.
Estaba exhausta y sedienta. Necesitaba descansar.
Revisé mi cuerpo de nuevo y por suerte no encontré nada que no esperaba. Lo que más me preocupaba era el bulto en mi cabeza. Tenía miedo de que fuera una conmoción cerebral.
Rebusqué agua, pero no tenía. ¿Qué hacer?
Debía avanzar. No me quedaba más remedio.
Mykolas (Myko) Picaso - dieciséis años - Distrito seis - cosechado.
El banquete. Como si eso me importara mucho en estos momentos.
Quería pintar y sacar estas crueles imágenes de mi mente porque dolían.
Pero tal vez lo merecía. A lo mejor era mi castigo por haber hecho lo que hice.
Caminaba porque no podía dormir.
Si cerraba los ojos se me venían a la mente cada muerte que había presenciado y el presidente aparecía en un podio de oro riéndose de mí.
Pisé algo blando y me sobresalté.
Temía mirar. ¿Y si era un cadáver?
Aparté la pierna pero no podía despegarla de la cosa.
Sentí como hilos rodeándola y subiendo por mi pantorrilla derecha.
Lo que fuera que me retenía tiraba de mí y tropecé hacia delante.
La misma cosa rodeó mi otra pierna y subía por mi cintura. Era como tela de araña.
Luché contra ello pero cuanto más tiraba, más rápido me envolvía en los filamentos.
Me revolví, traté de romper los hilos, pero nada daba resultado.
Tenía mucho miedo porque no era capaz de escapar.
Cuanto más se acercaba la tela de araña a mi cuello, más lento iba. Tenía poca movilidad en mis brazos y manos.
Vi a alguien acercándose y me revolví más cuando me di cuenta de quien era.
Esa maldita del distrito 2, Mileena Penrhyn.
-Oh, el insecto está atrapado. -Ella sonrió. -Eso es muy divertido.
Se acercó más.
-¡Sácame de aquí! -Chillé. -¡Sácame para que pueda matarte!
-Me parece que no, chico. Creo que voy a observar como esa tela te envuelve. O podría...
Su sonrisa no me gustó nada. Era maliciosa y cuando sacó una espada, me temí lo peor.
Sentí un dolor como nunca en el vientre y chillé.
Penrhyn trató de sacar su espada pero las telas de araña envolvían el arma rápidamente mientras yo seguía gritando.
Mileena Penrhyn - diecisiete años - distrito dos - voluntaria.
Iría al banquete. Mi herida no había terminado de cerrar del todo y estaba infectada.
Me dolía muchísimo y había sentido cansancio horas atrás.
Observé a Picaso, el loco del distrito 6 agonizar de dolor. Sus chillidos eran molestos de escuchar. Mejor me iba de allí. Temía que otro maldito sector se cerrara y me atrapara en medio.
No me había dado cuenta de que mi muñeca estaba siendo envuelta por el mismo material pegajoso que había atrapado a ese idiota.
Luché contra esa maldita cosa, y logré soltarme por muy poco.
Eché a correr pero algo me atenazaba la ropa.
Mykolas gritó y tiró de mi sudadera hacia atrás con todas sus fuerzas.
Me revolví, furibunda, y traté de que me soltara pero no daba su brazo a torcer.
Me giré cuanto pude para soltarme, pero esos filamentos horribles comenzaban a envolverme rápidamente y ese maldito chico no me soltaba.
-¡Suéltame, maldita sea! ¡Suéltame o te mataré!
Picaso se echó a reír y me escupió a un lado de la cabeza.
-Me voy a morir de todos modos pero tú, vendrás conmigo. Esto es por Raffia y Vicent. Tú y yo nos quedaremos aquí, juntos.
Me negaba. Ese no sería mi final. No iba a perecer al lado de un loco. Pero parecía no tener opción.
Los hilos pegajosos ya envolvían mis hombros.
Escuché un cañonazo y caí al suelo bajo el peso del chico ya muerto del distrito 6.
Chillé llena de rabia. Este no podía ser el final.
Dylan Marlow - dieciocho años - distrito cuatro - cosechado.
Me acosté en el suelo de una especie de bosque cubierto por unos matorrales. No era muy cómodo, pero no podía permanecer despierto más tiempo. Había caminado todo el día deteniéndome lo justo para descansar.
No ir al banquete no era opción. Sería estúpido por mi parte tratar de evitar lo que el Capitolio quería.
No estaba en mí el resignarme, pero aquí nada era sencillo. Todo tenía un precio y me preguntaba qué me harían si se me ocurriera tratar de rebelarme.
El agua y la sustancia negra habían sido malos. ¿Qué sería lo siguiente? No quería saberlo.
El himno de Paném comenzó a sonar y a pesar de que no quería, la curiosidad me venció y miré al cielo entre las ramas.
Mileena Penrhyn, Connor Edgeworth y Mykolas Picaso.
¿Qué habría pasado?
Estaba contento por haber sobrevivido un día más pero odiaba estos malditos juegos.
El Capitolio era una basura y ellos deberían ser quienes estuvieran aquí en esta arena para que entendieran lo que sucede cada año en los distritos. El terror, la impotencia...
Malditos fueran todos.
Zachary Bayer - dieciocho años - distrito tres - cosechado.
Me preguntaba cómo saldría de aquí sin ser visto y por consecuencia ser rebanado en rodajas por ello así que caminé por túneles tratando de encontrar una trampilla de salida adecuada. No había nada.
Gemí para mis adentros cuando llegué a una conclusión terrible. Me tocaba ingeniármelas para salir por donde había entrado.
De noche planeé como lo haría. Si todo había ido bien, mi explosivo había funcionado y si no... Entonces tendría furiosos profesionales esperándome con antorchas para quemarme vivo y luego comerme cual tocino.
Mmm. Tocino. Ahora quería.
Fue un alivio saber que dos profesionales habían muerto. Solo quedaba una.
Me sentí fatal por pensar así, pero no podía evitarlo. Uno no puede controlar lo que se le pasa por la cabeza.
Al día siguiente hice que algunos vagones subieran a la superficie como distracción. No quería explotar nada, solo... Además había tenido pesadillas el día anterior con gente explotada por mi culpa.
Los vagones no salieron. Un fuerte estruendo llenó la cámara subterránea y vi, conmocionado cómo una parte del terreno se hundía cerca.
Me daba igual si alguien me mataba. Yo iba a salir de allí. No quería esperar a que la avalancha de escombros me sepultara.
Tomé mis herramientas, mis cables y mis pequeños amigos mortales y abrí la rejilla de la cornucopia.
No quería morir aquí abajo como una rata humana.
Eliseos Merrych - diecisiete años - distrito nueve - cosechado.
La pierna de Rush parecía estar entablillada pero al menos era solo la piel. La ropa se había llevado la peor parte así que tras ayudarla a deshacerse de sus zapatos y parte de sus pantalones, tratamos de irnos de allí.
Era difícil porque ella estaba descalza en el hielo y temimos que se le cayeran los pies por congelación.
Tuvimos suerte de que un paracaídas trajera unos zapatos para ella.
Ahora corríamos hacia la cornucopia perseguidos por... Podría decirse que la tierra hundiéndose. Caminábamos y la parte helada desaparecía bajo la tierra convirtiendo el hielo en un pantano fangoso en el que no quería estar.
No iba a detenerme hasta habernos librado de esa... Cosa. ¿Y si nos atrapaba? ¿Y si nos hundíamos con el resto del sector helado?
Me pregunté si los dioses me estaban castigando de nuevo por mi clara inutilidad. No había hecho nada cuando pude haber sacrificado animales y ayudé a una de ellos.
Me habían dado una oportunidad y la había desaprovechado. No era digno y por eso la diosa se había ido. No era el protector que ella merecía. Solo era un tonto asustado con una guadaña.
Encomios:
3: Mileena Penrhyn. Te consideré como vencedora, pero la trama manda y gana sobre todas las cosas. Me gustó mucho escribirte y pensar en cómo serías y actuarías.
12: Mykolas Picaso: En un inicio no preví que te volvieras loco. Ibas a ser más calculador y frío pero de nuevo, la trama manda.
Me encantó recibirte y me encantó escribir tus POVs.
Preguntas:
1: ¿POV favorito?
2: ¿Cuál sería vuestro regalo navideño ideal?
3: ¿Verano o invierno?
Nota: Voy a iniciar otro syot. ¡Sorpresa! Será del año 27. Será... Ah, no spoilearé.
Nos leemos chic s!
