Disclaimer: El universo le pertenece a Suzanne Collins. Los tributos son de los lectores. La historia sí es mía.

No obtengo beneficios económicos ni de otro tipo al escribir este fic.


Capítulo 26. El... Reencuentro final. Distritos: 2, - 1, - 9, - 10, - 7, - 3, - 10, - 3.


Neilan Penrhyn - Vencedor del distrito 2.

Hasta el último momento creí que mi hermana lograría escapar. Me negaba a creer que iba a morir junto a esa rata del distrito 6. Sonó el cañonazo y aún seguía animando a mi hermana para que siguiera luchando. Pero ella no se movía. ¿Por qué? ¿Cómo se atrevía a rendirse?

-¡Mileena, joder! ¿Qué estás haciendo? ¡Levántate!

No podía creerlo. Ella estaba allí... O al menos eso parecía porque la cosa de filamentos pegajosos la había cubierto del todo.

-Neilan...

Me giré para encarar al imbécil que se atrevía a interrumpirme. ¿De qué iba?

-¿Qué quieres, Clearwater? ¿No ves que estoy esperando a que mi hermana se mueva de una vez? -Espeté.

-Es que ella no va a levantarse, chico.

Mi puño conectó con la cara de Madara Greyarm y lo lancé de un empujón contra los controles de una estación vacía. Odié que él ni siquiera se defendiera. Qué estúpido.

Germánico se me acercó por detrás y sentí algo que me pinchaba el brazo derecho y mi cuerpo pesaba tanto... Tanto...

-Mileena. -Me quejé.

¿Por qué mi boca era tan difícil de mover? Mis pensamientos iban demasiado lento y quise maldecir a Lennox cuando me di cuenta de lo que me había hecho. Eso solo quería decir una cosa. Aunque lo que fuera no podía discernirlo porque...


Germánico Lennox - Vencedor de los juegos del hambre - Distrito 2.

Perder a un alumno era duro. Alguien al que habías entrenado desde que era un mocoso que no llegaba ni al metro de estatura y que te idolatraba era como un doloroso pinchazo en el corazón. ¿Pero una hermana? Mierda, Neilan debía estar en shock porque no había entendido que su hermana se había muerto. No quería ser yo quien estuviera allí cuando despertara y finalmente se diera cuenta de que había perdido a Mileena.

Fue la culpa de ella por confiada. Todos le recomendamos que esperara un año más pero no. La niña se sentía desplazada y quería brillar por su cuenta. ¿Y qué si su hermano ya no le hacía tanto caso? Que ella no entendiera el por qué demostraba su inmadurez. Y ahora estaba muerta. Maldita sea. No debimos haberla aceptado ni siquiera cuando se presentó voluntaria.

Ahora quedaba apoyar a Neilan porque estaría destrozado. Joder, era mejor estar solo, creía yo.


Mallory Valdi - dieciocho años - Distrito uno - voluntaria.

Estaba mareada, pero aún me sentía alerta. Temía que pudieran pillarme vulnerable y entonces...

Concentrarme era un tanto más difícil, pero cuando escuché los pasos me preparé.

Ahora no podía dudar. Quedábamos pocos. ¿Cuántos? No lo sabía. Pero si me ocultaba ahora, podría costarme caro más tarde.

Vi al chico del distrito 4 encaminándose hacia mí y saqué mi florete. Suerte que no lo perdí.

-Oye, 1... -Dijo.

Me lancé hacia él con el arma lista. Hablar me quitaría tiempo que podría no tener.

-No hay por qué luchar. -Intentó.

Resoplé porque sus palabras me divertían.

¿Que no había por qué luchar? ¿Y entonces qué? ¿Seríamos todos amigos y haríamos coronas de flores? Ya, como si el Capitolio lo permitiera.

-Deja de soñar, Marlow. No sirve para nada más que amargarse la vida por algo que nunca sucederá.

Él no era tonto y sabía que yo no iba simplemente a detenerme. Tomó su callado y luchamos.

Mis movimientos eran más lentos y descordinados aunque él parecía también algo torpe. Como si no estuviera acostumbrado a pelear. Pero eso no tenía sentido, ¿cierto?

Esquivé por muy poco un golpe que iba directo a mi hombro derecho y maldije porque su callado era más largo que mi florete.

Tenía que tomar la ventaja por donde pudiera.

No quería hacerlo, me sentía una deshonrra solo por pensarlo, pero era él o yo y a mí me importaba mi vida.

Sin embargo no me hizo falta utilizar esa treta. Un ruido nos sobresaltó y yo me recuperé más rápido que Marlow. Con una patada le quité el callado de la mano y fui a por él.

Recibí varios puñetazos y una patada en el costado pero era mío.

Le clavé mi espada en el estómago dos veces y cuando cayó, corté su garganta.

El cañonazo sonó instantes después.

Me sentía temblorosa y cansada. No quería nada más que descansar pero no podía.

En mi éxito, olvidé el ruido que me dio la ventaja con el chico del 4 y ese fue mi error.


Eliseos Merrych - diecisiete años - distrito nueve - cosechado.

Había dejado a Collie Rush atrás. Ya no le debía nada y podía arreglárselas por su cuenta. Tenía su veneno y a larga distancia podía matar. Ya lo había hecho antes.

Iba a ir a la cornucopia, esperaría allí, y luego sacrificaría animales como debí haber hecho desde el principio. Los dioses no estaban contentos conmigo, lo sabía.

Tal vez no me perdonarían, pero podría renacer de nuevo e intentarlo otra vez... O estar en la lista de los indignos por toda la eternidad.

Presencié la pelea entre Marlow y la chica del distrito 1. A ella quería matarla. También a la tributo del distrito 2, pero ya se me habían adelantado. Lástima.

Cuando mi ex aliado murió, le di con mi guadaña a Mallory Valdi con fuerza en la cabeza y no permití que se defendiera. Ella moriría por lo que su alianza le había hecho a la diosa renacida.

Mallory trató de atacarme, pero no dejé de golpearla. No me importaban sus gritos, yo también estaba gritando por la diosa.

Cuando 1 cayó, seguí golpeando su cabeza hasta que sonó un cañonazo.

Ahora los dioses no podían poner en duda mi devoción. Estaba vengando a quien se había hecho llamar Anica.

Seguí caminando hacia la cornucopia. Tenía hambre y sed. Además estaba sangrando por algunos cortes.


Thomas Rocheford - dieciocho años - distrito diez - cosechado.

Siempre había desdeñado a quienes se rendían porque eran personas conformistas que se quejaban de su suerte sin hacer nada para cambiarla. Llorar no llevaba a nada y pensar que yo lo haría...

Pero estaba agotado, hambriento, febril, mareado... Y a veces también quería rendirme. Solo sentarme y que pasara lo que tuviera que pasar.

-Entonces les darás la razón a aquellos que se rieron de ti.

-Tse, Sunny, no es el momento.

-No es un buen momento porque no te interesa, ¿cierto? ¿Quién iba a decir que acabarías siendo igual que aquellos a los que con tanta fuerza criticabas?

-Estás comparando vacas con gallinas. No tiene nada que ver.

-¿Y eso es lo que te dices a ti mismo para tratar de autoconvencerte?

Podría decir que odiaba mis conversaciones internas, pero realmente habían impedido que me volviera loco. Quería vengarme de quien había acabado con la vida de Coddy, pero ir corriendo sin un plan sería tan imprudente y estúpido que decidí esperar.

Esperando llevaba varios días caminando y evitando esas malditas catástrofes que iban empequeñeciendo la arena para cercarnos como a ovejas.

Me levanté de la roca en la que me había sentado, tomé las pocas cosas que aún llevaba conmigo y marché hacia el centro de ese horrible lugar.

Vislumbré la cornucopia y quise correr hacia ella, tanta era mi desesperación. Pero me detuve a pensar. Gracias por no ser una ameba. Tal error de juicio habría sido imperdonable.

Ya había alguien allí.

Dudé si acercarme o no, pero si quien fuera se giraba, me vería de todos modos.

Era Zachary Bayer. Parecía estar concentrado en algo pero se dio la vuelta para mirarme cuando llegué a su lado.

¿Debería...? ¿Debería acabar con su vida?

Preguntarme eso me revolvió el estómago y tuve que contenerme para no agarrarme a la base de la cornucopia.

-Hola Rocheford. ¿Tal qué estás?

-No tienes cejas, Bayer. -Le informé.

-No sería la primera vez. -Dijo.

Escuchamos un cañonazo y nos miramos.

¿Quién habrá sido? -No pude evitar preguntarme.

Estaba preocupado porque el final se acercaba. ¿Quién ganaría? ¿Quiénes quedaban con vida?

Otro cañonazo sonó durante mis reflexiones y entonces fue cuando me di cuenta de que sobre la cornucopia había aparecido un pedestal y en él una serie de fardos blancos con números en naranja.

Si había que escalar, yo estaba en problemas. ¿Cómo iba a hacerlo? Pesaba demasiado.

Vale que hubiera perdido peso en estos días, pero no era suficiente ni por un tramo de la imaginación.

-¿Entonces, o peleamos algo?

Miré a Bayer. ¿De verdad lo preguntaba?

-¿Quieres hacerlo?

Él negó.

-Tse. Vaya preguntas.

La cornucopia descendió y me sentí aliviado por no tener que escalar. Al menos tendría alguna posibilidad de conseguir mi fardo.


Collie Rush - diecisiete años - distrito siete - cosechada.

La tierra no se estaba moviendo así que me detuve a descansar. ¿Una estupidez? Quizá. Pero teniendo la piel de una pierna reseca como escamas y los pies enrojecidos, cualquier parada era buena.

Pensé en hacer un fuego ahora que no quedaba mucha gente, pero sería arriesgado.

No estaba bien, mis pies dolían, pero podría haber sido muchísimo peor así que esperaría un rato y después continuaría.

Encontré nada y más nada por el camino y no sabía si preocuparme o alegrarme de estar sola. Había escuchado dos cañonazos. ¿Entonces cuántos quedábamos? ¿Cuatro? ¿Más? No me gustaba la incertidumbre.

Cuando llegué, Merrych estaba gritándole al enorme del distrito 10. ¿Habría pelea?

Quizá debería lanzar un dardo y ya, pero solo me quedaba uno y no podía desperdiciarlo.

Entonces lo vi.

Flaco, desgarbado, pálido... Zachary Bayer, del distrito 3, trataba de esconderse sin éxito.

No me importó lo que pasaba con Merrych y Rocheford. Bayer era mi objetivo.

Saqué mi cerbatana y coloqué el dardo. Soplé y sonreí cuando mi pequeño iba directo al blanco.

Un grito desgarrador recorrió el lugar y ese chico del 3 venía corriendo hacia mí. El dardo había fallado. Yo había fallado.

-¡Tú mataste a Karen! ¡La mataste!

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué tanta ira? Si ni se conocían.

Zachary Bayer se lanzó hacia mí como un animal enfurecido y corrí para alejarme.

Tenía que ganar tiempo. Necesitaba sacar un cuchillo, algo.


Zachary Bayer - dieciocho años - distrito tres - cosechado.

Quería que ella pagara. Quería que ella... Que ella muriera. No podía permitir que lo que había hecho quedara sin castigo. ¿Pero qué hacer?

Me lancé a por ella y noté que cojeaba al correr. No es que a mí me fuera mejor porque tropezaba todo el tiempo con mis propios pies. Malditos pies...

Choqué contra ella y ambos caímos al suelo. Si ella hubiera tenido más veneno estoy seguro de que ya me habría lanzado algo.

Ella se colocó sobre mí tras hacernos girar y forcejeamos por someter al otro.

Yo quería sacar algo de mis bolsillos pero Collie Rush era fuerte y no me daba un respiro.

-¿Qué tenemos aquí? -Preguntó entonces sacando algo de mis ropas.

Negué frenéticamente con la cabeza. Ella no debería tener eso. Ni yo debería haberlo traído.

-Déjalo, Rush. No deberías tenerlo. -No forcejeé por ello. Era peligroso.

-¿Qué es? -Preguntó.

-No es nada. Déjalo.

Lo cierto era que ni yo sabía qué era. Solo lo había construido por aburrimiento.

Entonces no me importó que ella tuviera mi invento ni que jugueteara con él. Yo tenía algo más.

Giré de nuevo sobre Rush y ella soltó mi muñeco de acción pizza y golpeó mi cara.

Algo me pinchó el costado e instintivamente bajé la mano. La punta de algo afilado sobresalía del puño de Collie.

¿Sería un cuchillo? ¿Una navaja? ¿Un trozo de metal oxidado?

Forcejeé con ella por el arma. Tenía miedo, no quería morir.

Retorcí su muñeca y ella gritó aunque no soltó su arma.

Quería ese arma para mí. No quería morir.


Thomas Rocheford - dieciocho años - distrito diez - cosechado.

Habíamos discutido. Más bien Merrych había asegurado que lo lamentaba, pero que debía sacrificarnos porque éramos animales asalvajados.

Bayer se había ido corriendo tras gritar y yo lo entendí. Tampoco quería ser sacrificado.

-Tus dioses no existen. Creer en ellos es muestra de la inferioridad mental que posees. -Le dije.

-¡Sí existen! ¡Morirás, Rocheford! ¡Morirás!

Él se lanzó con su guadaña por delante y retrocedí. Eso había estado cerca.

Yo sabía que no tenía muchas posibilidades contra un loco y su arma. Lo único que tenía era un águila de madera y mi lazo. Había dejado caer el hacha de Coddy hacía horas debido al agotamiento y además no sabía cómo manejar una.

El arma de Eliseos Merrych me atravesó el vientre y yo laceé su cuello y tiré. Iba a morir, pero no lo haría solo. No podía dejarlo ir.

Ambos nos movíamos tratando de apartarnos del otro pero ninguno daba su brazo a torcer.

Escuchamos un cañonazo y nos miramos esperando que el contrario hubiera perecido pero no era el caso.

Yo ya veía puntos negros. Pronto un cañonazo mi fin.

Me pareció escuchar campanas... Aunque podría haberlo imaginado.

Una mano tiró de la mía pero me negué a soltar la cuerda. Escuchaba palabras a lo lejos.


Zachary Bayer - dieciocho años - distrito tres - cosechado.

Que Collie Rush se golpeara la cabeza contra la base del pedestal del banquete fue un accidente.

Que yo tomara su cuchillo y lo hundiera varias veces en su cuerpo... Eso... Eso fue terror, creo.

Tenía miedo de que ella se levantara y me atrapara para matarme. Ella iba a hacerlo, lo sabía. Al igual que hizo con Karen.

Escuché un cañonazo y me detuve. ¿Cómo? No lo sé.

Iba a hacerme un ovillo y llorar para siempre porque era un asesino. Había matado a alguien.

Entonces escuché forcejeos metros a mi derecha y vi... Vi sangre, mucha.

Me acerqué, muerto de miedo y vi...

Otro cañonazo resonó y tras él, solo quedaba mi respiración errática y los jadeos de...

Me acerqué muy asustado a Thomas y traté de apartar su mano de la cuerda pero él no la soltaba.

Traté de hablarle, pero no parecía escucharme. Yo no sabía qué hacer. ¿Me iba? ¿Me quedaba?

Otro cañonazo me sobresaltó y entonces...

Una banda sonora junto con los gritos de júbilo de un hombre me hicieron mirar hacia arriba.

¿Qué pasaba? ¿Qué estaba diciendo la voz?

-¡Zachary Bayer! ¡Vencedor de los trigésimos juegos del hambre!


Encomios: Todos los que han muerto en mi cabeza eran vencedores. Los ocho finalistas lo eran. Sin embargo, tuve mis razones para que lo fuera Zachary.


Dylan Marlow: Me encantó escribirte. Un chico amante del mar que no estaba de acuerdo con el Capitolio. Alguien que no quería formar parte de los juegos pero que tuvo que hacerlo. No pensé que pudieras ser feliz siendo el ganador de algo que detestas.


Mallory Valdi: Me gustó que no fueras una rubia sonriente y falsa. Tu historia era distinta. Estabas entre mis vencedores, pero quería que se viera la locura de Eliseos debido a sus creencias.


Collie Rush: Con lo que tu novio te dijo, me encantó explorar hasta dónde serías capaz de llegar. Lejos. Y hubieras llegado a ganar si no fuera porque temí que fueras infeliz.

Tu familia y tú seríais vigilados y aquello que hacíais a escondidas... Hemos visto lo que el Capitolio le hacía a los rebeldes.


Eliseos Merrych: Respeto a los religiosos aunque no comparto sus creencias. Me gustó escribir tu paso por la arena y las escentricidades de una religión politeísta.

El Capitolio no te hubiera permitido continuar con esas creencias. Habría sido...


Thomas Rocheford: Me encantó recibirte para estos juegos y te quería como vencedor porque te conocía de otros universos pero lo cierto era que iba a ser muy difícil que lo fueras. Mucha suerte, sin duda.

Lamenté matarte.

Lamenté que murieran muchos. Por eso tardé tanto en escribir.


Nota: Creo que falta solo un capítulo para el final. La coronación, la entrevista final y la llegada al distrito.


Preguntaré algunas cosas.

¿Qué os ha parecido el syot?

¿Esperabais que ganara Zachary?

¿Creéis que podríais ser vencedores de los juegos del hambre?