CAPITULO IV
Hazel se había detenido frente a una casa de un solo piso pintada de gris, con una puerta de madera y un pequeño jardín en el frente, era pequeña —para nada comparada con la mansión de su familia—, pero daba la sensación de ser acogedora.
A Nico se le hizo un nudo en el estómago.
—Vamos —dijo Hazel alegremente.
—Espera, ¿cómo sabemos que hay alguien en casa?
Y era una pregunta tonta, porque podía ver un carro estacionado en el garaje.
—En cuanto llegué, Will se regresó, así que le dije que pasaría a recogerte algo de ropa.
Ese era un pretexto absurdo y ambos lo sabían, de necesitar ropa solo la podría haber ido a comprar.
—Creo que esto no está bien —murmuró Nico—. Deberíamos irnos.
—Hicimos un trato y recuerda que nuestros tratos no se deshacen.
Nico rodó los ojos y se arrepintió de su estupidez al aceptar ese trato.
—Pero tal vez deberíamos irnos, no está bien llegar de sorpresa a la casa de alguien, se podrían volver a poner de acuerdo —Nico volvió a intentar, la verdad es que se sentía como un ratón de laboratorio intentando cruzar por un laberinto.
—Es tu casa.
—No lo es, y dijiste que el plan era llevarme a otro lado, puede que ni siquiera nos estén esperando —sabía que sonaba como un niño asustado, pero así se sentía, se sentía incluso más pequeño que su hermana y no tenía nada que ver con la pérdida de los recuerdos.
—No te preocupes por eso —dijo Hazel con una sonrisa que intentó darle ánimos, pero Nico en cada momento se arrepentía más de aceptar el trato.
Hazel se bajó del carro, agarró su bolsa y fue hacia la puerta de pasajero para ayudarlo a bajar, el pulso de Nico se aceleró, apretó con más fuerza el sobre amarillo que tenía… ¿por qué no simplemente le daba el sobre a William y se olvidaba de este estúpido trato?
Era lo más fácil y también lo más sensato, pero además de la expresión de desolación de su hermana cuando dijo que cortaría todo contacto con ellos si Nico quería, había otra cosa que lo detenía, solo que no sabía decir que era.
Con ayuda de su hermana bajó del coche, Nico le aseguró que estaba bien y ella se adelantó un poco para tocar la puerta.
Las manos de Nico sudaban y sentía una opresión en el pecho, se sentía fuera de sí, tenía que dominar sus emociones, sabía que estaba arrugando los papeles, pero no le importaba —de cualquier manera serían efectivos—, tuvo que seguir caminando y concentrándose en regular su respiración, sentía como si en cualquier momento se pudiera echar a llorar de los nervios y el estrés que tenía, sumando a eso que aún se sentía débil, era mucho para procesar.
Hazel volvió a tocar la puerta, se sintió como una eternidad antes de que la abrieran.
William se veía como un total desastre y no era porque la opinión de Nico estuviera sesgada, en realidad parecía un desastre —incluso más que en el hospital—, su cabello estaba despeinado, como si hubiera estado pasando sus manos por él, sus ojos se veían hinchados, sus iris se veían de un azul apagado.
Se dio cuenta del momento en que se registró su presencia, William lo miró como si no supiera que pensar de él.
Nico se sentía de la misma forma.
Sus miradas se cruzaron y se quedaron viendo por unos segundos, Nico apartó la mirada primero.
—Cambio de planes —dijo Hazel.
William la miró como si estuviera completamente loca, y Nico no lo podía culpar.
—Haz…
Su hermana se acercó demasiado a William y le dijo algo en el oído —Nico resopló, era de muy mala educación secretearse frente a otros—, pero sea lo que sea que le haya dicho su hermana, pareció funcionar porque William se relajó visiblemente y se hizo a un lado para dejarlos pasar.
De nuevo Hazel tuvo que ayudarlo un poco a entrar a la casa, y Nico se sintió decepcionado cuando entró, no por la casa que en realidad era bonita y se sentía agradable, pero en las películas cuando alguien perdía los recuerdos siempre regresaban —o al menos pasaba algo— cuando estaba en un lugar importante, si esta era su casa ¿por qué no vino nada a su mente?
Parecía que William y su hermana también habían estado esperando algo así, ambos se vieron mortificados por un breve segundo y luego fingieron que nada había pasado.
William rompió el silencio tenso —Creo que sería mejor que descansaras.
Nico quería replicar que ya había descansado por muchos días, pero en realidad sí quería dormir, solo que dormir involucraba una cama, una cama donde probablemente no había dormido solo —no iba a dormir con William—, y donde probablemente no solo se usaba para eso, definitivamente no iba a estar con ese hombre cerca de una cama.
Oh Dios.
¿Qué demonios pasaba con sus pensamientos?
Se sintió sonrojarse.
Y no supo si lo dijo en voz alta o su expresión lo delató —probablemente la segunda, por favor que sea la segunda—, porque William volteó a ver para otro lado también un poco sonrojado. Apretó aun más el sobre en sus manos.
—Tenemos un cuarto de invitados —dijo intentando sonar casual y fallando completamente.
Hazel se veía completamente perdida por el pequeño intercambio, lo que le confirmó que no lo dijo en voz alta —Bueno, vamos a llevarte a la cama.
Su hermana se movió como si estuviera en su propia casa. Pasaron por la sala que tenía una cobija en el sillón, por una puerta que suponía que era la cocina, se detuvo un poco cuando llegaron a un puerta abierta donde había una cama infantil con un dosel, había un montón de peluches tirados y otros tipos de juguetes, sentía una increíble curiosidad por entrar, pero se obligó a apartar la mirada, la dueña de la habitación no estaba ahí.
—Ella va a llegar esta noche —dijo William suavemente.
Y Nico no sabía si era bueno o malo, estaba a punto de salir corriendo —si hubiera podido correr—, no quería ver a la niña, solo sería más difícil.
De nuevo maldijo su debilidad por aceptar el trato.
Unos cuantos pasos más y cruzando el pasillo había otra puerta, pero estaba cerrada.
—Esta es la habitación principal —comentó William—. Tiene un baño completo y podrías estar más cómodo aquí, puedo sacar mis cosas y pasarlas a la habitación de invitados.
Probablemente tenía razón, pero no se iba a quedar ahí, era demasiado íntimo. Negó con la cabeza.
Al final del pasillo había otra habitación y frente a esa había una puerta más pequeña que parecía un cuarto de baño pequeño. La casa en sí era bastante agradable, pero se sentía extraña y vacía.
—Esta es la habitación de invitados —dijo William—. Ahí están las cosas que pudieras necesitar, si te hace falta algo…
Nico asintió a regañadientes, se sentía como un intruso.
La habitación de invitados no era tan grande, pero estaba limpia y parecía acogedora, la luz del sol entraba por una de las ventanas, le sorprendió un poco que había ropa de su estilo y cosas que parecía que pudiera usar, bueno, William había dicho que encontraría lo que necesitara, pero era raro.
Era raro porque después de como se había portado, aún así ese hombre se dio a la tarea de poner en orden la habitación para él, a pesar de que sabía que Nico se podía negar a regresar con él —cosa que de hecho pasó—, y lo más importante, porque no lo estaba obligando a estar con él en una recamara, si no que desde el principio le intentó dar su espacio. Fue… interesante.
—Gracias —murmuró Nico un poco a regañadientes. Se quedó parado en medio de la habitación sin saber qué hacer, se dio cuenta que Hazel estaba parada a su lado, pero William se había quedado en la puerta, al igual que Nico sin saber cual era el siguiente paso.
En otras circunstancias se habría reído de lo absurdo de la situación.
Hazel pareció notar la incomodidad de ambos —aunque ella fue la que los puso en esta situación, gracias— y se empezó a hacer cargo, sacó las pertenencias que Nico tenía en el hospital y las acomodó.
—Deberías acostarte y descansar un poco —dijo su hermana amablemente—. Lo necesitas, puedes poner ese sobre en el buró.
Nico miró brevemente a William como si pudiera saber lo que contenía ese sobre, él solo tenía una mirada curiosa, pero no comentó nada. Nico no se movió.
William se removió incómodo —Bueno, uh, cualquier cosa que necesites, puedes preguntar. Yo, dejo que te instales.
Se fue como si estar ahí fuera una tortura para él.
Hazel suspiró y se sentó en la cama, dio unos pequeños golpecitos en el colchón para que Nico fuera a su lado, y así lo hizo.
—Te voy a dejar en buenas manos, no dejes que las palabras de nuestro padre dicten tus acciones, has trabajado por todo lo que tienes y te lo mereces, mereces amar y que te amen.
¿Lo merecía? No estaba seguro, aun así sabía que lo que tenía con ese hombre no podía ser amor, era algo más, pero no amor.
—Promete que lo intentarás.
—Ya estoy aquí —murmuró Nico, no quería prometerle que en realidad lo intentaría, porque estaba muy confundido, todo su mundo se había puesto al revés y había cosas que no sabía ni como controlar. Se sentía como si estuviera peleando contra el mundo.
—Me voy a ir —dijo Hazel removiendo su bolsa y sacando un celular que se veía bastante tecnológico, se lo entregó a Nico—. Si me necesitas estoy a una llamada de distancia, ya agregué mi número, el de Reyna y el de Will.
Nico hizo una mueca ante esto último.
—Te amo.
—Yo también —dijo Nico sintiendo una abrumadora necesidad de rogarle a su hermana que lo llevara con ella a casa, podía haber sido territorio hostil los últimos 24 años que recordaba, pero la recordaba, era mejor que estar en casa de un extraño. Dejó el sobre en el buró junto a una jarra de agua.
Hazel se despidió una vez más y salió por la puerta.
Si Nico cerró la puerta con seguro y se puso a sollozar un poco, es cuestión de él y esas cuatro paredes. Aborrecía cada minuto a ese maldito accidente que lo había traído hasta aquí, odiaba a William por confundirlo, podía odiar un poco a su hermana que lo había arrastrado a esto y también podía odiar un poco a su padre, al que aún tenía la necesidad de enorgullecer.
Oyó que su hermana y ese hombre hablaban, pero no alcanzaba a entender que decían.
Se quedó dormido con las lágrimas aun manchando sus mejillas.
Se despertó con unos golpecitos en la puerta, no sabía cuánto tiempo había pasado, pero lucía oscuro afuera.
La voz de William sonó amortiguada por la puerta —Hay comida en la cocina si tienes hambre o si quieres puedes desbloquear la puerta y te la traigo.
Nico no contestó, ni siquiera tenía hambre, obviamente tampoco desbloqueó la puerta.
Diez minutos después de que Nico despertó sintió como que algo cambiaba en la casa y pronto se dio cuenta a que se debía, pues llegaba el sonido de risitas infantiles y balbuceos sobre cosas que no entendía.
La ansiedad que había sentido antes volvió con toda su fuerza, y se duplicó cuando alguien giró la perilla de la habitación casi con desesperación y un fuerte "¡PAPI!" retumbó por toda la habitación.
Nico contuvo el aliento, la perilla no cedió y mantuvo la puerta cerrada.
—Cariño, hablamos de esto. Tu papá no se siente bien, debe de estar dormido —la voz de William sonaba suave, cómo le había hablado cuando despertó.
La niña soltó un quejido totalmente lastimero y dramático, lo que lo hizo soltar una pequeña sonrisa, que desapareció rápidamente.
—¿Puedo verlo mañana? —Preguntó con la esperanza asomándose en su vocecita—. Hace mucho que no lo veo.
La voz de William vaciló —Si se siente mejor. Ahora vamos a cenar.
Los pasos se perdieron y Nico pudo volver a respirar, no sabía en qué se había metido, tenía mucha curiosidad por conocerla, por más que trataba de obtener algo de información, su cerebro se negaba.
A pesar del estrés y la ansiedad que lo carcomían porque no sabía cómo afrontar la situación, su cerebro dijo que era suficiente y se quedó dormido de nuevo.
Esta vez despertó cuando el celular que le había dado su hermana sonó, con un mensaje de ella preguntando como estaba, él se limitó a poner "bien", según la hora, era pasado el mediodía, había dormido más de 12 horas seguidas, uno pensaría que después de haber dormido tanto no lo volvería a hacer. Se acordó que tenía que tomar medicamentos, agarrando el vaso que estaba con la jarra de agua lo hizo, luego no supo que más hacer.
¿Qué seguía?
Encontró un lugar en el fondo del cajón del buró para el sobre amarillo, ahí se quedarían hasta que el estúpido trato terminara.
Ni siquiera habían pasado 24 horas y ya se sentía agotado, no sabía que necesitaba, no sabía qué era lo correcto, se sentía como una carga y sabía que al final acabaría decepcionándolos a todos, incluido a él mismo.
Su estómago gruñó, y casi al mismo tiempo alguien tocó.
—Deberías salir a comer —dijo la voz de William—. No es bueno que te quedes sin alimentos —hubo una pausa—. No necesitas matarte de hambre para no vernos, Bianca y yo iremos al supermercado, tardaremos media hora.
Nico hizo una mueca, ¿cómo este hombre sabía lo que quería? Dudaba que tuviera que ir al supermercado, si había tenido la precaución de tener la habitación de invitados lista, entonces igual la despensa, de una manera molesta, pero apreció el gesto.
—¿Estás lo suficientemente bien para estar solo por media hora?
—Sí— masculló Nico, solo lo suficientemente alto para hacerse oír.
Se sentía como un estúpido por esto, pero no sabía que más hacer.
La voz de la niña se oía entusiasmada, balbuceando rápidamente sobre ¿un peluche de dinosaurio? Sonaba como la conversación más interesante del mundo.
Se esperó cinco minutos para asegurarse que no iban a volver y salió de la habitación.
Era casi como si fuera un ladrón que esperaba no ser atrapado, la casa estaba un poco más desordenada que cuando llegó, había unos cuantos juguetes tirados en el pasillo, a comparación de la habitación principal, la de la niña se encontraba abierta, con la cama tendida, pero un montón de hojas tiradas en el piso y algunos nuevos peluches que no había visto ayer, ese lugar lo atraía, pero aun así no podía encontrar nada familiar.
Se fue antes de que pudiera caer aún más en espiral en esa habitación.
En la sala había una mochila y ropa de niña, toda esta especie de dinámica familiar lo hacía sentir aún más como un intruso, pero definitivamente podría imaginarse a una niña corriendo por ahí y ni siquiera sabía cómo era, nunca se había molestado en preguntar por ella.
Fue a la cocina y la miró tratando de ver si ahí había algo que pudiera recordar, de nuevo nada. Había una cazuela con pollo y verduras en la mesa, estaba recién hecho, vaya ellos ni siquiera comieron primero ¿y fue solo para que Nico lo hiciera y no se sintiera incómodo?
Había una alacena y varios cajones, no le fue tan difícil hallar los platos y los cubiertos. No iba a mentir, la comida olía bastante bien y se dio cuenta que también sabía increíble, comió lentamente, aún le dolía el cuerpo y si hacía movimientos rápidos le punzaba la cabeza, era una buena noticia que no se sintiera raro al comer solo, casi siempre lo había hecho en su casa de esa manera —a menos que hubiera visitas y tuvieran que ser una familia normal sentada a la mesa—, aunque aquí se sentía un poco opresivo el silencio.
Aun con movimientos lentos no tardó mucho en terminar, pues lo menos que quería era que la media hora que William le había dado se terminara y él no estuviera en su habitación —sí, parecía como si fuera un recluso—, pero aun no terminaba de aclarar sus pensamientos.
Se levantó de la silla y como el buen inquilino que era —y como una persona útil— lavó los trastes que ocupó, mientras lo hacía dejó que su mente vagara por todo esto, era increíble como la vida que conocía se fue al demonio en un segundo, y lo peor, es que ni siquiera la vida que conocía, porque aparentemente en nueve años pudo construir otra, es como si viviera en dos espacios distintos.
Cuando acabó de lavar los trastes se recargó de espaldas al fregadero, sintiendo como sus ojos escocían, no quería que las lágrimas salieran, pero se sentía increíblemente solo y perdido, entendía el razonamiento de su hermana de dejarlo aquí, pero se sintió abandonado.
Entendía que alguna parte de él había construido una vida con este hombre, pero su cerebro lo hacía sentirse sucio y avergonzado por ello. Entendía que su yo de esa vida se había sentido lo suficientemente seguro de criar a una niña, pero ¿cómo podía hacerlo si estaba roto?
Quería que alguien estuviera ahí con él. Quería a Percy con él, el saber que no era correspondido lo hacía sentir menos culpable por sus sentimientos, esperaba llamarle o mandarle un mensaje, pero su hermana no había mencionado que él estaba incluido en sus contactos y no sabía si su número seguía siendo el mismo después de nueve años.
También pensó en hablar con Reyna, pero ella también había estado llena de expectativas sobre lo que conocía de él y ya no quería seguir decepcionando a la gente.
Su padre ni siquiera vendría, sabía que le había fallado otra vez —una última vez—, merecía que su padre lo odiara, solo tenía que seguir y hacer las cosas que se le encomendaron y ya, su hermana Bianca también estaría muy decepcionada de él y de lo que se había convertido ¿verdad?
Una vocecita le susurró "¿y si no?", pero Nico dudaba que su hermana mayor no lo estuviera, ella nunca habría hecho las cosas que él hizo, claro que Hazel no había estado para nada enojada o algo…
Nico se quedó parado como un ciervo ante los faros cuando la cerradura de la puerta se abrió.
¡Maldita sea! ¿Se le había terminado el tiempo?
Sabía que sí, sentía la rigidez y el dolor en sus articulaciones por estar parado.
Era un idiota.
—¿Podemos comer helado con pollo? —preguntó la niña justo afuera de la puerta de la cocina—. Cómo cuando me caí.
¿Qué podía hacer? Ya no podía salir sin que lo vieran.
¿Por qué se había quedado tanto tiempo parado ahí?
—No te di pollo con helado cuando te caíste —dijo Will con un ligero toque de diversión—. Eso no sería saludable.
—Pero estaría rico —replicó la niña.
—El pollo con verdu…
La frase William quedó a la mitad cuando abrió la puerta de la cocina y lo encontró parado mirando fijamente la puerta sin saber qué hacer.
Era obvio que él tampoco había estado preparado para esto, seguramente él había asumido que estaría en su habitación para cuando llegara y si Nico no hubiera pasado tanto tiempo perdido en sus pensamientos, lo habría estado.
Se quedaron mirándose así por lo que pareció un tiempo interminable, hasta que fueron interrumpidos por una niñita que hizo un lado a William —estaba demasiado absorto para reaccionar— y cuando se dio cuenta de la presencia de Nico sus ojos se abrieron y prácticamente chilló de felicidad.
Salió corriendo hasta donde él estaba, con un estruendoso grito de "¡PAPII!" y se lanzó a abrazar sus piernas, la niña empezó a hablar rápidamente sobre un dibujo que le había hecho y sobre otras cosas que Nico no podía entender sobre el zumbido en sus oídos, se sentía desplazado de su cuerpo y sentía que estaba entrando en pánico. Se rompió cuando la niña soltó un lastimero "te extrañe".
Y se sintió como la persona más horrible del mundo, porque cuando la miró se dio cuenta de que era una niña adorable, con el cabello negro peinado en dos coletas, con las mejillas sonrojadas como un pequeño querubín, con esos ojos azules que hablaban de días brillantes, su sonrisa llena de dientes que parecía rivalizar con el sol y aún así, Nico no pudo sentir nada por ella.
Nico la apartó de una manera suave, pero firme, no podía hacer esto, no ahorita. Se alejó un paso de la niña.
La mirada de la pequeña rápidamente cambió a una de incertidumbre y miró a Nico en busca de guía, él no podía dársela, así que inmediatamente volteó a ver a William. Podía no haber entendido todo lo que estaba pasando, pero había entendido el rechazo.
William tenía una expresión como si hubiera recibido una bofetada —Ven sunshine, vamos a desempacar lo que nos falta de tu mochila.
La niña no se movió, miró a Nico con un puchero como si estuviera esperando algo —¿Papi?
—Vamos —William se adelantó unos pasos para poder cargarla y sacarla de ahí.
La niña se agarró como un pequeño koala de él.
Cuando escuchó que se cerró la puerta de una habitación, Nico pudo volver a respirar, no esperó mucho tiempo y huyó de la cocina —sería más fácil si también pudiera huir de la casa—, cuando llegó a su habitación se sintió inmediatamente más tranquilo, bueno, eso fue claramente un desastre.
La niña era adorable y le preocupaban sus sentimientos, pero como lo harían los de cualquier otro niño, no con ese amor desbordante que otras personas decían que se tenía a un niño que era tuyo, no sentía que moriría por ella.
Esto también iba a ser difícil para ella si lo seguía viendo, pero al mismo tiempo tal vez se dieran cuenta que nunca iba a sentir nada por ellos y pronto se pudiera ir sin decepcionar a nadie, podrían ser cordiales sobre ellos.
Tenía que hacer algo para sobrevivir los siguientes meses
Resulta que encontró un método, no era el mejor ni el más efectivo, pero era todo lo que tenía.
El método fue quedarse encerrado en su habitación, funcionó bastante bien al menos por un par de semanas.
Era infantil y tonto, lo sabía, pero estaba funcionando y eso era lo que importaba.
Salía a comer cuando estaba seguro que ambos estarían en sus habitaciones, aunque la habitación solo tenía medio baño fue una bendición, solo tenía que salir a la ducha por las noches —madrugada en realidad—, sabía que tenía que ir a revisiones periódicas y William se lo recordaba casi diario al otro lado de la puerta, y sabía que tenía razón, pero había encontrado su zona de confort en todo esto y no planeaba dejarla pronto —al menos eso creía—.
A veces la niña iba a gritar a su puerta para preguntarle si quería jugar con ella, cuando no obtenía respuesta se iba, aunque algunas veces se quedaba contándole alguna historia inventada a través de la puerta, su favorita fue la de los alíens invadiendo el castillo de Cenicienta.
Pensó que eso podía funcionar para todos, claramente se equivocó cuando fue emboscado.
Todas las luces de la casa estaban apagadas, la puerta de William y de la niña estaban cerradas y el único ruido eran los grillos afuera, era una noche tranquila. Como siempre, decidió ducharse y tal vez buscar algo de comer, estaba perdiendo peso y se veía un poco peor que cuando había llegado.
No tardó mucho en el baño, negándose a que lo sorprendieran como la primera vez, se puso ropa cómoda y salió listo para otra noche de horrible sueño intentando decidir si quería o no recordar.
Al menos ese era el plan hasta que vio a William de brazos cruzados recargado sobre la puerta de su habitación.
—Lo siento si te desperté —replicó Nico un poco a la defensiva, porque ¿qué más podía decir?
—No estaba dormido.
William se acercó lentamente, como si estuviera tratando con un animal salvaje que en cualquier momento pudiera atacarlo o huir. —Creo que tenemos que hablar.
—No tenemos nada de qué hablar —dijo Nico intentando ver una ruta de escape.
William se rió, no fue un sonido agradable —Sí, tenemos qué. Por ejemplo del hecho de que prácticamente te estás consumiendo en esa habitación porque ni siquiera puedes vernos durante cinco minutos.
—Yo no quería estar aquí —masculló Nico de manera agresiva.
—Lo sé, créeme que lo sé, y te he dado tu espacio para que te acostumbres, para que lidies con esto a tu manera, pero ya no si eso significa que te estás lastimando más.
—Así que simplemente dices que me vaya —y mira, es lo que Nico quería, pero sintió una punzada de decepción, lo que hizo que se sintiera irritado consigo mismo.
—No eres un rehén aquí, Nico —dijo William suavemente—. Sé que solo estás aquí porque tu hermana te lo pidió y no quieres decepcionarla, pero no eres un prisionero en tu propia casa. Y-yo no quiero que te vayas, es lo último que podría pedirte, pero no quiero que sigas encerrado como si esa fuera tu única opción.
—¿Y qué pretendes que haga?
—Primero que nada sal de la habitación, come, déjame llevarte al hospital para el seguimiento e inténtalo, solo unos días, si lo que tenemos no es suficiente para ti, entonces puedes irte, no importa lo que diga tu hermana, no te detendré —él tomó una respiración temblorosa—. S-solo inténtalo.
Nico en realidad no sabía que decir a eso ¿por qué le iba a importar tanto? No era la gran cosa, estaba seguro que ese hombre podía conseguir una pareja mejor, alguien que lo amara, que amara a su hija, que le diera todo lo que necesitaba, cualquiera sería mejor que Nico ¿entonces por qué le preocupaba?
Tal vez William malinterpretó su silencio, porque sus hombros se desplomaron —Por favor —murmuró una vez más antes de regresar a su habitación.
Nico se quedó ahí unos minutos más, luego olvidándose por completo del hambre que tenía se dirigió a su habitación.
No pensó mucho porque una vez más el cansancio venció a su cuerpo.
Se levantó con el olor a tocino y definitivamente olía muy bien, su estómago gruñó. William fue a preguntarle si quería desayunar, recordó su plática en la madrugada y sabía que tenía razón, no podía seguir encerrado en su habitación, pero tampoco sabía cómo manejar la situación sin incomodar a todos los presentes.
Le tomó toda la mañana decidir qué iba a hacer. En realidad, fue el dolor de cabeza inducido por el hambre el que tomó la decisión por él, la próxima vez que William fue a decirle sobre la comida, Nico abrió la puerta.
Bueno, en realidad la abrió unos minutos después de que William se fuera, pero para el caso es lo mismo.
Caminó rápidamente para no darse tiempo de arrepentirse, se sentía nervioso e incómodo, cuando llegó a la cocina escuchó la plática que se desarrollaba mientras la comida era servida.
—…no podemos ver a los dinosaurios porque se extinguieron —estaba diciendo William.
—¿Por qué?—preguntó la niña.
—Porque les cayó un meteorito.
—¿Por qué?
—Porque a veces caen cosas del espacio.
—¿Y se murieron? —preguntó la niña con una voz muy preocupada.
—Sí —admitió William.
—Awwwww —dijo la niña con tristeza—. Si vuelven a existir ¿podemos tener uno de mascota?
Antes de que William pudiera contestar, Nico abrió la puerta.
Y en otras circunstancias podría haber sido divertido como tanto el padre como la hija se quedaron a la mitad del bocado.
La niña inmediatamente volteó a ver a su padre, él le dio una sonrisa tranquilizadora.
—Hola—dijo la niña con timidez.
A Nico le dio un poco de ternura, desde esa primera vez que la vio se notaba lo extrovertida que era y cuando le contaba historias a través de su puerta, y ahora se veía un poco perdida e incluso más pequeña.
—Hola —murmuró Nico.
—Gracias por unirte a nosotros —dijo William con nerviosismo—. Siéntate donde quieras.
Nico estuvo a punto de soltar una risa un poco histérica, porque nada más había dos asientos, a lado de él o enfrente. Se dio cuenta que después de todo lo que le había dicho en la madrugada aun no esperaba que le hiciera caso.
Nico eligió la segunda. Al menos debía admitir que la comida olía bastante bien —era una especie de estofado— e hizo que su estómago gruñera, podía soportar algo de incomodidad por algo de alimento. Todos se habían quedado en silencio, ninguno sin saber cómo continuar, solo se podía escuchar el ruido de los cubiertos, incluso la niña había dejado de jugar con sus nuggets en forma de dinosaurio y se los metía lentamente a la boca sin saber qué estaba pasando.
El silencio no duró mucho —al menos—, la niña se aburrió después de unos cuantos minutos y acribilló con preguntas a su padre —"¿Los dinosaurios comían nuggets? ¿Podía vivir en un meteorito? ¿Los dinosaurios tenían amigos?" También preguntó si William le podía comprar un cachorrito, él dijo que todavía no y luego la niña procedió a nombrar todos los animales que le podía comprar en vez del cachorro.
A veces las preguntas se las dirigía a él, pero antes de que pudiera pensar en una respuesta adecuada, la niña ya estaba haciendo otras dos.
Y mira, Nico había vivido toda su vida bajo el silencio —y eso tenía tantos significados—, se había acostumbrado a comer solo sin nadie que lo molestara ni nadie para molestar, pero este cambio de rutina con esta niña que podía hacer hablar a una piedra, fue de cierta manera… agradable.
Aun así William de repente lo miraba como si el parloteo de la niña lo fuera a asustar —lo cual es justo porque sí se sentía un poco así—, pero de todas maneras siguió comiendo de manera calmada.
Al final fue bastante diplomática la comida, incluso ayudó a recoger, pero cuando la niña se fue corriendo a su habitación y regresó con un dibujo a crayones, arrugado, y con una voz alegre diciendo "para que te sientas mejor", ya no pudo más.
Lo tomó de todas maneras, murmuró un gracias y salió huyendo hacia su habitación. Pudo escuchar a la niña preguntándole a su padre si había hecho algo mal.
Se sintió mal del estómago sin saber exactamente por qué. Había estado todo bastante bien, había sido muy diplomático, incluso un poco agradable, pero luego se sentía como si lo volvieran a arrastrar a un pozo profundo y oscuro. Aun así puso con cuidado el dibujó sobre su buró.
¿Por qué simplemente no podían fingir que nada había pasado?
Aunque creía que eso tenía diferentes significados para él y para William.
Nadie lo había preparado para esto y no saber qué hacer era lo que más le asustaba.
Por supuesto que en la noche no salió a cenar, había sido suficiente por un día, también le tomó toda la mañana del día siguiente volver a estar un poco más estable para volver a salir.
Había hablado un poco con su hermana, quien aseguró que todo estaba bien con su padre, lo había dicho con tal firmeza que casi le había creído, pero Nico lo conocía mejor, esa era su preocupación principal.
A la hora de la comida volvió a salir, esta vez un poco más tranquilo, pero al mismo tiempo sin dar apertura para que pudieran pensar que les tenía confianza o que le pudieran tener confianza.
Esta vez cuando entró la niña no lo saludó, solo lo miró y rápidamente desvió sus ojos a la comida, al contrario de su hija William le ofreció una sonrisa tranquilizante, no supo cómo responder, así que solo se sentó.
Tendría que haber sido menos molesto, sin embargo, esta vez no hubo la interacción de la niña, bueno, más allá de unas cuantas palabras que ahora solamente dirigió a su padre, no era para nada el torbellino de actividad del día anterior.
Ayudó a recoger, eran personas compartiendo un mismo espacio, así que no le gustaba sentirse incompetente, por lo menos ahí no.
—Gracias por hacerlo —murmuró William.
Nico asintió con la cabeza y regresó a su habitación, esta vez no hubo ningún dibujo por parte de la niña, se sintió un poco mal, pero no era el fin del mundo.
Al día siguiente aceptó que William lo llevara al hospital, él todavía no podía manejar y aparte definitivamente se perdería. Todo el tiempo mantuvo la distancia entre ellos, cuando llegó un hombre con acento brasileño a saludar a William con una abrazo puede que Nico haya hecho o no una mueca ante la muestra de afecto.
La buena noticia, todos sus escaneos salían bien. La mala es que al parecer todo el trabajo era para él si quería recuperar sus recuerdos, le mandaron un montón de ejercicios para ayudarlo —que Nico dejó arrumbados en algún lugar de la habitación—, sabía que no los iba a ocupar.
Y de repente así empezaron a ser sus días, era como un reo, podía salir de la celda que era su habitación para comer o ducharse, a veces incluso llegó a pasar tiempo en la sala, hablaba con su hermana y siempre le preguntaba cómo iba con sus recuerdos y Nico tenía que afrontar una y otra vez el decepcionar a su hermana porque nada cambiaba.
También habló con Reyna un par de veces, ella nunca preguntó por su memoria, pero hubo algunos momentos donde ella hacía referencia a algo que supuestamente habían hecho juntos, cuando se daba cuenta cambiaba el tema sin hacer ningún comentario, pero Nico igual se sentía mal del estómago.
Se sentía culpable por no recordar y al mismo tiempo se sentía avergonzado de querer hacerlo.
El único que no preguntó era William —bueno, tampoco es que Nico le dirigiera más de dos palabras seguidas—, pero o no le importaba o parecía mejor que los demás para manejarlo o sabía fingir muy bien.
Total que las cosas habían estado bastante cordiales entre ellos, la niña a veces se seguía acercando a Nico, pero él intentaba que las interacciones fueran lo más cortas posibles, también se habían dividido algunas de las tareas de la casa, lo que lo hacía sentir un poco menos inútil.
Después de casi un mes donde estaban bailando sobre esta aura de incomodidad, todo se volvió a ir al demonio.
Ese día simplemente fue malo desde el principio.
Fue uno de esos días en que te levantas y sabes que todo va a salir mal. En el desayuno la niña estaba llorando quien sabe por qué, pero no se le veía con ganas de terminar su llanto por nada del mundo, William se veía como si estuviera a punto de un ataque, parecía que todos los problemas del mundo lo estaban golpeando a la vez.
Nico no sabía cómo ayudar, así que mejor tampoco estorbaba y los dejó con sus problemas familiares, escuchó que algo se rompía y a William maldecir, eso era nuevo, nunca lo había escuchado así.
Luego, pasado el mediodía las cosas se pusieron más tensas.
—¿Quieres pintar conmigo? —le preguntó Bianca.
La pregunta le sorprendió, pero de todas maneras dijo —Creo que lo estás haciendo muy bien sola.
La niña lo miró con una expresión enfurruñada y procedió a aventar sus crayones, echándose a correr a su habitación.
—¿Sabes? No necesitas quererla para dibujar con ella —replicó William.
—No se puede hacer expectativas.
—Solo es un dibujo. Su vida cambió y no sabe qué hacer.
—Ya somos dos —masculló Nico sintiendo que su enojo se hacía presente.
—Dios. No te estoy pidiendo que le bajes la luna, solo es un estúpido dibujo —siseó William.
—No tengo por qué hacerlo —escupió Nico—. ¿Sabes qué? No vale la pena discutir contigo.
William rodó los ojos —Sales corriendo, como siempre.
Nico no dignificó eso con una respuesta.
¿Qué demonios le pasaba a ese hombre? Había estado tan amable y de repente actuaba como un imbécil.
Durante todo el día tuvieron pequeños roces por cualquier cosa, era tan absurdo que habría sido gracioso. Llegada la tarde escuchó que William hablaba con alguien y su voz sonaba cada vez más irritada, incluso le había gritado a la niña —aunque por lo que pudo escuchar Nico, se había disculpado—, la situación llegó a un punto crítico por la noche.
Habían acabado de cenar —la cena fue incómoda y completamente en silencio, incluso la niña parecía fastidiada—, William estaba terminando lo que parecía ser un informe o algo así y Nico estaba pasando el tiempo en la sala cuando la niña gritó:
—¡Papi, me atoré con la pijama! —y se escuchaba que estaba forcejeando.
William miró el reloj e hizo una mueca, miró a Nico y dijo —¿Puedes ir a verla? — preguntó mientras volvía a escribir en su computadora.
Y sabe que tuvo culpa de como se desarrollaron las cosas después, pero dijo —No.
—Solo un momento —y aunque se escuchaba la clara irritación en el tono del hombre, no había elevado la voz.
—¡Papi! —volvió a gritar la niña.
—Ella es tu hija —replicó Nico.
William alzó bruscamente la mirada —Ella es nuestra hija.
—¡Ella no es mi hija! —gritó Nico.
Todo quedó en silencio después de eso.
William se levantó de la mesa y un montón de expresiones cruzaron por su rostro demasiado rápido para identificarlas, solo una quedó clara al final, ira.
Sus ojos azules se volvieron completamente fríos y su postura estaba tensa, todo en él gritaba peligro, lo que sorprendió un poco a Nico, se había acostumbrado —un poco— al hombre amable y paciente.
Se acercó hasta Nico y abrió la boca un par de veces, como si no pudiera encontrar las palabras a todo lo que quería decir.
—Si ella escuchó… —advirtió William con una mirada dura, volvió a negar con la cabeza y se fue hacia la habitación de la niña.
Nico se sintió como un idiota, un total y completo idiota. ¿Y si la niña había escuchado? Mira, el hecho de que se quisiera ir de ahí no quería decir que le alegraba lastimarla más de lo necesario, era lógico ¿verdad?
Pero al mismo tiempo la niña tenía que saber que no era su hija ¿no?
Se quedó ahí parado sintiéndose como la peor persona del mundo, ni siquiera podía entender sus sentimientos y no quería lastimar a nadie, era ridículo. Miró todo el tiempo a la habitación de ella.
No pasó mucho tiempo antes de que William saliera de la habitación de la niña, la sonrisa se le borró una vez que cerró suavemente la puerta. Acortó el espacio entre ellos, sus ojos todavía se veían tormentosos.
—¿Ella escuchó? —eso no era lo que Nico había esperado preguntar, pero de todas maneras lo hizo.
—No —replicó Will mirándolo por primera vez como si fuera un desconocido, y bueno, lo era, pero ese hombre no lo había entendido.
—Está bien —masculló Nico volviéndose a sentir frustrado por la mirada—. Lo siento, no quise gritar en tu casa.
—El que gritaras no fue el principal problema —señaló William con ironía.
—No sé qué quieres que haga, ni siquiera sé qué hago aquí.
—Lo sé —dijo William aún airado—. Y te he intentado dar el espacio que necesitas para adaptarte a todo lo que está pasando, sé que debe ser difícil estar en una vida que no recuerdas y que crees que está mal. He estado intentando apoyarte, pero no te dejas y no sé qué hacer. Bianca está en medio de todo esto y sé que no lo sabes, pero ella no lo está manejando bien, así que esto tiene que parar.
Nico se puso a la defensiva —Entonces terminemos con esto de una vez, y de cualquier modo, ella sabe que es adoptada ¿no?
—Lo sabe, lo explicamos lo mejor que pudimos —asintió William, aun lo miraba con furia, pero como si no quisiera fastidiar la situación aún más dijo—. No le hagas lo mismo que Hades te hizo a ti.
—¿Qué? —no se esperaba que dijera algo así.
—No la hagas sentirse como que tiene que ganar tu amor.
Y eso fue como un golpe en el estómago.
—No la hagas pensar que no es suficiente para ti —dijo William—. Ni siquiera has intentado acercarte a ella, piensa que hizo algo para enojarte ¿por qué crees que intenta quedarse callada o que no te sigue? Y sinceramente, no sé cómo decirle lo contrario.
El silencio se hizo espeso.
—No la hagas tener tu infancia. Nosotros la adoptamos, pero ella no nos debe nada, nosotros se lo debemos a ella —y con eso se regresó a su computadora e ignoró a Nico.
De manera lógica sabía que William tenía razón, de manera emocional seguía teniendo la necesidad de defender a su padre, no había sido el mejor padre del mundo, pero había perdido una hija y el dolor que debía sentir debía ser indescriptible, por eso dejó atrás a Nico y Hazel, no porque quisiera.
Nico se fue a su habitación.
Y ese día quedaría marcado como Nico tomando malas decisiones tras malas decisiones.
Estaba tan irritado con toda la situación que sin pensarlo sacó el sobre amarillo, tomó los papeles y los firmó, no se atrevió a leer lo que decían, pero sabía que su padre haría lo mejor.
Esto era demasiado así tenía que finalizar.
William había dicho que esto tenía que parar, pero cuando él había mencionado que terminaran de una vez William no le ofreció una respuesta.
Bueno, Nico se lo pondría fácil, ahí estaba su salida.
Solo bastaba la firma de William y esto acabaría.
Se había demorado en hacerlo.
Salió del cuarto dispuesto a terminarlo.
Esto era todo.
