Fue en un cumpleaños
Fue en un cumpleaños.
La flecha pasó silbando, pero la manzana permaneció en su sitio, pegada a la rama. Con el arco en las manos la princesa hizo un mohín de enfado, estaba distraída.
Recostado en el pasto cerca de ella, Link dormitaba, había un montonsito de manzanas comidas a su lado y la espada reposaba al alcance de su mano. Zelda se preguntaba a menudo si realmente descansaba o pasaba sus noches en una especie de duermevela. Pero cada vez que lo cuestionaba al respecto, solo recibía un encogimiento de hombros. A veces un "dormí por cien años" y en días particularmente malos un " he dormido en los peores momentos que he podido" dicho con amargura.
Así que cada que aquella duda le saltaba de nuevo, simplemente la ignoraba. Entre otras cosas porque sabía de primera mano que no había pesadillas que le perturbaran el sueño. Dormía de largo y sin interrupciones, cada mañana su semblante lucía descansado.
De hecho, era él quien solía reclamarle que durmiera. Porque la princesa tenía la mala costumbre de trasnochar enfocada en sus proyectos. A veces también tenía pesadillas. Recordaba su tiempo encerrada con el cataclismo y en momentos así realmente agradecía que la dragonificación no la hubiese maldecido con conciencia, mucho menos memorias.
Si pensar que, hubo cien años en que estuvo atrapada en dos lugares distintos al mismo tiempo le generaba dolor de cabeza, imaginar combinar memorias de esos dos tiempos la habría llevado a la locura. Era demasiado complicado.
Respiró y una nueva flecha voló al lejano árbol, esta vez la manzana se fue con ella y Zelda se sintió satisfecha. Una victoria por pequeña que fuera, la ayudaba enormemente en aquel día.
El día del Cataclismo.
Su cumpleaños.
Los primeros años después de que el cataclismo fuera derrotado, Zelda tomó aquella fecha para colocar por todo Hyrule, placas a la memoria de aquellos a quienes habían perdido. Al principio su intención había sido disculparse porque se creía culpable de sus muertes. Conforme el tiempo fue pasando comprendió, que no era así.
Quizá sería más correcto decir que la ayudaron a comprender que no era así. Y aquella revelación comenzó a sanarla.
Entonces llegaron los proyectos de reconstrucción y decidió que sí algo le debía al viejo Hyrule, lo pagaría ayudando al nuevo.
Su gesta, era un hecho asombroso para los pocos que la habían contemplado. Pero para el resto del continente no distaba de una leyenda, cuyos protagonistas no eran más que "La princesa y su caballero". Sin nombres, sin aspectos.
Los Sheikah que, eran los únicos en recordar, no estaban muy de acuerdo. Particularmente Impa, lo aborrecía. Pero Zelda y Link lo habían preferido así. Agradecían viajar sin los títulos, cuyo peso tanto tiempo atrás, casi los había aplastado.
Casi.
Pero el gusto les duró poco. De alguna forma, en aquellos viajes se habían hecho de amistades y confianzas. Las personas les buscaban y les escuchaban. Un día en Hatelia, Prunia le dijo "Princesa" enfrente de todos los niños. Una semana más tarde era la "Princesa Zelda" para todo el pueblo y (aunque lo negaron) los Sheikah se encargaron de que el resto de Hyrule la llamara así.
Poco a poco, la Princesa Zelda se convirtió en la líder de la reconstrucción, sus ideas y proyectos se volvieron realidades que beneficiaban a comunidades a lo largo y ancho de Hyrule.
Aunque una de sus grandes pasiones sufrió un golpe mortal, pues cómo si solo hubiesen aguantado el paso del tiempo para cumplir un solo propósito, la mayoría de los artefactos de tecnología Sheikah comenzaron a desintegrarse tras la caída del cataclismo.
Hubo que abandonar todos los diseños que contaban con sus partes y centrarse en materiales "más tradicionales". El compromiso no era solo con los Hylianos. En su viaje después de despertar, Link había entablado lazos de amistad con los Orni, los Zora, los Goron y las Gerudo.
Invadida por la culpa, Zelda había temido no contar con los mismos. La muerte de los campeones le pesaba profundamente en el corazón, pero donde había esperado reclamos (que consideraba justos), encontró comprensión, palabras de afecto, gratitud y amistad.
Los pueblos de Hyrule prosperaban de nuevo cuando la oscuridad regresó.
Pero esta vez su Princesa se sentía útil y fuerte. Mejor aún, un extraño milagro temporal, la llevó a encontrar a las figuras Materna y Paterna que siempre había necesitado.
La guiaron y la instruyeron.
Y así la oscuridad cayó.
Este año Zelda viajaba a aquellos memoriales para dejar flores y contarles la buena nueva. Porque a pesar de todo, resentía la fecha. Las perdidas habían sido tan valiosas.
Urbosa...
Daruk...
Mipha...
Revali...
Y claro, su padre.
Se llevo la mano al pecho, habían pasado más de cien años, pero que alguien viniera a negarle que lo sentía como si no hubieran pasado ni diez.
Unas manos la tomaron amablemente de los antebrazos y la giraron, ella se dejó hacer. Su cabeza se apoyó en el pecho del rubio, sabiendo que probablemente había seguido el hilo de sus pensamientos y entendía su tristeza.
Porque compartían las perdidas, el tiempo, las desgracias y las victorias. Zelda no imaginaba aquellas victorias sin él. Sin su valor, su pericia, pero sobre todas las cosas, sin su presencia. Y por ello agradecía aún tenerlo consigo.
Ese pensamiento siempre la animaba.
Inhaló profundamente y exhaló con fuerza pretendiendo expulsar la tristeza. Se secó el par de lágrimas que habían alcanzado la comisura de sus ojos y se separó de él lo justo para mirarlo a la cara. Él sonrió y le acarició la mejilla.
—¿Estas mejor?
Preguntó amablemente, ella asintió enérgicamente con una pequeña sonrisa.
—Bien, tengo algo para ti.
Pronunció buscando algo en uno de sus bolsillos, tras unos segundos se hizo de un objeto que le colocó en la solapa de la capa, a la altura del corazón. Solo hasta que retiro la mano, Zelda pudo ver que se trataba de un broche con la forma de una "princesa de la calma". La expresión se le lleno de dicha, Link la tomó de la barbilla y la beso dulcemente.
—Feliz cumpleaños.
Le susurró finalmente al oído mientras la abrazaba, ella correspondió el gesto y por unos instantes se quedaron ahí, aferrados el uno al otro.
El relincho de uno de los caballos rompió el encanto, se separaron con una pequeña risa y Link enfilo hacia donde los animales pastaban, para ver si había algún problema. Zelda le tomo la mano.
—No me dejes.
Sonrió inocente, Link entrelazó los dedos con los de ella y le dio un apretón.
—Nunca.
Respondió y ambos echaron a andar por el mismo sendero.
Se acuerdan que les dije que mi Pokemon es la quinta generación? Pues mi Zelda es la dupla BotW y TotK ósease el "bredo" y el "tirso" pa los cuates. Amo el Zelink de este universo.
