Nota: Me gustaría desarrollar después esta trama de una manera más amplia, pero por el momento me conformo con esto.
Epílogo.
Habían pasado más de cuatro años, casi cinco, desde que la vio por última vez. Ahora era un hombre de más de cincuenta años, lisiado y viudo, cuyas acciones negativas pasadas continuarían afectándole durante años, quizás para el resto de su vida. Había perdido a su hijo mayor, consumido por su propio odio, y había perdido también a su esposa, víctima de las quemaduras de esa última batalla final contra el "producto imperfecto" de la familia Todoroki, mientras que él, por alguna razón que no comprendía, continuaba con vida. ¿Por qué? No lo sabía. Todos los motivos por los cuales se había forzado a sobrevivir se habían ido perdiendo uno a uno, hasta que sólo le quedaron tres de sus hijos, tres dañados seres humanos que continuaban aprendiendo cómo reestructurar sus vidas tras sacarlas de las cenizas. Sin embargo, algo que el héroe antiguamente conocido como Endeavor no se atrevía a admitir era que, si había otra razón que lo impulsara a vivir, además de Natsuo, Fuyumi y Shoto, era la ínfima esperanza de poder verla otra vez, a esa mujer que lo había rescatado de la locura y que continuaba manteniendo viva en sus pensamientos, a pesar del tiempo transcurrido y de la tragedia que lo marcó.
Enji Todoroki estaba consciente de que Azure Bourgeois había seguido adelante con su vida, sin él. Cuando la batalla final contra AFO y Tomura Shigaraki terminó, ella fue una de las pocas personas que consiguieron ponerse en pie sin muchos problemas, al igual que el resto de su organización, para ayudar con la restauración del mundo posguerra y marcharse después de Japón para ayudar en otros países en donde se requirieran sus servicios médicos. No mucho tiempo después, Azure inició una relación estable con otro héroe, un hombre que Enji conocía de sobra y que también la amaba, con quien llegó a tener un hijo; aunque no llegó a casarse, era del dominio público que Nuit y el padre de su hijo se querían y se respetaban, lo suficiente al menos para formar una familia. Su fama como cirujana creció gracias a las misiones en las que participó como miembro de Les Bleus, una popularidad que le permitió solventar las desgracias de ese mundo posguerra y que le facilitó ayudar a quienes más lo necesitaban, lo cual, a su vez, incrementó su buena reputación. A simple vista, quedaba claro que Azure había conseguido lo que se propuso y que era feliz sin Endeavor. Y si bien esto era lo que Enji siempre deseó para ella, que creciera, madurara y estuviera con alguien que pudiera darle lo que se merecía, comprobar que la joven lo olvidó era algo que secretamente le estrujaba el corazón.
"Porque renunciar a ti fue una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer…".
Endeavor se había resignado a la idea de que nunca más la volvería a ver, que tendría que conformarse con saber de ella a través de terceras personas, pues estaba convencido de que Nuit no regresaría a Japón. ¿Para qué, si no había ahí algo que le interesara? Además, era lo mejor para ese amor que nunca debió ser, interponer distancia entre ambos parecía ser la única solución eficaz para cortar esos sentimientos de raíz, aunque los suyos se negaran a desaparecer. Bastaba con que Azure lo hubiese hecho, Enji a la larga acabaría por resignarse a ello. Empero, contra todo pronóstico, le llegó la noticia de que Azure iba a volver al país nipón por tercera ocasión, una noticia que lo trastornó de mil maneras. ¿Por qué ella habría aceptado volver? Él no podía ni suponerlo, no había una razón que lo explicara, pero lo cierto era que a Enji le bastaría con ir a la Isla Paradise y preguntar por la doctora Bourgeois para verla, en el caso de que aceptara ceder a sus impulsos.
De primera intención, Endeavor decidió que no sería correcto buscar a Nuit para molestarla con un fantasma del pasado (aunque, si algo había aprendido muy duramente en la última guerra, era que el pasado no podía ser borrado), lo mejor sería ignorar esa noticia y actuar como si nunca se hubiese enterado de que Les Bleus estaban otra vez en Japón. Sin embargo, dos días antes había descubierto, a través de una fuente muy confiable, que la relación que Azure tenía con el padre de su hijo había terminado tres meses atrás. Y lo más importante de todo: aparentemente, la razón por la cual esa relación había terminado era él.
A estas alturas ya no importaba cómo fue que Enji obtuvo esa información, lo que contaba era que la persona con la que habló le aseguró que Azure continuaba amándolo a pesar del tiempo, de la distancia y de las tragedias ocurridas. Más aún, esa persona sabía desde hacía tiempo que Enji también la amaba y creía que ninguno tenía motivos para continuar fingiendo que se habían olvidado, pues al estar libres de cualquier compromiso, no había impedimentos para que estuviesen juntos. La forma en cómo se enteró esa persona que el héroe antes conocido como Endeavor amaba a una mujer que no era su esposa era un misterio, algo de lo que él se encargaría después, porque primero tenía que averiguar si lo otro era cierto. Le parecía que era una posibilidad remota que Azure siguiera queriéndolo, pues él mismo se aseguró de que la gente que lo quería o respetaba dejara de hacerlo, pero si existía la más mínima posibilidad de que fuera verdad, necesitaba averiguarlo. Y por eso era que, sin detenerse a pensarlo demasiado, Enji Todoroki se apareció en la Isla Paradise con la humildad de alguien que espera que suceda un milagro que sabe que no merece recibir.
– Puede pasar, señor Todoroki –le dijo una amable recepcionista con un suave acento francés, después de esperar en el área de recepción de visitantes durante un tiempo que a él le pareció eterno. Sin duda que nadie lo esperaba y era altamente probable que su visita resultaría extraña para más de uno–. La doctora Bourgeois lo espera en el sector veinticinco.
Se había arreglado con cierto esmero, poniéndole atención a su apariencia física, pero Enji estaba dolorosamente consciente de que ya era un hombre viejo y que se le notaba, por mucho que se esforzara en ocultarlo. ¿Qué hacía un hombre lisiado buscando a una mujer que había alcanzo la treintena en casi perfecta forma? Una mujer que había dejado en claro que no lo necesitaba para crecer ni para que la protegiera. Era casi una burla o una necedad de su parte, pero sus inquietudes no fueron lo suficientemente fuertes para minar su determinación. Enji sabía que algo lo empujaba a continuar porque tal vez, sólo tal vez, la vida le había reservado una pequeña porción de felicidad, aun cuando no se la mereciera. Quizás, quería creerlo, porque Azure también lo necesitaba para conocer esa variante de la felicidad.
El hombre se detuvo al llegar al comienzo del sector veinticinco, tras haber pasado por un bosquecito de cerezos que fueron regalos del gobierno japonés a Les Bleus como agradecimiento por su apoyo incondicional durante la batalla contra AFO y Shigaraki. Sin saber por qué, esos árboles de cerezo le infundieron el valor que necesitaba para continuar, seguro de que el haber pasado precisamente por ahí no era una mera casualidad. Por su parte, el sector veinticinco estaba conformado en su mayoría por un bosquecillo de árboles de arce, que ya habían comenzado a perder sus hojas y que revoloteaban en torbellinos de oro y rojo que recordaban a las llamas intensas que Endeavor alguna vez fue capaz de crear. Enji caminó durante unos minutos en solitario antes de ver a un niño rubio que, al darse cuenta de su presencia, lo saludó con una enorme sonrisa inocente. El héroe anteriormente conocido como Endeavor notó que el niño tenía los ojos color uva y el lunar junto a la boca de Azure, así que no le quedó la menor duda de que era su hijo y supo que estaba en el camino correcto. Enji correspondió con una inclinación de cabeza al saludo del pequeño, pero antes de que pudiera articular palabra, el niño alzó el vuelo, agitando las alas azules que tenía en la espalda, y se perdió entre los árboles.
– ¡Mako, no te vayas lejos! –gritó una voz femenina que Enji reconoció al instante.
Por respuesta, el niño gritó unas palabras en francés y soltó una carcajada, pero no bajó a tierra. Enji continuó caminando a pasos lentos, seguro de que en cualquier momento se encontraría con la dueña de la voz que acababa de escuchar. Su conciencia le dijo que todavía estaba a tiempo de desistir, darse la media vuelta e irse, porque seguramente estaba interrumpiendo un momento especial entre madre e hijo, pero su cuerpo parecía tener vida propia y no se detuvo hasta que no vio a una mujer alta de cabello azul oscuro, quien contemplaba las hojas que caían de los árboles. Él había planeado esperar a que ella notase por sí sola su presencia, pero repentinamente se escuchó a sí mismo pronunciar el nombre que había estado repitiendo en su mente durante años.
– Azure –dijo Endeavor en voz alta.
Ella abrió mucho los ojos con sorpresa cuando descubrió al hombre pelirrojo de ojos color turquesa, ése cuya imagen seguía visitándola en sueños; en un instante en el que se detuvo el tiempo, ambos intercambiaron miradas en silencio, sin que cada uno pudiera creer que realmente hubieran conseguido sobrevivir para llegar hasta ese momento preciso.
– Bonsoir, Enji –lo saludó Nuit, con una sonrisa dulce–. ¡Qué alegría me da verte de nuevo!
Y algo en esa sonrisa le hizo saber a Enji Todoroki que Azure también lo había estado esperando.
