Advertencia : Universo Alterno, ambientación moderna. Leve OoC. Menciones de suicidio y autolesiones.
DISCLAIMER: Naruto ni su universo me pertenecen, en su lugar son propiedad de Masashi Kishimoto. Hago el siguiente escrito con la pura finalidad de entretener y sin ningún ánimo de lucro.
13 años
Sasuke sabía que ambos no tenían mucho en común.
No es como que a Sakura le importase demasiado. Ella seguía dándole aquellas miradas esperanzadoras y enamoradizas, siguiéndolo por el salón sonriente, como si de una estrella se tratara.
Por supuesto que él no estaba acostumbrado a tales niveles de afecto, estaba demasiado atareado con su mera existencia como para tener que lidiar con cualquier otra persona que no fuese él mismo. No era el panorama ideal, pero podía cargar con ese peso sobre sus hombros, después de todo, Sasuke era fuerte.
Sakura no lo era. (O al menos esa era la impresión que le daba, solía llorar en momentos de tensión, dudaba demasiado a la hora de tomar decisiones y se veía insegura con cada movimiento de su cuerpo.)
Habían sido compañeros desde que Sasuke tenía memoria, tiempo suficiente para que se diera cuenta en que no había manera de que pudieran compartir habitación sin que la incomodidad aflorase. Sakura era demasiado complaciente, Sasuke juzgaba todo un millar de veces. Sakura hablaba de su futuro con pasión y esperanza, Sasuke escupía en cada palabra veneno y odio. Ella le sonreía y él prefería ignorarla antes de que el color rojo invadiera sus mejillas.
Y en su ignorancia, pensó que aquella sincronía era suficiente para mantenerla alejada
Por lo que, después de tan incómodo tiempo juntos como meros compañeros de clase, Sasuke nunca previó que ella aún así le buscaría por una razón tan estúpida.
— ¿Qué quieres, Sakura? — preguntó sin despegar la mirada de su casillero, obviando la presencia de la pelirosa a su izquierda, como era de costumbre.
Ella rió ocultando su nerviosismo, inconsciente del carmesí de sus mejillas, se apoyó con delicadeza sobre el locker de metal vecino al del Uchiha, el mismo que había sido testigo de numerosas declaraciones y rechazos.
Sí, era bastante popular entre el público femenino, pero no iba más allá de suspiros románticos y declaraciones de amor. Nunca nadie se dirigía a él con soltura ni familiaridad, la última chica que se le había acercado de esa forma había terminado llorando por sus poco amigables comentarios, (Si es que era una forma de decirle.)
No es como que Sasuke tuviera muchos amigos en primer lugar.
— ¿Y bien? — Escupió con desgano mientras terminaba de guardar sus libros, de repente invadido por desagradables recuerdos.
— Oh, bueno, yo... — Ella tragó saliva mientras alzaba ambas cejas, algo desconcertada ante el tono de voz del joven — S-sólo venía a recordarte sobre el proyecto de ciencia, ¿Lo recuerdas?
Frunció el ceño con ligereza, la vista aún fija en el tumulto de libros frente suyo.
— ... ¿Proyecto? — Preguntó tras un pequeño minuto de silencio. El ajetreo de la escuela a estas horas era lo único audible a sus espaldas.
— Ajá, habíamos quedado de pasar la tarde en mi casa para avanzar con él. Pensé que Naruto te lo habría comentado. — Sasuke observó de soslayo como la muchacha jugueteaba con sus cabellos, aún presa de la ansiedad. A pesar de todo, su cabello siempre se veía suave y por unos segundos Sasuke se preguntó qué se sentiría tocarlo.
Maldijo para sí mientras cerraba el casillero en un estrépito movimiento. Atisbos de memorias sobre lo mencionado inundaban su cabeza; Por supuesto que lo recordaba, el rubio cabeza hueca no paraba de hablar sobre lo emocionado que estaba por pasar algo de tiempo extra con Sakura.
Y él, como buen Uchiha, había preferido ignorarlo hasta que el tiempo borrara la chillona risa de Naruto de sus recuerdos.
—… Creo recordarlo. — Arremangó la mochila sobre un hombro y caminó en línea recta hasta su siguiente salón, dando así por terminada la conversación entre ambos.
Supuso que tendría que ir. Según sabía Sakura vivía a apenas unas cuadras de Naruto, no muy lejos de su propia casa. Apenas sería una tarde resolviendo sus tareas y compartiendo risas infantiles, quizás hasta podría disfrutar la distracción (Y es que últimamente Sasuke agradecía cualquier motivante que lo alejara de su hogar aunque fuese por unos minutos.)
Sacudió levemente la cabeza, intentando alejarse de aquellas ideas intrusivas que tanto malestar le causaban. Sintió a sus espaldas el acelerado paso de Sakura siguiéndole, había estado demasiado inmerso en sus pensamientos como para notar que lo estaba siguiendo.
— Por un momento pensé que podrías perderte, después de todo nunca has estado en mi casa, pero de seguro Naruto puede guiarte hacia allá, — Ella dijo con una cálida sonrisa, Sasuke apenas alzó una ceja, caminando con más lentitud hasta que su hombro apenas tocase el de la chica, — ¡No es como si quisiera decir que te pierdes fácilmente o algo por el estilo! Es decir, como te he visto con Naruto últimamente…
— Sakura, — La interrumpió con voz baja, el sonido del timbre retumbó en sus oídos mientras observaba como todos se dirigían a sus clases.
— ¡No es espiar! Pero sé que pasan bastante tiempo juntos, él me cuenta una que otra cosa y pensaba… — Se frenó a sí misma nerviosa, hablando con aún más fuerza que antes. Sasuke se preguntó si siquiera lo había escuchado o si de verdad necesitaba aclarar algo tan burdo como lo que decía. Sakura tomó aire, comenzando a hilar de nuevo la estructura de sus palabras. — Es sólo que, Naruto es mi vecino y a veces los veo por el vecindario, ¿Sabes? Han pasado mucho tiempo juntos últimamente…
— Ajá — Miró a su alrededor, a pesar de ser un establecimiento pequeño, la incesante verborrea de Sakura le hacía sentir algo perdido.
Por el rabillo del ojo pudo notar a un grupo de chicas observándoles, hablaban entre dientes mientras sus miradas les carcomían con cada paso que daban. No le gustaba sentirse observado, sus muñecas comenzaban a picar y su estómago a revolverse. Sakura no parecía inmutarse, él no pudo evitar sentir un poco de envidia al respecto.
— Estaba pensando, que quizá podríamos ver una película entre los tres, aunque ya sabes como es Naruto, no lo puedes mantener quieto por más de cinco minutos.
— Sakura — Frenó de golpe, su voz reseca y fuerte fue suficiente para por fin llamar la atención completa de su acompañante.
— ... ¿Sasuke?
Quizás podría haber sido más blando con ella. Sí, Sakura le era una molestia, pero al menos era una molestia aceptable. Ella no se tiraba a su cuello con total comodidad, ni chillaba de emoción con cualquier paso que diera; Y a pesar de ser bastante boba y enamoradiza, al menos Sakura podía entablar una conversación sin entrometer sus sentimientos. Sakura le agradaba, muy a su manera fría y apática, pero le agradaba al fin y al cabo.
Y aún así, no pudo evitar el veneno con el que escupía con cada palabra.
— ¿Siempre eres así de molesta?
El muchacho resopló con fuerza, demasiado concentrado en sus propios pensamientos como para notar lo mucho que sus palabras podían herir al resto. Sakura desvió la mirada avergonzada y el pelinegro pudo notar como sus ojos color jade se inundaban de pesadas lágrimas.
No importaba, era un riesgo a tomar cuando se trataba de hablar con alguien como él.
El Uchiha siguió su camino con total naturalidad, dejando a sus espaldas a una destrozada Sakura, presa de las miradas de la mitad de la escuela. De pronto los murmullos resonaron por el pasillo, cada uno narrando la historia a su manera.
Los niños eran crueles y Sasuke no era la excepción.
Siguió caminando, y nunca más volvió a pensar en ese encuentro.
Primero hubo oscuridad, luego lo invadió el color rojo. Estaba en todas partes, derramado por el piso formando grotescas imágenes a sus pies, manchando sus pálidas manos y ropas. Cálida y espesa, resbalando por sus rodillas mientras el olor se apoderaba de sus fosas nasales.
Dios, nunca podría olvidar ese olor.
Despertó de su siesta ahogado, desesperado por conseguir algo de aire fresco.
Sasuke se reincorporó con lentitud, volvió a ponerse de pie a pesar de su alterado estado mental. El corazón le iba a mil por hora y su frente se encontraba perlada en sudor, tosió con fuerza ante el creciente dolor en su estómago, sintiendo como la bilis amenazaba con subir hasta su boca, quemando su garganta.
Salió de su habitación tiritando y más pálido que de costumbre. Buscó con la mirada alguna señal de vida en su hogar, pero estaba solo, hace ya unos meses que lo estaba. Su padre estaba demasiado ocupado con el trabajo como para dignarse a estar en casa e Itachi se había largado a la capital.
Corrió hasta el baño desesperado por sentir el agua fría correr por su rostro, escapando de sueños que aún amenazaban con ser demasiado reales para poder soportarse.
— Sólo un sueño, fue sólo un sueño… — Se dijo a sí mismo, mirando su reflejo en el espejo del baño totalmente hipnotizado, se veía delgado y enfermizo; Demasiado joven para ser considerado peligroso, demasiado mayor para causar lastima, con la edad suficiente para ser un completo desastre.
No pudo seguir viendo, aterrorizado que de seguir comenzaría a ver el rostro de alguien más en su lugar.
El rostro de su madre, quizás.
De repente sus brazos temblaron y las cicatrices en su piel pedían a gritos alivio. Alzó las mangas de ambas extremidades, observando ensimismado los antiguos cortes que amenazaban con nunca cicatrizar del todo. Rascó las escaras con determinación, sin importarle si volvía a abrir sus heridas, después de todo, no era nada que algo de agua fría no arreglara
Ya no recordaba con exactitud cuándo es que había comenzado, quizás una noche tras una pelea con su padre o tal vez de mero aburrimiento al ver cómo el tiempo pasaba, demasiado ansioso por sentir algo que no fuese la constante incertidumbre de ser ignorado por todos. El dolor físico calmaba aquel frenesí que llevaba en su alma.
Recordó entonces la figura de su madre en ese mismo baño, con las muñecas abiertas colgando en los costados de la tina. El agua jabonosa tiñéndose con el líquido carmesí que brotaba sin parar de sus heridas. Un rostro pálido y acongojado que era demasiado similar al suyo.
Fue él quien la encontró, después de todo. Parecía lógico que fuese él quien cargara aquella maldición familiar.
Dejó de mirarse al espejo una vez los pensamientos se hicieron insoportables, teniendo que golpear su rostro repetidas veces para salir de aquél trance. Ya recompuesto fue que por fin se dignó a mirar su teléfono, sus ojos negros fijos sobre el reloj que brillaba tenue en la pantalla.
Llegaría tarde.
Tal y como lo supuso, aquella tarde había sido un total desperdicio de tiempo y energía.
No sabía que lo mantenía más irritable, si los constantes quejidos de Naruto cuando no entendía una pregunta o los exasperados suspiros de Sakura mientras intentaba enseñarle biología básica. Por su parte, él se mantenía silente al otro lado de la sala de estar, repasando el libro con contenidos y respondiendo sólo cuando le era pertinente agregar algo a la conversación.
Algo que no fuesen gritos y chillidos, al menos.
Con el pasar de las horas y tras varios intentos de hacer que Naruto se comportara como un estudiante decente, Sakura decidió dejar de romperse la cabeza con el peculiar grupo, sugiriendo en su lugar que vieran alguna película para distraerse y así terminar el día.
— Eh, Sakura, — El muchacho rubio dijo en lo que se acomodaba frente a la televisión, abrazando sus piernas mientras su mirada repasaba el historial de películas frente a sus ojos. — ¿No tienes ninguna que no sea romántica?
— ¿Qué tal una de terror? — Bromeó la chica.
Los ojos de Naruto se abrieron como platos, y de repente cualquier acto de valentía se vió opacado por la propia naturaleza de un niño de doce años. Naruto nunca lo aceptaría, pero Sasuke notaba el movimiento errático de una de sus piernas. Sabía reconocer la ansiedad cuando la veía.
— Esto… — Comenzó el rubio, ladeando levemente la cabeza y dejando que ambos dedos anulares chocaran entre ellos. Fue entonces cuando frenó, habiendo creado la coartada perfecta. — A-a mi me gustan y todo eso, pero ¿Y si Sasuke se asusta?
El pelinegro lo miró del otro lado de la sala boquiabierto. ¿Enserio esa era su excusa?
— Tarado.
Sakura explotó en carcajadas, en ningún momento creyéndose la visión de su pobre y rubio amigo. Una media hora después y tras largas discusiones sobre si los efectos de la pantalla eran reales o no, un fuerte ronquido interrumpió la tarde.
Por supuesto que Naruto se había quedado dormido tras media hora de película.
Sasuke rodó los ojos ante lo predecible que Naruto podría llegar a ser. Ignorando por completo la situación en que se encontraba, decidió concentrarse en el feed de su celular, escarbando entre post y post de gente que poco conocía pero cuyas vidas parecían mucho más animadas que la suya propia. A sus espaldas, podía sentir como Sakura iba por un montón de mantas para cubrir al escandaloso rubio.
La foto de Itachi junto a una joven de cabellos oscuros llamó su atención. En lo que a él le concierne su hermano no tenía tiempo para una pareja, mucho menos para tontear por ahí en fiestas junto a un montón de universitarios sudorosos. Se suponía que estaba en la capital para enaltecer el apellido de su familia, no para pasarla bien.
Habría sido demasiado injusto que él gozara de la vida mientras Sasuke se revolcaba a diario en miseria y recuerdos.
Apagó el teléfono, lanzándolo al otro lado del sofá. Sus muñecas le ardían y el escozor era demasiado para soportarlo. Inconscientemente rascó por sobre la ropa de su sudadera, buscando un alivio momentáneo para su creciente picazón.
— ¿Quién era? — Sakura susurró a sus espaldas, rodeándolo hasta tomar asiento a su lado. Al parecer había alcanzado a ver su leve arranque de ira.
— Nadie que importara. — Mintió, girando la mirada hasta su amigo al otro lado del sofá. Yacía acurrucado en mantas, respirando suavemente mientras un hilo de saliva escapaba por sus labios. — ¿Naruto sigue dormido?
El Uchiha rascó sus brazos una vez más, intentando desviar la atención hacia su amigo con aquella obvia pregunta. Aún quedaba una hora para que Fugaku pasara por él, tenía que mantener la fachada sólo un tiempo más.
— Al parecer es de sueño pesado — Respondió la pelirrosa con la mirada fija en el Uzumaki, sonriendo con ternura. Sólo se giró para ofrecerle una manta a su compañero de asiento, sin prestarle mucha atención al pelinegro; O así había sido en un principio, puesto que los brillantes ojos de Sakura se clavaron de inmediato en una de las manos del Uchiha, frunciendo claramente el ceño. — Sasuke…
— ¿Qué pasa? — Se defendió con frialdad ante tal acusadora mirada. No fue hasta segundos después que pudo notar que los ojos de Sakura no se despegaban de su mano izquierda, la misma que había rascado en un pequeño ataque de ansiedad. Miró la totalidad de su extremidad con cuidado, — Mierda.
Se habían abierto las heridas, al menos las más grandes. Un hilo de sangre corría por sus muñecas hasta gotear por sus dedos, arruinando su sudadera y de paso manchando uno de los cojines del sofá en el que ambos se encontraban.
Desesperado, el Uchiha usó el resto de su ropa con tal de limpiar los rastros de sangre. Subiendo sus mangas para examinar de cerca la profundidad de los cortes, esperando que algo de aire fresco ayudara a que las heridas secaran.
Sakura lo miraba anonadada, y por primera vez en mucho tiempo Sasuke pudo sentir el color carmesí subir hasta sus mejillas.
Llevaba escondiendo aquél autodestructivo secreto por meses, nadie había sospechado nada; Ni su padre con aquellas frías miradas que compartían a la hora de cenar, ni Naruto con su nulo conocimiento del espacio personal. Siempre había sido muy cuidadoso.
Y aún así, Sakura lo había descubierto en cuestión de minutos.
— ¿Estás bien? — Preguntó la joven casi por inercia, aún demasiado impactada con el espectáculo como para poder reprocharle.
— No es nada, yo… — Desvió su mirada al enorme ventanal que daba al patio trasero, perdiéndose por unos segundos en las anaranjadas nubes que cubrían el cielo de la tarde. Guardó ambas manos en los bolsillos de su sudadera, ignorando la obvia mirada de preocupación de Sakura a su costado. — No es nada.
— Sasuke… — Sintió una mano acercarse a su hombro, apretándole con fuerza. Reconoció aquél ademán con un temible dolor en el pecho, y es que lo último que quería era la lástima de su compañera de clases.
Usualmente habría respondido con cizaña, defendiendo su honor ante tal miserable gesto de congoja, apartando el hombro con fuerza y escupiendo el primer insulto que sus labios pudieran articular. Pero estaba cansado. Dejó que la muchacha se acercara a él, permitiendo que sus delgados dedos masajearan la tensión acumulada en su espalda tras años de abuso.
No es como si realmente buscara morir, su ego le impedía siquiera considerarlo.
Todo había sido un caos. Tal como su padre, Sasuke nunca pudo recuperarse de la muerte de su madre, y en nada ayudaba la decisión de Itachi de marcharse al otro lado del país. Estaba solo, confundido y demasiado irascible, harto del reproche constante de su progenitor, desesperado por sentir algo que no fuese angustia y soledad. Lo que comenzó como un desahogo mediante rasguños y golpes se le había salido de las manos, las cicatrices en ambos brazos delataban esto.
Podía observar tardes enteras la espesa sangre brotaba de sus muñecas, goteando con pesadez hasta por fin coagular en la base de su piel maltrecha.
Fugaku tampoco pasaba tanto tiempo en casa como para darse cuenta, hace meses que prefería pasar sus tardes en una cantina de mala muerte antes que enfrentar la inmensidad de un hogar descuidado, demasiado frío y lleno de recuerdos. Las visitas de Itachi se hacían cada vez menos frecuentes y en parte Sasuke no podía culparlo por su decisión de partir a un mejor lugar.
Sólo hubiese deseado que lo llevara consigo.
Se fijó en los verdes ojos de la joven, y antes de poder pensar en cómo reaccionar, su cuerpo actuó por mérito propio; En un parpadeo agarró el brazo de Sakura con fuerza, doblegandolo hasta quedar a la altura de su cadera, fue entonces cuando la vergüenza se apoderó de su mente, aflojando su agarre y maldiciendo con fuerza hacia sus adentros.
Por un momento pensó que iba a vomitar.
— Sakura nadie tiene que saberlo… — Le advirtió con tono golpeado, apartándose apenas un poco con tal de mirarla fijamente a los ojos — Nadie puede saberlo, ¿Me entiendes?
La muchacha llevó ambas manos a su rostro, hundiéndose en ellas. Sasuke sabía que pedía demasiado, mierda, le estaba pidiendo desafiar su moral y hasta entonces no habían intercambiado más que secos saludos y fallidas confesiones. Pensándolo con la mente fría, Sakura tenía todo el derecho de delatarlo.
Pero Sakura era una chica especial.
— No me pidas esto, Sasuke. — Murmuró apenada, insistiendo una última vez antes de desviar la mirada hacia el suelo
Habían estado hablando bajo hasta entonces, todo con tal de no despertar a Naruto, que el rubio se enterase era lo último en su lista de deseos.
— Nadie puede saberlo, Sakura, nadie. — Respondió el Uchiha, acercándose para tomarla levemente por el mentón. — Promételo. — Forzó su mirada contra la propia, muy por dentro esperando que Sakura pudiese notar el deje de desesperación en sus facciones.
En su lugar, la chica sólo lo miró con ojos tristes, abriendo levemente su boca para dejar emitir una suave pregunta.
— Pero ¿Por qué?
Sasuke la soltó de inmediato, anonadado por el súbito interés hacia su persona. Muchas noches había planeado en su mente algún discurso para justificar sus decisiones, había ensayado con frialdad las palabras exactas para alejar a cualquier entrometido que osase acercarse mucho a su corazón.
— No lo sé… — Su mente quedó en blanco, aquél soliloquio que tanto había planeado tendría que ser olvidado. Dijo lo primero que se le vino a su cabeza, ¿Cómo esperaba confesar sus sentimientos más oscuros a su risueña compañera de clases? No era un asunto que le incumbiera, — Sólo lo hice una vez y ya.
Mintió, ya le era usual hacerlo. Su lengua no divagaba en ese entonces, al parecer su labio sólo le traicionaba cuando de expresar sus emociones se trataba.
— Tienes que parar. — Sakura se acercó aún más, tomando el brazo herido entre sus manos e inspeccionando la seguidilla de rasguños y cortes, casi como si lo estuviese estudiando. Sasuke la miró perplejo, la situación aún le era demasiado irreal como para reaccionar a la defensiva.
— Lo haré si eso te mantiene callada. — Asintió con firmeza y supo de inmediato que estaba diciendo la verdad. Pararía, no soportaría la humillación de ser descubierto una vez más.
Un fuerte ronquido proveniente del rubio al otro lado de la sala los alertó a ambos, recordándoles por un segundo que no estaban del todo solos. Sakura aprovechó aquél desliz para ponerse de pie, dejando a Sasuke mirando al vacío mientras luchaba con la urgencia de rascar aún más las marcas de su piel.
Tras unos segundos Sakura apareció a su lado, botiquín en mano, observándolo con una seriedad que no sabía que la enamoradiza chica poseía. Se sentó a su lado una vez más, tomando su brazo herido y limpiando con gasa y desinfectante los rasguños abiertos.
— No querrás que se infecte. — Murmuró, concentrada en su trabajo como si su vida dependiera de ello.
Sasuke sintió leve congoja ante la escena, había algo en ella que se le hacía demasiado familiar. Las imágenes en su mente saltaban de un lado a otro, deteniéndose en un peculiar recuerdo de su madre tratando una herida en su pierna. El corazón le subió la garganta.
— Mi madre … — Comenzó a hablar por inercia, más se detuvo de inmediato tras reconsiderar la situación. — No importa.
Para su suerte Sakura no insistió con el tema, aún batallando con cerrar una de sus heridas. Una vez hubo terminado, lo miró con aquellos grandes ojos verdes repletos de preocupación.
— Alguien más se dará cuenta. Naruto, o quizá alguno de los maestros. ¿Tu padre lo sabe?
Sasuke se alzó de hombros, volviendo a bajar las mangas de su sudadera.
— No lo harán, soy bueno con los secretos.
Por alguna razón u otra Sakura le sonrió, sus labios curvándose gentilmente mientras asentía con ligereza.
Y quería creerle, confiar en su palabra y olvidar que ese encuentro siquiera había pasado. Quería que todo volviese a la normalidad, incluso si eso significaba ignorarla por el resto del año, o el resto de la vida. También quería convencerse que era lo suficientemente bueno, lo suficientemente vivaz para sobrellevar una mentira de tal envergadura con apenas trece años.
Sasuke parecía olvidar lo impredecible que puede ser la vida.
No hablaron más del tema, y para sorpresa de ambos Naruto no pareció escuchar nada de su conversación, despertaría más tarde con su revoltoso cabello hecho un desastre, preguntando con desfachatez que tal había estado la película.
Sasuke nunca podría responderle, tras su leve encuentro con Sakura lo que menos había pasado por su mente era concentrarse en el televisor. Había pasado la mayoría de la tarde robando miradas improvisadas en dirección a la pelirrosa, ansioso de que volviese a preguntar algo, expectante de su reacción tras conocer su más oscuro secreto.
Pero Sakura se había quedado a su lado, sonriente, sin presionarlo de ninguna forma, totalmente desconectada de la realidad mientras miraba la dichosa película.
Sasuke y Sakura no tenían mucho en común, es cierto. En su lugar, tenían un secreto que sin saberlo, los uniría por el resto de sus vidas
Para su sorpresa, el siguiente día de clases es sumamente tranquilo, todo está como si nada. En más de una ocasión cruzó miradas con Sakura mientras caminaba por los pasillos de la escuela y ella sólo le devolvía la sonrisa. Por un momento Sasuke creyó que todo estaría bien.
O al menos eso pensaba hasta unas semanas después del incidente, cuando incapaz de soportar el calor de los días de verano, arremangó sus mangas en frente de Naruto. Pudo jurar que el grito del rubio se escuchó por toda la escuela.
Una pelea con su mejor amigo después, Sasuke se vió condenado a pasar el resto del año escolar asistiendo al consejero estudiantil.
Quizás así estaba condenado a pasar, de una manera absurda e imprevista. Sasuke era inteligente, pero seguía siendo un niño de trece años a la merced de la crueldad de este mundo.
Quizás no era tan terrible, concluyó, después de todo, cada vez que salía de la oficina del consejero quedaba frente a frente con el casillero de Sakura.
Quizás había alguien en este mundo en quién si podía confiar.
N/A : ¡Hola! Estoy reescribiendo esta historia. La verdad lleva años en mi cabeza y no había podido ejecutarla bien hasta ahora. Originalmente se llamaba Cinco Noches, y está aquí en mi perfil. Procederé a borrarla una vez alcance el mismo número de capítulos. He tenido que cambiar algunas cosas, pero pueden notar una estructura similar desde el principio, eso debería cambiar desde el tercer cap.
Sasuke y Sakura son mi punto débil, llevo shipeandolos desde 2006 y en parte he crecido con esta parejita. Siempre he querido escribir desde el punto de vista de Sasuke, (Lo cual se me hace bastante complejo) ya que es mi personaje favorito, puede que sea algo OoC, pero honestamente creo que el personaje tiene un lado humano y complejo que es muy divertido de interiorizar.
La historia ya está escrita en su totalidad en mis documentos, esto es casi un proyecto personal jaja
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