✿Los personajes, trama y detalles originales de Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury, Scholastic y Salamandra (libros), Chris Columbus, Alfonso Cuarón, Mike Newell, David Yates, Warner Bros y Heyday Films (películas).
✿En portada: ilustración de Cintia Sand Art (editada). Tipografías: Albertsthal Typewriter.
✿La clasificación indica temas que no son propiamente para menores o personas sensibles a asuntos relacionados con la violencia física o psicológica, además de uso de lenguaje vulgar. Queda a discreción del lector el contenido.
✿ Este fic es una historia larga que pretende cubrir los temas del reto de escritura El castillo tenebroso del fanfiction 2023 de Hyorin Cui & Asociadxs (Facebook), tabla Horror cósmico & Terror Lovecraftiano.
Sí, me di cuenta que estamos en enero.
.
Thuban
Cuando las guerras terminan, lo único que se desea es recuperar la normalidad; pero esa palabra se vuelve abstracta cuando se trata de alguien que mintió, robó, torturó y asesinó a sus semejantes. Pero para Draco, quizás haya una esperanza, siempre que resista el destino que le deparan las estrellas negras.
.
El rey de amarillo
La quietud en la casa Malfoy no se podía comparar con nada en particular. No había solemnidad ni tranquilidad, solo un silencio tenebroso y una frialdad que ninguna chimenea podía aminorar. Sin embargo, Draco no se imaginaba en ningún otro sitio, y no entendía cómo sus padres se sentían con el valor de salir de ahí.
—¿Seguro que no quieres venir?
Levantó la mirada, apenas girando el rostro. A su madre le tenía más consideraciones que a su padre, pero eso no implicaba que aprobara sus decisiones y actitudes. Cuando se atrevió a mentirle al señor tenebroso, creyó que finalmente tomaría las riendas de su vida, convertida en una espiral descendente desde que su padre cayó en desgracia, revelando ante su familia una faceta que no creía posible.
Hasta entonces, él siempre había visto a su padre como un mago al que cualquiera aspiraría a ser; con su fría elegancia, habla sofisticada, amenazas veladas que podían a sus pies a cualquiera, motivo por el que siempre solía acudir a su nombre para resolver cualquier problema, solo para convertirse en un viejo demacrado y nervioso que no había siquiera resultado ser útil a quien había jurado su lealtad y cuyo errores y debilidades arrastraron con él a su esposa e hijo.
—No —respondió secamente —. Y tú tampoco deberías.
Narcisa no pudo sostenerle la mirada, y en un reflejo inconsciente, sujetó el borde de su capa, cubriéndose levemente, avergonzada de su elegante vestido.
—Solo iremos a la cena, no nos quedaremos al baile —respondió —. Además, es la primera invitación que recibimos en mucho tiempo, no podemos rechazarla.
Draco suspiró al tiempo en que se separaba del escritorio, estirando la espalda, aunque la sensación de cansancio se había vuelto persistente en las últimas semanas.
—¿Y no te has preguntado por qué?
—¿Por qué, que?
—Por qué los invitaron.
—Por favor, cielo, no es como en la escuela, todos somos adultos, y muchas personas aún necesitan de la familia Malfoy. Lo importante es reconstruir el mundo mágico.
No era realmente gracioso, pero el chico no pudo evitar reírse. Quería imaginar la expresión de los heridos de la guerra que aún no habían recibido el alta médica y sus familiares, cuando se anunciara a los benefactores de San Mungo de este año y el nombre de su familia quedara primero porque habían hecho el mayor aporte.
—Es una estupidez...
—Draco...
Volviendo la atención al pergamino en el que estaba trabajando, se negó a seguir sosteniendo esa conversación y la mujer lo entendió, cerrando la puerta de la biblioteca cuando salió.
—¿Vendrá? —preguntó Lucius ajustándose los guantes.
—No —respondió Narcisa —, quiere seguir estudiando para sus ÉXTASIS.
—¿Por qué se empeña en eso? No es que lo necesite, ¿o es que quiere trabajar en el Ministerio? Eso es absurdo, no lo permitiré.
Ella se encogió de hombros, y cuando Lucius se giró para salir, no pudo evitar mirar detrás de sí, pensando si realmente valía la pena ir.
—Vamos a llegar tarde —instó Lucius, así que alejó cualquier pensamiento fatalista, no podían vivir confinados en su casa, la ley había determinado que no serían prisioneros, y fue detrás de su marido.
.
Draco se sobresaltó cuando el reloj anunció la media noche. No había estado muy atento al tiempo transcurrido, pero le pareció extraño que sus padres no hubiesen vuelto ya, aunque quizás habían decidido quedarse a la gala benéfica. Según vio en la invitación que su madre le había enseñado días antes, había varias actividades planeadas además de la cena, estaba el baile y una representación dramática.
De cualquier forma, él tendría que apañárselas para la cena, y de mala gana, pero motivado por el hambre, se dirigió a la cocina.
Desde la partida de Dobby, la vida doméstica había dado un giro abrupto que poco a poco tomó su camino a una nueva normalidad, hasta verse interrumpida de nuevo cuando la casa se convirtió en un cuartel para el señor tenebroso. Aún no acababan de reparar los estragos causados por todos los indeseables que pasaron por ahí, cuando la redada del departamento de aurores en búsqueda de cualquier rastro de la presencia del derrotado hechicero oscuro no dejó mueble sin remover.
Él había tomado la tarea de organizar la biblioteca, reclamándolo como un tipo de centro de estudio para no pasar todo el día en su habitación. Cuando no se ocupaba de los deberes, intentaba recuperar páginas perdidas, desmanchar pastas y tratar de decidir qué hacer con los libros de hechicería antigua y oscura que por aluna razón los aurores habían ignorado.
Muchos de esos títulos no los conocía. En general, no era una rata de biblioteca, o al menos no solía serlo hasta esos días, cuando la biblioteca se convirtió en su refugio, y los libros su única compañía.
Su madre se había dedicado a salvar la cocina como primer punto de atención. Jamás creyó que la vería como un ama de casa normal. Le gustaba cocinar, le solía mandar cosas al colegio, pero aun así no se hacía a la idea de verla moviendo ollas y disponiendo la mesa ella misma, pero descubrió con sorpresa que, pese a sus quejas, en realidad lo hacía bastante bien, y por sí misma llevaba la lucha por devolverle un poco de vida a la señorial casa maltrecha.
Su padre no disponía de tanto tiempo, era constantemente requerido para "aclarar asuntos", no solo con el ministerio, también con el banco, la finca, y otras propiedades de la familia, sometidas a un escrutinio meticuloso. Más de una vez encontraron prófugos escondidos, creyendo que los Malfoy los ocultarían, por supuesto que su padre no movía un dedo por nadie y menos aún si comprometía el fino hilo del que pendía la libertad de una familia en la que dos miembros portaron la marca tenebrosa.
Para él, eso estaba bien. Tenía permitido estudiar en casa, así que no tenía que verlo.
La profesora McGonagall, nombrada directora del colegio, había diseñado unas opciones para que los estudiantes recuperaran sus cursos de la manera más cómoda, pues entendía que la mayoría aún cargaba consigo las heridas de la guerra, así que solo debía mantener contacto con sus profesores, aunque él podía perfectamente ir por su cuenta en la mayoría de los temas.
Tenía un par de semanas aún para presentar los exámenes ÉXTASIS. No era algo que por sí mismo le importara realmente, pero deseaba demostrar que era tan buen hechicero, o mejor incluso, que los idiotas que cargaban con coronas de laureles y títulos heroicos.
Abrió la alacena, dándole una mirada desdeñosa a la colección perfectamente alineada de frascos. Claramente no iba a preparar una cena de tres tiempos, pero le provocaba cierta miseria pensar que no tendría más que un emparedado de jalea. Entonces, apenas detectó un sutil aroma, fijó su atención en la encimera; protegido por un domo de cristal, vio un plato montado como solo un cocinero experto haría, y supo que su madre se había anticipado a que no querría acompañarlos.
Levantó el domo y lo que había percibido como un sutil olor se volvió mucho más fuerte, el pudin de Yorkshire con rosbif cosquilleó en su nariz haciéndole notar que no había comido nada desde la mañana.
Aún estaba caliente, su madre había encantado el domo para mantener el plato como recién servido. No le gustaba comer demasiado antes de acostarse, pero igualmente tomó un tenedor y se dispuso a cenar ahí mismo; ir al comedor era un despropósito.
Sin embargo, apenas cortó el primer pedazo, un grito lo sobresaltó, y sin pensarlo demasiado corrió directo al salón especial que tenía la casa para aparecerse.
Con un hechizo que no pensó demasiado arrojó a su padre al otro lado, golpeándolo contra las armaduras ornamentales y se arrodilló para levantar a su madre. La humedad de la sangre caliente se impregnó en su propia ropa, sintió cómo su corazón se estrujaba, el hermoso rostro de su madre se volvía cada vez más pálido y sabía lo que eso significaba.
Por un momento temió que su mente se quedara en blanco, pero recordó que en esa habitación sí podía desaparecer y pensó en el hospital. Sin embargo, antes de poder concretar el pensamiento, el golpe directo de un hechizo de desarme y algo más, lo mandó al pasillo.
Aturdido, levantó el rostro, viendo a su padre apuntándole con la varita.
—He aquí al vástago maldito, el príncipe traidor —le dijo
Draco se arrastró a la derecha antes de que el siguiente hechizo lo alcanzara.
—¡¿Qué estás haciendo?!
—Tu tiempo llegaría, mi príncipe, solo debías ser paciente y leal...
—¡¿De qué estás hablando?!
Pudo ver su varita a unos pasos de ahí y se abalanzó sobre ella, Lucius se dio cuenta y lanzó una serie consecutiva de hechizos, solo uno alcanzó a Draco, que gritó al sentir como los huesos de su pierna de rompían.
—¡Basta padre! —exclamó.
Lucius gimoteó.
—¿Por qué me hicieron esto? —preguntó —. Conspirar con la reina para apartarme a mi ¡el legítimo rey! ¡Mi trono! ¡Mi reino! ¡Lo que es mío!
—¡Nadie conspiró con nadie! —chilló, levantándose como pudo. Había sobrevivido hasta ahora, no iba a entregarse mansamente, y menos aún si ni siquiera podía entender por qué.
Rápidamente se encerró en la primera habitación que encontró, dando saltos para alcanzar la ventana, si podía salir de la casa se podría aparecer en otro lado y conseguir ayuda para su madre, pero la puerta reventó antes de que llegara, sin la varita, solo pudo tirarse al suelo, sintiendo la punzada dolorosa de su pierna herida.
—¡Lucius! ¡Qué estás haciendo? —exclamó el retrato del abuelo Abraxas, sobresaltado desde el momento en que Draco entró.
El mago fijó la vista en el retrato tamaño natural que estaba sobre la chimenea. El anciano pintado en él le miraba con el gesto severo.
—Tú nunca quisiste que yo fuera rey.
Contrariado, abrió la boca para decir algo, pero un hechizo incendiario le hizo correr. El lienzo en llamas iluminó la habitación en tonos rojizos.
Draco no se pudo levantar, el dolo se había vuelto insoportable y solo podía gimotear.
—Padre, por favor… —insistió.
Lucius se acercó, y su hijo pudo ver sus ojos enrojecidos, su expresión desquiciada, y no pudo evitar el pensar en su tía Bellatrix, especialmente en los últimos días antes de la guerra.
Así lo supo, realmente iba a matarlo.
—La sangre de mi sangre me ha traicionado —siseó el hombre, levantándolo con un hechizo, como tiempo atrás había visto que hacía con los prisioneros.
Se dio cuenta de que estaba llorando cuando todo a su alrededor se desdibujó.
—Padre…
—Desdichado de ti, tu conspiración acaba aquí. ¿Crees que no iba a enterarme? Tú y la reina me han mirado con desprecio mucho tiempo ¡Pero no más!
Draco reconoció que había algo de verdad en los desvaríos que gritaba.
Desde que había vuelto de Azkaban no se sintió capaz de mirarlo con la misma devoción. Aunque en su ausencia su madre le insistía en defender la postura que los alineaba a la causa del que no debe ser nombrado, ella parecía no entender que él no se avergonzaba de las razones por las que fue encarcelado, sino por el cambio de su actitud; nervioso, retraído, con el semblante cada vez más demacrado.
Ni siquiera recordaba que antes de eso se hubiese dejado la sombra de la barba o la misma túnica toda una semana. No recordaba que antes de eso titubeara al hablar, que bajara la mirada o caminara encorvado.
Y al final esa debilidad lo obligó a él a entrar en el juego del señor tenebroso, con una tarea imposible que solo buscaba humillarlo o matarlo, y solo hasta entonces realmente empezó a amargarle que todavía actuara como el señor de la casa. Él cargaba con ese peso y su padre solo agachaba la cabeza, dejando su propia casa en manos de extraños, a su esposa atada a su desquiciada hermana, y a él bajo el ala del mago oscuro más peligroso de todos los tiempos.
Terminada la guerra no cambiaron mucho las cosas, así como se había inclinado ante los mortífagos, ahora lo hacía ante los aurores. Señalaba a su antes compañeros, a los que les ayudaron y sirvieron, incluso por mínima que fuera su participación, pavoneándose en el ministerio como el hombre libre que la ley dictaminaba que era.
Sin orgullo ni vergüenza, se presentaba ante el mundo como un redimido, y eso le enfermaba, que no pudiera sostener un poco de dignidad y cuando menos tener la decencia de no ir por ahí fingiendo que nada pasó.
¿Era por eso que estaba dispuesto a matarlo? ¿Quería recuperar la dominancia sobre él, como cuando era niño? ¿Quería demostrar su grandeza?
Pero eso era él, el insolente hijo que rehuía de su contacto y no lo miraba siquiera, pero ¿su madre? Aún con su orgullo siempre lo adoró, siempre lo honró como marido, compañero, mago, incluso en la desgracia que asoló a la familia siempre tuvo palabras amables para él.
Se mantuvo en vela por días para que se recuperara de su experiencia en Azkaban, aseándole y dándole de comer hasta que el señor tenebroso reclamó su presencia, y aun así fue detrás de él.
¡Ella jamás se apartó de su lado y la acusaba de traidora!
Sintió la presión en su garganta, a él iba a estrangularlo.
—Mantendré mi corona, y largo será mi reinado…
Poco a poco todo se desvaneció.
.
Abrió los ojos lentamente, no sentía dolor, ni en el cuello ni en la pierna, pero la luz le estaba molestando, y mientras intentaba ordenar los hechos, súbitamente la imagen de su madre le hizo saltar en la cama.
—Tranquilo hijo, cálmate.
—¡Quítame las manos de encima!
Sin embargo, el hombre usó un hechizo para devolverlo a la cama. Draco se retorció tanto como pudo, por lo que el otro se vio en necesidad de obligarlo a tomar una poción tranquilizante.
—¡¿En dónde esta mi madre?!
El hombre, con el uniforme de los sanadores, dejó caer los hombros, y la expresión de su rostro no hizo más que irritar al muchacho, con todo y el efecto de la poción que mantenía lívido su cuerpo.
—Escucha, hicimos lo que pudimos, la trajeron inmediatamente, le dimos las mejores pociones y tratamos con todo hechizo…
—¡No le des vueltas!
—Hijo, el ataque fue fatal desde el principio, una maldición… ella no sobrevivió.
El joven se quedó en blanco, él había exigido la respuesta, temía la respuesta desde que el rostro pálido de la mujer llegó a su mente y la sensación de la sangre en sus manos se volvió más nítida que la sensación de estar siendo estrangulado.
—Los aurores vendrán en un momento. Lo siento.
No supo exactamente cuánto tiempo paso antes de que dos hombres entraran, y detrás de ellos, alcanzó a distinguir la figura delgaducha de Harry. Sin embargo, no tenía ánimos para molestarse en él. El efecto de la poción aminoró lo suficiente para incorporarse en la cama.
—¿En dónde está mi madre? —preguntó de nuevo.
—Vamos. Puedes verla —respondió el mago que parecía estar a cargo.
Harry reaccionó con sorpresa, casi horrorizado, pero no dijo nada, solo dio un paso al frente cuando Draco trastabilló al levantarse, aunque al final no lo tocó y se apartó antes de que pudiera reclamarle nada.
—Creí que le habían atendido la pierna —dijo el otro hombre.
—Mayormente, pero es una maldición.
Harry se sorprendió de que Draco, aun con la cojera, y debiendo sostenerse de los muros, no estuviera lloriqueando como cuando se caía de la escoba en algún partido de Quidditch. Entendía en cierta manera la determinación que lo movía, él debió ver primero que nadie la escena, y seguramente querría corroborar el desenlace. Supuso que su instructor creía que esa era la única forma en la que creería la realidad de sus circunstancias.
Narcisa Malfoy había sido dispuesta en una habitación blanca, completamente vacía salvo por la angosta cama en la que descansaba, cubierta por una sábana blanca, desde los pies hasta su rostro. Draco se acercó, tembloroso y más pálido de lo que era.
Apenas tocó la sábana, deslizándola hasta el cuello, solo lo suficiente para ver su rostro, ya más parecida a una escultura de mármol que a una mujer. La habían lavado, así que no tenía sangre, aunque tampoco el elegante maquillaje con el que había salido.
Los dos aurores permanecieron en silencio junto a la puerta, dejando que el chico la sostuviera entre sus brazos.
Harry estaba más cerca, y por eso pudo ver la lágrimas que bajaban por sus mejillas, empapando el rostro de la bruja que por primera vez veía sin la expresión despectiva en su rostro. Recordó el día que le dijo que acompañaría a su padrino en la muerte, y lo mucho que deseo verla humillada y desdichada en Azkaban junto a su esposo, incluso rememoró todo lo que le desagradaba de los Malfoy, pero ninguno de esos pensamientos aminoró la compasión que sentía en ese momento, tan parecida como diferente a la que lo movió a hablar en su audiencia para evitarles el encierro.
—¿En dónde está mi padre? —preguntó a Harry, lo que le sorprendió, pues esperaba que se limitara a ignorar su presencia.
Harry titubeó.
—Él… él ahora…
—Está en la sala Janus Thickey —habló el mentor de Harry.
—¿Puedo verlo?
El hombre asintió, y se pusieron en marcha de nuevo.
Aunque ese lugar solo restringía el libre tránsito de los pacientes para que no vagaran por el hospital, sí tenía habitaciones de contención, y Lucius Malfoy había sido encerrado en una, a la espera de que se aclarara su situación.
A cargo estaba una mujer robusta, que no muy convencida accedió a abrir la puerta y entró detrás de Draco.
Quizás alertado por el ruido, el mago levantó la cabeza. Lo habían sometido envolviéndolo en una camisa de mangas tan largas que daban vuelta sobre el cuerpo a la vez que permanecía sujetado a una silla. Despeinado, con los ojos sumidos y las ojeras pronunciadas, apenas se reconocía quién era.
—Maldito… —susurró —, mil y un veces maldito… me has arrebatado el trono…
Draco tragó saliva, y aunque levantó el mentón, intentando mostrarse altivo, sus ojos llorosos lo delataban.
—Es probable que lo ejecuten —dijo el auror que hasta entonces había manejado la situación, con la misma pasmosa tranquilidad con la que había hecho todo.
Draco no reaccionó. Miraba a su padre en silencio, resistiendo a sus acusaciones de traidor e ingrato y jurando que no tendría paz ni en esta ni en mil vidas.
—¿Aún si lo están controlando?
—Ya ha sido revisado, no hay rastros de pociones ni maldiciones, no hay encantamientos ni nada.
El muchacho salió de la habitación.
—Él nunca me levantó la mano antes.
—Trató de matarte, si no fuera por Harry lo habría logrado.
Harry gruñó por lo bajo, esa información era absolutamente innecesaria y seguramente Draco estaría de acuerdo con él en que estaban mejor sin saberlo.
—Ese no es mi padre…
No hubo respuesta.
—Me iré a casa, y me llevaré a mi madre.
—El tribunal está saturado, te avisaré la fecha de la audiencia.
.
El funeral de Narcisa Malfoy fue discreto y privado. La mayoría de los familiares estaban muertos o presos, y quienes en un tiempo se hicieron llamar "amigos de la familia" no habían tenido el valor para asistir.
Ni siquiera pudieron convencerlo de dedicar una esquela en el Profeta, no le iba a dar el gusto al pueblo de regodearse de la tragedia, ya que inevitablemente empezarían los rumores sobre las circunstancias, que ya le habían costado mucho para silenciar a cualquier que pudiese haber visto la aprensión o el ingreso al hospital.
—¿Draco?
Respingó levemente al escuchar su nombre. Había creído que estaba solo, pero Pansy se acercaba tímidamente.
Con su túnica negra y un sombrero ligeramente inclinado de que pendía un pequeño velo, parecía mayor de lo que debería por su edad. Hacía tiempo que no la veía, y luego de no responderle las cartas que le enviaba, supuso que estaría molesta, sin embargo, fue de hecho la primera en llegar esa mañana y abrazarlo.
—Creí que todos se habían marchado —dijo quedamente.
Pansy asintió.
—Solo estoy yo.
Él no respondió, no realmente, aunque mustió algo que no pudo entender.
—¿Realmente quieres quedarte aquí? Pregunté a mis padres, y si lo deseas puedes pasar una temporada con nosotros.
Draco contrajo levemente el ceño, lo que puso en alerta a la chica que rápidamente se apresuró a continuar.
—O podría quedarme. No tienes que pasar solo por esto. Hay muchas cosas por hacer, y sabes que siempre te he apoyado.
Su primer pensamiento fue rechazarla en rotundo, pero no pudo hacerlo. La sensación de vacío que manaba de la casa podía ser sobrecogedora, y no se sentía listo para afrontarlo solo, además, como ella decía, siempre lo había apoyado, incluso cuando no entendía ni la mitad de lo que sucedía.
Se escuchó suspirar, y supuso que inclinó la cabeza, porque ella pareció complacida.
—Le diré a mis padres, y traeré algunas cosas.
Pansy salió de la casa para poder aparecerse, dejando al Draco solo, pensando en qué tan buena idea sería eso, aunque de todos modos subió las escaleras para ver qué habitación le podía dejar.
Un equipo de limpieza había arreglado todo rastro del enfrentamiento, no quedaba nada fuera de lugar, ni rastros de sangre. Lo único que no pudieron recuperar fue el retrato de su abuelo. Sabía que fue él quien dio aviso de lo que estaba haciendo su padre, pero nadie sabía en dónde estaba, por lo que asumió que el último recuerdo de su memoria había desaparecido.
Cuando la mansión se convirtió en cuartel del señor Tenebroso, su tía Bellatrix se dedicó a destruir cada cuadro existente, tuviera retrato o no, obsesionada con la idea de que podían ser espiados de esa manera. Si el de su abuelo había sobrevivido, fue porque lo confinaron en un despacho, con todo y sus quejas.
Cerró esa habitación, con llave y un encantamiento. Por el momento no quería volver al sitio en que su padre casi lo mató.
Cuando pasó frente al salón de apariciones, hizo lo mismo. Pansy tendría que acostumbrarse a ir al pórtico aun si llovía, ahí había muerto su madre.
Luego fue a la habitación principal, la que ocupaban sus padres y miró las caja que le habían devuelto en el hospital con las cosas de ambos. El vestido manchado de sangre lo arrojó a la chimenea, encendiendo un fuego que lo consumió con avidez, y lo mismo hizo con la túnica de su padre. Al final, solo miró las dos varitas y un papel al fondo.
Se trataba de la invitación al evento de caridad y el itinerario. También había una tarjeta oculta entre los dobleces del papel:
Sr. Wilde
Reparador de reputaciones.
13A Callejón Knockturn
Era toda la información disponible, y aunque el título le pareció absurdo, un recuerdo cruzó por su mente: ese era el hombre al que sus padres habían estado visitando. Le amargó un poco la idea de que estuvieran tan desesperados como para recurrir a lo que a todas luces parecía un estafador, pero tratándose de su padre, realmente no le sorprendía tanto.
Fue al vestidor, rebuscando en las cosas de su madre alguna pañoleta de seda. Tomó las dos varitas con cuidado y las envolvió, las llevaría a la bóveda de Gringotts a la mañana siguiente.
Sin darse cuenta, se había dejado caer en la cama, mirando el dosel que la recubría.
"Reparador de reputaciones", pensó.
¿Con qué disparates había llenado la cabeza de su padre como para que acabara enloqueciendo?
Quizás debería visitarlo.
Comentarios y aclaraciones:
Bueno, para este capítulo, obviamente, me incliné por El reparador de reputaciones, de Robert W. Chambers.
Ahora, un tema que me resulta espinoso: el ship.
Toda esta historia estará centrada en Draco, y mi idea general es emparejarlo con su esposa canónica, Astoria, tendré a Daphne y Pansy merodeando, y muchas menciones de Harry al medio. Sin embargo, y siendo como soy, no creo que se vea mucho amor por acá.
De paso reitero la clasificación del fic y las notas introductorias, con temas adultos, que no necesariamente se refiere a situaciones de índole sexual, sino a violencia y muchas rarezas propias del horror cósmico.
¡Gracias por leer!
